33_ Hadayhechicera

Una vez dicho eso, él la debía encontrar, mientras ella se retorcía de dolor.

1.

- ¿Habrá alguna manera de no torturarme toda la tarde? – le preguntó a Theodore, quien observaba a Draco dar vueltas por el campo a oscuras.

- Por supuesto que si, ¿Crees que él me dejaría ponerte un dedo encima? – comentó con tranquilidad, al tiempo que la miraba con curiosidad; noveoporqueno, pensó ella. – La vez pasada no torturamos a nadie, Hermione, ese no es nuestro proceder. Simplemente implantamos un hechizo para convencerte de que era él quien gritaba, era solo un incentivo, Draco se la pasó sentado observando cada movimiento…

Hermione caviló en que seguramente eso era lo más lógico, pero al estar tan sugestionada no lo había notado al momento; si lo hubiera sabido no se habría desesperado tanto.

La noche pasó sin ningún avance; Draco paseaba por todo el claro y hasta logró encontrar a Theodore, porcasualidad, mientras la castaña lo observaba sentada en un tronco caído; en alguna ocasión se había escapado de los límites del claro, siguiendo a un castor. Hermione había sonreído con amargura y Theodore alzado una ceja.

- Curioso. – había comentado.

Esta vez, Ilpreferito, merodeaba cerca de un grupo de pichones azules que ululaban hambrientos dentro de su nido, en la tercer rama de un álamo, justo en la punta opuesta a la de Hermione.

- Tal vez debamos dejarlo para otro día – comentó Theodore mientras Draco chocaba contra el árbol – ya está entrada la madrugada y no es tan seguro.

Hermione se estiró y se encogió de hombros.

- No creo que lo permita, porque la sangre sucia lo logró en un solo día; – comentó, llena de resentimiento y dolor – me odia, no va a permitir que le gane.

El muchacho frunció los labios, siguiendo todos los pasos de Draco.

- Estás equivocada – comentó más para sí mismo que para ella.

- ¿Ahora me vas a decir que no es así y que me quiere? – soltó incrédula y con repentinos ojos húmedos.

Theodore le dedicó una mirada rara, como él, y alzó una ceja.

- ¿Acaso me creerías? – le dio la espalda al tiempo que movía la varita – Muy bien, Draco, el tiempo se está agotando y no has podido avanzar en nada; lo mejor será recurrir a un suave incentivo.

Draco alzó las manos en dirección a Theodore, guiado por su voz, y gritó con voz fuerte, potente:

- ¡No, yo puedo!

Hermione notó como algo plateado se pegaba a las palmas de Draco, al tiempo que un escudo protector los rodeaba, tanto a ella como a Theodore, quien blandía la varita de un lado a otro.

- Ya sabes las reglas, solo vas a oír, aunque el sonido no te va a guiar en lo absoluto. No será una farsa, porque lo notarías, solo aplicaré unos hechizos menores sobre Hermione, pequeñas laceraciones y aumentaré en potencia hasta llegar al hechizo Cruciatusde ser necesario. Buenasuerte

Draco comenzó a amenazar a Nott con asesinar a su madre si se atrevía a tocar a Hermione, desesperado por no poder oír, mientras intentaba librarse de aquellas placas plateadas de las manos que le impedían realizar magia sin varita.

- ¿Qué es lo que estás haciendo, Theodore? – soltó Hermione, sin entender nada, osinquererhacerlo - ¿Por qué tenemos un escudo protector?

El Slytherin sonrió complacido por su obra, al tiempo que la apuntaba con la varita.

- El escudo protector es lo único que nos puede salvar cuando Draco se libere de las placas, la fuerza que tiene se desata cuando se desespera y eso justamente es lo que va a ocurrir cuando te escuche gritar, Hermione; lo primero que intentará es darme con algún maleficio y para ello lanzará maldiciones hacia todos lados – Theodore movió la varita, devolviéndole el audio a su amigo, y luego apuntó al cuello de Hermione – Y ahora…

Hermione sintió arder la garganta y al momento un grito terrorífico se apoderó de ella. Sin embargo, como apareció, el dolor se fue, dejándola chillando sin razón alguna, pero sin la posibilidad de detenerse. En el claro no se oía más que sus gritos resonando con fuerza - "…detente,porfavor,¡Basta!,yanoquieroesto…".Súplica tras súplica. Y dolor.

- Y así va a seguir, Draco, solo tienes que encontrarla y todo terminará, ya no sufrirá – le picó Theodore, al tiempo que su amigo se ponía las manos en los oídos y respiraba con fuerza.

- Sabes que la voy a encontrar y vas a desear no haber nacido – comentó Draco con voz helada.

Hermione lo observó y algo dentro suyo revivió, trayendo consigo calor, pero no del malo sino del agradable, del que se siente cuando te abrazan. No supo bien qué pasó, pero ya no se sintió tan desdichada.

"Y no lo entendí hasta un tiempo después, que aquello fue mi corazón reconociendo la esperanza."

Mientras tanto los gritos siguieron sonando, uno más penoso que el otro; pero Draco se limitó a ponerse en cuclillas y taparse los oídos. Los segundos pasaron y Theodore puso una mano sobre el suelo, al tiempo que ladeaba la cabeza; de esa manera, pudo ver como de las palmas de Draco se derretía su hechizo, aquel que le impedía hacer magia con las manos y antes de que pudiera ver más, el rey de las serpientes se puso de pie.

Lentamente Draco comenzó a caminar, dirigiéndose a ese cuerpo que emanaba calor, al único que podía sentir. Era como percibir el calor lejano de un fogón que a cada latido del corazón tomaba forma y lo guiaba. Tan solo le llevó diez pasos hasta que su mano rozó la mejilla de Hermione.

- Theodore, eres un idiota – dijo y le lanzó la máscara al rostro.

- Por un momento te lo creíste – rió el muchacho.

Draco se alejó de Hermione, intentando olvidar lo que se sentía tocarla, resolviendo la tormenta interior, apaciguando a la fiera que amenazaba con destruir el mundo si alguien osaba tocar su más preciado tesoro.

- Eso ya no importa – comentó por lo bajo y evitó a toda costa enfrentar los ojos húmedos de Hermione, como también aquella mano femenina posada en su pecho, como si le costara respirar. Se metió tanto en no observarla que durmió su cerebro mirando a los pajaritos azules que ululaban fuerte en su nido; el más chiquito de los dos posó sus diminutos ojos en Draco y su ulular se convirtió en gritos, advertencia.

- ¡Maldita sea! – rugió Draco y a Hermione le heló la sangre, más que eso, perdió una buena razón para vivir, todos los recuerdos felices se borraron de un plumerazo y sintió como el alma se le escapaba del cuerpo. - ¡Dementores!

Theodore reconoció las figuras negras y temió, porque Draco no recurriría al hechizo patronus, no, preferiría morir antes de hacerlo; por el contrario, él elegiría intentar matar a las bestias antes que revelar su secreto.

- ¡No, Draco! – gritó Theodore…

… pero fue tarde, de las manos del rey de las serpientes escaparon dos bolas doradas, como quaffles, atravesando a los dementores; de pronto, el claro se manchó de sangre negra y pedazos de tentáculos.

Hermione se tapó el rostro mareada y asqueada por el olor. El proceder era ingenioso, las figuras doradas atacaban a los dementores y escapaban, entonces una ola de calor los empujaba lo suficiente como para distraerlos, dándole tiempo a las pelotas de atacar nuevamente. Por esa razón era casi imposible matar a los dementores, por el hecho de que con una mano se efectuaba un hechizo de rechazo y con la otra de ataque.

- ¡Maldita sea, Draco, detente! – insistió Nott - ¡Hermione, lanza tu patronus!

La muchacha miró a su alrededor y le costó entender, hasta que veinte dementores más aparecieron desde la otra punta del claro. Draco solo podría asesinarlos, pero en el camino ella y Theodore perderían el alma. Asustada, se esforzó por pensar en recuerdos felices, sin importar su validez; por eso se concentró en su familia, en Harry, en Ron y en Draco amándola, porque de lo contrario las fuerzas no le darían para salir adelante. Haciendo acopio de su valor, realizó el hechizo, entonces una nutria plateada embistió a tres dementores que se acercaban, al tiempo que se le sumaba el patronus de Theodore, que lanzó un rugido feroz.

- ¡Draco, lanza tu maldito patronus! – vociferó el Slytherin, golpeando a su amigo en el pecho.

El rubio le dirigió una mirada asesina.

- ¡No puedes pedirme eso! – rugió - ¡Tú sabes que eso sería el final de todo!

Theodore sintió el suelo temblar y su cuerpo debilitarse.

- Como tú dices: ¡Eso ya no importa!

- No lo haré. – contestó Draco, y otro par de bolas doradas atacaron a los dementores que acechaban el cuerpo de una débil Hermione.

Dos bestias frías rodearon a Theodore, quien cayó de rodillas. Y con la poca resistencia que le quedaba, susurró:

- Lo descubre, o pierde el alma… tu eliges…

Finalmente, el mortífago reaccionó y con pesar realizó el hechizo patronus. De sus manos se escaparon dos nutrias plateadas anormalmente grandes, que se unieron a las demás figuras y terminaron de rechazar a los dementores, quienes salieron volando espectralmente.

El silencio reinó en el pestilente claro y Hermione se tambaleó hasta llegar a Draco, quien evitaba a toda costa mirarla.

Le dolía, sentía como le dolía el pecho y por eso sabía que aún conservaba el corazón. Se sentía traicionada, de esa manera abrazaba su alma. Percibía su propia furia, asegurando intacto su cerebro. Éllahabíaengañado y no había medido el daño que podía ocasionarle.

- ¡Se un maldito hombre y mírame! – le exigió. Ya casi no le quedaban fuerzas, pero no le importó. Alzó la mano y lo golpeó en el rostro; de sus ojos caían lágrimas de frustración e indignación. Él había actuado mal y ella se lo había permitido, creyendo todas sus mentiras, siendo una perfecta idiota. – Tu patronus…

Pero Draco no la dejó terminar. Con el rostro desfigurado de ira, la tomó de ambas manos y la zarandeó levemente.

- ¡Y tú se inteligente! – le espetó. De sus ojos salían chispas de fuego y poco le importaba que estuviera Theodore presente. Si ella quería la verdad, entonces la tendría. - No todo es una lindo cuento de hadas, Hermione, aquí existen maldiciones, hadas negras de odio y magos capaces de torturarte para luego matarte por amar a la persona incorrecta ¿Acaso quieres eso? ¿Deseas a Voldemort escupiendo sobre tu cadáver con tal de poder tenerme? ¿Te resulta bueno el cambio?

De los ojos de Hermione salían gruesas lágrimas. No sabía que pensar, pero si lo que quería. No le importaba el futuro si con eso podía amar por un tiempo más a Draco. Realmente, ya no le importaba, él era su ancla y lo necesitaba.

- No me importa.

Draco la atrajo a su cuerpo y la abrazó lo más fuerte que pudo. Buscó su boca y la besó. Lo disfrutó lo más que pudo, porque para él, sería el último beso que le daría.

Y a Hermione, nunca un beso le supo tan amargo. Entonces lo entendió, él la estaba dejando, más allá de todo lo que pudiera sentir, ya sea amor u odio, se estaba resignando a no tenerla.

- Tiene que importarte – le susurró Draco en el oído – es tu vida…

Ella negó con el rostro y él se alejó lo más que pudo.

- No puedes pedirme que simplemente acepte la idea de que Voldemort puede elegir hasta a quien debo o no amar, porque no lo haré. Siempre voy a luchar por ser capaz de decidir por mi misma y si tengo que morir haciéndolo, entonces está bien.

El mortífago se tiró el pelo hacia atrás, intentando contener la desesperación que le daba verla ser tan cabeza dura. Y tan idiota.

- No es simplemente eso, Hermione – acotó Theodore – para Voldemort el amor es insignificante, con lo cual le da lo mismo…

- Theodore, no. – demandó Draco, pero su amigo negó con el rostro.

- Ella tiene derecho a saberlo, si es que de ella se habla – puntualizó y el rubio no opuso resistencia, simplemente se cruzó de brazos – De todos modos este no es el lugar más oportuno para tratarlo. El olor nauseabundo de los dementores en algún momento va a terminar matándome y como no hay manera de limpiar este lugar tendríamos que irnos, antes de que alguien nos encuentre con el caldero roto. Draco, tú sabes que están furiosos, probablemente deben estar por llegar a su residencia, no se que vamos a hacer para tapar este desastre.

Draco suspiró cansado.

- Los últimos en estar aquí fueron McNair y otro idiota, ya veremos la manera de culparlos. Vámonos.

2.

En la otra punta del mundo, el cielo se tiñó de un azul verdoso antes de amanecer y los astros se comportaron de manera singular. Venus se apartó de Mercurio para estar más cercana a Marte, cambiando el curso del tiempo.

En un castillo rodeado por dementores, la puerta negra, que mantenía encerrada a la bruja más poderosa de todos los tiempos, brilló con fuerza y de a poco, comenzó a mancharse; desde la esquina hasta el centro, desde al costado hasta el otro extremo y para cuando Morgana despertó, la transformación había terminado.

No era la muerte lo que la sellaba, sino el oro.

Oro que solo podría derribarse con esmeralda y sangre.

La bruja sonrió de manera apenada, observando sus palmas ahora azules. Finalmente, después de tantos años, volvía a poseer todo el poder que la había hecho tan temible siglos atrás.

-Unhadanopuededesarrollarsehastabruja,aunquemujerdeMerlínsea– recordó con pesar –seráscondenada,Morgana,porcienañosdormirásenlaespesuradelbosqueperdido,rodeadaporlaspeoresdelasbestias,hastaqueelsolylalunaseunan,parabendecirteocondenartealamuerteyelabandono.Eloroterodearáeldíaquetuspeligrosospoderesregresen,entonces,solotendráspocashorashastaquemihechizofinalice,dandoporterminadatuvida.MalditasealahoraenqueMerlín,todopoderoso,posósusojosenti,Morgana.Deestamanera,sumuerteserávengada.

Todos los presentes alzaron sus varitas y ovacionaron al rey Egipcio, al tiempo que éste colocaba un collar de oro en el cuello de la bruja, el cual al rozar su piel desapareció.

- Ojala nunca lleguen a ti.

Y con ese último deseo, el rey cerró los ojos de una despojada Morgana, para que durmiera por cien años, condenada por ser diferente, por creerse autora del asesinato del mago más adorado de la historia, Merlín.

Ahora, tanto tiempo después, el collar de oro volvía a brillar sobre su piel.

El tiempo pronto se terminaría.

3.

- Así está mucho mejor – comentó Theodore una vez sentado sobre uno de los lujosos muebles de la cabaña

Hermione, aún de pie y cruzada de brazos no le quitaba la vista de encima.

- Quiero saber de que va todo esto, creo que merezco una explicación.

Theodore asintió con la cabeza, Draco suspiró y entonces de su varita se escapó la voz de la profesora Trelawney.

- "El único con poder para acabar con la segunda guerra mundial mágica se acerca... Del amor entre opuestos nacerá el fin del señor de las tinieblas junto con el terror... Sin embargo el mal actuará en el amor y lo convertirá en locura... El primogénito nacido de madre impura creará bajo las sombras del terror un ejército nunca antes visto y revolucionará las masas... Al comenzar el próximo año el producto de lo puro e impuro nacerá..."

La voz se detuvo de pronto y nadie habló. Hermione caviló y no entendió a que iba todo eso.

- ¿Y? – preguntó.

Draco ladeó el rostro. Esperaba otro tipo de reacción.

- Existe una gran posibilidad de que nosotros seamos de quienes habla esta profecía, Hermione. – contestó con la voz apagada, casi como si no quisiera decirlo.

- Eso no puede ser, "...alcomenzarelpróximoañoelproductodelopuroeimpuronacerá..." – recitó – para que eso sea cierto, ya tendría que estar embarazada de ocho meses, casi nueve.

Theodore negó con la cabeza.

- Voldemort nunca la dejó terminar, al escuchar lo importante se dio la vuelta y antes de marcharse la asesinó. Por lo que pudimos oír con Draco, la profecía siguió hasta este punto, donde ya estaba muerta:

- "Alcomenzarelpróximoañoelproductodelopuroeimpuronacerá,alcomenzarelpróximoañoesco..."

-lar – pensó Hermione y Draco la vio contar con los dedos, para luego mirarse con incredulidad el abdomen.

- De todas maneras, existe otra alternativa – comentó Theodore – ustedes dos no son los únicos en encajar, Peter Tremaine y Olivia Artua lo hacen. En estos momentos están separados porque él no quiere que lo vinculen a una impura, sin embargo eso tiene arreglo. Paul está trabajando en convencerlo.

Hermione lo escuchaba, realmente lo hacía, pero no le importaba. No podía quitar la mirada de Draco, quien la observaba con esos ojos suyos fijos, sin ninguna expresión. Ni de odio ni de amor. Sin desesperación ni resignación. Sin esperanza o desazón. Solo sus ojos tormenta.

Tampoco le hablaba con esa mirada, solo la mantenía al margen, como si cualquier reacción suya estuviera medida por él. Así, el silencio reinó en la cabaña y nadie habló. Theodore estaba muy metido en sus propios pensamientos como para decir algo y Hermione temía que alguien rompiera la cadena de ideas suyas, esas en las que la clave no estaba en unir a Peter con Olivia, sino buscar un camino lateral.

- Draco ¿Tú me amas?

- Creo que mejor me voy – comentó al momento Theodore y se puso de pie. Draco se atragantó con su propia saliva y la puerta se abrió de par en par, dándole la bienvenida a Pansy Parkinson.

- Maldita seas, Granger, no es algo de lo que puedas hablar en frente de serpientes, entiéndelo de una vez; y tú Draco, ni se te ocurra contestar hasta que me haya ido. – soltó la recién llegada, haciendo un mohín de asco.

La sangre de Hermione hirvió en sus venas y deseó que la tierra se abriera para comerla viva. Se puso de pie aireada, dispuesta a golpear a Pansy, cuando Paul entró en la cabaña.

- Draco, malas noticias.

Pansy rió sarcástica.

- Parece que volvemos a cagarte la noche, todo se fue a la mierda en la mansión.

Draco no esperó que alguien le explicase nada, movió la varita y su ropa se transformó en aquel uniforme mortífago, al igual que la de Hermione.

- Me puse en contacto con Caelum, los cielos han cambiado, con lo cual la fecha de liberación también. Me temo que no tenemos tanto tiempo como pensamos…

- ¿Cuántos días?

Paul se colocó su capa.

- Tres.

Draco se limitó a mover la cabeza en sentido afirmativo. Y Hermione se preguntó si la liberación se refería a Morgana.

Sin mediar más palabras salieron de la cabaña. Una vez afuera, Pansy se reunió con Blaise y otras dos personas que la castaña no reconoció.

- Spencer se escapó cuando me fui de la mansión. Blaise lo siguió pero ya era tarde, Jack estaba en la recepción esperando al señor de las tinieblas, matarlo habría sido una imprudencia.

- Le borré la memoria al momento, fue lo único que se me ocurrió – explicó la voz grave de Zabini.

- Bien, eso nos da un día, dos a lo sumo hasta que Voldemort lo descubra. Pansy, encárgate de la mansión, que nadie recuerde nada. Libéralos en Alaska o el culo del mundo, da igual. Paul, de ser necesario secuestra a Peter y Olivia. Tú, Hermione, vienes conmigo y Theodore.

4.

Lunes 25 de Diciembre

Un espectacular ejemplar de lechuza nevada golpeteó una de las ventanas de la madriguera. "Nodejesdemolestarhastaqueleanlacarta" habían sido las instrucciones. Golpeó con más fuerza, hasta que una dormida pelirroja la dejó pasar y con ojos hinchados desató el piolín que la ataba a un sobre de pergamino.

- Ya, no me ataques, la estoy abriendo – se quejó Ginny Weasley.

Dentro del sobre, se encontraban tres perfectos pergaminos, cada uno con un número en la esquina. La pelirroja tomó aquel con un pulcro "1" y lo desdobló.

"Querida Ginny:

Si estas acompañada, entonces dí que es una carta de tu tía y sal del cuarto. Harry y Ron no deben saber de esto.

No se cuando te llegará la carta o si logrará salir de este lugar. Hoy es domingo veinticuatro de diciembre y como supones, no viajé a ningún lado, me quedé con él y su amigo por ciertos planes que aún desconozco; sin embargo ésta madrugada han ocurrido varias cosas que cambiaron nuestro destino.

No puedo decirte donde estoy ni que es lo que estamos haciendo, pero si ponerte al tanto de que es posible que algo malo suceda en esta misión. Nuestras vidas están en juego, pero si todo sale bien, algo muy bueno saldrá de todo esto. Draco dice que con el poco entrenamiento lo más posible es que no lo logremos… por eso te pido que de no tener más noticias mías, le entregues la carta adjunta numero tres a los chicos y jamás hables de esta que es especial para ti. Mientras tanto, deja que lean la segunda, así no se preocupan por mí.

Si nunca regreso… Cuídate Ginny, y cuida de tu familia.

Te quiero. H"

En el final de la carta, la castaña había dibujado un extraño castillo con figuras negras y un espeso bosque.

La lechuza ululó al ver llorar a Ginny y voló, llevándose consigo la esperanza.

5.

Ya no podría obtener nada más de una mente tan mediocre como la de Jack Spencer. Furioso y cansado, Voldemort caminó hasta salir de la habitación. Alguien lo estaba traicionando, alguien que conocía el paradero de Morgana.

Solo tres personas sabían de la profecía y únicamente dos, sobre la hechicera encerrada.

Cerró los ojos sintiendo la ira correr por sus venas y salió en busca del castillo en el bosque perdido, el momento había llegado.

6.

Tenía miedo, demasiado.

-Morganaloestodo,sinella,entoncesnohayesperanzas había dicho Draco.

Hermione había bajado los ojos, sabiendo lo que tendrían que hacer, lo imposible de aquello.

-¿Porqué?había musitado.

- Es la única con el poder de destruir los horcruxes que aún viva…

El sol rajaba la tierra, sin embargo, ellos se encontraban sumidos en la oscuridad más cruda. Montados en grandes Thestrals, Draco, Theodore y Hermione cruzaban la espesura del bosque a paso de hombre; aquello se debía a la fuerte presencia de árboles y plantas salvajes. Hermione observaba todo y se sentía espantada al saber que en el corazón de aquel camino imposible se encontraba Morgana, rodeada de fieros dementores. Los gruesos y desarrollados tallos de los árboles les impedían ver bien el camino a tomar, mientras que las copas de los mismos bloqueaban totalmente el paso de la luz solar. Debido a todo eso, era casi imposible divisar las diversas criaturas dominantes hasta tenerlas colgando sobre el rostro, razón por la cual Theodore había creado un escudo protector impenetrable sobre ellos.

Sin embargo, lo peor para Hermione era montar a una criatura invisible a sus ojos, la hacía sentir que de un momento a otro caería al suelo. Habría preferido ir a pie o volando.

- Los únicos que pueden cruzar el bosque y no ser sentidos son los Thestral, Hermione, si tú o un ejemplar de ave irrumpe en la espesura de él, bueno, prácticamente los devorarían vivos. Los animales y la vegetación que allí reside no son especies a las cuales les agraden los extraños; por el contrario, se sienten atacados y se defienden ante todo. Ellos poseen el don de sentir todo lo que los rodea y tiene forma material, por lo cual, lo que no pueden ver, tampoco lo pueden sentir. – le había explicado Theodore. – Antes que se te ocurra, no sirve ningún hechizo de invisibilidad para esto, eso no los engaña.

- Eso lo entiendo, pero nosotros estaremos sobre los thestrals y sentirán nuestra presencia.

Draco había negado con el rostro.

- El secreto es no pisar el suelo, ni volar los cielos.

Así, no había tenido otra salida, más que montar a las bestias y dejarse llevar por ellas.

7.

Morgana apoyo las rodillas sobre el suelo, juntó las palmas a la altura de su rostro y cerró los ojos. Bajó la cabeza y rezó.

- Tú me diste el poder, rompiste las ataduras de mi especie y me convertiste en algo especial. No olvidaré la última vez que nos vimos y siempre te llevaré en el corazón. Solo te pido fuerzas para afrontar la muerte si es eso lo que me toca. No disiento de lo que soy y siempre lo cargaré con alegría, puesto fue mi elección y bendición. Confío en tu virtud y lucharé hasta el final por lo que he sido elegida. Dios, baja del cielo y ven a mi lado si he de morir, no me dejes desfallecer en soledad.

Los dementores chillaron al sentir el latigazo celestial sobre su cuerpo y el bosque entero vibró. En el camino de Draco y Hermione cientos de árboles se desplazaron a un costado, dejando abierto el sendero.

- Es el momento, hasta aquí he llegado amigo. Iré por Harry Potter – musitó Theodore.

Hermione abrió los ojos sorprendida

- ¿Qué? Ni lo sueñen, dejen a Harry seguro.

Draco la miró con esa mueca suya, que decía todo y nada al mismo tiempo.

- Morgana necesitará dónde esconderse y es prácticamente obvio porqué no puede quedarse en la cabaña; Potter tiene una casa, lo necesitamos.

De vuelta en el castillo encantado, Morgana sonrió.

- Gracias, señor.

8.

Ginny bajó las escaleras, aún con los ojos hinchados.

- Me preocupa, Harry, ¿ni una carta? Para mí que fue ese maldito Lawson, no deberíamos confiar en él – sospechaba Ron.

- No temo de él, sino de su viaje, ¿y si la encontraron los mortífago?

- Entonces ya se habrían comunicado con nosotros, Harry – musitó Ginny – aquí tienen, una carta de Hermione deseándoles felices navidades, la encontré entre la mugre que tienen por habitación, de ordenar más seguido la habrían leído ayer.

- ¿Te encuentras bien, Ginny?

La pelirroja sintió los ojos llenársele de lágrimas y entendió que no podría actuar como si todo estuviese bien.

- No, es que no puedo estar bien cuando todos festejan las navidades mientras las personas se mueren, eso solo eso.

9.

- ¿Tienes idea de dónde estamos?

Habló Hermione después de dos horas de silencio. Draco asintió con la cabeza y gesto solemne.

- No falta mucho, créeme.

Siguieron por el camino indicado en sin hablar, hasta que el frío comenzó a helar la piel de Hermione, entonces se detuvieron. Frente a ellos, la oscuridad volvía a aparecer mientras los árboles se cerraban y un siseo frío corría sobre sus cabezas. Lo que fuera que se escondiera detrás de la espesura del bosque, no era bueno.

- Es el momento, Granger. Aunque no lo veamos, el castillo tiene que estar justo frente a nosotros y con ello los dementores. Cuando lo diga, baja del Thestral y corre lo más rápido que puedas. No te detengas ante nada y métete en el castillo sin dudarlo.

Ella asintió y sostuvo su varita con fuerza.

Se hizo un silencio, entonces sus pies tocaron el suelo.

- ¡Corre! – gritó Draco. Todo se revolucionó.

10.

La noche caía en la madriguera, cuando divisaron a un sujeto parado donde comenzaba el hechizo de protección Fidelio.

- ¡Arthur, Arthur! ¡Hay un muchacho parado en la colina, parece mirar directamente hacia nuestra casa! – gritó Molly.

En seguida, todos se amontonaron en las ventanas.

- Parece ser Theodore Nott… – comentó Harry.

De un tiró, la más pequeña de los Weasley, abrió la puerta y salió de la casa sin pensarlo. Necesitaba saber y él debía tener la respuesta.

- Ginny, ¡vuelve aquí! – chilló Molly, pero ya era tarde, la muchacha corría con todas fuerzas hacia Theodore.

Harry salió detrás de ella, sin entender nada mas blandiendo su varita.

- ¡Dime que está bien, Theodore, te lo suplico! – Lloró Ginny al llegar a él y cayó de rodillas – ¡Dime que no le ha sucedido nada!

Theodore se acuclilló a su costado, incapaz de consolarla.

- Lamento no poder asegurarte eso Ginny, en estos momento Hermione corre un grave peligro.

Harry sintió el alma desaparecer de su cuerpo para ser reemplazado por el miedo. Miedo y furia, porque cualquier cosa que pudiera estar pasándole a Hermione no era bueno, mucho menos si un mortífago recientemente iniciado estaba involucrado.

- ¡Dime donde demonios está Hermione! – gritó y lo apuntó con la varita.

Detrás de él, cinco varitas más apuntaron a Theodore, quien ahora estaba de pie, con las manos en los bolsillos.

Ginny interpuso su cuerpo en el medio, con los ojos rojos del llanto y las manos en la cabeza. Parecía estar a punto de estallar, como si su mente ya no pudiera soportar la mentira, el dolor, la incertidumbre y el miedo. Ya era suficiente y no le interesaba nada más que salvar a los suyos, porque realmente estaba cansada de sentirse así, tan chiquita, débil, insuficiente para salvar a los demás.

- Ginny, sal del medio cariño. – le pidió su madre.

Ella la miró con fuego en los ojos.

- No lo haré, porque están dispuestos a atacar a la única persona que sabe dónde está Hermione…

Ron dio un paso al frente y la tomó del brazo.

- No, Ginny, es tan solo una trampa, si los mortífagos estuvieran con ella, ya lo sabríamos.

La pelirroja perdió por completo el control y de un tirón se soltó.

- ¡Con un demonio Ronald! – De su bolsillo sacó la carta que le había enviado Hermione y se la arrojó al rostro – Hace mucho tiempo no tienen idea por lo que está pasando Hermione ni lo que está haciendo. ¡Pasó meses siendo presa de Malfoy y ustedes bien gracias! Ahora todo cambió, ni ella, Malfoy o Theodore son los mismos. ¡Si quieren saber dónde mierda está podrían dejar de meterse tanto en su propio mundo! ¡Mientras piensan egoístamente, ella está metida en el mismísimo infierno en busca de vaya uno a saber qué!

Nadie habló, puesto no había nada por decir.

- Será mejor que entremos, entonces los pondré al corriente – dijo Theodore. Ginny le dio la espalda y comenzó a caminar en dirección a su casa.

12.

Al momento que sus pies rozaron el suelo, todo se calmó, como se calma la tierra antes de una gran tormenta, entonces, reinó el caos.

El suelo comenzó a temblar, al tiempo que el rumor de un retumbar de pisadas irrumpió en el claro previo a la espesura del bosque. Y más allá, el castillo.

Fue en lo único que se permitió pensar, no en las raíces de los árboles rompiendo la tierra con fuerza, ni en aquellas hadas malignas saliendo de los troncos, ni mucho menos en Draco, detrás de ella, con las manos extendidas, preparado para el ataque.

Entendía lo que significaba "salircorriendo" pero su mente iba a mil y antes de que pudiera darse cuenta, su varita se alzaba con un hechizo de protección.

- ¡Mierda!

Una bandada de aves, de pico filoso y llameantes alas, sobrevolaron el claro y se dejaron caer con fuerza sobre Hermione, quien automáticamente blandió la varita. De algún lado, algo chasqueó con fuerza, y sin mediar segundo, su brazo sangraba.

- ¡Con un demonio, Granger, corre! – le gritó Draco, tomándola del brazo y obligándola a correr.

No fue capaz de dar más de dos pasos que una rama, gruesa como un tronco, abrió el piso a su lado; y entonces lo entendió, aquellos no eran simples árboles, sino perfectos sauces boxeadores.

Draco volvió a tomarla del brazo, mientras intentaba congelar a los fieros sauces.

Todo era caos, y ella no entendía como se suponía que saldrían de allí; porque no era solo un bosque nativo, eran sauces boxeadores furiosos, aves asesinas, raíces trepadoras, hadas con arco y flechas… y antes de poder continuar contando, se sumaron ellos: lobos.

Dentro del castillo el collar relució y se cerró un poco.

Morgana se llevó una mano al pecho y lo supo, sus liberadores estaba allí. Con celeridad se acercó al ventanal donde los dementores flotaban y vio como el bosque cobraba vida y peleaba con fiereza, contra cualquiera que quisiera cruzarlo.

Las raíces de la rosa que estaba más viva que nunca, rompieron el suelo, arrasaron con todo en su camino y abrieron de un tirón las puertas del castillo.

Morgana le sonrió.

- Gracias.

Las hadas gruñeron y atacaron con sus mágicas flechas a Draco, quien extendió una mano, haciéndolas caer al suelo; por su parte, Hermione empuñó la varita y quitó de carrera a tres lobos. No dieron tiempo a nada más y reemprendieron la carrera; a su paso, derribaron cualquier cosa que se extendiera frente a ellos, esquivando con agilidad a las ramas boxeadoras.

El bosque volvió a temblar, las hadas chillaron, escapando a sus escondites; los lobos aullaron y nada más se escuchó; entonces, una brisa fría arrebató las ilusiones y deseos, aniquilándolos con el vacío y la desazón. Dementores sobrevolaban el amplio castillo. Y después, Morgana.

Draco tomó a Hermione del rostro y le habló:

- Escúchame bien, tú te quedarás aquí hasta que los dementores huyan, es el lugar más seguro.

Hermione negó con el rostro, mientras contemplaba el gran castillo. Por una fracción de segundos se llevó una mano a la boca y frunció el cejo.

- Iré contigo, puedo ayudar. - le contestó sin mirarlo, había algo en ese castillo que le llamaba la atención, como si ya hubiera estado en aquel lugar en otro momento.

- No.

Sin decir más, saltó al encuentro con las bestias; alrededor de veinte bolas doradas comenzaron a volar rodeando tanto de arriba como de los costados al mortífago, mientras que fieras ondas de calor se expandían despedazándolo todo a su paso. Los dementores intentaban atacarlo, mas sin éxito; cada vez que uno lograba acercarse una de las manos de Draco expulsaba calor, haciéndolo reventar contra las paredes del castillo. Al cabo de un minuto, al menos trece dementores yacían despedazados en el suelo, intoxicándolo todo con su sangre putrefacta.

A su vez, por la ventana de la torre sur, la más alta del castillo, el collar de Morgana disminuía un talle más, mientras la bruja admiraba a su astuta descendencia utilizar uno de sus hechizos para asesinar dementores. Decidida, abrió el ventanal y juntó las palmas.

- ¡Malfoy, son muchos! ¡Están asomándose otros por los costados del castillo y a tus espaldas! – le avisó Hermione con la voz en grito. La situación se estaba yendo de las manos y ya comenzaba a sentir como la vida no valía la pena, como todo lo hecho no tenía valor, puesto que Voldemort ganaría de todos modos.

Una doceava más de dementores aparecieron en escena, sin embargo, de algún lugar del castillo, grandes pelotas doras comenzaron a volar con fiereza, rompiendo todo lo que se le cruzase en su camino. Hermione alzó la vista y vio a una hermosa mujer asomada por la ventana, con las palmas hacia el cielo; Morgana. De sus manos, de pronto, se escapó una ola física de color dorado que atravesó el claro a toda velocidad, asesinando a todos los dementores presentes.

- ¡Eso facilita un poco las cosas! – les gritó con la voz llena de alegría – ¡se acaba el tiempo, suban!

Draco Malfoy, algo molesto, le hizo señas a Hermione para que se acerque.

- ¿Por qué mejor no saltas? – le cuestionó.

Morgana sonrió, mostrando una perfecta dentadura blanca y señaló su cuello.

- Moriría ahorcada, mi cielo. – Y el oro egipcio brilló.

13.

"...Del amor entre opuestos

nacerá el fin del señor de las tinieblas

conjunto con el terror..."

El sol anunciaba su llegada, al tiempo que la mano de Hermione tomaba una snitch dorada. El anillo de esmeralda brilló al tener contacto con el oro de la pelota y un grito de terror resonó en el bosque.

- De prisa, a Grimmauld Place.

"...Del amor entre opuestos

nacerá el fin del señor de las tinieblas

conjunto con el terror..."

14.

- Una tarde de verano, Voldemort apareció en la mansión Malfoy muy exuberante. Con Draco tendríamos que habernos mantenido al margen, pero no lo hicimos. Oímos, del otro lado de la puerta del estudio, como el señor de las tinieblas le encargaba a Lucius la búsqueda de la hechicera Morgana. Por supuesto, el padre de Draco lo intentó al máximo y llevó a su hijo con él, ya que quería instruirlo sobre las habilidades de mortífagos. Sin embargo, al final de la búsqueda, entendió que Morgana podría revelarse contra Voldemort y derrumbar todo su imperio; con lo cual, intentó persuadir a su señor. Ese fue el peor error de todos. Voldemort lo degradó y asesinó. Desde entonces, Draco se llenó de dolor y furia, deseoso de venganza; por eso juró la muerte de Voldemort, como sea. Sabe que la clave está en Morgana y eso es lo que está haciendo.

El señor Weasley se llevó una mano al puente de la nariz y lo apretó con fuerza.

- Supongamos, joven, que todo esto es cierto; sigo sin entender qué hace Hermione allí.

Theodore sonrió con nostalgia.

- No cualquiera puede desatar a la hechicera de su maleficio, únicamente el pecador y un alma noble, unidos. ¿Y que más pecador que un mortífago y más puro que Hermione Granger? A Morgana se la encerró bajo la excusa de asesinato, con lo cual, se necesita de alguien tan "oscuro" como ella y de otra persona, muggle o mágica, que lo perdone con su sangre. Es simplemente un sacrificio.

Ron apretó los puños.

- Simple para ti, porque no eres tú el que debe desangrarse, maldito hijo de…

- Ronald, no seas grosero – lo cortó su madre. – Dime, Theodore, ¿Como le tocó a Hermione, le podría haber tocado a cualquier otro, verdad?

Nott hizo una mueca sin convencimiento.

- Si y no. Hermione simplemente estuvo en el lugar acertado, en el momento indicado. Si otra persona hubiera descubierto a Draco el primero de septiembre, no se si todo habría llegado a donde llegó. En parte fue pura coincidencia, sin embargo, todo ocurre por una razón, ¿no?, por lo tanto, prefiero creer que el destino lo quiso así.

El silencio reinó en la humilde casa, mientras el cielo se iluminaba con las luces de las estrellas. En algún lugar del hogar, un reloj muggle sonaba, dando el paso de los segundos. Tic,tic,tic,tic.

- ¿A qué has venido, Nott? – preguntó Harry, poniéndose de pie. No dejaría a Hermione sola. No más.

- A esta altura Draco y Hermione tienen que estar llegando al castillo perdido. Si todo sale bien, entonces necesitaremos algún lugar para esconder a Morgana, necesitaremos tu casa, Potter.

15.

Abrió su mente una vez más, la expandió al máximo, hasta donde pudiera encontrarla, entonces la vio.

Estaba sentada sobre la cama, vestía una túnica negra – como de seda – y un collar de oro egipcio sobre el pecho. Se la veía ansiosa, por demás nerviosa; sin embargo, ella alzó la vista, enfrentándolo con sus profundos y sabios ojos.

- ¿No te enseñaron a respetar los pensamientos ajenos? Espero no te moleste que te devuelva el favor.

La hechicera forzó al mago y se introdujo en lo más profundo de su mente, en aquel pensamiento secretamente guardado; era la imagen de una pelota dorada, con alas dormidas sobre un cofre invisible, mientras una serpiente la rodeaba celosamente; a un costado, una copa, un relicario y un libro; una cueva, un hogar, un bosque y a su vez, todos eran un anillo y una choza; eran una conjunción de algo mayor, Voldemort.

Con horror, Morgana huyó de la mente del señor de las tinieblas y se tomó el pecho.

Ella misma se encargaría de destruirlo, a él y sus bestialidades.

16.

Hermione avanzó con paso seguro hacia el interior del castillo, sintiendo a Draco a su lado, esperando que el mundo se cayera cuando entraran, mas nada ocurrió, o eso creyeron.

La puerta dorada que mantenía a Morgana cautiva brilló, y bajo el sonido de un suave aletear, apareció una inscripción.

- La torre aparenta ser la sur, con lo cual, deberíamos…

Habló Draco al traspasar el marco de la puerta; frente a ellos, se abría una enorme y lujosa recepción, colmada por telas de arañas y polvo.

Hermione se llevó una mano a la boca, al tiempo que murmuraba "nolopuedocreer".A continuación abrió la mochilla que llevaba a los hombros y sacó de ella un gran libro negro, titulado "Arturo,MorganayMerlín".

- ¿Qué es lo que te pasa? – inquirió Draco.

Ella se mordió los labios nerviosa, y detuvo su búsqueda en una hoja.

- ¡Lo sabía! – Chilló – Sabía que éste lugar en algún lado lo había visto.

Alzó el libro y le mostró una pintura de aquel living, mas con el piso reluciente, y dos figuras destacadas entre otras sonriendo elegantemente. Merlín y Morgana.

- No entiendo – murmuró Draco.

Hermione se encogió de hombros.

- Tendrías que leerlo para entenderlo; éste castillo fue el hogar de Merlín y Morgana. La ventana por donde ella salió debe ser la habitación principal y creo recordar el camino a ella.

- Entonces eres la guía.

Sin decir más, cruzaron la recepción, abriéndose camino a una enorme escalera de mármol con delicados detalles en oro. Hermione hizo aparecer un roca y la hizo rebotar por todos los escalones empolvados; tanto el décimo, como el decimocuarto y el duodécimo desaparecieron ante el roce de la roca, con lo cual, tuvieron especial cuidado en no pisarlos. Una vez ubicados en el primer piso, llegaron a una imponente cámara circular de paredes rojas, donde predominaba un ancho espejo, con el marco trabajado a mano; y muchos cuadros tapados con gruesas telas negras. Tres puertas, separadas entre si por dos metros y con el marco dorado, determinaban tres posibles caminos a tomar.

- Me pregunto… - comentó Hermione, pensando cuál debería escoger.

El techo de aquella segunda recepción era como el de una catedral, alto y con imágenes cristianas, algo que le llamó bastante la atención a Draco.

Al cabo de unos minutos, en los cuales nadie dijo nada, Draco suspiró.

- ¿Y bien?

- La verdad, no lo sé.

17.

Abrió y cerró las palmas. Lo sentía, todo su poder. Si ella quería, podía destrozar el castillo entero; sin embargo, no era idiota.

Alzó las manos hasta posarlas sobre el collar egipcio; percibiendo la muerte en él. Maldita hada del demonio. Recordaba su rostro, como si fuera tan solo ayer cuando la capturó; Merlín acababa de morir y ella solo quería paz, quería poder sufrir junto a sus hijos; no obstante, la declararon asesina y potencialmente inestable. Las hadas negras se adhirieron a su búsqueda, capturando a sus pequeños hijos; Morgana no tuvo más opción que entregarse y una vez en sus manos, aquellas portadoras de magia negra le robaron su sangre y la utilizaron para forjar aquel magnífico ejemplar de oro, "Tupropiamagiateasesinará,hadaMorgana" habíareídosucaptora. La hechicera había sentido la ira correr por su sangre y sin desviarle la mirada, le había hablado: "Hadayhechicera".

No lo olvidaría, jamás.

El collar disminuyó dos centímetros y le quemó la piel.

Estaba segura, de escapar, aquella bestialidad de oro le cortaría el cuello.