5.
Esperé con nerviosismo la llegada del fin de mes y con esto el día del concierto de Edward. Este aumentó de forma exponencial mientras esperaba en la larga fila para entrar al dichoso teatro donde él se presentaría.
Me ubiqué en la orilla izquierda, junto al pasillo de salida. El teatro se llenó como suponía que ocurriría y el murmullo de voces se generalizó hasta que las luces se apagaron y el foco central del escenario se iluminó para darle la bienvenida a Edward. Volví a sentir aquel nerviosismo en cuanto apareció, lucía impecable en un traje negro, más alto de lo que recordaba, con sus ojos miel refulgiendo gracias al destello de las luces. Sonrió al público y me encogí en cuanto lo recorrió con una amplia mirada de agradecimiento.
El sabría que estaba allí, por supuesto, por mucho perfume que me pusiera él sentiría mi olor y lo sabría, ¿sería lo suficientemente veloz como para huir de él en medio de la multitud cuando todo acabara? No lo sabía.
Se sentó en el banquito frente al piano y luego de volver a recorrer al público, comenzó a tocar. Reconocí mi nana y se me erizó la piel.
Observarlo nuevamente, luego de tantos años, me pareció algo parecido a un sueño imposible. Ya me había hecho a la idea de que no le volvería a ver, después de todo, él había cumplido con su parte del trato. Era yo ahora, quien lo rompía por simple capricho nostálgico, pero la verdad era que no podía más. Dolía demasiado. Necesitaba con urgencia una dosis de normalidad, al menos de aquella normalidad fantástica que tuve en Forks, aquella felicidad inagotable que tuve cuando lo conocí.
Cerré los ojos y me transporté al salón de la casa de los Cullen, a la primera vez que él había tocado para mí. Cuando volví a abrirlos, Edward estaba de pie, en medio del escenario, recibiendo los aplausos del público, todos se habían levantado.
Yo también me levanté, con la intención de escabullirme entre la gente en cuanto tuviera mi oportunidad. La ovación se prolongó por más de cinco minutos. Seguí su espalda cuando él se volvió para salir del escenario, hasta que desapareció.
Las luces del escenario se apagaron y los pasillos se iluminaron para guiar al público hacia la salida. Me oculté entre un grupo de personas y choqué con él antes de darme cuenta. Sus ojos claros me observaban confundidos. Una pequeña sonrisa recorría sus labios. Sorprendida, sentí mi cuerpo derretirse en su presencia.
—Bella—murmuró, tan sorprendido como yo.
Tragué en grueso mientras mis ojos se humedecían por la emoción.
—Edward—solté con un suspiro. Impedida por la emoción de hilar una frase coherente, empecé a temblar. La gente seguía pasando a nuestro alrededor, otros se detenían frente a él para felicitarlo por el concierto. El los dejaba pasar. Lo observé lidiar con estas distracciones para acercarse a mi.
—Bella, por favor—me detuvo cuando comencé a caminar.
Negué con la cabeza. Era demasiado difícil estar de pie a su lado y no llorar.
—Perdona. —aproveché que una muchacha se le acercaba a pedirle un autógrafo para escapar cobardemente del teatro.
Me encontré respirando agitada y comencé a correr camino a mi casa para deshacerme de la sensación sofocante.
Al llegar a mi cuarto la desazón se hizo evidente y no paré de llorar sino hasta que me venció el sueño. Una parte de mí, una pequeña parte de mi adolorido corazón tenía la esperanza de que él me detuviera esa tarde, de que me encarara y me preguntara qué estaba haciendo allí, pero él no había aparecido para salvarme, él no había vuelto con la intención de buscarme. Lucía tan sorprendido por mi presencia en aquel lugar, tan incómodo. Y yo seguía amándolo con una intensidad que dolía.
Me desperté cerca de la medianoche tras escuchar un ruido en el interior de mi habitación. Una figura masculina yacía sentada en el baúl, junto a la puerta. Me sobresalté y entonces la figura alzó el rostro. La habitación no estaba lo suficientemente oscura como para que yo pudiera dejar volar mi imaginación y creyera que aquella figura era… no importaba. Me retraje asustada.
— ¿Te he despertado? —preguntó la cansada voz de mi padre.
Por supuesto que era él.
—No importa.
— ¿Ha sucedido algo que no quieras contarme?
Me senté en la cama y prendí la luz del velador. Pasé mis manos por mí rostro, las lágrimas secas estiraban mi piel.
Negué con la cabeza, sin mirarlo.
—Vamos Bella, puedes contarme.
Su preocupada voz y luego, cuando alcé la vista, su pálido rostro, me indicaron el miedo que sentía y el porqué.
—Ella está bien—respondí enseguida.
Se le escapó una risita histérica.
—Te he escuchado llorar desde que llegaste y pensé…—botó el aire que había acumulado por la tensión.
Volví a negar.
—Mamá está bien—repetí.
—Pero tú no.
—Es el cansancio solamente.
Miró un punto fijo en el suelo y la piel de su rostro volvió a tomar un color más saludable. Se le formaron unas arruguitas a la altura de los ojos cuando habló.
— Edward ha regresado.
—Lo sé.
— ¿No has hablado con él?
—No. —mentí con un nudo en la garganta.
Asintió lentamente con la cabeza, tal vez había comprendido ya porqué me encontraba así.
—No puedo decir que el paso del tiempo sea un gran consuelo—murmuró más para sí mismo, como si estuviera evaluando las posibilidades.
—Estoy bien—interrumpí sus confusos pensamientos. —Solo estoy cansada—insistí.
Se levantó torpemente, y se pegó a la puerta.
—Si necesitas cualquier cosa, estoy al lado.
Apagué la lámpara de la mesita de luz y volví a recostar mi cabeza sobre la cálida y cómoda almohada. El vacío de mis sueños sería mi consuelo esta noche, esperaba.
Hola!
capi corto esta vez
muchas gracias por pasarse, espero que les guste :)
