HOLAAAAAAA!!... muchas gracias por sus comentarios, y por su apoyo... y todo su cariño!... Se les kiere mucho XX... Espero que les guste el capitulo!!... por favor, no juzguen mal aún a los personajes

Capítulo 11

El que se enoja... pierde...

No se sentiría culpable, ni permitiría que ese extraño sentimiento se apropiara de su ser, y no precisamente por considerarse ajeno a él, simple y sencillamente por pensar que había actuado correctamente... o que al menos, aquello tendría un resultado más positivo que tener a Camus en SU CAMA, sin poder moverse...

Lógicamente que Milo no podía controlar las reacciones de su cuerpo al contemplar esta última idea... Y es que se había dado cuenta que el aguador le agradaba más de lo que hubiera admitido hace un par de días...

-"Maldición..."- Murmuró, dando lánguidos pasos hacia el interior de su templo, con la cara tan roja como si hubiera estado expuesto al sol las últimas ocho horas...

-"Sé que tu destello dorado puede sanar las heridas corporales... y... necesito que me ayudes a curar a Camus."-

Le había dicho a Aioria, casi rogado para que este accediera.

-"Hagamos un trato: tú curas a Camus y yo prometo contarte todo lo que quieras acerca de nuestra relación; pero antes debes prometerme guardar ciertos detalles como algo confidencial, ¡Mira que si me entero que andas por ahí regando el chisme te quito una de tus tantas vidas con mis manos!"-

Así había firmado su sentencia de revelar algo tan personal, que solamente compartía con Camus... y con su 'hijo putativo'; exponiéndose a que Aioria abriera más de la cuenta la boca, y todo el santuario -especialmente cierto gemelo mayor, indeseable- se enterara de su pequeño secreto...

A Milo no le convenía que Saga supiera de su plan, pues eso le haría conocer aún más que el francés estaba tan enamorado de él, como para querer darle celos con alguien a quien detestaba... porque el galo sentía solamente 'eso' por el bicho... ¿No es cierto?

Escorpio tenía la certeza de esta reflexión, y eso... le dolía...

-"¡No tengo la necesidad de mortificarme con estos estúpidos pensamientos!".- Gruñó molesto, casi en un intento por animarse, por hacer algo más que divagar con lo mismo...

Caminaba en dirección a la habitación donde Camus se encontraba, cuando se detuve de momento...

En el Octavo recinto Zodiacal se encontraba una tercera presencia, y no se trataba de una que le hiciera sentirse gustoso de encontrarle justamente ahí, en sus dominios; mucho menos cuando percibió el cosmo del acuariano alterado, al igual que el de aquél ser...

Se movió, caminó rápido hacia donde ambos se encontraban; pero apenas había llegado a la puerta, cuando Saga salía a través de ella con una expresión de pánico profundamente marcada; acontecimiento que no le dio tiempo de emitir reclamo alguno al salir este corriendo a donde seguramente estaba su templo.

Milo lo observó, con la clara intensión de decir algo, pero estaba aquél susto en su cara, que le imperaba avanzar con rapidez hacia Camus...

El acuador estaba tendido en cama, boca arriba, con los ojos cerrados y con una expresión clara de dolor...

Escorpio sentía frío, y notó como una ligera capa de hielo cubría los puños del galo, y su silueta por completo; sin embargo, no fue eso lo que más le impactó de su aspecto, eran las marcas rojizas en las muñecas, y un par que le manchaban la faz, acompañando el cuadro por la forma en que su ropa estaba rasgada por el pecho...

Los ojos se le abrieron de par en par. Corrió hacia Camus, queriendo tocarlo, deteniéndose al notar la cara de dolor que portaba...

Obviamente ahí había pasado algo más, que una conversación en la que el acuariano no había podido participar.

El griego no contempló su actuar, en el instante que ya salía corriendo detrás de Saga...

o.v.o

-"¿Pero qué te dijo?"- Volvió a preguntar el español, por vez décima.

-"¡Ya te lo dije!"- Exclamó Aioria exasperado. -"Milo me pidió que curara a Camus con mi poder, y que, como pago, nos contaría todo el misterio que hay detrás de su relación..."- Shura meneó la cabeza, deteniéndose en la escalera.

-"Yo insisto que no hay nada anormal entre esos dos..."- El castaño se detuvo, volteando a verlo con indignación.

-"¿¡Nada anormal?!... ¡ESOS DOS SE ODIABAN!"

-"Yo no usaría la palabra odiar..."

-"Como haya sido..."- Aioria estaba por decir algo más, pero se calló al ver que era uno de los gemelos quien venía en su dirección. -"Saga, ¿Qué tal?"- Lo saludó, pero el mayor pasó de largo, empujando con el hombro, sin querer a Shura.

Leo y Capricornio lo observaron irse, sin entender el porque tan extraño comportamiento...

-"¿Qué le habrá pasado?"

-"No lo sé, pero mira, Milo viene para acá..."- Anunció el español en un susurro, notando la expresión molesta que aquél personaje tenía.

-"¡Bicho...!"- El peliazul lo empujó para hacerse camino. -"¿Qué te pasa...?"- Capricornio señaló a Saga: el posible objetivo del griego menor. Aioria supo que 'algo' había pasado entre esos dos... y que el único punto en común era el acuador.

Hubiera sido una hipótesis fascinante de aclarar, de no haber sido porque Shura se interpuso en el camino del escorpión.

-"¡Hola!"- Lo saludó con una sonrisa, como si no se hubieran visto. Por lo menos no ese día. Milo se desconcertó, trató de huir, pero la cabra volvió a interponerse. -"¿Cómo está Camus?"

-"Shura, ahora no..."- Dijo irritado, pero el paso continuaba bloqueado.

-"Pero es que... Aioria me dijo que estaba herido, y que necesitabas sus poderes para rehabilitarlo..."- Agregó, sin inmutarse por el aspecto de fiera que tenía el escorpión, quien, ante estas últimas palabras dirigió un vistazo hacia atrás, como si de esta forma pudiera ver al mencionado.

-"Camus..."- Susurró.

No tenía idea de que le habría ocurrido con Saga ahí dentro, pero la verdad es que le aterraba pensar que el gemelo hubiera aprovechado su debilidad para algo más...

-"¿Podrías llevarnos donde él está?"- Pregunto suavemente Shura.

Milo regresó la vista hacia él, suspiró, asintió y se dio la vuelta, encaminándose de nuevo hacia su templo.

o.v.o

El onceavo guardián todavía reposaba en la cama de Milo, con los ojos cerrados, aferrando las manos a la sabana para que el dolor no le hiciera gritar. La ropa de su pecho aún estaba rasgada, y el hielo en su cuerpo poco a poco iba recuperando su composición líquida.

Escorpio fue el primero en entrar al cuarto. Sus ojos se posaron enseguida en la silueta gala, y de nuevo sintió esa impotencia e incertidumbre acerca de lo que habría ocurrido en aquella ala.

Aioria y Shura también entraron: el segundo se asustó al ver el estado en el que Camus se encontraba...

-"¿¡Qué le ocurrió?!"- Le preguntó al griego, pero este estaba más ocupado arropándole para cubrir su lastimosa apariencia. Su mano también rozó las galas, las cuales continuaban haciendo fuerza contra el blancuzco lienzo.

-"Aioria... hazlo, por favor..."- Le pidió, casi suplicó. No se atrevió a mirarles, ni a responder cuestionamiento alguno, solamente se limitó a acariciar el rostro y cabello de Camus.

Leo intercambió una mirada con el pelinegro, antes de acercarse a la cama y colocar la palma de su mano sobre la cara del francés, luego concentró su poder en su extremidad, hasta que un brillo dorado se desprendió de ella y rodeó a Acuario. Milo les dio espacio, haciéndose para atrás; Shura solamente observó.

Lentamente las heridas visibles del onceavo guardián se fueron desvaneciendo, hasta que su piel quedó tan tersa y lisa como siempre; las quemaduras y rasguños que tenía en la cara, incluso las marcas rojizas en las muñecas se desvanecieron. Sus dedos se fueron relajando, incluso la expresión adolorida y los labios apretados; todo su cuerpo poco a poco volvió a recobrar su apariencia normal.

El peliazul observó con fascinación los cambios de su 'pareja', abrazó a Aioria al final como agradecimiento.

-"¡Gato, Camus se ve mucho mejor!"- Exclamó triunfante.

Leo asintió, mirando los resultados de su esfuerzo.

-"Mis poderes pueden curar las heridas externas, y quizá un porcentaje de las internas; pero él necesita reposar y recuperar fuerzas. Es un caballero dorado, así que pronto estará de pie."- Recordaba que Shaina, a quien había herido por ser ella un escudo vivo para Seiya, había sobrevivido gracias a su poder y a los cuidados de Casius... -"... Lo que me recuerda, ¿qué fue lo que pasó? ¿Por qué se encuentra así, y por qué ibas tan rápido tras Saga...?"- Escorpio frunció el ceño, meneó la cabeza y caminó fuera de la habitación. Parecía que de pronto había perdido total interés en hablar del asunto.

-"Milo, ¿no te estarás echando para atrás?"- Inquirió el castaño, yendo tras él. Capricornio los siguió, dejando la puerta de la habitación abierta.

Escorpio gruñó, no se detuvo, pero le echó una mirada de pocos amigos a la cabra.

-"Si... bueno..."- Trató el castaño de excusarse, de decir algo a su favor para que su coterráneo no le quitara una de sus vidas, como se lo había advertido, pero no sabía que expresar.

-"Shura, no era parte de nuestro trato..."- Tajó el octavo guardián.

-"¡Como haya sido! Camus estará bien gracias a mi maravilloso poder, así que..."

-"No hablaré contigo delante de él."- Le advirtió.

Entraron a la cocina: El peliazul necesitaba ingerir algo para calmarse, y tenía una botella de brandy en la alacena.

-"Yo puedo..."- Comenzó a decir la cabra, mas, Aioria lo jaló de la muñeca.

-"No, tú eres amigo de Camus y eres mi..."- No podía decir que era su pareja, porque realmente no llegaba a ese papel. -"Eres de toda mi confianza, y si Milo no desea hablarte, yo no volveré a dirigirle la palabra a un ser tan egoísta..."

De nuevo ese maldito termino. Claro que pronunciado por Acuario dolía mucho más, pero no deseaba que lo etiquetaran con esa palabra...

Milo emitió un suspiro más, miró a Aioria, a Shura, pero no dijo nada. Se sentó a un costado de la mesa sin servirse ni una gota de brandy, extendió las manos en la tabla y abrió la boca para hablar...

o.v.o

Sus ojos lucían exquisitos: grandes, verdes, brillantes siempre que le miraba... su agarre solía ser suave, como si él temiera romperle... sus besos... bueno, solamente habían tenido uno, pero ese único contacto se había convertido en algo deliciosamente valioso...

Entonces ¿cómo poder olvidar la violencia y posesión con la que osó lastimarle?

Hablaron... o al menos Saga dijo algo al respecto de Milo. Camus, dentro de su sorpresa y temor, respondió que le quería... Si, el galo aceptó sentir aprecio -o tal vez respecto- por el octavo guardián. El resultado fue inesperado, doloroso: Géminis se le subió en el encima, con su cabello menos azul de lo normal y sus ojos casi inyectados de sangre; sus labios devoraron a besos salvajes los del galo, quien intentó defenderse, sin mayor resultado que lastimarse a sí mismo por sus múltiples cicatrices. Sus manos atraparon con rudeza las muñecas del acuariano, quien intentaba razonar con el gemelo.

No pensaba. Saga solamente sentía dolor, frustración, incertidumbre... miedo...

Se apartó en cuanto el cosmo de Camus comenzó a calarle la piel, y es que una capa de hielo se formó en la superficie de su dermis, obligándole a retroceder.

Lo miró con enfado... con una angustia transformada al ver su cara contorsionada por el dolor... Porque le había herido el cuerpo, y ahora, quizá el alma...

Lloraba amargamente, así que optó por huir... por tal vez nunca más volver a verle...

Acuario hizo a un lado las sábanas, sentándose en la cama al despertarse sobresaltado. Con la mano derecha se cubrió la cara, con la otra trató de que el corazón no se le saliera del pecho. Respiraba agitadamente, y la faz no podía permanecer seca debido a las gotas de dolor que brotaban de sus pupilas...

Abrió los ojos de golpe, mirándose asustado las manos, el cuerpo... ¡Ya no dolía! Podía estirar los brazos, girar las muñecas, mover los dedos, estirarse... podía mover la parte que deseara sin sentirse lastimado. No sabía la razón, solamente entendía que estaba mucho mejor.

Sin embargo, una pregunta asaltó su mente: ¿Habría permanecido dormido durante semanas? Porque las heridas en su sistema se veían realmente graves...

Totalmente se quitó las sábanas del cuerpo y se puso de pie: las piernas le colapsaban, así que se apoyó del tubo de la cama, e inició una marcha hacia la salida del cuarto, a pasos tan lentos, como los que podría dar una tortuga.

¿A donde iba? No lo sabía. Quería caminar, salir de ahí... aunque no sabía donde estaría más seguro, si en su templo, o en aquél lugar al que Milo había dejado entrar a Saga... a su agresor... a su asesino...

Calló al suelo, pues las piernas aún no estaban respondiéndole bien. Se aferró al piso, juntando fuerzas sobre sus dedos se puso en pie. Caminó de nuevo, esta vez atraído por las voces que procedían de una de las habitaciones del templo: reconoció una como la de Escorpio...

-"Iba más allá de lo que puedan imaginar..."- Decía.

-"¡Pero no lo puedo creer!"- Exclamó Aioria, emocionado más no decepcionado.

-"Ni yo..."- Shura se entendía diferente, casi contrariado.

-"¡No los creí capaz de semejante cosa!"

-"Ni yo..."- Repitió en el mismo tono el décimo guardián.

-"Aioria, ya te lo expliqué..."- Insistió Milo, preocupado de que el secreto no fuera tan bien guardado como este lo había prometido.

-"Si, si, pero... no creí que estuvieras tan enamorado de Kanon como para soportar a Camus de esa forma..."- Diciendo esto soltó una carcajada. Escorpio no dijo nada, ni siquiera sonrió; Shura lo miró de reojo, y entendió lo que el castaño no había querido ver...

Fuera de la cocina el acuariano sintió que se moría...

Y es que acababa de enterarse que dos de sus compañeros ya eran conocedores de su secreto... SU secreto; pero eso no era lo peor... el comentario del león se llevaba todo el crédito del estado de ánimo deplorable que ahora tenía. Se apoyó en la pared, perdió fuerza y simplemente se dejó caer de espaldas, sentado en el piso...

-"Aún así, tengan cuidado..."- Agregó el décimo custodio, haciendo la silla para atrás y lograr levantarse.

-"Estaremos bien, gracias..."- Tajó Escorpio, sin entender que Shura en realidad lo decía por otra cosa. Leo continuaba riendo, burlándose de lo que no creía podría suceder. También se hizo un espacio entre él y la mesa para lograr salir.

-"En fin... no se lo diremos a nadie..."

-"Te lo prometo."- Completó Capricornio para tranquilizarlo.

-"Eso me gustaría mucho, gato..."- En realidad lo deseaba, porque si Saga se enteraba de que todo era un plan para ponerle celoso, lógicamente reclamaría lo que le había pertenecido desde siempre: el corazón del acuariano.

Caminaron fuera de la habitación, del lado contrario a donde Camus se encontraba, así que no lo vieron.

Milo golpeó la mesa: Jamás tuvo intenciones de revelarlo, y el haberlo hecho lo ponía mal. Lo hacia sentirse impotente. Por lo menos le quedaba el consuelo de saber que el galo nunca se enteraría de lo ocurrido.

Sintió enormes deseos de verle, así que también se puso de pie, en marcha directa para cumplir su deseo; mas, al salir y dar la vuelta hacia el camino que daba a la habitación, se topó con el onceavo guardián: se veía muy triste, aunque mejor de salud.

-"¡Camus!"- Exclamó el escorpión, sonriéndole e inclinándose tanto como para quedar de frente al galo, quien desvió la cara. -"¿Qué pasa?"- Inquirió preocupado.

-"Nada..."- Tajó el príncipe de hielo. Escorpio sabía que esa expresión no era por 'nada', así que colocó sus dedos sobre el mentón del otro para que este le mirara, pero apenas sucedió esto, el aguador lo rechazó con un manotazo. -"No tienes porque soportarme..."- Soltó el francés. -"... me iré a mi templo y te prometo que no..."

-"¡Aioria fue quien lo afirmó!"- Exclamó el griego, entendiendo la molestia de su 'novio'.

-"Y tú no lo negaste..."- Murmuró, aún enfadado.

-"Tal vez porque no tenía que hacerlo delante de él."- Se defendió Milo, comenzando a impacientarse.

-"¡Bien, tampoco lo hagas ahora!"- Exclamó Acuario, mayormente furioso. Trató de incorporarse, pero el peso del cuerpo aún era demasiado para los músculos, al menos le alegró no sentir dolor.

-"¡Por lo menos escúchame...!"- pero ¿qué era lo que tenía oír? ¿Por qué necesitaba darle una razón?

Evidentemente Camus estaba enojado, aunque Milo no entendía el por qué. ¿Serían las palabras de Aioria? Y si eran ellas ¿por qué le afectaban tanto?

No había un motivo, pero se sintió emocionado de que se presentara esta situación...

Se estaban mirando, fijamente lo hacían, como si se trataran de leer, de entender, de saber perfectamente lo que ocurría.

-"No me interesa..."- Mintió el onceavo custodio, volviendo a desviar la vista. -"Ellos lo saben y supongo que eso es suficiente para que esto se termine..."

-"Hyoga también lo sabe y..."

-"¡Hyoga es como un hijo para mí, y es de toda mi confianza!"- Se defendió Camus, alzando otra vez la voz. -"¿Tú qué sabes de mis motivos para...?"- Se calló, pues Milo se le había acercado tanto como para desear unir sus labios en un beso, de haberlo querido -o de no haberlo reprimido-.

-"¿Y tú, gran egoísta, qué sabes de los míos?"- Le interrogó en un susurro, sin separarse. -"Te vi caer, Camus... te vi a punto de desvanecerte en mi propia cama... con terror creí que te perdía, que no volverías a ser el mismo de nuevo si te dejaba ahí... Yo tenía que hacer algo..."

Pum... pum... pum... latía el corazón del aguador.

Contuvo la respiración, aunque no hizo nada por recuperar su espacio vital.

No entendía las palabras de Milo... al menos no el sentido oculto tras ellas, pero comprendía que estaba preocupado, y que lo dicho por Aioria momentos antes, no era del todo cierto...

-"Le pedí que te ayudara, simplemente eso... y el costo fue hablar de nosotros..."- Terminó de explicarle, y sin embargo, seguía ahí, tan cerca que sus labios deseaban fundirse con los del otro.

-"M-milo... yo..."- ¿Lo siento? ¿Te entiendo? ¿Qué podría decir?

El escorpión se separó un poco, le sonrió, y lo rodeó con sus brazos del tal forma, que pudo cargarlo sentado, y llevarlo así en dirección a la habitación.

-"Ahora, Camus, si no te importa me gustaría llevar a MI NOVIO a mi habitación para que descanse..."- Explicó, sabiendo que el nombrado estaba extrañado y posiblemente apenado de este comportamiento.

El galo no pudo hablar, y para Milo fue mejor que no lo hiciera... Tuvo la oportunidad de tener la coronilla de su cabeza cerca de la nariz, y así aspirar la fragancia de la esencia que utilizaba para lavarse el cabello. Acuario, entre tanto, solamente se mantenía con las mejillas rojas y una de sus manos en el pecho del otro.

-"Te pondrás mejor en unos días..."- Le informó al momento de dejarlo de nuevo en el lecho. -"... y entonces podremos continuar peleando..."- El galo frunció el ceño, e indignado desvió la cara hacia la pared. El griego sonrió, divertido, sin dejar de cubrirlo con la sábana.

-"No disfruto pelear contigo..."- Respondió, aún enojado.

-"Aún así... hagamos un pacto..."- Volvió a tener la atención del onceavo custodio, aunque esta vez con una de sus cejas levantada.

-"¿Otro?"- Se preguntaba que tipo de consecuencias podría tener aceptar uno más. Milo carraspeó.

-"Yo no haré nada que te incomode mientras tú me lo digas -es decir, aquello que te afecta-, pero a cambio, dejarás de ser un necio y me permitirás cuidarte..."- Acuario abrió la boca para alegar, no obstante se quedó callado.

-"Tú ganas..."- Se limitó a decir, levantando los hombros.

Milo le sonrió, y Camus no tuvo razones para no corresponderle el gesto.

Obviamente Escorpio había ganado... Sin embargo, la sonrisa se le desvaneció en cuanto miró la ropa rasgada que aún llevaba el aguador. Frunció el ceño suavemente, deteniendo su atención en la prenda y luego en la cara ahora desconcertada del francés.

-"Camus, ¿qué hacia Saga aquí?"- le preguntó en un tono que le pareció neutro, aunque a los oídos del interlocutor los celos no pudieron ser escondidos.

Acuario buscó las palabras correctas para explicar algo, pero se dio cuenta que en primer lugar había culpado a Milo de lo que estuvo a punto de ocurrirle, cuando este -según su observación- estuvo en Leo pidiendo ayuda.

No deseaba hablar al respecto... no quería recordar... no quería ver esos ojos, ni a esa persona que ahora le resultaba extraña, tan ajena a quien era su amor...

Escorpio se sentía como un novio cornudo... Acuario solamente callaba...

Se molestó, se levantó; los celos no le dejaban ver nada más allá de un beso entre ambos, de alguna caricia que al onceavo guardián no le hubiese desagradado.

Acuario no quería hablar, pues si confesaba lo ocurrido ocasionaría otra pelea entre ellos; sin embargo, no alcanzaba a comprender la gravedad de su silencio, ni la sensación de la que era presa el griego tan sólo por ello.

Se alejó un poco para no hacer o decir algo estúpido, aunque realmente quería reclamarle...

Toc... toc... llamaron a la puerta. Escorpio deseó que la persona tras la tabla moradora se fuera, sin embargo, reconocía la presencia como la de alguien a quien no esperaba ver ahí... Miró a Camus, el cual se veía igual de ansioso y extrañado que él...

Abrió la puerta, dispuesto a alegar si continuaba metiéndose entre ellos...

-"Buenas tardes, Milo..."- Saludó el rubio ruso. Al parecer, su tono ya era diferente, en el ya no había rastro de despotismo o rabia.

-"¿Qué haces aquí, Hyoga?"- Inquirió el escorpión, frunciendo el ceño y cruzando los brazos, procurando tapar con su cuerpo la silueta de Acuario.

-"Yo..."- Agachó la mirada, apretó los puños y tomó valor. -"Quiero hablar con ustedes... con ambos... deseo expresarles una profunda y sincera... disculpa..."