Capítulo 6
Beso desencadenado
A culpabilidad del movimiento de rotación de la tierra, una delgada línea dorada comenzó a deslizarse por un resquicio entre la cortina. Su destino no estaba fijo, pero su camino poco a poco iba marcándose con el transcurso de los segundos; en la trayectoria, tocó las membranas del custodio de Escorpio, cuya composición no impidió que la luz penetrara hasta sus pupilas, molestándolas, e incitando a que se removiera suavemente para evitarla.
La mente frenó sus movimientos, al llevarle el recuerdo de cierto francés acomodado a su lado. Fue entonces que sus ojos se abrieron lentamente, con un movimiento volátil por parte de sus párpados. El semblante sereno de Camus fue su espectáculo.
Milo no supo si quedarse quieto o moverse y despertarle; no cuando sus propios ojos se posaron en los labios inertes de él, los cuales lo habían engalanado la noche anterior. El recuerdo de lo que sucedió lo hizo sonrojarse suavemente
-v- Flash Back –v-
-"¿Por qué me besaste?"- Le cuestionó, cuando el contacto entre ellos se anuló. Acuario sonrió, sin responder. Se levantó de la cama, la rodeó y tomó el lugar que ocupaba antes de la intromisión de Kanon.
-"Buenas noches..."- Se despidió, terminó de acomodarse y el silencio se estableció.
El griego permaneció en la misma pose, inquieto. Su mano diestra adquirió movilidad, y las yemas de sus dedos el deseo de posarse en el sitio donde aún calaba la presencia del francés. Sus labios fueron tocados, con algo diferente en ellos…
-"Besas terrible"- Añadió con desagrado, imitando los movimientos de Camus.
Se recostó a un lado, dándole la espalda. Acuario no tardó en moverse hacia él y abrazarlo, entrelazando sus manos.
-"Quizá deberías remediarlo"- Retó en tono juguetón. Milo estaba sorprendido por sus palabras, por sus acciones…
¿Qué demonios significaba ese beso, el abrazo reciente, y sus vocablos?
La respuesta iluminó su mente: Camus continuaba intentando animarlo, y toda accion sólo significaban eso.
¿Verdad?
-v- End of Flash Back –v-
Si alguien hubiera preguntado por la relación de ambos dorados, cualquiera podía haber explicado que no podían verse sin sentir un desagrado que no fingían. Ahora las cosas no parecían estar tan mal; incluso entre ellos se había generado una llevadera amistad.
Milo sacó la mano fuera de las sábanas, estirándola a la altura de los labios de Camus, en dirección a su rostro. La palma tocó su piel; sin acariciarla zarandeó su mejilla
-"¡Despierta, ya amaneció!"- Exclamó. Los párpados del galo se replegaron rápidamente, dejando ver una mirada asustada. El griego soltó una carcajada, mientras se apartaba en caso de que él quisiera tomar represalias.
-"¿¡Por qué me despiertas de esa forma?!"- Reclamó el aquariano, sentándose en la cama con indignación, con molestia. Escorpio continuaba partiéndose de risa, por lo que no pudo responderle. Camus únicamente entrecerró los ojos y se levantó de la cama.
Aquella reacción paró las carcajadas del griego.
-"¿A dónde vas?"- Preguntó extrañado. El onceavo custodio se detuvo en seco.
-"Es que…"- Vaciló en su respuesta. Al final exhaló y se sinceró –"Todas las mañanas le hago una visita a Saga…"- Las cejas del griego se alzaron, aunque no tanto como el tono carmín en las mejillas del aguador.
-"Ajá…"- Con aquella expresión coloquial, le pidió que continuara.
-"… Le llevo algo de desayunar…"- Completó, aún más abochornado.
Ahí estaba la respuesta al cuestionamiento que lo atacó anoche sobre las intenciones de Acuario.
-"¿Qué él no sabe cocinar?"- Preguntó, visiblemente molesto. Camus asintió, sin notarlo.
-"Si, pero… digamos que no es muy bueno en lo que hace, y que es una forma de demostrarle mi amor…"- El francés había adoptado un gesto un tanto infantil, como si fuera un niño que acabara de cometer una indiscreción y esperara reprimenda.
-"¿Con qué por ahí va la cosa?"- Preguntó mucho más serio, provocando que Camus únicamente le sonriera con todos los dientes, como si así fuera a evitarse un problema o algo parecido. Milo omitió su gesto mientras se levantaba de la cama –"¿Sabes que si hoy lo haces puedes arruinar nuestros planes?"- Acuario parpadeó, desconcertado.
-"¿Por qué?"- Escorpio le dirigió una mirada seria, penetrante.
-"Porque Saga sabrá que si te importa, aún cuando se supone que estas enamorado de mi"- Explicó, parándose frente al aguador, a quien la ilusión de ver al gemelo mayor se le hizo añicos delante de sus ojos.
-"Tienes razón…"- Respondió entristecido, bajando la cabeza un poco.
Después de lo que había hecho por él, el octavo guardián creía que esa no era la manera justa de pagarle todas sus atenciones y apoyo.
Colocó los dedos por debajo del mentón galo, y le levantó la vista.
-"Pero… tengo un plan…"- Le guiñó el ojo.
-"¿Un Flan? Yo no tengo hambre, ¿para qué quiero un…?"
-"¡No un flan, tonto, un pan!... digo… un PLAN"- Se corrigió un poco desesperado. Camus se cruzó de brazos, mirándole de forma desconfiada.
-"Tú y tus planes."- Resopló.
-"¿Quieres ver a tu 'amado Saga', o no?"- A Acuario le molestó que se burlara; pero si quería que las cosas resultaran tenía que soportarlo; aunque ya comenzaba a agradarle más esa etapa en el bicho que la depresiva de anoche.
-"¿Y en qué consiste tu dichoso plan?"- Inquirió, aún inseguro.
-"Aprovecharemos la visita de Kanon para ello; pero tienes que hacer y decir lo que yo te diga, o algo similar. Saga tiene que percatarse que estas muy, muy triste…"
o.v.o
Aún tenía las palabras de Kanon aferradas a su memoria, cuando a la mañana siguiente, los rayos del astro rey lo trajeron del mundo de los sueños.
No podía… mejor dicho, no quería creer que fueran certeras. Saga se basaba, más bien, en pensar que Kanon lo había dicho exclusivamente para molestarle; pues estaba seguro que su familiar no hubiera estado en el tercer templo, aparentemente tranquilo, sin pensar en como recuperar a Milo.
A menos que ya hubiera encontrado una forma y buscara la oportunidad de seducir a su gemelo para que se alinear a las filas de batalla. Pero él no le serviría de peón. Saga se negaba a tomar parte en aquella guerra, considerando que lastimaría a Camus. Es decir, si no eras un buen rival ¿para qué hacerlo?
-"Yo respeto su decisión, sea cual sea…"·- La tristeza lo embriaga al pensar que jamás lo recuperaría; pero al mismo tiempo se sentía dichoso, sabiendo que el aguador había encontrado a una persona que podía aprender a valorarlo como merecería. En caso contrario, Saga tendría que tomar cartas en el asunto.
Una exhalación procedió de sus labios, en tanto retiraba las mantas que cubrían su silueta, y se disponía a levantarse. Podía sentir el cuerpo demasiado cansado, producto de una tristeza que pretendía omitir; mas, ese no era motivo para desfallecer, así que se levantó y continuó con sus diarios hábitos de limpieza.
Una vez con la acostumbrada imagen del caballero de Géminis, vestido con su ropa de entrenamiento, se dispuso a correr un rato por el coliseo. Con ese pensamiento se retiró hacia la entrada del tercer templo, estirándose para que un calambre no le impidiera su ejercicio rutinario.
A los pocos instantes, antes de que emprendiera la marcha, la presencia de acuario se interpuso entre él y su destino, provocando que Saga girara la cabeza hacia atrás, enfocando su mirada en la penumbra que obstaculizaba el resplandor interno del templo.
-"Camus"- La silueta del nombrado se dibujó entre las sombras del recinto. Una sonrisa apareció en el rostro del mayor, clonada por parte del aguador.
-"Hola."- Era aparente su nerviosismo, aunque Saga no podía notarlo.
-"Hola."- Regresó el saludo aproximándose a él.
-"¿Cómo estás? ¿Qué tal estuvo la fiesta?"- Fueron las primeras preguntas que cruzaron su cabeza, y que brotaron por sus labios.
-"Dímelo tú"- Contestó el geminiano, un poco serio.
Camus sonrió apenado, recordando el ridículo que Milo le había hecho pasar, para sacarlo de una vergüenza mayor.
-"No recuerdo mucho, la verdad"- Dijo, quizá para salir de la situación.
-"hum…"- Gruñó Saga, un poco molesto. Una gota de sudor escurrió por la frente gala.
-"Yo…"- ¿Qué podía Camus decirle, sin delatar el plan que tenía con Milo? –"¿Has desayunado ya?"- Cambió astutamente la conversación, esperando que el mayor le siguiera el hilo.
-"¿eh?"- Aprovechando la sorpresa de géminis, el onceavo guardián siguió las instrucciones dadas por Escorpio.
-"Es que… dejé a Milo esta mañana porque quería hablar contigo…"- Camus adquirió exactamente el mismo semblante que el escorpión le había pedido.
Saga no sabía si esas palabras serían una explicación a su reciente relación con Milo, o algún otro tema en particular.
-"¿De que quieres hablar conmigo?"- Preguntó, un poco confundido. El galo se sonrojó mientras hacia su oferta.
-"Pues… me gustaría que fuera con una taza de café. Podemos bajar al pueblo, si quieres; aunque preferiría cocinar algo para ti…"- El gemelo mostró una expresión enternecida, enamorada. Sonriéndole de forma cariñosa, le tomó la mano diestra con un gesto similar
-"A mi me gustaría uno de esos ricos desayunos que preparas"- Confesó, halagado a causa del extremo matiz carmín en las mejillas francesas.
-"No se diga más. Vamos a la cocina."- Tomando ventaja del agarre entre sus manos, lo condujo hacia la habitación mencionada; rogando porque el plan del bicho diera buenos frutos.
o.v.o
Después de Saga y Kanon, las personas más cercanas a Acuario y Escorpio eran Shura y Aioria, respectivamente. El cisne, Hyoga, podía ser cercano a ambos, después de la pelea en el santuario; pero digamos que no tenía una relación tan cercano como esos dos.
El décimo custodio era vecino de Camus, por lo que no les había costado mucho trabajo congeniar, si estaban tan cerca. Y aunque la vida y mejor amigo del galo era el ex patriarca Arles, durante los años que desempeñó ese cargo, fue grato poder contar con alguien como Shura, con quien hablar acerca de los problemas del santuario, entre otras cosas.
Una situación muy similar había hecho amigos y cómplices a Leo y Escorpio.
Aioria acababa de perder a su hermano, quien fue acusado como máximo traidor, llevándose a su familiar entre las patas. Milo había perdido contacto con Kanon, y se encontraba nuevamente solo. Afortunadamente se encontró con el pequeño felino, quien le brindó su amistad sin recelo. Con la personalidad leal, honesta y divertida del octavo custodio, era muy difícil no tenerle cierto aprecio.
En aquella tranquila mañana, en la que no parecía suceder nada fuera de lo normal -como aburridamente se había vuelto la vida de los dorados-, las segundas personas más cercanas a Acuario y Escorpio –que también tenían cola que les pisaran-, se encontraban bebiendo café en la 'pequeña', y sobre todo, 'modesta' sala del templo de Leo.
-"¿No crees que fue muy raro que ni Camus, ni Milo –que no es nada discreto, por cierto- entablaran una relación sin que ninguno de nosotros lo supiera?"- Preguntó Capricornio a su acompañante, de manera sospechosa.
Leo asintió.
-"Milo no es ningún chismoso, lo que pasa es que yo lo presiono demasiado para que me cuente algunas cosas"- Desmintió uno de los comentarios del mayor. –"Lo que si te puedo asegurar es que su comportamiento no es para nada normal. E insisto, no es que no sepa guardar un secreto, o que sea eso lo que me asombre, es que hasta hace un par de días estaba muriéndose de amor por Kanon."- Dándole un sorbo a su bebida, Shura concordó a su argumento, recordando algunas cosas.
-"Lo mismo podría jurar de Camus."- Aioria lo interrogó con la mirada. –"No te puedo contar, no insistas"- El castaño entrecerró los ojos, como si estos poseyeran rayos 'X' y pudiera encontrar el secreto con tan sólo buscarlo con la mirada.
-"A él le gusta Saga"- Dedujo, sorprendiendo al pelinegro.
-"Pero ¿cómo lo supiste?"- Inquirió, apunto de dejar caer la taza con todo y café sobre su regazo. El quinto guardián soltó una carcajada. No lo sabía, sólo lo había dicho porque si, y Shura fue quien reveló todo el secreto.
-"Ya ves como soy de inteligente"- Se engalanó el felino, guiñando el ojo diestro.
-"Si, bien…"- Gruñó el pelinegro, terminando su taza de café.
-"Yo siento que aquí hay algo más…"- Siguió Aioria, poniéndose serio. –"Ninguno de los dos se comporta como usualmente lo haría. Por ejemplo Camus, dudo que alguna vez en su vida bebiera tales cantidades de vino…"
-"No le gusta beber. Siempre ha dicho que no lo considera necesario y que uno mismo es quien le pone ambiente a las fiestas, no el alcohol"- Aseguró el peninsular.
-"Pues su comportamiento de anoche dice todo lo contrario."- Comentó el moreno terminando también su café.
Ambos dorados se quedaron un momento en silencio, cada uno trazando sus propias hipótesis que explicaran ese cambio de conducta.
-"Tal vez si están enamorados"- Reflexionó el poseedor de Excalibur.
-"¿De verdad piensas conformarte con esa explicación?"- Escrutó sorprendido. Shura movió varias veces la cabeza en señal afirmativa. –"Pues yo no"- Decidió Leo.
-"¿Y qué piensas hacer, gatito? ¿Los vas a espiar?"- Preguntó el décimo guardián, bastante solaz. Para su sorpresa, o temor, Aioria se colocó unos lentes de sol y sonrió de forma misteriosa
-"Exactamente."
o.v.o
Para no arruinarle el desayuno a Saga, Camus omitió una parte del plan, hasta saber que este había terminado sus alimentos y que ya estaba satisfecho. Para el gemelo no habían pasado desapercibidas las intenciones que tenía por el intercambio de diálogo entre ellos; aunque no sabía si esperar que el pelimarino se abriera, o preguntarle la razón de su comportamiento.
Al final, Acuario decidió continuar con lo acordado con Milo.
-"Eres… una persona muy importante para mi…"- Comenzó a decirle, intentando no sonar romántico. El mayor estuvo a punto de decirle que no era buena idea hablar de ellos cuando estaba con Milo, en el momento que el galo agregó: -"Eres mi mejor amigo…"- Saga sintió que se hundía en la silla y que sus mejillas se habían coloreado con vergüenza.
-"Si, lo soy."- Sonrió como tonto, sintiéndose como tal.
-"… por eso he venido contigo, buscando un poco de consuelo, o un muy buen consejo."- Al griego le sorprendió verlo adquirir un semblante entristecido.
Se suponía que no estaba con él para no causarle esa emoción… ¿cómo podía verlo ahora de esa forma y no sentirse culpable hasta cierto punto?
-"¿Qué sucedió Camus?"- Inquirió el mayor estirando su brazo por arriba de la mesa, y tomando la mano izquierda del galo. Acuario rechazó el contacto, levantándose de la mesa mientras le daba la espalda y buscaba apoyarse en la pared. Debía pensar en todos los rechazos de Saga para conseguir una actuación perfecta, incluso, si hubiera llorado, le hubiera dado un buen premio a sus pupilas.
-"Creo que Milo me es infiel."- No consiguió lágrimas, pero si que la voz se le cortara.
Géminis estuvo apunto de morir ahí sentado, debatiéndose entre dos fuerzas: Los celos por no ser él quien causó ese efecto dolido en acuario, y el padecimiento de saber que este sufría.
Hubo un momento de silencio.
Camus tan sólo tenía que esperar la reacción del mayor, y continuar forzando a su sistema.
Saga, por otra parte, debía amarse de autocontrol e indagar lo más posible sobre la situación.
-"… ¿Po-por qué lo dices?"- Le preguntó, levantándose también de la silla.
-"Kanon estuvo ayer en su templo, cuando estábamos… dormidos"- Le había costado decir lo último, pero si Milo tenía razón, su ex amante ya le había contado a su gemelo lo que presenció.
Saga pudo escuchar a su hermano gritándole al oído:
« ¿¡Qué no te importa saber que lo puedes perder para siempre!? ¡¿No te duele saber que estaba en la cama de Milo con su ropa puesta, o que le armó una escena de celos cuando nos encontró besándonos?!»
Sus puños se apretaron.
Camus continuaba hablando, sin ser testigo de los demonios que atacaban a su acompañante.
-"Yo los noté extraños a ambos. Kanon estaba muy molesto, y Milo le pidió que hablaran fuera de la habitación. Tu hermano accedió, pero en vez de hablar ellos… ellos…"
-"Se besaron"- Completó el peliañil, cada vez más molesto. El francés asintió; aún intentando llorar.
-"Espera. ¿Cómo lo supiste?"- Inquirió el galo aparentando inocencia, y dándole la cara. El mayor lo miró fijamente, sin responder. Avanzó hasta él ocasionando que Camus retrocediera y quedara acorralado entre la pared y sus brazos.
Saga odió tanto a Milo como a Kanon por igual, en el momento que una partícula cristalina brotó por el rabillo derecho del galo.
-"Todo lo que hice fue para evitarte… esto…"- Enjugó aquella lágrima con la yema de su dedo índice; enseguida acercó su rostro al del francés, empalmando al instante sus labios.
Camus dejó de respirar, convirtiéndose en una estatua del elemento que él sabía dominar. Podía ver la cara del hombre que tanto amaba muy cerca de sí, podía percibir una calidez que lo derretía entre sus labios, y una sensación celestial que se adueñaba de su ser.
Acuario cerró los ojos, sin poder responder a la caricia por no saber como hacerlo.
Géminis, entre tanto, avivaba el contacto, perdiendo el control de su propio cuerpo, dejándoles a sus manos recorrer la silueta del francés.
o.v.o
Vestido con su armadura dorada, como un novio cualquiera, con la confianza que Acuario debía inspirarle, Milo penetró en el tercer templo.
Si sus cálculos eran correctos, y el plan había sido no sólo bien trazado, sino bien ejecutado, Saga le habría dado un buen consejo a Camus para que conquistara a su 'novio', o estaría tan molesto que querría matarlo. Podían suceder muchas cosas, y él se sentía listo para enfrentarlas todas. Todas menos una…
-"Buenos días, amor. ¿Vienes por mi?"
Kanon.
Milo se concentró tanto en lo planificado con el aguador, que se olvidó de la efímera posibilidad de encontrarse de frente con el ex dragón marino.
De acuerdo, si lo había contemplado. De hecho, eso también formaba parte de lo acordado.
Pasándole de largo, se internó en el recinto, en dirección a donde se hallaban dos presencias conocidas. El mayor siguió sus movimientos, sabiendo que Camus estaba en el templo, y que esa era la razón real de que el escorpión estuviera ahí.
-"¿No te molesta?- Le preguntó. Por la mente del octavo custodio pasó la pregunta ¿el qué?
-"Si. Tu presencia me atosiga."- Fue su respuesta hiriente.
-"El que estén juntos"- Completó el gemelo su pregunta, con cierto desagrado. Milo estaba por llegar a la cocina
-"Confio en Camus, y sé que él…"- Las palabras murieron en su boca cuando delante de sus ojos se proyecto el cuadro de un beso demandante entre Géminis y Acuario.
No dolía ser testigo de aquella escena; causaba cierto grado de molestia, de un enojo que Milo tenía que tragarse…
-"Nunca te engañaría, creo que es el resto de tu frase"- Murmuró un Kanon burlón.
La sangre de Escorpio hirvió peligrosamente. Para aquellos momentos se sentía como juguete de los tres guardianes…
El francés recordó muy tarde que debía actuar como el Milo de la noche anterior y resistir la tentación, no únicamente dejando a Saga sin un beso correspondido, sino apartándolo de él. Aunque tuviera un noviazgo fingido con el escorpión, le debía fidelidad.
Ayudándose con las manos interpuso su distancia. Sus ojos inexplicablemente fueron atraídos hacia la entrada, donde encontraron los de Milo, quienes denegaron el acceso y lo dieron por muerto cuando se cerraron. Camus únicamente observó como se alejaba hasta que su capa desapareció por la arista de la puerta.
-"Milo…"- Su primer impulso fue ir en pos de él; pero Saga no era el mismo de siempre y de nuevo lo acorraló.
-"Yo te quiero, Camus. Quédate conmigo."- Las palabras que más quería escuchar, por las cuales hubiera muerto, incluso se hubiera convertido en un asesino por ellas y Saga acababa de pronunciarlas. Sin embargo, no podía dejar a Escorpio, tenía que continuar con el plan hasta que Kanon pagara; la culpabilidad jamás lo abandonaría.
Sin decirle palabra al gemelo mayor, se abrió paso entre él y el muro, empujándole, para correr fuera de la habitación y detrás de su novio postizo.
Kanon ni siquiera se atrevió a ir detrás de Milo. Sólo permaneció parado en la entrada, pensativo, observando a su gemelo. Después de todo, no tenía que emplear ninguna estrategia para tenerlo de su lado, ya que, juzgando su expresión, podría decirse que no le agradaba el acontecimiento reciente.
-"Sabes perfectamente que yo puedo ayudarte"- Dijo su malicioso gemelo. Y en vez de que su hermano le dirigiera un gesto que lo acallara, su mirada se volvió… diferente.
o.v.o
Camus no sabía si el comportamiento de Escorpio era fingido; pero sus ojos, esos zafiros griegos no mentían. No lo conocía tan bien como a Shura o Saga; mas, el tiempo que habían compartido le habían permitido leer en su mirar lo que realmente sentía
Milo caminaba demasiado rápido, como su huyera de algo; no permitiendo que Acuario le diera alcance.
-"¡Espera!"- Escorpio obedeció. El francés también se detuvo. El griego exhaló, dándole luego la cara.
-"·Terminamos."- Sentenció, dejando mudo al onceavo custodio. No parecía molesto, aunque tampoco lucía feliz. –"Una vez lo dijiste: no sabías lo que era disfrutar uno solo de sus besos, y ahora tuviste la oportunidad de saberlo…"
-"Y también de saber lo que él realmente sentía por mi; pero no quiero que ¡terminemos!"
-"Pensé que querías estar con él"- Se extrañó el griego.
-"·Y eso quiero; pero… tú y yo tenemos un acuerdo"- Esto último lo dijo en un tono seductor, colocando la mano en su hombro. El griego se sorprendió; mas, al mismo tiempo se sintió agradecido.
-"Como quieras."- Concordó, adoptando el mismo gesto que él y abrazándolo por la cintura.
A los ojos de cualquiera podría verse como una reconciliación entre dos enamorados; aunque por fuera sólo era un cambio de fase.
-"Ahora pasemos a otra cosa"- Propuso el griego, sin darle tiempo a preguntar cual era, cuando lo besó de forma un poco más profunda a la que acostumbraba. –"No sabes besar"- Decretó al romper el contacto. Camus enrojeció por completo, mas, no se dejó intimidar
-"Ajá, y ¿quién podrá enseñarme?"- Inquirió como si no lo imaginara. Milo le tomó la mano, conduciéndole escaleras arriba.
-"Tal vez encontremos a alguien que se quiera prestar para tan horrenda labor; y si no lo conseguimos, no te preocupes, que con gusto me sacrificaré por ti."- Comentó sonriente, cerrándole el ojo de forma coqueta. Acuario rodó los ojos.
-"Hombre, muchas gracias, Que considerado eres."- Comentó entre resignado y burlón.
Se alejaron del templo de Géminis, dirigiéndose a Escorpio, mientras un par de cristales oscuros vigilaban sus pasos.
-"Con que eso era…"- Dedujo, cubriéndose en medio de las sombras.
