Capítulo 7

Aprendiendo a besar

Existen cosas que se aprenden mediante la experiencia; aunque, lo cierto es que una persona que ha vivido esas mismas cosas, tiene más capacidades, que una que ni siquiera las conoce.

En sus casi veintiún años de vida, Camus nunca había tenido una pareja. …l siempre se había guardado para Saga, esperando el momento en que volviera al santuario –por no saber que era Arles, el patriarca-; y, recientemente, en que supiera perdonarse para darse una oportunidad de ser felices, juntos. La cuestión era que el galo no tenía muchos conocimientos en lo referente a estar con otra persona: ser afectuoso, saber bailar, beber un buen vino en su compañía, saber besar, y lo más difícil para él: intimar con otra persona.

Para ser un mojigato, tenia la esperanza de poder entrar en intimidad con quien amaba; aunque el destino se había trazado de una forma retorcida, que Milo ocupaba esa posibilidad. Y es que a él le había otorgado, sin desearlo, su primer beso.

En aquella hora de la tarde, después de lo acontecido en Géminis y la nueva fase de su pacto, el octavo custodio trataba de enseñarle los distintos tipos de besos; pero…

-"¡Estás demasiado cerca!"

Acuario no cooperaba mucho con su actitud.

Milo rodó los ojos, mientras colocaba sus propias manos en su cintura e intentaba serenarse. Mentalmente se dijo: 'Tranquilo, es natural que YO lo ponga nervioso'. Desafortunadamente, después de varios intentos por lograr un contacto real, terminó explotando contra el francés

-"¡Solamente es un beso!"- Camus frunció el ceño; molesto, incómodo. Retrocedió un paso, recuperando su espacio vital.

-"Para ti lo es… pero… para mi… un beso significa mucho… ¡Y no es tan fácil hacerlo!"- Una ceja griega ser arqueó, mientras dos brazos se cruzaban a la altura del pecho.

-"Tampoco lo es para mi. No creas que es muy satisfactorio saber que tengo que besarte."

-"Entonces no lo hagas"- Decretó Acuario, dando media vuelta.

-"Correcto. Yo no seré quien quede en ridículo la próxima vez que Saga intente besarme."- Ese había sido un golpe bajo. Camus demostró su derrota cuando le dio la cara con un semblante diferente.

La verdad era que Milo lo ponía muy nervioso, demasiado. Saga era el único que tenía esa facultad cuando no se sentía tan culpable, cuando actuaba con su gran porte, con su seriedad; tenía un algo que paralizaba los sentidos del galo, que lo hacia temblar. Escorpio era tan atractivo como el gemelo; era muy seguro de sí mismo, tan sensual, que el galo se sentía como un helado expuesto a un asador cuando estaba a su lado.

El francés tragó un poco de aire, con sus mejillas un poco enrojecidas en el momento que lanzó una suplica hacia su acompañante:

-"Te pido que por favor me enseñes a besar, y que tengas un poco más de paciencia conmigo"- Milo sonrió en forma conciliadora, pensando que la psicología inversa a veces puedes ser un excelente recurso.

-"Esta bien"- Accedió como si nada. –"Para hacerlo un poco más fácil yo tomaré tus manos, así, las apretarás si lo necesitas; también puedes tener tus ojos abiertos, o cerrados, como quieras."- Los dientes frontales de Acuario apretaron su labio inferior.

-"Ehm… si, si, de acuerdo…"- Aceptó, sintiendo como le costaba trabajo pasar saliva por su traquea.

Ambos siguieron las instrucciones dadas por el octavo guardián. Milo con sus ojos abiertos, observando como su acompañante apretaba los párpados, con fuerza, esperando el momento en que su boca fuera tocada con la del escorpión; quien lentamente se acercó a su presa, sonriendo suavemente, sin notarlo. En un momento, sus labios apresaron los del galo, sin demanda alguna. El contacto no duró mucho.

-"Debes seguir el movimiento de mis labios"- Y de nuevo se apropió de la cavidad gala.

Camus sentía que se moría de nervios, por no saber en que forma corresponder a esa caricia. Mezclada esa emoción con un estremecimiento en su estómago, podría decirse que estaba muriendo en vida.

Con una fuerza y valor que no supo de donde sacó, sus labios cobraron vida. Pausadamente clonaron los movimientos de los de Milo, hasta que se sintieron tan seguros que ya no temblaban; incluso podría decirse que se habían vuelto ansiosos, quizá por explorar un poco más dentro de aquella sensación.

Fue Escorpio quien rompió el contacto, ahora sintiéndose él un poco incómodo.

-"No estuvo mal"- Lo 'felicitó'. Camus sintió que sus mejillas enrojecían mucho más; pero al mismo tiempo se sentía bastante complacido. –"¿Ves que no fue tan difícil?"- Le preguntó, soltándole las manos.

-"¿Eso quiere decir que ya estoy listo para darle uno a Saga?"- Peguntó el galo, entusiasmado. Parecía niño en plano seis de Enero.

-"No, aún tienes mucho que aprender."- Dijo Milo, visiblemente molesto. Acuario entrecerró los ojos de forma inquisitiva.

-"¿Qué más debo aprender, según tú?"- Las ideas del escorpión se procesaron a una velocidad descomunal.

-"Pues… algunas cosas… como… otras formas de besar, de jugar con tu pareja y eso."- De pronto sonrió de forma coqueta. –"Incluso podríamos practicar como entrar en intimidad…"- Camus tardó un poco en asimilar su tono seductor, y esa mirada penetrante que ahora lucia. Como respuesta, lanzó una risita forzada, nerviosa, mientras perdía el control de sus poderes y la temperatura en la habitación descendía.

-"No hablas enserio…"- Aseguró, inseguro. Escorpio colocó las manos en su cintura, acercando sus cuerpos de forma peligrosa.

-"¿Por qué no?"- Una escasa distancia se estableció entre sus rostros por culpabilidad del griego, quien en vez de dale un beso en los labios, dirigió su boca hacia el cuello del aguador. Lo siguiente que el galo percibió, fue como un par de dientes se apropiaban de su cuello, ejerciendo una fricción húmeda y electrizante en esa parte de su piel.

La sensación de sorpresa y placer mezclados, lo dejó quieto por un instante, como presa absoluta del escorpión, quien siente su letal aguijón. Su mano derecha se sostuvo sobre la nunca de su opresor, en tanto la otra se situaba en la cintura. Sus ojos no querían cerrarse; sin embargo, una fuerza desconocida les imperaba a los párpados a hacerlo, hasta que estos obedecieron.

Milo, por su parte, se deleitaba con probar esa dermis gala, con erizarla, con marcarla como su propiedad a sabiendas de que cuando el galo viera la marca amoratada que posteriormente la adornaría, quizá terminaría congelándolo en uno de sus famosos ataúdes.

De pronto, una sensación helada inundó la parte zurda de su cabellera, congelando efímeramente sus pensamientos, sus acciones…

-"¡Mi cabello!"- Exclamó el escorpión apartándose de su victima, tocándose la parte en la cabeza que estaba cubierta de una delgada capa de hielo. Camus, con las mejillas completamente enrojecidas, mostró una mueca de enfado.

-"No es mi culpa que trates de pasarte de listo"- Dijo, librándose de toda culpa.

-"¡Deberias aprender a controla tus poderes! ¡Qué clase de caballero dorado eres!"- Reprendió el griego, molesto. El aguador se mostró aún más enojado; pero ninguno de los argumentos que pasaban por su mente le servía para excusarse. En todos ellos el resultado era el mismo: Milo lo ponía demasiado nervioso. Ni siquiera Saga había terminado con una mano congelado, o con una parte de la melena en la misma calidad.

-"Dijiste que sólo me enseñarías a besar… En nuestro acuerdo, en ningún lugar, hay una cláusula que estipule que debes… que debes… enseñarme a… a… ¡a llegar más allá!"- Terminó de decir, un poco cohibido, con la cara mucho más roja que alguna vez en toda su vida.

-"No te salgas por la tangente Camus; además, no iba a violarte"- Escorpio comenzó a reír de forma forzada, caminando hacia otra parte de la habitación.

-"¡Yo no me salgo por ningún lado!... ¡Y claro que lo intentabas!"- Reclamaba el galo, caminando detrás del otro.

-"Ya te dije que no iba a hacerlo…"

-"¡Admite que querías pasarte de listo!"- Continuaba Acuario.

-"No es cierto…"- Respondía el bicho con tono cansino.

-"¡Lo es!"

-"No…"

-"¡Si!"

-"Que no"- Repetía con menos paciencia que al inicio.

-"¡Querías hacerlo, lo querías!"- En ese momento el griego se paró en seco, dando media vuelta y quedando de frente hacia el onceavo custodio, quien chocó contra su pecho debido al cierre. Los brazos de Milo quedaron en su cintura, mientras que los de Camus recogidos a la altura de su propio tórax.

Ambos se sorprendieron por quedar tan cerca; pero Escorpio no perdió el hilo de la discusión.

-"¿Has oído la frase 'el que en pan piensa, hambre tiene'?"- Inquirió, acortando la distancia entre sus cuerpos. Acuario tragó saliva con dificultad, por segunda vez.

-"¿Qué me quieres decir?"- Preguntó intentando mostrarse sereno. Intento que sabemos no logró.

-"Que tal vez… sólo tal vez… tú esperabas que yo realmente lo hiciera…"- Milo sonrió satisfecho. No podía negar que le encantaba intimidarlo de esa forma; aunque se asomara cierta incomodidad. Podría decirse que era una emoción mixta: el sentirse halagado por provocar eso en él, y nervioso por seducirlo.

La pierna diestra de Acuario regresó sobre el paso que había dado, seguida por la zurda, y nuevamente la derecha; intentando huir de un 'peligroso' cazador, que no lo liberaba.

Camus no respondió; pero en aquél momento recordó que tenía que armarse de todo su autocontrol. Si ya había sido valiente para enfrentarse a Kanon, incluso para rechazar a Saga, debía serlo para aguantar la galantería de Escorpio… ¿y, quién sabe? Tal vez algún día podría lograr intimidarlo también, quizá como la noche pasaba.

Para sorpresa del griego, Acuario dejó de retroceder.

-"A lo mejor ahora te dejo intentarlo"- Respondió, mostrando una sonrisa… seductora. Por un segundo Milo dejó de sonreír; pues enseguida supo que el otro no daría tan fácilmente su brazo a torcer.

-"Una respuesta realmente interesante"- Dijo el escorpión, tomando los labios galos entre los suyos y probando que tan buen alumno era.

Acuario inmediatamente respondió a las demandas del griego, tomando su cuello con las manos, moviendo los labios al ritmo que marcaban los del otro. Siguiendo el juego que los había llevado a aquella situación, Escorpio comenzó a deslizar los dedos por la espalda de su novio postizo, hasta llegar a la nuca y seguir el camino de regreso hasta la parte baja. El galo no sabía como responder, pero aprendería de la situación; así se lo había propuesto.

Milo aumentó el nivel del beso, permitiéndole a su lengua participar en aquél contacto sin ser lo demasiado brusco para inquietar al aguador.

Conforme sus cavidades se movían, el escorpión observó que en su cuerpo comenzaban a producirse ciertas reacciones, una excitación que no había sentido más que con Kanon: con la única persona con quien había estado íntimamente. Tal vez se debiera al nivel de partículas salivales intercambiadas con su novio postizo…

¿Debían continuar? ¿Hasta donde estaba dispuesto a dejarse llevar Camus?

…l, por su parte, no conocía esa nueva experiencia. Era grata, misteriosa, algo nuevo y excitante. No sabía lo que era; pero le agradaba. No sabía que lo causaba, pero le daba cierto temor.

Sus manos no sabían como expresarse, como moverse, por lo que únicamente las deslizaba por el cuello de su 'novio', y a veces se daba el permiso de bajar hacia su torso.

En aquella situación, sus movimientos los guiaron hacia una de las paredes, donde Camus sintió como el muro se estrellaba contra su lomo, y como el peso del escorpión recaía encima de su cuerpo. En aquél instante una sensación electrizante inundó su estómago, provocada no sólo por el beso o por la cercanía con Milo, sino por la intromisión, debajo de su camisa, de un par de dedos griegos, que se deslizaban como dueños de ese plano y suave territorio.

¿Qué juego se traía entre manos? ¿De verdad Milo si quería llegar más allá? ¿Enserio Camus le permitiría llegar hasta donde él quisiera?

Si Acuario declinaba perdía el valor con el que había actuado con anterioridad. Si Escorpio decidía no seguir, le daría la victoria a su 'pupilo'.

Entrando en mayor tono, para intimidar e incomodar al galo, Milo deslizó la otra mano hacia abajo, en dirección a sus glúteos; aunque no tuvo la confianza necesaria para hacerlo, por lo que se fue hacia la pierna gala, levantándola hacia su cadera y enredándola en ella. Una suave y excitante fricción se acaeció entre sus miembros, tan efímera y ardiente como una brisa veraniega.

El onceavo guardián no se inmutó, sino por el contrario decidió continuar, avanzar por el torso de su novio. Le gustaba lo que estaba experimentando, y para esas alturas no lo consideraba malo, o indecoroso… ¿Qué podía pasar si se dejaba llevar? ¿Escorpio continuaría enseñándole o se acobardaría?

Acuario sintió deseos de enterrar los dedos en su cuero cabelludo, de revolverlos en las hebras azulinas, de entregarse completamente aunque sus sueños y su alma le pertenecieran a Saga.

El cabello de Milo quedó revuelto, su camisa entreabierta por el pecho con dos manos intrusas sobre su piel, una pierna gala enrollada en su cadera, y sus labios amoratados por el roce intenso que sostenía con el acuariano.

-"¡MAES…!"- Un grito jubiloso quedó ahogado en una traquea rusa, seguido por el rompimiento de una fusión labial y una mirada aterrada…

Camus en ese momento deseo morirse…