Caminaba por las calles de la ciudad, con audífonos en mis oidos escuchando algo de música, en un intento ya acostumbrado de eliminar los murmullos y ruidos a mi alrededor.
Evitando mirar los rostros de las personas que me rozaban los hombros, llegué al lugar donde trabajaba, abriendo con mis llaves el local de fotografía, lugar que me daba abrigo, y donde estaban las memorias de los momentos donde descargaba mi pasión y amor.
Antes de cambiar el cartel de "cerrado" a "abierto", me tomé un momento para revisar mi trabajo de hoy, esperanzada de que aquel defecto desapareciera como siempre, y me dejara ver bien mi trabajo, pero una vez más, la nitidez propia de las figuras estaba ausente, y sólo los colores en una difuminada versión se mostraban ante mi. Molesta, abrí la mochila que había dejado días antes tirada en el suelo, a mi última visita al médico que confiaba, no hace mucho, tenía apenas un mes; saqué una cajita, la abrí y de ella los lentes que no me gustaba usar, y con manos temblorosas los acomodé en mi rostro.
Volví a intentar mi vista en las fotografías, y lo que pude ver hizo que mi vista se empañara, si se podía aún más
- "Cada vez es peor..." dije en suave murmullo entonado con tristeza. Las imágenes eran difusas, borrosas, incluso con aquel objeto que me debía ayudar, y que lo había hecho hasta unos días atrás, todo era un gran borrón de colores.
Aquella era mi vida, aquel era mi amor, ¿que iba a hacer en el momento en que no pudiera ver más?, las imagenes, incluso los colores se perderían en algún momento, no habría ni luz ni oscuridad, y al haber una posible solución, la rechazaba al sólo pensar el chance de fallo, podría ver con normalidad, o sumirme en la nada de una vez por todas.
- "Al menos, por momentos, sé que puedo ver, no como quisiera, pero puedo hacerlo" y tragándome las lágrimas como todos los días, desde un tiempo que ni siquiera ya calculo, tomé con delicadeza las fotos en mis manos, y comencé con mi labor.
