4.

No era una tarde tormentosa y el cielo no amenazaba con lluvia, era un día común y corriente, de lo más normal para el húmedo clima de Forks. Bajé las escaleras de mi hogar con rapidez, y encontré a Edward intentando ganarse a mi padre, veían juntos la televisión. Hizo ademán de levantarse en cuanto me vio pero quería estar sola por lo que no me dí por enterada de su intención. Cerré la puerta tras de mí con un escalofrío.

La noche anterior Alice, la hermana de Edward y una muy buena amiga en ese entonces, nos había preparado una preciosa fiesta de compromiso. Por aquellos años yo detestaba esas muestras de cariño hacia mí porque las creía inmerecidas. Ahora, no me detendría a pensar en ello, simplemente las disfrutaría porque en cualquier momento esa sensación, cuando todo parece estar marchando sobre ruedas, desaparecería. Siempre ocurría.

El, siempre tan perceptivo, supo enseguida que algo iba mal. Salió momentos después a encontrarse conmigo. Me había quedado pegada en la puerta sin poder avanzar para llegar al monovolumen, el cual era mi objetivo principal. Esperó a que yo posara mis ojos en él pero no me preguntó nada ni forzó una confesión que no sabía como darle.

Con dificultad, me despegué de la puerta y lo guié al coche. Conduje en silencio por las calles de Forks, hasta que llegué a la entrada natural que llevaba al prado de Edward. Le pedí que fuéramos a aquél lugar, pero Edward no pudo contenerse más y me rogó que le contara qué estaba pasando. Pensé que algo como eso no era realmente una decisión concertada ni una elección concienzudamente tomada por lo que él en realidad no tenía idea sobre lo que estaba ocurriendo, o lo que estaría por ocurrir. Respiré profundo y tomé su mano. Si el tiempo debía pasar yo no quería llevarlo a cuestas.

—Mi madre me ha enviado noticias esta mañana.

—Malas noticias.

Asentí.

Me tomó en sus brazos y me condujo hacia el extenso prado, su primer refugio, que en esa época del año se encontraba lleno de colores. Pero esta vez no tuve que cerrar los ojos para evitar marearme. Me sostuvo junto a su pecho como si intentara consolarme, y caminó conmigo a través del denso paraje. Levanté la vista para observarle cuando comenzó a tararear una desconocida melodía.

— ¿Es nueva? —pregunté.

—Sí.

— ¿Cómo se llama?

Me observó junto a él y luego su mirada se perdió en todo cuanto nos rodeaba en aquel momento. Ignoro qué habrá visto en mi rostro o en el bosque circundante, ignoro porqué así y qué implicaba, pero luego de un momento volvió a observarme y contestó:

Borrowed time.

Desperté al amanecer, recostada sobre la alfombra. El reproductor se había detenido al terminar las canciones.

Debían ser cerca de las cinco aventuré gracias al pálido tono de luz que entraba por las cortinas. Adolorida y con frío me levanté del piso. Choqué con mi reflejo en el espejo: me veía más cansada, más madura y también más gris; del pálido tono que siempre había acompañado mis mejillas ya no quedaba casi nada.

Volvió a mi cabeza el momento en que le dije que no me quedaría con él, que no podría unir mi vida a la suya, como ambos habíamos deseado. Protestó y argumentó que yo no tenía derecho a tomar esa clase de decisiones. Casi podía escuchar a mi átona voz decir nuevamente:

—Esta es la vida que nos ha tocado vivir.

Y luego, en un intento desesperado y cobarde por sacarlo de mí para siempre, le dije:

— ¿Jamás se te ha ocurrido pensar que tanto obstáculo entre nosotros no es más que una señal de que esto no puede ser, de que contrariamos al destino con cada esfuerzo?

Me dirigió una larga mirada y luego volvió al silencio. Había sido injusta al decirle aquello, al sacar a relucir sus temores, pero no me quedó de otra.

Despejé mi mente con una efectiva ducha fría. Aproveché el resto de la madrugada para ordenar el departamento y empacar mis cosas. Mi madre volvía, esta vez con Phil, y quería darles un espacio para que estuvieran juntos, el tiempo que quedara.

Volvería a vivir con mi padre, esta vez en mi lado del mundo, pero supuse que sería relativamente parecido a nuestra convivencia en Forks. Luego de desmantelar mi habitación, salí del departamento con tan solo un bolso y una caja repleta de papeles, libros y música. Algo para sentirme más cómoda, pensé. Eran cerca de las diez cuando crucé el umbral de entrada del departamento de Charlie.

— ¿Por qué no me dijiste que vendrías a esta hora? —me quitó la caja de los brazos y la condujo a la que sería mi habitación, ubicada junto a la suya.

— Desperté temprano—le expliqué.

— ¿A qué hora dan de alta a tu madre?

—Al mediodía.

Se meció el pelo con una mano, lucía nervioso.

— ¿Desayunaste?

—Sí—mentí, echando abajo cualquier invitación a iniciar una conversación, y me mordí la lengua ante mi egoísmo, pero deseaba estar sola.

Escuché la puerta al cerrarse cuando partió. Me senté sobre mi cama, el departamento de mi padre era muy oscuro y mi pieza, bastante fría. Removí las cosas al interior de la caja para buscar el cd de Edward y volví a escucharlo esta vez completamente despierta.

Terminé acurrucada sobre la cama, tiritando por algo más que el frío y con solo un pensamiento en la cabeza: Quería verlo.

No importaba como me sintiera después, concluí mientras me lavaba la cara. Habitaba en una especie de limbo y él siempre había sido mi refugio y mi consuelo. Sus recuerdos, aunque ya gastados y algo difuminados me habían servido para soportar mi actual vida. Hacía algo más de cuatro años él había dejado el país y volvía por primera vez. Quizás era mi única oportunidad y aunque fuera de lejos y en medio de una multitud, necesitaba verlo, creer que su existencia en mi vida era algo más que una estrella distante en el cielo.

Pasado el mediodía fui a visitar a mi madre. Me recibió sentada en el balcón, enfurruñada con las nubes que tapaban el sol. Era tranquilizador verla al fin usando sus ropas, ya no más batas blancas y ásperas, ella lo disfrutaba, lo supe al ver su expresión.

—He tenido una buena vida—comentó.

Me senté frente a ella.

—Phil fue a comprar algo de comida, ¿te quedarás a comer con nosotros?

Negué con la cabeza.

—Iré a comprar un ticket.

Abrió los ojos y su rostro se iluminó de contento. Adivinó enseguida.

— ¿Irás?

—Sí, ¿quisieras ir conmigo?

— ¡No! No necesitas ninguna chaperona, cariño, estarás bien.

Nos quedamos en silencio un momento, mi madre volvió a observar el cielo pero esta vez las suaves líneas de su rostro dibujaron una soñadora sonrisa.

—Recuerdo la época en que recién llegamos a vivir aquí, tú no te acuerdas, eras tan pequeña. Me iba a dormir cada noche segura de haber hecho lo correcto, que no iba a soportar vivir como lo hacíamos en Forks. No podía ni quería conformarme. Pero cada mañana, casi antes de despertar, un miedo terrible me consumía. ¿Sería ésta la decisión correcta? ¿Había hecho bien en abandonar a Charlie, en privarte de una tener una familia?

Negué con la cabeza.

—Pero ya ves, crecí de lo más normal, tus decisiones no me traumaron ni afectaron mi vida.

Intentó celebrarme la broma, pero decidió continuar donde había dejado.

—Cuando abría los ojos fingía ignorar estos pensamientos, me aterraba pensar que había escogido mal y que esa elección me pesaría el resto de mis días.

— ¿Fue así? —inquirí.

Mi madre se encogió de hombros.

—Quiero creer que no. Hay momentos en la vida en que te cruzas con alguien y se vuelve irremplazable, te unes a esa persona y solo comprendes qué tan profundamente ha sido cuando la pierdes. También hay ocasiones—aceptó—en que aquella persona y tú no pueden estar juntos, no importa cuanto lo deseen y se quieran, simplemente no funciona. El daño se hace más importante que el amor y la pareja se autodestruye. No sé en qué caso estás tú, Isabella, pero no te quedes con la duda, trata de averiguarlo antes de que los años te caigan encima.

La observé un momento, intentando leer en su rostro cual de aquellas descripciones era la suya. Sonrió nuevamente y se volvió a mí, se detuvo en mi rostro como si buscara el de alguien más dibujado encima. Tragué saliva y una corazonada martilló en mi pecho.


Mil gracias por pasarse y leer :)