Capítulo 8

Perdiendo el control…

Sentado en un cómo diván color vino, le hablaba de su más reciente trauma, a un hombre de complexión inflada, con el poco caballeo en la cabeza que le quedaba a un tono gris pizarra.

-"Mi maestro… mi maestro…"- Repetía, con la mirada perdida en la nada, y las manos puestas en el pecho. –"Mi modelo a seguir… mi amigo… mi padre…"- El calvo anotaba en su libreta acciones y palabras; sin perder de vista y oído, de cuanto era testigo. –"Él… Él estaba con… con… ¡AGH!!"- Exclamó cubriendo su rostro con las manos.

Hyoga así se visualizaba, mientras observaba como Milo y Camus rompían su 'mágico' momento.

Acuario continuaba en su trance, ideando una forma de salir de aquella situación; imaginando la impresión que había dejado en su pupilo.

Escorpio no conocía la estrecha relación entre Acuario y Cignus; pero, por la reacción de ambos, deducía que todo su cariño se había quebrado en mil pedazos. Lo cual le dificultaba las cosas, pues así no sabía que hacer: si dejarlos solos, o darle la bienvenida al cisne y hacer como si nada…

Fue el rubio quien lo decidió cuado cerró apresuradamente la puerta, con él afuera.

Camus maldijo por lo bajo.

Milo sonrió, nervioso.

-"Parece que no aprendió buenos modales… ¿Qué no le enseñaste a tocar las puertas antes de entrar?"- Se quejó, virando su cuerpo hacia el onceavo guardián; riñéndole en cierta forma; quizá para amenizar la situación. Acuario lo miró a los ojos, pero sin ganas de discutir.

-"Hyoga es… mi mayor debilidad…"- Confesó entre abatido y preocupado. Sus dientes frontales apresaron el labio inferior, en tanto su cerebro trabajaba a una velocidad inaudita buscando 'algo' que hacer, o decir.

-"Lo sé…"- Dijo el escorpión con una sonrisa dulce, de forma comprensiva, colocando la mano en su hombro. –"Lo quieres como a un hijo… sé como te sientes"- No del todo; pero Acuario era más transparente de lo que él mismo pensaba. .

Camus posó la palma sobre el dorso de la del otro, agradecido; de nuevo sin saber que decir.

Sus enseñanzas siempre habían estado basadas en los valores humanos, que no era lo mismo que los sentimientos humanos. La verdad, el respeto, la tolerancia y sobre todo LA INTEGRIDAD, era una especie de código de honor.

Ocho años después el galo venía a romper con todo lo dicho en Siberia, con la imagen 'integra' que Hyoga tenía de él.

Lo que Camus desconocía, es que el ruso tenía un cierto temor por las personas que gustaban de su mismo sexo. A recientes fechas había tenido problemas con Seiya y Shiryu por esas mismas cuestiones. Para él 'eso' rompía todo la ley moral.

-"Déjame hablar con él…"- Le propuso Escorpio, pensando acertadamente, que el acuariano no podría mantener la compostura, si se enfrentaba a una situación en la que interferían de forma directa sus sentimientos.

Podía presumir de haberlos omitido durante la batalla de las doces casas… pero el tiempo transcurrido desde entonces no había impedido que Camus le tomara mucho mayor afecto a Hyoga, a tal grado de considerarlo como un hijo, aunque su edad no diferencia demasiado.

Él asintió, sonriendo agradecido; apretando un poco más la mano que tenía en el hombro.

-"No querrás ser su mamá, ¿verdad?"- Le preguntó juguetón. Milo tomó su mentón, acercando sus rostros.

-"No, ese puesto es tuyo…"- Los labios griegos tomaron los galos con suavidad, acallando cualquier tipo de réplica ante la respuesta que le acababa de dar.

o.v.o

El cisne corría aterrado, como escapando de una quimera…

Para iniciar, la figura que tenía de su mentor había sido equivocada, sus enseñanzas fueron una mentira, un formalismo para que no se dijera que no le enseñó nada. Ahora, a los ojos de Hyoga, Camus no era más que un falso, algo aún más denigrante que una mujer callejera.

Por lo menos ellas así se ganaban la vida, y lo hacían mujer con hombre; pero su ex maestro estaba a punto de hacerlo con MILO, con el caballero que en cierta forma se había convertido también en su mentor; el mismo que le hizo entender que no mató a su maestro, que él se sacrificó para salvar su vida en un futuro; el mismo que dio su sangre para reconstruir su armadura bronceada; el mismo caballero que en el Hades entregó su vida para que pudiera ir en pos de Atenea hacia el infierno…

A Escorpio no lo conocía, y no le importaba tanto si lo había encontrado con alguien más… pero ¡su maestro…!

Tan distraído y aterrado estaba, que chocó contra lo que le pareció ser una pared de duro concreto. Su cuerpo fue a dar contra el suelo, con los codos apoyando el peso de su cuerpo, lastimándolos. Sus ojos mecánicamente buscaron al objeto que provocó su estado, mostrándose sorprendidos cuando descubrieron que se trataba de uno de los gemelos; aunque el ruso no tenía la facultad de distinguir entre uno y otro, tan bien como los caballeros dorados, Shion, o Saori.

-"Cignus…"- Murmuró el ojiverde.

-"Pe-perdón…"- Se excusó el ruso levantándose con la agilidad adquirida en sus años de entrenamiento al lado de Camus. Su acompañante notó su turbación.

-"¿Qué te pasa? ¿Por qué corres de esa forma? ¿Acaso tu maestro te ordenó correr por los doce templos?"- Preguntó a manera de burla; mas, se percató de su reacción al hacer la mención de Acuario.

Hyoga no respondió. Intentó serenarse y dejar de actuar como un niño de siete años, mirando al griego directamente a sus pupilas esmeraldas.

El mayor continuó reteniéndole la mirada, buscando una razón al porque de esas reacciones tan impropias en él.

Por respeto a una jerarquía mayor, el cisne no respondía de mala gana, ni le ignoraba; aunque tampoco encontraba las palabras adecuadas para su reacción, sin tener que delatar lo sucedido en el templo de Acuario.

-"¿Y bien?"- Inquirió el gemelo.

-"Quería estirar las piernas…"- Fue su mejor excusa. El peliazul arqueó una ceja, desconfiado. Algo no andaba bien… pero tampoco pensaba obligarlo a hablar.

-"¿Tú maestro está solo en Acuario?"- Preguntó, disimulando muy bien su propia emoción. Un sonrojo se marcó en las prominencias rusas, mientras bajaba la mirada y la movía de manera inquieta.

Al geminiano le dio su respuesta, y no sólo eso, sino la carta maestra que él y Kanon necesitaban.

-"El caballero de Escorpio está con él..."- Dijo en un tono apenas audible. Hyoga ahora no era el único incómodo, su acompañante experimentaba enojo, celos…

En aquél instante se dejaron oír pasos tras el ruso, atrayendo las miradas de ambos.

Por el manto de sombras del templo de Capricornio, Milo hizo acto de presencia.

Al verlo, el rubio abrió los ojos: sorprendido, asustado, con mil preguntas y conjeturas revoloteando como mariposas en su cabeza. Inmediatamente se giró hacia Saga, bajando la mirada y murmurando un débil 'compermiso', para enseguida caminar despacio hacia la salida del recinto, y luego apurar el paso.

-"Hyoga, espera…"- Trató de detenerlo el octavo guardián. –"¡Hyoga…!"- El griego mayor estiró el brazo, en señal de impedimento para continuar su marcha.

-"Así que ya tenemos problemas con el pequeño retoño…"- Se mofó el gemelo. El escorpión se mostró indiferente.

-"Sucede hasta en las mejores familias; pero a Camus y a mi no nos afecta. Estamos juntos y eso es lo importante"- Lo dijo para herirlo; pero Saga conocía perfectamente al galo, y sabía que era mentira. Si existía una persona importante en el mundo para Acuario, esa era el cisne.

-"¿De verdad? Yo juraría que Hyoga era lo más importante para Camus."- Milo injurió mentalmente.

-"Para mí también lo es; pero juntos somos una unión que nadie, NA-DIE puede romper…"- Una advertencia, como si peleara algo suyo.

-"¿Nadie?"- Inquirió el tercer guardián, con un tono de reto indirecto, y una sonrisa que lo acentuaba.

Milo nunca había tenido problemas con ninguno de sus compañeros, ni siquiera un mal pensamiento o deseo en su corazón hacia alguno de ellos; sin embargo, en aquél momento, la persona con la que hablaba le producía más antipatía que cualquiera de sus enemigos.

-"¿Sabes, Saga? El hecho de que Camus lograra tranquilizarme no quiere decir que haya olvidado lo que sucedió entre él y tú en tu templo…"

-"Es mejor si no lo haces, porque es algo que volverá a repetirse."- Milo se sintió profundamente furioso. Algo que no sabía de donde venía o como controlar.

-"Sobre mi cadáver"- Amenazó, apretando los puños y los dientes. Al gemelo le encantaba la idea de hacerlo enfadar; eso le aseguraba puntos a su favor.

-"Creo que no hará falta. Debes saber que él esta enamorado de mi ¿no?"- Una verdad irrefutable. Escorpio trató de esconder aquella molestia con una sonrisa sarcástica

-"No me hagas reír. ¿Enserio crees que mi amado Camus puede fijarse en un… demente como tú?"- Preguntó con desprecio, quitándole la victoria. Saga apretó los puños, furioso. Su cosmo comenzaba a crecer a cada segundo ante la 'afrenta' del otro. –"Aunque, no me extraña: parece que este es un mal de familia. De la misma forma que tu hermano, tú también tiendes a sobrestimar lo poco que pueden ofrecer a los demás… Por lo menos Kanon podría pasar por una persona normal; tú, por el contrario, pues no quisiera tener que especificar más"- Dijo sarcásticamente el dueño del octavo templo, mientras que enarcando la ceja derecha y sonriendo cínico, acortaba la distancia entre ambos, para, sin dejar de sonreír, deslizar su dedo índice sobre la sien del gemelo mayor.

Las palabras de Escorpio le hacen temblar, no de miedo, sino de ira. Sus pupilas irradian un brillo lleno de odio, y sus dientes se asemejan a los de una bestia que espera clavarlos en su victima. Toma bruscamente la mano del octavo guardián, enterrando sus dedos en la piel atezada del menor

-"Pues si hemos de calificar lo que ofrecemos a los demás, tú no obtienes una puntuación muy alta, de otra manera Kanon pasaría más de una hora en tu cama cada noche que le ofreces compartir tus sabanas..."- Sus palabras lo molestan, le hieren hasta el más recóndito sitio de su ser, de su amor propio; pero su orgullo como escorpión no le permite mostrar esa debilidad ante el gemelo, por lo que sonríe con desgana mientras tira de su brazo.

-"No te proyectes, Saga... tú no podrías tener a alguien a tu lado, ni siquiera cinco minutos... ni aunque le pagaras con todo el oro del mundo."- Saga sonrió ante la reacción del más joven, una reacción que el mismo esperaba; ya que, a pesar de todo, al escorpión le dolía no haber podido exhibir ante el resto del santuario su relación con Kanon. La necesidad de mantener en secreto tanto los pequeños como los grandes detalles de su relación con el ex dragón marino había marcado parte del alma del espartano, justo como él lo imagino.

-"Bicho, seguro que a Camus no solo no tengo que pagarle, sino que él pagaría por tener la oportunidad de estar a mi lado... aunque eso implique el dejarte..."- Sin poder contenerse, y con algo que no sabía que era, y que por lo tanto, no lograba dominar, agarró al mayor por el pecho de forma amenazante; mirándole con una furia que apenas si contenía entre sus dedos apretados

-"Esquizo maldito... eso es lo que tú ya quisieras..."- Reaccionó un poco tarde a lo que acababa de hacer, así que lo soltó como si se tratara de cualquier basura. -"Él no tendría porque caer tan bajo... ¡No seas egocéntrico, Saga!... ¿Teniéndome a mí, tú crees que buscaría simples... miserias?"- La reacción más dolorosa para Milo que Saga pudo tener hacia sus anteriores palabras, no fue ni un golpe ni un insulto, sino la torcida sonrisa sarcástica en sus labios y el chasquear de su lengua entre sus labios.

-"Milo, Milo, Milo… ¿Por qué toda esa evidente molestia? ¿No estabas tan seguro hace un minuto de que tú eras lo único que Camus necesitaba? ¿Si él está TAN satisfecho a tu lado, por qué habría de considerar aunque solo fuera un poco lo que yo le propusiera o hiciera?"- El octavo custodio entornó los ojos como lo haría la más letal de todas las serpientes que se dispone a atacar al sentirse acorralado.

¿Cómo contrarrestar lo dicho por Saga, cuando él mismo, mejor que nadie, estaba conciente de su posición frente al guerrero galo?

De pronto, sin quererlo, su mente lo traicionó obligándole a cuestionarse si sus besos habrían tenido para Camus el mismo peso que seguramente tuvo en su corazón el beso recibido en el tercer templo.

Un estremecimiento que no quería ni podía explicar recorrió su cuerpo, y un frío tan helado como que el galo solía producir atravesó su espina de punta a punta.

Trató de pensar en algo... cualquier cosa en ese momento le serviría de escudo contra las palabras de Saga, que lo estaban lastimando más de lo que había pensando.

-"Sabes, esquizo?..."- Por fin tuvo una idea, y sonrió victorioso -"No temo por lo que él pudiera responderte, porque estoy seguro que por su voluntad, por su amor, se quedaría a mi lado; mi temor es por lo que tú pudieras hacer para obtener un 'si'... ¿O crees que me he olvidado de la forma en que embrujaste a Aioria para obligarlo a pelear contra los chiquillos de bronce? Lo sé... un loco como tú puede hacer cualquier cosa, incluso obligar y deshonrar a alguien para que este a tu lado... para que no tengas que mendigar su cariño... aunque eso es más bajo... que asco me das..."- Y para enfatizar su desprecio hacia el geminiano, el escorpión lo barrió con la mirada, comenzando desde el suelo, tomándose su tiempo al deslizar sus cristalinas pupilas sobre cada centímetro de la anatomía griega; para, en un gesto lleno de altivez, dar un par de pasos hacia su costado recoger la capa de su armadura como si temiera que se impregnara de la peor de las porquerías y decir reafirmando sus anteriores palabras: -"Que asco que me da el pensar que no serias capaz ni de tratarlo como se merece, que no podrías por más que lo intentaras satisfacer a su ser, que tan sólo ensuciarías su persona con cada roce de tu piel sobre la nívea suya, que tu saliva profanaría aquella intimidad que hace mucho tiempo ya yo tengo como mi altar"- Y tras un breve cerrar de su parpados puso en marcha a su cuerpo con la intención de continuar con su propósito original y alcanzar al ofuscado cisne

Sin embargo, Milo había cometido un error.

El gemelo dudaba que ni siquiera su técnica más letal, Antares, pudiera haberle hecho el daño de esas palabras. El griego menor tocó con cada vocablo los puntos más sensibles de quien fuera el ex patriarca; y ahora no estaba dispuesto a dejarlo ir como si nada, en especial por haberle insinuado que él y Camus ya habían llegado más allá de un beso.

Saga de modo alguno no estaba dispuesto a que la discusión concluyera así, y mucho menos a dejarlo ir, a dejar pasar la oportunidad de proyectar su rabia y toda la frustración acumulada por haberse negado así mismo la oportunidad de estar con el acuador, sobre Milo; por lo que tomándolo con firmeza lo obligó a girarse, en el instante que disparó su puño diestro velozmente, tomando a un desconcertado escorpión con la guardia baja.

El menor retrocedió por el impacto. Por su comisura labial, un hilo carmesí se dibujó. Su mano atezada limpió aquél líquido, para luego centrar su atención en aquella mancha rojiza y sonreír victorioso. Entonces, Saga intentó asestarle otro golpe, pero el escorpión detuvo su puño. El peliañil le tiró una patada, que nuevamente su oponente rechaza.

El cosmo de ambos estaba encendido. Los dos al contraataque.

Comenzaron a pelear a golpes, como los guerreros que aprendieron a ser. Milo tiró un puñetazo, Saga lo detuvo con su mano; el segundo intentó golpearlo de nuevo en la cara, pero el menor lo rechazó con su palma; ambos ejerciendo fuerza, intentando triturarse los huesos de la mano; entonces el menor entierra las uñas en la piel del peliañil, quien agacha un poco la cabeza debido al dolor; mas no sede. Enseguida los dos concentran su poder en el puño, provocando una coalición de energías que los obliga a alejarse.

Caen al suelo, pero enseguida se incorporan y vuelven al ataque…

-"¡Basta!..."- Se interpuso una tercera figura entre ellos.

Camus, que permaneció inquieto en su templo, bajó para hablar también con Hyoga, cuando sintió los cosmos agresivos de ambos griegos. Su primera reacción fue correr hacia ellos, sin preguntarse el porque estaban peleando.

Tal vez era una parte del plan de Milo… pero, a juzgar por la intensidad del cosmo, juraría que la cosa iba enserio.

-"¿Qué les pasa?"- Preguntó mirándolos a ambos, por turnos; al gemelo con gesto desaprobatorio, y al escorpión con mirada inquisitiva. Ni Saga, ni Milo se atrevieron a atacarse otra vez, o a responder el cuestionamiento del galo.

Escorpio aún llevaba la adrenalina por sus venas, y deseaba lastimar como diera lugar a Saga; así tomó uno de los brazos de su 'novio' y jaló al galo hacia sí, pegando sus cuerpos, y besándolo sin previamente avisarle. El acuariano no rechazó el contacto; pero tardó un poco en corresponder como si fuera algo natural besarse en un campo de batalla; ni siquiera se preguntó si eso era parte del plan, sólo pertenecía a aquella caricia labial.

Saga sentía que la sangre le hervía. Esos labios habían sido suyos una vez, y su coterráneo ahora los disfrutaba a sus anchas. Y no sólo eso, le miraba y sonreía de forma burlona, presumiendo algo que no tenía.

Hyoga llegó en ese momento, con la imagen otra vez del diván en su mente. Kanon apareció tras él, y aunque la escena le dolía, le preocupaba más el cosmo agresivo que su hermano manifestaba, y esa grisácea tonalidad que su cabello adoptaba.

Milo había dejado de burlarse de Saga, para disfrutar el encuentro labial con el galo, quien colocó la mano en su mejilla y el pulgar cerca de sus labios, sintiendo algo húmedo que manchaba su tema. Impresionado se apartó de él, observando su dedo y luego el labio partido de su 'novio'.

-"¿Te golpeó?"- Le preguntó sin dar crédito a sus ojos.

-"¿Lo golpeaste?"- Le reclamaron en forma de pregunta tanto Camus como Kanon, al peliañil.

-"¡No puedo creer que lo tocaras!"- Exclamó el gemelo menor.

-"¿¡Cómo te atreviste?!"- Se indignó el galo.

-"Tú no te metas"- Le ordenó Milo al ex dragón. –"Y… no importa MI amor"- Se dirigió al acuador, hablándole en un tono más dulce que a su antiguo amante. –"Ahora que estas conmigo ya nada me interesa."- Diciendo tal cosa, nuevamente lo abrazó por la cintura, besándolo, deleitándose con una forma aún inexperta con la que el galo movía sus labios.

En las pupilas de Saga se agolparon lágrimas de impotencia, no sólo por no haber podido desquitarse con el escorpión, sino porque a causa de él, su propio hermano y la persona que más había amado en el mundo, estaban enojados con él.

Su cosmo se encendió, aún más agresivo que antes. Su deseo de matar al octavo guardián fluyó por sus manos en el momento que realizó la pose para invocar una de sus poderosas técnicas.

Los ojos del galo se abrieron, sus labios dejaron de moverse. Estaba asustado, y temía por la vida de Escorpio; aunque trajera puesta su armadura, dudaba que pudiera salir ileso…

Sin pensarlo dos veces arrojó con todas fuerzas a su novio postizo, colocándose delante de Géminis, de forma que cuando este lanzó su ataque, Milo quedó completamente fuera del campo de batalla.

El ex patriarca vio su acción, pero ya era demasiado tarde para detener el ataque…

El cuerpo del galo fue a estrellarse contra una de las paredes de Capricornio, y luego, resbaló lentamente hasta quedar en el piso.

Hyoaga estaba completamente horrorizado por lo que había sucedido, y no era el único, Saga sabía que había atacado a la persona que más amaba en el mundo, sin ninguna protección como su armadura dorada.

El octavo guardián tardó en asimilar lo que había sucedido. Sus pupilas azuladas estaban fijas en la ahora inerte figura gala. Apoyó las manos en el suelo, incorporándose, para correr al lado del caballero de los hielos…

-"¡Camus!"- Le gritó. Este no se movió, ni siquiera cuando su novio postizo le levantó la mitad del cuerpo. –"Camus, Camus… háblame…"- Le daba suaves palmadas al rostro, intentando hacerle reaccionar; mas, el francés continuaba ajeno a todo lo que transcurría a su alrededor; con el cuerpo marcado por manchas negruscas y rojizas, simbolizando horribles quemaduras.

Saga caminó hasta ellos, horrorizado, preocupado, con complejo de culpa.

-"¡Aléjate esquizo!"- Le advirtió Milo, fulminándolo con la mirada. El geminiano se quedó congelado, mientras su hermano miraba con desaprobación al que había sido su amante; ambos siendo testigos de cómo el griego tomaba el cuerpo del llamado maestro de los hielos entre sus brazos, cubriéndolo con su capa, para enseguida llevarlo cargando hasta su templo –Escorpio-.

Cuando Milo caminó hasta donde estaban el cisne y el griego menor, Hyoga y él intercambiaron una mirada, pero el primero no pudo retener el contacto visual y agachó la cabeza, cubriendo sus ojos en la mata de cabello rubio. El octavo custodio pasó de largo, sin importarle las posibles miradas de ninguno de los tres.

Una vez solos, Kanon se dirigió hacia su hermano…

-"Saga, ¿¡Estas bien?!- Pero él no respondió. Continuaba con la vista perdida en el lugar donde ates había estado la cabeza del galo.

El geminiano no estaba bien. Sabía que el poder que empleó no fue liberado con toda su fuerza, pues había al menos alcanzando a detener su magnitud; sin embargo, no era suficiente. La salud del acuador no estaría restablecida por lo menos hasta que transcurrieran un par de meses…

-"¿Me quieres?"- Le preguntó a Kanon, sin mirarlo. Este, desconcertado, movió la cabeza.

-"Claro que si… eres mi hermano…"- El mayor se volteó hacia él, mirándole directamente a los ojos.

-"Entonces ayúdame."- Si era una petitoria o una orden, el ex dragón no lo sabía; ni siquiera tuvo tiempo a preguntar ¿qué necesitaba?, sólo a comprender lo que él quería. –"Hyoga, Kanon y yo queremos hablar contigo…"- Dijo Saga, clavando sus gélidas esmeraldas en el cisne.

o.v.o

Transcurrió casi media hora desde que abandonaron el templo de Capricornio, hasta ese momento, en el que Milo colocaba un paño frío sobre la caliente frente del galo.

Para protegerlo de las visitas de Saga, Escorpio decidió llevarlo a su propio templo. Al menos ahí podía velar su salud noche y día, y restringir las visitas.

Así que el cuerpo de Camus reposaba en una cama que no era la suya, pero donde ya había dormido con anterioridad. Su piel continuaba marcada por esas manchas rojizas y amoratas, y su respiración, a causa de la fiebre, no era moderada.

-"Eres un idiota"- Continuaba reprendiéndolo el griego, pasando un lienzo con sustancia medicinal por las heridas de sus piernas. A pesar de que el pelimarino estaba inconsciente, Milo discutía con él como si estuviera despierto. –"Yo pude perfectamente detener su poder con mi mano… CON MI MANO"- Alzó la voz, quizá para despertarle.

Dudaba cuando podía despertar… pero les pedía a los Dioses que fuera pronto. Verlo en ese estado no le resultaba satisfactorio. Prefería molestarlo, o reír de lo santurrón que podía llegar a ser…

-"No debiste hacerlo…"- Dijo en voz baja, dejando el trono hostil para hablar con dulzura y preocupación. Su mano fue llamada a acariciar suavemente la mejilla del otro, y sus dedos a recorrer los labios que le pertenecían sólo a él; por lo menos ahora…

Retiró la mano y sacudió la cabeza, como si tratase de quitarse algo de encima.

En ese momento Camus se movió, al mismo tiempo que soltaba un gemido de dolor acompañado por un nombre.

Milo…

El escorpión abrió los ojos más de lo usual, con la sangre agolpándose en sus mejillas y tiñéndolas a rojo. Abrió la boca para decir algo, pero no sabía que. El galo apretó las sábanas con su mano derecha, emitiendo otro gemido. Milo encontró ese momento para colocar su palma en el dorso del otro, y apretarla tenuemente.

-"Aquí estoy…"- Inexplicablemente la voz se le quebró. Él no lo entendía, pero se había emocionado con esa simple palabra, que bien pudo haber sido un deseo hacia su rival y no a él. Los párpados galos mostraron su tesoro al replegarse con un movimiento lento, volátil, hasta que sus gemas lograron ver la luz y el semblante del griego. Milo le sonrió, Camus correspondió.

-"¿Estas bien?"- Le preguntó en voz baja, débil. Escorpio no quería que la voz se le notara resquebrajada de nuevo, por lo que únicamente asintió. –"Que bueno…"- Suspiró con alivio, cerrando otra vez sus ojos. –"Tengo mucho… sueño…"- Agregó con acento cansino.

-"Es normal…"- Dijo el griego, retirando su mano y cambiando la vista hacia otro lado. –"Cometiste una gran estupidez"- Lo reprendió.

-"¿Salvar tu vida es una estupidez?"- Inquirió el francés abriendo otra vez sus ojos, olvidando el cansancio para discutir con él.

-"¡Traigo mi armadura!"- Exclamó el dueño del templo, levantándose para presumírsela. –"Pude soportar el impacto y detenerlo"

-"Yo sólo creí que si me interponía, él no atacaría…"- Se defendió el onceavo guardián, aparentemente molesto. Milo colocó las manos en su almohada, apoyando su peso para dejar cerca sus rostros.

-"Pero lo hizo…"- Susurró. –"¿Cómo pudiste poner tu vida en sus manos?"- Camus ladeó el rostro.

-"Crei que se detendría…"- Murmuró, con una mezcla de decepción y melancolía.

-"¡Eso es una bobada!"- Gritó Escorpio, molesto, incorporándose. –"Nada justifica lo que hiciste… Confiar demasiado en él, ¿por qué?"- Milo lo sabía, pero no quería prestarle atención a esa respuesta.

-"Tú sabes porque"- Se lo recordó el galo.

-"¡Cállate!"- Tajó el escorpión al mismo tiempo que tomaba un frasco de plástico de la mesa y lo azotaba contra la pared, para luego cruzarse de brazos, y negarse a cualquier tipo de contacto visual con Acuario. Los labios de Camus se separaron con sorpresa al verlo reaccionar así.

-"Te comportas como un niño"- Le gruñó con la intención de molestarlo. –"¡Eres infantil, presumido y egoísta!"- Milo abrió la boca, tragando aire con indignación y sorpresa. Se dio la vuelta, con una mano en el pecho, exagerado su actuación.

-"¿¡Egoísta!?... ¿YO?... ¡Tú estás durmiendo en mi cama!"- Lo acusó con su dedo. El francés no había notado que ese no era su templo; así que, cuando observó las paredes y cada uno de los objetos que decoraban la habitación, dijo:

-"¡Puedo irme a mi templo!"- Escorpio lo desafió con una mirada de 'intentalo', por lo que el acuador impulsó su cuerpo hacia delante, con toda la intención del mundo en salir de ahí, cuando múltiples dolores y el debilitamiento se hicieron presentes en sus sistema, obligándole a quedarse en estado de reposo, en la cama de Milo.

El griego comenzó a reírse.

-"Claro, te irás cuando logres caminar solo."- Se mofó, ayudándole a acomodarse otra vez en el lecho.

-"No te burles de mí."- Gruñó el galo, haciendo con sus labios un gracioso puchero.

-"¿Quien se comporta ahora como un niño?"- Inquirió el griego soltando otra carcajada.

-"Déjame"- Refunfuñó dándole un manotazo a la mano que le acomodaba las sábanas.

-"Cómo quieras"- Alzo los hombros, sin perder la sonrisa del rostro. Se alejó hacia un lado de a cama, donde había puesto una silla para sentarse y cuidar del galo. La silla quedó con el respaldo en su pecho, y sus brazos apoyados en él, con la barbilla encima.

Camus se quedó observando el techo, repasando en su mente lo que había sucedido antes de perder el conocimiento.

Tal vez Escorpio tenía razón. Confiaba demasiado en Saga, tanto como perder su vida. Dudaba que por mucho amor que hubiera en su corazón para darle, aquello fuera correcto…

-"Milo, ¿Por qué estaban peleando?"- Le preguntó sin mirarlo. El griego recordó cada una de las palabras dichas por ambos y el como perdió el control.

-"Por… tonterías…"- Respondió como si nada.

-"Nadie hace tanto teatro por tonterías…"- Dijo Acuario suspicaz. Con esa respuesta le quedaba claro que su acompañante no quería revelarle 'algo'. Milo rió, elocuente.

-"¿NO? ¿Qué me dices de López Obrador, Hittler, y Napoleón Bonaparte?"- Sugirió, esperando que esa respuesta simple y tonta satisficiera su curiosidad. El francés levantó ambas cejas, después se mostró ceñudo, y al último suspiró.

-"De verdad temí que fueran a hacerse daño"- Comentó melancólico.

-"Pues mira como quedaste tú."

-"¿Y no merezco saber por ello la razón de que pelearan?"- Escorpio movió la cabeza hacia diestra y siniestra.

-"No"- Dijo, levantándose de la silla.

-"Milo"- Insistió Camus.

-"No."

-"Por favor."- Pidió el galo en tono lastimero. El octavo guardián lo miró de soslayo.

-"¿De verdad quieres saberlo?"

-"Si"- respondió firme el llamado maestro de los hielos. Milo caminó hacia la puerta, como si no quisiera decirle nada. Tomó el picaporte con la mano…

-"Voy a traerte algo de cenar"- Dijo, abriendo la puerta, sin mirarlo.

-"No… espera…"- Camus quiso estirar su brazo para levantarse, pero todo le dolía. Entonces el griego se detuvo, antes de salir.

-"Peleábamos por ti"- Confesó.

-"¿Qué?"- Se sobresaltó el acuariano, pero Milo ya había cerrado la puerta. –"¿Por mi?"- Se preguntó extrañado.

Analizando bien el problema encontraba parentesco con la discusión que sostuvieron él y Kanon por Milo. Tal vez lo de Saga y él pudo ser parecido. Sin embargo, aquella noche la situación se extenuó porque Camus los vio besándose. ¿Qué pudo haber impulsado la discusión y pelea entre Géminis y Escorpio?

¿Saga dijo algo contra Milo y por eso se enojó?... O quizá lo insultó a él, y Milo, fingiendo perfectamente su papel, lo defendió como buen novio.

La realidad es que Acuario estaba mucho más lejos de la verdad de lo que él mismo imaginaba…

No supo cuanto tiempo transcurrió desde que Milo salió de la habitación, cuando hizo nuevo acto de presencia. Esta vez su cara se veía un poco sonrosada y sus actos tenían cierto nerviosismo.

-"Camus, Hyoga está aquí, quiere hablar contigo."- El galo sonrió ante aquellas palabras, pues nunca se imaginó que su pupilo pudiera querer verle a la cara, ya no digamos intercambiar un par de palabras u oír razones.

Sin embargo, a juzgar por su cara, no parecía ir en son de paz…

... o ... o ...

Notas finales del capítulo:

Gracias por su lectura o... y muchas gracias a patito Blue por ayudarme a escribirlo