Hola!!... uf!!... perdon, perdon... no me habia fijado que no lo habia actualizado aqui TwT... Verán, es que tengo mucho trabajo y estoy a punto de terminar la escuela, asi que ando a las carreras actualizando mil historias :O... En mi perfil aparecen aquellas que no pienso continuar mas mis nuevos proyectos y otras cosas...
Bueno... este es el cap numero 12. Calculo que me quedan unos seis para terminar, pero aún no estoy segura :S... es que el 13 me está causando serios problemas .o.
Tambien les aviso que ya terminé Infidelidad. Espero subirlo completo en unos días
Gracias a quienes me han leido y han dejado su comentario... como cierta persona Brasileña a quien en especial le agradezco sus palabras.
No duden en escribirme a mi correo.
Capítulo 12
El primer paso
Se sentaron uno frente al otro, con dos tazas de humeante té en la mesa, servida para cada uno. La mirada del invitado se encontraba puesta sobre la mesa, mientras que la del anfitrión se mostraba gentil sobre su faz, con una sonrisa suave en los labios.
-"Espero haber atinado a tu gusto sobre el azúcar..."- Comentó, ampliando el gesto de los labios. Tomó la oreja del recipiente, degustando enseguida la bebida.
-"Gracias..."- Respondió aún apagado, sin hacer caso a la atención del otro. .
Deseba sonreírle, pero no podía, las fuerzas no le daban para tanto. Fuera de los problemas que aún rondaban en su cabeza, estaba, por otro lado, la reacción que había tenido con él y con Seiya, después de descubrirles... en una situación realmente comprometedora; muy parecida a como encontró a Camus y Milo horas antes...
Para Hyoga se volvió un silencio incómodo, mientras, para Shiryu, no había el menor inconveniente en permanecer solamente con su presencia. Le preocupaba, mas no tenía la menor intensión de obligarle a hablar.
-"Francamente no sé donde prefiero estar, si en la mansión o aquí"- Comenzó Shiryu a hablar. Tomó una galleta, se la llevó a la boca y la mordió: la harina se disolvió entre su lengua y paladar. -"En Tokio al menos puedo cocinarle algo a Saori..., pero aquí..."- Miró las paredes del templo. -"... espero que mi maestro no se ofenda..."- El ruso no lo miraba, pero aún así, desvió la cara hacia otro sitio como si evitara a toda costa verlo.
El dragón bronceado notó algo en su reacción.
-"Aproveché para cocinar algunas galletas y..."
-"Shiryu..."- Lo calló el cisne.-"Hace semanas no nos dirigimos ni media palabra, así que ahora no intentes simular que somos amigos..."
-"Yo siempre he estado dispuesto a ser tu amigo, pese a todo..."
.-"¡Pues no lo intentes!"- Exclamó el rubio, parándose de la silla con las manos sobre la mesa. Su compañero no mostró signo de alteración, y es que... lo entendía: debía ser difícil para él cuando tenía mujeres importantes en su vida, cuando más de una había estado dispuesta a compartir algo más que un roce de manos; tal vez Seiya tuvo la misma 'suerte', y, sin embargo, el pegaso había escogido probar con alguien más...
-"Sé que ahora estas pasando por un mal momento, pero si no te tranquilizas..."
-"¿¡Qué, Shiryu?! ¿Me sacarás de tu templo?"
-"Yo no..."
-"Porque no necesitas hacerlo, yo me puedo ir solo..."- Pero tan pronto como dio la vuelta para salir, el dragón bronceado se le puso al paso, tan rápido que Hyoga tuvo que pararse en seco. .
-"Camus te aprecia, y te aprecia mucho. No sé que haya pasado entre ustedes, pero estoy seguro que él se preocupa por ti..."- De algún modo supo que la herida iba por ahí. Hyoga, molesto, le empujó por el hombro, intentando hacerse el espacio suficiente para pasar, sin tener tal éxito; el cisne, mayormente incómodo, le tiró un golpe, un golpe que el otro detuvo con su mano. -"... a pesar de que tú no logres entenderlo..."- Continuó.
-"No sabes nada... no entiendes nada..."- Replicó el ruso.
-"Entiendo que te sientes solo, y que no logras comprender que no eres el único que se siente así..."- El rubio apretó los dientes, soltando su brazo del agarre que el dragón ejercía en el. -"Seiya y yo nos enamoramos..."
-"Calla..."- Apretó los dientes.
-"Nos sentíamos abatidos sin Shun igual que tú..."
-"..."- Desvío la mirada, cobarde de sus propios sentimientos.
-"De pronto nos dimos cuenta que no solamente éramos amigos, que entre nosotros surgía otra clase de emoción, que tú jamás podrás comprender..."
-"¡Eso es más que inmoral! ¡Es una estupidez!"
-"¿El amor es una estupidez? ¿Tú madre no te amaba? ¿Qué hay de Camus, quien también dio su vida por ti...?"
-"¡Shiryu, cállate!"- Volvió a gritar, tapándose los oídos y cerrando los ojos; con el dolor a punto de aflorar por sus retinas. El dragón, igual de sereno que durante toda la discusión, volvió a tomar asiento junto a la mesa.
-"De acuerdo, pero has de saber que estas menos solo de lo que tú crees."
-"Es que no es solamente eso... ¡Es su anormalidad!"
-"Hyoga, cuando hay amor las circunstancias no importan. A veces es necesario compartir tus alegrías y tus penas con alguien, sentir su apoyo, su cariño,... sentir tantas cosas al mismo tiempo que tu pecho se llena de ellas y sientes que vas a explotar si no las compartes con ese ser amado."- El cisne meneó la cabeza, aún inconforme. -"No te pido que lo aceptes, solamente que trates de entender la importancia que tiene para nosotros..."- Tal vez las palabras no eran suficientes, sin embargo, Shiryu estaba seguro que eso debía bastar para que lo entendiera.
El cisne desde siempre fue una persona reservada, tal vez enseñanza de su maestro Acuario; sin embargo, a pesar de ello, él mostraba sus sentimientos cuando ya no podía retenerlos por más tiempo... explotaba como una olla de vapor; situación que se presentaba en este momento. El pelinegro lo entendía, o por lo menos trataba de hacerlo. Él también atravesaba por un momento difícil al verlo actuar así. Después de todo lo apreciaba...
El ruso lo consideró...
¿Realmente eso era lo que le afectaba?
No se movió de su sitio, mas, comenzó a hablar.
-"Es que... yo esperaba más de ustedes... mucho más de mi propio maestro..."- Shiryu comenzó a beber de su té, sin dejar de contemplar al ruso. -"... Digo, suena 'respetable' tu argumento acerca del amor y todo eso..."- Realizó una mueca con los labios. -"pero... no tenía porque involucrarse con un patán como Milo..."- El pelinegro arqueó una ceja.
-"¿Por qué piensas eso?"- Inquirió extrañado. El ojiazul no deseaba decirle que le habían metido ideas en la cabeza, pero, tampoco deseaba expresarle una mentira por respuesta.
-"Personas que lo conocen me han dicho la clase de individuo que es..."- Dijo.
-"Ajá..."- No podía creerle. -"¿Y eso es lo que claramente te dice quien es la persona que ha escogido tu maestro?"- Hyoga se sonrojó suavemente, abochornado por la respuesta del pelinegro.
-"Es gente que ha convivido años con él... ¡No tendría porque desconfiar!"- Pero lo hacia, aunque él mismo hubiera reclamado y peleado, los argumentos de Saga, y las dudas de Kanon, no lo convencían del todo...
-"Sin embargo, ¿por qué habrían de decir algo malo acerca de uno de sus compañeros de armas? ¿Qué necesidad tendrías tú de saberlo?"- El ruso sintió que una cubetaza de agua fría le caía en la espalda, y esto era por darse cuenta que tenía razón...
Se sentó de nuevo junto a la mesa, queriendo debatir.
-"Mira Shiryu... yo..."
-"Para iniciar, si Camus y Milo tienen algún tipo de relación, eso es algo que no les debe de importar a los demás. Por mucho que sea tu maestro, yo creo que a ti debería de interesarte si es feliz o no... si la persona con la que está realmente puede brindarle lo que necesita..."- El rubio dejó su mano inerte sobre la mesa, y el dragón la tomó, apretándola suavemente. -"Escucha: yo no he convivido lo suficiente con ninguno de los dos, es decir, solamente conozco al caballero de Acuario por lo que he visto en ti, y por lo que me ha contado mi maestro; mientras que a Escorpio, sé que es una persona gentil porque se ofreció a ser tu instructor cuando tu mentor ya no estaba..."- El cisne se agachó aún más. -"Milo es una buena persona..."
-"Pero... eso no fue lo que dijo Saga..."- Murmuró.
El dragón no podía armar completamente el rompecabezas, pero comenzaba a darse cuenta por donde iba todo el asunto.
-"¿No recuerdas que fue él quien intentó matar a nuestra diosa?"- Le preguntó al cisne, aún con el mismo tono tranquilo.
-"¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?"- Inquirió de golpe.
-"Que en un estado como el de Saga, cualquier cosa puede esperarse de él con tal de conseguir algo..."
A la mente de Hyoga vinieron las palabras de Camus: 'yo estoy enamorado de Saga, y Milo de Kanon...'
¿Y si los gemelos también estuvieran enamorados de ellos? ¿Qué pasaría si solamente lo habían utilizado para separarlos...?
-"¡Estúpido!"- Se maldijo el cisne, golpeando la mesa con la misma mano, que el dragón había sostenido. Se levantó de la silla, arrastrando su cabello con los dedos hacia atrás, y dándole un frentazo a la pared más próxima.
-"¡Hyoga!"- Se preocupó el dragón.
-"Yo... no debí abrir mi boca..."
-"¿qué fue lo que sucedió?"- El rubio lo miró, pero recordó que Camus le había pedido no decírselo a nadie.
-"Nada..."- Respondió, desviando la vista. Shiryu atrajo su mirada con la yema de los dedos.
-"Escucha: tal vez no sea demasiado tarde para corregir lo que has hecho..."- Le sonrió con dulzura. -"Te aconsejo considerar qué es lo que realmente quieres, y sobre ello, tomar una decisión acerca de cual será tu próximo movimiento..."
o.v.o
Se detuvo en la puerta, sintiendo el corazón latir en su garganta. No respiraba con facilidad, pero trataba de atrapar el mayor aire posible con cada bocanada desesperada que aspiraba. Cerró los ojos: intentó no pensar. Levantó el puño y tocó.
El siguiente paso a dar era el más difícil de todos... y la cara que Milo ponía en ese momento, francamente le dificultaba en demasía su labor.
-"Buenas tardes, Milo..."- Habló, aunque sintió que la garganta se le cerraba.
-"¿Qué haces aquí, Hyoga?"- Fue lógica su reacción después de todo; es decir, luego de que lo llamó 'la mujerzuela del santuario' no debería ser recibido con platillos y flautas...
-"Yo..."- Balbuceó el cisne; la mirada rehusó la del griego.
No tenía valor, pero entendía debía adquirirlo para cumplir su meta.
Apretando los puños consiguió tomarlo de alguna parte...
-"... Quiero hablar con ustedes... con ambos... deseo expresarles una profunda y sincera... disculpa..."
La expresión del griego cambió, aunque no por ello se volvió amable. Miró arriba de su hombro, a Camus... quien, con la mirada, le pidió que lo dejara hablar.
Milo maldijo su maldita debilidad, pero no dijo nada. Se quitó del paso, tomando asiento en la cama, aunque lo suficientemente lejos para 'no prestarle' tanta atención al aguador. Hyoga entendió aquello como una señal para entrar, así que pasó el marco de la puerta, permaneciendo de pie a una distancia considerable.
Acuario lo miraba, Escorpio no; eso bastaba para ponerlo todavía más nervioso. Se quedó callado, considerando por donde debía empezar.
-"¿Y bien...?"- Se impacientó el griego.
-"Milo..."- Le reprendió el galo en voz baja.
-"¿Qué?"- Se giró hacia él, todavía molesto por su silencio. Acuario frunció el ceño.
-"Déjalo"
-"¡Es él quien se mete conmigo, Camus!"- Exclamó. Acuario abrió la boca, pero el rubio se le adelantó.
-"¡Maestro, Milo, por favor!"- Los dos dorados lo miraron a él, se miraron mutuamente, y como dos niños berrinchudos ladearon la cara, indignados, hacia el sitio contrario. El rubio, indudablemente, se sintió culpable. -"Yo... les tengo un profundo aprecio a los dos..."
-"¡Claro, pato! ¡Lo has demostrado muy bien...!"- Dijo el griego con sarcasmo. Acuario lo miró con molestia.
-"Hyoga debe tener su justa razón..."- lo justificó.
-"¡Tu querido pupilo es un homo fóbico!"
-"¡Él solamente quiere lo mejor para su maestro!"
-"¡Y supongo que él sabe de sobra que yo no lo soy!"
-"¡Hyoga, no...!"
-"¡Basta los dos!"- Gritó el cisne, cual niño que se pone en medio de una acalorada charla de sus padres. Ambos dorados lo miraron sorprendidos. El rubio, entonces, pareció superar sus nervios y temor, al comenzar a reír a rienda suelta. -"... ¡No lo puedo crees! ¡Pelean como dos niños!"- Continuó riendo. Tanto Camus, como Milo se miraron mutuamente: el primero preocupado por su pupilo, el segundo, también divertido por la aseveración del cisne.
-"Como sea..."- Se puso serio el último, cruzando la pierna y extendiendo los brazos por arriba de las piernas del galo, para apoyar la palma en un espacio vacío del lecho. -"¿A qué has venido?"- Hyoga entrelazó los brazos y se recargó en la pared, con la planta del pie sobre ella.
-"Ya se los dije: quiero disculparme. Me asusté... me confundí... no entendí que estaba pasando entre ustedes..."- En los ojos azules rusos, había un destello extraño dirigido especialmente para Acuario. Milo miró primero al joven de quince años, enseguida a su 'novio'...
¿Y si a Hyoga le agradaba C...?
Un dolor lo hizo presa... no debido a los celos, si no, al hecho de saber que el galo solamente lo veía como si fuera su hijo... no 'algo' más; y, como si no fuera suficiente, la única persona que cambia en el corazón galo era Saga...
-"¿Saben qué?"- Se levantó de la cama de un salto, estirándose para ocultar cualquier otra emoción a los ojos del francés. -"Traeré algo para beber... tengo sed. ¿Quieren que les traiga algo?"- La cabeza de Camus se movió, extrañada; luego negó. Hyoga sonrió.
-"Lo que mismo que tú."- Dijo. Milo no lo miró, solamente caminó hacia la salida y se perdió en el pasillo.
Una vez solos, ambos santos de Atenea se contemplaron.
-"No creí que tuviera que darte alguna clase de explicación acerca de lo que hago o dejo de hacer con MI vida"- Comenzó a hablar el onceavo guardián, esta vez con un tono recriminatorio.
-"Por favor, Camus... yo..."- Caminó hacia la cama, pero el otro le hizo una señal de alto.
-"Y no solamente eso, te atreviste a atacar a uno de mis compañeros con comentarios gravemente ofensivos"- La voz se volvió más fría.
-"Lo sé... pero es que yo..."
-"No fue a cualquier compañero, Hyoga, fue a una persona que considero importante en vida, a alguien que ha estado conmigo peleando hombro con hombro estos años..."- Porque el hecho de que no se llevaran bien, no quería decir que tampoco podían ser compañeros de armas y pelear por el mismo fin. -"A alguien, que sin siquiera pensarlo, me dejó hacer mi propia voluntad al negarse a pelear en tu contra..."
-"Maestro, escuche..."
-"No, mi querido pupilo... me temo que ya no quiero oírte más..."- Cerró los ojos, tratando de congelar su propio corazón.
-"Es que usted tiene que saber..."- Acuario no se inmutó. -"Se lo diré de todas formas, y puede o no escucharme si quiere: No es excusa, pero... personas del santuario me aconsejaron que impidiera tu cercanía con él..."- Los oídos del acuador no lograron hacerse sordos a estas palabras, ocasionando que lo mirara con duda.
-"¿Qué?"- El cisne se aproximó un poco más, sentándose en la cama, en el lugar que Escorpio antes tenía. -"¿Qué estas queriendo decirme?"
-"Mira, él se portó muy bien conmigo cuando tú no estabas... él me cuidó y aconsejó cuando estaba desconsolado, cuando me sentía culpable por la muerte de mi mentor..."- Calló un momento, manteniendo la mirada fija en los ojos de Camus. -"Milo también es muy importante para mí por muchas razones, pero a pesar de eso yo no lo conozco fuera de la orden... yo no he convivido tanto con él como Saga, o incluso que el propio Kanon..."- Acuario frunció el ceño.
-"Espera: ¿estás diciéndome que los gemelos te llenaron la cabeza de esa sarta de estupideces?"- El rubio asintió, un poco avergonzado.
-"Fue Kanon quien recalcó que Milo simplemente servía para calentar sus inviernos..."- Acuario apretó los puños por debajo de la sábana, aunque su cara permaneció 'serena'. -"Que incluso, aún a pesar de gritar a los cuatro vientos su amor por el 'príncipe de los hielos', continuaba acostándose con él y con otros ocupantes del santuario..."- Camus sintió que la sangre se le subía a la cabeza, y que, de pronto, la indulgencia de Athena no sería suficiente... que mataría al menor de los gemelos y terminado en algunos de los infiernos.
-"¿Y... Saga...?"- Inquirió, aún tratando de controlarse.
-"Se quedó callado..."- Dijo Hyoga. -"... solamente al final insistió en que él te quería y lo único que deseaba era tu felicidad, que esa era la razón principal de forzar a su hermano a decirme la verdad... pero, francamente ya no le creo. Pienso que Saga es capaz de hacer cosas peores con tal de conseguir sus propósitos...."- Camus agachó un poco la cabeza, recordando lo ocurrido entre él y el gemelo cuando Escorpio no se encontraba en el recinto.
Pensaba que lo conocía... o que, por lo menos, no sería capaz de hacer algo así...
Sin embargo, había tratado de matar a Milo, intentó violarlo, y ahora, calumnió al octavo guardián tan sólo para que Acuario pudiera hacerle caso de nuevo...
-"No importa lo que ambos dijeran, maestro... yo... ahora he entendido no solamente que Milo no es esa persona tan terrible, sino que tu felicidad debe ser lo más importante para mi..."- Acuario se sorprendió por aquellas palabras, sin saber realmente que decir a ellas.
El griego, en aquél instante, entró con dos vasos de jugo de naranja.
-"Así que... no es que esté totalmente en desacuerdo con su relación..."- Continuó el cisne, poniéndose de pie y tomando la bebida que el peliazul le ofrecía. -"¡Es más, yo diría que hacen bien estando juntos...!"- Exclamó emocionado, mirando con una sonrisa diferente al caballero de Escorpio.
-"Pero ya te lo expliqué: Milo está enamorado de Kanon y yo..."- Hyoga dio un sorbo a su jugo, antes de girarse hacia el dorado que acababa de lanzarle un excusa.
-"Maestro, con todo respeto, tal vez debería ampliar más sus horizontes y ver que hay personas más cercanas que están realmente interesadas en ti..."- Embozó una sonrisa, Y miró a Milo como si se tratara de un confidente...
Escorpio confrontó su mirada, entendiendo enseguida que le estaba insinuando a su maestro, los sentimientos que él trataba de esconder, y de los que Hyoga había sido participé. Como reacción, el peliazul comenzó a toser, después de tomarse por completo su propio jugo.
El ruso volvió a sonreír, alzó los brazos hacia el cielo, estirándose, y moviendo el cuello para destensarse y evadir así, la mirada confusa de su maestro.
-"Yo por ahora, y para aclarar mi mente, he decidido que lo mejor es partir a mi sitio de entrenamiento unos días..."
-"¿Te vas?"- Preguntaron Escorpio y Acuario. El primero casi tenía ganas de ahorcarlo, el segundo deseaba disfrutar un poco más de su compañía.
-"Si, pero no se preocupen, sé que podrán cuidarse."- Volvió a sonreír picadamente. -"... No es como si fueran a matarse si no estoy aquí para separarlos, ¿verdad?..."- Les guiñó un ojo y se dirigió hacia la salida, dejando el vaso en una pequeña mesa, y despidiéndose con la mano.
Camus abrió la boca, estirando el brazo; luego se arrepintió y lo bajó. Milo, siendo el 'anfitrión' fue detrás de él para despedirse correctamente.
El cisne parecía esperar que le siguiera, pues no iba a un paso demasiado apresurado...
Y se sentía bien... Después de haber hablando con Shiryu, y prácticamente reaccionado, sabiendo que su maestro estaba en muy buenas manos, todo lo demás parecía más ligero. Incluso ya sentía que quería al griego como si fuera un padre más...
-"Milo, muchas gracias."- Comentó, aún andando hacia la salida. Escorpio apresuró el paso
-"¿Y ahora por qué?"- Preguntó extrañado, quedando a la par.
-"Amas a mi maestro, al padre que es para mi... Eso me basta para estar en deuda contigo..."- Confesó, sonriendo sinceramente. Las mejillas del griego comenzaron a responder con un matiz rojizo, así que intentó aclarar:
-"Antes que nada, pato, yo no amo a tu..."
-"Bueno, pero estas en eso... ¿o no?"- Sonrió de nuevo, esta vez con malicia. -"Te escuché, te he observado... ¡sé que lo quieres!... y, ¿sabes?... por mucho que Camus alegue estar enamoradísimo de Saga, yo estoy seguro que también siente cosas por ti..."- Le causaba gracia aceptarlo, pero aún más el ver las reacciones que Milo tenía. Este se quedó callado, dándole la razón sin desearlo.
-"Mira pato, te estas metiendo en..."- Trató de reaccionar, pero Hyoga fue mucho más rápido.
-"Y si yo fuera tú..."- Continuó, ignorándole. -"Me aprovecharía de mi calidad de novio para terminar de conquistarlo..."
-"pero yo no..."- Escorpio intentó debatir...
-"Así que te deseo mucha suerte..."- Le palmeó el hombro. -"... ¡y por favor, protege a mi maestro de ese loco!"- Diciendo esto, como si temiera que el escorpión se le fuera a ir encima, comenzó a correr escaleras abajo, despidiéndose, de nuevo, con un gesto de la mano.
-"Yo no... ¡Hyoga!"- El cisne emprendió el vuelo, dejándole con una extraña sensación revoloteándole dentro del pecho, inundando cada parte de su cuerpo.
Se quedó parado, observando en la lejanía como el ruso se perdía escaleras abajo. El viento soplaba frío, mas, no desvanecía la sensación caliente que se apoderaba de su cara... Ni se llevaba entre las montañas la idea que había forjado...
Dentro del templo, recostado aún en la cama, Camus, con el ceño suavemente fruncido, forzaba a su cerebro para que captara correctamente las palabras de su pupilo; pero, por más que unía, revolvía, acomodaba y desacomodaba piezas, no encontraba una explicación...
-"¿Ampliar mis horizontes?"- Se preguntó.
¿Hacia donde debía mirar para encontrar lo que Hyoga le pedía hallar?
Es decir, no buscaba olvidar a Saga pesa a todas las cosas malas que habían sucedido, y aunque fuera de ese modo, dudaba que tan sólo desear hacer a un lado sus sentimientos por otra persona, estos, por arte de magia o indulgencia divina fueran a desaparecer. De ser este el caso, hace mucho que ya no estaría enamorado del gemelo...
Suspiró, se rascó la cabeza, se talló la cara y prefirió por el momento no pensar más en ello; aunque... por un instante, el nombre de Milo rondó su cabeza como posible candidato. Muy posible, pero también el más improbable...
El citado por sus pensamientos apareció en la puerta: se detuvo en el umbral, mirando en la dirección donde se encontraba el galo.
-"Vaya cosas más raras que dice ese pupilo mío..."- Comentó, sonriendo con cierto nerviosismo. Milo lo observó, titubeó al querer decirle algo.... -"¿Qué te pasa?"- Inquirió el onceavo guardián, extrañado.
-"¿Te gustan los helados?"- Preguntó Escorpio de golpe, permaneciendo de pie en la puerta.
-"¿eh?"- Se extrañó Acuario. El griego caminó hacia él, un poco nervioso...
-"Yo sé que eres el hombre de las nieves, Camus, pero no me digas que en tu vida has probado un helado de tres sabores, en barquillo, con chocolate o galletas..."
-"ehm... no... no..."
-"¡Perfecto!"- Aplaudió el octavo guardián. -"En cuanto puedas ponerte de pie, tú y yo bajaremos al pueblo por uno..."- Sonrió complacido por su propuesta, aunque el francés no tenía idea de lo que ocurría, y lo demostraba al parpadear insistentemente.
-"..."
-"¿Qué?"
-"¿En calidad de qué haríamos eso?"- Acuario quería una razón, y Milo no podía decirle que estaba dispuesto a aceptar el 'sabio' consejo -o más bien, intromisión- de su pupilo...
-"Tonto..."- Murmuró, desviando la cara y sonrojándose suavemente. -"¡Se supone que tú y yo somos novios! Una pareja normal hace todo ese tipo de cosas..."- Se encogió de hombros.
-"¿Con qué sentido?"- Escorpio se cruzó de brazos, como un niño pequeño emberrinchado.
-"Mira, Camus, solamente era una idea... además, yo no tengo las respuestas para todo, así que no sé porque la gente hace ese tipo de cosas estúpidas..."- Acuario, que ya le conocía, reconoció su molestia.
-"Lo siento..."- Se disculpó, estirando su brazo y logrando tocarle con los dedos la mano. -"Acepto ir a comer contigo un helado."- Milo le apretó aquella parte del cuerpo, sonriéndole.
-"Será una cita... ¿entendiste?"- El francés sintió una ligera descarga en los intestinos.
-"ehm... si, si... una cita..."- Aseguró...
Aunque... realmente nunca había tenido una, y, por lo tanto, no sabía que debía ocurrir...
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Por sus comentarios, quejas y sugerencias muchas gracias!!
P.d. si lo desean pueden darme sugerencias del lugar donde puede ser la cita :)
