34_ Magiaantigua

Estaba segura, de escapar, aquella bestialidad de oro le cortaría el cuello.

1.

La media noche caía en África, cuando Pansy y Blaise tapaban sus rostros con profundas capuchas. En el suelo, yacían los cuerpos inertes de cinco jóvenes mortífagos.

- Imbéciles- musitó la muchacha al tiempo que perdía la fuerza en los brazos. Su varita rodó por el suelo, hasta los pies de Blaise.

El muchacho la miró a los ojos, lleno de preocupación.

- ¿Qué te ocurre? – preguntó.

Pansy sacudió los brazos y suspiró.

- El mundo, eso me ocurre. Cada vez son más frecuentes estos episodios.

- Creí que era algo de lo que no tenía que preocuparme. – la acusó.

Con una sonrisa, la muchacha tomó su varita.

- Es que no debes hacerlo, ya que no tiene solución.

Todo se volvió borroso y desaparecieron sin dejar rastro alguno.

2.

- No entiendo nada – los ojos de Olivia Artua lloraban lagrimas de miedo.

Paul le sonrió, al tiempo que Peter se llevaba las manos al cabello.

- No hay nada que entender, simplemente corren peligro, pero aquí estarán a salvo.

- ¿Y qué si yo no quiero estar aquí? – soltó amenazante Peter.

Paul se encogió de hombros, al tiempo que Pansy a Blaise aparecían en la mansión.

- No es una opción, amigo mío.

3.

Draco suspiró cansado.

- A ver – murmuró; se acercó a uno de los cuadros y lo descubrió. Ante él apareció la imagen de una hermosa anciana, con los ojos cenizas y el pelo de un blanco reluciente; se encontraba sentada en un amplio sillón negro, con las manos violáceas sobre el posa brazos y una magnífica varita en el regazo. – Dime como llegar a la habitación de Morgana.

La mujer sonrió, encantadoramente soberbia.

- Reconozco esa actitud arrolladora, como la palma de mi mano – se dirigió, y miró su violácea extensión – Sin embargo, pequeño, tú no eres a quién mi hija espera.

- Dime como llegar, o no verás nunca más tu arrugada piel - Draco alzó un dedo, señalándola y la mujer se llevó una mano al pecho. Una mueca de incredulidad cruzó su rostro, al tiempo que Hermione aparecía en su rango de visión.

- ¡Sangre de mi sangre! – chilló la mujer y se puso de pié – Has pecado y por eso necesitas de la muchacha ¿Quién habrá mal tomado las riendas de nuestra familia?

Hermione frunció el cejo, perdida.

- Disculpe, señora, ¿De qué habla?

La mujer se mareó y clavó sus ojos en la castaña.

- Dulce niña, ese muchacho que tienes junto a ti es, nada más ni nada menos, que descendencia de mi hija Morgana, tan solo mira sus venas violáceas o su anillo de esmeralda!

Al mirarlo, Draco y Hermione pudieron contemplarlo brillar con fuerza, reconociendo el hogar donde mucho tiempo vivió.

- La puerta es la de mi izquierda, hijo mío. ¡Apúrense! Ya no queda mucho tiempo.

- Gracias, señora – habló Hermione y tomando a Draco del brazo, cruzaron la salida indicada.

Hermione sintió un gusto raro en la boca y ya no pudo oír, hablar, ver o sentir; había ocurrido, después de todo aquello ya no era una prueba. El piso tembló y la habitación giró.

Intentó tranquilizarse, debía poner la mente fría, como le habían enseñado. Una vez normalizado su pulso, pensó, necesitaba encontrar a Draco, ya juntos, podrían tomar el camino correcto o volver a la cámara anterior. Así, se concentró en su perfume, en su sonrisa y en las ganas de matarlo que sintió durante muchos años; una lucecita chiquita apareció en medio de la oscuridad y ella comenzó a caminar con las manos extendidas, podía recrear a Malfoy en su mente, sonriendo petulante, mientras vocalizaba alguna ingeniosa agresión, la luz aún lejana brilló con un dejo verde y ella sonrió. También recordó esa mirada helante suya y su voz, hablándole "Mentefría,Granger,mentefría". De pronto, la luz bailó más definida y cerca. Respiró sin sentir olor alguno, pero para ella fue como percibir el perfume de aquella piel blanquecina. Lo amaba, aunque no quisiera, lo hacía. Su corazón latía con fuerza junto a él y la vida ocupaba su cuerpo, ya sea feliz o tristemente, pero lo hacía. Y eso valía la pena.

La luz verde aumentó al tiempo que recuperaba sus sentidos. Allí estaba, con los brazos extendidos, a centímetros de Draco, y él con sus manos posadas en la cabellera de Hermione.

A tan solo metro y medio de ellos, brillaba una puerta dorada con una fina inscripción negra; Draco extendió las palmas y algo frenó su magia; entonces, con voz alta y fuerte, Hermione leyó las líneas:

"Cuidado si hasta aquí han llegado, pues la bruja negra duerme por cien años sin esperar ser liberada. Aquella que cerró los ojos del ángel debe permanecer, hasta que los astros apaguen los suyos por siempre, encerrada. Engendro y maldita, es quien reside al otro lado de la puerta, condenada por el oro Egipcio y su máxima autoridad. No solo el perdón, en sangre y esmeralda, podrán eximir al demonio de sus culpas, puesto que vosotros, almas nobles, deberéis cargar con su peso hasta que mi hechizo finalice. Obligado me siento, aventureros, en advertiros, ya que vuestras almas lo serán todo; ningún pecado de sangre debéis pesares, ya que la carga podréis mataros. Decidid sabiamente antes del sacrificio quién de vosotros ingresaréis, una vez dentro, vuestra obligación será plena, solo tendréis segundos hasta que mi correa se ajuste, acabando con la vida de la hechicera.

Si has de cargar con su peso, comprended el riego y dolor que sufriréis."

4.

Lord Voldemort llegó al bosque y sonrió, aquello sería fácil.

El bosque tembló macabramente cuando sus pies tocaron el suelo.

No era bienvenido.

5.

- De acuerdo – exclamó Hermione y estiró demandante su mano hacia Draco – tu anillo.

El muchacho la miró como si estuviera loca.

- Es absolutamente evidente que necesito tener tu anillo para poder abrir la puerta.

Draco sonrió petulante.

- ¿Y quién dijo que justamente eres tú la que debe entrar por ella?

Hermione se encogió de hombros.

- La puerta; "…ningúnpecadodesangredebéispesares,yaquelacargapodréismataros…". Con lo cual, tú no puedes entrar, y ni se te ocurra decirme que no te pesa ninguna muerte.

El mortífago ladeó la cabeza, levantó una ceja y clavó sus ojos en ella.

- No pensaba negarlo, ¿Te espanta la idea de que sea un asesino, pequeña?

Hermione enfrentó aquella mirada fría inmutable.

- No me espantó antes ni lo hará ahora; dame el anillo.

- ¿Por qué quieres entrar tú, de todos modos? – preguntó, sin dejar de observarla como lo hacía.

Hermione tomó la mano derecha de Draco, y se acercó, hasta posar los labios en su oído.

- Si tú entras, el collar de Morgana te matará al rosar tu piel, porque has pecado, asesinado – susurró - ¿Por qué te molesta tanto que yo entre, acaso quieres el reconocimiento de la hechicera?

Draco alejó su rostro unos centímetros.

- Eso no me importa, idiota, me preocupa que pueda ocurrirte cuando la maldición cuelgue de tu cuello.

Hermione no se permitió pensar más, le quitó con audacia el anillo de su dedo mayor y con rapidez cruzó la barrera invisible. El rostro de Draco se contrajo de furia y dolor al verla del otro lado, tan vulnerable, tan indefensa.

- Ya no hay nada que puedas hacer. – le dio la espalda, se colocó el anillo en su dedo anular derecho y el objeto disminuyó su tamaño hasta adoptarse a su extremidad.

La castaña caminó hasta llegar a la puerta de oro y se detuvo unos minutos.

- ¿Sabes? No me espanta el hecho de que asesinaras simplemente porque fue por un bien mayor, debido a eso te perdono, Draco Malfoy y lamentablemente, te amo.

El muchacho percibió dentro suyo la fiera, que ya no dormitaba, arremeter con furia contra todas la paredes de su opresión, y sintió miedo, del verdadero.

- Hermione… - suplicó.

La muchacha sonrió aún de espaldas, observó el picaporte dorado y con la varita laceró su mano derecha; cuando su sangre rozó la manilla, el castillo tembló al tiempo que los dementores se agitaron; mas cuando la esmeralda se empapó en ella, ante los ojos de Draco, Hermione desapareció.

Sin embargo algo ocurrió en el medio, algo horrible que Hermione no supo preveer; mientras desaparecía, el recuerdo del rey egipcio lo hizo con ella, lanzándole un hechizo al pecho, rajándole el corazón, "Losientomuchacha,ellanodebeserliberada" sentenció con voz grave.

Morgana sintió el alma removerse intranquila dentro suyo, mientras el oro egipcio quemaba sobre su blanquecina piel; después de todo, algo no estaba bien. La voz del entonces Rey resonó solemnemente en las cuatros paredes de la habitación, recitando la leyenda de la puerta, al tiempo que aquella muchacha de pelo enmarañado y castaño aparecía frente a ella, con lágrimas en los ojos y sangre en las manos.

Hermione sonrío con angustia y con la poca magia que le quedaba, le quitó el collar de oro, colocándose alrededor de su cuello.

- Ahora eres libre, Morgana. – todo careció de sentido y de color, se sumergió en lo más profundo de la nada y se dejó llevar. Ya no sentía dolor, amor ni angustia. Ya no existía.

La hechicera se lanzó sobre la muchacha, atajando el golpe y la examinó con sus poderes. La habían maldecido a morir, y ella lo había aceptado, hasta el final, para liberarla. La furia de Morgana estalló dentro de su cuerpo, destrozándolo todo a su alrededor; los dementores cayeron descuartizados al suelo, el castillo se redujo a escombros y los árboles cobraron vida, reconociendo a su señora.

Cuando la mujer alzó el rostro, se encontró arrodillada sobre la tierra, y al muchacho rubio, con las manos extendidas creando un escudo.

- ¡Granger! – gritó Draco y corrió hacia ellas. No le importó que fuera Morgana quien la tuviera, puesto que se la quitó de las manos; como tampoco le importó que su piel se volviera complemente violeta al encontrarse con ella. Solo le importó Hermione y su semblante muerto.

Una lágrima se escapó de los ojos de Draco al enfrentar a su bisabuela. La había perdido, no había salida, no la tenía más. La corteza de hielo ya no existía y en su lugar solo se encontraba su alma, prendiéndose fuego.

- ¿Qué es lo que le ocurrió? – preguntó, sintiendo a la fiera arremeter contra todo su cuerpo, llena de furia y sed de sangre, totalmente desesperada.

La mujer no contestó, puesto el bosque se removió, impidiendo la entrada de algún forastero.

- ¿Alguien los seguía, hijo mío? – inquirió la mujer poniéndose de pie. No se podía negar que era majestuosa y que cada centímetro de su cuerpo representaban el poder en persona – Puedo sentir su presencia, Lord Voldemort, o es así como quiere que lo nombren.

- ¿Qué caso tiene? – murmuró Draco, sintiendo la tormenta de desesperación dentro suyo, sin quitar los ojos de la única mujer que amó – Ya no importa.

- Tú trabajas para él, ¿No es cierto?

Draco se limpió los ojos y alzó a Hermione en brazos.

- Fingía hacerlo – comentó.

Morgana asintió con el rostro sin mirarlo y lo tocó con un dedo. La frialdad absoluta corrió por las venas del rubio, mientras cada partícula de su cuerpo desaparecía, más no la de Hermione.

- Él sospecha de ti, Draco Malfoy, como lo hizo de tu padre – aventuró – Esto limpiará su mente de ellas.

- ¿Cómo lo sabes? No me interesa que se entere, ya no hay nada que pueda hacer para destruirme.

Morgana le sonrió suavemente.

- Será difícil y extremadamente doloroso, no lo niego, pero si la amas tanto como lo piensas, entonces existe la posibilidad de salvarla.

Dentro suyo, algo cobró vida, algo llamado esperanza.

Una figura negra apareció de la nada en el límite del bosque, sonriente.

- Te han liberado, por lo que puedo observar – comentó Lord Voldemort.

Morgana sonrió de manera macabra y Draco se concentró en pensar solamente en GrimmauldPlace.

- Imagino que era de suponer que una simple muchacha moriría al liberar todo mi poder – comentó señalando al cuerpo inerte de Hermione, levitando a su costado – Es mi deber llevar su cuerpo con sus seres amados, como también será mi deber encargarme de aquello que solo tú sabes donde lo escondes. Lamentarás mi existencia, niño, como muchos lamentan la tuya. Recuerda, tic,tac,el tiempo ya está corriendo.

Voldemort alzó la varita contra ella, intentando amarrar su alma, sin embargo Morgana soltó una carcajada y con un chasquido de dedos, desapareció, llevándose con ella a sus liberadores.

6.

Harry sintió intranquilidad, no estaba seguro de haber obrado bien, había metido al enemigo en el cuartel general de la Orden del Fénix.

- Hace ya una hora que estamos esperando y nada – murmuró Ron por lo bajo.

Theodore se encontraba sentado en el sillón de cuero negro que enfrentaba a la ventana junto a la puerta, desde que habían llegado no había quitado la vista de más allá.

- Lo sé, Draco y Hermione no son los únicos que iban por Morgana, Voldemort también, algo no salió bien.

Un chasquido extraño sonó fuera de la casa y Nott se puso de pie.

- ¡Ahora, Potter!

Tanto él, como Harry, salieron corriendo de la casa, revelando su ubicación, mas sin ver otra cosa que la hechicera.

- ¡Pronto muchacho, necesitamos una habitación grande! – urgió Morgana.

Harry, sin saber muy bien que hacer, entró con suma rapidez al recinto y subió agitado las escaleras, hasta llegar al cuarto que alguna vez fue de Sirius Black. Morgana depositó algo rojo sobre la cama y para cuando Harry se percató, Draco se arrodillaba junto al cuerpo inerte de Hermione, bañado en sangre.

Algo suyo le avisó que debía preocuparse, llorar y por sobre todas las cosas, eliminar a Malfoy; sin embargo, no supo que hacer, la imagen del mortífago con los ojos hinchados por el llanto, tomando la mano de Hermione, lo descolocó por completo.

- ¿Qué es lo que ha sucedido? – chilló Ginny – Por Merlín ¡Hermione!

Morgana estiró un brazo, impidiendo el ataque instantáneo de Ron.

- Mentefríapequeño– le clavó sus ojos de un profundo negro y luego habló con voz clara – Hermione ha sido atacada por magia antigua, el mago más poderoso de Egipto le ha corrompido la sangre, contaminado a tal punto de llevarla a la no existencia.

Luna se llevó las manos al pecho.

- ¿Contaminado? – preguntó Harry, una vez conciente del problema.

Draco apretó con fuerza la mano lastimada de la castaña y le acarició la frente.

- ¿Cómo te atreves a tocarla? – inquirió Ron, incapaz de atravesar el perímetro marcado por la hechicera Morgana.

Morgana hizo una mueca que decía mucho y nada.

- El tiempo es oro, literalmente – le dijo a Draco, observando el collar quemando el cuello de Hermione – Si esa reliquia disminuye su tamaño una vez más, entonces ya no podremos detener el proceso y ella morirá. ¿Estás seguro de querer hacerlo?

- ¿Hacer qué? – preguntó Ron.

- No me importa lo difícil o doloroso que sea – dijo Draco.

- De acuerdo, fuera todo mundo – habló la mujer con voz serena.

Sin entender plenamente lo que estaba ocurriendo, abandonaron la habitación, dejando dentro a la hechicera jugando con su varita y unas finas cuerdas transparentes; a una Hermione cuasi muerta y a Draco rodeado por aquellos filosos cordeles; al cabo de un minuto, cuando ya todo estuvo listo, Morgana se puso de pié.

- Mucha suerte, hijo – y sin decir más expandió los brazos, entonces todo se detuvo un segundo, donde las cuerdas se clavaron con fuerza en todas las zonas claves para obtener sangre, cuello, muñecas y pliegues de brazos. Después de aquello, Draco solo fue capaz de sentir dolor, del verdadero.

El silencio reinó un segundo, como la paz antes de la tormenta, y de esa manera toda la casa se llenó de gritos.

- ¡Por Merlín! – Murmuró Molly, llevándose una mano al pecho.

Theodore se quedó al pie de la escalera, con los ojos cerrados y el rostro de piedra. Podía imaginarse el dolor que estaría sintiendo Draco, como si le estuviera pasando a él mismo. Luna a su lado le tomó la mano en silencio, sin poder controlar el sufrimiento general que sentía.

- Aún no lo entiendo ¿Qué es lo que están haciendo? – Preguntó Ron ansioso – y porqué él está allí, Harry, no deberíamos permitirlo. Si me preguntan, yo no confío en Morgana, después de todo asesinó a su propio marido.

Theodore abrió los ojos, clavándolos en el pelirrojo.

- A Hermione le han robado la inocencia de su sangre, la han mezclado con aquella sustancia venenosa que mantiene vivos a los dementores, la han obligado a sumergirse en la nada, para morir eternamente en ella. La única manera de salvarla es quitándole su sangre y colocando en su lugar otra más poderosa, capaz de eliminar cualquier rastro del veneno dementor; por lo tanto, el único capaz de hacerlo es Draco con su sangre azul, como también Morgana es la única hechicera tan poderosa como para mantener a los dos con vida mientras realiza la transfusión. Por si no lo sabes, donar toda tu sangre duele como si te arrancaran las venas lentamente, mientras el recibir aquella sustancia putrefacta es como tragar veneno. Las probabilidades de que el corazón de Draco pueda limpiar el torrente de sangre contaminada y transformarla en azul son casi nulas, con lo cual lo más probable es que muera en el intento…

Los gritos sonaron con mayor intensidad en el recinto y nadie dijo nada, puesto solo Theodore, Ginny y Luna entendían lo que Hermione y Draco sentían por el otro.

Una oleada de gritos resonó con fuerza y luego, nada.

- ¡Maldita sea, Draco! – exclamó Theodore y subió las escaleras con prisa. Harry, sin saber muy bien qué pensar, lo siguió; saltaron los escalones con prisa, chocando contra las paredes y al intentar abrir la puerta, algo se los impidió.

- ¡Al demonio! – musitó Harry, y de un movimiento de varita la abrió de par en par.

Si alguien le hubiera contado mucho tiempo después la imagen a la que se encontrarían, jamás lo habría creído; Hermione yacía en la cama, con el collar de oro incrustado en la piel y respirando con dificultad; Draco Malfoy, por el contrario, levitaba ya sin vida, completamente blanco y sin rastro alguno de sangre en su cuerpo.

- ¡Quietos! – ordenó Morgana, y sin mediar palabra alguna, incrustó su varita en el pecho del mortífago. Pronto, las venas pálidas del ex Slytherin se llenaron de borbotones de sangre, provocando pérdidas por debajo de las uñas, oídos e incluso ojos.

El estómago de Harry se revolvió y tuvo que contenerse para no vomitar, el cuerpo de su legendario enemigo se retorcía a centímetros del suelo, como si lo estuvieran castigando con la maldición Cruciatus, mas sin fuerza para quejarse; no supo cuanto tiempo se detuvo mirando, como tampoco entendió por completo la situación; lo único de lo que estuvo seguro era de que aquello debía ser peor que una tortura. A simple vista, se podía ver como la piel comenzaba a ennegrecerse a causa de la sangre estancada en sus venas sin actividad alguna; si algo era obvio, era que su corazón no estaba latiendo.

Morgana retiró la varita de manera suave y suspiró al tiempo que cerraba la herida; con la punta de la misma golpeó el área donde se encontraba el corazón de Draco, haciéndolo funcionar.

- ¿Se recuperarán? – preguntó Harry.

La mujer ladeó el rostro, pensando, mientras hacía aparecer una cama de doseles verdes en la cual depositó el cuerpo del mortífago.

- Será cuestión de tiempo, por lo pronto, puedo asegurarte que ella está recibiendo positivamente la donación, como podrás ver.

- ¿Hay algo que podamos hacer, ya sea por Malfoy o Hermione?

Morgana sonrió sin alegria.

- Rezar.

7.

Jueves 28 de Diciembre

La nieve caía de forma pesada al otro lado de las ventanas, mientras la luz del sol anunciaba la llegada de un nuevo día; en la cocina, Molly Weasley cocinaba huevos revueltos con batatas, mientras Ginny peinaba su cabello; en la sala de estar, Morgana hablaba con Remus Lupin, Arthur Weasley, Ron y Harry de los posibles resultados de lo ocurrido dos noches atrás. Para entonces, Theodore Nott ya había partido al encuentro con su señor, comunicando que volvería en cuanto se liberara y que tal vez trajera con el a Paul Lawson y Pansy Parkinson para trazar un nuevo plan.

En el piso superior, Luna Lovegood cuidaba de Draco y de Hermione. Se encontraba refrescando la frente de la castaña, cuando el mortífago lanzó un quejido por lo bajo.

- ¡Morgana, Draco Malfoy está despertando! – llamó al acercarse al pie de la escalera.

Desde el piso inferior se escuchó el tropezón de pies y en pocos segundos Harry, Ron y Morgana irrumpieron en la callada habitación.

- ¿Ha dicho algo? ¿Se ha manifestado de alguna manera? – inquirió la viuda de Merlín.

Luna se hizo a un lado para dejarla pasar, con el rostro sereno, mas sonriente.

- No, señora, solo se ha quejado – comentó – yo también lo haría si tuviera aquel estigma quemándome la piel.

Morgana tomó el brazo de Draco y observó la marca tenebrosa al rojo vivo.

- ¿Qué es esto? – preguntó.

Harry se acerco a Draco y tapó su extremidad con las sábanas.

- Es un tatuaje que poseen todos los mortífagos, los seguidores fieles de Voldemort; cuando la marca se prende significa que él lo está llamando y debe acudir, de lo contrario lo buscará hasta encontrarlo y lo asesinará.

La mujer se quedó en silencio, entendiendo el alcance y el horror de todo aquello; podía entender todos los significados de la marca tenebrosa, como también el dolor que provocaba cuando se prendía con solo investigar un poco la mente de los presentes; sin embargo, un pensamiento de Harry salió a flote de la nada, la imagen de sus padres y la calavera con la serpiente flotando sobre ellos.

- Lamento lo de tus padres – musitó y al momento comprendió la magnitud de todo, la unión inexplicable entre el muchacho de la cicatriz y Voldemort, como la profecía y los horocruxes.

Harry frunció el cejo.

- ¿Cómo haces para saberlo todo?

Morgana simplemente se encogió de hombros.

- Supongo que soy un ser especial, no es que sea descortés y me meta en tu mente, simplemente la magia que reside en mi cuerpo es mucha y se escapa, no lo puedo controlar o si, pero hasta cierto punto, imagina que si no lo hiciera, las personas podrían morir por estar simplemente muy cerca mío.

- ¿Es así como murió Merlín? – preguntó Luna.

El semblante de Morgana se entristeció y una lágrima solitaria se escapó de sus ojos; la mujer asintió suavemente con la cabeza.

- Era una tarde preciosa, con los niños jugábamos a levitar la casa simplemente con las manos, cuando Jepresh llegó.

Ron se acercó un poco.

- ¿Quién?

La hechicera clavó sus ojos en el pelirrojo, seria.

- Jepresh, el rey Egipcio, la misma persona de lastimó a tu amiga. Me temía… me temía mucho, puesto sabía que podía asesinarlo con solo pensar en ello o peor, quitarle la corona.

- ¿Por qué apareció allí, entonces?

- Trazó un plan, necesitaba quitarme de en medio con ayuda de muchas personas y para ello yo debía cometer un pecado de sangre. No tardó mucho en comprender cuál era mi debilidad, lo único que lograría que perdiera el control. Se presentó en la residencia, no saludó, no dejó que nos percatáramos de su presencia; simplemente alzó la varita y lanzó el maleficio asesino contra el menor de mis hijos, le quitó la vida ante mi. Pude observar detalladamente como mi bebé me sonreía al poder levitar una silla y al momento la vida se le escapaba de los ojos.

Morgana se detuvo, podía revivir la desesperación y el dolor de aquella tarde de verano.

- Perdí el control, las emociones acallaron la razón y las peores de las maldiciones brotaron de mi piel. Merlín supo, tan solo le llevo un abrir de ojos para comprender como se desencadenaría todo, con lo cual puso todas sus fuerzas en un escudo protector para mis restantes hijos, para protegerlos de mi, del monstruo que me tocó ser…

-… pero no para si mismo – completó Luna y Morgana asintió.

- Lo asesiné por no ser mentalmente fuerte, no pude ser como él, no pude apartar el control de los sentimientos. El resto, fue muy fácil, me acusaron de asesina a conciencia y me condenaron a dormir por cien años para luego despertar y morir, poco a poco. Supongo que nunca pensó en mis hijos y en lo que ellos lucharían por mí, como tampoco pensó en mis bisnietos – sonrió con melancolía y acarició la mejilla de Draco.

El muchacho lanzó otro quejido y la frente se le arrugó en una mueca de dolor. El frío helaba las ventanas y no se oía otro sonido más que el del respirar acelerado del mortífago, aquello debía de estar doliéndole con mucha fuerza. De un movimiento, Draco se tomó la marca tenebrosa, como si intentara acallar la quemazón.

- ¿No deberíamos hacer algo? – preguntó Morgana, sin saber como actuar.

Luna negó con el rostro y se acercó a la cama para colocar un paño frío sobre la calavera.

- No hay nada que podamos hacer por él.

Draco se retorció y abrió los ojos, exhalando aire enfermo.

- ¿Grang…? – musitó débilmente mas con los ojos fuera de sus orbitas.

Morgana le sonrió.

- No despertará por el momento.

Duro como la piedra, el mortífago se recostó mirando el techo y sin soltarse el ante brazo, sabía que debía marchar.

- De acuerdo. – Sacando fuerza de algún lugar recóndito de su cuerpo, logró sentarse y esforzándose tan solo un poco más, sacó las piernas de la cama.

- ¿Qué es lo que pretendes hacer, hijo? – preguntó Morgana con voz suave, como si le hablara a un niño.

Draco no le contestó, por el contrario utilizó toda su energía mental para ponerse de pie y mantener el equilibrio. La marca tenebrosa lo estaba matando, literalmente.

Alguien intentó detenerlo cuando comenzó a caminar y sin medir fuerza alguna liberó magia, lanzándolo contra la pared. Sin preverlo o siquiera poder controlarlo perdió el equilibrio.

- ¡Alto! – dijo Morgana cuando Remus Lupin intentó inmovilizarlo. – No es algo que pueda evitar, la magia está colapsando dentro suyo, necesitará de mucha paciencia para lograr manejarlo a su voluntad. Y tu, Draco, no estas en condiciones de levantarte.

El mortífago no quiso contestar, puesto sentía una maldición intentando liberarse, por lo tanto estiró el brazo, mostrando como la marca tenebrosa estaba a carne viva, expandiéndose por todo su antebrazo.

- ¡Dios mío! – Morgana saltó lejos de él, al entender el significado de todo aquello. De la varita de la bruja se materializó un envase lleno de un líquido azul, el cual levito hasta llegar a Draco – Debes acudir a él cuanto antes.

Draco respiró con fuerza y asintió, con el rostro duro como la piedra. Tomó aquel recipiente entre sus débiles manos y bebió todo el contenido de un sorbo

- Ni soñarlo, aquí está a salvo – declaró Harry – si llega a encontrarse con Voldemort en este estado él dudará.

Morgana se puso de pie.

- No lo entiendes Harry, si no lo hace entonces todo su trabajo se irá al tacho y Voldemort intentará asesinarlo de todas maneras.

Nadie dijo nada, sabiendo que no había otra salida. El niño que vivió caminó hasta Draco y con suavidad lo tomó del brazo sano

- Iré contigo.

Ginny se quejó por lo bajo.

- Déjalo ir por su cuenta Harry, no tiene sentido que tú también te expongas – dijo Ron.

Harry negó.

- Tengo un plan.

Draco se concentro en su ropa; la capa negra, la máscara plateada y la túnica; mágicamente lo que llevaba puesto cambió por el atuendo mortífago.

- Mansión Malfoy – musitó.

Harry lo tomó con seguridad y al segundo, desaparecieron.

8.

La niebla rodeaba por completo la entrada hacia la residencia de los Malfoy.

Harry soltó a Draco por un momento y se cubrió con la capa de invisibilidad.

- ¿Cómo demonios entramos? – le susurró al momento que lo sostuvo nuevamente.

Draco alzó una mano con la poca fuerza que le quedaba y la marca tenebrosa apareció en lo alto del cielo; solo tuvieron que esperar unos momentos hasta que la niebla desapareció por completo, revelando en su ausencia una imponente fortaleza antigua.

De un movimiento carente de vida, Draco soltó la presa de Harry sobre su brazo.

- Déjame, Potter, ya no hay nada que puedas hacer. – le dijo, sabiendo que el veneno dementor quemaría de un momento a otro la poción que lo mantenía en pie.

Harry colocó una mano sobre el hombro de quien por muchos años fue su enemigo escolar y con la convicción tatuada en su rostro habló:

- Le dirás que te hemos encontrado y atacado cuando intentabas detener a Hermione Granger, quien descubrió tu paradero y por consecuencia el de Morgana; yo estaré en todo momento preparado para llevarte de regreso a nuestra guarida si se torna peligroso.– luego, alzó la varita y le lanzó una maldición que le abrió sanguinarias heridas en la piel.

Para Draco, aquello no supuso dolor alguno, no tenia comparación en lo absoluto con lo que ya había pasado. Limitó su existencia a crear una mascara de odio para cuando se dirigió dentro de la mansión, sintiendo a Potter detrás de si. Debía ser cuidadoso, cualquier mínimo factor podía desconcentrarlo lo suficiente como para volar la casa.

El recorrido hasta el hall se le hizo espantosamente eterno, sintiendo su sangre, medio azul medio impura, derramarse de manera irregular por su rostro y cuerpo.

- ¡Draco! – chilló tía Bellatrix al verlo entrar - ¿Qué es lo que ha ocurrido?

Para hacerlo más teatral, tropezó consigo mismo, cayendo al suelo; en aquel momento, Lord Voldemort apareció con el rostro desencajado de la ira. El rubio se puso de rodillas, en un intento de recobrar la postura; fingiendo una absoluta desesperación y furia clavó los ojos en su señor.

- Van por ella, no se como lo han descubierto… - se quejó, sintiendo como el veneno dementor lo quemaba por dentro - Granger me siguió y alertó a los otros – agitado, tomó aire mientra su tía lo ayudaba a recuperar la postura – me robaron los planos… acababa de dar con su paradero y me dirigía hacia aquí. – la voz le falló, mientras el cuerpo intentaba liberar toda la magia contenida.

Voldemort tan solo asintió con la cabeza una vez, con las rendijas de su serpentina nariz dilatadas; ladeó el rostro, como si esperara alguna reacción a sus palabras.

- Lo he visto con mis propios ojos, aquella sangre sucia muerta y Morgana libre – aseveró, quien alguna vez fue Tom Riddle.

Draco juntó fuerzas, quizás del odio que le tenía a aquella figura maligna o del amor a Hermione y sonrió con placer, como si aquello fuera algo digno de ser festejado.

- Entonces el día… no ha sido malo… – carcajeó y la sangre le goteo del rostro lastimado. Lo podía sentir, tan solo un movimiento y perdería la conciencia.

Voldemort curvó sus labios en una mueca maquiavélica al asegurarse que aquel muchacho seguía perteneciéndole y de un movimiento de varita selló todas sus heridas de una vez.

- Ve y descansa, preferitto, tenemos mucho trabajo por hacer.

Draco asintió, alejándose de su tía y al sentir la presa segura de Harry, se dejó llevar.

9.

Domingo 31 de Diciembre.

Un bosque siniestro, una sombra negra asechando a la espera. Lista, latente, escondida dentro de una bola dorada.

Draco saltó de la cama ante la amenaza implícita de su sueño.

Al abrir los ojos, pudo ver el rostro relajado de Morgana, quien movía la varita de un lado a otro, creando finos hilos de oro – de diversos colores – entrelazándolos entre si, creando una remera. Tan solo le faltaba una manga.

- Buenos días, Draco. – lo saludó con su melódica voz; le sonrió de modo maternal, dejando a un lado su obra de arte y lo tocó con su varita.

El dolor que aquello le provocó, aunque fue mínimo, lo tomó por sorpresa por lo que retiró la mano.

- ¡Maldita sea! – se quejó. La sangre corría lentamente por su palma - ¿Por qué has hecho eso?

Esta vez, Morgana soltó una risa adorable.

- Tan solo quería verificar que todo estuviera bien. Tu sangre está limpia al fin.

Una respiración rasposa llamó la atención del mortífago. Manteniendo el rostro inmutable y con voz serena, preguntó:

- ¿Cómo está ella?

La mujer dirigió su mirada hacia Hermione, quien dormía con el rostro pálida.

- No es tan fuerte como tú.

Draco asintió, mientras el monstruo en su interior comenzaba a desesperarse. Manteniendo su rostro con esa mascara fría que no decía absolutamente nada, intentó razonar la situación lo más objetivamente que le fue posible.

- ¿Despertará algún día?

La duda cruzó por el rostro de la bruja, y aunque se apresuró por ocultarlo, él lo notó.

- He hecho todo lo que mi magia me permite; ella es una impura, Draco, en el sentido más literal de la palabra – agregó al ver como el fuego asomaba por los ojos del mortífago – no le resulta ni por asomo tan difícil como a cualquiera de los residentes de esta casa. Mucho menos a ti. Fue una suerte que estuvieras para ayudarla, tu sangre es lo que la mantiene viva… sin embargo no sé qué es lo que pasa, ya tendría que haber despertado.

Morgana pudo ver como aquel muchacho calculaba en su interior, debía tener una mente muy mecánica, muy específica, él no quería dudas, quería certezas para basar en ella sus planes, no le interesaba nada más.

- ¿Cuánto tiempo ha pasado?

- Seis días desde mi liberación y tres desde tu despertar.

Mierda. Pensó Draco, llevaban una semana inactivos, debía ponerse en marcha, comunicarse con Theodore, ponerse al corriente con Paul y lo más importante, someterse a Lord Voldemort. El monstruo en su interior se removió, recordándole qué era verdaderamente lo más importante, pero el lo acalló con la determinación impresa en sus pensamientos. De nada valía quedarse a su lado muriendo con cada nuevo amanecer. Debía ocuparse y no pensar, debía seguir con su trabajo de hormiga, destruyendo el imperio de terror, vengando a su padre, haciendo aquello que ella haría en su lugar.

Se puso de pie con agilidad, sabiendo que si no huía con rapidez, que si le dirigía una mirada a Hermione, entonces toda su entereza se iría al carajo. Sabiendo que entonces ya no podría hacer otra cosa que morir con ella.

Morgana lo observó erguirse ante ella; vio como de un movimiento pulcro, perfecto, se asomaba una máscara plateada en su mano al tiempo que sus ropas se ennegrecían.

Definitivamente algo había cambiado en su bisnieto, tal vez era la sombra que oscurecía sus pétreos ojos, la frialdad de sus facciones o su imponente figura. Al mirarlo a los ojos ella entendió que él simplemente estaba haciendo aquello que Draco consideraba mejor, pero que aquel muchacho enamorado y decidido a salvar al objetivo de su amor seguía allí, dándole ánimos a continuar, porque no había nada más que pudieran hacer por ella.

- Era de esperarse que marcharas – le dijo – ellos llevan días esperándote.

Draco caminó unos pocos pasos hasta llegar frente a la mujer y clavó sus ojos inexpresivos en ella.

- No la dejes sola. Nunca. – su voz sonó como una orden, pero Morgana pudo distinguir la suplica implícita – Si la cosa se pone fea… solo házmelo saber y aquí estaré.

La bruja asintió, sin quitar su mirada de él.

- ¿Qué le digo si despierta?

Draco le quitó la mirada de encima y cubrió su rostro con la máscara plateada.

- Que he hecho lo mejor por ella…

Denadasirveahora, le dijo alguna voz en su interior, pero él la ignoró; debía intentarlo nuevamente; por ella y por él, para estar a salvo y garantizar la caída de Voldemort.

Cruzó el umbral de la puerta con paso firme y sin mirar atrás; bajó las escaleras de ese modo tan imponente, poderoso, sin inmutarse por el lugar donde se encontraba o los ojos que se clavaban en él. La capa negra ondeó al tocar el último escalón, donde lo esperaban Theodore Nott y Pansy Parkinson. El primero colocó la mano derecha sobre el hombro de Draco, a modo de saludo.

- Bienvenido, hermano.

- No hay tiempo, he visto el próximo paradero.

Alguien carraspeó, pero ellos lo ignoraron por completo.

Pansy sonrió irónicamente a Draco y al igual que él, se colocó su máscara mortífaga.

- Primero debemos ir por nuestros huéspedes, supongo que no tengo buenas noticias, para variar.

Harry apareció en la sala de estar, llevaba un zumo de calabazas en la mano.

- ¿Ya te marchas? Hermione aún no despierta…

Draco asintió con un movimiento seco, sintiendo un hueco frío donde debía estar su corazón. Sabía que si prestaba un poco de atención repararía en la existencia del mismo, desgarrado, sangrando veneno, y de los aullidos de la bestia en su interior, pero aquello no serviría de nada.

- Voldemort no duerme, Potter. En cuanto tenga noticias te las haré llegar.

La cabaña apareció en su mente y desapareció junto a los mortífagos.

10.

Viernes 5 de Enero

El año nuevo llegó y trajo con él aún más desesperación por parte de la resistencia.

Por un lado, Hermione aún no despertaba y la bruja Morgana no podía decir el porqué; claro estaba que ella tenía una teoría al respecto mas allá de que mantuviera su postura en esperar por Draco Malfoy. Para aquel momento, Ron Weasley insistía en que aquel mortífagoasqueroso nada tenía que ver con su amiga y que poco debía apreciarla para no dar respuesta alguna a las muchas cartas que Morgana le había enviado. Y la cuestión era esa, ¿Qué era lo que estaba pasando para que Draco Malfoy no quisiera saber nada con volver?

- ¿Es que no lo ven? ¡Nos ha utilizado para saber nuestro escondite! – había pronunciado Ron y al ver que nadie asentía con la misma vehemencia que él, se dirigió a Harry - ¿No harás nada al respecto?

El muchacho que sobrevivió simplemente había dirigido la mirada hacia otro lado.

- No creo que Hermione confiara en Malfoy si no fuera seguro hacerlo, mucho menos involucrarse con él sentimentalmente. Si no quiere volver, es un problema suyo, no nuestro. No veo peligro alguno en él, no después de lo que hizo por Hermione.

Así la discusión se había dado por terminada.

Sin embargo, aquello no era todo, aún faltaban encontrar dos horocruxes y descubrir la manera de eliminarlos. Harry invertía buena parte del tiempo en ello, más no había encontrado alguna otra información de validez y la imagen de Morgana lo único que lograba era ponerlo nervioso; sentía que lo observaba como si fuera un niño intentando descifrar un acertijo cuya respuesta ella sabía.

- Ojos que no ven, corazón que no siente – había canturreado la mujer, al ver como el relicario de Salazar Slytherin volaba por los aires al lanzarle una poción desintegradora sobre ella.

Por otro lado, Draco Malfoy había encontrado que dos noches previas a su despertar, Peter Tremaine y Olivia Artua se habían enfrascado en una discusión tal, que habían terminado cada uno en una habitación diferente, sin siquiera querer cruzarse durante el día. Paul Lawson había intentado por todos los medios tranquilizar las aguas, mas no había logrado progreso alguno.

De todos modos, Draco le había encargado a Pansy mantener a los huéspedes un par de días más con la intención de una reconciliación, mientras él – en compañía de Theodore Nott y Paul – marchaban en búsqueda de un posible horocrux en algún bosque perdido del mundo.

En algún momento de la semana, se había dado lugar a una reunión entre Draco Malfoy y Lord Voldemort, quien esperaba con ansias reemprender su plan dentro de Howgarts en cuanto cesaran las vacaciones escolares; no obstante, el mago tenía algo más que ocupaba su mente y aquello no pasó desapercibido para los poderes de Draco, no. Lo que lo tenía tan ensimismado era que Harry Potter de alguna manera supiera de los horocruxes, ya que la localidad de uno de ellos residía en su memoria sin que el muchacho lo notase. Por eso Lord Voldemort llevaba dándole vueltas al asunto, no terminaba de decidirse si cambiar o no el paradero de aquel objeto.

Así habían transcurrido los días.

Ahora, el sol comenzaba a caer, lanzando cegadoras luces sobre la blanca nieve; aunque le pesara Draco sabía que pronto deberían regresar a Londres.

- ¿Será que está escondido bajo algún encantamiento del tipo Fidelio? – preguntó Paul, entendiendo que el tiempo se agotaba con rapidez.

Draco sopesó la idea y luego, con un suspiro, lo negó.

- Deberíamos sentir la presencia de la magia, o algún rastro de ella. Lo único que puedo suponer es que éste no es el bosque.

Theodore tiró su cabello hacia atrás y maldijo por lo bajo.

- Ya no tenemos más tiempo, si tan solo supiéramos algo más, algún indicio que nos guíe por qué país buscar…

- De todos modos debemos regresar, no tiene sentido buscar en la oscuridad – concluyó Paul.

11.

Morgana observaba el semblante sereno de Hermione, dándole vueltas al asunto, ¿Sería posible? Debía reconocer que le molestaba que su bisnieto no diera señales de vida ni se dignada a responder ninguna de sus notas; por lo que, tomó un trozo de pergamino y con pulcra letra escribió:

Niño:

No me importa lo muy ocupado que estés en el maldito fin del mundo en el que te encuentres. Lamento dejar los buenos modales y la cordialidad de lado, junto con las otras notas que tan amablemente no tuviste el recaudo de atender.

Confirmo con certeza absoluta aquello que te mantiene lejos del lugar al que perteneces, aunque a decir verdad, no entiendo cómo esto ha sobrevivido a la trasfusión. De nada sirve lo de PT&OA, lo sabes, ellos por lejos son un par de lo más común, para su suerte; dos personas ingenuas que se vieron envuelto en algo ajeno a ellos.

Aquí, tú sabes, se está dando lugar a la creación, la vida; por eso tu bella durmiente no logra resucitar, aguarda por el beso del príncipeazul. No se si dejar la ironía de lado, pero me has hecho enojar, realmente.

¡Felicidades, bisnieto mío, serás un padre encantador!

Con mucho cariño de abuela, me despido, espero verte pronto capullo.

Con ligereza enrolló el papel y fue por una lechuza.

12.

Pansy Parkinson caminaba por su casa, buscando algún lugar de paz donde sus propios pensamientos no la molestaran, con el fin de poder conciliar el sueño. Últimamente su energía se encontraba por el suelo, junto con su amor por sí misma.

Con paso elegante se posicionó frente a un gran espejo y se miró, intentando encontrarse bajo toda esa fachada de perfección y arrogancia; la mujer del espejo sonrió sin alegría alguna y sus ojos apagados reflejaron tristeza absoluta. Los cabellos negros caían de modo gracioso sobre sus hombros, decorando su fina figura. Por más que viera aquella imagen todos los días, no lograba reconocerse en ella.

El miedo la recorrió de punta a punta, mientras las lágrimas se escapaban de sus ojos. Era la viva imagen de la destrucción; imponente, majestuosa, y a su vez, terrible, desoladora. Estaba podrida por dentro y lo sentía.

Ya se había resignado a vivir, o mejor dicho, morir con ello; había decidido arrojar su vida por un acantilado, destruyendo todo a su alrededor, todo lo que la había hecho quien era; su familia, su prometido, sus creencias, todo.

Sin embargo, en medio del arrasador caos, una luz cegadora le devolvió la vida, dándole una razón para buscar la libertad que le había sido arrebatada de pequeña. Blaise Zabini.

"Eresdemasiadohermosaypuraparaserbuena.Eresdemasiadoegoístaparamerecerlo.Tienesmuchomásdeloquedeberías,contansoloañosdeedad.Noteconfundas,pequeñaniña,jamásserásfeliz.Tusojosreflejaráneldañoquelosimpurosymugglessufrenporgentedetuclase.Seráslavivaimagendeldolordelmundo,pequeña.Aquelloquepodríasalvarte,lotendrásalalcancedelamano,perojamásloposeerás.Porquetodoloquetoques,vaasufrirloquetendríasquesufrir.Laúnicapersonacapazderomperconmimagiaantigua,descansaporcienaños,esperandoporaquellaquerepresentetodoloqueodies.Sinembargo,serásdemasiadoegoístacomoparaayudarla,pequeña."

La voz del hada negra que la había hechizado resonó en su mente y Pansy cayó de rodillas. Ya no le quedaba mucho tiempo.