Ultima escena del capítulo anterior

Estuvo tratando en vano de pensar, averiguar o adivinar qué significaban aquellas pequeñas estrellas en la pantalla. Cansada, y con dolor de cabeza terrible, dejó su inútil búsqueda para mirar con más detenimiento la cápsula donde estaba retenido el cristal.

-¿Qué intentas decirnos? – le preguntó a la joya, y dando un suspiro de frustración, salió de la cabina dejando todo en silencio.

Un nuevo objetivo: En busca de los guardianes

"¡ATENCIÓN! TODA LA TRIPULACIÓN DIRIGIRSE A LA SALA DE RASTREO PRINCIPAL. REPITO: TODA LA TRIPULACIÓN DIRIGIRSE A LA SALA DE RASTREO PRINCIPAL".

Este mensaje resonó en cada rincón del inmenso submarino, y en muy poco tiempo la sala principal estuvo completa.

-¿Qué fue lo que pasó? – preguntó Dan, quien acababa de llegar junto con Shun y Marucho.

-Parece que Zinger a recibido un mensaje urgente de Titania – contestó Gus acercándose a ellos.

-¿La guardiana Darkus? – preguntó Shun; el peliazul asintió.

-Ha de ser algo urgente – comentó Marucho antes de acercarse al mensajero - ¿Hay algo que debamos saber?

-Los guardianes advirtieron que los cristales no son las únicas energías que el cristal Jhazari puede detectar – Dijo Antígona, causando el asombro general.

-¿y cuáles son esas otras energías? – cuestionó Mira.

-Aún no lo sabemos – dijo el Aquos mirando el mismo panel que Dark Dragon miró la noche anterior – Sabemos que los puntos blancos son los cristales, pero lo que nos descoloca son estas pequeñas estrellas que también aparecen en el radar.

-¿Pequeñas estrellas? – Keith se acercó al monitor y empezó a inspeccionarlo.

-Esto es algo nuevo que no podemos pasar por alto – Nurzak tomó la palabra – Como bien dijeron ambos anteriormente, el cristal Jhazari puede detectar la energía emanada de los Cristales de Vestroia. Lo que sea que simbolicen esas estrellas, debe estar vinculado a los cristales que buscamos.

-Exacto – dijo Lena – pero ¿Qué? ¿Qué es lo que está detectando el cristal?

A decir verdad, nadie podía responder aquella incógnita. Todo el mundo empezó a tirar ideas de lo mas diversas para tratar de entender algo, pero mientras más proponían más parecía que no avanzaban a ningún lado.

Por su parte, Serena no había dicho ningún comentario hasta entonces, y sentada en una silla, escuchaba atenta a todo lo que el resto dijera.

Aún no podía hacerse del todo la idea de formar parte de algo que decidiría el destino de todo el universo, ese rollo la tenía tan confundida como intrigada.

Ella nunca fue una peleadora, ni se sintió atraía a ese mundo en particular. Pero desde que su pequeña hermana Fabia conoció a Aranaut, se sintió hechizada por la historia de Nueva Vestroia, y de la colosal batalla que tuvieron los guerreros en aquella dimensión, donde como agradecimiento, los habitantes les obsequiaron a los humanos no solo los cristales, sino también sus poderes…

-¡Eso es! – exclamó la princesa poniéndose de pie y llamando la atención de todos.

-¿Eso es qué? – preguntó Cid un poco confundido.

-Ustedes dijeron que El Cristal Jhazari podía detectar toda energía que emanaba de los cristales – se dirigió solamente a los hermanos Greenwood.

-Así es -contestó Zinger.

-Escuché la historia de la batalla de Nueva Vestroia – dijo la peliazul – Corríjanme si me equivoco, pero ¿Fueron los cristales de atributo lo único que se les obsequió a los guerreros?

-Hasta donde se sabe, ese fue el único obsequio que se les otorgó – dijo Antígona.

-Sin embargo- continuó Zinger – Existe una versión en donde se cuanta que también se les entregaron poderes a esos guerreros.

-Y si esa versión es cierta, podría significar que el cristal Jhazari no solo muestra las energías de los cristales, sinó también la energía regalada a los guardianes – dijo Serena.

-Eso… tiene mucho sentido – dijo Antígona volviendo a mirar el monitor – Tendríamos la oportunidad de encontrar al resto de los guardianes y pedir su ayuda.

-También podríamos resolver las dudas de por qué fue que desaparecieron – Dijo Zinger.

-Ya me preguntaba yo por qué no habían tenido contacto con otros guardianes – dijo Hydron.

-Eso implicaría tener que separarnos – dijo Jesse – un grupo debe ir por los cristales y otro por los guardianes.

-Alto, alto, alto, frenen el carro – dijo Keith con las manos en alto – díganme ¿Cómo se supone que nos separemos si estamos todos metidos en este submarino? Recuerden que ya no estamos en un barco, ni hay botes, y por lo que muestra este radar el puerto más cercano está a millas de nuestra ubicación.

Una verdad que calló como balde de agua fría a la tripulación.

-Keith tiene razón – Mira trataba de buscarle la vuelta al rollo – ¿Es posible hacer una elección bajo estas circunstancias? Necesitamos toda la ayuda posible.

-No hay necesidad de hacer una elección – dijo Valdmir, el compañero de Antígona.

-¿Qué intentas decir? – la joven lo miraba impaciente.

-Me refiero a esto – el bakugan saltó del hombro de la peleadora, y haciendo unos cuantos saltos y pulsando varios botones, mostró en la pantalla principal los esquemas de unas extrañas cápsulas.

-¿Qué es eso? – Klauz miraba con intriga aquellos dibujos con forma redonda.

-Esto cumple la función de bote – Joe salió de la nada – Son como submarinos miniatura. Tienen las mismas comodidades y equipamientos que este submarino, solo en una versión concentrada.

-Bueno, un problema menos – se dijo Shun – Ahora hay que determinar quienes irán tras las estrellas y quienes seguirán con la búsqueda de lo cristales.

-Yo me ofrezco – dijo Joe – Van a necesitar a alguien que conozca el funcionamiento de la cápsula. Me necesitarán más allí que aquí.

-Yo también voy a ir – Nurzak dio un paso adelante – Ustedes deberán enfrentarse a los que intenten controlar el poder de Vestroia. Un anciano como yo, no haría más que estorbar.

-Si ustedes van, nosotros también – Cid se veía muy dispuesto – Esto promete ser interesante.

-Marucho, creo que tú también deberías acompañarlos – aconsejó Shun al pequeño.

-¿Eh? – el rubio se sorprendió.

-¿Acaso estás loco? ¿Lo vas a enviar a quién sabe dónde sin siquiera saber lo que buscan? – Dan se estaba preocupando no solo por el bienestar de Marucho, sino por la habilidad de su amigo ojidorado de tomar decisiones.

-Piénsalo Dan – le dijo el pelinegro al oído poniéndose en frente de él – Si lo sigue aquí con nosotros, tarde o temprano se verá envuelto en la pelea contra aquellos que atentan con el orden. No quiero ver a Marucho metido en medio de esa matanza – se alejó para verlo a los ojos – Y creo que tu tampoco lo quieres.

-Bien – suspiró el castaño – Marucho irá con ustedes.

-¿En serio me dejan? – al rubio menor le brillaron los ojos

-Con esa carita, me hace pensar que ustedes lo sobreprotegen demasiado – Antígona miraba a los mayores con algo de burla; al pequeño lo miraba con ternura.

-Yo también voy a ir – la joven Greenwood se sorprendió por la repentina decisión de su hermano.

-¿Por qué? – la pelinegra estaba entre asombrada y preocupada.

-Si de verdad existe la posibilidad de que esas estrellas muestren la ubicación de los demás guardianes, tengo que ir.

-Tiene sentido al ser el mensajero de uno de ellos – convino Bladeword.

-Si esa es tu decisión… - Antígona no se sentía muy segura.

-Bien, si ya está todo decidido ¿Qué esperamos para marcharnos? – Cid estaba eufórico ante la idea de la aventura.

-Los que se vayan en la cápsula, que alisten sus cosas cuanto antes. El resto, regresen a lo que estaban haciendo. – dijo Shun; al capitán nadie podía desobedecer.

Aún si tenía un extraño deje de antipatía en su voz que desentonaba con la situación.

/En el camarote de Zinger/

El joven mensajero estaba guardando todas sus pertenencias en un pequeño bolso. Estaba serio, mostrando una faceta que solo una persona había visto.

-Zinger – lo llamó una voz muy conocida.

-Antígona – el joven se volvió hacia ella.

-No es… necesario… - dijo la joven al ver sus ojos y lo que había en ellos, colocando una mano sobre sus párpados para cerrarlos – …que hagas eso. – quitó la mano – No todavía.

-Nunca sabes… – la miró, con los ojos que ella conocía que eran normales - …cuando podrías llegar a necesitarlo. Tú misma lo dijiste hace ya algunos años.

-Si, lo recuerdo – contestó, un poco triste al recordar aquello y bajando la mirada.

-¿Qué pasa? – el castaño tomó el mentón de la joven y la obligó a mirarlo. Tenía esa expresión abatida, la misma que había visto cuando niños, aquella noche en el barco… La misma que hace unos momentos mostró en la sala de rastreo

-Es que… acabas de regresar, después de siete años y ahora te vuelves a ir – contestó la pelinegra – No es justo.

-Lo se Antígona, yo también quiero quedarme. Pero no puedo, primero debemos cumplir con nuestro deber.

Antígona suspiró profundamente. Zinger era su hermano, su única familia. Era natural que tuviera miedo.

-Podrías venir conmigo – propuso el castaño – Sólo hay que buscar lo que simbolizan esas estrellas. Nada más.

-Buscarlas en lo que podrían ser callejones sin salida – la joven tocó la mejilla de su hermano – Ambos corremos el mismo riesgo.

Zinger quitó la mano de su hermana de su rostro, depositando un beso en la palma.

-Cuídate mucho Antígona – le dijo antes de marcharse hacia un destino incierto…

/En el piso, junto a las cápsulas/

-¿Ya están todos? – preguntó Marucho luego de haber dejado su cosas dentro.

-Falta Zinger – contestó Cid.

Lo esperaron unos momentos más, hasta que lo vieron aparecer por el pasillo sur.

-Bien, ya estamos todos – Nurzak les indicó que entraran – es hora de irnos.

Estaban entrando cuando Joe le preguntó al Greenwood algo que le estaba llamando mucho la atención. Por consideración del joven mensajero, esperó a que el resto entrara para hacer su pregunta.

-Oye Zinger – el aludido lo miró - ¿Acaso tu… usas maquillaje?

-No se de lo que estás hablando – dijo el joven, sorprendido por la pregunta.

-Tu ojo derecho – siguió el castaño claro – Parece que te hubieras puesto algo para remarcar su contorno.

Joe lo miró fijamente, poniendo al Aquos un tanto nervioso.

-Disculpa, son sólo imaginaciones mías – se excusó luego de un rato – Perdona el haberte incomodado.

El joven miembro de la secta entró a la cápsula, dejando a Zinger aún en la entrada.

El muchacho pasó su mano derecha por el ojo que el joven le había señalado, como si limpiara el párpado inferior. Al retirarla y sentir algo tibio en el dedo que hizo contacto con su piel, cayó en la cuenta de lo que en realidad había visto Joe en su ojo.

-¿Todo en orden Zinger? – preguntó su compañero Bladeword, al notar la mirada preocupada del joven.

-Todo… en orden – contestó, antes de volver su vista a la cápsula y entrar en ella.

De lo que el peleador no fue consciente, fue que de su mano derecha, aquella gota de sangre se deslizaba hasta llegar al suelo.

/muy lejos de ahí, al sur/

La luz de la mañana alumbraba con su luz rosácea las olas que rompían delicadamente contra un navío que las surcaba.

En la cubierta, cuatro jóvenes estaban haciendo las tareas que se les encomendaron para mantener el barco.

-Esto de limpiar los pisos me está matando la espalda – suspiró un joven de cabello rosáceo.

-Tú al menos ya terminaste Baron, no se de que te quejas – contestó otro muchacho, con un cabello más oscuro y complexión más robusta, mientras jalaba de las sogas que sujetaban las velas.

-¿Ya terminaste con eso Volt? – le preguntó un albino de piel morena del otro lado de la cubierta.

-Ya casi está listo Ren – contestó el mencionado, terminando de atar las sogas.

Baron guardó el trapeador y el balde que había usado. Se sorprendió que en el camino encontrara a Mylene sentada en una escalera que daba al timón. Bueno, el hecho de verla sentada ahí no era nada nuevo, la había visto en ese lugar en varias ocasiones. Pero lo raro era verla todo el tiempo con ese cuaderno de tapas negras, y con una expresión que detonaba que se estaba esforzando por comprender lo que había escrito en esas páginas.

-¿Te interrumpo? – preguntó Baron, sacando a la joven de sus pensamientos.

-¿Qué quieres? – la chica automáticamente cerró el cuaderno y lo miró de manera fría.

-Nada – el chico alzó las manos – Solo quiero saber qué es lo que te mantiene tan ocupada.

-No es nada que deba importarte – la peliazul se paró, y se dispuso a irse.

-Es el diario de Zinger ¿Verdad? – Baron no se había movido de su lugar, hablando de espaldas a la chica.

-¿Cómo lo…?

-no deberías andar husmeando en esas cosas, Mylene – el pelirosa se volteó – Es privado, y si Anubias se entera te sacará la cabeza por entrometerte en la privacidad de su mejor amigo.

-Zinger se fue hace mucho – contestó en su defensa – El que todavía tenga o no su privacidad ya no importa.

-Yo creo que sí – los sorprendió a ambos una voz proveniente del timón.

-Anubias… - dijo Mylene; no esperaba que el capitán estuviera afuera de su camarote.

El albino bajó de un salto y tomó el diario de las manos de la Aquos.

-No deberías espiar los secretos de la gente Mylene – dijo Anubias

-Pues gracias a eso, descubrí la relación de Shun con Zinger– la joven recuperó el diario.

-¿En serio? – el ojiceleste se mostró sorprendido.

-Al parecer – explicó – Zinger salvó la vida de Shun una vez que paramos en Singapur.

-Recuerdo esa parada – dijo Baron – Tuvimos que esperar a que él apareciera.

-Sin embargo – continuó – El diario se divide en dos partes – abrió el cuaderno y les mostró el símbolo del sol tribal rodeado por un círculo negro – Después de esta parte, todo está escrito en una lengua muy extraña. Ni siquiera puedo descifrar el alfabeto que utiliza.

-Déjame ver el escrito – pidió Baron, pero Anubias se lo impidió.

-Será mejor que yo lo tenga – el pelinegro volvió a tomar el cuaderno de las manos de Mylene, y sin decir nada más se lo llevó.

-Que lástima – se dijo la peliazul – no podré averiguar de que se trataba todo aquello.

Sin más, la joven se marchó hacia donde estaban sus compañeros.

-Baron ¿Qué te sucede? – le pregunto Nemus, el compañero Haos del pelirosa.

-Tengo que ver ese diario – dijo el joven, comenzando a caminar

-¿Pero no escuchaste al capitán? – el bakugan se interpuso – De forma indirecta nos está prohibiendo acercarnos al cuaderno. ¿Qué es lo que necesitas saber de él?

-Yo… ¡No lo se! – ni siquiera Baron entendía el por qué de la súbita necesidad de ver ese diario – Pero algo ne dice que debo hacerlo. Algo me dice que capaz encuentre ahí la verdad…

-¿Qué verdad Baron? – lo sorprendió otro miembro de la tripulación.

-AAAHHH! ¡Linus! ¡No me asustes así! – gritó el Haos al ser sorprendido por un joven de cabello y ojos azules.

-Planeas robar el diario de Zinger ¿Cierto? – preguntó Ziperator, el bakugan Phyrus de Linus.

Baron sudaba la gota gorda. Si Linus lo delataba estaba muerto.

-Vamos a ayudarte – le dijo el peliazul, consiguiendo un suspiro de alivio por parte del otro.

-en verdad te lo agradezco – dijo Baron – Necesito que busques el diario mientras yo distraigo a Anubias.

-Vi que se fue al camarote, llámalo y háblale de cualquier cosa, pero no dejes que vuelva hasta que no me veas fuera de él ¿entendido?

-Entendido – el Haos se dirigió a la puerta del camarote del capitán y esperó a que él saliera.

Por su parte, Linus se escondió y al ver como los dos piratas se alejaban de la puerta, entró lo más sigilosamente que pudo.

El cuarto era espacioso, y estaba muy bien organizado. No por nada el joven Phyrus era el encargado de limpiarlo y evitar que acabara de la misma forma en la que acabó la noche en la que Zinger se fue.

Revisó con cuidado cada cajón y estantería, sin mover nada y devolviendo a su lugar las cosas que había movido. No debía dejar indicios de que alguien había estado husmeando.

Al final, encontró el diario en el cajón de la mesita de luz, junto a la cama del capitán.

-Espera Linus – le advirtió Ziperator al ver al joven tomar el cuaderno – No podemos llevárnoslo de esa manera. Anubias se dará cuenta de que falta.

"Arrg, vamos Linus, piensa. Ziperator tiene razón. Habrá que dejar algún cuaderno similar para que el capitán no se de cuenta de que falta."

"Toc-toc-toc"

"Listo. Estoy muerto."

-Linus, soy Baron, ábreme – escuchó detrás de la puerta. La vida volvió al cuerpo del ojiazul.

-Me diste un susto de muerte, pensé que eras Anubias – dijo el joven abriendo, dejando que el pirata entrara – A propósito ¿Qué pasó con Anubias?

-Zenet lo llamó – dijo Baron – Veo que ya lo tienes.

-¿Qué es lo que quieres ver? – Linus le entregó el diario.

El pelirosa no dijo nada. Abrió el cuaderno, buscando la página en donde comenzaba la segunda parte del diario, esa que Mylene no pudo descifrar.

La encontró, y observó con detenimiento el símbolo del sol tribal que adornaba toda la hoja. Sintió un palpitar en su interior al ver aquel dibujo, y un mar de recuerdos borrosos inundó su mente. Un dolor punzante le atravesó la cabeza; tan fuerte, que lo obligó a soltar el diario y sujetarse la cabeza, en un intento por apaciguar el dolor.

-¡Baron! – gritó Linus, preocupado por la reacción de su amigo.

Lo sujetó de los hombros y se giró para ver lo que había descubierto. Vio el símbolo plasmado en el papel y tuvo la misma reacción que el Haos. Como si algo hubiera despertado y su cabeza estuviera haciendo un esfuerzo sobrehumano por procesarlo.

-¿¡qué es lo que ocurre aquí? - El grito de Anubias entrando a la habitación debió de haberlos preocupado, pero no podían hacer nada mas que esperar a que el dolor se desvaneciera.

El capitán encontró a los dos marinos sentados en el suelo, con un fuerte dolor de cabeza, y en medio de ellos, el diario de Zinger abierto en la mitad exacta, mostrando el símbolo de la secta.

-¿Qué está pasando capitán? – preguntó Zenet, entrando de sopetón al camarote - ¡Linus! ¡Baron! ¿Qué les ocurre?

Ninguno de los dos contestó.

En eso, la joven vio el cuaderno abierto en el suelo. Lo tomó y lo reconoció al instante.

-¿De dónde sacaron el diario de Zinger? – preguntó, poniéndose seria de repente.

-Mylene lo encontró mientras husmeaba en la habitación de tu novio – contestó el capitán ayudando a los otros dos al ver que se estaban recuperando - ¿Qué fue lo que les pasó?

-Necesitaba ver ese diario – dijo Baron ya repuesto – Algo me decía que ahí estaba la verdad detrás de lo que pasó aquella noche en la playa, cuando me encontró.

-¿Eh?- Zenet quería enterarse de aquello.

-Encontré a Baron en una playa, cerca del caribe –explicó el albino – si mal no recuerdo, tú me dijiste que había ocurrido un accidente, y que solo te acordabas de haber caído de un barco en llamas.

-Sentí… - decía el peliazul, con la respiración agitada – Que algo despertaba en mi interior – giró la vista hasta dar con el diario – Como si ese símbolo fuese una especie de señal. Miles de imágenes me inundaron, no pude reconocer ninguna de ellas. Era como si mis memorias quisieran volver todas de una vez.

-¿qué es lo que dices? – le preguntó Zenet.

-Perdí mi memoria hace mucho tiempo – explicó – Lo último que recuerdo es haber despertado en un callejón en Tortuga, con las ropas totalmente quemadas.

Al escuchar que la versión de Baron y la de Linus coincidían, Zenet se quedó pensativa. Guardó el diario entre sus ropas y ayudó a los chicos a ir a la cocina por un poco de agua fresca. Los dejó ahí, bajo el cuidado de Stoica, el cocinero. Luego, se dirigió a su camarote, el cual se aseguró de cerrar con llave, no quería que nadie la interrumpiera.

Teniendo como única compañía a su bakugan Contestir Haos, se dispuso a hojear el diario de Zinger.

-Siempre supe que ocultaba algo – se dijo al ver el símbolo de la secta – Es probable que él supiera lo que les ocurrió a Baron y a Linus antes de perder sus recuerdos.

Observó el símbolo con curiosidad, y luego las páginas que le seguían. Trató en vano de descifrar el extraño alfabeto, con la esperanza de encontrar allí un mensaje oculto por el castaño antes de irse. No lo logró, y volviendo al dibujo del sol tribal, cayó en la cuenta de que Zinger debía tener alguna relación con Baron y Linus. Ellos debieron haberse conocido antes de formar parte de la tripulación. Según algunos dichos que ella había escuchado en uno de los tantos bares que frecuentaba en las paradas del barco, si alguien perdía la memoria, lo mejor que se podía hacer para recuperarla era mostrarle a la persona algo que estuviera fuertemente involucrado con el pasado de ese alguien.

"Como si ese símbolo fuese una señal" recordó las palabras de Linus "Era como si mis memorias quisieran volver todas de una vez" .

-Algo extraño pasa aquí – dijo Zenet, sosteniendo frente suyo el extraño símbolo – Solo debo averiguar que es lo que representas…

/En el barco de Masquerade/

Chan se encontraba sola, en la cocina, esperando que Julio y Komba se dignasen a volver a su trabajo. Escuchó pasos bajando por las escaleras, y al volverse, vio a los dos piratas riéndose animadamente.

Ambos chicos se detuvieron a pasos de la escalera al ver la cara más que frustrada de la peleadora Phyrus.

-¿Chan, qué te ocurre? – preguntó Komba al ver el estado de la chica.

-¿Saben qué hora es? – la joven hablaba entre dientes y se notaba un tic nervioso en una de sus cejas.

-Este… no, no se – dijo Julio rascándose la nuca.

"De verdad, hay veces en la que éste par me saca de quicio" – ES HORA DE QUE TRABAJEN!

-Oye cálmate Chan – le dijo Komba acercándose – no hicimos nada malo.

-¿Nada malo? – se notaba a la legua que de un momento a otro iba a arrancarles la cabeza - ¿¡Nada malo? ¡Hace una jodida hora que debieron haber terminado de preparar la cena! ¡Y no pienso ser YO la que tenga que dar explicaciones ante el capitán por tremenda demora!

Dicho esto, pasó por al lado de los dos cocineros, quienes al ver su atraso, decidieron que era tiempo de trabajar en serio.

Mientras, en uno de los camarotes que oficiaba de biblioteca, Airzel seguía metido en los antiguos manuscritos que contenían información acerca de los Jhazari. No había podido descifrar mucho luego de su charla con Link, no después de aquello…

/Flash Back/

-¿Has encontrado algo interesante? – preguntó el pelirosa, apoyado en el hombro del peliverde.

-Nada digno de ser escuchado y que no sepamos – esa búsqueda de verdad que estresaba al Ventus - ¿Y qué tal tú con las prisioneras?

-Tampoco hemos podido sacarles información – contestó – Son huesos duros de roer.

-Masquerade de seguro que está impaciente – comentó Airzel dándose vuelta.

-Amenazó con mandarnos a vivir en el calabozo con ellas si no conseguíamos nada hasta dentro de dos días – Link hablaba como si eso fuese lo más común del mundo; estaba hojeando uno de los libros – Realmente se me hace difícil tener que torturarlas.

Airzel se quedó mudo por unos minutos. Había algo en Link que le intrigaba de sobremanera y era el hecho de haber perdido su memoria, salvo el nombre de su compañero bakugan. Masquerade sabía de la condición del joven y nunca mostró interés alguno en ayudar a su marino. Rió para sus adentros al imaginar la imposible escena en donde el capitán estuviera ayudando al ojiverde a recuperar sus recuerdos. Que idea más absurda.

-Billy está en las mismas que yo – comentó el menor de repente.

-¿De qué hablas?

-Me refiero a las prisioneras – se giró para verlo – Ninguno de los dos está feliz con lo que hace y tener a Mason y Ace encima nuestro es algo muy problemático – suspiró – A veces quisiera que ese par se largara.

Airzel no añadió ningún comentario luego de eso, sólo se dedicó a seguir buscando en los libros y pergaminos que había encontrado ocultos en la biblioteca.

-Oye Airzel – lo llamó el joven - ¿Puedes venir a ver esto?

El peliverde se paró, y situándose a las espaldas del otro, pudo ver un extraño cajón de madera, ubicado en uno de los estantes más bajos del mueble.

-No lo había visto ahí – dijo el mayor, tomado la manija del cajón para abrirlo.

Después de una nube de polvo que los hizo toser, distinguieron un cuaderno, un libro oculto en el fondo del cajón a la espera de ser descubierto.

-Esto si que es peculiar – dijo Airzel tomándolo, con la curiosidad reflejada en sus ojos.

-Ábrelo, quiero ver de qué se trata – dijo Link cual niño pequeño a la espera de algún regalo.

El Ventus mayor intentó abrirlo, pero el cuaderno estaba cerrado con una suerte de cerradura muy particular. Para empezar, no tenía el orificio donde por lo general metes la llave, solo algo parecido a una hendidura en el material en forma circular. Éste se decomponía en varios surcos, simulando los caminos de un río que atravesaban el borde de las tapas del libro. Volvió a mirarlo detenidamente, observando cómo esos caminos formaban un símbolo de sol tribal en la tapa.

-¿Por qué no lo abres? – Link estaba poniéndose impaciente.

-Tiene una cerradura que no creo que se abra con una llave convencional – dijo Airzel – Lo que sí me llama la atención es este símbolo.

-¿A ver? – sin perder la actitud infantil le arrebató el libro, llevándose una sorpresa al ver el dibujo.

-¡Link! – reaccionó el mayor, sosteniéndolo antes de que se cayera. - ¡Link! ¿¡qué te pasa?

-¡Mi cabeza! – gritó con las manos en la frente – Siento que va a explotar.

-¡Link! ¡No otra vez! – exclamó Ingram al ver en ese estado a su compañero – Rápido, hay que llevarlo a tomas aire fresco.

-Vale – contestó el otro, y pasando un brazo ajeno por sus hombros y sosteniéndolo por la cintura, lo sacó inmediatamente del camarote.

/Fin del Flash Back/

Ahora estaba ahí, con el escritorio cubierto de pergaminos y en el centro de todos ellos, aquel libro. Lo volvió a tomar y volvió a intentar abrirlo pero sin éxito. Frustrado por su inútil búsqueda dejó el libro donde estaba, masajeándose las sienes.

Una energía oscura de pronto hizo ato de presencia. Eso puso en estado de alerta al joven pirata. Solo una persona en ese barco tenía ESA energía.

Con un inexplicable temor a ser descubierto, escondió el libro en el cajón de la biblioteca, y se volvió al escritorio justo a tiempo para que Masquerade no se diera cuneta de que ocultaba algo.

-¿Cómo a sido tu investigación Airzel? – preguntó el rubio desde la puerta.

-No hay nada que usted ya no sepa, capitán – aseguró el peliverde, haciéndose a un lado para que el Darkuz viera los escritos.

-Bien – no parecía muy contento con el resultado – Llámame si encuentras algo digno de saber.

Acto seguido, se fue de la biblioteca dejando a un Airzel suspirando de alivio.

/POV Billy/

-¡Por última vez! – grité, volviendo a abofetearla - ¿¡Dónde está el Cristal Darkuz?

-¡NO LO SE! – gritó aquella que había identificado como Julie - ¡Y AUNQUE LO SUPIERA JAMÁS TE LO DIRÍA!

Aquella situación me estaba desesperando. Teníamos dos días para sacarles la información que necesitábamos o si no Masquerade nos mandaría a vivir en ese calabozo.

-¿Y? ¿Ya conseguiste algo niño? – lo único que me faltaba, a ese idiota metiéndose en donde no lo llamaban.

-CIERRA TU MALDITA BOCA MASON – realmente estaba fuera de mis casillas en ese entonces.

-Deberían encerrarte aquí con Link de por vida – se rió él – Ustedes dos no sirven para nada, mocoso.

-PUES SI TU ERES TAN GENIO ¿¡POR QUÉ NO HACES TU TRABAJO DE LAMEBOTAS DEL CAPITAN Y ME DEJAS A MÍ HACER EL MÍO?

-¡Cuida tus palabras mocoso irrespetuoso! – dijo antes de soltar un puñetazo limpio que fue a parar a mi rostro.

Listo, aquella fue la gota que rebalsó el vaso. Cuatro niñas tercas y malcriadas y aquel sujeto que se creía el rey del mundo por fin habían logrado destrozar mi paciencia.

-A ver si así aprendes a respetar a tus mayores – se regodeaba el muy imbécil.

Aún con la cabeza gacha y hacia un lado por el impulso del golpe, tomé mi navaja sin que él se diera cuenta. En cuanto bajó la guardia lancé mi brazo hacia su cara, con la suerte de que el filo del arma diera justo en una de sus mejillas, haciéndole un corte tan profundo que creí ver sus dientes a través de la herida.

Perdió un poco el equilibrio con la sorpresa del impacto, cosa que aproveché para barrer sus pies con una de mis piernas y tirarlo al suelo. No podía evitar que una sonrisa sádica se adueñara de mi rostro al verlo así, con sus manos en su mejilla derecha, tratando de parar el flujo de sangre. Estaba de cara al suelo, así que me senté en su cintura para evitar que se moviera, mientras la sonrisa crecía en mi cara. Con un placer infinito al saber que me estaba vengando jalé sus cabellos, escuchando con deleite aquel alarido de dolor y sorpresa que salió de su boca.

-Que esta… sea la última vez… que me insultas de esa manera – le susurré al oído de la forma más amenazadora que pude encontrar, escupiendo con odio cada sílaba.

Me levanté, y al ver cómo intentaba hacer lo mismo le di una patada en el estómago, que hizo que chocara su espalda contra la puerta.

-LÁRGATE BROWN – grité, mientras le arrojaba la navaja y esta fue a parar a centímetros de su rostro.

Me di la vuelta, y sentí como él se apresuraba en salir del calabozo y cerrar la puerta con fuerza.

Seguí sonriendo de aquella sádica manera mientras volvía a encarar a las chicas.

-Ya han visto lo que soy capaz de hacerles – dije, saboreando las palabras - ¿Van a seguir resistiéndose? ¿O van a ser listas y me dirán todo lo que necesito saber?

-¿Por qué lo haces? – preguntó Runo de forma firme, pero no amenazadora - ¿Por qué quieres averiguarlo?

-Simple – contesté acariciando su delicado rostro con el filo de otra de mis incontables navajas – Porque deseo poder, y solo los cristales pueden obsequiármelo.

-Entonces acábanos de una maldita vez – dijo Alice a mi derecha – Porque nosotras jamás diremos nada.

Tuve que arrodillarme para poder acercarme a Runo, así que me levanté y estudié el estado en el que las habíamos dejado con Link: ya no tenían aquellos hermosos trajes de corsé y pantalones, ésos ya habían pasado a ser jirones hace una semana. Sus rostros mostraban varios moretones y rasguños, y sus cuerpos tenían heridas más profundas pero sin llegar a ser letales.

-Creo que ha sido suficiente tortura por hoy – dije de manera lenta y sin emoción.

Sin mirar atrás, salí del calabozo no sin antes recoger la navaja que "casi" le entierro a Mason.

-¿Y ahora a dónde vamos? – me preguntó Cycloid saliendo del bolsillo de mi chaqueta.

-Supongo que a ver a Airzel – me encogí de hombros – Espero que haya encontrado algo interesante.

-¿Tú crees que él ya haya encontrado el libro? – me preguntó.

-Mmm, no teno idea Cycloid – dije llegando al pasillo en donde estaba la biblioteca.

Antes de entrar vi al capitán saliendo de ahí. Por cortesía incliné mi cabeza en señal de respeto antes de entrar en el lugar.

-Espero que tengas algo interesante que mostrarme Airze – le dije apenas entré; pareció sorprendido con mi repentina aparición.

-Pues yo no tengo nada – dijo el Ventus volviendo a sentarse.

-Se te da mal mentir – le dije al ver que el cajón en donde había descubierto ese libro hace unos días – Se ve que encontraste mi libro secreto.

-¿Eh? ¿Acaso tu sabías de él? – Valla que parecía sorprendido.

-Pues claro, yo fui quien lo vio primero – expliqué sacándolo, teniendo cuidado en no ver el símbolo de la tapa – Lo cubrí de polvo y tierra para que aparentara que esta escondido aquí desde una buena temporada.

-¿Y has podido abrirlo?

-Si, lo he hecho – dije – pero no pude ver en su interior.

-¿Por qué? – natural que no lo entendiera, ni yo mismo podía hacerlo.

-Si veo el símbolo de la tapa o algunas de las páginas en su interior, siento que mi cerebro va a colapsar. Me duele y por más que intente no puedo seguir, tengo que parar.

Vi como se detenía a pensar en lo que le había dicho.

-¿Podrías abrirlo y dejar que yo lo lea? – pidió.

-Con una condición – acordé – Masquerade no tiene que saber absolutamente nada de esto ¿Vale? Alfo me dice que eso sería algo peligroso.

-Vale - contestó y yo procedí a abrirlo.

Primero, tomé una navaja y me hice un corte en el dedo gordo. Descubrí que aquella cerradura se abría con mi sangre la vez que lo tomé luego de que Komba cortara "accidentalmente" la palma de mi mano. La sangre de la herida corrió por los surcos de la cerradura, recorriendo extraños caminos y abriendo el libro.

Antes de siquiera poder mirarlo de reojo se lo di a Airzel. Con todo lo que pasé, no estaba en condiciones se soportar una más de esas migrañas.

-Me voy – le dije luego de darle el libro – Necesito descansar.

-Claro – contestó – Y gracias por esto. Luego de que te recuperes ¿Podrías contarme cómo fue tu pelea con Mason? Me gustó mucho aquella herida que le abriste en la cara.

Qué podía decir, en eso barco algunas noticias corrías con la rapidez de los mejores vientos.

Continuará…

Antígona: MIL Y UNA DISCULPAS POR HABER TARDADO TANTOOOOO!

Zinger: Ésta vez la musa SI que se fue de vacaciones. En fin, henos aquí con otro capítulo, al parecer uno de los más largos que esta chiquilla escribió.

Antígona: si este fue largo, pero bueno, espero que lo hayan disfrutado y que compense la demora.

Zinger: ¿Puedo preguntar qué fue lo que le pasó a mi ojo?

Antígona: NO. Eso vas a saberlo dentro de unos cuantos capítulos más.

Zinger: Pucha, no se vale…

Antígona: Si vale. Y sabes que otra cosa más vale?

Zinger: ¿Qué?

Antígona: ¡Tendremos visitas!

Zinger: ¿En serio? ¿De quién?

Antígona: De ella, tonto (le muestra una foto)

Zinger: (con los brazos en alto) SI SUPER!

Antigona: En el próximo capítulo descubrirán quién es nuestra invitada especial. Por ahora, saludos y los esperamos en el próximo capítulo de "La Secta"

Zinger: CHAO