Capítulo 10

Egoísmo

Aioria, que estaba recostado en la cama, acababa de levantarse para tomar algo de la cocina, cuando llamaron a la puerta.

-"¡Gato!"- Exclamó Capricornio. El castaño le sonrió. Abrió un poco más la puerta, haciéndole una seña para que pasara.

-"Shura, ¿a que debo el horror… digo, el honor de tu visita?"

-"Ja, ja, ja. Si no hubiera venido a pedirte un favor, juro que te golpeaba."- Aioria soltó una carcajada.

-"Vamos, cabra, sólo estaba jugando. Anda, dime, ¿a qué has venido?"

-"Pues… mi ducha se descompuso y…"

-"Y querías bañarte conmigo…"- 'Completó' la frase, embozando una sonrisa sensual, pese a que lo hacia a modo de juego. Shura menó la cabeza, sorprendiéndose al juzgar que ella no era una idea tan desagradable.

-"Si tú quieres podemos hacerlo."- Respondió, para sorpresa y sonrojo del griego, quien abrió los ojos más de lo debido.

-"Ehm… Puedes usar el baño, yo no tengo problemas…"- Le hizo un gesto sin importancia con la mano, antes de caminar hacia la salida; pero el español colocó la mano en su muñeca para impedirle avanzar.

-"De verdad… puedes hacerlo…"- Aioria lo miró de frente, pero únicamente se limitó a sonreír.

-"Quizá para la próxima vez."- El pelinegro y él se miraron unos momentos a los ojos, antes de que el primero asintiera y le concediera libertad a su extremidad. El castaño avanzó hacia la salida y lo dejó solo en la habitación.

Shura comenzó a desvestirse, dejando su ropa acomodada en la cama; sin embargo, en ese momento, sintió un tirón en el brazo que le hizo voltear, y al mismo instante, un empujón por el pecho que le obligó a sentarse en el colchón, con los brazos hacia atrás y las piernas medio abiertas. Un beso salvaje lo atrapó, seguido por una cárcel de brazos y piernas, que le imposibilitó resistencia… eso de haberla querido poner.

El español no necesitó verlo para saber que se trataba del caballero de Leo. Con sólo catar su sabor bastaba para reconocerlo…

o.v.o

Milo soltó el picaporte, decidiendo no intervenir.

Camus, por su parte, continuaba con esa expresión desconcertada, cuando el ruso siguió hablando…

-"¡Ustedes no pueden estar juntos!"- Volvió a golpear la mesa con el puño, despertando a su mentor.

-"¡Basta, Hyoga! No tienes ningún derecho a hablarme ni con ese tono, y de esa forma."- Cortó, con un gesto severo que exigía respeto; sin embargo, el ruso no se detuvo.

-"¡Es que no sabes lo que haces! ¡Milo no te conviene!"

-"¿A ti qué más te da? Es mi vida privada…"

-"¿Tú vida? ¿Y qué no te importa lo que el resto diga?"

-"¡No! ¡Ya deberías aprender a conocerme!"

-"¡Precisamente porque lo desconozco es que me atrevo a exigirle que deje a ese…!"

-"No te atrevas a referirte a él con un insulto, Hyoga. Milo es una persona amable, quizá un poco irresponsable, pero es un gran caballero."- Fuera de la habitación, el corazón del escorpión dio un vuelco; dentro de ella, el ruso le lanzó una mirada sorprendida y desconcertada al que siempre creyó como su padre.

Agachó la cabeza, meneándola con decepción.

-"Veo con tristeza que lo tiene engañado, maestro."- Camus no entendía el porque de sus palabras

-"Tú sabes que lo que digo es cierto, Hyoga… Tú conviviste con él…"

-"Y fue precisamente porque pensé que era una persona honorable como usted, pero ahora me doy cuenta que viví engañado por ese asqueroso escorpión… ¡Él es la concubina de todo el santuario!"

-"¡No te atrevas a calumniarlo!"

-"¡Maestro, es la verdad! ¡Milo es la prostituta de todos los caballeros de este lugar!"

-"¡BASTA!"

-"Quizá usted no lo sabía… o puede que aún así lo aceptara, pensando que podría cambiar por el amor que dice tenerle; pero lamento decirle que es una vil mentira, una más, porque sé de muy buena fuente que ha estado con más de una persona desde que ustedes son 'pareja…"

-"Mientes… él es alguien recto…"

-"Si usted lo creé, entonces me atrevo a llamarlo tonto. Yo lo tenía en otro tipo de concepto, y ahora me doy cuenta de la clase de persona que es. No le llega ni a los talones al respetable caballero de Acuario que yo había pensando…"

-"¡Cállate!"- Camus intentó levantarse, posiblemente para darle una bofetada, mas, las heridas que tenía por todo el cuerpo le imposibilitaban realizar cualquier tipo de movimiento; así que terminó recostado, con el sistema nervioso azotado por múltiples punzadas.

Hyoga vio su arranque, y aunque quiso acercarse a él para auxiliarle, aún estaba esa 'fobia' a su persona, a la presencia del escorpión.

Acuario apretó las sábanas con sus puños, en conjunto con los dientes para acallar cualquier tipo de quejido.

-"Ante todo soy tu maestro… y… debes respetarme…"- Exigió de manera entrecortada.

-"¡Y qué maestro!"- Exclamó el cisne, indignado por sus palabras. –"No quiero que lo sea más, no deseo aprender sus 'modos'. ¡Bonita enseñanza para convertirme en…!"

-"Hyoga, ¿qué es lo que más te molesta, que sea Milo la persona a quien elegí para mi, o que sea un hombre?"

-"Las dos cosas, si le puedo ser franco, pero sobre todo el que se haya fijado justamente en él."

-"Milo no es lo que tú piensas…"

-"¡Por favor, maestro! ¡Quítese la venda de los ojos!... ¿Usted puede presumir de conocerlo? Porque yo recuerdo que él me dijo que apenas si se hablaban…"

-"Tal vez no lo conozca, pero aún así… yo daría cualquier cosa por él."- Realmente lo haría, y lo sabía al ponerse frente al ataque del gemelo.

¿Compañerismo, amistad o algo más?

-"Y si tanto te preocupa saber que tengo una relación con alguien como Milo, no sé lo que opinarás al saber que yo realmente estoy enamorado de Saga…"- Lo dijo en un tono frío, casi desafiante. Hyoga se mostró sorprendido, pues no se esperaba una confesión así. Es decir, si el escorpión era su pareja, ¿no debería significar que sus sentimientos le pertenecerían a él? Ahora todo le resultaba mucho más enredado que al inicio, y además, ahora comprendía porque el gemelo le había llenado la cabeza de ideas…

-"¡No lo puedo creer!"- Exclamó el cisne, más indignado yconfundido que al inicio.

-"Antes de que comiences a armar malos juicios, déjame explicarte…"

-"¡No necesito que usted me explique nada! ¡Es obvio! ¡Milo le ha pegado sus estúpidas mañanas… y claro! ¡Cómo a usted le fascina tanto, se ha dejado engatusar sin importar traicionar sus propias convicciones!"

-"¡Milo y yo tenemos un acuerdo!"- Gritó Camus, aguantando cada una de las punzadas que lo laceraban. –"A ambos nos interesan otras personas… ¡Y no estamos involucrados en ninguna forma!"

-"¡Yo los vi besándose! ¡¿Por qué clase de tonto me toma?!"

-"Eso es parte del plan, Hyoga. Nosotros fingimos ser pareja, pero en realidad, cada uno mantiene un interés en Saga y en Kanon…"- Con eso le revelaba todo, y le daba, a la vez, la mayor prueba de confianza que podría existir entre ellos.

El ruso volvió a sentirse confundido, ya que las dos personas a las que nombraba, eran justamente las que lo habían puesto en contra de su mentor.

Por un momento cruzó por su cabeza la idea de que ambos gemelos tan sólo lo estaban usando, y que si su maestro era capaz de llegar a tanto por el amor de uno de ellos, los otros, sin conocer el plan, también tramaban algo para atraer su atención.

En ese instante se sintió victima del juego nauseabundo de los cuatro. Juzgó su persona como un objeto cualquiera con el que todos podían divertirse, y a sí mismo como un ser que lo permitía todo.

Retrocedió un paso.

Camus se sintió angustiado al ver una nueva expresión en su rostro. Quiso levantar el brazo para impedirle la marcha, pero el ruso se le adelantó al echar a correr fuera de la habitación. El acuario no quería que se marchara de aquella forma, pues le había confesado una cosa que requería ser guardada con recelo; así que se impulsó para ponerse en pie, pero al dolor aún era vasto, y las heridas recientes, por lo que terminó en el suelo con un grito de dolor.

Milo, quien se quedó de piedra tras la puerta, escuchando la defensa del galo, hasta el momento en que dijo el plan de ambos; al oír el impacto, no pudo menos que penetrar en la habitación, aunque un sentimiento entre molestia y dolor se generaba en el fondo de su ser.

-"Hyoga…"- Dijo el onceavo guardián, aún intentando hacer lo posible por darle alcance, pese a su propio malestar.

El escorpión lo acomodó de nuevo en la cama, reprochándole con la mirada su insistencia, su falta de control con su propio pupilo… ¿Dónde había quedado el seguro caballero de Acuario, que en su momento, él detestó?

-"Bonita forma la tuya de arreglar los problemas"- Ironizó, reprendiéndole a la vez. Camus contuvo un gemido, aferrando los dedos a las sábanas.

-"Es mi…"

-"¡No tenías porque contárselo!"- Explotó el octavo guardián. El francés lo miró, aunque era difícil descifrar la forma debido a lo que le pasaba a su cuerpo.

-"No se lo dirá a nadie."- Respondió difícilmente.

-"¡¿Qué no se lo dirá a nadie?!... ¡Tú pupilo salió de aquí como un desquiciado!"- Exclamó Milo, esta vez alejándose de la cama para caminar en círculos alrededor de la habitación, seguido por la mirada gala. –"¡Primero viene y te reclama como si tuviera los derechos…! ¡Cómo si fuera tu novio!... ¡Después nos insulta a ambos…! ¡¿Qué más necesitas para saber que no lo guardará como secreto!"

-"¡Por que lo conozco!"- También gritó el galo.

-"¿Qué lo conoces? ¡Por favor! ¡Hyoga no es el mismo niño que entrenaste en Siberia! ¡Ahora es un 'hombre' indignado porque su maestro se besa con otro hombre!"

-"¡Es que tú no lo entiendes!"

-"¿¡Qué debo entender, qué te cuesta mantener la boca cerrada?!"

-"¡Qué él es toda mi familia, y que este secreto esta asfixiándome! Tal vez para ti sea muy fácil fingir algo que no somos, ¡pero para mi no! ¡Yo no estoy acostumbrado a estas cosas, y menos a reñir con mi pupilo por algo así!"- El sentimiento de indignación que experimentaba el griego, se acrecentó. Respiró hondo, luego bufó.

-"¡Pues si tanto te molesta, si tan difícil es para ti tener que fingir afecto hacia a mí, debiste decirlo desde el inicio, en vez de andar de 'dama buena' ofreciendo tu vida a cambio de la mía!"- Camus se quedó callado un momento, después entrecerró los ojos

-"Que injusto eres…"- Lo tachó el acuariano, dedicándole una mirada dolida. –"Vaya egoísta…"- Milo se quedó sorprendido por aquella palabra.

Apretó el puño, con la clara intensión de golpearle, en el momento que decidió dar media vuelta y regresar por donde venía, pensando que no tenía ningún objeto continuar discutiendo con un cabeza dura como él…

«Egoísta…»

Caminó fuera de la habitación, dando un portazo.

«Egoísta…»

Se detuvo en la pared, sin mirar nada en particular, y sin poder deshacerse de esa sencilla palabra que le estaba taladrando la cognición.

«Egoísta…»

Volvió a repetir Camus.

Milo no entendía porqué le molestaba tanto. Él estaba cuidando del galo, a quien no le pidió interponerse entre el ataque de saga y su cuerpo… Él era quien se estaba sacrificando al mostrarle sus experiencias al acuariano, tales como besar… Él era quien estaba parado fuera de su propia habitación, huyendo a un calificativo negativo…

Escorpio sabía que no era un egoísta como Camus lo había asegurado. No lo era. No lo era y no lo era…

«Egoísta…»

Colocó las manos en su cabeza, maldiciendo a su propio cerebro por no poder borrarla. Apretó los dientes y los puños; tragó aire e intentó pensar en algo más… pero, cuando más vueltas le daba a otra clase de tema, esa palabra se hacia más grande y más asfixiante.

«Egoísta…»

Clavó la mano cerrada en el muro, apretando los puños al no poder olvidarla; insistiendo, mentalmente, en que no lo era, en que Camus lo estaba juzgando injustamente…

-"… ¡él es toda mi familia, y que este secreto esta asfixiándome! Tal vez para ti sea muy fácil fingir algo que no somos, ¡pero para mi no! ¡Yo no estoy acostumbrado a estas cosas, y menos a reñir con mi pupilo por algo así"

Realmente se estaba sintiendo mal… y no sabía si eran sus celos, porque el secreto era lo único que compartían, y ahora, simplemente, le había abierto aquella puerta al cisne, dándole la desventaja de que todo el santuario se enterara… se burlara de ambos, y su plan perfecto terminaba mal. El resultado a esto los llevaría a dejar de fingir, a romper con todas aquellas cosas que hacían juntos…

-"Tal vez no lo conozca, pero aún así… yo daría cualquier cosa por él…"

De nuevo su corazón latió vivamente con aquellas palabras en su mente.

Acuario lo había defendido a capa y a espada de los múltiples ataques de Hyoga, mintiendo, halagándolo… quizá poniéndose en una situación a la que no estaba acostumbrado…

Su cabeza dio vueltas, amenazando con explotar.

Miró la puerta por donde había salido, pero en vez de entrar a través de ella, comenzó a caminar hacia la salida del templo, con la mirada fija en su futuro camino.

o.v.o

Las piernas del ruso seguían conduciéndolo a gran velocidad por cada uno de los peldaños. No le importaba cuál sería su destino final, simplemente quería huir… huir era lo mejor en aquella situación en la que no sabía quien realmente le decía la verdad, y quien lo usaba para algún fin oculto…

Sin embargo, nuevamente 'algo' le impidió seguir corriendo; incluso el impacto lo obligó a caer de sentón en el suelo, con las manos ayudándole a su peso para que la espalda y cabeza no resintieran también el impacto.

-"Hyoga, ¿estás bien?"- El rubio levantó la mirada, encontrándose con uno de sus amigos, un muchacho de la misma edad y complexión que la suya, con el cabello negro y largo; un ser generoso, inteligente y confiable a quien él no le dedicaba palabra alguna en mucho tiempo…

El cisne se mantuvo en el piso, agachando otra vez la mirada y recogiendo sus piernas con las manos. Shiryu –pues se trataba de él- se extrañó por su actitud. Se acercó a él, preocupado por su derrota y por la tristeza que irradiaban sus ojos.

-"¿Qué pasa?"- Le preguntó, a lo que el otro respondió con un suspiro entrecortado y un suavemente movimiento negativo de cabeza. Agachó la mirada y la escondió entre sus piernas flexionadas, sin soltar una sola lágrima.

Su acompañante no despegó la mirada de su silueta, ni se movió, porque a pesar de lo grosero que este se había comportado las últimas semanas, y de lo mucho que Seiya le exigiera no comportarse como el típico Shiryu, él no podía olvidar que su situación los había convertido en hermanos. Negar que le apreciara era hacer lo mismo con su fidelidad hacia Atenea.

Pensó en algo que decir para tranquilizarle…

-"Mi maestro me ha dejado a cargo de su templo."- le explicó, formando una cálida y suave sonrisa. –"¿Te gustaría acompañarme en mi importante misión, mientras tomamos algo…?"- No supo que ofrecer realmente, ya que necesitaría saber el ánimo de este para ofrecer té… o algo más fuerte como un buen vodka.

Hyoga exhaló. Levantó la cara y lo miró a los ojos:

Realmente no tenía ganas de hablar con nadie… pero le extrañaba que después de todo lo que le había hecho, Shiryu se comportara como si nada. Movió la cabeza en un silencioso 'si', se puso de pie y lo acompañó dentro del templo de Libra.

o.v.o

Bajo la sombra del quinto recinto, en la habitación del guardián, se encontraban dos figuras: la primera a medio vestir, con una toalla cubriéndole sus partes, y la otra sentada en su regazo, ya vestida…

-"¡Carajo, gato, tienes una lengua…!"- Exclamó el peninsular, en un suspiro, tomando el cuello del menor para indicarle el sitio que debían recorrer sus besos.

-"Cabra pornográfica…"- Susurró el griego, sin dejar su tarea, pero haciéndolo en un tono divertido para sí mismo,

-"Vamos, no lo dices enserio."- Comentó Shura, temiendo por sus palabras. –"Hace tanto que no estábamos juntos…"- Murmuró un tanto apenado. Aioria asintió, separándose de él para mirarlo a los ojos

-"Si, y ya te extrañaba…"- Le respondió con una sutil sonrisa, deslizando sus dedos por aquellas hebras cortas de color negruzco.

Volvió a unir sus labios efímeramente, luego se levantó y caminó hacia la puerta, sin que el español supiera si eso significaba que retomaban la relación… o qué…

-"Te dejaré para que te bañes."- Dijo el león, sin siquiera volver la vista hacia atrás.

Al salir de la habitación cerró la puerta como quien no deseaba ver 'algo', se apoyó en la tabla, suspiró y continuó con su andar hasta el pasillo del templo, con destino hacia alguna de las habitaciones…

-"¡Aioria!"- Escuchó en su espalda aquél sonido, uno que le hizo voltear la cabeza, pero no detener la marcha.

-"Pero miren a quien tenemos aquí… es nada menos que Milo, el ex mejor amigo de Aioria…"- Ironizaba a la par que entraba en la sala. –"¿Cómo estás?... Bien, gracias… ¿y tú?... pues aquí, manteniendo una conversación conmigo mismo, migo mismo, hola, Hola…"

-"Ya, ya entendí el punto…"- Tajó el escorpión, frunciendo el ceño. El castaño se detuvo, dándole la cara y estrellando un par de veces su dedo índice en el pecho de su coterráneo, que ya estaba lo suficientemente cerca para ello.

-"No, y eso es lo gracioso: que aún no lo entiendes."- Reclamó, andando de nuevo hacia uno de los sillones y sentándose en el cual amante abandonado.

-"Vamos, no te pongas celoso"- Dijo Milo, sonriéndole en un vano intento por calmarlo y sentándose a su lado.

-"NO estoy CELOSO."- Aclaró y debatió el quinto guardián –"Simplemente que me extraña que vengas a buscarme, ¿Qué sucedió con el señor 'perfecto'?"- La sonrisa en los labios del peliazul se ensanchó.

-"Me parece que estoy teniendo esta discusión con la persona equivocada. Creí Camus era el único que podía armarme esas 'escenitas'…"- Soltó una carcajada, pero se dio cuenta había dicho aquello sin pensar, y ese nombre salio solo.

Injurió mentalmente…

-"Yo no estoy…"

-"Oye, Aioria, ¿Puedo…?"- La nueva discusión del gato dorado, fue interrumpida por la aparición del décimo guardián, en la puerta. Milo le dirigió una mirada sorprendida, la cual pasó del castaño recientemente apenado, hacia la figura casi desnuda del peninsular.

El quinto custodio se levantó de un brinco, se fue hacia Shura y lo sacó de ahí tan rápido, que este no pudo comprender que ocurría. Escorpio soltó una carcajada, pues por su cabeza habían pasado miles de explicaciones para obtener una respuesta clara a la confusa situación.

Hizo acopio de todo su autocontrol para no continuar riendo, aunque la sonrisa en sus labios no desapareció

-"Vaya, no me habías dicho que ya estaban juntos otra vez." – Le dijo a Leo, en el momento que este apareció detrás de la puerta otra vez.

-"Es que no lo estamos"- Murmuró, sin siquiera mirarlo. Nuevamente se dirigió hacia el sofá, donde Milo continuaba riendo.

-"¿Entonces explícame, qué hace Shura caminando desnudo a sus anchas por TU templo?"- Inquirió divertido, disfrutando las reacciones que el león no podía controlar en su cara.

-"Le presté el cuarto de baño; además, la cabra que tú mencionas es NADA MÁS mi amigo."- Explicó, recalcando perfectamente las últimas palabras.

-"Aioria…"- Lo llamó el escorpión, acercándose un poco a él.

-"¿Qué?"- Gruñó este.

-"¿Quieres ser mi amigo?"- Preguntó Milo en un tono seductor, colocando su mano en la rodilla del otro.

-"¡Ash! ¡Eres intolerable!"- Exclamó el castaño, levándote tan aprisa como si un resorte se hubiera incrustado en su parte trasera. Escorpio soltó una carcajada, revolcándose en el sillón a causa de la risa.

El león se cruzó de brazos, frunció los labios y la nariz, dirigiéndole un gesto molesto con cada parte de su cara.

-"¿Y… se puede saber que haces aquí?"- Preguntó el gato, cambiando de tema para acallar así la burla de su coterráneo.

Escorpio dejó de reír de golpe.

Carraspeó, aspiró hondo y se rascó la cabeza cual persona que estimula así su cerebro para pensar correctamente.

-"Pues…"- Por su forma de actuar, el león descubrió que necesitaba un favor. Esta vez le tocó a él disfrutar las emociones de su acompañante.

-"¿Si?"- Inquirió, sentándose en el sillón.

Milo volvió a suspirar.

-"Sé que tu destello dorado puede sanar las heridas corporales… y… necesito que me ayudes a curar a Camus."- Respondió, omitiendo una larga e 'innecesaria' explicación; la cual, no parecía importarle al león.

-"¡Ja! ¿Y yo qué gano?"- Inquirió, desinteresado.

-"Mi agradecimiento"- Contestó el octavo guardián.

-"¿Eso con qué se come?"- Escorpio lo golpeó en el brazo.

-"¡Gato, no seas mal amigo!"

-"No soy mal amigo… a mí simplemente no me importa lo que hagan ustedes o dejen de hacer…"- Milo entrecerró los ojos, sin quitarlos de la aparente 'desinteresada' pose del felino dorado; mas, el segundo no tardó mucho en preguntar: –"¿Y por qué fue el problema?"- Su compañero pensó que podía sacarle provecho a la situación, aunque eso significara 'sacrificar' otra cosa

-"Hagamos un trato: tú curas a Camus y yo prometo contarte todo lo que quieras acerca de nuestra relación; pero antes debes prometerme guardar ciertos detalles como algo confidencial, ¡Mira que si me entero que andas por ahí regando el chisme te quito una de tus tantas vidas con mis manos!"- Lo amenazó con el puño para recalcar su amenaza, a lo que el otro simplemente se encogió en su lugar y asintió.

Poco después Milo abandonaba el recinto para ver nuevamente al galo en su templo.

-"Shura, ¿adivina qué?"- Comentó Leo, acercándose a la puerta donde el español estaba, el mismo que volvió a salir vestido con toalla de baño. –"¡Milo prometió contarnos todo!"

-"¿Todo? ¿Todo qué…?"- Inquirió Capricornio, extrañado.

-"¡Acerca de su relación con Camus! Te dije que esos dos estaban escondiendo algo…."

o.v.o

Acuario tenía los ojos cerrados, aparentando estar perdido en la tierra del sueño; sin embargo, su mente estaba más en aquél templo, de lo que en otro tiempo podría haber permanecido.

Y no era para menos. Camus simplemente trataba de comprender a Hyoga, ese comportamiento atroz y sin sentido que lo había desilusionado; por otro lado, también necesitaba entender a Milo… Aún le parecía que había sido muy egoísta, pero que tenía razón, después de todo, él no le pidió interponerse entre el ataque de Saga. Él lo hico para probar al gemelo…

De acuerdo, también se había sentido en extremo asustado por Escoprio… porque, aunque fuera o no un caballero dorado, también era un ser humano, uno al que él comenzaba a estimar.

Quiso moverse, descubriendo que era inútil en el momento que una punzada lo taladró por completo. Gimió, adolorido y exhausto. Despejó sus ojos y perdió la mirada en las formas del techo, en esa sombra que le abrigaba y que era también los propios ojos del custodio…

-"Milo…"- Murmuró. Desvió la vista hacia la puerta, esperando que este apareciera y que pudiera disculparse o decir algo para arreglar las cosas… aunque le parecía una locura pretender componerlas… le causaba extrañaza y ansia. Si terminaban lo extrañaría, le harían falta sus palabras y esos besos para nada esperados, siempre robados.

Volvió a concentrarse en el techo…

¡Como deseaba ponerse en pie, entonces correría y le diría al escorpión…!

¿Pero qué podría decirle? Porque Milo era el egoísta de la historia, él nunca había pensando en lo que Camus podría sentir si jamás había tenido la oportunidad de besar a nadie, o lo que era saber que la persona que amabas al fin te correspondía y no podías estar con ella por ayudarle a alguien más en un pequeño problema amoroso. El galo consideraba que estaba sacrificando mucho por un simple favor.

Bufó, frunciendo el ceño.

-"¡Camus!"- Escuchó su nombre en una exclamación, que le hizo virar la cabeza hacia su costado, en dirección a la puerta: ahí se encontraba una figura alta, una que conocía bien y que ahora le infundía… miedo.

-"Saga…"- Murmuró.

El caballero de Géminis en Escorpio, considerando los antecedentes, se convertiría en una situación peligrosa…