¡Hay chicas! no tengo perdón ni tampoco lo pido. Fui totalmente irresponsable, me olvidé completamente del fanfic viviendo en mi mundo de delire total, y cuando finalmente asocié mi ansiedad al escrito que aún no terminaba me puse a escribir y cuando lo tuve listo lo publiqué en la Web donde todo nació y creí realmente que lo había publicado en .net también. Se merecen algo mucho mejor que yo, así lo siento.

Espero que de todas maneras disfruten por este capítulo ya que llevan esperando fácil 6 meses. ¡Las adoro!


La Espía

by

Mel.

30_ De alcohol y otros pesares…

- No necesito sus asquerosas disculpas, ni tus servicios de mortífago para que el me las dé. Todavía puedo vivir por mi cuenta.

1.

Sin decir una palabra más, giró sobre sus talones y se fue, haciendo sonar sus zapatos con cada paso.

- ¿Una sangre sucia tratándote como su igual? Creí que moriría antes de verlo – dijo Spencer ácidamente.

Draco lo miró con desprecio y unas considerables ganas de descargar su furia con él. Pero no debía, su mente fría le decía que no lo hiciera. De todos modos, él supo que algo estaba cambiando dentro suyo. Lo supo cuando miró los ojos de Jack Spencer y éste - entre fascinado y decepcionado - sonrió. Y esa sonrisa significó que la frialdad continua e imperturbable de Draco Malfoy se estaba derritiendo. Ya no era el mismo de antes.

Pero Jack no se rendiría. Todavía tenía un haz bajo la manga y no dudaría en usarlo.

Porque Draco Malfoy tenía que volver a ser el mismo, tenía que ser el mejor, el líder… su líder.

2.

Para Hermione todos lo hombres eran iguales. Todas las serpientes eran iguales. Pero no Draco Malfoy.

Estaba furiosa.

Sentía que todo sería más fácil si él fuese como los demás, ya que de esa manera no le atraería como camina, ni como sisea al hablar, ni como aprieta las mandíbulas cuando está furioso, ni mucho menos como es capaz de infundirle respeto frente a sus iguales.

Se suponía que ella tenía que estar enojada con él por el momento incómodo que había pasado a la mañana y mucho más, después de que intentara lanzar una maldición imperdonable a Spencer para que se disculpara por su maltrato. Sin embargo, las estrellas manchaban el manto negro que había en el cielo y ella no dejaba de pensar en él.

Y se podía decir que estaba algo enojada, pero consigo misma, porque después de beber una gran jarra de cerveza de manteca tirada sobre su cama, pensando y pensando, estaba segura que había perdido los papeles, su rumbo… su dominio sobre su sentir. No le iba a dar más vueltas al asunto. Tenía que afrontarlo: no odiaba a Draco Malfoy, todo lo contrario…

También se podía decir que no solo no lo odiaba, sino que lo necesitaba y no solo eso, sino también que lo anhelaba y no solo eso, sino también que sentía un vacío cuando lo veía y más aún si lo hacía después de mucho tiempo y no solo eso, sino también que le atraía… muchísimo, y no solo eso… pero prefería no seguir pensando, porque todo lo que le estaba pasando estaba terriblemente mal.

"Terrible, terriblemente mal…"

3.

Tres días atrás la hechicera había despertado y con ella las nuevas esperanzas de la tribu. La leyenda contaba que de aquella mujer surgiría la bendición del bienaventurado que acabaría con la segunda guerra mundial mágica. Era deber de los padres del futuro líder el liberarla, pues en ellos residiría el único poder de romper con el hechizo que cuidaba de Morgana. Un poder que estaría resumido en la sangre y la esmeralda.

Si aquellos protagonistas de semejante hazaña no lograban conocerse, entonces la puerta no se abriría y la bruja moriría, debido a que su destino estaba atado al de ellos. La rosa que reposaba en el florero, tan negra, tan fría, era la muestra esencial de su encadenamiento a los futuros progenitores. Por eso, fue una gran noticia cuando el hechicero máximo de la tribu Zulú informó a la comunidad, que tres pétalos de la fúnebre flor se habían vuelto de un tono gris-rosado. Aquello quería decir que la suerte estaba de su lado – al menos por el momento - que Hermione Granger y Draco Malfoy iban entrando en lo que se podría llamar "el camino Morgánico"

Y la tribu festejó con una gran cena, porque el poder de la hechicera solo iba a aumentar, conforme la relación puro e impuro progresase. Y todos levantaron sus copas esa noche, cientos de voces se hicieron unánimes para proclamar lo mismo

"Salud, para Draco y Hermione"

OoO

Caelum - el hechicero máximo de la tribu – abrió el calendario que llevaba encuadernado con cuero de centauro. En él anotó la fecha del despertar de Morgana, junto a la traición – si es que así se podía llamar – a Draco Malfoy. Posó sus ojos unos momentos en su tosca caligrafía y volvió a tomar la pluma de fénix con la que anotaba.

Lo más despacio que pudo y con la mayor prolijidad que le fue posible, anotó:

59 días para Helga Hufflepuff.

66 días para Rowena Ravenclaw.

73 días para Godric Gryffindor.

80 días para Slytherin.

87 días para Nagini.

4.

Sus capas volaban con fuerza a la par del viento. Y sus manos, enfundadas en guantes de cuero negro, encausaban a los feroces caballos que galopaban con destreza por el sendero del bosque prohibido.

El más alto de los dos hombres se adelantó con elegancia, y a su paso la alcazaba que recubría el claro más grande del bosque se hizo a un lado.

- Bienvenido Paul, bienvenido a Hogwarts – dijo.

5.

Maldita nevada del demonio que reventó antes de tiempo – recriminó Ginny para sus adentros. Si tan solo pudiera caminar a la cocina sin congelarse en el camino habría sido bárbaro. Su humor había caído en picada cuando había dado un paso fuera de la sala común.

Y es que el frío y su reciente resignación a Harry Potter no eran precisamente cosas alentadoras. Todo lo contrario. Sentía que había sido caprichosa por mucho tiempo, pero ya era tiempo de cortar por lo sano.

Sin embargo, en su idea de cortar todo tipo de relación con Harry no contaba con encontrárselo en medio de la noche, ni que la tomara de la cintura…

…mucho menos que le susurrara "a la mierda" con una clara mueca de resignación adorable en el rostroy la besara de aquella manera…

6.

Se podría decir que el castillo estaba particularmente hechizado o que ella estaba en un grado de alcoholismo importante, de lo contrario no encontraba ninguna explicación "coherente" de porqué las paredes se deformaban para volver a formarse, ni de porqué la dama gorda le rió por lo bajo un "suele ocurrirme querida" cuando se chocó contra el marco de la puerta.

De todos modos, fuese lo que fuese, estaba bueno, la hacía sentir ligera y despreocupada. Era como si alguien le hubiese echado el maleficio Imperio. Cuando esa idea se le cruzó por la mente, empezó a correr por un pasillo particularmente angosto en busca de Draco, debía avisarle que los mortífagos estaban actuando, que ella estaba hechizada. De todas maneras, cuando su frente dio de lleno contra el marco de un ventanal entendió que definitivamente no había mortífagos actuando, a menos que los mortífagos fuesen aquel líquido ámbar que corría por todo su cuerpo alterando sus sentidos… y opacando otros tantos.

El corazón le latía con fuerza dentro de la caja torácica, como si quisiera escapar a lo que posiblemente ocurriría, teniendo en cuenta que Hermione Granger no estaba en su mejor estado. Se podía decir que jamás en su vida había estado tan desinhibida ni tan ajena a lo que hacía o por donde caminaba. Simplemente sus pies la guiaban por el enorme castillo a lo que probablemente sería la salida a los terrenos, porque ella tenía que llegar a la cabaña de Malfoy para comprobar si realmente existía un primo Poul Lowson… no, Paol Lawon… Pauls Lawson? Oh! Como fuese, sería más fácil por el momento llamarlo "Draco dos".

Y que agradable sentía el día más allá de que el invierno había reventado antes de tiempo y que las pequeñas motas de nieve ya adornaban su pelo cual árbol navideño.

Un suave ráfaga de viento la agarró desprevenida, por lo tanto, para cuando Hermione se quiso dar cuenta, tenía la cabeza pegada al frío césped de los límites del boque prohibido. Ella soltó una risita y se puso de pies agradeciendo la cantidad de ramas y troncos que habitaban el terreno, así sería más fácil sostenerse en pie y "caminar".

Intentando no reírse de lo patética que era, se adentró en el bosque, sintiendo la mitad superior de su cuerpo como una gelatina movediza sobre dos pares de piernas que bien podían ser gelatina también.

- Si llego a la cabaña, será todo un logro – rió.

OoO

- ¿Cómo dijiste que se llama? – preguntó una voz grave e imponente

Draco apartó la vista de su primo y miró por la ventana. La alcazaba de flores y ramas se estaba abriendo y para cuando se corrió del todo, una figura sin ninguna gracia para nadie más que él, hizo su aparición.

Malfoy abrió la puerta de la cabaña y su primo lo siguió hasta la salida, donde una muchacha, con toda la apariencia de estar ebria, caminaba bamboleándose de un costado hacia otro e intentando suprimir delicadas risitas.

- Hermione Granger – dijo Draco.

Ahí estaba ella, con sus mejillas sonrojadas, con esa túnica que usaba que había estado de moda en los años de sus abuelos, el pelo todo eléctrico e inflado, pero igualmente preciosa.

Intentando reprimir cualquier sentimiento se acercó a ella y la tomó con seguridad de la cintura.

- ¡Puedo sola hurón! – espetó. Se soltó de los brazos que le confiaban mantenerla de pie y caminó lo más derecha que pudo. Sin embargo, más allá de su aparente entereza, tropezó con el aire y si no fuese por Draco que la seguía como su sombra, habría dado de lleno – nuevamente – contra el frío y duro suelo, perdiendo cualquier resto de dignidad que le quedase.

- Fue la piedra – dijo ella automáticamente.

Paul miró la escena y rió.

- Seguramente fue eso Hermione – coincidió.

"La invisible" pensó Draco y manteniendo a la Gryffindor de pie la hizo entrar a la cabaña.

7.

No recordaba como había llegado a aquel bosque albanés. Ni tampoco que había ocurrido para sentirse tan contento, aunque a decir verdad, la noche que había pasado con Ginny probablemente había sido la mejor de su vida. Sin embargo aquella felicidad maligna no podía ser a causa de su vida amorosa. Sus pies se deslizaban por la tierra apenas rozándola. Buscaba algo importante, una hermosa copa que había adquirido en su juventud. Si, un tesoro sin igual, que guardaba una parte de su valiosa alma…

El viento sopló con fuerza y la ventana de la habitación en la torre de Gryffindor despertó a un Harry Potter sudado y adolorido.

8.

Desde el momento en el que Draco y Hermione intercambiaron una mirada, el ambiente se volvió más denso y, sin lugar a dudas, se llenó de una neblina que a Paul le gustó denominar "Ira"

- Un gusto Hermione, soy Paul Lawson, el primo de Draco – saludó una vez que se encontraron todos sentados y con un buen vaso de whisky, excepto la castaña claro, que sostenía con poco agrado una taza de café amargo.

- El cafetero – se burló y Paul rió ante el comentario que solo él llegó a escuchar.

- Como verás Granger, yo no mentía – resintió Draco.

Hermione revoleó los ojos enojada. "Hipócrita de cuarta"

- Con eso no mentirás, mejor no me hagas hablar… - acotó tan rápido que hasta pareció escupir las palabras

Draco, tan o más furioso que ella, sonrió socarronamente.

- Si te referís a "nosotros" debo informarte que eso te incluye Granger…

Hermione apoyó la taza de café con asombrosa delicadeza y lo penetró con la mirada algo crispada.

- Me incluía Draco – aclaró con voz filosa - porque ya no existe un "nosotros", para variar lo echaste todo a perder…

Afuera, el viento pareció despertarse golpeando con furia la cabaña. Al parecer, Hermione no era la única que estaba inquieta, hasta el mismo clima respondía a sus sentimientos. Maldito sea Malfoy. Paul dirigió su mirada de su primo a Hermione, y de vuelta. "Si las miradas matasen…" pensó.

Algo incomodo, carraspeó con más fuerza de la necesaria, para educadamente invitarlos a dejarse de idioteces. No tenía ganas ni tiempo de presenciar una pelea de los más innecesaria entre aquellos dos. En realidad, no encontraba cual de los dos era el más inmaduro, a claras estaba el hecho de que se atraían mutuamente, no era más que sentarse a escuchar a su primo para saber todas las cosas que hacía, día a día, con el fin de proteger a Granger y, obviamente, la frutilla del postre eran las acotaciones al estilo "¿Quererla, yo, a esa? No Paul, simplemente no tengo ganas de que el cara rajada y la come libros me caguen los planes". Después, sin ir más lejos, estaba Hermione Granger quien – Paul creyó que inconcientemente – intentaba sentarse lo más derecha y femeninamente posible frente a Draco, mientras lo observaba en todos sus movimientos con un brillo de adoración que intentaba taparlo patéticamente con un velo de exasperación, esperando cualquier falla en el Slytherin para ser la primera en corregirlo. Que par de nenes infantiles.

Al parecer, Hermione fue la única que se dio cuenta del carraspeo e intentó suavizar la expresión cuando su mirada se cruzó con la de Paul Black, quien la miraba como si hubiese descubierto su secreto más celosamente guardado. Parecía maravillado y molesto a la vez por algo que estaba leyendo en sus ojos borrachos. Si ella hubiese estado al cien por ciento de sus capacidades, mentales y motrices, habría corrido la mirada sin pensarlo y a continuación se habría sonrojado hasta llegar a tomar el aspecto del pelo de los Weasley. Sin embargo, no podía correr sus ojos de aquella expresión maravillada de Paul ¿Qué mierda encontraba tan interesante en ella?, o más bien ¿Qué acababa de descubrir en su mirada? La simple idea de imaginar su reciente hallazgo emocional implicado en sus ojos le dio un escalofrío, que alguien más - aparte de ella - se enterara de sus traicioneros sentimientos significaría la muerte, lenta y dolorosa.

Draco tensó los músculos y apretó con fuerza las mandíbulas sintiéndose un completo idiota. Ahí estaba él - después de pasarse lo últimos meses protegiendo a Granger y a su par de padres muggles, después de haberla defendido de la sarta de débiles mentales de su casa en Hogwarts - presenciando un momento totalmente incomodo en el que la desagradecida de Granger lo acusaba del fracaso de "su noviazgo" falso, para después desviar la mirada a su primo a quien obviamente le suavizó la facciones y hasta pareció babear por una de las comisuras de la boca. Maldita sea la hora en la que la había besado, porque aquello había significado, sin lugar a dudas, el suicidio de su cordura. Hasta podía imaginarse a su propio cerebro cortando, totalmente enajenado, todas las ataduras de sus neuronas para morirse, porque cualquiera en su maldito lugar habría querido morirse al descubrir que de pronto si se tiene un corazón y que el traidor late al son de Hermione Granger. ¡Que patéticamente cursi!

- ¿Querés que te traiga un balde para babearte tranquila o preferís que los deje un minuto a solas? – soltó dejando en evidencia el veneno que lo estaba consumiendo.

De pronto, ante aquellas palabras, los ojos de Hermione parecieron salirse de las órbitas. Con la mandíbula desencajada y algo desconcertada por la reacción de Draco se tensó y volvió su rostro para observarlo. Decir que estaba lívido de celos infundados era quedarse corto, más bien era la viva imagen de quien está siendo ahorcado con el cable de la televisión al tiempo que aparece en muerto en su campo de visión ¿Qué bicho le picaría esta vez?

- ¿Qué…? ¿Qué decís? – preguntó cuando su cerebro adormilado por los efectos del alcohol encontró algo medianamente coherente y poco estúpido para acotar.

Draco sonrió burlón sabiendo que ella estaba deseando con todo su ser que la tierra se abriese para enterrarla viva, pero ¡Oh, no! El no le daría ese gusto, si remotamente el suelo se abriera, él sería capaz de cerrarlo a los golpes.

- Eso Granger, si querés tirártele a mi primo, podrías pedirme mínimamente que me retire antes de sentir ganas de vomitar, sería muy cortes de tu parte – dijo utilizando al máximo el tono meloso y socarrón de su voz.

Hermione sintió como la sangre corría por sus mejillas y entendió que se había sonrojado. Maldita serpiente rastrera.

- Me alcanzaría con que dejaras de mirarme con los ojos desviados como el tarado que sos Malfoy, gracias – dijo rápidamente con la cara algo contraída por la irritación.

Y dolido como estaba, sumado el malestar que le daba saber que estaba actuando irracionalmente por culpa de los celos y por encontrarse deseando ser observado tan ávidamente como lo estaba siendo su primo, solo quiso lastimarla, para que sintiera una minúscula parte de todo su muy desagradable veneno. Solo quería inyectarle un poco de su ponzoña y como el tarado que era, soltó lo primero que se le vino a la mente, intentando sonar lo más cruel y demente posible.

- Yo no miro sangres podridas, me dan asco y pena…

¡Bingo! Lo había logrado. La expresión de irritación de Granger había parado a ser de puro dolor y algo más… si, sin lugar a dudas de otra cosa: decepción. Por otra parte, Paul Black suspiró al tiempo que dejaba caer la cabeza entre sus manos, negando la idiotez que acababa de decir su primo.

Draco escuchó a Hermione balbucear algo que sonó como "No se que hago perdiendo el tiempo con esto…" y lo último que vio antes de que la puerta de la cabaña se cerrara con fuerza fue la melena castaña tapando el rostro delicado y triste de Granger.

- Muy inteligente de tu parte primo – dijo Paul y sin dedicarle ni una mirada salió detrás de la Gryffindor.

El rubio tuvo ganas de mandarlo a cagar, pero en lugar de eso prefirió buscar algo mucho más amigable en aquella mesita-bar que no estaba a más de de un accio de distancia…

OoO

- Simplemente se descontrol, Hermione – insistió Paul – él no es así… ahora.

Hermione levantó la cabeza para mirarlo y después volvió a esconder el rostro entre las manos ahogando otro sollozo. Ante sus ojos era evidente el lado negativo de la ebriedad, uno no podía controlar los impulsos del cuerpo. En aquel momento solo podía llorar como una niña porque la cabeza no le daba para reprimirse hasta llegar a su habitación, donde podría hasta desangrarse en soledad.

- Yo no… no lo entiendo.. ¿Qué hice mal? – preguntó, o más bien chilló, en medio del llanto.

Paul le pasó el brazo por los hombros y la atrajo a su pecho. Con suavidad le acarició el enmarañado pelo.

- No es culpa tuya, es simplemente que está demasiado tensionado y no pudo reprimir sus propios impulsos…

"Y aparte se muere de celos" pensó y una sonrisa fugaz cruzó su rostro. De esto saldría algo bueno.

OoO

Perfecto, se sentía como un bruto. Ella tenía en todo caso la excusa de estar ebria por haber hecho o dicho cualquier cosa, pero él no, estaba en un total estado de sobriedad, lo cual era lo mismo decir que bien podría haberse callado y no haberla insultado tan penosamente como lo había hecho.

El mundo estaba con las patas para arriba, todo se había ido al carajo. Inclusive él.

Se suponía que debía maltratar y rechazar a Granger sin sentir ningún tipo de remordimiento, pero le era imposible ¡Por Merlín! Ella era la sangre sucia, amiga de Potty y Wesly; la sabelotodo insufrible que siempre le competía en absolutamente todo, la rata de biblioteca que no tenía vida más allá de sus amigos y los libros. Su enemiga por naturaleza. La reina de todos sus odios.

Pero no más

No sabía qué mierda era lo que había hecho Granger para tenerlo a él ocupado pensando en ella cuando bien sabía que había mejores cosas que hacer, como mirar el techo. Ni recordar la vez que tuvo que sacarse a Pansy de encima después de haber recordado sus ojos de un inocente almendra. ¡Joder, ya no podía tener sexo sin desearla a ella! Se suponía que con sólo imaginarla desnuda tendría que tener una idea desagradable, sin embargo aquella mañana había aprendido que valía la pena tener ojos para ver aquella imagen.

Al principio había querido imaginar que su odio lo había obsesionando a tal punto de querer corromperla hasta lo más profundo llevándosela a la cama. Durante dos largos meses se había creído su propia mentira. De modo diferente, en aquel momento la perspectiva de usarla como quien se limpia el culo con papel y lo tira le parecía demasiado insaciable y tirano de su parte. A lo mejor quería usarla hasta cansarse de su cuerpo, a lo mejor, la deseaba tanto porque sabía que se le estaba prohibido poseerla.

Si bien él quería que Potter acabara con Voldemort, eso no quería decir que ahora se había vuelto un amante de los sangres sucias y que quisiera festejar las navidades rodeado de muggles. Para nada. De todos modos ¿Para qué mentirse? Si él ya lo sabía: Hermione Granger era harina de otro costal, no era impura, tampoco pura, era simplemente Hermione, única en su especia - ¡Gracias a Merlín!-. No había otro tipo de explicación para el hecho de sentirse como un estúpido cuando la veía estudiando; o porqué conocía como fruncía el ceño y se mordía el labio cuando no entendía algo; o porqué adoraba hacerla rabiar con tal de verla arrugar la nariz o fruncir los labios; o porqué su pulso se aceleraba cuando ella lo miraba y le dedicaba una sonrisa; o porqué sentía esa sensación de vértigo cuando la besaba; o porqué se sentía miserable cuando la insultaba y la veía triste…

En todo caso lo que más le molestaba era no saber cómo ella había parado a estar en su cabeza constantemente. Lo estaba volviendo loco.

Necesitaba airearse con un poco de acción. Quizás matar dementores por los alrededores del fin del mundo o buscar a Morgana, lo que lo tuviera más ocupado con tal de no pensar en Granger…

No, necesitaba un trago y urgente.

Llenó un vaso con whisky y le agregó unos hielos como quien no quiere la cosa.

- A tu salud, sangre sucia – ironizó.

De un trago vació el contenido del vaso, sintiendo como la bebida envolvía su cuerpo de un calor agradable. El whisky actuaba como lenguas de fuego que lamían su garganta quemándolo. Parecía curioso, pero un cosquilleo se había apoderado de sus labios, como cuando su boca encontraba la de Granger…

Mierda.

Mejor que sean dos.

De nuevo llenó el recipiente del whisky más fuerte de su bodega. Esta vez obvió el hielo.

- A tu salud, rata-come-libros-de-la-biblioteca-con-un-arbusto-por-cabello – gruñó.

El vaso se empinó hacia la boca de Draco y su contenido pasó de ser saboreado por su lengua a caer en su garganta con efecto tobogán hasta llegar a algún órgano donde estalló en ondas expansivas de calor sofocante. La situación estaba comenzando a tomar un tinte patético a sus ojos algo desorbitados; él, un sangre pura, todo un gran Malfoy, emborrachándose para olvidar a Granger, la peor sangre sucia de todas. La mejor amiga del cara rajada, aquella que olía a avellana, un perfume que en ese momento parecía colarse por su nariz, obnubilando sus sentido… ¿O era el alcohol?

Que sean tres.

Draco intentó enfocar la vista en algún lugar de la habitación ¿Eran aquellos sus ojos, los mismos que siempre lo miraban con inocencia y compasión? El rubio se tiró del cabello, desordenándolo

Brindemos por el cuarto.

No, era su sonrisa, la que le regalaba al mamotreto de Wesly y su ropa raída, pobretona. Y en su mente no concebía el porqué de su preferencia. Era claro como el agua que el pelirrojo no era competencia para él en ninguna área y sin embargo, ella prefería estar a su lado antes que con él.

Quizás ver puntitos rojos era el paso previo a la inconciencia.

Entonces que sean cinco y uno doble, a favor al ausente Paul.

Se suponía que cuando perdías la conciencia eras incapaz de pensar y mantenerte en pie. Entonces una pregunta cruzó la mente de Draco: ¿Por qué estaba fuera de la casa con una botella de whisky en la mano y el recuerdo de la calidez de Granger palpitándole en la piel?

Mejor que sea la botella entera y lo que Merlín quiera.

Con sus manos se tiró el pelo hacia atrás, maldita Granger ¿Qué le había hecho? Algún embrujo para convertirle en un maricón, seguro. No había otra explicación y si la había prefería no saberla. Con rapidez se llevó la botella casi vacía a la boca y apoyó el pico de ésta en sus labios recibiendo el líquido ámbar en su cuerpo. Si eso no mataba cualquier atisbo de la castor esa, entonces ya no sabría si su locura tenía algún tipo de remedio.

Haciendo un esfuerzo sobrehumano caminó a trompicones hasta su caballo el cual se echó para ser montado con mayor facilidad. Draco hipó y ladeó la cabeza con una mueca-sonrisa en su rostro.

- Estoy en condiciones como para montarte por mi cuenta chucho – dijo arrastrando las palabras.

Sin embargo el corcel no cambió su posición y el rubio lo agradeció muy, muy en el fondo, debajo de todas sus capas evasivas, entre ellas las formadas por el reciente alcohol. Con torpeza pasó una pierna sobre el animal y se sentó sobre la montadura, ligeramente inclinado hacia un costado. El caballo, tan negro como la capa de mortífago de quien lo montaba, se irguió y esperó las órdenes de su dueño.

- A mi salud mental – brindó el rubio y de un último trago vació la botella para recibir el amigable y conocido abrazo de calor. Con el tobillo golpeó el muslo del animal que, sin esperar una nueva orden, se perdió en el bosque al galope.

OoO

Sentados en las escaleras previas a las puertas del gran salón y observando en silencio la negrura del bosque prohibido, Paul y Hermione levantaron la vista al escuchar el relinchar de un caballo, al tiempo que les llegaba el rumor del vidrio al romperse, como si lo arrojaran contra algo duro.

Paul se puso de pie de inmediato y se tomó la cabeza con ambas mano.

- ¡Oh no! – musitó.

Algo desconcertada, la castaña lo miró con aquellos ojos inquisidores, pidiendo mudamente una explicación a su reacción.

- Es Draco, se ha marchado – dijo – lo siento Hermione, mejor voy… lo acompaño.

Ella simplemente se limitó a asentir. De todas maneras ya tenía sueño y seguir despierta lo único que lograría sería dejarla más dolida y agotada de lo que ya estaba. A su lado Paul se llevó dos dedos a la boca y chifló tan fuerte que estuvo a punto de darle un patatús de la sorpresa.

Esperaron unos minutos hasta que galopando silenciosamente apareció un caballo que se imponía majestuosamente.

- Ve entrando, si él se entera que te dejé sola probablemente va a querer matarme – agregó con una mirada que no daba lugar a réplica alguna.

Hermione suspiró un "Lo dudo" y se perdió entre las puertas de roble. No tenía ningún sentido ponerse a discutir los diferentes argumento que barajaba para suponer aquel hecho. Y encima a aquella altura ya le empezaba a doler la sesera. "Cartón lleno"pensó.


Ahora sí muchísimas gracias a Pau Tanamachi Malfoy por enviarme ese MP que me hizo caer a tierra y darme cuenta que no había publicado! Espero te haya gustado niña.

Las quiero y ¡MUCHAS gracias por estar conmigo!

Agradecimientos

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Meli