Capítulo 9
Batalla perdida
Milo cerró la puerta, repitiendo mentalmente, una y otra vez, sus propias palabras:
-"Peleabamos por ti…"
No podía negarlo: el ver a Saga le producía molestia, el escucharlo hablar así lo hizo sentirse desprotegido, y al mismo tiempo profundamente triste, pues él, mejor que nadie, sabía que el corazón de Camus le pertenecía al gemelo, y que las palabras de este no habían sido más que verdades que por si mismo no deseaba admitir.
Se recargó en la tabla, suspirando, revolviendo su propio flequillo con los dedos.
-"Pero… no lo entiendo, ¿Por qué me dolió tanto?"- Se preguntó, entrecerrando los ojos, y contrayendo débilmente el ceño.
En su mente repasó todo lo ocurrido entre Saga y él: esas mortíferas palabras, y luego los golpes bajos y fatales que cada uno se proporcionó, hasta el momento en que el acuariano apareció y Milo pudo besarlo.
Una sonrisa apareció en sus labios…
Un sonrojo se hizo presente en sus mejillas al recordar esa escena, al tiempo que el borde inferior de su boca hormigueaba, ansioso, por repetir la acción.
Colocó las manos en su cabeza, moviéndola de un lado a otro, frenéticamente.
Los labios de Camus se movían, los veía, los sentía, pese a que su dueño se encontrara del otro lado de la habitación.
-"¡Maldición!… ¡Soy victima del juego cruel de Cupido!"- Injurió al darse cuenta de lo que ocurría.
Aspiró hondo, expulsando el aire con cierta dificultad. Su cabeza se levantó en dirección al techo, permitiendo que sus pupilas se concentraran en el.
No había pasado mucho tiempo, y aún así, Milo sentía que conocía a Camus de toda la vida, como si siempre hubieran sido íntimos amigos. Esa emoción le extrañaba, pues apenas la semana pasada planeaba una forma de pasar hacia Piscis sin tener que ir por Acuario…
Tal vez por eso evitó el contacto entre ellos, y no porque fuera diferente a él. Mu lo era, Aldebarán lo era, Afrodita tenía un poco de su personalidad, pero aún así era diferente, Death mask también era todo lo contrario y aún así Milo intentaba socializar también con él por ser su compañero… Incluso se llevaba con Saga, a quien Camus imitaba perfectamente; entonces, ¿por qué lo evitó todo ese tiempo? ¿Por qué todas las personas pudieron gozar de su amistad, y él se la negó al galo?
Quizá porque Acuario apareció en su vida después de que Kanon saliera de ella, y él, sin darse cuenta, se había fijado en su compañero. Evitando su presencia logró evadir sus sentimientos de niño, su gusto por esa persona pequeña pero refinada, que luego se convirtió en un hombre muy atractivo; porque eso Milo lo había reconocido desde el inicio de su 'noviazgo'.
Comenzó a caminar inquieto por el pasillo, con la cabeza agachada.
Todos los síntomas concordaban con la única explicación posible: Acuario le gustaba, y no solamente por su belleza nata, sino por la persona que Milo era cuando estaba con él. Su relación era fingida, pero el galo se había mostrado apto para el papel real desde el inicio, pues jamás lo abandonó, aún cuando Saga demostró que estaba interesado en su persona. Incluso se atrevió a dejar pasar la oportunidad de estar con él, para ayudarlo.
En ese instante, Escorpio recordó la primera vez que lo besó en el pasillo de Leo, la forma tan torpe en que el francés bailó en la fiesta, su pésima actuación como borracho, la manera en que demostró su nerviosismo cuando le dijo que dormirían juntos, el instante en que Milo le coqueteó para desnudarlo, la primera charla que tuvieron antes de acostarse, su celos fingidos, su protección ante Kanon, la manera en que intentó hacerlo sentir mejor, la renovación de su pacto después del beso de Saga, su aprendizaje acerca de cómo besar, su contacto subido de tono que Hyoga interrumpió, su expresión al saber como reaccionaria su pupilo, su beso mutuo delante del gemelo, su protección ante ese ataque, su delirio y su nombre saliendo por esos labios galos durante su inconciencia…
Todo estaba ahí. Eran demasiadas cosas, aunque no habían pasado ni cinco días…
-"¡Es que no puede ser!"- Exclamó, irritado. –"¡No puedo enamorarme así de Camus!"- Pretendía ser una orden para su corazón, pese a que este no escuchara de razones y continuara palpitando, agitado, con los recuerdos que Milo atrajo a su mente. Se alborotó el cabello, exhalando como si sus pulmones no desearan soltar el aire. –"… No quiero enamorarme de él… No…"- Ahora su tono era afligido, temeroso.
Se dio la vuelta, continuando con su caminar, deteniéndose al notar la sombra de una segunda figura en el pasillo.
–"¿Qué haces aquí?"- Preguntó a la defensiva, con las mejillas completamente enrojecidas debido a su anterior soliloquio.
Hyoga se mostraba frío, furioso con él.
-"Quiero hablar con mi maestro."- Más que una petición, su tono demandaba.
Milo frunció el ceño.
-"¿Quién eres tú para venir aquí y ordenar?"- Inquirió, desafiante. –"Te recuerdos que estas en Grecia, en el sitio dedicado a nuestra diosa Atenea, no en tu mansión donde puedes andar a tus anchas"- El cisne rió entre dientes.
-"Desgraciadamente es muy importante que hable con mi maestro, y tenga que pisar un sitio que tu presencia deshonra."- El griego apretó los puños, mostrándoselos.
-"Cuida tus palabras, niño, porque tal vez Camus pueda tolerar tus berrinches, pero yo…"
-"Tú los aguantarás, a menos que quieras que se entere de lo que estabas diciendo."- Lo interrumpió el ruso, avanzando hacia él. –"Me pregunto como reaccionará mi maestro cuando sepa que su novio estrella deliberaba entre sus sentimientos. No podría esperar para ver su cara cuando sepa que Milo de Escorpio no quiere enamorarse de él."- Se detuvo lo suficientemente cerca para observar su reacción.
El peliazul abrió los ojos, aterrado por esa posibilidad.
Si sus sentimientos eran verdaderos no deseaba que Camus los conociera así, y si todo formaba parte de una confusión, aunque le inventara que Hyoga mentía para ridiculizarlo, no podría sostener mucho tiempo la mentira, pues el galo había aprendido a conocerlo, dificultándole esconder algo...
Milo estaba furioso, y lo demostró al apretar los puños junto a sus piernas, mientras su cara adquiría un tono escarlata.
Le dio la espalda, dirigiéndose hacia la puerta. Tragó saliva, aire, intentó calmarse y tomó el picaporte para empujar la tabla suavemente y lograr meter su cabeza.
Acuario se notaba pensativo, pero eso no evitó que volteara hacia donde estaba Milo.
-"Camus, Hyoga está aquí, quiere hablar contigo."- El galo sonrió ante aquellas palabras, las cuales el griego tomó como una aceptación; así que se introdujo en la habitación, con el cisne tras él.
Su pupilo entró en el cuarto, con los gestos de su cara demostrando severidad. Acuario se mostró sorprendido, incluso inquieto, pues pensó que el cisne quería aclarar las cosas. Un gran error.
Milo cerró la puerta, observando tanto al galo como al ruso, por turnos, esperando que alguno hablara o hiciera el menor movimiento.
Camus se removió, intentando sentarse en la cama. Escorpio se acercó a él para auxiliarlo, pues el dolor en su cuerpo le evitaba moverse libremente.
Hyoga observó como el griego, con extremo cuidado y dedicación, cargó la mitad superior del cuerpo galo, ayudándolo a acomodarse en la cama para quedar en una posición más cómoda. Algo en su actitud le llamó la atención, aunque no quería que su mente viajara a otro lugar y perdiera el sentido completo de su objetivo.
o.v.o
Los pies de Kanon lo guiaron, de un lado a otro, a través de la anchura de la entrada. Una de sus manos estaba apostada en su cintura, mientras la otra descansaba en su mentón, analizando las cosas que habían pasado.
Su gemelo sonreía. Este gesto era diferente al que había mostrado esos días, pues en vez de su típica culpabilidad, podía leerse una victoria. Él se encontraba sentado en uno de peldaños que daban la cara hacia Cáncer.
-"Saga…"- El menor por fin se giró hacia su hermano, con una rasgo de inseguridad en su voz, que al mismo tiempo reflejado miedo.
-"Todo saldrá bien, Kanon. No pienses en la batalla, piensa en lo que obtendrás cuando esta termine."- Respondió su gemelo, sin mirarlo, pues sus pupilas estaban centradas en el onceavo templo que se levantaba en la lejanía.
El menor se mordió un labio.
Confiaba en que una vez Saga 'despierto', le ayudaría a recuperar a Milo, pero no contaba con que utilizaría ese tipo de armas.
-"Es sólo que… no creo que…"- Intentó decir, vacilante, mas, el peliañil soltó una carcajada fría, tan diferente a lo que se había acostumbrado a ser. Se levantó del escalón, encarando a su gemelo con un brillo satisfecho en sus pupilas.
-"¿Que sea una buena idea?"- Preguntó con un atisbo de incredulidad. Se acercó a su familiar, tomándole la cara con ambas manos. –"Kanon, me desilusionas. Creí que eras tú quien quería tener de vuelta a Milo…"- El menor tragó saliva.
Claro que quería tenerlo de vuelta en su cama, en su vida, pero no así…
Si las cosas salían mal, Escorpio resultaría muy lastimado…
-"Tienes que aprender a definirte"- Le dijo Saga, palmeándole las mejillas, soltando una carcajada para luego dejarlo y perderse entre las sombras de su templo.
El ex dragón marino lo miró por encima de su hombro, no dando crédito a sus ojos, a sus oídos.
¿Acaso su culpabilidad lo había transformado de nuevo?
¿Tendría ese cambio de actitud que ver con lo que le sucedió a Camus, o seria por la pelea contra Milo?
Kanon no tenía una respuesta segura, pero esperó que las cosas no se salieran de control.
o.v.o
-"Quiero hablar con usted, en privado…"- Dijo el cisne, rompiendo un incómodo silencio.
Por su voz, era obvio que no deseaba la presencia del griego, y que además de todo, no estaba pidiendo como un favor que los dejara solos, sino que le ordenaba que lo hiciera.
Camus miró directamente al griego, sin atreverse a pedirle que obedeciera a Hyoga; pero Milo lo ignoró, fulminando a su pupilo con la mirada.
-"Te prepararé algo de comer, amor."- Le dijo al francés, pero sin mirarlo, para luego dirigirse fuera de la habitación.
El cisne y él intercambiaron una última mirada desafiante, antes de que el escorpión cerrara la puerta.
Acuario no comprendía que ocurría entre ambos para que reaccionaran así, pues, hasta donde sabía, después de su muerte, los dos se volvieron unidos. Incluso se pensaba que Milo era el segundo mentor del cisne no sólo por haber contribuido con su sangre en la reparación de la armadura, sino por todos sus consejos y enseñanzas en la batalla sostenida en el octavo recinto, y previo a la batalla contra Hades.
-"Hyoga…"
-"¡Te exijo que termines con Milo!"- Le ordenó, golpeando la superficie de una mesa cercana, con la palma.
Camus se sorprendió por su reacción.
-"¿Qué?"- No es que hubiera perdido el sentido del oído, es que no concebía esa situación.
-"Lo que oíste: no quiero que ustedes estén juntos"
Acuario comenzaba a entender: Hyoga no estaba ahí para 'aclarar' las cosas, sino para exigir algo a lo que no tenía derechos.
La pregunta era: ¿su cariño por el cisne valía mucho más que su 'relaión' con Milo para acceder a sus demandas?
-"No lo creo"- Dijo Escorpio desde afuera, al escuchar las demandas del ruso. Tomó el picaporte de la puerta, dispuesto a entrar, aunque su presencia agravara las cosas…
Continuará...
