Por poco me muero! ;O;... Esta tarde juré que actualizaria, pero... mi USB por poco y se muere, y ahi llevo todos los capitulos de mis fics, asi como el respaldo de mi computadora... asi que estuve a punto de morir ¬/¬...
En fin... Tengo que disculparme porque queria actualizar el fic para navidad, sin embargo, mi computadora se murio definitivamente y no he logrado hacerla funcionar. Gracias a que ahora estoy trabajando es que logre terminar el capitulo, sin embargo, no estoy muy convencida con su contenido o naracción ¬¬... y debo reconocer que me he inspirado en tres canciones para hacerlo, aunque al final no utilice ninguna =P... La primera es 'Clavo que saca otro clavo' de Paty Cantu, 'Momentos' de Noel Shajris, y Todo Contigo de Eiza Gonzales -esta si la ocupe-
Al final pondré los links de las canciones por si alguien quiere orilas.

Muchas gracias a todas las personas que me han ayudado a escribirlo con sus ideas y comentarios, así como a quienes han aportado la inspiracion con sus lindos posts o simple presencia; gracias a todas, pero muy en espacial a Natasha, Lizzie, Dafne, Patito, Muerte 16, Alynne Hale, Ylamci, y Chris Melian Black... Este Capitulo va especialmente para ustedes!

Nota: Espero que luego de 23 paginas haya algo interesante que leer -o-

Nota 2: si pueden buscar la cancion de Todo contigo, interpretada por Eiza Gonzales, escuchenla

JUGANDO CON FUEGO

Capítulo 17

Todo contigo…

-"El amor apesta… ¿no crees?"- Dijo Milo, entre las sombras…

-"A veces…"- Respondió su acompañante, sin saber qué decir ante aquella pregunta, porque aunque era obvio que sufrió por amor, ahora no sabía como lidiar con ese pequeño y enloquecedor palpitar mientras abrazaba e intentaba consolar, a la vez que descifrar lo que sentía por la persona que intentaba cuidar… Confuso. -"¿Puedo hacer algo por ti?"- El griego se movió un poco, logrando elevar la barbilla para obtener aquél destello galo en medio de la oscuridad.

-"Quédate conmigo."- Podía pelear. Tenía la habilidad para matar a cualquiera de sus enemigos… para todos, menos para atacar al único que le interesaba dejar fuera de combate. De cualquier forma ya había peleado, nadie podía alegar haber dejado la batalla sin presentar guerra… Todo estaba dicho, y sólo tocaba el turno a Acuario…

o.o.o.o.o

Cuando Camus despertó a la mañana siguiente, el caballero de Escorpio ya no se encontraba en la cama. En la mesita de noche solamente había una nota que avisaba de su pronto regreso, pero Acuario no sabía calcular que tiempo demoraría, si no sabía cuando se marchó.

Se levantó de la cama, se bañó, se arregló con ropa suya –que Milo había llevado ahí cuando estaba herido- y comenzó por hacer el aseo. Su manía más extraña –heredada de Saga, su mentor- era sacudir aunque estuviera limpio, siempre y cuando estuviera nervioso. Y lo estaba. No supo de qué hablaron esos dos, pero desde entonces el griego estaba como perdido… ausente. Juraría que la noche anterior, mientras lo abrazaba, Milo no durmió como hubiera deseado. Parecía triste y él preocupado…

Mientras acomodaba la ropa entre los cajones de la cómoda, comenzó a pensar que ya había olvidado porque estaban aún bajo esa farsa; es decir, Kanon amaba a Milo, Saga amaba a Camus… ¿Entonces…? ¿Qué palabras o secreta confesión los mantenía en una ficticia relación?

Ya eran amigos… ¡Por fin! Después de años de malentendidos y pleitos ya podía llevarse cordialmente… ¿por qué seguían besándose?

Que me gustas así…

Milo parecía tener una extraña fascinación por hacerlo. Camus conocía sus propios motivos, pero comenzaba a parecerle confuso… ¿rutinario sería la palabra? Como cuando tienes la costumbre de hacer algo que ya no puedes abandonar… ¿Un vicio?

Que me muero de amor…

Quizá habían pasado a ser algo más sin que él se diera cuenta… A pesar de eso… se sentía cómodo con la idea de probar esas nuevas cosas con alguien de su edad, con alguien tan agradable como él… Después de todo, un clavo saca otro clavo…

-"¡Hola!"- La voz de Escorpio lo hizo sobresaltarse, bajándole súbitamente el color carmín que sus pómulos tomaron antes. –"… No quería asustarte…"- El galo meneó la cabeza mientras se daba media vuelta. ¿Tanto divagó en respuestas sin sentido que no se percató de que ahí estaba? Bendita mirada…

Que no puedo pensar

Sí te acercas a mí…

-"¿Dónde has estado?"

-"Fui… al pueblo a comprar unas cosas… y…"- Motivado por sus pensamientos, el galo se acercó y lo calló con un beso en los labios; mas, no se quedó mucho tiempo porque el latido acelerado y una repentina humedad en la palma de la mano le provocaron alejarse. Se preguntó entonces si Escorpio se sentía igual cuando lo besaba sin razón. El dueño del templo se quedó en silencio, mientras su acompañante continuaba doblando playeras en los cajones. No se atrevió a preguntarle nada, pero se cuestionó si eso cambiaría su dedición. –"Ehem…"- Carraspeó. –"¿Ya desayunaste?"

-"No aún. Te esperaba para preparar algo. Con lo tarde que es ya no será desayuno, si no más bien cena."- Volteó a mirarlo: se sonrieron.

-"Yo traje algo del pueblo. Podemos comerlo mientras… charlamos."- Camus se preguntó si aquello iba enfocado a lo mismo que estaba pensando.

Suspiró… Un escalofrío le recorrió la médula… ¿Se le declararía? ¿Él lo haría?

Terminó de colocar las cosas dentro del mueble y lo siguió a la cocina, donde Milo ya sacaba de una bolsa de plástico, dos vasos con un dibujo de café, y unos biscochos.

-"Anoche quería llevarte aquí, pero como fuimos a la playa lo olvidé."- Se sentó junto a su escucha.

Que me haces desear

Que me olvide quien soy

-"¡Oh! Por cierto, ayer me la pasé increíble. ¿Podríamos… salir d-de nuevo?"- Su yo interno comenzó a gritar, aunque por fuera él se encontrara tan sereno y pasivo como siempre. Tomó el primer pan que el griego le puso en frente y comenzó a morderlo para evitar el contacto visual. Milo, en silencio, buscaba las palabras correctas para responder. Ninguna le agradó.

-"¿Te gustaría repetirlo?"

-"¿A ti no?"

-"No, no lo digo por eso. Es que…"- También mordió el pan, obviamente para tener un pretexto para callarse.

-"¿Qué? Si no quieres sólo dilo"- Se hizo un silencio incómodo. Acuario se preguntó si el que calla otorga.

Que me tienes,

Que soy tuyo,

Que te sueño

y te doy...

-"Camus…"- La mano del octavo guardián se posó sobre la suya. El francés lo miró a los ojos: sintió que no quería ver ya otra cosa que ellos, ni siquiera el vago destello esmeralda podría tomar el lugar que aquellos azulinos tenían. Milo sintió lo mismo. El magnetismo los hizo acercarse, uniendo delicadamente la punta de sus narices… –"¿Me quieres?"- Un soplo interrogativo se desprendió de sus labios.

-"Sí."- Ni siquiera pensó la respuesta. Sus alientos chocaron.

-"¿Me elegirías en vez de a Saga?"- Acuario abrió los ojos, haciéndose por impulso para atrás. Cuando pensaba en Milo olvidaba ese nombre, y ahora que él lo trajo al presente, su corazón latió con violencia.

-"¿De qué estamos hablando?"- Preguntó, por si las dudas. ¿Todo iba dirigido hacia una confesión amorosa o a su 'juego'?

-"Si te diera a escoger… si pudieras salvarme a mí o a él, ¿a quién salvarías?"

-"¿Por qué me preguntas eso?"

-"Dime."

-"No lo sé…"- Retiró la mano, frunciendo el ceño.

-"¡Vamos! Si lo sabes… ¡lo escogerías a él!"

-"Te dije que no lo sé. ¿Por qué lo metes en esto?"

-"¡Porque tú lo amas!"- Los dos se quedaron callados, viéndose fijamente. El corazón del onceavo guardián no minimizaba su fuerza, y el que las piernas le temblaban no parecía ayudarle a que se calmara… ¿Por qué? Parecía asustado. La única vez que experimentó ese sentimiento fue cuando creyó haber acabado con Hyoga…

-"¿Por qué estamos hablando de esto?"- Milo agachó la cabeza. No había otra salida… Tenía que hacerlo, aunque no quisiera…

-"… yo… quiero darme una oportunidad con Kanon…"

-"¿¡QUÉ?"- Su voz resonó por toda la habitación mientras su peso le ganaba a la silla y esta se iba para atrás, provocando que la espalda golpeara contra el suelo. Milo se levantó e intentó ayudarlo, pero Camus evitó que lo tocara de cualquier forma. –"¡Déjame!"- Se levantó, estableciendo la mayor lejanía posible entre ellos.

-"Kanon ha cambiado…"

-"¿Realmente crees todo lo que ese 'escargot' te dice?"

-"¿Escargot?"

-"¡Si no entiendes búscalo en un diccionario!"

-"Camus, ¿por qué te molestas tanto…?"

Toda mi vida

Mi vida es tuya

Tuyos mis sueños

Los sueños que quieren volar

-"¡Es que…! ¡AGH!"- Abrió y cerró las manos a la altura del pecho como si quisiera estrangular a alguien, mientras caminaba en círculos. –"¡No puedo creer que enserio estés pensando…! ¡No, tú no estas pensando! ¡Usas eso para opinar por ti!"- Le señaló la entrepierna. Milo avanzó.

-"¿Qué estás insinuando?"- Acuario continuó su andanza.

-"No insinúo nada, Escorpio. Te lo afirmo. Si quieres volver a ser su concubina bien por ti. De mí ya no obtendrás nada…"- Habló claro, frío como el hielo. Se dio media vuelta y emprendió la marcha lejos, pero el octavo lo frenó.

-"¿No entiendes? ¡Es tu oportunidad para irte con Saga!"- El galo se frenó en seco, volteando a verlo con la clara intensión de responder, pero únicamente consiguió morderse los labios… La retirada fue la única forma de exponer su inconformidad.

Vuelo contigo

Contigo todo

Toda mi vida

Mi vida es tuya mi amor...

Milo sentía que la cabeza le iba a explotar. Apoyó los codos sobre la superficie de la mesa, mientras las manos se posaban en alguna parte del cráneo, e intentaban calmar el malestar…

-"Yo te quiero a ti… pero Kanon tienen razón. Jamás sabrás cuál es la diferencia entre los dos si no lo pruebas…"

o.o.o.o.o

Caminaron juntos, aunque sin nada importante que decirse. Una pregunta la sujetaban sus labios, pero no sabía si el otro estaría de humor para responderla. Lo observó de soslayo, su acompañante se detuvo en seco mientras le sonreía…

-"¿Qué pasa?"

-"Nada."- Dijo, correspondiendo el gesto. Aunque el asunto estuviera 'resuelto', no se movió. Desvió la vista hacia uno de los pasillos del tercer templo, donde podía apreciarse aquella presencia… en nada indiferente…

-"¿Por qué no vas a verlo?"

-"Estoy cansado de que me eche…"

-"Demuéstrale algo más que compasión…"- Colocó la mano en su hombro. –"Creo que Saga odia que sientan lástima por él, y tú…"

-"Shura, no eres la persona más indicada para dar un consejo."- Se burló su amigo. El otro desvió la mirada, como si esperara encontrase de nuevo a Milo, a quien acababa de ver pasar en dirección al pueblo, para evitar que Aioros tocara el tema de su hermano; aunque sabía que nada podría evitar que algún día lo hicieran…

-"Gracias por acompañarme a comer… Nos vemos otro día…"- Se despidió, pero el otro le tomó el brazo antes de que este caminara.

-"¿No quieres ver a Saga?"

-"No. Gracias. Últimamente me trauman sus remordimientos. Yo ya superé los míos sin tanto circo…"

-"¡Shura!"

-"Es la verdad. Es como si yo me lamentara porque tu hermano no me quiere. Yo lo perdí, lo acepté, ¿Por qué Saga no puede hacer lo mismo con Camus?"

-"Las circunstancias no son iguales."- Lo soltó, mientras molesto, se retiraba. –"Y si no quieres ver a Saga por tu amistad con Acuario, yo no pienso abandonarlo…"- Le dio la espalda y se internó por el pasillo. Capricornio se rascó la nuca mientras pensaba que quizá fue un poco duro… -"¡Ah! Por cierto… Creo que Milo sería un estupendo cuñado…"

-"¡Ja! Dudo que a Milo le encante la idea de emparentar con alguien enamorado de Saga…"- Respondió ofendido, mientras también se marchaba. –"… aunque… Dale un beso de mi parte…"- Agregó burlón, sabiendo lo que eso significaría. Aioros lo ignoró, a pesar de pensar al mismo tiempo que no era tan mala idea…

o.o.o.o.o

Estornudó. Ya era la segunda vez en todo ese rato. Se preguntaba si alguien evocaba su nombre en algún lado; sin embargo, le preocupaba más saber si esa persona era la misma que ocupaba sus pensamientos, mientras caminaba hacia el punto de reunión para encontrarse con Kanon…

Aún tenía el cabello mojado, y aunque no se esmeró en su arreglo personal, sabía de sobra que cualquier cosa se le veía bien, a pesar de que esto fuera una simple playera negra con un estampado –acorde a un héroe animado de la época-, de mangas cortas y ajustada; el pantalón azulado oscuro con broches en las bolsas le apretaba y resaltaba la parte baja de la espalda, además de la cadena que le colgaba a un lado de la pierna izquierda, y que le hacia ver fresco, juvenil y moderno.

Por quinta vez en su caminata se alació el pelo con los dedos, como si evitara concentrarse en algo más que no fueran aquellas azulinas hebras. Intentó acomodarse en la mano una pulsera de plata con los dijes acordes a su signo para disimular que realmente no estaba pensando en Camus…

Pronto, mientras más movía los pies y se alejaba del pueblo, más lenta se volvía la marcha. En varias ocasiones intentó volver sobre sus pasos, dirigirse al Santuario, al templo de Acuario y terminar con aquella farsa de una vez; no obstante, cuantas más ocasiones lo planeaba, su decisión se evaporaba y le entraba una nueva duda…

¿Y si Kanon lograba conquistarlo de nuevo? ¿Qué pasaría si surgían los antiguos sentimientos por el gemelo, transformados de un amor de niño a un amor que rebasara cualquier frontera y expectativa?

Sabía que ese sentimiento estaba escondido en alguna parte de sus recuerdos, pero, cuando pensaba en Camus, se sentía feliz, triste, con ganas de gritar, de llorar, de abrazarle, de besarle… de tener una relación seria con él… En cambio, con Kanon, todo eso ya había pasado. Era como comer algo caducado… podrido…

¿Se habría obsesionado con la idea de instruirlo hasta el final? Porque el punto finito de aquella enseñanza se daría en el momento de intimar sexualmente…

El corazón le dio un vuelco y bajó hasta el estómago, donde una nueva sacudida provocó que Milo colocara las manos cerca de su ombligo, y que la cara se le llenara de un precioso tono carmín.

-"¡Viniste!"- Exclamó Kanon, encontrándolo en el camino. Escorpio reaccionó al verlo parado ahí, esperando por él. Intentó pensar a donde realmente se dirigía, pues había olvidado cual era el punto de reunión, y esperaba encontrarlo mientras andaba. El gemelo ni siquiera le dijo que se había cansado de esperarlo en la playa…

-"Ehm… Si, hola…"- Pero no oírle contradecir el sitio, y que no estuvieran donde se besaron por primera vez, le hizo saber que Milo no estaba realmente ahí con él, si no que sus pensamientos estaban muy lejos de ellos dos, pero sobre todo, de su futura reconciliación.

Por otro lado, el griego menor ni siquiera se sentía emocionado con la idea de compartir una cita con él. De más joven hubiera matado y muerto por disfrutarla, pero después de Camus ya nada sería igual. ¿Lo llevaría a la misma cafetería vacuna? ¿Sería capaz de ordenar algo sabiendo que le gustaría? El galo lo hizo con el helado flotante.

Kanon dio un par de pasos hacia él.

-"¿A dónde quieres ir?"- Al colocar la mano en su mejilla, Milo temió que intentara besarlo, y él no quería que la esencia de su último beso con el acuariano desapareciera.

-"¡A donde quieras!"- Exclamó sonriente, alejándose mientras le tomaba la mano unos segundos para luego soltarlo, mientras le daba la espalda y hacia un claro intento por volver sobre sus pasos.

-"¿Vamos a la playa?"- Escorpio se frenó en seco.

-"N-no tengo ganas de… ir…"- Respondió, mal acordándose de lo único que ellos habían sabido hacer ahí. Tal vez no cambiaba del todo… Kanon pareció entenderlo, porque no insistió.

-"¿Tienes hambre?"- Colocó la mano en su estómago al tiempo que se acordaba de lo poco que degustó esa mañana. Asintió con la cabeza. El gemelo le tomó la muñeca y lo llevó en dirección al pueblo. –"¡Conozco un buen lugar para comer hamburguesas!"

-"¡Genial!"- Respondió Milo sonriente; sin embargo, pensó en la cara que hubiera puesto Camus de haberle dicho qué y donde comería –o con quién, aunque ya lo supiera-. A él no le gustaban esas cosas tan poco nutritivas… Por lo menos se alegraba de comer algo de su gusto, aunque fuera una vez, sin él...

o.o.o.o.o

Si alguien se atreviera a compararlo con un león enjaulado, la descripción encajaría a la perfección con el cuadro que protagonizaba al andar de un lado a otro por su recamara; y aunque la melena del león en nada podría compararse con su fina y lacia cabellera de enigmático color, la expresión compuesta por el entrecejo fruncido y los dientes apretados, así como el gruñido procedente de sus labios, le otorgaban las cualidades exactas para serlo.

Adivina ya no puedo

Esconder el miedo

De no estar contigo

-"Idiota…"- Repitió, por vigésimo tercera vez en todo ese rato, mientras se retiraba el flequillo de la cara y se dejaba caer de sentón en la cama. Intentó calmarse un rato, pero al cabo de otro tanto, la emoción volvió a revolotearle por el sistema sanguíneo y retomó la marcha sobre sus pasos; realizando de nuevo, la imitación de un león encerrado.

Por más que lo pensaba… por más planes e ideas que tuviera para pasar el resto del día sin pensar en… el… nada le funcionaba. Era como llevar un tatuaje en el cerebro… o peor aún, en el corazón.

Dio un pisotón. Estaba seguro que esa rabieta no le ayudaría a resolver su molestia, pero por lo menos aliviaba por segundos su tensión. Volvió a restregarse las manos por el pálido semblante, hasta el momento de que una nueva idea le iluminó la expresión:

Te confieso todo,

Te entrego mis sueños.

No me dejes solo por favor

¿Por qué no interrumpirlos? ¿Por qué no saltar en medio de ellos cuando estuvieran a punto de besarse? Hacerlo implicaría molestar a Kanon –algo que había aprendido realmente a disfrutar-, y al mismo tiempo, hacerle saber a Milo de forma abierta, que NO estaba de acuerdo con su decisión, y más aún… que estaba celoso.

Quizá Camus no podría definir de forma objetiva el significado de aquella palabra, pues no se había interesado por su definición hasta el momento en que Escorpio y él comenzaron a ser algo más que dos conocidos; y aunque lo negara, aunque dijera que no podría sentir lo que no formaba parte de su diccionario personal, lo cierto es que su enojo, y el malestar que experimentaba cuando Milo hablaba, veía, o estaba con Kanon expresaban todo lo contrario.

Llévame a volar sin alas.

Llévame hasta el cielo

De los corazones,

Celoso –con las piernas y las manos temblándole de rabia- ya se veía entrando a la fuerza por las puertas de un bar, empujándolas con los dedos, agresivo, decidido a poner punto final a toda su historia; tendría la mirada verdosa del gemelo y la sorprendida del griego menor clavada en su faz; le intimidaría como siempre ese extraño fulgor, pero se sentiría atraído por él como los osos a la miel… Kanon hablaría, Camus le ignoraría e iría a paso firme a colocarse cerca del cuerpo de Milo… a rodearle con sus brazos y decirle…

Bésame en el viaje.

Cantemos canciones de amor…

No, en otro escenario podría retar a duelo al gemelo. En su país, en tiempos memoriales, era costumbre defender la honra con un duelo de espadas, después de una cachetada con guante blanco; quizá podría retarlo a una batalla… a un enfrentamiento que hiciera constar a los ojos de escorpio quien era realmente valioso…

Lleno de alucinaciones, planes e ideas asesinas contra el mayor, decidió que era tiempo de ponerle un alto a su situación. En vez de retomar el andar por el cuarto como llevaba haciéndolo desde hace mas de un cuarto de hora, se dispuso a partir lejos al encaminarse a la puerta; mas, en el momento que la mesa que tantas veces utilizó para estudiar, atestó su campo visual, el repentino recuerdo del otro hermano le vino de golpe a la cabeza. Se frenó mientras admiraba la madera, mientras se veía así mismo con los libros plegados sobre las piernas y el escritorio plagado de ellos, donde escribía lo que aquél hombre importantísimo para su vida le dictaba… Le hablaba en francés, en griego, español, italiano, alemán… Le contaba la historia de aquella misteriosa cultura, la de sus antepasados, su propia vida… Le enseñaba a contar sin usar los dedos, a partir el pan, a repartir lo poco o mucho que tenía en la despensa… a ordenar sus ideas, a lidiar con sus sentimientos…

Camus no pudo caminar hacia Milo… Saga estaba ahí, presente en esencia, en su cuerpo, pero no de una forma romántica o pasional, si no en aquél cuidado sempiterno marcado en esos trece años… Pensar en él, en despedirse para siempre del anhelo de estar con la persona que le entregó su vida –como alguna vez se la dio a Hyoga e Issac- lo hacia sentir un hondo vacío en el estómago, y el palpitar a un ritmo doloroso que no podía describir…

Aún cuando estuviera de pie, pensando en él, absorto por su culpa y las emociones encontradas, una parte de su cerebro le dictaba que el aceptar tener algo con él no sería justo para ninguno de los dos. Saga no merecía ser amado por culpa, y Camus no podía mantenerse al lado de quien sólo le inspiraba sentía gratitud y aprecio; él amaba a Milo, lo sentía, lo sabía… y quería luchar por él sin lastimar a su 'mentor'; sin embargo, antes de realizar cualquier movimiento tendría primero que hablarle con la verdad, cerrar definitivamente ese círculo en su pasado, y… emprender un nuevo viaje real con la persona que amaba con todo su ser.

Apoyó los dedos sobre la madera mientras sonreía suavemente de lado, deslizándolos al tiempo que se preparaba para dejar partir aquellas memorias…

En cuanto hablara con Saga esa misma tarde, partiría de inmediato al pueblo a intervenir aquella reconciliación entre Milo y Kanon…

o.o.o.o.o

-"Te dije que eran muy buenas. ¡Es lo mejor que he comido!"- Escorpio lo escuchó, y aunque trató que ese buen ánimo se le pegara, no podía dejar de pensar que no debía estar ahí. Tenía un mal presentimiento, y este se hacia presente cuando no se sentía tranquilo y no paraba de pensar que algo no estaba bien; tal vez era cierta atmósfera en el ambiente… No lo sabía. Lo sintió la noche que fue a ver Atenea, cuando sus compañeros volvieron de la muerte como espectros de Hades. El cuerpo le contó que podría suceder un acontecimiento terrible y no se equivocó… -"¿Te gusta tu cerveza, Milo?"- El griego menor se despabiló un poco al parpadear. Observó al gemelo, el envase de vidrio que este sostenía, así como el que él traía en la mano.

-"No mucho…"- Sus labios apenas si se curvearon en un gesto amable. Kanon no supo que más decir.

Toda la tarde Escorpio estuvo distraído, hasta tuvo que contarle dos veces el mismo chiste para que se riera, sin que él dijera que ya lo había escuchado. Bajó la cabeza un poco, sólo para encorvarse y menear la botella.

-"¿Hay algo que te guste tomar?"

-"Helado flotante…"- Respondió, sin siquiera voltear a verlo, y sonriéndole a la cerveza como si fuera uno; aunque lo hacia porque se acordaba de Camus…

-"¿Un qué?"

-"Es…"- la sonrisa se le disolvió en cuanto lo miró a los ojos. Si le decía lo que era, Kanon se obsesionaría con la idea de conseguirle uno para tenerlo feliz; y él lo rechazaría porque aceptarlo podría borrar lo que el galo hizo por él. Comprendió que debía ser sincero. –"Es una bebida que Camus me invitó alguna vez…"- El gemelo exhaló.

-"Ya veo…"- Le dio un profundo trago a su cerveza. Al terminarla le hizo una seña al barman para que le diera otra. –"¿No se trata de lo que sea, verdad? Si no de quién te lo de…"- Milo lo contempló con sorpresa. Bajó la vista mientras sentía que las retinas le ardían. Sabía lastimado a su ex amante, pero él le advirtió que ya no lo amaba… ¿Por qué sentirse culpable? Él no faltó al recuerdo de Kanon, ni a ninguna promesa, porque jamás quedaron comprometidos a nada.

-v- Flash Back –v-

De niños, Aioros les contaba cosas acerca de las estrellas. Historias fantásticas, leyendas, mitos y enseñanzas sobre las constelaciones, formaban muchas veces una conversación. Milo, para ese entonces, se preguntaba por qué jamás les habló acerca de la luna. Ese bellísimo cuerpo celeste carente de luz propia, que pocas veces se veía tan hermoso y resplandeciente, como aquella noche.

Podía sentarse en el escalón del templo a contemplarla mientras le ganaba el sueño, o simplemente quedarse parado ahí, a las afueras de Escorpio, acariciado por el reflejo del sol en ella.

Pensaba en el sentido que ahora tomaría su nueva vida, así que no estaba preparado para que la sombra del pasado hiciera arribo en aquél instante.

-"¡Hola!"- Aquella voz le hizo pegar un brinco. Intentó mantenerse serio, sereno… Ya lo había perdonado después de castigarlo con sus múltiples ataques; pero, aún así… ahí estaba ese enloquecedor latido que sólo desaparecía en el calor de la batalla. Odiarlo era más fácil que hundir sus sentimientos.

No le respondió. Sus labios permanecieron juntos, herméticos; sus pupilas se mantuvieron fijas en aquellas esmeraldas que no se apreciaba, debido a la sombra del flequillo.

-"¿No es muy tarde para que los niños estén despiertos?"- Le bromeó, sonriéndole como si el chiste tuviera gracia.

-"Tengo veintiún años. He matado… he muerto… ¿Me crees aún un niño?"- El gesto de Kanon disminuyó, tan sólo para convertirlo en una sonrisa franca. Ascendió el resto de los escalones que le faltaban para alcanzarlo. Se colocó a un lado y se quedó quieto, como si pasara a formar parte de las decoraciones del templo. A Milo su acción lo turbó. Todavía no superaba la etapa en la que debía estar simplemente observando. El silencio le incomodaba y la tranquilidad era su peor enemigo…

-"¿Sabes por qué te cuidaba?"- Preguntó el mayor, antes de que él reventara. Su escucha parpadeó, incluso volteó a verlo con esa expresión desconcertada.

-"¿Qué me cuidabas? ¿Bromeas? Todo lo que hiciste formaba parte de tus planes…"- Kanon lo observó, también sin comprender a que se refería. –"Ya tenías en mente despertar a Poseidón, por lo tanto, planeaste todo el tiempo que yo no consiguiera mi armadura."

-"No es cierto…"

-"Tú mismo lo dijiste."

-"Quería que me odiaras…"

-"¡Felicidades! Ya no necesitas esforzarte porque ya lo hago."- No podía creer que aún corriera por sus venas aquél arrebatador enojo. Tenía ganas de picarlo con su Antares hasta que muriera… Quería ahorcarlo… Quería… irse…

El mayor supo que emprendería la marcha hacia el interior del templo, así que se acercó lo suficiente para bloquearle el paso.

-"Aún me quieres, ¿verdad?"- Milo enrojeció. Se molestó un tanto.

-"Para ti sólo existe el 'Yo'… Jamás piensas en lo que tú puedas aportar a los demás…"

-"¿Por qué crees que estoy aquí? ¿Piensas que me gusta hacerle visitas nocturnas a Afrodita?"- El mayor sonrió. Se acercó, sólo un poco.

-"Ni siquiera me interesa."

-"¿Quieres apostar?"- Escorpio apoyó una mano en su pecho para rechazar un beso.

-"No te confíes tanto, Kanon. En tu ausencia probé otras 'cosas'. Viví nuevas experiencias y gocé con ellas…"- Su respuesta le divirtió. Con la extremidad diestra tomó la que estaba en su pecho, y con la libre, acortó la distancia entre sus cuerpos al posarla en su cintura.

-"A puesto que ninguna se compara con lo que es tenerme a mí en tu cama..."- Rozó sus alientos. Milo sentía que las piernas le temblaban y que el corazón se le saldría por la boca si continuaba hablando.

"Ten cuidado porque podrías perder…"- Respondió, decidido a demostrarle que ya no era un niño…

-v- End of Flash Back –v-

Ojalá en vez del beso hubieran existido las palabras de efecto que todo amante espera escuchar. Enunciados con el poder de hacer explotar el corazón de emoción. No obstante, en vez de aquello que podría o no unir sus vidas para siempre, Kanon siempre convirtió sus momentos en un acto de su propio desfogue pasional.

El mayor tragó saliva. Soltó la botella que sostenía con la mano, para colocar la palma sobre la de su compañero, llamándole de nuevo a un contacto visual.

-"Siempre te quise…"

-"No puedes afirmar algo que no demostraste."

-"¿Qué no demostré? Pasaba contigo cada tarde… Te visitaba por las noches y…"

-"Y luego te ibas."- Volvió a interrumpirlo, dándose cuenta que ya no le dolía. El ex Dragón Marino se quedó sin argumentos. Retiró la mano y bebió. –"¿Lo ves? No tienes disculpa, ni derecho a reclamarme…"- Observó que su escucha cerraba los ojos mientras tragaba aire.

-"Tenía miedo."- Dijo. –"Desde que eras niño me inspirabas cosas que nadie más provocaba en mí. Tenía ganas de cuidarte, quererte, protegerte. Me causaba angustia pensar que en cuanto descubrieras lo que yo era te alejaras de mi. Tú tenías a tus amigos, tu vida… En parte me sentía celoso, quería vivir a través de ti…"- Frotó el cuello de la botella entre sus dedos, rodándola de un lado a otro sobre la madera. –"Luego me gustaste, pero yo debía cumplir mi venganza… Eso es todo lo que pensaba… no me preocupaba nada más… Quería esperar que pasara el tiempo, y cuanto este pasó yo… sólo me ocupé de olvidarte…"

-"Kanon, eso no me interesa. Yo te perdoné y acepté estar contigo otra vez… pero tú… ¿Tienes idea de cómo me sentía cada vez que te ibas?"- Él meneó la cabeza. –"Como tu retrete…"- La sorpresa no se hizo esperar en el semblante del otro.

-"¿Cómo pudiste pensar eso?"

-"No sé, tal vez porque cada vez que venías al templo sólo teníamos sexo sin palabras. ¿No es lo mismo que ir a un baño público? No le hablas al excusado… sólo vas y satisfaces tus necesidades…"

-"¡No!"- Gritó el gemelo, al tiempo que saltaba del banco y abrazaba a Milo. Este se quedó impávido, con las manos levantadas a un cuarto, por si debía oponer resistencia; no obstante… este se sacudía de una forma que lo desconcertó… -"Perdóname… perdóname… perdóname…"

-"Kan…"- Apoyó las manos en su cuerpo para despegárselo y poder observarlo, pero este continuaba repitiendo la misma palabra mientras se movía y se aferraba al abrazo. –"Kanon…"- ¿Tanto le afectó su sinceridad?

-"Perdóname Milo… Sé que debería ser fuerte… yo… no…"- Sorprendido, el griego menor sintió como el hombro comenzaba a humedecerse. Desconcertado, volvió a intentar retirárselo.

-"¿Bebiste demasiado?"- Preguntó nervioso. –"Quizá deberíamos ir por un café…"- El gemelo negó rápidamente. Por fin lo soltó, manteniendo la cabeza gacha para que el flequillo le cubriera los ojos. Estiró la mano, tomó una servilleta y se sonó la nariz. -"¿Estas… bien…?"- Intentó buscarle la mirada, pero esa cortina azulina le obstaculizaba la tarea. Kanon asintió. Retomó su lugar en el banquillo y permaneció bajo esa posición. Milo observó como se pasaba las manos por las mejillas y el papel constantemente por la nariz.

¿Qué pasó? No lo entendía. Esa reacción no era propia en él.

El mayor se calmó un poco. Sabía que su arrepentimiento, sus lágrimas y sus palabras no serían suficientes para obtener su premio; tampoco quería recibirlo a través de la culpa, así que se obligó a serenarse y a actuar como prometió hacerlo. No sin antes probar una última vez…

-"Sólo quiero que sepas lo mucho que te amo. Tal vez en su momento no fue suficiente, y ahora ya es tarde…"

Que me encantas

Y más…

Volvió a mirarlo mientras se le acercaba un poco. Milo por fin pudo apreciar los restos de lágrimas que aún le brillaban en los ojos, y esas pestañas húmedas que de pronto se rizaron. Contempló sus enormes y brillantes ojos esmeraldas, esos que tantas veces le hicieron retroceder hasta quedar completamente recostado en la arena o sobre las mantas de su cama… Sabía que intentaba besarlo… como tantas veces trató de enseñarle a Camus…

Que me enciende tu voz,

Que se apaga el dolor,

No me dejes jamás...

Le vino a la mente aquella agradable figura, esa inexperiencia: Ese primer beso robado entre jaloneos… Los que daba simplemente porque sí, sin saber cuanto Milo los disfrutaba… La forma en que sus dedos se entrelazaban al fingir algo que no eran… Cuando competían entre lecciones 'románticas'… Cuando Hyoga los descubrió… Sus discusiones y peleas… sus planes… Sus ojos absorbentes, su hermosura, sus vicios, su forma de demostrar cuando estaba nervioso y hasta cuando perdía el control del carácter o de su poder… Su elegancia… su cabello, sus movimientos… su andar… El como lo cuidaba y protegía… La forma en que respiraba al dormir o la postura que adoptaban sus manos cuando caía ente los brazos de Morfeo… Su piel… La manera en que sus mejillas se matizaban a carmín… Sus pestañas, sus cejas… Su maña al sonreír sin que los demás lo notaran… sus bromas… su risa… su canto… su obsesión con el orden y la limpieza… Lo que cocinaba… El empeño que ponía en cualquier cosa que realizara… Todo él, simplemente Camus.

Toda mi vida,

Mi vida es tuya,

Tuyos mis sueños,

Mis sueños que quieren volar

Sonrió suavemente mientras una exhalación abandonaba sus labios.

Kanon se detuvo al momento. Aquella muestra de enamoramiento le era ajena. Se alejó, retomando su posición. Bebió de nuevo tan sólo porque ya no tenía nada que decir. Lo había perdido todo, su amor… la vida misma… Se rendía ya…

Milo permaneció donde estaba, sin darse cuenta que el otro declinaba a la batalla. Sintió un cosquilleo en los labios y una voz interna que le gritó volver pronto al santuario, porque el corazón le explotaría de un momento a otro y tenía que expresar todo lo que llevaba guardado simplemente para el galo…

Vuelo contigo

Contigo todo

Toda mi vida

Mi vida es tuya mi amor

El pecho le dolió en cuanto recordó sus propias palabras…

« ¿No entiendes? ¡Es tu oportunidad para irte con Saga!»

Exhaló otra vez, únicamente para tolerar el peso de su angustia. Sonrió amargamente mientras copiaba la posición de su acompañante.

-"Lo dejé ir…"- Le confesó en voz baja, aunque nada obstruyó que aquél sonido viajara a los tímpanos del ex Dragón. Él volteó a verlo con sorpresa. –"Para venir contigo tuve que hacerlo, porque entendí que tenías razón… Si él no tiene un punto de comparación entre su tormento y yo, jamás sabrá que yo soy realmente lo que quiere…"

-"No necesariamente."- Intervino el mayor. –"Si lo que siente por ti es más fuerte que nada, él no necesitará probar otra cosa."- Milo lo observó. ¿Quería consolarlo o sólo echarle más tierra? –"Sé que Saga tiene muchas cualidades que enloquecerían a cualquiera… Y te lo dice quién lo envidia más que nadie en el mundo…"- Le sonrió, pero enseguida se puso serio y cabizbajo. –"… Yo sólo trato de decirte que… Saga jamás podrá arrebatarte algo que es tuyo. No podría, ni vendiéndole su alma a Cupido."- Bromeó un poco. Se le quebró la voz. Aunque tratara de omitir el sonido de algo rompiéndose dentro del pecho con sus palabras, era consiente de él.

-"¿Por qué estas diciéndome esto?"

-"Porque quiero que pelees. No se lo entregues en charola de plata…"

-"¡Pero ya lo hice! Tú me dijiste…"

-"Lo sé, y lo siento… Creo que lo único que he hecho por ti ha sido lavarte el cerebro una y otra vez. Todo lo que siempre creíste de Camus fue culpa mía, aún cuando él sólo trataba de ser amable contigo. ¿Recuerdas lo del fuego griego?"

-"¿Cómo olvidarlo? Me molesté mucho."

-"El fuego griego es original de la cultura griega antigua. Se desconoce como se produce, aún en el santuario son pocos los que saben y el conocimiento se pasa de generación en generación; es un secreto que se llevan algunos a la tumba. Este fuego se puede hacer sobre el agua, y la resiste durante algún tiempo… Supongo que Camus quería decir que eras especial e inmune a él por la forma en como lo tratabas. Quizá también porque tu signo es agua y tú eres fuego… No entiendo bien a que se refería, pero estoy seguro que él quería ensalzar tus características."- ¿Qué? Milo no lo podía creer.

-"¿Estás seguro?"

-"Sé que soy manipulador y mentiroso, pero… te amo tanto que… haría cualquier cosa por verte bien."- Una enorme sonrisa apareció en los labios del menor, mientras pensaba y asimilaba la reciente información. Una mano de su interlocutor se posó en su hombro. –"Creo también que siempre le has gustado…"

-"¿Qué?"

-"Si. Y ahora me atrevería a jurar que lo que siente por Saga más que amor, es agradecimiento. Mi hermano lo cuidó y se entregó a él mientras era un niño y crecía. Sabe lo que es cuidar a alguien, quererlo, verlo crecer y sufrir… Dar todo por él. Tiene a Hyoga que esta ahí para recordarle lo que Saga hizo por él. Camus debe sentirse culpable por haberse enamorado de ti…"- Milo se mordió el labio. Kanon todavía ignoraba que su relación comenzó porque decidieron darles su merecido a quienes los habían rechazo… Y no sabía si se aventuraría a contarle la verdad…

No. No lo haría… No había ninguna necesidad.

-"¡Tengo que irme!"- Exclamó mientras se levantaba del banco.

Tenía que buscar a Camus y confesarle que ya no estaba enamorado de Kanon…

o.o.o.o.o

A pocos pasos de llegar al templo de Escorpio las piernas decidieron que no podían continuar la marcha. Apoyó los dedos en los escalones, mantuvo su peso en ellos, colocó la palma en la piedra y se dijo que no podía más… Se sentó por fin mientras exhalaba, adolorido, cubriéndose la cara con las manos…

Tenía ganas de llorar. Se contuvo.

Él fue su maestro. Le enseñó las técnicas de seducción que sabía de memoria, las maneras más apasionadas de besar, y el cómo llevarse a alguien a la cama… ¿Por qué le extrañaba que Camus hubiera terminado por entregarse a Saga? Seguro que las ganas ya las llevaba encima, y él le dio todas las herramientas para cumplir sus fantasías.

Le dolía la cabeza. Se la sujetó con las manos, como si tratara de exprimirla, de aplastar o de empujar ese recuerdo hasta el fondo del cerebro. Escuchó la voz de Kanon, de nuevo como si caminara por el templo de Géminis sólo para cruzarlo….

«Espera…»

Le detuvo del brazo.

« ¿Tan pronto cambiaste de opinión?»

Le preguntó, sabiendo que quizá trataba de frenarlo para que no fuera en busca de Acuario.

« Mi hermano no está solo…»

Señaló el pasillo. Milo dirigió la vista hacia el punto marcado. Sintió temor… curiosidad… ansia… Cerró los ojos tan sólo para percibir la energía que rodeaba el templo, pero únicamente percibió la presencia de Saga, inestable, tan fuera de lo normal. No distinguió algún cosmos familiar, pero… no resistió la atentación…

Se aventuró a andar más allá… Kanon le siguió el paso para cuidarlo. Como no era dueño del templo no reconocía quien más acompañaba a su gemelo. Entonces Milo por fin lo sintió. Se detuvo en seco al notar que otra persona estaba con él, y no sólo eso… en el lenguaje del ex Dragón Marino se notaba que 'la estaban pasando muy bien'.

Retrocedió… El otro le sugirió acompañarlo a su templo, pero este negó vehementemente con la cabeza. Quería estar solo…

Y solo ahora estaba. Podía gritar, llorar, golpear cualquier objeto… Se sentía débil, cansado… moribundo…

Se levantó del peldaño y emprendió la marcha hacia el interior de su trecinto. Se apoyó en la pared con las manos aún sobre la frente y pecho. Anduvo algunos pasos y de pronto… resbaló… Fue su pie derecho el que se deslizó por el suelo, mientras él buscaba algo con que agarrarse, sin embargo, terminó con una pierna estirada y la otra reflexionada en una extraña posición. Apoyó los dedos y notó que estaba frío… ¿Frío? Volteó hacia abajo… Hielo era lo que tocaba su piel y lo que por poco le hacia golpearse… ¿por qué? Miró hacia delante, observando que las antorchas, el suelo, las paredes, y algunas partes del techo, estaban cubiertas por lo que parecía ser hielo en papel tapiz. Se levantó apenas. Percibió frío y se abrazó a sí mismo. Intentó calmarse… pensar… encontrar alguna respuesta, hasta que… percibió en el interior lo que buscaba…

-"¡Camus!"- Gritó. Sintió que el corazón le bajó al estómago y que las lágrimas retomaban su lugar en la profundidad de sus pupilas. Emocionado, trató de caminar apresuradamente por el amplio pasillo donde lo había reconocido; sin embargo, entre más se acercaba, el hielo y la temperatura empeoraban… Asustado se apresuró. Resbaló cayendo boca arriba, trató de levantarse, pero sólo conseguía caer una y otra vez. Se arrastró, se deslizó… Aferró las uñas a la pared, aunque el hielo pareciera irrompible…

Descubrió que la cámara privada estaba totalmente blanca, cubierta por montañas de nieve; y que todos sus cosas o estaban congeladas o yacían sepultadas bajo ese nevado elemento. Se aferró a la puerta abierta, temblando de frío, de ansias; se levantó y observó el interior…

-"Camus… Camus…"- Trató de llamarlo, pero titiritaba. Entonces, descubrió muy cerca de la cama, su cuerpo inerte. Se aproximó. –"¡Camus!"- Al tomarlo entre sus brazos se dio cuenta que estaba muy frío. Lo zarandeó. Este apenas abrió los ojos. Suspiró. Milo tuvo que voltearse un poco porque le olía la boca a alcohol.

-"¡Lárgate!"- Dijo, empujándolo. Tras el esfuerzo, la cabeza le cayó hacia delante y el pecho de su compañero la recibió. Escorpio no sabía por donde comenzar. Mientras que por un lado le causaba alegría que no estuviera revolcándose con Saga, por otro, le preocupaba lo que le hubiera llevado a embriagarse con lo que descubría sus botellas de licor de los últimos cumpleaños y navidades –cortesía de Shura y Aioria-, así como el estado en el que se encontraba su templo. Quizá a Camus no le afectaba encontrase en aquellas condiciones, pero Milo estaba congelándose.

-"¿Qué has hecho?... ¿Por qué estas aquí?... ¿así…?"- Se quedó callado cuando descubrió que el otro se estremecía como lo hiciera Kanon en el bar.

-"No te importa… vete con tu estúpida lagartija de mar…"- El griego se extrañó.

-"¿Estas así por… mí?"

-"Vine a buscarte… pero no estabas… ¡Te fuiste con él!"- Volvió a empujarlo mientras se enderezaba, pero se mareó y cayó hacia delante. Milo lo detuvo.

-"¿Sabes? No podemos quedarnos aquí. Tendremos que mudarnos a tu templo…"- Camus meneo la cabeza. Vomitó a un costado, mientras el griego se alejaba un poco. Observó su ropero. –"No puedo sacar ropa, así que tendrás que prestarme algo… Ya veremos como sacar todo este hielo…"- Se levantó mientras se preguntaba cómo le haría para salir entre el hielo y la nieve para dirigirse a Acuario…

o.o.o.o.o

Lo llevó al retrete y lo obligó a vomitar. El galo dio algunas arqueadas antes de poder sacar todo lo le estaba contaminando el hígado. Milo, de rodillas a su lado, sólo le palmeaba la espalda, como apoyando su acción.

-"No entiendo dónde te has metido todas mis botellas de coñac… Adiós a mis regalos. No es que me guste beberlas, pero no sé que le diré al gato y a Shura cuando me pregunten por ellas."- Acuario tosió un poco.

-"Lo siento…"- Se disculpó. No sabía dónde había guardado su buen juicio y su prudencia. ¿Dónde estaba su elegancia y buen comportamiento? Le daba pena y

-"Olvídalo. En realidad estoy muy feliz."- Camus levantó la cabeza y observó esa contagiosa sonrisa en sus labios. Ni siquiera pudo preguntarle a qué se debía tanta dicha, porque enseguida tuvo que volver a inclinarse.

A Milo su estado no le importaba. Para él mejor que no estuviera con Saga en la posición que creyó.

-"Si no estas acostumbrado a beber, deberías controlarlo."- Lo reprendió otra vez, acariciándole la espalda mientras le sujetaba el cabello con la otra mano. Ante el cosquilleo que sintió en la espalda, el galo se removió un poco tan sólo para evitarlo.

-"No sabes nada…"- Murmuró.

-"Me lo dijiste… estabas molesto por lo de Kanon…"- Él volvió a levantarse. Sus fascinantes ojos fríos se clavaron en aquellas diáfanas pupilas por segunda ocasión. El contacto duró mucho más que el anterior, y en el período, Milo notó que brillaban más de lo normal. Incluso reparó en los restos de líquido dolor que aún le quedaban en las pestañas… ¿Camus había llorado? Sorprendido intentó preguntárselo, pero este se apoyó en lo que encontró a la mano, y tambaleándose, trató de ponerse en pie. Lo tocó para auxiliarle, pero este lo rechazó. Fue al lavamanos y se echó agua en el rostro para refrescarse y en la boca para quitarse el agrio sabor. El griego no le quitó la vista de encima.

Adivina ya no puedo

Esconder el miedo

De no estar contigo

-"No es necesario que te quedes…"- Dijo Acuario, momentos antes de darse media vuelta y salir del baño. Milo lo siguió de cerca.

-"Congelaste mi templo. ¿A dónde quieres que vaya?"- El francés se apoyó en una mesa cercana para no caer al suelo. Trastabilló con una silla, y se sujetó a la pared; en cuanto tuvo la cama al alcance, ni siquiera se molestó en recostarse sobre ella. Sea arrodilló a un costado, y luego apoyó la espalda de tal modo, que quedó sentado en el suelo.

Te confieso todo,

Te entrego mis sueños.

No me dejes solo por favor.

-"Vete con tu amante…"- Fue lo único que dijo. Escorpio abrió la boca para explicarle lo que realmente sucedió aquella tarde, cuando decidió que lo dejaría sufrir un poco más…

Sin decir palabra se dio media vuelta y salió de la habitación. Por el pasillo intentó pensar en que sitio se encontraría la cocina, pero como nunca había estado ahí, se preguntaba si no habría un letrero que indicara el lugar. Divagó por los corredores hasta que encontró una habitación sin puerta…

En el interior de la recamara, Camus aun continuaba en la misma posición. Contrajo la rodilla, pegándola un poco contra su pecho y apoyando la palma en el hueso que sobresalía. La mejilla le quedó apoyada sobre esta mientras cerraba los ojos unos segundos, que realmente habían sido minutos. Agachó la cabeza e intentó calmar sus propios demonios internos… Levantó la cara, clavando los ojos en la puerta, con la clara intensión de ir tras Milo, quien aún se encontraba en el templo. Se mordió los labios, retomó la posición anterior y decidió que iría…

Volvió a apoyar las rodillas en el suelo y la mano sobre la cama…

Escorpio se acercaba. Lo sintió a escasos pasos de la entrada. Retomó su posición, levantando la cabeza.

Llévame a volar sin alas,

Llévame hasta el cielo

De los corazones

El griego entró en la habitación con una taza de porcelana, pequeña, que humeaba…

-"El café te ayudará a sentirte mejor."- Explicó mientras sonreía. Camus ladeó la cabeza, desviando al mismo tiempo la mirada. Su acompañante se acercó, con cuidado se sentó a su lado y le ofreció el café. El galo lo ignoró. –"Vamos, no seas pesado… Estoy siendo bueno contigo…"- Sus palabras sólo provocaron que lo observara fríamente.

-"No lo quiero… Bébelo tú…"

-"Debería… Me muero de frío, pero el único ebrio en esta relación eres tú."

-"¿Relación? ¿Qué relación?"- Milo enrojeció.

Bésame en el viaje.

Cantemos canciones de amor.

-"Sólo tómalo."- Volvió a ofrecerlo. Camus, a regañadientes, lo aceptó: el sabor era muy amargo porque estaba cargado, pero le hacia sentirse mejor… Y no sólo era el calor que le provocaba en el cuerpo la bebida, si no el gesto que él había tenido al preparárselo. En silencio, el griego lo observó. Acuario descansó la taza en su regazo, mantuvo la mirada al frente y pareció acordarse de algo, porque esta se le ensombreció… La sorpresa no se hizo esperar en el semblante de Milo. –"Camus…"- Apoyó la mano en la suya, el nombrado, sin cambiar la expresión, lo miró.

-"Lo vi…"- Murmuró, porque algo en la garganta le impedía hablar.

-"¿A quién?"

-"Tú tenías razón… era mi oportunidad para aclarar mucho con él, y yo lo fui a buscar…"- El griego por fin lo entendió. Le confundió pensar que primero lo culpó por su estado, y ahora… revelaba que Saga tenía toda la responsailidad. No le sorprendió, pero dolió un poco…

-"Cuando pasé por su templo me di cuenta que no estaba solo… "- Una lágrima se desprendió de la pupila gala, y golpeó su piel.

-"No… no lo estaba…"- Afirmó Milo.

-v- Flash Back –v-

¿Y ahora que había terminado, qué pasaría?

No es que el mundo se acabara después de romper una relación, y aunque jamás tuvo una por la que experimentara la necesidad de terminar, estaba seguro que después de eso vendrían más cosas…

¿Pero cuáles?

Se sentía temeroso, aterrado… Tenía ganas de ponerse a gritar y matar a golpes a cierto Dragón Marino.

No podía hacer a un lado todo lo que Kanon le dijo la noche pasada; y es que, indudablemente experimentaba remordimiento, culpa… se sentía un mal agradecido. Si Saga no hubiera estado ahí para curarlo, alimentarlo, instruirlo, abrigarlo, y hacerle reír, ¿qué habría sido de Camus de Acuario?

¿Habría buscado a Milo para que fueran amigos inseparables?

No, porque en ese entonces el griego lo odiaba.

¿Podría haber sido educado por Shura?

Claro, y habría crecido como Aioria.

Por más que lo pensaba el destino fue sabio. De haberle dado a escoger entre quien fuera su tutor, sin lugar a dudas optaría por el geminiano otra vez. Confundido y enfermo hasta cierto punto, pero amable, cariñoso y protector…

Suspiró mientras detenía la marcha. Intentó controlar el hormigueo que sentía por todo el cuerpo, y esos escalofríos nada típicos en él. Se aventuró a penetrar el templo de Géminis, a pensar… a divagar…

Milo decía que era su oportunidad para irse con él, pero este no sabía que de quererla la hubiera tomado con permiso o no. Camus no estaba seguro si era amor entre tanta confusión; solamente entendía que existía una persona con la que deseaba estar, y ese enigmático, pero maravilloso ser, para esos momentos ya se encontraba en brazos de otra persona; alguien a quien si amaba…

Que paradójico resultaba no aprender enamorarse de quien menos debía ser…

Avanzó por el pasillo hacia la cámara privada de Géminis, donde podía percibirse aquella energía contrariada. Camus ya estaba acostumbrado a recibir esa sensación desde que volvió de Siberia años atrás.

Recordaba sus encuentros escasos en los que sentía una sombra oscura asomarse tras esos vívidos ojos esmeralda. Se preguntó entonces si siempre estuvo ahí y de más grande pudo descubrirla, o fue algo que pasó durante su ausencia. A veces, mientras le daba a espalda, desconfiaba de hacerlo… Le ofrecía con temor su compañía, su amistad, hasta el punto de no tolerarle y establecer una distancia…

Al revivir, esa lejanía se convirtió en culpa. Camus creyó que aquella retirada empeoró su estado hasta enloquecer a Saga de poder…

¡Cuánto no le debía y en que mala forma terminaba pagándoselo siempre!

Esperaba que una mediana disculpa y el ofrecimiento de su amistad incondicional lo arreglara todo. Sus sentimientos los dejaría en segundo plano, hasta verse libre para pelear por lo que realmente…

Se detuvo antes de llamar a la puerta. Percibió que más allá del cosmos inestable de Saga, también se encontraba el de otra persona. Cerró los ojos, intentando descubrir quien era… Escuchó un grito seguido por golpes…

Asustado, tomó la manija de la puerta, empujándola hacia el interior para descubrir algo, que de haberlo oído, quizá habría resultado menos dañino. Tragó saliva. Los pies se le congelaron sobre el suelo mientras sentía las manos entumecidas con el resto del cuerpo. Trató de cerrar los ojos… de moverse, pero un beso que no era para él lo inmovilizaba, seguido por la forma en que aquellos brazos se aferraban al cuerpo para continuar su acto…

Las pupilas esmeraldas se clavaron un momento en las suyas retándolo a quedarse… ¿A irse?

Quiso gritarle que se detuviera, pero ¿realmente tenía el valor y el poder suficiente para hacerlo?

Camus cerró la puerta, como intentando escapar… ¿A dónde iría? Tal vez Milo ya no lo podía 'salvar'…

-v- End of Flash –v-

Se quedó callado, acordándose de lo que lo había llevado al tercer recinto.

-"Me dije que no importaba… que Saga era libre de hacer lo que quisiera porque nada nos unía…"- Sonrió, como burlándose de si mismo. Bajó la vista, observó la taza y de nuevo se la llevó a los labios. El griego no sabía que decirle… Se aventuró a interrogarlo.

-"¿Lo viste con alguien más?"- Acuario se congeló. Tembló como si tuviera frío, bajó de nuevo el recipiente de porcelana y sus ojos desprendieron aquél sentimiento.

-"Fui convencido de decirle la verdad… de hacerle entender… pero cuando abrí la puerta..."- Colocó la mano en su boca. Agachó la frente y la colocó en el hombro de su oyente. –"… ¡Tantas veces quise que me besara…! Que me tocara… ¡que al menos dijera que amaba, y sólo le bastó una tarde para entregarse a Aioros!"- Milo lo contempló en silencio, ni siquiera se atrevió a tocarlo. En ese momento pensó que Kanon se había equivocado, luego trató de entender cómo se sentía él, cómo se sentiría si hubiera estado en su lugar. Camus se apartó, se tragó el café por entero y dejó la taza vacía casi bajo la cama. Se encogió de piernas e intentó calmarse… -"No entiendo porque me duele tanto… Si se supone que yo…"- Se quedó callado.

-"Es lógico que te sientas así. Saga es una persona a la que siempre has querido… y creo que tenías tanta esperanza en que estuvieran juntos que…"

-"No."- Lo interrumpió Acuario, levantando la cabeza. –"Te equivocas… Yo no iba a eso." Las pupilas griegas se abrieron con sorpresa. Su interlocutor pareció dudar cuando se mordió los labios, pero jamás huyó al contacto visual… -"Sé que sonará confuso porque por un lado me duele que él se revolcara ante mis ojos con alguien que forma parte de su pasado… pero yo… yo…"

-"¿Tú… qué…?"

-"Me enamoré de ti."- Cuando lo dijo, el universo se detuvo. Cada átomo en su composición fue participe de la explosión interna que experimentó Milo, así como el desahogo que vivió el corazón de Camus. Tragó aire, lo liberó, se sonrojó, agachó la mirada y lo repitió. –"Me enamoré de ti…"

-"No entiendo…"- Pensó el griego en voz alta. Si lo amaba, ¿por qué se moría de dolor por Saga?

-"Sé que está mal porque todo esto comenzó como un juego… y luego me enseñaste a amarte. Me besaste… me mostrarte tu vida… tu alma… tu calidez, tu sencillez, tu entrega… Cuidaste de mí cuando lo necesitaba, incluso ahora que no hago más que darte problemas e interrumpir tu noche romántica, estas conmigo consolándome… Tu presencia me hace feliz… aunque ahora me mates de dolor…"

-"Yo jamás he hecho algo para lastimarte, Camus."

Adivina ya no puedo…

-"Me dejaste por Kanon… Fuiste muy claro."

-"Creí que estabas enamorado de Saga… ¿Sabes todo lo que he sufrido?"

No puedo esconder el miedo...

-"¿Tú? ¿Quién ha estado en tu templo, esperándote, mientras te diviertes con ese bobo?"

-"Ni siquiera he podido divertirme Camus, he pensando en ti todo el tiempo."

Te entrego todos mis sueños,

No me dejes solo por favor

-"¿Qué pensabas en mí? ¿Y por qué aceptaste irte con él? ¿Por qué tardaste tanto en buscarme?"- Milo no respondió. –"Después de encontrarlo con Aioros supuse que Kanon no se atrevería a acostarse contigo en el mismo templo, y que llegarían a Escorpio a pasar una 'agradable' velada… Lo primero que hice fue a sentarme a esperar mientras recordaba todo lo que hemos pasado… Los besos que me robaste, las bromas que me hiciste… el como me incomodaba dormir contigo, o tocarte si quiera… pensaba en lo mucho que extrañaba mirarte a los ojos, besarte… decirte que eres un desordenado y que esa dieta algún día te cobrará la factura… Mientras pasaba el tiempo me di cuenta que jamás podría verte dormir de nuevo… o sonreír sin saber que ese gesto lo producía él y no yo. Quería ir a buscarte… me sentía triste y no quería pasar de nuevo por Géminis… me sentía traicionado y sólo pensaba en que tú y él estaban haciendo lo mismo que ellos dos en un hotel… Y me decía ¿por qué nadie me escoge a mí? ¿Por qué nadie me besa ni me acaricia? ¿Por qué la única persona que quiero que lo haga se revuelva con alguien que ni siquiera lo aprecia? ¿Por qué no fui más valiente? ¿Por qué no le dije que lo quería…?"- Milo apoyó las manos en sus húmedas mejillas. Manteniendo la posición, se puso de rodillas delante de él.

-"Entiendo que no lo dijeras antes…"- Camus tenía la respiración suavemente agitada. Sus labios estaban más rojos de lo normal y sus ojos brillantes, casi se mostraban hinchados, pequeños. –"No debió ser fácil para ti porque él no te hizo daño… Debiste pensar que al hacerlo, traicionabas su recuerdo… Saga no…"

-"Milo… Bésame…"

Llévame a volar sin alas

Al cielo de los corazones

El griego sonrió suavemente. Sin despegar su piel de la del otro, se aproximó tan lento, como un cazador en plena acción. Ladeó la cara, le tocó la nariz con la punta de la suya, pero antes de que sus labios se rozaran por su causa, fue el galo quien se impulsó para adelante, rodeándole con los brazos el cuello y empalmando sus bocas con un sabor a grano. Movió los bordes rosados como él se lo había enseñado… apretándolos, succionándolos, devorándolos con los dientes que de pronto dieron suaves mordiscos… Los tocó con la lengua, los delineó… se abrió paso a través de ellos mientras también se ponía de rodillas frente a él… Resbaló las manos desde los oídos hasta la piel que le cubría la garganta. Los bajó un poco más, llegando hasta la parte baja del estómago, donde se aventuró a pasar bajo la ropa. Milo jadeó. Ni siquiera pensó que eso no se lo había enseñado él, pero entendía la sed que su compañero tenía por sentir. Apoyó las manos en su nuca mientras percibía los besos fogosos que el galo prodigaba por sus mejillas, sus labios, la punta de la nariz, recorriendo hasta las orejas, el cuello… mordiendo, succionando… Despertando en su propio cuerpo pasiones incontenibles…

Cantemos cancines de amor…

Escorpio jadeaba, exhalaba… emitía su placer a través de los labios. Despegó las manos de la nuca de Camus, colocándola en las que aún se colaban y navegaban por todo lo ancho de su cuerpo; entrelazó sus dedos, tomando ahora la iniciativa con su propia boca; acorralándole contra la cama… Acuario ni siquiera lo pensó. Apretó también las manos que lo tomaban y los labios que lo apresaban, apoyando su peso en el codo situado en el suelo, y dejándose caer lentamente hacia un lado, completamente recostado, con Milo encima de él…


FINAL! el proximo es el final 9.9... que pasara?... saga y kanon sabran que su relacion solo era un juego? Shura y aioria se contentaran? Saga se va a quedar con Aioros? y Mu? (.-.?)... os otros dorados sabran que habia una historia en el santuario que no los incluia? =P... XDD... es broma... bueno... en el sig capitulo el descenlace despues de... ejem... cuatro años de existencia de este fic

Gracias a quienes me han leido desde entonces y a quienes aún se atreven a hacerlo. Amo la cancion con la que pude escribir este capitulo y ame poder usarla... de hecho por ella fue que termine de editarlo .
Gracias de nuevo!

Nos leemos pronto =D