-¡Dan! ¡Volviste a comerte toda la comida! - gritó Kazarina al descubrir la despensa tan desierta como el Sahara en el verano - Juro que te mataré - en una esquina un culpable castaño se encogía ante las palabras de la joven

-¿Que dijiste? - Preguntó Antígona, quien pasaba por ahí y alcanzó a escuchar algo de lo que decían.

-Dije que Dan se comió toda la comida - repitió la rubia mirando de manera asesina al castaño.

La joven morena suspiró para luego sonreír con naturalidad. Ya había vivido algo parecido con Zinger cuando eran niños y el Aquos no podía resistirse a comer lo primero que tuviera cerca.

-¿Por qué no buscas a mi hermano, Dan? - propuso - Necesita ayuda con el timón. Ve, Kazarina y yo nos encargaremos de la comida.

-Ajá - dijo antes de desaparecer por la puerta como alma que lleva el diablo

-Revisé todo - le dijo la peleadora Haos cuando el castaño se fue - No ha quedado nada.

-Eso lo dudo - dijo la Darkus, corriendo un mueble y revelando una puerta secreta- Tal parece que los guardianes sospecharon que algo así pasaría, así que hicieron esto.

Abrió la puerta, y dejo ver una enorme cantidad de comida, alegrando a la rubia.

-Es una verdadera suerte - dijo - Bien, voy a preparar algo.

-¿Te ayudo? - pregunto Antígona, deseosa de hacer algo que no fuera vagar por los corredores sin rumbo aparente

-¿Sabes hacerlo? - la desafió entregándole un cuchillo de carne y una zanahoria para que rebane.

La joven tomo el cuchillo y el vegetal, y con precisión de experta cortó en cubitos diminutos toda la raíz en cuestión de segundos

-Como que sé dominar una espada - dijo ante la mirada sorprendida de Kazarina.

-Al fin alguien que sabe cocinar - dijo mientras traía otros alimentos y los preparaba.

-Disculpen - Barodius había entrado de imprevisto a la cocina - Antígona, Jesse quiere verte.

-¿Jesse? - preguntó la morena con un leve sonrojo - ¿dónde está?

-En la biblioteca - dijo el ojiverde.

-¿No te importa Kazarina? - pregunto a la rubia.

-Anda - dijo - De seguro que será importante.

Antígona se retiró de la cocina, sin antes guiñarle discretamente el ojo a Kazarina y señalando a Barodius, quien sonrojada solo atinó a desviar la mirada.

-Nunca pensé que al venir a Inglaterra me vería sumido en una aventura como esta - dijo el emperador sentándose frente a la mesa donde la pirata estaba cocinando.

-Tampoco nosotros – contestó la rubia con una sonrisa – Este viaje comenzó como una mera diversión para ver si éramos capaces de actuar como la realeza. Y ahora míranos: dentro de un submarino y persiguiendo a una tripulación que quiere dominar el mundo.

Se quedaron en un silencio algo incómodo luego de que la joven terminara de hablar, hasta que Barodius decidió volver a dirigirle la palabra.

-Y… dime… - comenzó – cómo es que te volviste pirata.

La muchacha se sorprendió un poco por la inesperada pregunta del emperador, pero aún así decidió contestar.

-Toda mi familia es pirata – dijo – no conozco lo que es vivir tranquilamente en un punto fijo como una casa. Nací y me crié en el mar, así que éste es mi único hogar.

-¿no te imaginas casada, con hijos y un bonito terreno? – preguntó, extrañándose a si mismo no solo por la inusual pregunta, sino porque al imaginarla él en tal situación, la veía a ella sentada junto a él en el trono.

-Este… - dijo ella nerviosa, porque se imaginó a Barodius como su esposo – No lo creo. Mi vida está aquí en un navío, y no creo poder sobrevivir estando encerrada de por vida.

-Entiendo – dijo el ojiverde un poco desilusionado.

-Debe ser difícil saber que la persona que amas está lejos de ti, en un lugar que podría hacerle mucho daño – comentó la rubia sintiéndose un poco molesta y dolida.

-Me confundes con otro – dijo el pelilila – Yo nunca me he enamorado.

-¿Pero y la condesa Makimoto? – preguntó Kazarina extrañada.

-¿Julie? Es solo una amiga – un alivio recorrió a la joven – Sin embargo, ella es una de mis mejores amigas, y claro que estoy preocupado por su seguridad.

-Eso imaginé ¿Me podrías alcanzar la caja que esta en el armario? – pidió.

Barodius caminó hasta el armario, y cuando se disponía a tomar una de las cajas, decidió llamar a la pirata.

-Oye, Kazarina… - llamó el emperador.

-¿Pasa algo? – contestó.

-Me dijiste que querías una de las cajas del armario ¿ciento?

-Si

-¿Me podrías decir cual de todas?

-¿Por qué me lo preguntas? – dijo la rubia llegando al lado de Barodius.

-Por eso – señaló el chico al interior del armario, donde se podían ver cientos y cientos de cajas del mismo tamaño y empaquetadas de la misma forma.

-Waw – dijo la joven – eso es mucha comida.

-Podríamos alimentar a un ejército con todo esto – comentó el ojiverde.

-Menos mal que es mucho – dijo ella tomando la caja que estaba por tomar el joven antes de llamarla – Así no podremos decir que nos quedamos sin comida por culpa del estómago de Dan.

-¿Por el capitán? – preguntó él.

-Ajá – contestó – no tengo idea de cómo lo hace, pero antes de que llegáramos se comió la comida de 20 días en solo 4.

-No mientas – dijo entre asombrado y divertido.

-No miento – replicó sacando la comida de la caja – Parece que siempre estuviera muerto de hambre.

-Siempre creí que moriría de viejo y por una enfermedad. Pero ahora creo que si muero, será por desnutrición si Dan llega a descubrir este armario.

-Roguemos por que no lo encuentre Jajajaja.

/Con Jesse, en la biblioteca/

-Menudo giro a tomado nuestro viaje – comentó Phliteon, pero se quedó callado al ver la seriedad y concentración de su compañero - ¿Te ocurre algo Jesse?

-¿Eh? – El aludido fue sacado de sus pensamientos; se encontraba leyendo un libro de poesías – Si estoy bien, solo pensaba en algo.

-¿En algo? – Preguntó el bakugan - ¿O en alguien?

-¿Eh? ¿C-cómo crees? Yo solo pienso en como ayudar a los hermanos Greenwood, nada mas – dijo el rubio, hablando atropelladamente, con la cara roja y nervioso hasta la médula.

-Si, claro, lo que tú digas Jesse – dijo el bakugan ventus – Estoy seguro que te mueres por ayudar a la señorita Greenwood, jeje.

-Tu… – exclamó el peleador, señalándolo acusadoramente, con un deje de enojo en su voz que lo hacía sonar gracioso.

"Toc-toc-toc"

-¿Puedo pasar? – preguntó Antígona desde el otro lado de la puerta.

-Este… eh… si pasa… - dijo el pirata con el pulso acelerado.

-¡Si! Para que pueda decirte lo mucho que me gus.

-¡Tú cállate! - lo tomó el rubio antes de que pudiera terminar, y lo metió en el bolsillo de su chaqueta justo cuando la morena entraba en la biblioteca.

-Perdón si interrumpí una plática privada con tu compañero – se excusó la joven – No quisiera ser una molestia.

-Al contrario – dijo el pirata, ofreciéndole una silla y sentándose sobre la mesa, delante de ella – Me agrada tu compañía.

-Gracias – dijo ella sonrojada, y luego reparó en el libro semiabierto sobre el escritorio. Se levantó, y seguida de Jesse, tomó el libro entre sus manos y leyó para sí una de las poesías marcadas por el ojivioleta.

-¿Te gusta la poesía? – preguntó Antígona mirando el escrito.

-Es una de mis pasiones – contestó – Entenderé si lo consideras algo aburrido para este ambiente.

-¿Cómo crees? – Contestó con una sonrisa – creo que la poesía es lago hermoso. Una especie de camino por el cual las emociones pueden salir a la luz en su forma natural.

-Bellos pensamientos para una bella mujer – dijo Jesse, haciendo alarde de toda la buena educación que recibió estando al servicio de su nación.

-Tu cortesía no es propia de un pirata – observó la joven – O quizás he escuchado demasiadas cosas negativas de ellos en estos últimos años.

-Trabajé como agente encubierto hace algunos años – confesó – la guerra civil en mi país nos hizo un arma muy valiosa en aquellos tiempos.

-La información es un arma peligrosa – dijo Antígona con un semblante serio – Y en este caso, información es lo que nos falta.

-Quisiera ayudar – dijo Jesse, tomando sin pensarlo la mano de la ojimarrón, pero sin arrepentirse al darse cuanta de su acto.

-El que nos hayan acompañado en esta misión ya es ayuda suficiente.

Ambos se quedaron mirando a los ojos durante algunos minutos. Para sorpresa de ambos, el silencio reinante en la biblioteca no era incómodo, sino reconfortante y pacífico. Hubieran seguido así por mucho rato, de no ser porque se empezaron a escuchar gritó agudos desde los pasillos.

/Con Zinger, en el timón/

-Me estoy aburriendo como hongo – dijo el castaño sentándose al revés en la silla giratoria (N/A: vaya tecnología jeje / Zinger: se nota que no sigues la línea cronológica con respecto a los avances tecnológicos ¬¬), de modo que su pecho golpeara el respaldo de esta. Como si fuera un niño chiquito, utilizó sus pies para empezar a dar vueltas y vueltas y vueltas.

-Zinger, si sigues así vas a terminar vomitando – lo reprendió Bladeword saliendo de la camisa del pirata.

-Zinger ¿Estás aquí? – preguntó Dan entrando de sopetón a la cabina - ¡Qué divertido! ¿Puedo hacerlo?

-Aaaahhh, bueno – dijo el chico levantándose de la silla, dejando que el castaño se sentara y comenzara a girar.

-Wwiiii, esto es divertido jeje – dijo Dan, haciendo la cabeza para atrás.

-Solo te pido que no ensucies la alfombra ¿Vale? – le dijo el joven, revisando las pantallas y asegurándose que todo estuviera en orden.

-No te preocupes Zinger – contestó el otro, aún girando.

El Aquos rió por lo bajo al ver la actitud infantil del Phyrus, quien de un momento a otro, se puso un poco verde y amenazaba con devolver todo aquello que sacó del depósito de comida.

-Creo… que debo dejar de comer tanto… - comentó Dan levantándose de la silla un tanto mareado – Kazarina tiene razón al prohibirme comer tanto.

-No eres el único al que se le niega el derecho de comer a sus anchas – dijo Zinger – A mi siempre me dicen que mi estómago es un barril sin fondo.

-La vida es injusta ¿No crees? – dijo el Phyrus con una sonrisa.

-Si dejamos que ustedes coman de todo, el resto se morirá de hambre – dijo Drago esperando la habitual rabieta del castaño.

-Oye – exclamó su compañero – Para poder pelear e necesita combustible, y yo lo obtengo de la comida ¿No es cierto Zinger?

-Completamente – dijo el castaño, sintiendo como el pirata rodeaba sus hombros con un brazo de manera amistosa, sus compañeros bakugan solo los miraron con una gota de sudor detrás de la nuca.

-¿Ustedes piensan con el cerebro… - comenzó Bladeword.

-… o con el estómago? – completó Drago ocultando una sonrisa.

-Eres igual a Kazarina – dijo el ojirrojo.

-Eres igual a mi hermana – le dijo Zinger a su compañero.

-Oye ¿Qué es esto? – preguntó Dan, cambiando de tema, y sacando a la luz un precioso colgante de oro blanco con forma de corazón.

-Ah eso – dijo Zinger con un leve sonrojo en sus mejillas – Es un regalo de alguien importante para mí.

-Alguien importante ¿Eh? – Se interesó el castaño – ¿Puedo abrirlo?

-Adelante – dijo el Aquos, y se sacó el colgante para entregárselo.

Dan, como todo curioso, abrió apresuradamente el colgante, encontrando en él una pequeña foto, en donde se veía a una joven pirata de cabello verde y ojos dorados. En el otro lado del colgante, había una frase en grabada en francés que decía "Por siempre tuyo".

-Wow, es muy bonita – comentó el pirata - ¿Cómo se llama?

Zinger nunca lo supo, pero algo en el tono empleado por el muchacho, o en la mirada pícara le advertía que no debía decir ni una sola palabra. A decir verdad, al Aquos no le gustaba mucho hablar de su vida sentimental, no quería que nadie se enterara de nada que involucrara a su corazón. Su instinto de decía a gritos que mantuviera la boca cerrada, pero decidió que estaba algo paranoico con todo aquel rollo de la secta, y que estando entre aliados se podía confiar. Así que, por primera, y última vez en su vida decidió no hacerle caso a su sexto sentido.

-Se llama Zenet Surrow, es mi novia – para qué la habrá contestado.

Apenas Dan supo el nombre la misteriosa muchacha, salió corriendo de la cabina gritando a los cuatro vientos "¡Zinger tiene novia! ¡Zinger tiene novia!". Podría decirse que se corrió una maratón entera mientras andaba por todos los pasillos del submarino, siendo perseguido por un joven pirata encolerizado que continuamente le gritaba "¡Eres hombre muerto, Kuzo!"

Estuvieron corriéndose durante mucho rato, hasta que Dan tropezó con algo, o mejor dicho, con alguien.

-¡¿Qué esta ocurriendo aquí? – dijo Jesse al ver a Dan corriendo, y la morena lo alcanzó a ver por encima del hombro del rubio.

Lo que nadie esperaba era que el castaño no se diera cuenta por donde pasaba, y que lo supiera cuando se llevó a Jesse y a Antígona por delante. Zinger, por suerte, logró frenarse justo antes de que su anatomía formara parte de aquel enredo de los otros tres piratas. Cuando Dan chocó con los otros dos, los tres se cayeron y comenzaron a dar varias vueltas hasta terminar Jesse en el piso, con Antígona arriba suyo y a escasos centímetros de su rostro, y Dan acabó sobre la pareja.

-¿A-Antígona? – dijo el ojivioleta un poco nervioso por la cercanía de la joven.

-Este… yo, lo siento – contestó la morena bastante apenada. Trató de levantarse, pero el peso muerto del primer oficial se lo impedía – Dan ¿Podrías quitarte de encima?

-¿Eh? – Dijo el castaño, y sacudió un poco la cabeza para hacer que el mareo momentáneo se le pasara – Claro.

Los tres se levantaron, sintiendo como Zinger los miraba tratando de aguantar una carcajada.

-Eso te pasa por meterte conmigo Kuzo – dijo el castaño arrebatándole el colgante y volviendo a ponérselo.

-¿Podemos saber por qué gritabas? –preguntó Jesse.

-A por esto – dijo Dan arrebatándole de nuevo el colgante al Greenwood - ¡Zinger tiene novia! ¡Zinger tiene novia!

-¡Que te calles Kuzo! – gritó el castaño con la cara roja.

-Dame eso – dijo Antígona sacándole el collar de un solo movimiento – Vaya, es muy linda – y poniendo las manos en sus caderas – Así que mi hermanito es todo un don Juan ¿Eh? ¿Cuándo me vas a presentar a mi cuñada?

-¡Cuando tenga tiempo! – exclamó Zinger recuperando su collar y caminado con paso veloz hacia la cabina del timón.

-¿Por qué se molesta tanto? – preguntó Jesse a la morena.

-Zinger no es de esos que le guste platicar acerca de su vida amorosa – contestó con un suspiro – Prefiere mantener un perfil serio y de vez en cuando gracioso la mayoría de las veces.

-Parecido a Shun – dijo Dan – Él conoció a una chica hace muchos años, y siempre que le pregunto por ella nunca quiere decirme más de lo necesario.

-Chicos – suspiró Antígona - ¿Quién los entiende?

Luego de esto, la campana del almuerzo sonó, y toda la tripulación se reunió para comer, salvo cierto castaño de ojos marrones que prefirió quedarse en compañía del timón, antes que soportar otra de las burlas de Dan.

/A la medianoche/

-Titania - llamó Dark Dragon a su hermana; ambos estaban en la parte baja del submarino, donde se ubicaba el cristal Jhazari.

-¿Pasa algo? - dijo la joven acercándose al muchacho, quien observaba con detenimiento al blanco cristal contenido en una capsula transparente.

-¿Has visto el panel de rastreo principal? - preguntó el Aquos.

-No

-Si bien tengo entendido, esta cosa indica donde están los cristales ¿Cierto? - la chica asintió - Entonces ¿Que son esas cosas?

-¿Qué cosas? - Titania no entendía a donde quería llegar con tantas vueltas.

Se acercó al panel y pudo observar como, además de marcarse los cristales con puntos blancos, también había cuatro estrellas pequeñas titilando en la pantalla. Dos de ellas se encontraban a la par de los cristales, y las otras dos se encontraban muy al sur.

-Sinceramente no lo sé - dijo la ojimarrón desconcertada.

-¿Deberíamos ir a investigar? - preguntó el bakugan de Dark Dragon, oculto en las sombras.

-Sería lo indicado - dijo Titania - Pero no podemos dejar de lado la tarea de encontrar los cristales, recuerden que éstos son nuestra prioridad.

-Sí, pero tampoco podemos pasar por alto esto – dijo el bakugan de Titania sin salir a la luz – Si el cristal Jhazari detectó algo, debe de ser importante.

-En tal caso – dijo Dark Dragon – Algunos de nuestros nuevos amigos deberán ir a investigar.

-Le daré el mensaje a Zinger – dijo ella.

-Asegúrate que nadie te vea – le dijo su hermano antes de retirarse del lugar. Titania, en cambio, se quedó un rato mas, inspeccionando el panel de rastreo.

Estuvo tratando en vano de pensar, averiguar o adivinar qué significaban aquellas pequeñas estrellas en la pantalla. Cansada, y con dolor de cabeza terrible, dejó su inútil búsqueda para mirar con más detenimiento la cápsula donde estaba retenido el cristal.

-¿Qué intentas decirnos? – le preguntó a la joya, y dando un suspiro de frustración, salió de la cabina dejando todo en silencio.

Continuará…

Antígona y Zinger: (Arrodillados y haciendo continuas reverencias frente a un altar con ofrendas) ¡Oh alabados lectores! ¡Acepten nuestras más humildes disculpas por no haber actualizado mas rápido!

Zinger: (por lo bajo) Aunque es tu culpa, tu eres la que escribe.

Antígona: ¡Tú cállate!

Zinger: en fin, lamentamos enormemente el no poder actualizar más rápido, como lo teníamos planeado, esperamos que su paciencia haya valido la pena.

Antígona: ¿Quién diría que la escuela y los entrenamientos nos quitarían tanto tiempo. Además que parece que la inspiración decidió posponer su visita.

Zinger: Como sea, esperamos que el capítulo les haya sido de su total agrado y ya saben, si tienen alguna queja o comentario háganoslo saber, estaremos encantados de saberlo.

Antígona: ¿En serio tienes novia Zinger?

Zinger: ¡cierra la boca! ¡Tú también estabas bastante acaramelada con ese poeta de cuarta!

Antígona: (o/o) ¡Eso no te incumbe! ¡Y no le digas poeta de cuarta a Jesse!

Zinger: ^.^ jeje, nos vemos en otro capítulo de "La Secta"