Buenas! Primero muchas gracias por sus comentarios!En compensación les dejo un capítulo bastante largo. Espero que lo disfruten! Esta semana estaré de exámenes hasta los topes, así que tal vez me retrase al actualizar, por eso pido disculpas por adelantado. Bien pues eso eso todo! Espero que les guste!
_
La historia se situa en el sexto libro, por lo que habrá algunos spoilers.
Disclaimer: todos los personajes y lugares le pertenecen a J.K. Rowling, yo solo los uso porque tengo demasiado tiempo libre.
Parejas: la principal sera Harry/Draco. Lucius/Narcissa; Blaise/Pansy; Severus/Remus; Ron/Hermione
Aclaraciones: - diálogo; -"pársel"; -[Hechizos] ; -#pensamientos#.
Capitulo 11
-¿Por qué hablaste conmigo en King's Cross?¿Por qué te hiciste mi amigo?
Draco se sorprendió por la repentina pregunta, pero al girarse para encararlo, vio esa mirada anhelante y supo que Harry quería oír la verdad.
Déjame hablar hasta el final antes de juzgarme, por favor. – le pidió. Harry asintió y Draco suspiró, ordenando sus pensamientos antes de empezar a hablar. – A mediados de julio mi padre me informó que el Lord me había escogido como uno de los chicos que se iniciarían para poder tener infiltrados dentro de Hogwarts y unos espías de los que nadie sospecharía. Yo tenía claro que no quería unirme a sus filas, pero no quería defraudarle, así que fingí que me alegraba, que me enorgullecía. Pero cuanto más se acercaba el día, iba perdiendo el valor para hacerlo. No me sentía capaz de llevar a cabo lo que el Lord me mandase. Por eso decidí hablar con mis padres y Severus para que me ayudaran. A ellos no les sorprendió que yo no siguiera al Lord, y me confiaron que ni ellos le seguían ya, que había perdido el norte y que no querían para mí lo que ellos habían vivido. Así pues, ideamos un plan. Cuando el curso empezase yo debía acercarme a ti, aprovechar que estarías débil por lo que paso en el ministerio y ganarme tu confianza para lograr la protección de lo Orden con tu apoyo. Lo siento. – dijo decaído. Se volteó para mirar a Harry, y vio como este lo miraba dolido y amenazante. Fue a levantarse, pero Draco lo tomó de la muñeca y lo instó a quedarse junto a él.- Dijiste que me escucharías hasta el final. Cuando te vi en la estación, y vi como trataste a los Weasley, Granger y Lupin, supe que no saldría bien. Teóricamente, tú tenías que seguir siendo ese chico con complejo de héroe, inocente y demasiado noble hasta para tu propio bien. Pero no fue así, y, aunque te viniste conmigo a la primera, ni siquiera me planteé seguir con el plan. Entonces tú y yo empezamos a hablar y, no sé, empezamos a llevarnos bien, y Pansy y Blaise también te cogieron cariño enseguida. – Suspiró. – Olvidé el plan por completo, lo recordé un día hablando con Severus, pero le dije que no serviría de nada. El no entendía por qué seguía contigo entonces, pero ya te consideraba uno de los nuestros, ya eras mi amigo.
El silencio cayó en el lugar cuando la historia hubo acabado, Draco rezaba para que Harry le creyese, y el moreno quería hacerlo. La verdad era que al principio éñ ya sabía que el rubio quería algo de él, pero aún así no le importó. Pero ahora le dolía pensar que a lo mejor el rubio solo seguía con él por mera necesidad.
Aún puedo conseguir que la Orden te dé protección. – dijo el ojiverde, sorprendiendo al Slytherin. – Si es lo que quieres…
No, no quiero. No voy a dejar tirado a mi compañero de misiones. A lo mejor no soy capaz de matar aún, pero siempre puedo ayudarte en otras cosas.
Bueno, supongo que siempre va bien tener a alguien que te cubra la retaguardia. – le respondió con una pequeña sonrisa.
En eso sí que soy bueno.
Harry suspiró y se incorporó para levantarse.
¿Vamos a desayunar? – le preguntó mientras le tendía una mano para ayudarle a pararse.
Seguro.
Ambos chicos anduvieron tranquilamente de vuelta hacia el colegio.
¿Te acostaste muy tarde ayer, al final?- preguntó Draco más para hablar de algo que por curiosidad.
No que va. Solo que no duermo bien. Me despierto continuamente, y las pocas horas que duermo, no es un sueño placentero.
¿Y eso?¿ Pueden ser remordimientos?
No, más bien pesadillas. En fin, – dijo cuando llegaron frente a la puerta del Gran Comedor – nos vemos luego.
Los días siguieron pasando en el colegio, ambos chicos disfrutaban de su semana de vacaciones. Para Draco, des del día en que, en el salón de los menesteres, Harry le confesó que tenía algunas amigas que lo ayudaban a desestresarse, le era muy fácil darse cuenta que, a ratos Harry desaparecía y cuando volvía portaba una cara de satisfacción enorme. Cada vez que eso pasaba, sentía como algo en su interior se retorcía: no era fácil saber cuando se acostaba con alguien la persona que te gustaba.
Esa tarde encontró a Harry y Draco juntos en el salón de los menesteres. El rubio practicaba cada tarde la proyección de recuerdos además de oclumancia con su padrino. Luego, junto con Harry, ambos practicaban toda clase de hechizos y maldiciones que podían servirles en la lucha. Se ayudaban mutuamente: Harry enseñaba a Draco todo lo que le sería útil en una batalla, sobre todo Artes Oscuras; y el rubio le enseñaba al moreno todo lo que sabía de pociones, ya que aunque el nivel del Gryffindor había mejorado notablemente, aún no se asemejaba al del Slytherin.
Estaban ambos sentados en un sofá descansado. Hacía tiempo que Draco quería preguntarle a Harry acerca de sus actividades para aliviar la tensión, pero al mismo tiempo no sabía si quería saberlo, ya que eso solo acrecentaría sus celos.
Mmm, esto Harry. – se decidió al final – ¿Has vuelto a ver a tu "amiga"?
Eh? – le sorprendió la pregunta, ya que ellos no solían hablar de esas cosas. – Pues sí, algunas veces. Aunque no siempre con la misma persona, porque entonces corro el riesgo de que se encariñe o se crea que lo nuestro es algo serio, y no me conviene. - se quedaron en silencio, Draco reprendiéndose por haber preguntado. - ¿Y tú? ¿No tienes alguien para relajarte? – le preguntó con una sonrisa pícara.
Bueno, el año pasado estuve con alguien, aunque este verano tenía la cabeza en demasiados sitios para pensar en sexo. Y ahora, bueno podría decir que hay alguien que me gusta. – respondió con indiferencia, aunque por dentro estaba muerto de los nervios. Era cierto que el año pasado había estado con una chica de séptimo que ya se había ido, y había perdido la virginidad con ella. Se había vuelto un gran amante en la cama, o eso decían las chicas con las que se había acostado. Reconocía que no le había sido fiel a su chica, pero tampoco iban a casarse, así que no se sentía mal por intentar ser mejor. Aunque en este caso era distinto, porque le gustaba Harry, un chico, y en ese ámbito no tenía nada de experiencia.
¿Te gusta alguien? ¿Quién?
No tiene importancia, tampoco creo que lleguemos a tener algo.
¿Por qué no? Eres listo, guapo, rico, vistes bien… estoy seguro que las tías se te rifan. – le dijo divertido. - no te imaginaba tímido en esas cosas la verdad.
No lo soy. Soy un Malfoy, cualquier mujer desearía tenerme en su vida y en su cama – dijo sonriendo malicioso. – así como desearían tener mis millones a su disposición.
Entonces, ¿por qué no le pides para salir? O si no, ¿por qué simplemente no buscas otras con quiénes acostarte?
No siento la necesidad de encontrar alguna mujer para satisfacerme, y, bueno es algo complicado.
¿Es una Gryffindor? ¿O una mudblood? Oh Merlín, ¿es una Hufflepuff mudblood? – le preguntó, riéndose. Draco no pudo evitar una cara de asco, no por su sangre, sino por la fama de pesadas que tenían las Hufflepuff enamoradas.
Creo que tengo más buen gusto que eso, gracias. Aunque – suspiró. – si mi padre se entera, estoy seguro que lo preferiría a quien me gusta a mí.
¿En serio? - preguntó Harry, asombrado. – veamos, qué puede haber peor que una chica sangresucia de la peor casa de Hogwarts… ¿Es un chico? ¿Te gusta un chico?
Draco sintió como palidecía. Los magos eran muy cerrados de mente con la homosexualidad. No quería que Harry lo odiase, ni que le tuviese asco. No estaba preparado para el rechazo del león. Tenía la vista fija en sus manos mientras pensaba en cómo salir del lío en el que se había metido. Respiró profundo. Él era un Malfoy, y había sido desde pequeño para poder engañar y engatusar a sus interlocutores. Levantó la mirada con su máscara perfectamente colocada, y le sonrió como si de una broma se tratase.
Claro que sí, y por las noches duermo con un pijama rosa abrazo a un peluche de unicornio con un corazón dibujado en su trasero. – vio como Harry lo miraba con una ceja alzada, evaluándolo. Su sonrisa tembló, pero intentó mantenerse firme.
Vamos, que si te gusta un chico. – la sonrisa de Draco caoyó, y le miró con los ojos muy abiertos.
¡Claro que no!- le gritó, levantándose del sofá. ¿Por qué nunca conseguía engañarle?
Oye, tranquilo, no hay nada malo.
¿Qué no? Hay un montón de cosas mal! – dijo dejándose caer de nuevo en el sofá y ocultando su cara entre sus manos, aceptando que Harry lo había descubierto, aunque parecía no importarle.
Respira, Draco. No hay nada malo en ser gay. El sexo con hombres, a mi parecer, es mucho mejor que con mujeres. – le sonrió de manera lujuriosa.
¿Qué?- le preguntó el rubio levantando la cabeza y clavando su mirada en la de Harry.
Yo nunca dije "amiga" dije "amigo". Por eso me ha parecido raro que me preguntases por chicas, pero tampoco iba a alardear de mi homosexualidad. Pero al parecer cojeamos del mismo pie, no?
¿Te gustan los chicos?- preguntó en un susurro.
Eso no le ayudó para nada, porque podía aceptar que Harry no se fijase en él porque le gustaban las chicas. Pero ahora resultaba que le gustaban los chicos, pero no él. El chico que le gustaba se acostaba con otros chicos, y ni si quiera se fijaba en él. Mierda.
Oye, no te frustres. Por mucho que un tío diga que es hetero, hay pocos que lo sean al 100%. Puedes intentarlo, siempre puedes usar un obliviate si te descubres y resulta ser un cabrón que intenta usar la información para chantajearte o humillarte.
Así que, ¿crees que debo, intentar seducirlo?
Sep. – dijo dándole un golpecito en la espalda. – Puedes contar conmigo para lo que quieras.
Pues, gracias, aunque creo que será algo imposible
¿Por qué?
Él me gusta mucho, no solo físicamente sino también en su forma de ser. Sabe muchísimo, de un montón de cosas. Y, cuando estoy con él, me siento seguro. Pero estoy seguro que nunca se fijaría en mi, sería algo imposible.
No será Snape, no? – le preguntó luciendo asustado.
¡¿Qué? ¡No! ¡No! ¡Merlín, no! Hugh, Harry, eso es asqueroso. – dijo haciendo una mueca de asco, causando que Harry empezase a reír. - ¿Cómo se te ocurrió eso?
No sé, Snape nunca tendría nada contigo, eso fijo. Él te protege y cuida mucho, y al ser tan mayor es obvio que creas que no eres suficiente para él. Aunque realmente me asustaría que fuera él.
Pues no, no es Severus. Merlín, no voy a poder sacar esa imagen de mi cabeza.
Se quedaron un rato en silencio, simplemente disfrutando de la compañía del otro. Fue Harry quien rompió el ambiente relajado.
Draco, pronto el Los nos llamará. Te lo digo para que estés preparado.
¿se acabó nuestra semana de vacaciones?
Sí, seguramente llamará a todos los novatos para mandarles su misión.
¿Qué misión?
La que tuvimos que hacer la semana pasada era simplemente para demostrar vuestra lealtad. Como no podemos salir mucho de Hogwarts ni involucrarnos en las batallas exteriores, el Lord mandará a cada pareja una misión, algo que podamos llevar a cabo desde dentro de Hogwarts. Aunque eso no nos librará de algunos trabajitos esporádicos. – le explicó
Oh. – fue lo único capaz de decir el rubio. No sabía qué sentir, una misión larga no podía ser nada bueno. Harry se levantó y empezó a recoger sus cosas. - ¿Te vas?
Sí, Dumbledore quiere verme en su despacho. – acabó de acomodarse y se desplazó hacia la puerta. Cuando ya estaba a punto de salir, se giró hacia el rubio y le sonrió. Draco parpadeó, confundido. – Buena suerte con ese chico.
Dumbledore le mostró recuerdos en lo que veía trozos de la vida de Tom cuando este era pequeño: de sus padres, cuando le conoció en el orfanato, como fue su vida en Hogwarts… Cuando terminó le encomendó un recado: conseguir un recuerdo que Slughorn se negaba a darle.
Eso había sido productivo, pues al fin había conseguido saber más de Voldemort, tarde, quizás, pero mejor que nunca. No iba a cumplir la misión que el director le había mandado para ayudar a la Orden ni a él, sino para su propia satisfacción. Quería saber que eran los Horrocruxes, descubrir cómo habían vuelto tan poderoso y temible a Voldemort. Pensaba ir ya mismo a sonsacarle el recuerdo al profesor, cuando sintió que la marca le ardía. Odiaba eso, porque siempre le producía dolor de cabeza al sentir la magia del Lord recorrerle el cuerpo. Resignado, se dirigió hacia su pasillo secreto para llegar a Hogsmeade. No podía arriesgarse a ir al despacho de Snape allí, estarían todos los novatos. Una vez en el pueblo, se puso la túnica y la máscara, tomó el traslador y se apareció en la mansión Riddle.
Voldemort se encontraba rodeado de todos los mortífagos recién integrados. Había un silencio pesado en la sala, pues ningún joven se atrevía a hablar, ni siquiera entre ellos.
Bienvenidos, jóvenes. Debo decir, que es grato para ni saber que todos los presntes fuistéis capaces de llevar a cabo vuestra misión, pero esa era solo una pequeña prueba. Ahora estoy seguro que me sois leales y capaces de obedecerme. Os he llamado hoy para informaros de cuál será vuestra misión, aquella que si no lleváis a cabo, deberé prescindir de vosotros. – una sonrisa sádica adornaba el rostro del Lord mientras estremecimientos recorrían el cuerpo de los otros presentes. – Crabbe, Goyle, acercaos.
Así empezó, llamando a las parejas ordenadamente para informarles. Cuando llegó el turno de Draco y Harry, simplemente les hizo un asentimiento con la cabeza para que se acercasen.
Soy alguien bondadoso, y sé reconocer cuando un trabajo está bien hecho. Debo felicitar a estos muchachos, realmente eficaces, rápidos y concisos, discretos y silenciosos. Espero, en un futuro muy próximo, de todos la misma eficacia que ellos. – dijo dirigiéndose al grupo entero que miraron a los dos chicos con admiración. – Podéis retiraos todos, ya!. – nadie replicó y todas las chicas abandonaron rápidamente la estancia. Cuando estuvieron solos, Harry se quitó la máscara para estar más cómodos. – veo que Malfoy es un buen aprendiz.
Lo lleva en la sangre. – respondió el moreno encogiéndose de hombros.
Bien, como recompensa a vuestro excelente trabajo os he guardado la mejor misión de todas, aunque tienes dos partes. Necesito que encontréis la manera de permitir que mis mortífagos entren en Hogwarts. Dada tu habilidad por salir de allí sin ser visto, no creo que te cueste mucho.
No crea, señor, no es lo mismo entrar y salir yo, que soy solo uno y tengo mis métodos para no ser visto, que colar a un grupo de mortífagos, ya viejos y chochos.
Me da igual cómo, pero hacedlo. Lo que también necesito es que eliminéis el último estorbo en mi camino: Quiero que matéis a Albus Dumbledore.
No sabía cómo había llegado hasta allí. Su mente aún no asimilaba lo que le acababan de decir. Tendrían que matarlo. A él. Matar a Albus Dumbledore. Eso tenía que ser una horrible pesadilla.
¿Estás bien? – oyó que le preguntaba.
Poco a poco fue asimilando donde se encontraba. En Hogwarts, en la Sala de los Menesteres. Harry debía haberle traído. Giró su rostro y se encontró con la mirada preocupada de su amigo. Asintió con la cabeza, respondiendo a la pregunta que le había hecho, no porque fuera cierto, más que nada para responderle algo. Harry no le creyó, y le instó a sentarse en un sillón que había aparecido.
Tranquilo, ya pensaremos algo, ya tengo idea de cómo hacer la primera parte, como colar los mortífagos. En cuanto a lo otro…
No lo haremos, ¿no? Quiero decir, no quiero mucho a ese viejo pero no puedes hablar en serio. No podemos matar a Dumbledore. – habló rápido el Slytherin, asustado. Harry suspiró.
Draco, escucha – dijo el moreno sentándose frente a él y obligándolo a mirarlo a los ojos. – puede que Voldemort dijese que esto era un premio, pero no lo es. Es un castigo. Para ti y tu padre. Lucius no logró cumplir su misión el año pasado pero el Lord no lo castigó y eso me sorprendió. Pero lo está haciendo ahora. Si tu no consigues llevar a cabo lo que él te ha mandado… - titubeó un poco. – matará a tus padres, Draco, ese será su castigo, y dependerá de ti. Así que, no es un premio, y, obviamente, vamos a tener que hacer lo pedido.
Draco estaba pálido y su cuerpo temblaba levemente. Realmente esto tenía que ser una pesadilla, no podía estar pasándole en serio. Sentía que los ojos le picaban por las lágrimas retenidas, y escondió su rostro entre sus manos, para ocultarlas cuando empezaron a caer. Tenía miedo. No se veía capaz de cumplir las órdenes del Lord, pero ni en sus sueños quería cargar con la muerte de sus padres. ¿Cómo había acabado metido en ese lío?
Harry veía como Draco se iba desmoronando poco a poco. No quería decirle eso, sabedor del dolor que eso le causaría. Pero no podía permitir que huyera de su misión, menos aún, sabiendo que más tarde, cuando se enterara de la suerte de sus padres por sus actos, se sentiría culpable. Tentativamente se acercó al rubio y lo rodeó con sus brazos, como Draco hiciese con él la noche que lloró junto al árbol. Al sentirse protegido y seguro, se permitió sollozar contra el pecho del moreno, descargando así su frustración, su tristeza, su resignación.
Al cabo de un rato, el joven heredero empezó a calmarse. Se sentía un poco avergonzado por haberse puesto así, a llorar como un niño.
¿Mejor?- respondió con un asentimiento y alejándose del muchacho. Suspiró apesumbrado.
Lo siento. – dijo abochornado.
No pasa nada, no te apures. Mejor vete a dormir, dentro de unos días te llamaré para explicarte el plan. Mientras tanto, ve haciéndote a la idea, habla con tus padres y Snape, ellos te ayudarán.
Está bien. – se levantó, dispuesto a irse. – Gracias, creo que a este paso nunca voy a poder pagarte todo lo que haces por mí.
Harry simplemente sonrió mientras veía como Draco se iba. Tenía mucho qe hacer. Primer conseguiría el recuerdo de Slughorn, así se lo sacaba ya de encima. Entonces ya podría dedicarse al 100% a su misión. Se cambió de ropa y se dispuso a ir en busca del profesor de pociones. Una vez llegó a su despacho, tocó la puerta y esperó a que le diese permiso para entrar.
Buenas noches, profesor. – saludó córtesmente. – siento molestarle.
Oh, joven Potter, nunca es molestia para mi recibirte, chico. Ven, ven, siéntate. Y bien, ¿en qué puedo servirte?
Voy a ir directo al grano, profesor. Usted le dio al profesor Dumbledore un recuerdo falso acerca de la información de los horrocruxes. – el hombre palideció.- quiero el verdadero. Sé que le dio esa información y que seguramente gracias a eso se volvió poderoso. Fue su culpa, y por mucho que esconda ese recuerdo, lo hecho, hecho está. Así que al menos entrégueme esa memoria para que el director pueda encontrar alfo de utilidad para matar a ese monstruo.
Oh, chico, esto no es algo en lo que debas involucrarte.
Yo creo que sí, ese hombre mató a mis padres, y quiero mi venganza. Usted no los vio morir, señor. Si le queda algo del cariño que sentía hacia mi madre, démelo.
El hombre aún no parecía del todo decidido, mas la determinación que vio en los ojos de su pupilo le dijo que no se iría de allí sin lo que había venido a buscar. Con una mueca de resignación, le entregó al muchacho el recuerdo que tan celosamente había protegido durante años.
Cuando Harry por fin tuvo el bote con aquel líquido plateado en su poder, se marchó del despacho. Antes de entregarle ese recuerdo al director, lo iba a ver él, así podría tener en su poder más información sobre el Lord. Se dirigió hacia el Salón de los Menesteres, donde pidió un pensadero. En él, vertió el contenido y sin vacilación se introdujo en el pensadero.
Flash Back
-¿señor, es cierto que el Profesor Merrythought se retira?
- Tom, Tom, si no fuera porque no puedo decírtelo - dijo Slughorn, moviendo su dedo con gesto reprobatorio hacia Ryddle, aunque guiñando el ojo a la vez. – Debo decir, que me gustaría saber de dónde sacas tu información chico, estás más enterado que la mitad del personal.
Ryddle sonrió, los otros chicos rieron y le dirigieron miradas de admiración.
- Así que con tu extraordinaria capacidad para saber cosas que no deberías y tu cuidadosa adulación para con la gente que realmente importa… gracias por la piña, dicho sea de paso estás en lo cierto, es mi favorita…
Varios de los chicos volvieron a reírse nerviosamente.
- Estoy seguro de que te convertirás en Ministro de Magia en unos veinte años. Quince si sigues mandándome piña. Tengo excelentes contactos en el Ministerio.
Tom Ryddle se limitó a sonreír mientras los demás rieron otra vez. Harry se percató de que no era el mayor del grupo de chicos, pero que todos ellos parecían mirarlo como si fuera su líder.
- No creo que la política vaya conmigo, señor, - dijo cuando las risas se apagaron. – No tengo los orígenes correctos, por ejemplo.
Un par de chicos a su alrededor sonreían con satisfacción. Harry estaba seguro de que disfrutaban de algún tipo de chiste privado: indudablemente sobre lo que ellos sabían o sospechaban del famoso ancestro de su cabecilla.
- Tonterías - dijo airadamente Slughorn - no podría ser más claro que provienes de una buena familia mágica con habilidades como las tuyas. No, llegarás lejos Tom, jamás me he equivocado aun con un estudiante.
El pequeño reloj dorado que reposaba sobre el escritorio de Slughorn tocó las once en punto detrás de él y miró a su alrededor.
-Dios mío, ¿ya es esa hora? Deberían marcharse chicos o estaremos todos en un lío. Lestrange, quiero tu ensayo mañana o tendrás castigo. Lo mismo para ti, Avery.
Uno a uno los chicos salieron de la habitación. Slughorn se levantó de su sillón y llevó su vaso vacío hacia su escritorio. Un movimiento tras él le hizo volverse. Ryddle aun estaba ahí.
- Ten cuidado Tom, no querrás que te cojan fuera de la cama a estas horas, y siendo un prefecto…
- Señor, quería preguntarle algo.
- Pregunta, entonces, chico, pregunta…
-Señor, me preguntaba que sabría usted sobre… ¿sobre Horcruxes?
Slughorn lo miró fijamente con sus gruesos dedos acariciando sin pensar el borde de su vaso de vino.
- Proyecto para Defensa Contra las Artes Oscuras ¿es eso?
Pero Harry podría asegurar que Slughorn sabía perfectamente bien que no eran deberes.
- No exactamente señor - dijo Ryddle. – Me topé con el término mientras leía y no lo entiendo bien del todo.
- No… bueno… te resultaría muy difícil encontrar un solo libro en Hogwarts que te diera detalles sobre Horcruxes Tom. Es un asunto muy oscuro, realmente muy Oscuro - dijo Slughorn.
- ¿Pero usted obviamente lo sabe todo sobre ellos señor? Quiero decir, un mago como usted… perdón, quiero decir, si no puede contármelo, obviamente… tan solo sabía que si alguien podía decirme algo, ese sería usted… así que pensé en preguntar…
Estaba todo muy logrado pensó Harry, la duda, el tono casual, los halagos cuidadosos, nada sobreexagerado. Él, Harry, había tenido demasiada experiencia tratando de sacar información de gente reacia como para no reconocer a un maestro trabajando.
Podría asegurar que Ryddle quería muchísimo la información, tal vez había estado trabajando para ese momento durante semanas.
-Bien - dijo Slughorn, sin mirar a Ryddle, pero jugueteando con el lazo de su caja de piña cristalizada - bueno, no te hará daño que te de un repaso sobre el tema, por supuesto. Tan sólo para que lo entiendas. Un Horcrux es la palabra usada para un objeto en el cual una persona ha escondido una parte de su alma.
- No entiendo muy bien como funciona eso señor - dijo Ryddle.
Su voz estaba cuidadosamente controlada, pero Harry podía sentir su excitación.
– Bueno divides tu alma, de hecho - dijo Slughorn - y escondes una parte en un objeto fuera del cuerpo. Entonces, incluso si el cuerpo de alguien es atacado o destruido, no puede morir ya que parte de su alma permanece ligada a la tierra e intacta. Pero por supuesto la existencia de ese modo…
La cara de Slughorn se arrugó y Harry se encontró a si mismo recordando unas palabras que había oído casi dos años antes.
- Fui arrancado de mi cuerpo, era menos que un espíritu, menos que el más ínfimo de los fantasmas… pero aun así estaba vivo.
-… pocos lo querrían Tom, muy pocos. La muerte sería preferible.
Pero el hambre de Ryddle era ahora visible, su expresión era ansiosa, no podía mantenerla oculta por más tiempo.
- ¿Cómo divides tu alma?
- Bueno - dijo Slughorn incómodo - debes entender que el alma se supone debe permanecer intacta y entera. Dividirla es un acto de violación, está contra la naturaleza.
- ¿Pero cómo lo haces?
- Con un acto de maldad… el acto de maldad por excelencia. Cometiendo asesinato. Matar rasga el alma. El mago que intente crear un Horcrux debe usar ese daño para sus propósitos: debe encapsular la parte rasgada…
- ¿Encapsularla? ¿Pero cómo…?
- Hay un hechizo, pero no me preguntes ¡no lo se! – dijo Slughorn, sacudiendo su cabeza como un elefante viejo molesto por los mosquitos. – ¿Parezco de los que lo han intentado…? ¿Parezco un asesino?
- No, señor, por supuesto que no - dijo Ryddle rápidamente. – Lo siento… no pretendía ofender…
- En absoluto, en absoluto, no estoy ofendido, - dijo Slughorn ásperamente.- Es natural sentir cierta curiosidad sobre estas cosas… los magos de cierto calibre siempre se han sentido atraídos por ese aspecto de la magia…
- Sí señor - dijo Ryddle. – Lo que no comprendo, sin embargo… sólo por curiosidad… quiero decir, ¿es realmente útil un único Horcrux? ¿Puedes partir tu alma solo una vez? ¿No te haría más fuerte dividir tu alma en más trozos? Quiero decir, por ejemplo, no es el siete el número más poderoso para la magia, no serian siete…
- ¡Por las barbas de Merlín, Tom! – gritó Slughorn - ¡siete! ¿No es suficientemente malo pensar en matar a una sola persona? Y en cualquier caso… suficientemente malo es ya dividir el alma… pero partirla en siete trozos…
Slughorn parecía profundamente perturbado ahora: estaba mirando a Ryddle como si no lo hubiese visto realmente antes y Harry podría asegurar que se estaba arrepintiendo de haber entablado la conversación.
- Por supuesto - murmuró - todo esto es hipotético, lo que estamos discutiendo, ¿no? Todo académico…
- Sí, señor, por supuesto - dijo Ryddle rápidamente.
- De todos modos, Tom… No comentes lo que te he dicho… Es decir, lo que hemos discutido. A la gente no le gustaría pensar que hemos estado charlando sobre Horcruxes. Es un tema prohibido en Hogwarts, sabes… Dumbledore es especialmente estricto sobre ello…
- No diré una sola palabra, señor - dijo Ryddle y se fue, pero no antes de que Harry hubiera captado un destello de su cara, llena de la misma felicidad salvaje que había tenido el día en que se enteró por primera vez de que era un mago, el tipo de felicidad que no encajaba con sus atractivos rasgos y que los hizo, en cierto modo, menos humanos…
End Flash Back
Bien, eso era ciertamente una valiosa información. Si Dumbledore se enteraba confirmaría las sospechas que ya tenía, y empezaría a buscar los horrocruxes para matar al Lord. No que eso le fuera a entristecer, si el Lord moría, él ocuparía su lugar, pero ahora le debía su lealtad así que debía evitar que el viejo se enterara. Pero necesitaba saber cuánto había descubierto el director. Volvió a guardar el recuerdo en el bote y se lo llevó al cuarto. Allí lo escondió en su baúl, protegiéndolo con un montón de hechizos para evitar que alguien lo encontrara. Al fin, después de un día agotador, se puso el pijama y se tumbó en la cama, escondiéndose entre las sábanas, deseando poder descansar de una vez.
Harry se agitaba inquieto en su cama. En su cabeza, una rápida sucesión de imágenes desfilando en sus sueños. En ellas aparecían recuerdos: donde se veía él, con Ron y Hermione, momentos que habían vivido los tres juntos; momentos que vivió con Sirius; la navidad en la Orden; luego se veía él con el Lord – "No les harás nada" "Lo prometo". Y entonces oscuridad. Al fondo veía una luz ténue, alguien lloraba, lo llamaba. Anduvo hacia allí. Una puerta le barraba el paso, extendió la mano para abrirla, pero no pudo.
Harry – se giró y vio a Draco. Parecí asustado. Quería preguntarle si estaba bien, pero no podía. El rubio se acercó y lo abrazó, y le susurró en el oído- tienes que despertar.
Se despertó de golpe. La habitación estaba oscura y se sentía desorientado. Su respiración era agitada, e intentó calmarla. No recordaba que había soñado, como siempre, lo único que sabía es que había una puerta, y alguien llorando. Recordó una cálida sensación, un abrazo, se sntía bien allí, pero no lograba saber quién era la misteriosa persona que le había provocado esa sensación. Suspiró. La ausencia de luz le indicaba que aún no había salido el sol. Resignado se limitó a dirigirse al baño para asearse. Una vez listo, tomó todos los útiles que necesitaría para las clases de hoy. Bajó silenciosamente a la sala común y se acomodó en un sillón con un libro, dispuesto a distraerse mientras esperaba la hora de su paseo matutino.
Cuando por fin llegó la hora, guardó todo en su mochila y salió por el retrato dirigiéndose hacia la puerta de entrada del castillo. Una vez allí, se sorprendió de ver al rubio esperándole. Normalmente era él quien llegaba antes y se esperaba. Miró el reloj para confirmar la hora, y vio que era la misma que siempre. Curioso, acabó de descender las últimas escaleras y se acercó al otro chico. Sus ojeras pronunciadas le informaron que tampoco había sido la mejor noche del rubio. Recordando la plática del día anterior, supo porque.
¿Mala noche?- preguntó a modo de saludo. Draco se encogió de hombros.
He pasado mejores. ¿Salimos?
Ambos chicos empezaron a recorrer los terrenos del colegio. Lo habían hechos tantas veces que caminaban por inercia, sin prestar realmente atención a lo que les envolvía. Harry estaba perdido en su mente, intentando recordad su último sueño. Draco aún intentaba mentalizarse de lo que estaba por venirle encime. Interiormente, deseaba que Harry no encontrase la forma de llevar a cabo su misión, aunque temía el castigo y tampoco deseaba que sus padres sufrieran por su ineptitud. Se giró para mirar a Harry. Lo veía tan distante. Por mucho que se acercara a él no había manera de romper ese muro que lo aislaba del resto, siempre tan frío. Aunque si lo observaba bien, podía ver que estaba molesto y confundido. Eso le sorprendió, pero supuso que debía estar trazando el plan. Decido a romper el silencio, habló:
Tú tampoco pareces haber pasado muy buena noche, aunque eso ya es algo común.
Harry se sorprendió al escuchar la voz de Draco, que lo sacó de golpe de su mundo. No podía parar de darle vueltas a su sueño, por alguna razón sentía que había algo importante que se le estaba pasando, pero no había manera de dar con ello.
Pues sí. Es que sueño cada noche algo que no me deja descansar, pero cuando estoy despierto no lo logro recordar. Es tan frustrante.
A lo mejor es tu otro yo que se reivindica. – dijo con sarcasmo el rubio.
¿Qué? ¿Mi otro yo? – preguntó sin entender la broma.
Sep. He llegado a la conclusión que han poseído tu cuerpo, eso explicaría todos los cambios sin sentido, tus lagunas, y lo del sueño. – le dijo medio en broma medio en serio. Harry sólo negó con la cabeza mientras sonreía por la imaginación del rubio.
Vamos, que me muero de hambre. Y es obvio que tú también y por eso dices tanta tonterías.
Harry iba caminando por un pasillo cercano a la torre de Ravenclaw. Se había escaqueado la última clase, tenía demasiado sueño para prestarle atención. Mientras disfrutaba del silencio que envolvía el castillo a esa hora, oyó que alguien le llamaba. Suspiró, resignado, y se volteó a esperar que el otro llegase hasta donde él estaba. Cuando lo hizo, levantó un poco la cabeza para mirar a los ojos al otro hombre.
Hola Harry, me preguntaba si tendrías unos minutos para hablar conmigo. – le dijo el licántropo.
Me encantaría, pero la verdad es que iba algo apurado. – intentó excusarse.
¿No deberías estar ahora en clases?- Harry resopló y asintió con la cabeza. - ¿Y por qué no has ido?¿Te encuentras mal? No tienes buena cara. – le preguntó, preocupado.
Como si te importara mucho… - contestó en un murmullo desviando su mirada hacia la pared.
El castaño abrió los ojos, sorprendido por el comentario, y respondió enseguida.
Pues claro que me importa! Te quiero mucho, Harry, y me preocupo por ti. – se quedó mirando al chico, que parecía que no había oído nada de lo que había dicho e intentó de nuevo. – Crees que podrías venir solo un momento para que podamos hablar, por favor.
Mira, - dijo Harry en un tono algo repelente. – no quiero hablar contigo, estaba tratando de ser amable, pero viendo que no pillas las indirectas, seré claro: no quiero ir a encerrarme a ningún sitio a llorar como un tonto por la muerte se Sirius. No eres mi padre ni mi padrino, así que no tienes que preocuparte por mi.
Y sin darle ninguna oportunidad de contestar e ignorando el dolor que brilló en los ojos del licano, se volteó y se fue.
Remus sintió como se deshinchaba, cada vez que intentaba acercarse a Harry, solo conseguía alejarlo más. No sabía cómo hablar con él. Y no tenía nadie con quien hablar ni a quien pedirle consejo.
Lupin, ya no trabajas aquí. ¿Puedo saber por qué sigues pululando por los pasillos?
El susodicho se volteó para mirar a Snape. Suspiró.
No tienes clase ahora, Severus?
No, tengo dos períodos libres. ¿Qué haces aquí? ¿Te has reunido con Albus?
No, venñia a intentar hablar con Harry, pero no hay manera. Me odia, aunque no sé por qué. Tal vez porque preferiría que hubiese muerto yo en lugar de Sirius.
Lupin, no creo que sea eso. Potter es un Gryffindor, ni siquiera sabéis odiar.
¿Estás siendo compasivo conmigo? ¿Qué sabes tú?
No sé de qué me hablas, son imaginaciones tuyas. Será por la cercanía de la luna.- dijo cínicamente.
Severus, nunca nos hemos llevado. Me odias, con razón, y nunca has intentado disimularlo. Habría esperado que te rieras de mi, o que me ignorases. Has intentado consolarme. ¿Qué sabes?
Está bien, Lupin. Acompáñame.
Ambos se fueron hacia el despacho del Slytherin, el mortifago pensando en qué podría decirle a su acompañante, y el Gryffindor ansioso por ver qué sabía el otro hombre sobre Harry. Una vez que llegaron al despacho, Severus convocó un juego de té y colocó unos hechizos de privacidad.
Lupin, no puedo contarte exactamente qué le sucede a Potter, pero supongo que ya te has dado cuenta que ha cambiado, mucho. Ya no es el mismo chico que el año pasado, pero te sigue necesitando, probablemente solo tiene miedo porque cree que le culpas de la muerte de sus mejores amigos. Créeme, debes acercarte a él, consigue que confíe en ti, es muy importante Lupin, por eso te lo estoy confiando. Si quieres tener de vuelta a tu Potter, debes esforzarte.
Bien, pues eso fue todo! ¿Qué tal? ¿Les gustó? Espero que sí. Espero sus reviews que son los que me animan a seguir escribiendo!
