Aquí el capítulo 2 yay xD Ya empezamos mal porque se supone que debería haberlo terminado ayer, pero he estado atendiendo otros asuntos y bueno, solo había llegado a escribir una hoja xD.
Es algo aburrido este cap, lo admito, pero bueno, quiero hacer esto corto como dije en un principio así que no se desesperen, que espero para el domingo terminarlo para volver al fic principal ^^ Disfrútenlo.


Capítulo II

-No –le contestó yendo directamente al grano.
-¿Ah…? –la cortesana estaba sorprendida, y a la vez asustada. Esa mujer le resultaba totalmente admirable, y apenas llevaba segundos conociéndola. No podía verle los ojos, y aún sabiendo que eso le jugaba en su contra… se había lanzado a hacerle esa petición.
-¿Por qué tendría que hacerlo? Solo estoy de paso por aquí, no molestes –contestó la extraña mujer encapuchada con mucha seriedad en sus palabras, volteándose y alejándose. –No… ¡No, no! ¡Espera, espera!
La joven chica de cabellos oscuros y ropajes embarrados corrió apresurada entre el barro y se abalanzó sobre la distraída dama, que en medio de un grito cayó al suelo con la otra mujer encima. Sus brazos y piernas quedaron desparramados y ahora los ropajes de ambas estaban completamente cubiertos de tierra y agua.
-¡¿Pero qué mierda haces? –le gritó la mujer sacándosela de encima de un empujón –Au… -su espalda y cabezas le dolían por el impacto, mientras que, en la cortesana, las principales afectadas habían sido sus rodillas y manos, que habían servido como amortiguadores de la caída.

Debajo suyo, asomándose por el borde de una telas blancas que derrochaban a simple vista días de uso, un par de ojos verdes se asomaron con cautela, pero no se mostraban para nada amigables. A la joven cortesana le recordaron a un par de ojos de gato, amenazando a su presa, anunciándole el final de sus días…
-Perd…
-¿Agustino? –la voz de uno de los hombres se escuchaba cercana. Las dos mujeres agudizaron su atención y se quedaron mudas- ¿Estás bien?
-Mierda… -la mujer de blanco se incorporó con dificultad y corrió hasta el final de pasillo. Dio un salto sobre un par de cajas y comenzó a trepar por las hendiduras que encontraba entre los ladrillos.
La cortesana volteó a verla a ella y a sus espaldas, en dirección de la voz del hombre, varias veces.
-No me dejes así, por favor, ayúdame –se acercó hasta ella, rogándole con las manos y con una cara que cualquier indigente pondría al pedir una moneda al sumirse en desesperación.
La mujer se detuvo estando cerca al borde y la miró.
-¿Por qué tendría que ayudarte con todo lo que estás molestándome? Te dije que escaparas –volvió su mano colgante al muro y siguió subiendo- Si no lo hiciste no es mi culpa.
-¡Por favor! ¡Tengo a donde llevarte y arreglar tu ropa! ¡Solo sácame de aquí!
-¿Y no tendré que enseñarte nada…? –le estaban ofreciendo una oferta que parecía interesarle bastante a la extraña dama.
La cortesana negó con la cabeza.

-¿Agustino…? –El joven guardia, portando las dos lanzas, miró el pasillo en su totalidad, desconcertado, hasta que, al bajar la vista, se encontró con el cuerpo de su compañero entre todo el barro- ¡A-ah... Dominico! ¡Dominico! –se alejó gritando del sitio, dejando caer una de las lanzas al suelo.
Ya no se percibían restos de ninguna de las dos mujeres en el perímetro.

Entre los murmullos llegaban a descifrarse una par de gritos y gemidos que resultaban totalmente asquerosos para sus oídos. No estaba acostumbrada a ellos, y tampoco tenía intenciones de terminar estándolo. Entre más pronto se fuera, mejor.
Le resultaba suficiente que le lavaran sus ropas sin coste alguno, y mucho mejor que ella no tuvo que mover un dedo alguno y ni siquiera pedirlo. Ahora, lo único que le quedaba hacer era disfrutar de la hospitalidad que le ofrecían, y como siempre, sacarle todo el provecho posible.
Su cabello suelto todavía tenía algunas de las gotas del agua que había utilizado para bañarse instantes atrás, y un vestido sencillo y de colores claros –que no le gustaba para nada- le cubría el cuerpo en lo que esperaba que sus prendas se secasen ¿Cuántos días habían pasado desde que se había bañado por última vez? Más allá de su rebeldía, era una mujer con cierto toque de clase.
Aburrida, se asomó por la ventana de la habitación que se encontraba, para encontrarse, a lo lejos, el puerto que daba al mar.
-Si tan solo pudiera ir en barco… -musitó para sí misma, con cierto reproche.

Golpearon la puerta. La mujer simplemente se volteó a ver como una chica con el pelo recogido y un vestido azul bastante sugestivo se asomaba y le indicaba con la mano que se acercase.
-Lia se encentra en la terraza –le indicó en lo que la mujer de cabello acaramelado se acercaba.
-¿Y qué se supone que tengo que hacer con eso?
-No lo sé –agregó la cortesana de azul ignorando por completo el tono tan irritante de la mujer- Simplemente me pidió que te avisara.
La mujer pasó a su lado sin agregar nada más y salió de la habitación.
En la terraza, un espacio pequeño que solo tenía un par de prendas tendidas en una larga sola, la cortesana que antes vestía de amarrillo y que ahora tenía un vestido similar al de su invitada, se encontraba caminado de un lado al otro, cerca del borde.
-¿Y, qué querías? –le preguntó la mujer acercándose directamente a sus ropas blancas y palpándolas con una de sus manos para verificar si estaban secas.
Lia se detuvo y con algo de miedo ante la presencia que imponía aquella mujer que ni siquiera le dirigía la mirada, juntó sus manos y mirando a un lado, le dijo:
-Gracias, en serio.
-Ya me agradeciste demasiado, y lo hice porque se me dio la gana, ese hombre me daba asco.
Lia se mantuvo en silencio con la cabeza gacha. Un fugaz recuerdo de aquel momento se le había venido a la mente. Sacudió su cabeza, esperando que así se disipara y no le ocasionara pesadillas al dormir en la noche. La mujer estaba algo en lo cierto, quizás debería dejar de pedir las gracias si de por si estaba haciendo mucho con darle una estancia momentánea.

Las ropas de la mujer no se habían secado del todo y aún así esa deseaba llevárselos y ponérselas así. Lia la detuvo agarrando la ropa y preguntándole que qué hacía, que así podría enfermarse y más estando en invierno. La mujer la ignoró y tiró hasta quedarse con sus prendas en manos, pero en cuanto estuvo dispuesta a irse al interior a cambiarse, la puerta que daba a la terraza que estaba a sus espaldas se abrió. Las dos mujeres voltearon a ver como una mujer mayor que ellas, pero aún así mucho más hermosa y arreglada, con un enorme cubre hombros de piel, se acercaba acompañada de un trío de cortesanas. Su mirada imponía autoridad, confianza pero amabilidad. Uno pequeña sonrisa estaba dibujada en su rostro. Las cortesanas que le acompañaban la rodeaban y se le pegaban a ella, como si de cachorros buscando el calor de su madre se tratasen.
-Así que esta es la invitada… -dijo acercándose hasta la misma y acariciándole la mejilla. Esta le apartó la mano rápidamente y le dejó en claro con la mirada que a ella no podrían tocarla- Oh, personalidad fuerte, me agrada… -y su vista bajó hasta el cuello de la mujer, para encontrarse con un fino collar de plata con grabaciones hechas en todo su trayectoria. Acercó su finas manos cubiertas en anillos hasta él y acarició suavemente el símbolo similar a una "A" que se lucía en el medio- Vaya…
-Te sugiero no lo toques… -le amenazó la mujer dando un paso hacia atrás.
-Ja… tranquila… -le contestó la otra, enseñándole un anillo que en cuyo centro aparecía el mismo símbolo.
-Mejor quédate tranquila tu…
-¡Signora! –exclamó Lia saliendo de detrás de su invitada y arrojándose en los brazos de la dama de mayor edad- Me alegra verla aquí.
-Lia –pronunció ella con total seriedad y apartándosela- Esta es la última vez. Lo siento.
-¿E-eh…?
-Haz hecho enfadar a la jefa… -sonrió una de las cortesanas.
-Mal, mal, mal –agregó la del otro lado. La tercera, simplemente se rió mientras acariciaba los largos cabellos oscuros de su señora.
-Y tú… -agregó haciendo a un lado a Lia por completo y volviéndose a acerca a la invitada- Deberías decirnos tu nombre…
-¿Por qué debería de hacerlo? –le contestó ella dando otro par de pasos hacia atrás.
-A mí tampoco me lo ha dicho… -agregó Lia sin cruzar miradas con ninguna de las otras mujeres que permanecían cerca de ella.
-Es un poco desagradecido de tu parte –le dijo la mujer a la invitada acomodándose su abrigo- Te damos calor, un techo, te limpiamos… y no tienes si quiera, la gentileza de decirnos tu nombre.
-Es una de mis mayores virtudes –sonrió ella. En un segundo esa misma sonrisa se borró- Gatta, llámenme así.
-Oh… con que una gatita… -una de las cortesanas de apartó de su señora y corrió con curiosidad hasta la invitada, posó sus manos en los hombros de ella y le olió el rostro, que la otra hizo hacia atrás con algo de asco- Interesante…
-¿Vienes a jugar con nosotras? –rió la cortesana que se mantenía detrás de la mujer mayor, saliendo de allí y tomando por detrás de su cadera a la invitada cuya molestia iba en aumento.
-¡Niñas! Es solo una invitada… y por lo que veo… -agregó la Signora volviendo a ver el cuello de aquella mujer- No va a ser una hermana, no para ustedes…
El par de cortesanas suspiraron con total decepción y volvieron a pegarse a su señora. Lia se tomaba los brazos, seguía sin cruzar mirada con ninguna de las demás.
-Acompáñame a mi habitación por favor, Gatta… me gustaría hablar algo contigo.

La Gatta le dio la aprobación con la cabeza y ambas mujeres se dirigieron al interior del edificio, quedando solo las otras cuatro cortesanas afuera en compañía del frio y del sol que poco a poco estabas más cercano a desaparecer por el horizonte.
-Ya escuchaste a la Signora, pequeña –le recriminó una de las cortesanas. Las tres rodearon a Lia, que las miró con pena y pronto volvió a dirigir su vista al suelo.
-Si nos pasa algo a nosotras por tu culpa, la vas a pasar muy mal –agregó otra de las chicas inclinándose hacia ella con ambas manos en su cadera. Empujó a Lia hacia adelante, provocando que esta cayera al suelo. Las tres mujeres se apartaron de ella, una la miró despectivamente, y en cuestión de segundos se fueron al interior, dejándola sola una vez más.
La joven Lia se puso de pie y sacudió sus manos. Miró en dirección a su vestido color trigo brillante que permanecía colgado en las sogas.
-Que se termine… -suspiró tomando su prenda y partiendo hacia la puerta.


Este capítulo tendría que haber seguido, pero temía que resultara muy largo y por eso decidí terminarle acá y seguir en el capítulo que sigue.
Lia terminó siendo más desgraciada y tímida de lo que planeaba ._. pero creo que eso cambiará un poquito según las situaciones. Sé que fue un tanto aburrido pero bueno xD, intentaré subir la continuación más tarde ^^

No se olvide de dejan review porfis.