¡Oh vamos, amigo! ¿Qué demonios te está pasando?

El ruido de las olas rompiendo en la orilla y el de los borrachos gritando quién sabe qué cosas, hacían imposible el simple hecho de entenderse con la persona que tenías en frente.

Tortuga era una isla pirata y donde se encontraba la taberna, en la cual habían, sentados en una mesa aparte de la multitud, dos jóvenes piratas. El primero, un chico de unos 14 años, moreno, cabello castaño y ojos rojizos trataba de convencer a su amigo, un joven de 15 años, pelinegro y lacio hasta los hombros, con un par de ojos dorados, de que debían quedarse unos días mas.

-Vamos, Shun – decía el castaño – La tripulación necesita descansar y tú también.

-No lo entiendes Dan – exclamó el pelinegro poniéndose de pie bruscamente.

-No creí que fueras a alterarte tanto por una chica de la que ni te acuerdas el nombre.

Shun volvió a sentarse en su silla y miró el dije que tenía al cuello: era de plata y tenía la forma de una luna delgada, en la que en el medio de la curva llevaba un sol. Un diamante de color violeta, con el símbolo Darkus adornando la joya. El joven sintió una punzada en el peco al recordar cómo había obtenido el objeto.

-Dijiste que no te habías enamorado de ella – le dijo Dan en tono serio a percatarse del cambio de humor de su amigo.

Shun bajó la mirada. Odiaba admitirlo, pero era probable que el castaño tuviera razón, pero... ¿Cómo saber lo que sentías hace 5 años por alguien que casi no recuerdas? Ni siquiera él sabía la respuesta. Ambos se quedaron en silencio, Dan mirando al moreno y éste seguía observando el dije.

-Tú ganas – suspiró el chico poniéndose de pie – Vamos al barco, tenemos que descansar.

El susodicho asintió y ambos tomaron camino al navío.

-Capitán Shun, oficial Dan – les reconoció una chica joven de cabello y ojos azules. Traía puestos un pañuelo en su pelo, un saco azul oscuro abrochado desde la cintura al escote, pantalón celeste claro y botas de cuero.

-Lena – saludó Dan con una sonrisa - ¿Toda la tripulación está a bordo?

-Así es, estamos listos para zarpar en cuanto el capitán lo ordene.

-Oficial Kuso – dijo Shun dirigiéndose formalmente a Dan – ordene a la tripulación reunirse en cubierta.

-Como usted mande, capitán – respondió el castaño subiéndose al navío seguido de Lena.

Shun se quedó donde estaba, observándole cielo estrellado. Sin siquiera pensarlo, de manera inconsciente, llevó su mano al dije. "Me pregunto... ¿Dónde estarás, si todavía recuerdas la promesa, o el paso del tiempo me condenó a ser borrado de tu memoria...?" se decía a si mismo.

-Al parecer Dan tenía razón – dijo un Bakugan Ventus saliendo del bolsillo de la chaqueta del joven.

-Ay no, ¿tú también Skyress? – exclamó el muchacho – ya lo dije, no me enamoré de ella. Lo que dice Dan son puras tonterías.

Skyress miró a su compañero humano durante largo tiempo. Tenía la cabeza gacha y sus ojos una mirada perdida. "Se nota que conocerla te afectó" se dijo a si misma "Pero negarlo sólo empeorará lo mal que te sientes"

-Vamos, la tripulación ya debe estar reunida – comentó el moreno tomando a su Bakugan y subiendo a la cubierta de un salto.

En el navío, todos estaban atentos a lo que el capitán Shun Kazami ordenara.

-Compañeros piratas – comenzó el ojidorado – creo que he sido muy egoísta con todos vosotros. Así que les daré a elegir entre quedarse unos días a descansar y recomponeros, o salir a mar abierto esta misma noche. Esa decisión la dejo en vuestras manos. Cuando la habéis tomado, avisadme, estaré en mi camarote.

Ok. Eso tomó con la guardia baja a la mayor parte de la tripulación. No era normal que el joven líder de la embarcación estuviera "indeciso" sobre qué acción tomar. Ada pirata, incluidos Dan y Lena, que conocían al muchacho desde hace años, lo miraban con los ojos como platos y la boca abierta de par en par. Ambos cruzaron miradas preguntándose el porqué del repentino cambio de Shun.

-Capitán Kazami – dijo el oficial dan luego de una larga hora de debata – ya tenemos una decisión - El joven salió de su camarote con expresión seria.

-Mi señor- exclamó un marino entre la multitud. Vestía un saco largo de color verde, una camisa blanca, pantalones verde oscuro y botas negras. Su pelo, un poco largo hasta los hombros, tenía un color rojizo en las puntas. Sus ojos violetas tenían la profundidad típica de un poetista – Tengo una idea que podría ser de vuestro agrado.

-te escucho, Jesé – dijo el moreno.

-La familia real de Inglaterra dará una fiesta dentro de unos cuantos días, y propongo hacer algo diferente. ¿Por qué en vez de saquearlos fingimos ser de la alta sociedad y "jugamos2 a ser como ellos?

-Sabes que es una de las mas brillantes ideas que has tenido, Jesé – exclamó el oficial Cid, muy amigo de Dan.

-Pasearnos frente a sus narices sin que descubran que somos piratas. Les demostraremos a esos imbéciles que no son mejores que nosotros – dijo Rubanoid, el Bakugan Pyrus de Cid.

-¿todos están de acuerdo? – preguntó el capitán.

-¡SI! – bramó la tripulación entusiasmada.

-Oficial Kuso – el susodicho volteó- Proceda para zarpar.

Al cabo de pocos minutos el navío ya estaba de nuevo en mar abierto

/4 dias después/

-¡¿QUÉ!- gritó un chico moreno en una cámara ubicada debajo de los camarotes - ¿Cómo que no hay mas comida?

-¡Pues habría mas comida si tu no te la hubieras devorado, Dan! – le gritó una chica rubia bastante molesta.

-no e mi culpa el que siempre tenga hambre, Kazarina – dijo el castaño cruzándose de brazos y sacando trompa.

-Eres imposible – murmuró ella apretando los dientes.

-¿Otra vez ustedes dos peleando? – preguntó una vos que provenía de las escaleras.

-Kazarina no quiere darme de comer, Nurzak – dijo dan con ojos de cachorrito y voz de nene pequeño.

-¡¿EN 4 DÍAS TE COMISTE LA COMIDA DE 20 Y AÚN TIENES HAMBRE? – gritó la rubia sorprendida y molesta, mientras le dirigía una mirada asesina al joven pirata.

-¡Nurzak! ¿A qué se debe tanto escándalo? – se oyó a sus espaldas.

-Eh... quizás seas mejor que lo vea usted mismo, señor – dijo el susodicho, que aún no salía de su asombro por lo que acababa de escuchar con respecto a las provisiones.

-Y bien ¿qué ocurre aquí? – preguntó un oficial al pie de la escalera.

-Ya no quedan provisiones – dijo Kazarina.

-¿Y se puede saber por qué?

Kazarina y Nurzak miraron fijamente a Dan, mientras que este agachaba la cabeza.

-Mi culpa- musitó el castaño mientras levantaba la mano y no despegaba los ojos del piso.

El oficial suspiró "¿qué vamos a hacer contigo?" - ¿Podrían dejarnos solos un momento?

-Por supuesto, oficial Marucho.

Cuando ambos estuvieron solos, el rubio se acercó a Dan.

-¿¡COMO QUE TE COMISTE TODAS LAS PROVISIONES? – exclamó.

-ES QUE NO PUDE RESISTIRLO – dijo Dan con la mirada suplicante.

-Sabes, hay un arrecife cerca, ¿por qué no tomas una caña y te pones pescar?.

-¿Qué? – dijo el castaño – Amigo soy pésimo pescando.

-Pues no hay de otra – dijo rotundamente el pequeño rubio – Debes recuperar las provisiones perdidas.

-JAJAJAJAJAJA- una risotada femenina hizo que los dos chicos pegaran un brinco.

-¿Quién esta ahí? – exclamó Dan tratando de disimular el susto.

-Tranquilos chicos – dijo una joven de pelo corto y naranja, y ojos azules, que salía de su escondite con las manos en alto – Soy yo, Mira.

-Mas vale que no vuelvas a hacer eso, nos asustaste! – dijo Marucho, el cual se había caído al piso.

-Lo siento – se disculpó – Es que es divertido ver sus pleitos, jaja.

Los chicos fulminaron con la mirada a la chica.

-Bueno... ¿Entonces qué van a hacer? – inquirió ella tratando de alivianar el ambiente.

-Dan irá de pesca – de manera rotunda, Marucho le extendió una caña de pescar al susodicho.

En medio de pucheros de Dan y risas de Mira, el moreno finalmente se resignó a a tomar la caña y subir a la cubierta.

-esta será la tortura medieval para el – murmuró la pelirroja.

-Y eso que Dan tiene poca paciencia – dijo el rubio, y ambos subieron. Al llegar, el grito de Kazarina los hizo ponerse en alerta.

-¿¡Qué se supone que estás haciendo ahí? ¿¡Acaso quieres matarte?

-¿¡Qué? – preguntó a su vez el joven volteándose. El chico estaba sentado con los pies fuera del barco.

-Dan, baja de ahí, no pienso comenzar el día la mentando la baja de mi primer oficial – a lo que todo el mundo volteó la vista.

-¿Shun? – preguntó Marucho - ¿qué fue lo que te pasó?.

Shun hizo caso omiso de las miradas que se clavaban en el. No podía culpar su interés, ya que estaba sumamente pálido y tenía unas alarmantes sombras moradas debajo del ámbar de sus ojos. Caminó en silencio con la mirada perdida, y de un salto ágil se subió al mástil, para quedarse sentado en el palo de sostenía la vela mayor.

-¿Qué mosca le picó? – preguntó un chico rubio sentado en una escalera.

-No lo se, Keith – dijo Marucho triste – A estado así desde ayer.

Keith miró a su capitán, quien seguía sentado sobre la vela y no mostraba signos de querer bajar. "¿Qué te sucede, Shun?" pensó "Jamás te he visto actuar de esa manera".

-¡Picó! – gritó Dan tirando de la caña y sacando de sus pensamientos a todos - ¡Picó uno!

Toda la tripulación jaló al chico para que el enorme pez, que sería su comida, no se escapara. Estuvieron largo rato forcejeando hasta que la criatura saltó a la cubierta del barco.

-¡Aaaaahhhhh!- gritó el moreno cuando vio al descomunal tiburón que tenía a sus pies. El animal se retorcía con violencia, ansioso de poder regresar al agua.

-¡Vamos, no se queden ahí parados! – gritó Mira que , ayudada por Kazarina, ataron al pez gigante de manera tal que el animal no pudo moverse. Keith y Lena lograron vendarle los ojos para calmarlo.

-¡¿Dónde demonios esta Dan? – exclamó Marucho desesperado.

-¡Aquí estoy! – escucharon al castaño mientras un haz de luz caía sobre el tiburón. Todos cerraron los ojos y sintieron una cálida lluvia en la piel. Cuando los abrieron, se dieron cuenta de que el animal yacía muerto en el piso de la cubierta. Dan estaba agachado sobre el, con su espada sonriendo y jadeando pesadamente, con su espada atravesando de lado a lado el cuello de la bestia.

-Una excelente pesca ¿no creen? – dijo el castaño con una sonrisa y jadeando pesadamente conservando la misma posición, a lo que todos respondieron con una risa ahogada.

-Si Dan hace algo, lo hace a lo grande- comentó un chico de cabello azul y ojos verdes detrás del pirata.

-Bah, pura palabrería, Gus – dijo Dan sonrojado y encogiéndose de hombros – Sólo lo hice porque tenía hambre.

Ante esta afirmación tan típica de el, toda la tripulación rió al unísono.

-Ten – dijo Keith extendiéndole un retazo de tela – Límpiate la sangre y deja que Lena y Kazarina se encarguen de la pesca.

El castaño tomó la tela y se limpió el líquido rojo que bañaba su cabeza y teñía sus manos. También limpió su espada, devolviéndole el brillo que tenía, similar al de un diamante expuesto a la luz.

Sin que nadie se diera cuenta, un par de ojos dorados habían contemplado la escena que sucedía a los pies de su portador.

-Responde mi pregunta, Shun – exclamó Skyress bastante molesta por el silencio de su compañero - ¿Por qué no dormiste?

Shun se volvió lentamente y clavó la mirada en su Bakugan. Lo que Skyress vio en el ámbar de sus ojos la asustó. El rostro del moreno no mostraba emoción alguna, pero sus ojos hablaban por si solos. Una profunda tristeza se había apoderado de ellos, y un dolor lacerante les había borrado todo rastro de luz, transformando aquel oro líquido en azúcar quemada y ennegrecida. El Bakugan conocía muy bien esa mirada, y no auguraba nada bueno.

-¿Volviste a soñar con ellos, verdad? – le preguntó, a lo que el solo contestó agachando la cabeza – Se lo que tu familia representó para ti, y te comprendo. Por favor perdóname, no era mi intención que revivas recuerdos tan dolorosos.

Shun no dijo nada. Siempre se había dicho que era mejor olvidar todo aquello, pero en sus sueños recordaba los últimos momentos antes de que el mar se tragaba el barco, y con el la vida de sus padres, dejándolo huérfano. Una lágrima salió de sus ojos cuando su mente evocó tal recuerdo, tan doloroso como un puñal desgarrándole lentamente el pecho.

El mástil comenzó a moverse de forma violenta, sacando al chico de su trance.

-¡Oficial Kuzo! – gritó el pirata - ¿Qué ha ocurrido?

-¡Te dije que no metieras mano, Jesse! – exclamó una voz desde dentro del camarote que estaba en cubierta.

-¿Gus? – preguntó Keith abriendo la puerta y llenándose la cara de humo. Un par de chicos con sus ropas completamente quemadas, al igual que el rostro, y con los pelos en punta, salieron caminando como borrachos mientras eran escoltados por una nube negra.

-¿Puedo saber que es lo que hicieron? – les preguntó Shun bajando del mástil.

-Jesse mezcló algo que no debía mezclar – dijo Gus lanzándole una mirada asesina al rubio.

El capitán suspiró resignado y, acercándose a Keith, le dijo – "Te advertí que este par no se llevaría bien" – a lo que el chico solo se encogió de hombros y sonrió.

-Valla – murmuró Mira , observando a los dos chamuscados – Si que son como el agua y el aceite.

-¡Capitán! – se escuchó desde el área del timón - ¡Tierra a la vista!

Ante esta afirmación, se voltearon a uno de los costados de la nave, donde se dejaba ver un pequeño espacio de tierra blanca. Todos concordaron que era una isla bastante remota y virgen, por lo que se sintieron seguros. Bueno, todos... salvo algunos.

-¿Qué sucede Lumakroun? – dijo Kazarina cuando su compañero Bakugan saltó a su hombro.

-Nada, mi señora, estoy bien – contestó el Bakugan Haos, tratando de ocultar su asombro.

-¿Todo en orden, Kazarina? – preguntó Shun, quien se había percatado de esa pequeña charla.

-Conmigo todo en orden – tomó a su Bakugan y lo sostuvo a la altura de sus ojos – Pero Lumakroun oculta algo.

-¡Yo no oculto nada! – exclamó el susodicho con un gracioso enfado – Sólo quería asegurarme de que mis ojos no me engañaran.

-Habla claro, por favor – pidió Drago Pyrus, el Bakugan de Dan acercándose a la escena.

-Observen – dijo el Haos, girándose a ver a la playa – Tendremos compañía al llegar a la costa, y me temo que no será grata.

En efecto, en el lado Esta de la isla se encontraba otra nave, con un símbolo bien raro en su vela principal. Dan, Shun y Kazarina se miraron entre sí. Los tres tenían el mismo plan en mente y asintieron al unísono.

-Tripulación – llamó el moreno – Tomen sus armar y mantengan sus ojos abiertos al llegar a tierra.

Todos obedecieron, menos Lena y Mira.

-¿No crees que se están comportando de manera extraña? – preguntó Mira a la peliceleste – Digo, todos los piratas de estos mares nos tienen absoluto respeto ¿Verdad?.

-no lo sé – contestó ella – Pero es muy raro que nos hagan desembarcar armados. Sabemos que algo malo para Shun Kazami es malo para todos.

Luego de unos minutos ya estaban en la playa.

-Estén alerta, hay bandidos aquí – les advirtió Dan.

La tripulación avanzó con cautela, atravesando el denso bosque. Shun iba a la cabeza, ya que sus habilidades ninja le permitía percibir la mas mínima alteración a su alrededor, y prevenir de ese modo a sus compañeros. Le seguía Lena, con una mano cerca de la pistola que llevaba atada al cinturón. Luego iba Cid, que tomaba firmemente la empuñadura de su espada. Jesse iba detrás, leyendo su libro. Aunque la verdad es muy distinta. El rubio observaba su alrededor de una manera muy peculiar. Aunque no tuviera entrenamiento ninja, los años como agente secreto encubierto como un guardaespaldas le enseñaron a no confiar en sus ojos, sino el resto de sus sentidos. El libro que llevaba en sus manos ocultaba entre sus páginas delgadas cuchillas, filosas con colmillo de tiburón, listas para ser lanzadas de ser necesario. Detrás de él, iba el oficial Marucho, en cuyos antebrazos tenía puestos unos extraños brazaletes que el mismo había creado. Según su explicación, eran unas mini ballestas, que lanzaban proyectiles con forma de hojas de eucalipto, diseñadas para alcanzar rápidamente a su objetivo, sin romper la barrera del sonido, lo que las hacía indetectables antes de la colisión. Pisándole los talones estaba Kazarina. Siempre atenta, sus ojos púrpuras examinaban cada palmo del bosque. Colgando de su faja, un látigo lucía púas plateadas en su extremo y era, sin dudas, su arma predilecta. Keith les seguía de cerca, y por si ocurría algo, dos dagas saldrían de sus mangas hasta sus manos. Su hermana Mira se pegó a el, armada con un arco y flechas, lista para atacar. Gus y Nurzak los seguían calmados, cada uno con un bastón, el cual al presionar una saliente, dejaba ver mortales cuchillas a sus extremos. Cubriendo la retaguardia estaba Dan, con ambas espadas fuera de sus fundas.

Caminaron varios kilómetros hasta dar con un claro, donde se detuvieron. Casi de inmediato, otro grupo apareció por el lado opuesto. Su líder tenía el pelo blanco y ojos dorados, vestido con un traje azul oscuro bastante ceñido. A su lado, un chico de 14 años hacía acto de presencia. Tenía cabello castaño y desprolijo, con un traje en diferentes tonos de azul bastante elegante. Sus ojos café observaba con detenimiento el grupo que tenía en frente.

Curiosamente, el resto de los presentes traía puestas unas capas negras que ocultaban sus rostros, y se sujetaban con unos broches que tenían el mismo símbolo de la nave en la orilla.

-Shun Kazami – dijo el chico albino, y añadió con una sonrisa burlona – Que grata sorpresa el volver a reunirnos en una isla virgen después de tantos años.

Conteniendo la ira que amenazaba con desbordarlo, no iba a permitir que ese tipo manejara la situación, así que sólo contestó con un gruñido

-Anubias...

Continuará...

Antígona: Bueno... eh aquí el segundo cap de mi primer fic. Corrección, de "nuestro" primer fic.

Zinger: mas te valía tomarme en cuenta, por que sino... (cara de maniático)

Antígona: (con una gota en la cabeza) no tienes que decir mas nada. En fin es nuestra primera historia, y ya tenemos escritos otros 4 capitulos, solo me falta copiarlos del cuaderno a la máquina. ¡Xfa! Dejen Reviews, aceptamos todo tipo de comentarios. Y una aclaración: ni Bakugan ni sus personajes me pertenecen, solo los uso para alimentar nuestra mente y ofrecer algo de entretenimiento.

Zinger: nos vemos en el proximo capi!