Bueno, es Domingo y es día de actualizar (de hecho, lo iba a hacer antes, pero me atacó una migraña esta semana…) En fin. Estoy traumada con un capítulo de Fairy Tail ._. Ya pues. Ahora sí, ¡comencemos con las misiones!
Disclaimer: Todo lo relacionado a Naruto es propiedad del gran Masashi Kishimoto.
Capitulo 13: Misión I. Lunáticos en una isla.
—Haruka –murmuró una voz—. Haruka –repitió más fuerte moviendo a la kunoichi por un brazo.
La Hayashi abrió medianamente los ojos.
—Haruka –volvió a decir.
—¿Mhm? –respondió somnolienta—. ¿Qué quieres Kankuro? –cuestionó reconociéndolo—. ¿Qué haces aquí?
—Vístete, tenemos una misión.
—¿Misión? Estás loco –y se cubrió con una almohada.
—Vamos Haruka, Tsunade-sama nos está esperando.
—¿Tsunade-sama? Mierda —soltó—. ¿Qué horas son?
—Como las cinco de la mañana. Vámonos antes de que despierte a las demás.
—De acuerdo, de acuerdo. Ya voy.
El marionetista la esperó en el balcón. Al ponerse su ropa ninja, partió con él hacia el área de entrenamiento.
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—Pensé que no llevarían a cabo misiones de este tipo –murmuraba un pelirrojo.
—Cuando dije que tendrían vacaciones, se incluirían el entrenamiento y con ello, las misiones de la aldea –aclaró la Godaime.
—¿Y por qué no mejor creaba misiones falsas? –cuestionó una Shizune somnolienta.
—¡Porque necesito que también practiquen sus técnicas ninjas!
—Está bien Tsunade-sama, no se enoje –respondió la pelinegra.
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—¿Gaara? –cuestionó la Hayashi llegando al lugar—. ¿Qué haces aquí?
—Verificando la misión que harán.
—Bueno, aquí estamos ya —intervino el castaño—. ¿Qué tenemos que hacer?
—Irán a una isla que se encuentra a algunos kilómetros de aquí –comenzó a decir la Hokage—. Tendrán que rescatar a un niño que fue secuestrado de la aldea ayer por la noche.
—¿Secuestrado? –cuestionó Haruka.
—Sí –respondió el menor de los Sabaku No—. Salió a pasear por la tarde pero no regresó con su familia al comenzar la noche.
—Según varias fuentes —prosiguió la rubia—, se supone que fue raptado por un grupo de mercenarios que realizan cultos malignos en dicha isla.
—Eso significa —dijo Gaara—, que utilizan sacrificios humanos. Y pensamos que pueden llegar a matar al niño.
—Mierda —habló el marionetista—. Entonces esto también es una carrera contrarreloj.
Los kages asintieron con la cabeza.
—Deben irse ahora –dijo Tsunade—. Un joven de la aldea los llevará hasta la isla en un bote. Tendrán que infiltrarse por debajo del agua o de otra manera, serán descubiertos con facilidad. Hay hombres vigilando los alrededores de la isla y el lugar donde realizan sus ritos es parecido a un bosque. Tengan cuidado.
—De acuerdo –dijeron al unísono mientras salían.
—No sé ustedes –habló Shizune después de un bostezo—, pero yo iré a dormir un poco más –y también se fue.
—Estarán bien –aseguró el pelirrojo.
—Lo sé –y la Godaime sonrió.
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Habían pasado quince minutos desde que salieron del País de la Cascada. Llevaban la mitad del viaje y el cielo aún tenía su tinte nocturno. El bote surcaba las olas con rapidez. Kankuro y Haruka se hallaban sentados al lado de un muchacho rubio con ojos verdes de unos veintitantos años, que conducía el transporte.
—¿Por qué tenemos que usar salvavidas? —cuestionaba la Hayashi inconforme—. No me gustan. Aparte de eso, ya sé nadar.
—Lo siento, guapa —respondió el joven—. Es una regla. Si cometes cualquier infracción de tránsito marino, la seguridad de la aldea exige una revisión anal.
Los ninjas lo miraron boquiabiertos.
—¿Qué carajo? No te voy a preguntar cómo lo sabes –murmuró el castaño.
El resto del camino, comenzaron a alistarse con su equipo ninja. Pasados otros minutos, el bote se detuvo, ocultándose detrás de una gran cantidad de arbustos marinos que flotaban sobre el agua.
—¿Por qué nos detenemos? —cuestionó el Sabaku No—. Aún falta poco para llegar a la isla.
—Lo siento, guapo —contestó el rubio haciendo que Kankuro frunciera el ceño—. Pero no puedo acercarme más o nos descubrirían. Tengo que esperarlos aquí. Si no llegan antes del mediodía, yo me tendré que ir.
—De acuerdo –aceptó la Hayashi quitándose el salvavidas.
—Oye Haruka… —el marionetista se acercó a ella, hablando en voz baja—. ¿Es mi imaginación o este sujeto es un poco raro? Me acaba de llamar guapo.
La pelivioleta viró hacia el joven que acariciaba al motor del bote.
—No, no es tu imaginación —aclaró—. Creo que quedaré perturbada de por vida. Vámonos ya, cara de rata.
—¿Cara de rata? Esa es nueva… —se quejó Kankuro—. Pensé que sólo por hoy no me insultarías. Ya llevabas récord de una hora.
—¡Ja! –se burló la kunoichi—. Ya quisieras –dijo arrojándose al mar.
El Sabaku No suspiró, siguiéndola.
—¡Buena suerte! –les gritó el ojiverde mientras se alejaban.
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—Toma –Haruka le entregó una varilla larga y flexible, hecha de madera.
—¿Para qué es esto?
—Tendremos que bucear —indicó la Hayashi—. No podemos permitir que nos localicen.
—De acuerdo.
Nadaron hasta las inmediaciones de la gran isla, respirando sólo a través de ese delgado tubo. La pelivioleta salió ligeramente a la superficie, asomando únicamente la cabeza. El castaño la imitó. Intentaron camuflarse detrás de una pequeña acumulación de lirios.
—¿Qué sucede? –le murmuró.
—No veo ninguna entrada –respondió ella.
Delante de ellos se encontraba una gran cerca hecha de roca que rodeaba todo el lugar.
—Oye Haruka, dime algo-…
—Tarado –lo interrumpió la Hayashi.
—Sí…era un récord que no me haya insultado antes. Gracias, pero eso no.
—Continúa –sonrió la kunoichi.
—Si la entrada no es visible por arriba, puede haber dos opciones. Que dominen técnicas del elemento Tierra para abrir la piedra o que haya una entrada, por abajo.
—Eso mismo estaba pensando. Y concuerdo contigo en la segunda opción. Debe haber una entrada por debajo del agua.
—Vamos entonces.
Tomaron una gran bocanada de aire y se sumergieron. Buscaron por largos minutos regresando cada poco para respirar hasta que localizaron una abertura casi al otro lado de la fortaleza.
—Haruka, por aquí.
En un pequeño y poco profundo agujero parecía haber una especie de manija. Ambos shinobis trataron de girarla sin resultado alguno. Volvieron a la superficie.
—¿Ahora qué? –cuestionó el marionetista—. No sé por qué pero eso me dice que es nuestra entrada.
—Ya lo sé –la Hayashi meditó por unos segundos—. Espera aquí –y volvió a hundirse.
Poco después una relampagueante luz azul y violácea, con destellos grises iluminó el agua por debajo del castaño. Una sacudida lo sorprendió. Inmediatamente, la kunoichi salió a la superficie.
—¿Haruka?
—Moví una palanca. Es una entrada –dijo mientras sus ojos volvían a la normalidad—. No parece ser la principal, pero podemos entrar por ahí. Supongo que debe usarse como vía de escape en circunstancias peligrosas para los locos que están aquí. Es un túnel, pero no sé qué longitud tenga, así que será mejor que haga una técnica para respirar.
—¿Cómo lo harás?
—Un poco de telequinesis —respondió ella sonriendo—. Como lo hice para abrir la puerta de piedra.
—¡¿Y por qué no usaste eso desde el principio en vez de nadar con esos popotes?!
—Para ahorra chakra –indicó mientras su compañero suspiraba.
Se hundieron y Kankuro divisó el hueco, lo suficientemente ancho para que ambos pasaran nadando a través de él. La pelivioleta activó su técnica, haciendo que el color de su iris se dilatara por todo su ojo. El derecho tomó un matiz azul claro mientras que el derecho se distinguía una mezcla de gris y violeta.
—Hace mucho que no veía sus jutsus. Parece que ha mejorado –pensaba el marionetista.
La Hayashi movió ambos brazos en dirección contraria, creando un espacio que acumuló aire y no dejaba pasar el agua. Comenzaron a nadar a través del gran agujero y se guiaban por las estrechas paredes debido a la falta de luz. Después de un rato, lograron llegar a un lugar más amplio. Escasos rayos de luz se filtraban por orificios en el techo de roca que rodeaba el lugar.
—¿Dónde estamos? –cuestionó Haruka deshaciendo su técnica.
—Parece una cueva –respondió el castaño a la vez que distinguió un camino por un lado—. Creo que tendremos que seguir por allá.
De pronto se escuchó un ruido lejano, haciendo que los dos ocultaran la cabeza debajo del agua. Parecía que el círculo en el que había desembocado el túnel era un pozo que se extendía varios metros hacia abajo. Poco después, Kankuro se asomó, confirmando que no había nadie. Jaló a Haruka, haciendo que también saliera.
—Creo que sólo fue el eco –dijo él.
—Iaj –murmuró la Hayashi dándose cuenta que su ropa se había cubierto de un fluido espeso y oscuro—. Esto no es bucear. Se parece más a nadar en un montón de mierda líquida.
—Tch.
Ambos salieron del agua y comenzaron a caminar por tierra firme. Avanzaron hasta que dieron con un espacio al aire libre. Estaban dentro de la isla. Había una increíble cantidad de árboles que formaban un espeso bosque. Siguieron buscando un lugar en donde encontrar a los mercenarios por los cuales habían sido enviados a la misión.
—¿Dónde rayos están todos? —preguntaba la pelivioleta—. No siento ninguna presencia.
Haruka seguía hablando de posibles escondites y algunas estrategias. Kankuro venía escuchando, pero de repente, se detuvo en seco. Le tapó la boca a la kunoichi con una mano y con la otra, la rodeó por la cintura, saltando con ella a las ramas del árbol más cercano. La Hayashi trató de zafarse del agarre, pero se quedó quieta al darse cuenta de lo que pasaba. Dos figuras pasaron caminando debajo de ellos.
—¿Comenzaremos en una hora? –preguntó una voz femenina.
—Sí –respondió otra del sexo opuesto—. Nos reuniremos en el centro de ceremonias con el jefe.
Después de que se fueron, el marionetista soltó a su compañera.
—¿Qué te pasa Haruka? –cuestionó con cierta incredulidad—. Pudieron habernos descubierto.
—Lo siento…venía distraída y no noté su presencia.
El castaño suspiró.
—Bueno, por lo menos ya sabemos a qué horas y en dónde estarán todos. Será mejor que busquemos ese centro de ceremonias –dijo.
La pelivioleta asintió y lo siguió. No tardaron mucho en encontrar el sitio indicado. Había un gran domo circular que cubría el único lugar carente de árboles. Dentro de él, una fina tierra rojiza cubría el suelo y en el centro, se hallaba un rectángulo de mármol que ascendía algunos escalones hacía arriba.
—Parece que no ha llegado nadie –habló el marionetista.
—Oíste a esos sujetos. Tendremos que esperar una hora –y se ocultó detrás de unos arbustos.
Pasó el tiempo. Kankuro esperaba alerta. Pero Haruka se hallaba sentada con los ojos cerrados.
—Oi, Haruka. ¡Haruka!
La Hayashi levantó la cabeza.
—¿Qué sucede? ¿Ya aparecieron?
—No. ¡Pero no es hora de que tomes una siesta! Te pareces a Shikamaru.
—Perdón. No dormí bien anoche. Aparte de que me despertaste más temprano.
—No es mi culpa –se defendió el Sabaku No—. Sabes que Tsunade dijo que eso podría pasar.
—¿Eh? ¿Cuándo dijo eso? Tengo memoria de politetrafluoroetileno.
—¿Polifa-qué? ¡La tuya!
—Memoria de teflón* –aclaró ella.
Kankuro se golpeó la frente con una mano.
—¿No pudiste decir eso, señorita Sabelotodo?
—No –y el marionetista volvió a golpearse la frente.
Al transcurrir la hora, muchas personas comenzaron a adentrarse en el centro de ceremonias, acompañadas de velas encendidas.
—Parece que ya están aquí –murmuró la pelivioleta.
—Bien, vamos por ellos –el marionetista se puso de pie.
—¡Espera, idiota!
La kunoichi lo jaló haciendo que éste cayera de bruces al suelo.
—Creo que me rompiste la nariz –murmuró.
—No fui yo, fue el suelo.
El marionetista se levantó con dificultad.
—¡¿Por qué hiciste eso?!
—Tenemos que dejar que todos entren. Si los atacamos ahí, nos resultará más fácil que perseguirlos por todo el bosque.
—Mhm –bufó el Sabaku No—. Creo que tienes razón.
Después de algunos minutos, ninguna persona se veía por las cercanías. Algunos cánticos en lenguas desconocidas comenzaron a hacer eco por todo el lugar.
—Parece que ya empezaron –la Hayashi se puso de pie—. Vamos.
Al asomarse por la entrada, pudieron distinguir a una gran cantidad de personas arrodilladas alrededor del centro ceremonial, vestidas con atuendos de plumas. En el rectángulo de mármol se encontraba una persona, atada de manos y pies y parecía ser controlada por un hombre. Éste cantaba fuertemente mientras los demás seguían sus palabras.
—Haruka, creo que ese es el niño que buscamos.
—Lo sé –murmuró—. Tengo un plan. Crearé un genjutsu y trataré de atrapar a todos los que pueda con él. Deshazte rápidamente de ellos y saca al niño de ahí. Si no funciona, los dos atacaremos con todo.
—De acuerdo –sonrió el marionetista sacando sus pergaminos.
La pelivioleta apareció dando un gran salto.
—¡Oi! ¡Por aquí!
Las voces fueron interrumpidas y todas las miradas fueron dirigidas a la recién llegada.
—Cayeron –Haruka juntó sus manos—. ¡Genjutsu! ¡Ilusión demoníaca!
La mayoría fue atrapada en la técnica de la kunoichi. Kankuro hizo aparecer sus marionetas y con rapidez, fue derribando a los enemigos.
—¡Técnica secreta negra del marionetista!
La pelivioleta mantuvo su técnica e igualmente los atacó, usando su telequinesis en gran parte. Algunos que se habían liberado, se defendían, pero era en vano. Pasados algunos minutos, casi todos yacían derrotados en el suelo. El que parecía el líder trató de huir, pero Kankuro lo remató con un kunai lanzado a toda velocidad a su espalda. La Hayashi se acercó a la persona que yacía hincada sobre el centro del lugar. Era el niño con cabello negro que habían secuestrado.
—¡Liberar! –y el pelinegro se derrumbó.
—Estará bien –dijo el castaño guardando sus marionetas y cargando al chico a un hombro—. No fue tan difícil.
—Sí, salgamos de aquí.
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—¿Eh? ¿Qué sucedió? –el pequeño había despertado pasados algunos minutos.
—Tranquilo, estás a salvo –le contestó Kankuro.
—¿Quiénes son ustedes?
—Yo soy Sabaku No Kankuro y ella es Hayashi Haruka. Vinimos a salvarte.
—Recuerdo que iba de regreso a casa, cuando esos hombres me capturaron.
—Sí –respondió la kunoichi—. Pero ahora ellos ya no están. Regresarás a tu hogar sano y salvo.
—¡Gracias! –exclamó contento el niño.
Empezaron a caminar en dirección al túnel por el cual habían ingresado a la isla. Después de un rato, el niño detectó un olor poco común.
—¿A qué huele? —preguntó.
Dirigió su mirada hacia el castaño. Su cuerpo estaba cubierto por una sustancia espesa y de color café-
—Caí en una trampa que había por ahí, hace rato –contestó el marionetista viendo su ropa—. Creo que metí a un baño de lodo.
—¿Sabes? –intervino la Hayashi—. Sigo pensando que eso no era lodo…
Kankuro hizo una mueca de desagrado.
—Con razón vi tantos pájaros muertos.
—¡Qué asco! –y el pelinegro se alejó de él.
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Llegaron nadando hasta el bote cuando comenzaba a amanecer.
—¡Muchachos! Me alegra verlos sanos y salvos –dijo el joven ojiverde que los había conducido a la isla—. ¡Akinari! Qué bueno que estás a salvo –sonrió ampliamente.
—Gracias –contestó el niño—. También me da gusto verte, Kaz.
Los tres subieron al transporte, viendo su misión cumplida. El resto del camino fue silencioso, hasta que Akinari quebró el hielo.
—¡Miren! Allí es donde vivo.
Apuntó con un dedo hacia una gran cantidad de árboles que daban paso a la entrada de la Aldea Oculta de la Cascada. Ambos shinobis siguieron la dirección con la mirada. El rostro de Haruka se endureció.
—Es un lugar muy bonito –dijo alegre—. ¿Usted conoce la aldea, señorita? –le preguntó a la pelivioleta.
La kunoichi lo miró. Sonrió fingidamente y cerrando los ojos, asintió levemente con la cabeza. Desvió la vista nuevamente hacia aquel lugar.
—¿Haruka? –inquirió el marionetista ante el cambio de actitud de su compañera.
De reojo, logró distinguir cómo una fina lágrima redondeaba su mejilla hasta perderse por su mentón.
—Oh, mierda –pensó el Sabaku No recordando algunas historias.
Continuará…
Memoria de teflón*. Una expresión para decir que alguien tiene mala memoria. Como el teflón, "no se le pega nada" xD. Ya pues ._.
¿Un poco de "mini-misterio" en este capítulo? Síp C:
Este…si como que dos semanas es mucho. Trataré de escribir un poco más seguido si puedo. Y creo que mandaré al carajo mis días de actualización XD. En fin, espero les haya gustado. Nos vemos en el próximo (:
