Hola! perdon, perdon... subi otra vez esta cosa porque me dijeron que tenia unos errores por ahi para ser visto.. es decir, como que los dialogos y eso se descuadraban. Yo no me habia dado cuenta 9.9... pero bueno... Gracias por la observacion :)

Dejo otra vez la actualizacion esperando sea de su agrado... Gracias a quienes lo han leido. Besos!

Gracias por interesarse en este proyecto y por apoyarme aunque no me conocieran, incluso cuando lo hicieron y lo que vieron no les gustó. Gracias por hacerlo, y a quienes se quedaron a pesar de todo, gracias tmb!

Este capitulo va ustedes =)... espero que les guste, y si no... ya saben que me lo puedne hacer saber e igual intentare mejorarlo para segunda parte. besos y se les quiere mucho!

JUGANDO CON FUEGO

Capítulo 18

FIN
(Parte 1/2)

(A palabras necias, oídos sordos…)

Como si las fuerzas se hubieran drenado desde su cuerpo al colchón, intentó abrir los ojos, pero hasta ese mínimo esfuerzo por despertar aniquilaba su vida. Las pupilas por fin lograron anteponerse al yugo de los párpados, despejándose, mostrando ese fulgor esmeralda que sólo un par en todo el santuario –o mejor dicho, en el mundo- podrían igualarlas; no obstante, aunque su naturaleza declarara puerilidad y malicia, aquella mañana lo embriagaba un estado anémico que le impedía levantarse, o mantenerse si quiera en una pieza.

Tenía la mejilla postrada contra la almohada y las manos puestas sobre esta como si la ley de la gravedad no existiera e intentaran pelear su derecho, antes de que comenzara a flotar. Cerró los ojos. Le dolía la cabeza, sentía la opresión en su pecho vertida como el vino sobre una copa de cristal, y esta, ante la torpeza descendía en cámara lenta hasta romperse en mil fragmentos contra el frío suelo bajo sus pies...

Aunque el cuerpo no quisiera responderle, aunque él sintiera incluso ganas de morir, el corazón partido continuaba presente bombeándole sangre a cada rincón del cuerpo. A pesar de que él se háyase moribundo en ese colchón, sentía como la vida le fluía por las venas…

Exhaló. Apoyando el peso sobre la mano derecha logró darse media vuelta, quedando por completo con la cara apuntando hacia el techo. Colocó la palma sobre su frente, quizá para comprar que no tuviese fiebre: la temperatura era normal, aunque por dentro sintiera todo muerto, congelado… De alguna forma Camus le había dado un beso gélido al alma… pero no fue él quien propicio su estado, si no Milo… Milo era el culpable de que se debatiera entre la vida y la muerte...

Sin las mayores ganas juntó las fuerzas que le restaban sólo para ponerse de pie. La noche pasaba había pretendido dormir destapado, pero después de no lograr conciliar el sueño optó por adquirir más de una posición, incluso colocando la almohada sobre su rostro. El cansancio lo venció después de verter la pena en busca del mundo de los sueños. Había llorado como nunca en su vida, y ahora la resequedad que experimentaba en los ojos y en otras partes del cuerpo lo obligaba a ponerse de pie y dirigirse al único sitio que podía saciar esa necesidad.

Cuando entró a la cocina se dio cuenta que su hermano gemelo estaba sentado, de cara a la puerta, bebiendo una taza humeante de algo que olía a café, y que muy cercana a su mano se encontraba una pieza de porcelana con algunas galletas de color haba claro.

Lo observó en silencio. Saga se veía bien… Exhaló, mientras, con los brazos colgando a un costado de las piernas se dirigía hacia la nevera…

-"Buenos días, hermanito…"- Saludó el mayor con un tono burlón. El otro se preguntó por qué se encontraba de tan buen humor, pero lo cierto era que ya no le importaba…

-"…"- Gruñó, o emitió un sonido parecido mientras abría la puerta y sacaba una botella con agua.

-"Parece que te levantaste del lado incorrecto de la cama."- De haber tenido ganas, o incluso la fuerza necesaria para discutir, habría comenzado una de esas peleas de antaño, que no habían podido repetirse antes porque Saga estaba en la misma situación que ahora Kanon copiaba… Y ese parecía ser su destino final: un clon del verdadero santo de géminis… Por lo menos agradecía no encontrarse en uno de esos extraños mundos enfermos donde se disputaba el amor de Milo con su gemelo; sin embargo, luego de pensarlo, e imaginarlo, consideró que la idea resultaba menos dolorosa. Perder contra Camus era incluso peor que ser la burla de un juez del inframundo como Radamanthys.

Apretó la botella con fuerza, y el material de su composición no resistió la presión: su torso, el pantalón y los pies descalzos fueron bañados por el líquido y frio elemento. Ni siquiera tenía ánimos para quejarse, saltar, o reaccionar a la temperatura.

–"¿Qué te pasa?"- Inquirió, sin mucho interés aparente en la voz. El gemelo volvió a gruñir, esta vez más enfadado. Decidió que ni siquiera se molestaría en dirigirle la palabra, que tampoco se cambiaria la ropa y que volvería a recostarse… -"Iba a esperar que tú me lo contaras, pero ya que parece que hoy te comió la lengua el ratón, te diré que un pajarito me contó que ayer saliste con Milo…"- Se detuvo en seco a un palmo de la salida…

-"¿Qué…?"- Inquirió extrañado, confundido. Dio media vuelta sobre el mismo paso que disponía para irse. Su hermano mantenía una sonrisa tan satisfactoria, que Kanon sólo quería lazarse sobre la mesa para borrarla a golpes: ¿Acaso no sabía lo que eso significaba? ¿Qué no comprendía el grado de estupidez al que había llegado…?

-"Aioros me lo dijo. Saliste con Shura y con él rumbo al pueblo, cuando venían de regreso se toparon con Milo…"- La sonrisa traviesa en su rostro le produjo un escalofrío. –"Creo que alguien se portó mal sin avisarme."- Se rió.

-"¿Te volviste completamente loco?"- Caminó hasta la mesa. –"¿Tienes idea de lo que eso significa?"

-"¿Por qué no me lo dices tú?"- Kanon abrió la mano y la dejo caer, en un golpe, contra la madera, enfrentó la mirada de su hermano, pero no dijo más. Las palabras no le salían porque aún sentía ese nudo en la garganta y ese vacío desolador cercano a la boca del estómago. No era la sensación de tener hambre, sino de haber perdido algo… como una angustia punzante en el cuerpo. –"¿Y bien?"- El mayor se cruzó de brazos mientras se recargaba completamente en la silla.

Al notar su apacibilidad el ex dragón marino quiso entender que tal vez Saga ya había superado lo de Camus… Pensó que tal vez se necesitaba un minuto de luto para superar el dolor y seguir… seguir con alguien más, alguien diferente…

Suspiró, tomó del respaldo una silla y la jaló hacia su cuerpo, el siguiente paso fue desplomarse sobre ella con la cara sobre la mesa.

-"Algo me dice que no te fue bien…"- Comentó el otro, dándole un sordo a su café.

-"¡Qué listo eres!"- Exclamó sarcástico, sin despegar la cara de su resguardo. Tenía ganas de llorar: ¿Saga lo consolaría? Jamás habían sido tan cercanos… Tal vez sólo necesitaba que le palmeara la espalda, o que el mayor le acariciara la cabeza. Con ello, quizá el dolor se volvería insignificante… pasajero…

-"Es tu culpa por enamorarte de alguien tan inestable…"

-"¿Inestable?"- El burro hablando de orejas. Se levantó y frunció el ceño.

-"No te proyectes, además… el único culpable de esto soy yo."

-"Si, jamás debiste enredarte con él."- Kanon volvió a ponerse de pie mientras clavaba las manos en la mesa.

-"¡No hables así de Milo! No lo conoces, no tienes derecho…"

-"¿Por qué no? ¿Por qué sale contigo mientras está con Camus? No es propio de…"

-"¿A ti qué más te da? ¿No eres tú el que se la pasa lamentándose por él y cuando tiene la oportunidad de tenerlo se va con el primero que le calienta la cama?"- Saga soltó una carcajada. Kanon apretó los puños, pero esta vez no se iba a tragar las ganas de reventarle los labios. Sin saber como ya tenía las rodillas sobre la mesa y los nudillos dispuestos sobre las mejillas de su hermano; al siguiente momento, la espalda de Saga tocaba de forma definitiva el suelo mientras era 'dominado' por el peso y la rabia de su hermano.

Uno… tres… cinco golpes… Se detuvo en cuanto oyó el sonido de su burla.

-"¿¡Que dem…?"- Siendo quien era, el titular de Géminis lo tomó por las muñecas, lo empujó hacia un lado, lo tumbó boca arriba y lo acorraló contra su cuerpo.

-"Eres un niño Kanon… No sabes nada acerca de vivir…"- Le susurró el mayor, pegando su nariz contra la del otro. El menor se pasmó… Se compuso tan pronto la sangre se le subió al rostro. ¿Qué era un niño? ¿Qué no sabía nada? ¡No se dejaría intimar! Forcejeó para liberarse.

-"Supongo que ser un minuto mayor te hace toda una eminencia…"- Farfullo con sarcasmo.

-"En las artes de la guerra y el amor al parecer si."- Respondió el otro, aún burlón. Kanon era de acciones tomar, pero esos movimientos casi siempre eran planeados, meditados con las más cercanas consecuencias. Saga hacia lo que sentía… Se calmó sólo porque necesitaba saber a que se debía aquella actitud.

-"Te escucho…"- Proclamó, soltando los brazos y dejando que las palmas tocaran el frio suelo a cada lado de su cabeza. La mirada de ambos se enfrentó, ninguno de los dos se atrevió a parpadear. –"¿Qué es lo que se supone que sabes y yo no?"

-"Tonto… Idiota…"

-"Lo he venido escuchando por años, por lo menos el tiempo que hemos estado juntos…"

-"Si piensas que algo te pertenece comienza a ignorarlo"- Kanon sentía las retinas cansadas de pasar la noche prácticamente en vela, así que le ardían los ojos: pestañeó sin desearlo. –"Entre menos atención le prestes, volverá a ti."

-"¿Qué?"

-"Si es tuyo y de pronto se aleja, si vas tras él con demasiada insistencia se toma su importancia, pero si lo dejas y le demuestras que estas dispuesto a cambiarlo, volverá a ti sin el mayor problema."- El menor suspiró mientras rodaba los ojos. Colocó la vista en los muros de la cocina mientras pensaba que si alguien hacia una cosa como esa, lo único que podría producirse seria dolor. Sería un juego tan cruel que lo único que podría inspirarle esa persona sería lastima, pues jugaría con una tercera persona, terminaría prendada de su forma de ser, y después… quizá hasta abandonada. Las opciones de que los planes de Saga resultaran tal cual los pensaba eran mínimas

-"Y yo soy el niño…"- Murmuró. Devolvió la vista hacia las esmeradas de su hermano, quien continuaba observándolo. -"¿Podrías quitarte?"- Inquirió con la mirada fría.

-"¡Vamos, Kanon! ¡Piensa en ello! Yo puedo hacerle creer a Camus que voy a regresar con Aioros, y tú…"

-"Realmente no me interesa, Saga."- Tajó el menor, haciendo un esfuerzo por levantarse. –"Conozco a Milo y sé que sus sentimientos son honestos en cualquiera de sus medidas y hacia cualquiera de las personas a quienes van dirigidos. Si él elije odiar odia, si pretende amar lo hace… No importa bajo que concepto finja querer recuperarlo, lo cierto es que ya no puedo ni me interesa que vuelva conmigo…"- Maldijo su debilidad y su amor en cuanto el nudo que se formó en la garganta le impidió hablar. De haber tenido antes el conocimiento que poseía en ese momento, habría jugado mejor sus cartas y el escorpión no estaría a miles de kilómetros luz de distancia.

-"No puedo creer que te des por vencido. Tú eres quien me ha incitado todo este tiempo para que haga algo, y ahora que te propongo un plan…"

-"Obviamente no conoces a Camus como yo a Milo…"

-"¿Qué no, dices?"- Arqueó una ceja mientras levantaba la mitad de su cuerpo y se mantenía de rodillas. Kanon, cual cangrejo, apoyó su peso en las palmas y escapó de su alcance.

-"Saga, te lo diré de una vez y espero que lo entiendas porque de lo contrario te harás mucho daño." Se levantó. Su hermano lo imitó. –"Camus te quiere, y está muy agradecido contigo por todo lo que has hecho por él, así que no conviertas su cariño en más rechazo por no poder aceptar lo obvio."

-"¿Y según tú, qué es lo obvio?"

-"Que no te ama. Tal vez lo hizo, pero ya lo cansaste"

-"No te equivoques. Camus no es como Milo…"

-"¿Qué no? ¿Cómo lo sabes? ¿No era por eso que estabas tan empeñado en acercarlos?"- La oscuridad de Géminis se rió.

-"Yo creía que sería algo bueno, nada más."

-"Saga, te conozco… Sé que tú intentabas alejar a Camus de ti para no hacerle daño. ¿Por qué no lo haces ahora?"

-"¿Por qué no lo hago ahora?"- Aquél sonido burlón volvió a salir de sus labios. Kanon temió la respuesta. Embozó una sonrisa amarga. –"Porque Camus es mío."

Suyo… Cual objeto, a modo de una maldita propiedad… Así él denominaba a Milo…

-"Como quieras…"- Era su error. A palabras necias oídos sordos. Lo pasó de largo, sin embargo, pocos pasos antes de llegar a la puerta se detuvo, dio un giro hacia su hermano y se dio cuenta que este le había seguido con la vista. –"Una cosa, Saga. ¿Camus vino ayer a verte?"

-"¡Claro! Cuando estaba con Aioros lo vi observándonos en la entrada."

-"¿Y ni así te detuviste?"

-"Ya te lo dije: Mientras él piense que lo voy a esperar para siempre el tiempo que pase con Milo para mi es una pérdida de tiempo. Si le demuestro que ya tengo quien me consuele volverá más rápido de lo que piensas…"- Sonrió, satisfecho. Cruzó los brazos mientras le dirigía a su hermano una mirada llena de preponderancia. Los labios de Kanon se mofaron al desplegarse unos milímetros hacia las mejillas.

-"¿Y… qué pasará si en su defecto Camus piensa que lo has olvidado por completo? Sería interesante ver como la culpa por rechazarte se convierte en algo así como desprecio…"

-"¿Desprecio?"- El ex dragón marino le dirigía una mirada que decía 'eres un tonto', antes de responderle:

-"Si para amarlo te ataba la culpa, ¿cómo podrías retomar lo que tienes con Aioros de la noche a la mañana? Con tu acción no sólo le dirías que jamás lo amaste, sino que tus sentimientos por tu querido arquero son más fuertes que cualquier otra cosa…"

-"Te equivocas."

-"Cierto… porque tú lo sabes todo, ¿no es así?"

o.o.o.o.o

(Las mentiras piadosas no son mas que anestesia para el alma…)

En cuanto el sol le dio los buenos días, lo primero que hizo fue cambiar la posición en la que se encontraba. Se movió hacia el costado izquierdo, sin abrir los ojos, y estirando la pierna derecha la colocó sobre algo inerte en la cama, que la elevaba; el hecho no lo sorprendió demasiado cuando se le vino a la mente la imagen de cierto octavo custodio… La impresión lo dominó en el momento que quedó descubierto uno de sus glúteos, y con los dedos trató de alcanzar la manta: el tacto contra su piel desnuda fue lo que lo llevó a prácticamente manosearse para buscar la ropa que según él se le diluyó por los poros en el calor de la noche…

Se levantó de golpe, sobresaltado. Apenas logró abrir los ojos a través de la cortina de luz que se filtraba en su dirección, trató de observarse; no pudo debido al ardor. Colocó la mano en su pecho: sin prenda. Abrió la boca mientras se llevaba las manos a la cabeza e intentaba pensar, recordar… Tenía los fragmentos de la noche anterior como en un rompecabezas de mil partes, y las piezas fundamentales para entender su forma estaban perdidas entre los espacios donde se veía vomitando, esperando a Milo dejando fluir su energía, hablándole, tomando café… y… ¡Puf, nada!

Como rayo, una punzada le partió la cabeza…

-"¡AH!"- Gritó de pronto. Escorpio abrió los ojos.

-"¿Qué? ¿Qué pasa?"- Inquirió, sentándose tranquilamente en la cama mientras se frotaba los ojos. Camus se quitó las manos de la cabeza

-"¡Estoy desnudo!"- Gritó. Voltear a verlo y comprobar que estaba en la misma calidad no lo hizo sentirse mejor.

-"Yo también. ¿Qué importa?"- La sonrisa tan tranquila que el otro portaba, lo exasperó. Ni siquiera ese rojizo tono en sus mejillas evitó que continuara atacándolo.

-"¿Cómo puedes decirlo así?"

-"¿Cómo quieres que diga?"

-"¡Escorpio!"- Su propio grito le causo jaqueca. Milo se rió.

-"Anoche no me llamabas así…"- Camus abrió la boca mientras el terror se le dibujaba en el rostro, marcado por ese tono casi gangrenado desde las orejas hasta la punta de la nariz.

-"¿Quieres decir que… tú-tú-tú y yo…?"

-"Si, dormimos juntos…"

-"¡¿Cómo pudo suceder!- Gritó, agarrándose la cabeza mientras jalaba la sábana y se ponía de pie. Al griego su reacción no le extrañó. Sabía que después de todo ese excesivo alcohol, se sentiría más que perdido. Esta era la principal razón por la que el dejaba de beber cuando comenzaba a sentirse mareado. Camus se encerró en el baño. Milo se levantó también y se apoyó en la puerta.

-"¿Por qué estas tan molesto?"

-"¿Por qué? ¡Por qué me pregunta él!"- Escuchó su voz y sus pasos alterados dentro del cuarto. Sonrió: por cosas como esas era imposible no quererlo. Pensó que tal vez debería decirle la verdad, pero enseguida consideró que el más leve recuerdo de la noche pasada desencadenaría un estado peor en Camus. La verdad podría incomodarlo mucho más que una mentira.

Apoyó la espalda en la puerta. A sus oídos llegaron frases en la lengua natal del que estaba dentro. No entendía nada, pero sonaba molesto y confundido…

Se cruzó de brazos mientras volvía a sonreír… Le gustaba molestarlo…

Frente al espejo, apoyado en el lavamanos, Acuario no lo consideraba gracioso. Por fin sus piernas se habían cansado de trazar círculos en el suelo, y ahora reposaba con la frente recargada en la fría piedra. Su cabello teñía de verdiazul líneas semi rectas. Trató de calmarse, de respirar sin que esa molesta sensación en el pecho le bloqueara el acceso del aire a los pulmones, pensando que sólo fue… sexo; pero no era el término lo que lo incomodaba, sino el hecho de que sus cuerpos se fusionaran en caricias y jadeos, sin que él tuviera noción de nada. Le habría gustado plasmar en su memoria las reacciones que Milo tuviera cuando él se animara a indagar entre los rincones de su cuerpo, mientras le daba pequeños mordisco, o la forma en que lo instruiría o le permitiría hacer y deshacer para provocar esas reacciones de placer que sólo producía alguien que esta apunto de morir y volver a la vida al mismo tiempo.

Abrió la llave sin romper su postura. Con la mano en forma de cuenca llevó el líquido vital hacia la faz ruborizada, como si esperara que la temperatura del agua le quitara no sólo el calor, sino que además le decolorara la piel. El primero y el segundo intento fueron fallidos, su faz conservó la pena en ella. Se miró al espejo: el cabello de enfrente estaba mojado, y el resto se mantenía alborotado; su piel tenía un color más pálido de lo normal, y bajo los ojos tenía bolsas de sueño… Meneó la cabeza. Siempre trataba de verse impecable, perfecto, y ahora su estado físico sólo alimentaba las ganas de romper el espejo. Se alejó.

Retrocedió torpemente en busca de una base de concreto que normalmente separaba el escusado de la pila de baño con regadera, flexionó las piernas, encorvándose y estirando los dedos; en el trayecto la encontró. Se sentó sobre ella con la sábana aún cubriéndole la mayor parte del cuerpo.

Se quedó en blanco… ¿Por qué olvidó algo tan importante?

Frunció el ceño. Tal vez no lo había hecho, quizá las cosas que vivió esa tarde lo lastimaban tanto que bloqueó sus recuerdos… Todos…

-"No es posible…"- Se dijo, colocando las manos en su cabeza. ¿Cómo podría volver a mirar a Milo a los ojos? Y lo más importante ¿no había regresado con Kanon? Abrió la boca, confundido, se la tapó como si quisiera reprimir un grito. –"Me siento violado…"- Murmuró, colgando la cabeza entre las piernas; y sin embargo… Se veía claramente aferrándose al abrazo impuesto por el octavo guardián, mientras le pedía entre palabras entrecortadas que no se detuviera…

Enrojeció de nuevo, y tuvo que llevarse la mano un poco más debajo de la nariz porque en ese momento sintió los labios de Milo… Sonrió.

Si sucedió, no sólo no iba a arrepentirse… rogaría para que sucediera de nuevo…

o.o.o.o.o

(Un gesto vale más que mil palabras…)

No es que el peso sobre su hombro le molestara, tal vez la intensión con la que Afrodita lo hacia terminaba por incomodarlo. Sonrió nervioso mientras escuchaba esa forma extraña en que Death Mask había comenzando a reírse. Sabía que no lo admitiría, pero la forma en que Piscis se comportaba con él, lo estaba matando de celos. Quiso decirle que por favor pensara en su seguridad integral, y añadir que no quería hacerle una visita al Yomotsu; sin embargo, en cuanto abrió la boca para hacerlo, casi se imaginó con un letrero en la frente, en marcador rojo que se leía 'cobarde'.

-"Entonces… ¿me invitarás un trago esta noche Shura?"- Inquirió el peliceleste, acercando sus labios a la oreja española como si quisiera morderla… Las orejas del italiano aparentaron gangrena. Un temblor recorrió la espalda española.

-"Esta noche me temo que estaré ocupado…"- Mintió, tratando de mantenerse calmado. –"pero la siguiente semana tengo un espacio…"- Claro…

-"¿Si?"- El doceavo se apartó mientras mordía el tallo de una de sus rosas y alzaba una ceja. –"¿Qué piensas hacer?"- Shura balbuceó: era malo para mentir. Ojalá hubiese tenido planes con Aioros, pero el arquero estaba demasiado 'deprimido' para querer hacer algo más que leer; Camus podría ser una opción si no estuviera demasiado ocupado peleándose todo el día con Milo, y su tercera elección era la persona a la que menos podía recurrir… pero no se enteraría, podría hacerlo.

-"Aioria y yo…"- Enrojeció. Su cuerpo continuaba traicionándolo, porque a pesar de que ya no deseara sentir nada por él, reaccionaba cuando lo pensaba o cuando lo nombraba; el hecho de recordarse esa leónica existencia lo hacia sentirse débil, irritado, enamorado, confundido, distraído, molesto, intranquilo, sarcástico, feliz, miserable… Apretó el puño y se maldijo en voz baja.

No hizo falta que agregara nada, porque justo en ese momento apareció Aioros, y detrás de él el dueño de ese color rojizo en su cara.

-"¡Hola muchachos!"- Saludó sagitario. Su buen humor parecía haber subido mínimo dos puntos.

-"Hola…"- Dijo en tono seco Leo, quien quizá perdió cinco en alguna parte del templo patriarcal de donde ambos venían.

-"¡Gatito!"- Gritó el pisciano y se le tiró encima. Leo sólo atinó a quedar con los brazos congelados junto a las piernas. El nerviosismo de Shura sólo pudo ser superado por esos celos que le quemaban las entrañas. Y Death Mask estaba peor o igual que él.

-"Hola, Afrodita…"- Respondió, apachurrado.

-"¡Que bueno que te veo! Estaba pidiéndole a Shura que me invitara una copa, pero me dijo que…"

-"¡AHHHHHHH!"- Gritó el español, asustando a los presentes: no iba a permitir que Afrodita dijera algo que lo pusiera en una extraña posición con Aioria, y menos delante de Sagitario.

-"¡¿Qué rayos?"- Gritó el canceriano.

-"Es que… eh… ¡No me di cuenta de lo mucho que extrañé a Aioros!"- Se aproximó y le pasó el brazo por los hombros mientras, con la otra mano, le despeinaba el cabello. El cuadro se veía realmente raro, incluso Death Mask tuvo un tic en el ojo. Leo se deprimió…

-"¡Gracias, Shura!"- Exclamó el arquero retirándose un poco asustado. –"Me da gusto verlos reunidos porque sería bastante cansado ir de templo en templo para comunicarles lo que el Patriarca nos ha dicho…"

-"¿Tienes un recadito de papi Shion?"

-"Adoro tu irreverencia, Death Mask"- Comentó sarcástico el arquero.

-"¿Por qué el patriarca no nos reunió a todos?"

-"Imagino que quería ahorrase el disgusto de verlos discutiendo y peleando como gatas en celo."- Al decirlo, posó la mirada en Shura y Aioria, el segundo pensó que si no quería darle la razón debería al menos ignorarlo.

-"Por la razón que sea."- Intervino Aioros antes de que Capricornio hablara. –"El Patriarca quiere que nos preparemos porque Athena llega este fin de semana."

-"¿Enserio?"

-"Si. Según esto quiere pasar su cumpleaños con nosotros en una elegante y agradable velada. Los de bronce obviamente vendrán…"

-"Algo que me dice que la visita de la diosa sólo pretende convertirnos en niñeras…"

-"Los encargados del evento seremos Aioria, Mu, Aldebarán y yo."- Su hermano respingó. Shura ya entendía porque el estado anímico de los dos. Afrodita se indignó.

-"Supongo que el Patriarca ha ignorado que el buen gusto sólo lo poseo yo."- Aioros le palmeó el hombro.

-"De hecho, quiere hablar contigo en cuanto estés disponible."

-"¡Perfecto!"- Gritó emocionado.

-"Será mejor que continuemos pasando la voz antes de que digan que no les avisamos nada."

-"Sólo me preocupa una cosa"- Habló el italiano. Las miradas de los tres restantes se enfocaron en la suya. –"Con ella por aquí las cosas tendrían que ser diferentes, y por lo menos algunos de ustedes tendrían que olvidarse de las mariconadas."- Sonrió burlón, volviendo a centrarse en Leo y Capricornio.

-"Es cierto. Me gusta la relación que llevan Camus y Milo, pero dudo que con ella aquí puedan seguir viviendo juntos. ¡Sería inmoral!"

-"Igual, no es como si Milo no pudiera escaparse de su templo para hacerle una visita nocturna, o viceversa."

-"¡Eso sería aún más romántico!"- Aioria sonrió de lado, mientras pensaba lo divertida que resultaba esa conclusión de Afrodita. Shura pareció creer lo mismo porque intercambiaron una fugaz mirada cómplice. –"La verdad es que cuando me enteré de la escena de celos que Camus le armó en Escorpio ¡me dieron ganas de romperle la cara a Kanon! ¿Cómo se atreve a meterse entre ellos? Bueno, Milo tuvo un poco de culpa por aceptarle una cita, pero admitiré que fue muy gracioso el que Shaka se resbalara con todo el hielo que se quedó en el templo; y cuando supe que para reparar la falta, Milo decidió mudarse a Acuario, ¡me morí de envidia! No todos los novios están dispuestos a hacer algo así…"- Death Mask rodó los ojos.

-"A algunos les falta cerebro…"- Murmuró.

-"¡¿Cómo te atreves?"- Aioros rió nervioso, incómodo. Quiso retirarse, pero sintió que si no se quedaba Afrodita terminaría por tapizar con rosas al italiano. Aioria le hizo señas.

-"Voy a Acuario."- Dijo. Su hermano asintió mientras levantaba las manos a la altura del rostro e intentaba establecer paz con un suave 'ya, ya…'

Leo dio unos pasos, Shura se encontraba en su camino. Las miradas de ambos se cruzaron, y se dijeron cosas que la lengua no se atrevía a expresar. El menor cambió la vista y lo pasó de largo: era demasiado orgulloso como para aceptar que se había equivocado. Como fuese, ya estaba acostumbrado a vivir sin él, a odiarlo. Capricornio lo siguió con la vista, se mordió el labio. Realmente lo quería… Desvió la vista: Afrodita estaba golpeando a Death Mask en la cabeza con una de sus rosas, mientras Aioros se burlaba… Dio un paso…

Aioria bajaba de Piscis a Acuario, ideando frases para el armado correcto de la invitación. Sabía que avisarle a Milo sería fácil, pero Camus… aún no encontraba un punto neutro en como tratarlo; y es que, Shura no se había equivocado del todo: si sentía algo por su amigo de la infancia, pero nada tan fuerte o de cuidado como para destruir lo que sentía por el español… Arruinado el sentimiento y la relación por segunda vez, ya no había marcha atrás. Desde la primera vez se prometió que no miraría atrás, que aprendería de sus errores y que no buscaría segundas oportunidades. El combate era de vida o muerte y él pelearía hasta el último aliento. Si las cosas con Shura no funcionaron en ese entonces, no volverían a…

Se detuvo. Viró sobre su hombro y posteriormente giró la cabeza y la mitad del cuerpo para obtener una mayor vista de lo que dejaba atrás: El caballero de Capricornio tenía un pie congelado en el aire a punto dar el paso a menos de seis escalones de distancia. Los parpados de Aioria se replegaron hacia las cejas, mientras la boca se le abría con sorpresa. Shura tenía las palabras atoradas en la garganta, Leo apenas podía hacer algo más que mantenerse inmune. El español suspiró.

-"Sé que fuiste tú."- Dijo, avanzando e estimulándole a imitarlo: lo acompañaría hasta Acuario. Para el griego, escuchar el sonido de su voz dirigiéndose exclusivamente a él, fue como encender un detonador. Sintió que el corazón le bajó al estómago, y que al hablar terminaría por escupirlo.

-"¿Yo?"- Quería preguntar exactamente qué había dicho, si eso era un reclamo o si trataba de sacarle algo. Al observar su perfil se dio cuenta de que pintaba una sonrisa en sus labios.

-"Realmente no sabemos que pasó esa noche, y sé que no les preguntaste, pero también sé que fuiste tú quien les contó a los otros esa mentira… Tú sabes, acerca la pelea por celos."- Aioria se sintió abochornado.

-"Bueno… nadie sabía porque de pronto el templo de Escorpio estaba cubierto de nieve y hielo, y había que darle una explicación al Patriarca; además, como Death Mask vio a Milo y a Kanon regresar juntos, se me ocurrió decir que fue una pelea de pareja… Ya sabes… Todo embonó perfecto cuando Afrodita los vio forcejear sobre la cama y Milo le contó que se mudaría a Acuario…"- Sonrió divertido.

-"Esos dos sólo nos causan problemas…"- Exhaló Shura. Leo se rió.

-"No creo que eso dure demasiado. Milo no puede guardarse sus sentimientos mucho tiempo, y Camus parece irle cediendo terreno desde el principio, así que yo les doy de aquí al próximo Lunes."- Bromeó. Capricornio estuvo de acuerdo.

-"¿Quién lo diría? Dos personas totalmente opuestas encontraron cosas que los unía para enamorarse. Si alguien me lo hubiera dicho antes le habría respondido que estaba loco… Esos dos jamás lograron llevarse bien."

-"¿Sabes? Creo que ellos ya se gustaban desde antes, por eso les era casi imposible acercarse."

-"Puede ser…"

En cuanto llegaron al templo de Acuario se quedaron en silencio, de tal suerte que oyeron los gritos de los dos habitantes. Shura se detuvo mientras clocaba una mano sobre su frente.

–"No puedo creer que estén peleando otra vez…"- Aioria rió suavemente.

-"Creo que les gusta hacerlo porque así tienen motivos para toquetearse sin tener que excusarse…"

Ambos se quedaron en medio del pasillo, deliberando si lo mejor era dejarlos solos a que terminaran el pleito de cada hora, o interrumpirlos y señalarles porque eran exactamente el uno para el otro.

Dentro de la alcoba…

-"¡He dicho que NO!"- Gritó Camus, moviendo un sillón individual de tapizado celeste, lejos de la ventana. Su escucha se cruzó de brazos.

-"¿Por qué no? Dijiste que decoraríamos el templo, ¿no es cierto? ¿Qué tiene de malo?"

-"¡Que yo no quiero!"

-"Pero no es justo, tú ya escogiste la mayor parte de las cosas…"

-"Es mi templo."- Milo abrió la boca, indignado.

-"Eres un egoísta, después de que congelaste el mío y perdí más de la mitad de mis pertenencias…"

-"Te ofrecí pagarlas…"

-"¿No se te ha ocurrido pensar que mis perdidas no son materiales? La mayor parte de lo que se perdió eran obsequios…"

-"Como las botellas, ya lo sé…"

-"Yo jamás te las reclamé…"

-"¡Lo curioso es que cada vez que peleamos salgan a relucir!"- Escorpio se rió.

-"Es que me gusta molestarte…"

-"Ya lo noté, Milo…"

-"A puesto que no has notado que disfrutas que lo haga."

-"¿Yo?"- Rió, sarcástico. Le dio la espalda y caminó hacia la puerta: huir parecía ser su mejor estrategia. El escorpión le tomó el brazo: la suya era retarlo.

-"Acéptalo y me regresaré a mi templo."- Camus viró, se sonrojó al tenerlo tan cerca. No quería que se marchara… Ya se había acostumbrado a despertar todas las mañanas con su aroma, con esa exquisita vista de su cabello por detrás, o verle dormitar por la mañana; ¿qué serían de sus noches sin esas respiraciones griegas?

-"No tengo porque aceptar algo que no es cierto."- Se defendió. El rubor en su rostro declaró todo. Milo habría podido comerse cada una de sus mejillas.

-"Tengo maneras drásticas de sacarle la verdad a cualquiera…"- Lo abrazó por la cintura mientras acercaba lentamente su rostro… Camus no se resistió, simplemente no podía. El dominio que el griego ejercía sobre él nadie más podría reclamarlo.

-"¿Planes usar tu Antares?"

-"Hay técnicas mucho más efectivas, Camus, la mayoría de las que tengo en mente sólo llevan tu nombre."- Con los dedos le retiró el cabello, él se estremeció. Cerró lo ojos. Sus palabras en tono apenas audible no se filtraban por los ladrillos.

-"No quisiera saber cuando las ideaste…"

-"Shit…"- Colocó un dedo sobre los labios y luego los suyos en un espacio que le restaba, hasta retirar el índice, como el castigo apropiado para cada una de esas maravillosas discusiones. Lo beso suave, despacio, como ya se había acostumbrado a hacerlo…

Aioria y Shura al no escuchar nada, se aproximaron a la puerta: los dos se quedaron petrificados al presenciar la escena. El primero estuvo a punto de decirle al español que se retiraran en silencio, cuando se atragantó con la saliva y comenzó a toser… Los ojos de Camus se abrieron de golpe, y mientras el rubor le cubría por completo la cara, apartó bruscamente a Milo y avanzó enfadado hacia el cuarto de baño. Capricornio se quedó con las disculpas en la punta de la lengua. Escorpio se echó a reír, avanzó hacia ambos, jaló a Leo por el brazo y le palmeó la espalda esperando que eso ayudara a desbloquear la tráquea.

-"No sabíamos que estaban ocupados…"- Comentó Shura, sonriendo con nerviosismo.

-"Estábamos practicando."- Mintió el peliazul, dejando a su amigo griego para sentarse en el sillón que Acuario acababa de mover.

-"¡Claro! Seguramente era respiración de boca a boca, o como pasar saliva sin que te escurra por los labios."- Escorpio embozó una sonrisa mientras cruzaba la pierna.

-"¿Celoso gatito? Si quieres puedo darte unas clasecitas…"- Leo enrojeció, y su reacción no pasó desapercibida a los ojos del español.

-"¡Ja, Ja, Ja! No digas tonterías, Milo, que si Camus te vuelve a encontrar de infiel no sólo te congelará el templo, sino que además, te quitará la razón para usar ropa interior."

-"Tú sabes perfectamente que no estaba de infiel porque entre él y yo no hay nada."

-"Pues yo lo sé, Shura lo sabe, pero el resto no. Afrodita ya hasta está pensando en el nombre perfecto para su club de fans."- Milo volvió a reírse.

-"Me gusta como suena Poison Ice. Por cierto, ¿qué los trae a nuestra luna de miel?"

-"Yo sólo venía a saludar a Camus"- Respondió Capricornio con un tono seco.-"sin embargo, como no se encuentra aquí creo que lo mejor es que me retire."- Levantó la mano, haciendo una seña de despedida para el escorpión, y posteriormente dándose la vuelta, y dejando a Aioria con las palabras en la boca mientras él terminaba por retirarse. Escorpio observó su reacción.

-"¿Siguen enojados?"- Inquirió, levantando a Antares a la altura de la nariz como para distraerse.

-"Creía que ya no…"- Dijo en un tono vacío, colgando los hombros.

-"Jamás me contaste porque terminaron…"

-"En primero lugar ni siquiera teníamos una relación, sólo retomamos lo que dejamos hace años, ¿recuerdas? Cuando me dejó para marcharse a España."- Repetirlo le molestaba, sentía como si le clavaran una y otra vez una aguja en el nervio. Frunció los labios. –"De todos modos no era nada serio…"- Murmuró, dando una patada al vacío.

-"Me acuerdo del drama, si…"- Sonrió burlón, Aioria correspondió su gesto sólo porque supo que su acción tenía como objetivo hacerlo sentir mejor. –"De todos modos, si no era algo enserio, ¿por qué terminaron distanciados? Acuario y yo nos llevamos muy bien porque sabemos que esto no durará para siempre…"- Se mordió la lengua. Leo soltó una carcajada mientras pensaba que su compañero no estaba siendo del todo honesto.

-"Si, ya noté la forma tan particular que tienen de hacer las paces…"- El calor subió a la cara de escorpio, pero no bajó la vista.

-"Es mi forma de hacer paz, ¿y? Además, es mejor que ser sometido a la ley del hielo."

-"¿Pretendes hacerme sentir mejor, o sólo deprimirme?"

-"¿Tú que crees?"- Sonrió burlón. -"Somos amigos hasta donde yo recuerdo, y si no estas bien, yo me voy a preocupar por ti. Es mi naturaleza, Aioria. Yo te conozco y sé que tú no eres capaz de traicionar a ninguna persona, y cuando digo nadie me refiero a ti mismo…"

-"Eh…"- Las palabras de Milo lo hicieron sentir aquellas cosas por las que Shura y él estaban distanciados. Sonrió: Camus era afortunado, como alguna vez lo fue Kanon. –"No tienes de que preocuparte, si algo debe arreglarse entre nosotros pasará, y si no…"

-"Y si no, sabes que cuentas conmigo, como en las buenos tiempos…"

-"Como siempre, Milo, como siempre…"- Aceptó suspirando suavemente. –"Por cierto, tengo un recado para ustedes de parte de Shion."

-"¿El Patriarca? Seguramente quiere que cuanto antes me regrese a Escorpio…"- Aioria se rió.

-"Para nada. Quizá después de saberlo seas tú quien tome esa decisión."- Su conterráneo lo miró, extrañado. –"Nuestra diosa viene este fin de semana, y el Patriarca quiere que estemos preparados."

-"¿Athena viene?"

-"Si, y no es una visita cualquiera. Será mejor que prepares tu mejor traje para entonces."

-"¿Una visita formal?"

-"Una fiesta informal, mejor dicho."

-"No te entiendo… ¿a qué viene entonces lo del traje? Porque nuestras reuniones formarles son con armadura…"- Aioria se rió. -¿Qué es tan gracioso?"

-"Parece que Athena planea pasar su cumpleaños en el santuario, y para ello organizará una fiesta, a la que por supuesto también asistirán los bronceados."- Camus en ese momento abrió la puerta del baño. Sus ojos se posaron primero en Leo y después en escorpio.

-"¿Y Shura?"- Inquirió, observando el resto de la habitación.

-"No sé, creo que el comportamiento descortés de cierta persona lo ahuyentó."- Respondió Milo, burlándose de su conducta anterior. Camus lo miró con frialdad.

-"Tenía que ir… además, aún siento su presencia en el templo."

-"Pues temo decirte que tu radar está descompuesto, porque hace un buen rato que ya se fue…"- Le pellizcó la mejilla.

-"¡AH! ¡¿Cómo te atreves?"- Aioria avanzó discretamente hacia la salida, discretamente.

-"Ya sabes, tengo los derechos del novio…."

-"¿¡Cuál novio?... Tú amigo sabe que…"- Milo soltó una carcajada.

-"¡Me encanta lo fácil que es perturbarte!"

-"¿Quién está perturbado? Tú no provocas ningún efecto en mis emociones…"- Al griego, le divirtió su expresión aún más que aquellas palabras. Acercó la parte del dorso, y sonriendo con satisfacción, le robó un beso. Camus lo rechazó retrocediendo y cubriéndose la boca, mientras miraba instintivamente hacia donde debía encontrarse Leo, pero este ya había desaparecido; y sin embargo, su presencia aún le era visible en el templo, como la de Shura. Seguramente los dos se irían pronto a Capricornio. Se destensó, e incluso sintió alivio.

-"Se ha ido…"

-"Debió aburrirse…"

-"Lo siento, pero no estoy dispuesto a ser el entretenimiento de nadie."

-"Venía a verme a mí."- Respondió Escorpio, recortándose en la cama. Acuario sintió la sangre del estómago hacer ebullición.

-"¿Ah, si? ¿Y qué deseaba?"- Le bajó los pies. El otro los devolvió donde estaban.

-"Venir a verme, por supuesto."

-"¡Claro! Seguramente quería asegurarse que tus cabellos estuviesen intactos…"- Repitió su acción. Milo se rió.

-"¡Eso! ¡Uno no puede fiarse de tus malignas intensiones!"

-"¿¡Las mías! ¡¿Quién es el que se la pasa cada cinco minutos sobre mi?"

-"Creo que no te quejas demasiado, Camus…"

-"¡Además, no sé porque mejor no te vas a vivir a su templo! Si según él te quiere tanto, y ustedes tuvieron un encuentro de una noche, ¿por qué sigues aquí? Leo estaría feliz de recibirte."- Milo se puso de pie, y el francés no pudo negar que aunque fueran pocos milímetros de diferencia, su altura lo incómodo. Trató de mantenerse firme.

-"El problema es que sigues pensando que te violé."- Sonrió otra vez.

-"¡Tú me lo hiciste creer!"

-"Pero ya te expliqué que no pasó nada. Yo te desvestí porque tu ropa estaba húmeda, y consideré que serías más cómodo para ti dormir así."

-"Aún así, me viste desnudo…"

-"Por eso no me puedo mudar… No podría ver otro cuerpo…"- Desde la parte más recóndita del cuerpo la sangre fluyó hasta la cabeza.

-"¡Cállate!"- Hizo el ademán de golpearlo. Milo lo frenó, lo abrazó contra sí y volvió a besarlo.

Por razones como esas es que no podía decirle lo que sentía. Camus todo el tiempo aparentaba estar molesto por lo de Kanon, aunque no lo mencionara. Tampoco parecía recordar su confesión…

Por otra parte, aunque no lo aceptara –y no lo haría ahora-, Acuario continuaba dolido, imaginando que en cualquier momento el griego, aún con sus juegos de seducción, volvería a abandonarlo por el gemelo… Milo no le contó nada de lo sucedido aquel día porque él no se lo permitía, y es que, ¿hasta que punto podría controlar sus celos? Saber que salió con él ya era motivo de sobra para estar enfadado. Lo amaba, lo sabía, lo sentía, pero no se lo confesaría a menos que cerrara definitivamente cierta herida aún punzante…

A muchos metros de distancia…

Aioria se dirigía hacia la entrada del templo, de camino hacia Capricornio, para terminar su recorrido en los posteriores. Así lo notó. Sabía que Shura andaba aún en Acuario porque Camus lo dijo, pero no sabía explicar la razón de que no se hubiese marchado como anunció…

-"Hola…"- Lo saludó el español.

-"¿Todo bien?"- Inquirió el griego, sin saber realmente que decir.

-"Le dije a Afrodita que no saldría con él porque ya tenía planes contigo…"- Confesó, y aunque sus palabras salieron tan seguras como la postura que mantenía la forma en que rehuyó al contacto y el nivel rojizo que alcanzaron sus orejas lo dijeron todo. Aioria sonrió: sabía lo que sentía, y entendía las cosas que antes le habrían resultado un misterio, como explicarse porque se sentía así con Milo y porque no había hecho nada por arreglarse con Capricornio. –"¿Quieres ir de copas esta noche?"- Lo invitó, maldiciéndose porque la voz no le salió ni en el tono ni con la seriedad planeada.

Leo emitió una suave exhalación: ya no quería lastimarlo.

-"Me gusta Milo…"- Declaró, serio, sólo para aclararle que las cosas seguían igual… –"Él siempre ha estado conmigo, incluso cuando yo no se lo permití. Lo quiero por encima de cualquier cosa, por eso me esmero en cuidarlo y protegerlo…"

-"Lo sé."- Entendió Shura. –"Yo siento lo mismo por Aioros, pero sé que para él no hay nada más allá de Saga, y aunque lo hubiera, tendría que confesarle lo que siento por cierto… felino..."- El halagado primero enrojeció con sorpresa, después se echó a reír. Caminó un poco, sólo para pasarle por delante.

-"Yo invito la primera ronda de vodka…"

Capricornio le sonrió y lo siguió fuera de Acuario.

Mientras tanto….

El francés no se negó al beso, y Escorpio no hizo, ni dijo nada para arruinar el momento.

Al apartarse Camus lo hizo a un lado suavemente para ocuparse de acomodar la cama donde aún estaba impresa la silueta griega.

-"Tengo una propuesta que hacerte."

-"Hum…"- Ese tipo de ofertas siempre terminaban liándose. Ahora estaban metidos en una.

-"Quiero que seas mi pareja de baile…"- Acuario, parpadeando con desconcierto se incorporó.

-"¿Pareja de Baile? ¿Yo?"- Se rió. –"Claro, ¿prefieres el swing o el tango?"- Ironizó. –"¿Vestido o solamente la corbata?"- Milo soltó una carcajada.

-"¡Me encanta la segunda opción!"- Camus sonrió y siguió con lo suyo. A su acompañante le pareció tedioso su descontento con los almohadones –los cuales aplastaba una y otras vez con las manos-. –"Pero, ¿Sabes? Aioria y Shura vinieron a invitarnos a un baile en honor a Athena…"- Recogió sus manos frías sólo porque ya estaba enloqueciendo con su manía por el orden. –"y… parece que nuestra diosa espera festejar algo… Tanto así que Hyoga y sus amigos están invitados…"- Acuario miró el escritorio de la alcohola: el cisne no había respondido ninguna de sus cartas.

-"No sé si quiero estar presente…"

-"Es Athena…"

-"Le diré que estoy enfermo…"

-"¿Qué hay de tu sentido del deber?"

-"Me parece que se quedó en la armadura…"- Milo suspiro, aunque no pudo evitar pensar que eso sonaba gracioso.

-"Mira: Sé que no te gustan los lugares 'públicos' y ese tipo de cosas tampoco, sé que implica encontrarse con… algunas personas, pero somos parte del rango más alto de nuestra élite y eso quiere decir que no le tenemos miedo a nada."

-"Yo no tengo miedo… simplemente no me gusta…"- Se encogió de hombros.

-"Sé que hoy no voy a convencerte, pero…"- Le apretó dócilmente las manos. Los dos pares de pupilas se encontraron. –"… Estamos juntos en esto ¿no?... además… lo pensé vagamente y… quiero que esa noche definamos todo. No más mentiras, no más secretos, lo que tenga que pasar pasará y punto… Quiero que por esa noche nos dejemos de máscaras."

-"¿Qué…?"- Inquirió; Entre nervioso, tenso, tal vez un poco ansioso.

-"Que no más Kanon y Saga, Camus. Sólo tú, y yo…"

Fin de la primera parte… :S


Prometo que en cuanto regrese me pondré al tiro con esta historia!
gracias de nuevo!