Y llena de lágrimas, vengo a decirles adiós y muchas gracias por tanto, tanto cariño.
Puedo asegurarles ahora porqué tengo un problema con los finales, porque duelen, siempre lo hacen.
Desde el primer momento en el que comencé a escribir esta historia, siempre quise que el final fuera escrito y leído a base de un tema muy importante para mi. Por eso les aconsejo que lo oigan, les dejaré el link para oírlo desde Youtube, como saben, tendrán que borrar los espacios
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Y todo lo que empieza mal… bueno, termina mal…
La noche caía en Pequeño Hangleton, al tiempo que al menos cincuenta magos aparecían por todo el pueblo con sus cuerpos desilusionados. Un grito espeluznante chilló en la tranquilidad y los hombres supieron que habían sido descubiertos. A menos de cincuenta metros, unos veinte centauros esperaban pacientemente la señal para emboscar la gran mansión de los Riddle desde el bosque.
Una mujer de pelo negro como la noche y piel blanca como la nieve apareció al mismo tiempo en medio de la calle central, donde la antigua casa residía, sin siquiera detenerse a esconder su cuerpo.
Con arrogancia y una sonrisa cínica impregnada en el rostro, contempló la gran mansión. Era imponente, cierto, pero estaba vieja y desvencijada, al igual que el alma del mago que se guarecía dentro. Aquella era la noche que tanto habían estado esperando y a su vez retrazando; en tan solo segundos el último horocrux cumpliría aniversario y sería su deber hacerse con él. ¿Por qué? Pues, porque si la vida le había enseñado algo, era que de ella formaba parte morir y que nadie, absolutamente nadie tiene derecho a escoger la inmortalidad, menos aún decidir quien vive a su costa.
Otro chillido resonó en el pueblo y otra contienda apareció a su lado, entre ellos se encontraban Harry, Ron, Hermione, la familia Weasley, Ojoloco, Remus, Tonks y Hestia Jones. Lo cierto era que habían juntado suficientes personas como para lograr una distracción y al menos evacuar el pueblo, de lo cual se estaban encargando los aurors y personal del ministerio que Kingsley había podido reclutar. No iban con esperanzas de una gran victoria, mucho menos de poder ver sus rostros felices al finalizar la batalla.
Si bien Morgana tenía poderes y un manejo de la magia excepcionales, solo podía cubrirse de lo que lograba ver o prevenir.
Una morena caminaba de un lado al otro, con los nervios a flor de piel.
— Ya detente, Pansy — se quejó Paul molesto.
Ella resopló y Blaise miró con reproche al muchacho.
— No puedo, tengo un mal presentimiento, Paul ¿Qué ocurrirá si aparte de exponer mi culo a Voldemort y salvar a Draco, la sangre sucia muere? ¡Tendré mucha suerte si alguien no se carga conmigo antes!
— ¡Pues no vayas, con un demonio! — espetó de mala manera, era al menos la quinta vez que discutían por lo mismo.
La muchacha intercambió una mirada con Blaise; él le miraba con amor infinito, con la más pura muestra de devoción y entrega en la espesura negra de sus ojos. ¿Qué haría ella si estuviera en el lugar de Draco? Probablemente movería tierra y cielo para cuidar de Blaise y no querría ninguna salvación de su pellejo, puesto su vida no tendría sentido sin él. ¿Para qué despertarse cada mañana sabiendo que él no sería lo que viera al abrir los ojos? ¿Para qué moverse si ninguno de sus pasos le llevaría a su lado? ¿Para qué vivir, si eso no le devolvería la vida a él?
Entonces no le interesaría un puta mierda si Draco arriesgó su vida para salvarle o quien demonios murió en el intento. Ella buscaría venganza, una que saboreara dulcemente antes de quitarse la vida.
Razón por la cual sabía que no era a Draco a quien tenía que salvar, aunque los planes fuesen así.
Pero no quería, temía por su vida. Granger no era precisamente una Hufflepuff y sus cojones bien podían abarcar Europa en su totalidad, no sería raro encontrarla enfrentando a Voldemort con tan solo una décima parte de su conocimiento. Sin embargo, Pansy ya estaba muriendo ¿En qué cambiaría vivir un mes más?
— ¡Con un demonio, me largo!
¡Granger, maldita seas!
Otro grito resonó fuerte, claro y aterrador.
Morgana instintivamente creó un escudo alrededor de su contienda y alguien bufó molesta. No esperaban que nadie más se apareciera por allí.
— Se que me arrepentiré de esto, pero si algo llega a ocurrirte, Granger, mi cabeza será la primera en rodar. Draco jamás me lo perdonaría — se quejó Pansy y se colocó junto a Hermione, con varita en mano.
La castaña la miró entre molesta y agradecida.
— Nadie te ha pedido nada, pero te lo agradezco de todos modos.
Pansy se encogió de hombros al tiempo que el encantamiento alarma chilló nuevamente y alguien rió a sus espaldas.
Fue tan solo un segundo, una varita surcando el aire y Hestia muerta en el suelo.
— ¡Expulso! — gritó Arthur Weasley y el mortífago salió volando. Morgana hizo una floritura en el aire y quien pretendía aparecerse junto a ella cayó como una roca al suelo.
De un momento a otro el cielo se llenó de chorros de diversos colores y gritos. Ron peleaba contra un mago de contextura robusta y fuerza bruta. Movía la varita de una lado al otro, como si fuese un látigo y Ron le atacaba y se protegía a partes iguales; a pasos suyos Hermione se enfrentaba a McNair — quien se había quitado la mascara plateada para que ella viera "quien la torturaba hasta la locura" y no olvidara jamás su rostro — y Pansy le cubría la espalda luchando contra dos hechiceros realmente hábiles y traicioneros.
— ¿Cómo es, bonita, que te has pasado de lado? — le picó uno.
Ella rió sin alegría y el mortífago que intentaba torturarla gritó dolorosamente al recibir su hechizo en medio del pecho, de donde la sangre comenzó a brotarle con fuerza.
— Me he cansado de ustedes, resultan bastante pedantes cuando se lo proponen.
Harry no sabía a quién proteger, se movían tan rápido y todo era tan confuso que temía lastimar a uno de los suyos. Morgana caminaba presurosa en dirección a él, mientras su varita parecía moverse por voluntad propia y su mano viajaba de un lado a otro rechazando hechizos provenientes por doquier.
— ¡Ahora, Harry, el momento ha llegado! — le tomó del brazo y desaparecieron.
— ¡Cruc…! — gritó Rookwood, sin embargo Tonks se le adelantó, con el rostro impasible y el cabello canoso.
— ¡Diffindo!
Fred rió cuando la mujer cavó un poso y enterró al mortífago bajo una montaña de tierra.
— ¿Qué le ha ocurrido a tu cabello? — preguntó y movió la varita desmayando al mago robusto que luchaba con Ron.
Nymphadora se encogió de hombros y se agachó para evitar un maleficio cruciatas.
— He descubierto que el rosa chillón llama mucho la atención, no es difícil atacarme entonces.
Dentro de la mansión, Voldemort miraba todo desde la ventana de lo que alguna vez fue la habitación de sus abuelos muggles. Por donde mirara había magos de la orden del fénix y personal del ministerio, resultaba de lo más irritante verles las caras de satisfacción cada vez que lograban acertar con alguno de sus mortífagos.
Severus, Bella, Theodore, Alecto y Amycus estaban en el primer piso custodiando a Draco Malfoy.
Nagini se removió inquieta en sus hombros — asesinar, destrozar, tomar vidas. Le susurró.
— Tan solo un momento más, Nagini, Harry vendrá por nosotros y entonces beberás su sangre.
Un estallido en medio del combate llamó su atención.
— ¡Maldición, Fred! — se quejó George y se arrojó al suelo, esquivando un hechizo verde. Su gemelo había lanzado una de las nuevas invenciones de Sortilegios Wesley a la cara de un mortífago que pretendía cargarse a Ojoloco, logrando que todos volaran impelidos por la fuerza de su explosión — ¡Esas bengalas nos costaron meses de elaboración!
— Lo se, Georgi, no pude contenerme — rió Fred y un hechizo púrpura le golpeó en el abdomen, haciéndole caer de rodillas.
El muchacho cayó al suelo perdiendo sangre a borbotones y miró a su gemelo con las manos en su herida, pidiéndole perdón por su descuido.
— ¡Relaskio! — gritó George a su contrincante y cuando se proponía a asistir a su hermano, otro mortífago le atacó, probablemente rompiéndole el hombro. Se disponía a lanzarle una imperdonable allí mismo, cuando alguien apareció junto a él.
Hermione se arrodilló junto a Fred y encantó un hechizo protector, mientras Pansy le cuidaba las espaldas.
— ¡Yo me encargo, George, tan sólo ten cuidado! — de un tirón abrió la camisa de Fred y apoyó la varita en cada una de sus heridas — ¡Episkey! — pronunció cada vez, hasta que las mismas se encontraron por completo cerradas. — Pansy, óyeme, lleva a Fred al refugio — la morena se dispuso a negarse pero Hermione la tomó del brazo y le sonrió cálidamente — hazlo, yo estaré aquí esperándote.
Pansy cogió a Fred de un brazo y le lanzó una mirada seria.
— Espero que no mueras, Granger, realmente lo espero — de un movimiento desapareció y fue entonces cuando Hermione los escuchó.
Dos muchachos aparecieron junto a la mansión Riddle, uno de ellos completamente desilusionado.
Ambos caminaron hasta alcanzar la puerta y apreciaron por unos momentos el espectáculo que se estaba llevando a cabo en el terreno frontal de la casa. Un grupo reducido de alumnos de Hogwarts corrían lanzando hechizos a sus espaldas, mientras tres mortífagos — claramente más experimentados que ellos — les seguían los pasos. Paul pudo ver que uno de los muchachos llevaba una herida sangrante en la frente y que otro cojeaba con el rostro contraído en una mueca de dolor.
Más allá Fenrir Greyback se enfrentaba en una pelea de lo más sanguinaria a Lupin, el licántropo bueno.
Lo único que podía verse eran maldiciones volar de un lado a otro, cuerpos inertes en el suelo y rostros surcados por lágrimas de dolor. Lo único que podía oírse eran gritos de terror, risas maquiavélicas y maldiciones.
Con un hechizo no verbal, Blaise abrió la puerta que daba a la gran cocina y entro por ella, con varita en mano. Sigilosamente se deslizó hasta verles, tanto Bellatrix como los Carrows se encontraban sentados en un amplio sofá, con sus varitas apuntando a un Draco Malfoy inconsciente. Respiró tan solo una vez más y saltó a su encuentro sin mediar palabra, atacando imperiosamente.
— ¡Confringo! — el sofá explotó lanzando por los aires a quienes estaban en él.
Fue automático, Bellatrix — con los reflejos de una mente desquiciada — logró protegerse y le atacó inmediatamente; por suerte Theodore le vio en el momento justo.
— ¡Depulso! — le lanzó y la mujer salió volando contra la pared opuesta.
Paul no esperó más y pasando desapercibido apuntó a Draco.
— ¡Ennervate! — el muchacho abrió los ojos grises y estos relucieron sintiendo fuego por dentro.
Alecto atacó a Blaise y Amycus hizo lo propio con Theodore, golpeándole en el pecho con una maldición que le quitó el aire.
— ¡Snape, encárgate de Bellatrix! — rugió Draco y los mortífagos le miraron sin poderlo creer ¿Podía ser cierto que los dos más cercanos a Lord Voldemort le traicionaran? Pero no tuvieron que esperar para averiguarlo. Severus apuntó con su varita a una Bella recuperada y sin mediar palabra le lanzó la mayor de las imperdonables.
— ¡Avada Kedavra! — un chorro de luz verde escapó de su varita y le golpeó en el rostro a la mujer, quitándole la vida.
Aprovechando el descuido de Amycus, Theodore lo desmayó y partió su varita.
Alecto se deshizo de Blaise — bajo el maleficio Sectumsempra — y alzó la varita, con la peor de las maldiciones en la punta de la lengua, pero sólo quedó en eso, porque Paul logró desatar a Draco, quien de un movimiento de su mano la hizo caer al suelo, presa de un sueño pesado e infinito.
La batalla se había corrido de lugar para llevarse a cabo en los terrenos traseros de la mansión, junto al bosque. Los muchachos que corrían de tres mortífagos — uno de los cuales alcanzó al menor del grupo, acabando con su vida — se adentraron en la espesura negra de la vegetación salvaje, perdiéndose entre troncos y copas de árboles. Los mortífagos tan sólo ingresaron al bosque para darse cuenta de que había sido el peor de sus errores. Una veintena de flechas cayeron sobre ellos y aunque pudieron protegerse a través de la magia, nada sirvió para evitar la emboscada de centauros. Uno de ellos — Antonin Dolohov — logró escaparse y volvió a combate, gritando a viva voz.
— ¡No entren a los bosques!
Movió su varita con movimientos secos y filosos, logrando que el ministro, Percy Weasley, cayera inconciente al suelo.
No muy lejos de allí, Hermione blandía su varita de un lado a otro. En cuanto se había encontrado sola, dos mortífagos — Rowle y Avery — habían decidido jugar con ella.
Mientras Rowle tenía un ataque invasivo, imperioso y digno de un troll con varita — lanzando maleficios explosivos en todo momento —, Avery era más sádico, con la mirada tenida de locura y la absurda idea de descuartizarla en vida.
— ¡Demaius!
Rowle recibió su hechizo en el pecho y cayó inconciente. Sin embargo Avery aprovechó el momento y le arrebató la varita.
— Ahora veremos que tan sucia tienes la sangre — se mofó y Hermione lo vio apuntarle y saborear la maldición que acabaría con su vida.
Un destello brillante salió disparado contra Avery, quien contrajo el rostro en una mueca de horror y gritó al aparecerle laceraciones por todo el cuerpo.
Aparecieron junto a la puerta de las cocinas y un alud de maldiciones les cayó por todos lados. Harry alzó la varita y conjuró un hechizo protector — seguro de que ya era demasiado tarde — esperando la muerte o al menos dolor inmediato, pero nada ocurrió.
— Así que tú eres Morgana — dijo un mortífago y Harry lo identificó al momento. Mulciber, quien al igual que Bellatrix, le gustaba jugar con la comida.
La bruja tenía la varita en una mano y la otra extendida hacia delante, como rechazando algo.
— Y tú debes ser otro inútil mortífago, los años pasan, los nombres cambian, pero a fin de cuentas siempre son los mismos jugadores, niño.
A su lado estaba McNair, Jugson y Gibbon, ninguno llevaba máscara y tenían todo el aspecto de haber recibido varias maldiciones.
Jugson movió la varita como si fuese un látigo, pero Morgana la asió de un lado al otro — como si trazara un rayo — y le arrojó un árbol de más de tres metros encima. Entonces McNair realizó un rombo con movimientos filosos y Harry creó un escudo de viento alrededor de ellos.
Gibbon mientras tanto intentó rescatar a Jugson de debajo del árbol, sin embargo un hechizo proveniente de la batalla lo dejó inconciente en el suelo.
Esquivando la batalla se adentraron en la cocina de la gran mansión, pero Yaxley les lanzó una maldición lo suficientemente fuerte como para hacerlos volar dando con la espalda contra la pared. Rosier los vio y movió su varita como si fuese un látigo.
— ¡Expulso! — gritó Harry y el sofá de una pieza le dio al mortífago en la espalda, provocando un agujero al chocar su maldición desviada contra la pared.
Se pusieron de pie y escucharon gritos provenientes desde la puerta; alguien lanzó el hechizo zancadillas y lo próximo en oírse fue un golpe seco.
— ¡Desmaius! — conjuró Hermione y apareció en la cocina con el pelo revuelto, sangre en la comisura de la boca y Draco Malfoy a sus espaldas. — Selwyn… sólo era él.
Harry saludó a Draco con un movimiento de cabeza y examinó preocupadamente a Hermione.
— Si, lo sé, con Morgana nos hemos cruzado con Yaxley y Rosier al entrar, probablemente nos encontremos con otros en las escaleras. ¿De veras no quieres regresar, Hermione?
La muchacha negó con la cabeza.
— He perdido a Ron, Harry.
— Yo lo he visto, estaba junto a Lovegood — afirmó Draco. — Debemos apurarnos, Blaise ha sido llevado al cuartel y Theodore es uno de los mortífagos que están en el segundo piso. No tengo idea dónde se ha metido Paul, pero debe estar por aquí.
Morgana se aproximó a las escaleras y movió la varita de un lado al otro.
— Aquí hay al menos cuatro personas — susurró — Draco, será mejor que tú vayas primero.
El muchacho asintió y subió el primer tramo de peldaños — perdiéndose de vista — y al instante llegaron reflejos verdes por ambos lados. Hermione gritó y corrió a subir las escaleras pero Morgana la cogió por el brazo y negó con la cabeza.
— Él sabe lo que hace — musitó.
— ¿Qué ha ocurrido, Draco, te follas sangre sucias ahora? — rió un hombre y un golpe seco le continuó — siempre me he preguntado qué se siente, si asco o morbosidad.
— No sabes de lo que te pierdes, Crabbe. — contestó Draco arrastrando las palabras.
El mortífago rió nuevamente pero un hechizo lo alcanzó, haciéndolo caer por la escalera.
Tanto Morgana, como Harry y Hermione, esquivaron el cuerpo de Crabbe y subieron las escaleras. Draco peleaba contra un mortífago robusto y Theodore se encargaba de otro. Harry apuntó a un hombre que abrió la boca para maldecirle y lo petrificó. Entonces una onda expansiva salió de una de las manos de Draco y lo dos mortífagos enmascarados cayeron al suelo, con el cuerpo inerte.
— ¿Los has… Acaso tú…?
— Si no lo hacía ellos matarían a otro, Hermione. — le cortó Draco — ¿Dónde demonios está Pansy?
Una voz desde la escalera los puso en guardia.
— Llevo siendo un maldito escudo humano, Draco, no jodas — dijo la aludida y luego mira a Hermione — Sigues viva.
— No sin esfuerzo.
— ¿Dónde está Voldemort, Theodore? — preguntó Harry.
El muchacho terminó de curarse una herida en el abdomen.
— En la última puerta del corredor, lo mejor será destruir la entrada y no darle tiempo a nada, se espera algo así.
— De acuerdo, ustedes esperen aquí, yo iré por él.
Draco resopló y puso los ojos en blanco.
— Theo y Paul, mantengan a los mortífagos lejos, si es necesario mátenlos. Pansy y Hermione quédense por aquí, en medio del corredor. Con Potter y Morgana entraremos a la habitación, el primero que tenga oportunidad de hacerse con Nagini lo hará, luego Potter se encargará de matar a Voldemort.
— Yo iré, Draco, ni te gastes. — aseguró Hermione.
— Te odio, Granger — musitó Pansy y se puso a su lado, era presa de sus propias decisiones, no dejaría a Hermione sola.
Harry cogió la varita con decisión y encomendándose a los dioses, lanzó un hechizo bombarda a la puerta.
La puerta voló en cientos de pedazos y por reflejo se protegió con un movimiento de su varita.
Harry Potter, después de todo, apareció en la habitación y le enfrentó. Detrás de él se colaron la legendaria hechicera Morgana, su antiguo mortífago predilecto, la asquerosa sangre sucia — probablemente embarazada — y otro mortífago desertor, Parkinson.
— ¿Miedo, Harry? — se mofó, aunque dentro bullía de expectación y deseo por el tan ansiado triunfo.
El muchacho se encogió de hombros.
— Ninguno de los dos podrá vivir mientras el otro siga con vida ¿a eso se reduce todo, verdad Tom? — le contestó y se atrevió a utilizar su vulgar nombre muggle, pero hacía muchos año Tom Riddle había muerto para darle lugar a Lord Voldemot.
— Al final serás tú quien muera para que yo pueda vivir — le aseguró.
— No lo ponemos en duda, Lord — habló Morgana — sólo hemos venido aquí para ver cuanto tiempo su serpiente puede vivir, siendo nosotros quien queramos destruirla.
Draco estiró las manos y arrancó un sonido atronador del escudo de Voldemort.
— ¡Cómo te atreves! — le espetó el mago más tenebroso de todos los tiempos — ¡Te he enseñado todo lo que sabes!
El muchacho esbozó su sonrisa más vacía.
— Te habría servido con mi vida, si no hubieras asesinado a mi padre. Te rogué por él, pero tú no quisiste oír.
Draco volvió a atacarle y esta vez el escudo se resquebrajó. Harry le buscó entre la neblina que provocó el maleficio de Malfoy pero algo le golpeó de lleno en el pecho. Los ojos de Voldemort refulgían de odio, mientras Nagini se movía excitada en sus protectores hombros.
Morgana detuvo la neblina y Draco apartó el cuerpo de Harry del camino de su antiguo señor, enfrentándole.
La varita de Voldemort se movió en círculos y una fuerte ráfaga de viento poseyó la habitación; Hermione creó un escudo lo suficientemente fuerte como para abarcar a Pansy; Harry movió la varita adhiriéndose a la superficie y Draco finalizó el maleficio a fuerza de otro.
La hechicera que descansó por cien años se lanzó hacia Nagini, y al mismo tiempo que Harry intentó desarmar a Voldemort, de un momento a otro el mago tenebroso los hizo volar con fuerza para dar contra el muro opuesto. Ya sólo quedaban cerca Draco, Hermione y Pansy. Mientras el primero reemplazaba a Harry luchando a muerte contra Voldemort, Hermione notó que era su momento. Sin pensarlo un momento más, se lanzó contra Nagini, pero Voldemort le vio y fue entonces cuando muchas cosas ocurrieron al mismo tiempo.
Pansy cubrió el valioso cuerpo de Hermione con un hechizo tan potente que al enfrentarse contra el ataque de Voldemort el suelo se resquebrajó. Ron apareció en medio de la habitación y desarmó a Voldemort. Harry se puso de pie y le lanzó una maldición asesina al señor de las tinieblas. El hechizo de Hermione dio en medio del cuerpo de Nagini, partiéndola a la mitad.
Fuera, en los terrenos, la encarnizada lucha se detuvo tan sólo un momento, cuando el grito de furia de Lord Voldemort les llegó a los oídos y una luz blanca cegadora salió disparada por cada una de las ventanas superiores del ala este de la mansión. La mitad del cuerpo de Nagini, la legendaria serpiente del señor tenebroso, voló desde el tercer piso, con la enorme y fea cabeza girando sobre sí misma.
"La historia se escribe y desarrolla con el comportamiento humano. Sin el hombre no habría historia."
El cuerpo de Voldemort cayó si vida donde su padre y abuelos conocieron la muerte.
Harry Potter experimentó la libertad y pudo llorar a sus padres en ese mismo momento, sintiendo que de alguna manera u otra, volvía a tenerlos junto a él, cuidándole las espaldas.
Los muertos fueron muchos, probablemente esa misma noche los merodeadores, acompañados por Lily Evans y Nhympadora Tonks, volvieron a verse las caras, después de tantas lágrimas, después de tanto dolor.
Ginny Weasley lloró y su corazón se rompió como el de su madre lo hizo en algún momento, al ver a Percy sin vida.
Theodore Nott cerró los ojos de su padre y le dio la espalda a los recuerdos, sabiendo que él se lo merecía. La mano de Luna lo acompaño en todo momento, aunque ella también sufriera por las perdidas, por Firenze, por los Weasley, por los Creevey y por tantos otros que ese día dieron su vida a favor de una buena causa.
Si, una buena causa.
Pues bien, eso ha sido todo. A lo mejor - creo estar 100% en lo cierto - tenga fallas de narración y algunos dedazos, créanme que lo he releído hasta el cansancio, pero si corrigiese todo lo que le encuentro tendría que rehacer el capítulo y eso no ocurrirá.
Como siempre, aún queda el epílogo. A decir verdad el cierre de la historia fue el tercer capítulo que escribí y por esos entonces no había salido DH, con lo cual imagínense la sorpresa que me llevé al leer un epílogo muy parecido al mío, razón por la cual tendré que inventarme otro que deje la misma moraleja, con las mismas ideas, pero en otro escenario.
Los quiero, y hasta el absoluto final de La Espía.
Mel.
