Hola a todas las personas que siguen esta historia... coo estan? :D... espero que tengan una fantastica semana y una gran mes :)

Les traigo el cap 19 con una enorme disculpa por el retraso. Francamente yo queria terminarlo para este mes, pero como el capitulo abarcaba mas de 40 paginas realizé una encuesta -bueno, no tanto asi- en mi perfil de facebook y las chicas que me siguen me aconsejaron partirlo en dos para terminar el fic en el cap 20... asi que espero para finales de este mes, principios del otro terminarlo definitivamente para retirarme por fin hacia otros fandoms.

Sin mas que agregar, me despido de ustedes reiterando mi aprecio y agradecimientos sinceros por todos estos años de paciencia, apoyo, cariño y amistad. Se les quiere

Gracias, gracias, gracias!

p.d. tengo un error de congruencia con respecto a aioros y a shura, espero que no lo noten y si lo hacen por favor si me pueden dar alguna solucion lo agradeceria mucho.


JUGANDO CON FUEGO

Capítulo 19

FIN
(Parte 2/3)

("El miedo es la más grande sordera del corazón.")

Si el viento hubiese soplado en aquella recamara, tal vez podría calmar el fuego que ahí ardía. Si de deseo se hubiera tratado, tal vez otro sería el desenlace.

En la obra, aunque hubiese dos personas implicadas, el protagonista principal de la escena era el incómodo silencio… ¿En qué momento la situación se tornó así?

Uno de los personajes en acto frunció el ceño, y aunque pretendió ignorarlo, la verdad es que por el rabillo del ojo observó al otro marcharse con la nariz apuntado al cielo. Maldijo mentalmente mientras golpeteaba con la punta del pie.

Exhaló, cansado, frustrado, y derrotado terminó por desparramarse en el sillón.

Ninguno de sus enemigos podría causarle una herida como aquella... ¿Sangraba? No, más bien parecían sólo rasguños hechos en la superficie; pero cada vez más, los arañazos en la cubierta la perforaban…

Los malentendidos entre ellos estaban a la orden del día, pero, ¿cómo hablar con quien se negaba a escuchar? En cuanto pronunciaba el nombre de 'Kanon' y trataba de aclarar las penumbras, Camus se internaba, se perdía en aquél camino y era imposible hacerle escuchar. Parecía enjaulado, encerrado tras un muro de sólido concreto. Milo lo arañaba, lo trepaba, lo golpeaba hasta sangrar, y sin embargo, no lograba hacerle un orificio…

Escorpio tamborileó los dedos sobre el brazo carmesí del sillón, en tanto fijaba la vista en el techo, en las paredes, en las nuevas sábanas que el galo colocó esa mañana… ¡nada logró distraerlo! Indudablemente estaba de mal humor, y sabía que si Camus entraba por esa puerta no intentaría hacer las paces con él porque simplemente estaba cansado de buscarlo.

En los últimos minutos Acuario no regresó a la habitación, y Milo se convenció que esta no vez no podía ir tras él. Otra emanación procedió de sus labios, y entonces decidió que no debía continuar ahí. Su templo, aún indispuesto, tampoco le iba a servir como refugio...

-"Aioria…"- Murmuró, antes de ponerse de pie.

Por lo menos podría ir a hablar con el felino, tal vez rogarle para que lo dejara quedarse con él… ¿Y luego? ¿Qué pasaría si Camus y él continuaban enojados de por vida…?

¿Acaso jamás tendría la oportunidad de confesar el delito que cometió al enamorarse de él?

o.o.o.o.o

El mayor rasgo de superioridad en un ser humano es la bondad.

-"¡Buenos días!"- Saludó el español con una amplía sonrisa. Aioros lo miró sorprendido: vagamente recordó a un niño de ocho años realizando la misma maniobra matutina, quince años antes.

-"¿Y a ti que mosca te picó?"- Luego tuvo una interesante frase en mente que prefirió no decir; algo así como 'qué león te mordió'…

-"Pasaba por aquí y decidí saber si estabas…"- Omitió el 'bien' para referirse a su estado de ánimo. Pronto cambio el curso de sus ideas. –"… muy atareado, con la fiesta y eso… ya sabes…"- El castaño sonrió y le mostró una tira extendida de papeles de colores.

-"Una parte de mi se queja porque no creo que esto sea digno de un caballero dorado, la otra me repite que yo soy el buen Sagitario."- Se rió. Shura entendió que no lo había dicho por presunción, más bien para burlarse de sí mismo. Se acomodó junto a la mesa, y apoyando el rostro sobre la mano que descansaba en esta, le dirigió una mirada con algo así como deseo.

-"Eres el hombre perfecto, Aioros. Resígnate."- Él ni siquiera se incómodo.

-"Es verdad. Tal vez mi problema es que soy demasiado bueno…"

-"Saga…"- Pensó el peninsular al instante. Aunque él no lo dijera, ese nombre escondía todos los secretos y motivos detrás de esa frase. Su malestar, su tristeza, su disgusto para consigo mismo, pero, sobre todo, su propia burla. Rápidamente ideó como cambiar de tema.

-"Por cierto, quería hablar contigo de algo importante."- ¡Claro! Deshaciendo el tema del gemelo con algo que le daría un paseo gratis al inframundo con una flecha dorada.

-"¡Hum! Me muero por saberlo."- Sonrió amablemente y se hizo el tonto, a pesar de saber cual era el tema en cuestión. –"¿De que se trata?"- Shura abrió la boca, pero justo en ese momento se le produjo un vacío en el estómago que le quitó el habla, incluso sintió que no podía mirarlo de frente. Aioros, que lo conocía tan bien como a cada ladrillo de su templo, se dio cuenta de ello, e hizo como que buscaba entre las repisas otras tijeras. No dijo nada, y el español tuvo que reunir de nuevo todo el valor que lo impulso a aquél templo.

-"Pues…"- Rodeó el obstáculo. –"me estaba preguntando si a ti te molestaría que yo saliera con alguien más…"- El que Sagitario comenzara a reírse sólo provocó que se sonrojara y que volviera a esconder la mirada. Shura en vez de cabra montés, ahora parecía una tortuga marina.

-"Lo siento, sé que no debí reírme, pero es que ¿no crees que esa pregunta llega trece años tarde?... Es decir, no creo que te hayas mantenido virginal todo este tiempo."

-"Yo…"- Ni siquiera supo que responder. Aioros era el único caballero que podía hacerle sentir ridículo. –"¡De todos modos no lo dije por eso!"- Trató de parecer más… ¿Maduro, varonil? Pero el rubor en sus mejillas sólo provocaba que su amigo riera con mayores ganas. –"¿¡Quieres escucharme!"- El otro asintió, pero no pudo parar. La idea seguía resultándole mortal, como para morir de risa por eso. Conocía a Shura y el considerarlo bajo ese concepto de pureza y castidad… bueno, simplemente su imaginación no daba para tales estándares.

Un poco más calmado se sentó en la mesa, a un lado de su amigo.

-"Perdóname. ¿Quieres continuar, o deseas que te de mi bendición de una vez?"- Aunque eso facilitara las cosas, tarde o temprano tendría que decírselo. Por ética, por amistad, por códigos de confianza o lo que fuese.

-"Sigo…"- Carraspeó después de hacer algo así como un puchero. –"Yo… Me refería a tener algo más serio con cierta persona…"

-"Serio…"- Pareció digerir esa palabra. –"¿No ha habido nada así desde mi?"

-"La verdad es que… creía que no. Al principio me sentía comprometido a estar a su lado por… muchas razones… El paso del tiempo me hizo ver la realidad. Durante estos años sólo me había estado engañando con pretextos y estupideces, pero yo realmente lo quiero."

-"¿Y él?"

-"Digamos que no me odia."

-"¿Sólo eso?"

-"Ehm… El sentimiento no es compartido."

-"¿No?"

-"No."

-"¿Entonces?"

-"No sé."- Se alzó de hombros.

-"Déjame ver si entendí. ¿Tú quieres ir detrás de alguien que no sabes si te quiere?"

-"Sé que no me odia. Eso ya es algo, ¿no?"

-"Shura…"- A pesar de esa mirada severa, Capricornio no se acobardó: Tragó aire y por fin se decidió.

-"Aioros, a mí realmente me interesa tu hermano, y creo no me importa jugármela porque sé que la persona a la que quiere no le interesa. Sé que es absurdo, pero estoy seguro que él terminará dándose cuenta que…"

-"¿Qué te quiere?"- Se deprimió. A Shura le pareció que sin querer lo había ofendido, pero no fue eso, sino el recuerdo de su propia situación lo que terminó por aflorar su real estado de animo.

-"Aioros…"

-"Me da gusto que mi hermano tenga a alguien como tú, pero… siento pena por ti."

-"No me lo digas así…"

-"¿Sabes que es lo más gracioso? Que yo ya sabía de tus sucias intensiones con mi dulce hermanito. Así es, tengo conocimiento de todas, TODAS tus perversiones…"

-"¿¡Qué? ¡Yo no hice nada!"- Aioros volvió a burlarse de él. Shura no supo si comenzar a correr o esperar a que sacara el arco. Sagitario se calmó.

-"Escucha. No te digo que no luches por lo que quieres porque eso seria ir en contra de todo lo que te enseñé en el pasado, pero debes saber que siempre habrá una batalla que no puedes ganar. Sé que lo sabes por experiencia propia contra el caballero de dragón, pero… debo confesarte que yo conozco los sentimientos de mi hermano mejor que él mismo."

-"¿Te importaría ser más especifico?"

-"Sus sentimientos, él no los ha notado, pero estoy seguro de que son intensos. Es demasiado orgulloso para aceptar que está en un error, y darse cuenta o hacerse a la idea de que ese odio que le inspiraste en el pasado terminó volviéndose innegable pasión, no le será fácil…"

-"No quiero hablar de… 'eso' contigo… Es demasiado bochornoso."- Aioros volvió a reír. Ya comenzaba a entender porque eran tan buenos amigos…

-"De acuerdo. No tocaré esa fibra sensible. Sólo te diré que yo sabía lo de ustedes por la forma en que Aioria hablaba de ti. Él por supuesto que no me contó nada, pero es obvio cuando están juntos y cuando se miran. Yo que los conozco de toda… mi vida lo puedo decir. No sé quien sea esa otra persona en el corazón de mi hermano, pero apuesto mis catorce años de vida a que no lo quiere tanto como a ti."

-"¿No se supone que no deberías decirme esto?"

-"Soy demasiado bueno, ¿lo olvidas? Por cierto, no veníamos a verme a mí ¿o sí?"

-"Lo planeé, si… pero Aioria y yo iremos a almorzar al pueblo, y si volvíamos no quería que pasara nada sin que lo supieras."

-"El hecho de que lo sepa y de que pueda aconsejarte no quiere decir que me guste saber con lujo de detalles sus intimidades…"

-"No quise decir…"

-"pero, ¿sabes? Hay una serie de posiciones sexuales que podrían revelarte que tanto le importas…"

-"¡Aioros!"

o.o.o.o.o

(Ningún hombre conoce lo malo que es hasta que no ha tratado de esforzarse por ser bueno. Sólo podrás conocer la fuerza de un viento tratando de caminar contra él, no dejándote llevar…)

-"¿No es extraño que aún no venga a buscarme? Hice exactamente lo que planeé, y él, tan inseguro, tan elegante, tan fuerte, tan perfecto y al mismo tiempo tan inseguro… no ha venido a darme pie de guerra. Creí que me amaba… No, estoy seguro que lo hace. Para él no hay, y no puede existir nadie más importante que yo."

Durante días bajo una corteza de serenidad y paciencia, eso era lo que Saga de Géminis venía pensando.

A veces creía que la única razón por la que Camus no bajaba a su templo era debido a la presión y a los chantajes de Milo, y aunque la mayor parte de las veces estaba seguro que no se equivocaba, al ver la actitud pálida y opaca con la que su hermano se confinaba tras aquella puerta de madera, sólo confirmaba que Milo había ganado la batalla.

Apretó los puños, y con ellos los dientes,

Siempre supo que desear el bienestar de la persona amada debería ser una prioridad en la vida de cualquiera.

La libertad de no sólo amar, si no de escoger debería estar bien para cualquiera cuyo sentimiento fuera su motor de vida, y no obstante a su principio, decidía pelear y seguir esforzándose: Darlo todo por esa persona, ese era su nuevo concepto. Ojala lo hubiese sabido antes… pero aún era tiempo para recuperarlo.

Tenía que hablar con él a toda costa, sin importar los hechos, pero debía encontrar la oportunidad de hacerlo sin que Milo se enterara. Definitivamente no podían pelearse delante de Camus. Los resultados serían terribles. Si volviera a atacarlo, a perder el control, no se lo perdonaría. Si sus instintos asesinos retornaban y acuario se interponía en la pelea una vez más… las consecuencias podrían ser destructivas. Se obsesionaría, dejaría otra vez sus puros sentimientos por el acuariano enterrados por la pala de ese lado oscuro que lo hacia sonreír cuando enfrentaba la ambición y la muerte.

Tendría que jugar su última carta y apelar con ella al buen conocimiento que tenía de Camus. Si aún mantenía aquellas cualidades de su infancia podría resultar fácilmente manipulable…

Sonrió despacio.

Ganar la guerra resultaría sencillo.

o.o.o.o.o

(Ama hasta que te duela. Si te duele es buena señal...…)

Por alguna razón, Milo sentía que sobraba en aquella conversación. Todo había pasado del tema del desayuno, a una acalorada charla sobre… ¿de qué era exactamente lo que estaban hablando Shura y Aioria? No lo hacían en otro idioma, y aún así, él se perdía veinticuatro de veinticinco palabras…

-"Y eso fue exactamente lo que pasó."- Concluyó la discusión Aioria cruzándose de brazos. Shura se quedó boquiabierto.

-"Como que le omitiste detalles, ¿no te parece?"- Leo se sonrojó. Miró disimuladamente a Milo, pero este ni siquiera lo notó porque estaba 'pateando el aire' mientras balanceaba una de sus piernas.

-"¿Cómo podría? Además, si pasaron cosas detrás de mi cabeza siento decirte que no tengo ojos ahí."- El otro griego se rió.

-"Eso sería muy extraño, ¿no crees? Serías un gato con sietes vidas, cero colas y cuatro ojos."- El modo en que el castaño reaccionó hizo enfurecer a capricornio.

-"¡Da igual!"- Exclamó como para disolver sus celos. –"En la vida hay prioridades y tú deberías aprender a saber cuales son las tuyas."- Milo dejó de reírse. Ya le parecía que aquello era demasiado personal y que esas palabras realmente eran una invitación para retirarse. Hizo un movimiento como de levantarse, pero Leo hizo algo que no hubiera esperado ni siquiera cuando lo molestaba con provocaciones sexuales: apoyó la mano sobre la suya y enseguida la apretó como si fuera la de un amante.

No entendió nada de la escena, incluso pensó que su amigo estaba jugando, pero cuando vio asentir a Shura y luego posar sus ojos en él creyó que iba a golpearlo.

-"¡Ahh!"- Lanzó una exclamación, como si fuera a decir algo sin saber realmente que…

-"¿Por qué no se lo dices de una vez? Yo quiero saber cual es la prioridad de Milo"- Shura no estaba molesto, pero definitivamente su tirada era provocar a Aioria. Leo cerró los ojos, pero no lo soltó. Escorpio se sintió nervioso.

-"¿Qué está pasando aquí?"- Inquirió, revelando su estado emocional y mirándolos de hito en hito.

-"¿No te has enterado?"- Preguntó Capricornio con una sonrisa poco usual, una que daba miedo… El peliazul decidió que tenía que liberarse del contacto de su amigo, o terminaría siendo cortando en mitades, aunque luego pensó que realmente no importaba, no tendría porque haber problemas por algo como eso, después de todo, Milo no tenía ningún interés pasional en Aioria y Shura lo sabía… ¿cierto? Porque esa sonrisita le decía TODO lo contrario…

-"… eh… Siento que me he perdido la conversación entera."- Se rió mientras quitaba su mano del sillón y decidía acomodarse la cabellera.

-"¿Y, entonces, Aioria…?"

-"¿Entonces qué, Shura?"

-"¿Estamos jugando algo?"- Inquirió el escorpión cada vez más nervioso.

-"Nada… Bueno, tal vez podríamos… ¿Te gustan los tríos, Milo?"

-"¿¡Qué?"- A Aioria se le subieron los colores al rostro.

-"¿Un trío?"- Soltó una carcajada. –"¿Shura, alguien ha estado pervirtiéndote? Porque voy a comenzar a creer en todo lo que Mu solía decirnos sobre ti cuando éramos niños. Es una pena que él si haya madurado."- Volvió a reírse, solo. Capricornio fue el único en sonreírle, porque Aioria estaba serio.

-"¿Crees que yo necesito que alguien me meta ideas en la cabeza?"

-"Acéptalo, has estado hablando con alguien antes que nosotros y te metió esas ideas."

-"Para nada, Milo. Sólo hablé un par de cosas con Aioros antes de venir para acá. Le conté una graciosa historia."- Miró de soslayo al león, quien entendió perfectamente aquella analogía.

-"¿Hablaste con mi hermano?"

-"¡Claro! Yo no estoy jugando. Realmente me tomo esto muy enserio."- La mirada de ambos ex amantes se cruzó, se mantuvo fija. El peliazul volvió a sentirse ajeno a la charla. Hizo el ademán de ponerse de pie.

-"¿Saben? Creo que alguien sobra en esta…"

-"No te vayas Milo, Aioria tiene algo que decirte."

-"¿Tengo?"

-"¿De qué se trata?"

-"Obviamente no escuchaste lo que dijimos antes."

-"Lo siento, estaba pensando en…"- 'Camus', pero no lo dijo. Leo exhaló. No es que quisiera obedecer a Shura, pero si algo aprendió durante aquella charla, es que un cofre abierto vale más que mil tumbas cerradas –o algo así-.

Armando de valor empleó la lanza de la honestidad.

-"Eran dos cachorros solitarios que crecieron juntos, y mientras más pasaba el tiempo, más unidos se volvían… Es decir, sólo estaban ellos… Bueno, habían más personas alrededor, pero nadie que los entendiera o que calificara para pertenecer a su círculo de amistad."- Shura se levanto discretamente y se retiró. Ninguno de los dos amigos lo notó. –"¿Me sigues?

-"… Eso creo… ¿Por qué me dices esto?"- Leo suspiró.

-"Porque eres mi amigo, eres el único que ha cuidado de mí. En el relato, uno de los cachorros prometió cuidar al otro sin importar nada… como a un hermano -talvez-… hasta que él…"- Hizo una pausa. La sangre corría lentamente por sus venas. Temió que el corazón se detuviera…

-"¿Murió?"

-"No, no murió. Se enamoró del otro cachorro…"

-"Es normal que esas cosas pasen cuando eres tan unido a esa persona, y sé que tienes tus problemas con Shura, a mí me molesta porque sé cuanto te duele, pero estoy seguro que ustedes…"-

-"No."- Meneó la cabeza, y decidió que ese era el momento de soltar la bomba. -"Estoy enamorado de ti…"

-"…"

-"La historia de los cachorros es por nosotros… ¿No te diste cuenta?"- Milo trató de asimilar aquellas palabras, y de reaccionar del modo más correcto posible por su amistad, y por su seguridad corporal… Las palabras suaves serían un calmante, pero no una solución.

-"Lo siento. Es que tus problemas casi siempre son por Shura, así que… jamás me hubiera sentido… aludido."

-"Olvídalo. Hice hasta lo imposible para que no lo notarás…"- Pero la cabra insistió tanto en que le dijera de una vez por todas a Milo en como se sentía, que terminó por reventar. Ahora sentía mucho dolor, pero también alivio.

-"Gracias."

-"¿Por qué?"

-"Sólo gracias, gato. Gracias por quererme."

-"No es eso lo que esperaba…"- Murmuró, rasguñando el sillón.

-"¿Qué quieres que diga?"

-"¿Qué crees tú que quiero?"- Lo que deseaba no podía ofrecerlo.

-"Gracias, es un honor ser amado por alguien como tú…"

-"Tu amabilidad me está irritando."

-"Lo siento, es que yo no quiero herirte, pero… es que… tengo todo de mí ocupado por 'él'.No puedo pensar o sentir otra cosa, y lo único que quiero hacer las veinticuatro horas del día por el resto de mi vida es estar a su lado. No me importa nada más… Perdóname."- Nada mejor que la verdad, aunque quebrara un corazón esperanzado. Lo entendía, pero aún así, no podía evitar la recriminación…

-"Si tanto quieres estar con él, ¿por qué viniste?"

-"Peleamos. Necesitaba sentirme a salvo…"- 'Asalvo'. En la historia de los cachorros ese sentimiento de tranquilidad era lo que nos unía. Tal vez no era el factor que detonaba el amor del uno hacia el otro, pero la definición, lo que Aioria entendía con ello bastaba para hacerlo sentir mejor. Se cruzó de brazos y frunció los labios.

-"No creo que haya un día en lo que no lo hayan hecho. ¿A qué viene la exageración?"

-"No lo sé. Esta vez nos gritamos… Creo que todo se terminó. Claro, si es que hubiera algo que terminar."- Milo estaba triste… preocupado. Leo tenía que ejercer correctamente su papel de amigo si no quería perderlo.

-"¿Por qué fue el problema?"

-"Ya te dije que no lo sé. Imagino que odia que lo toque."

-"Seguramente quisiste aprovecharte de él."- Escorpio se indignó.

-"¡Cómo crees! ¡Yo sería incapaz!"- Leo pretendió darle el avión.

-"Claro, claro… De cualquier forma, no creo que odie que lo toques, únicamente digamos que le cuesta trabajo aceptarlo. A veces es difícil aceptar cuando nos equivocamos."

-"Aioria, tú sabes porque estamos juntos.

-"¡Y vaya que lo sé! Pero su acuerdo no es una razón valida para no sentir cosas el uno por el otro. Si Camus está molesto contigo creo que es tu culpa."

-"¿Antes era 'Acuario' y ahora es 'Camus'…? ¿De donde salió tanto amor y afinidad por mi novio póstumo? ¡Qué conveniente!"

-"Sigo pensando que es tu culpa."

-"¿Por qué mía?"

-"Porque te conozco. Sabes que pones nerviosa a la gente y te aprovechas."

-"No es mi culpa ser el favorito de Zeus."- Se encogió de hombros. –"Suele ser divertido."- Aioria le jaló la mejilla.

-"¿Lo es ahora?"

-"No."- Leo lo soltó. Por inercia se llevó la mano a la cara. –"¿Entonces qué? ¿Le pido disculpas?"

-"Jamás dije que te humillaras. Entiéndelo, es todo. Si lo haces, tal vez su relación llegue más lejos de lo que tu mismo te imaginas. Ya sabes lo que dicen: los santurrones son los más fieros en la cama."

-"¿Estás de su parte porque no acepto tus sentimientos?"

-"¡Claro que no! Es que yo he estado en su situación…"– El no querer que esa persona te toque, el resistirte, el negarte a sentir esa lluvia de emociones que se convierten en una explosión interna de sangre y hormonas. Los químicos fluyen, condensándose y combinándose. Sentir la necesidad de escapar, pero a la vez, el despertar de ese deseo desenfrenado y aferrarte con todas tus fuerzas a un momento que añoras no termine jamás.

-"Seguiré tu consejo."- ¿Aún podían ser amigos?

-"No me lo digas y hazlo."- Se cruzó de brazos. Volvía a sentir esa punzada en el pecho. Trató de calmarse.

-"¿Por qué crees que Shura insistió tanto en que habláramos?"- La verdad es que Aioria no lo había pensando, pero al escuchar ese nombre sólo sintió una cabriola en la vesícula biliar.

-"Pregúntale."- Se encogió de hombros. –"Talvezqueríaquemelastimaras…"- Pensó.

-"Sólo me interesa ahora hacer las paces con Camus, nada más."- Hubo un momento de silencio, como si alguien hubiera muerto… Milo se levantó, apoyó la mano en su hombro y sonrió. –"¿Quedamos para cenar? Le pediré permiso a mi carcelero (acuariano)para invitarte algo en el pueblo. ¿Te animas?"- Leo asintió.

-"Sólo espero que no sea una de esas invitaciones donde yo tengo que pagar lo que consumo."- Milo se rió.

-"Que no, gato. Yo te invito. Pasaré por ti después de las siete."

-"Hasta la noche, entonces."- Escorpio se despidió con un gesto de mano y se alejó por el pasillo. Aioria no se atrevió a verlo desaparecer. Sentía aún el dolor del rechazo, pero no sólo eso, sino también la presencia de Shura del otro lado del templo, que lo llamaba sin hacerlo.

Apretó los puños junto a las piernas, se paró de un brinco y caminó hasta el otro lado del recinto, planeando todas las cosas que le diría cuando estuvieran frente a frente, comenzando por esa estúpida manía suya de ponerlo de malas con el sólo hecho de existir…

El español se encontraba sentado al pie del primer escalón, con la cara vuelta hacia el templo de cáncer, pero sin mirar otra cosa que la parvada de aves que pasaban arriba del cielo griego. Escuchó los pasos del furioso león acercarse tras él, y sin embargo, no realizó el más leve movimiento para quitarse. Aioria llegó hasta él, y siendo prácticamente ignorado no pudo ni siquiera pegarle como había planeado: los golpes a traición no son típicos de un fuerte y orgulloso león. Se cruzó de brazos, frunció los labios y ladeó la cara. Sus dedos golpearon contra la piel del brazo.

-"¿Estás feliz?"- Inquirió, tratando de escupir la bilis con cada silaba. Shura guardó silencio. –"¡Ja! ¿Ahora no me hablas…?"

-"Que te rompan el corazón no es motivo para hacer una fiesta."- Dijo por fin, antes de que el león comenzara un alegato.

-"Eso no responde mi pregunta, Shura."- El nombrado se levantó, pero no le dio la cara.

-"No."- El castaño se sorprendió. Un 'si' hubiera vuelto más sencillo el cumplir su deseo de golpearlo. Tragó saliva. Quería preguntarle muchas cosas, pero tampoco se atrevía a hablar porque la punzada en el pecho había subido hasta la garganta y le bloqueaba la respiración. Creyó que el español le preguntaría cuál fue la respuesta de Milo, pero ya la conocía aún sin oírsela. Agradeció no tener que darle detalles, porque entonces no habría soportado y en vez de ponerse a llorar habría matado a golpes al pelinegro. –"¿Vamos a desayunar ahora?"

-"¿Qué te hace pensar que quiero ir contigo a alguna parte?"- Shura viró sobre su hombro solamente para dirigirle una mirada que lo hizo enrojecer. Aioria tragó, pero no se acobardó: mantuvo el contacto esmeralda contra las pupilas cárdenas del otro cuando este volteó completamente. –"Te lo dije claramente anoche: la única razón por la que no estamos juntos…"

-"Eres tú."- Completó la frase con una sonrisa. –"Lo sé. Es porque tú me odias, porque no puedes confiar en mí. Si no tenemos nada serio entonces no tienes ningún tipo de problema, pero una vez que trato de cruzar la línea te entregas a tus miedos. Como no te conté lo de Aioros, como me negué a estar contigo cuando no podías ganarte la armadura de leo, piensas que volveré a repetir mis errores, y te ensañas en querer algo con quien no te ama."

-"Fuiste el novio de mi hermano, y luego su asesino. Me recogiste por lástima…"

-"Y por lástima me acosté contigo infinidad de veces y en todas te repetía la misma palabra: te quiero. Te quiero, Aioria."

-"¡Cállate ya, Shura!"- Huyó por fin, colocándose las manos sobre las orejas y dando la vuelta. Capricornio lo siguió de cerca, demasiado cerca…

Se inclinó de tal suerte que sus labios casi rozaron el lóbulo griego…

-"¿Recuerdas como te molestaba que Aioros y yo estuviéramos tanto tiempo juntos?"- Suspiró, prácticamente ronroneó –"¿De quién era la mano que sostenías para separarnos?"- El otro no respondió. -"¿Quieres que refresque tu memoria?"

-"No lo necesito…"

-"Yo creo que sí."- Asió su brazo con fuerza, de forma dominante para que el león supiera que por fin había sido cazado y vencido; lo giró, lo acorraló contra su cuerpo y después… al no dejarle forma de escapar, y sin una palabra más, simplemente lo besó.

o.o.o.o.o

- (El primer suspiro del amor es el último de la cordura...)

Con los labios ansió su presencia en una emanación, y al hacerlo, se dio cuenta que no tuvo tiempo de modular la intensidad ni de controlar el sentimiento que lo acompañaba. Se cubrió la boca con los dedos, frunció el ceño, y lanzó una maldición mental.

Resultaba más que obvio que ya no podía con el asunto. En cualquier momento iba a reventar. Siempre que se trataba de Milo algo en su cuerpo dejaba de funcionar y terminaba perdiendo el juicio y el control sobre sí mismo.

Trató de calmarse, pero aún estaba molesto. No es que fuera completamente culpa suya, pero tampoco podía fingir demencia.

En cuanto lo vio pasar sin el menor gesto de despedida supo que las cosas entre ellos estaban realmente mal. Tal vez la única solución a su problema era separarse definitivamente. Terminar con el acuerdo antes de que este terminara con ellos, tomar sus propios caminos y dejar que todo fluyera como antes de su relación en la plena indiferencia mutua.

Dolorosa decisión…

Tragó aire, lo sacó, volvió a tomar otro poco y de nuevo lo liberó. Quiso llenar sus pulmones de suficiente oxígeno, antes de quedar recostado en la mesa con la cara sobre la madera y los ojos ligeramente abiertos.

Falleció… Se declaró oficialmente ahí muerto.

No pasó mucho tiempo antes de que el hambre se hiciera presente en sus intestinos con un gruñido: no habían desayunado, y es la noche anterior quedaron en bajar por provisiones, pero después de la lucha campal en la alcoba, prácticamente se le olvidó.

Se levantó y decidió que cortaría las últimas frutas que quedaban en la canastilla. Un desayuno simple y práctico debería ser lo correcto antes de comenzar el día –aunque desde que este arrancó ya hubiesen transcurrido más de cinco horas-.

Así, mientras ponía en marcha su último plan fraguado, la mente se le llenó de celos e ideas: Comenzó a pensar que si todo ya estaba dicho entre ellos, entonces Milo había corrido a decirle a Kanon que oficialmente ya estaba disponible, y que por consiguiente, podían ir juntos a la dichosa fiesta… Tomó el cuchillo con fuerza y comenzó a picar más rápido, descargando su frustración, su molestia y las ganas de matar al dragón marino con él… Fue un milagro que la tabla de picar y la mesa no claudicaran ante su fuerza, pues entre más ideas al respecto le llegaban, más pronto corría el riesgo de rebanarse uno de sus dedos.

De pronto, se levantó de súbito en cuanto sintió la presencia del escorpión llegando nuevamente al templo (y fue una suerte que estuviera ya acomodando la fruta o enserio, esta vez, habría perdido una extremidad). Sus labios enseguida pronunciaron un gesto de alivio, pero el resto del cuerpo se tensó, y la molestia creció en cuanto creyó que seguramente vendría por sus cosas… Evitó mirar hacia la entrada poniéndose de espaldas y haciendo como que seguía acomodando las frutas y recogiendo en otro refractario los residuos.

Y lejos de lo que el dueño del templo creyó, Milo se dirigió hacia donde estaba él, y se quedó parado bajo el marco de la puerta una vez que lo encontró en la cocina.

Camus no pudo voltear. No iba a resistir mirarlo a los ojos, porque entonces… perdería el control y volvería a gritarle cuanta cosa le viviera a la cabeza…

Milo se quedó dónde estaba. Notó que sus orejas estaban rojas y concluyó que el acuariano seguía de mal humor. Abrió la boca para preguntarle algo, pero pensó que el hablar únicamente le daría forma a esa pared de hielo entre los dos.

-"¿Me invitas a desayunar?"- Preguntó despacio, en un tono bajo. El onceavo guardián tembló de pies a cabeza. Rápidamente la molestia se disolvió con las aceleradas palpitaciones de su corazón.

-"Es para los dos…"- Señaló el platón. Milo se acercó al sentir que la fricción poco a poco aminoraba. A cuentagotas, pero al menos ya se respiraba con normalidad. Sus ojos azules rápidamente captaron los colores vívidos de las frutas. Sonrió ampliamente mientras se inclinaba un poco más para mirarla de cerca.

-"¡Me encanta como cortas las fresas!"- Exclamó, casi con la tentación de tomarlas entre sus dedos para admirarlas un poco más de cerca. –"No, a decir verdad, me gusta que seas tan elegante. A todo lo que haces siempre le impregnas un poco de tu toque personal."- Viró suavemente sobre su hombro para encarar al halagado, sonriendo tan ampliamente, que Camus no lo toleró y se dio media vuelta para correr por un par de platos mientras trataba de calmarse y esconder a toda costa, el pronunciado carmín en toda su cara.

Escorpio debió notarlo, porque no se ofendió, incluso, tranquilamente jaló una silla y se sentó a un costado de la mesa, mientras oía la voz de Aioria en su cabeza reprendiéndolo por poner siempre nervioso al galo.

-"Soy el favorito de Zeus…"- Se respondió mentalmente. –"… pero eso no me da derecho a molestarlo, yo sólo le muestro mis sentimientos… aunque él no los entienda ni los acepte…"

Cuando el aguador estuvo de regreso con los platos ya lucía más calmado, incluso se veía… ¿feliz? Quizá estaba contento por ese halago y porque Milo notaba fácilmente cualquier cosa que tuviera que ver con él, como su disgusto por lo dulce, su romance con el silencio, y su elegancia y empeño al realizar cada una de sus cosas (aunque lo anterior lo hubiese hecho con odio y frustración.)

Camus se acomodó frente a Milo y sirvió el desayuno, acompañado por un vaso de vino –del que tenía menos cantidad de alcohol para que Acuario no repitiera su borrachera, según el octavo custodio-. Ambos comieron sin mirarse, pero estaban sumergidos en sus propias ideas.

Escorpio miraba sus frutas cortadas, a la vez que posaba sus ojos discretamente en su acompañante. Acuario hacia como que no se daba cuenta, pero lo cierto era que el sabor de las dulces fresas recién cortadas, cambiaba cada vez que degustaba una. Ya no las consumía con el mismo placer de antes, ahora contenían una mezcla de nerviosismo y distracción…

Ahora entendía lo que la gente llamaba 'incómodo silencio'. Cuando una persona te gusta este se vuelve peor, por eso la gente en las citas suele hablar de las cosas que le gustan o de las cosas que odia, para llegar a conocerse mejor, pero dos personas que vivían juntas desde hace… tiempo ya, y cuya situación no era tan fácil como simplemente decir 'te amo', sobraban las palabras innecesarias que produjeran una tercera guerra mundial.

Concluyó que debía decir algo. Lo que fuera debería estar bien…

-"Se acabó el tiempo."- Declaró el griego, ganándole la idea de hablar. El galo arqueó una ceja.

-"¿Qué? Aún no termino mi desayuno."

-"No me refiero a eso…"

-"Además, en las reglas de la casa jamás establecimos un tiempo determinado para consumir los alimentos."

-"Quiero decir que ya no hay más tiempo para que decidas, Camus. He decidido tomar tu silencio como respuesta a mi petición."

-"Ah…"- Sintió un cólico nervioso.

-"Voy al templo de Afrodita y espero que cuando vuelva hayas terminado tu desayuno."- Se levantó y sin decir palabra, como si portara la armadura dorada, emprendió la marcha como el hombre orgulloso y fuerte que era. Las pupilas galas no pudieron desprenderse de él hasta que no salió de su campo visual. Meneó la cabeza para quitarse la imagen.

-"¿Qué va con Afrodita? ¿Qué espera haya terminado…? ¡¿Pero qué le pasa? ¿Cómo se atreve a ordenarme?"- Se cruzó de brazos mientras pasaba la pierna izquierda sobre la derecha y decidía que por ningún motivo terminaría de desayunar…

o.o.o.o.o

- (El amor es como la sed: una gota lo aumenta…)

¿Estaba dormido? Tenía los ojos cerrados, pero aun así fue consiente del ruido que la puerta hizo cuando se abrió, y de la forma en que la suela de las botas golpeó contra la madera del suelo. Jaló un poco más la cobija para cubrirse por completo la cabeza, como diciendo 'no me molestes', y sin embargo, aquél personaje se sentó en el colchón mientras dejaba lo que sonaba como a una taza de porcelana en el buró.

Hyoga supo que le hablaría, pero también creyó que si cerraba los ojos lo suficientemente fuerte y comenzaba a contar cisnes, su voz se perdería en alguna parte del limbo y conseguiría arrullarse.

-"Te traje chocolate caliente."- Su voz fuerte, varonil y al mismo tiempo bañada por ese dulce acento lo hizo sentir un brinco en el vientre.

-"Lo beberé después…"- Respondió 'medio dormido', abriendo los ojos bajo la oscuridad de las mantas.

-"Ahora está caliente. Si lo dejas…"

-"Me lo beberé después."- Repitió, en un tono un poco más cansado. El otro tomó las cobijas y se las retiró un poco sólo para dejar al descubierto la piel de su frente: un beso cálido fue lo que dejó en ella. El cisne sintió que la sangre se coagulaba en toda su cara… -"Me tratas como niño…"- Por respuesta recibió una carcajada.

-"No actúes como uno entonces."

-"Yo no actúo como niño."- Por fin se retiró las cobijas, mientras se sentaba en la cama y se mostraba ceñudo. Su acompañante no le respondió, pero por la sonrisa que se apropió de sus labios, y que Hyoga no pudo evitar notar, estaba muy divertido con la escena. –"¿A dónde fuiste?"

-"¿Enserio notaste que no estaba? Creí que después de lo que pasó anoche…"- El rubio se tapó los oídos mientras recitaba una frase que leyó un día en el avión: 'en caso de accidente conserve la calma'. –"Fui al pueblo a comprar provisiones y a enviar un mensaje a Grecia."- Hyoga sintió que toda la sangre se le drenaba del cuerpo.

-"¿Con qué propósito?"- El otro río.

-"Descuida. No fui a contarle a tu maestro maravilla nuestras travesuras."

-"¡Isaac!"

-"Trajeron una invitación para una fiesta en el santuario organizada por Athena, tu diosa, pero yo amablemente la rechacé."

-"¿Por qué hiciste algo tan grosero? Llevo semanas aquí perdido, seguramente estarán preocupados por mí."

-"Lo entiendo y lo aplaudo, pero seguramente tú entenderás que te quiero SÓLO para MÍ…"- Sus ojos verdes brillantes, su mirada insinuante, su sonrisa cálida. Hyoga sintió se le saldría el corazón por la boca si emitía alguna clase de respuesta. Ladeó la vista y se cruzó de brazos mientras levantaba suavemente los labios como emitiendo un puchero; y si Milo lo hubiera visto, habría jurado por su vida que era la misma imagen de Camus.

El peliverde se sentó a su lado en un espacio sobre la cama, con las piernas extendidas; posteriormente se estiró para tomar las tazas y le pasó una. Al principio el rubio no supo si tomarla, porque extrañamente tenía, lo que parecía, un volcán cubierto de nieve en la superficie.

-"¿Qué… qué es esto?"

-"Chocolate caliente. Lo aprendí a hacer en uno de mis viajes por los Alpes. Coronas la taza con un espiral de crema batida y un bombón. El bombón debe estar derretido, por cierto."- Hyoga volteó a verlo con mirada extraña, como si le dije 'estás loco', pero su acompañante lo ignoró. Bebió su chocolate sin importarle que en el proceso la nariz se le manchara de crema batida. Hyoga se rió cuando dejó la taza en su regazo.

-"Tienes…"

-"¿Qué cosa?"- El rubio estiró el dedo para retirarlo con su piel, pero algo en su cabeza hizo un ruido parecido a un clic y provocó que él mismo se acercara y que tirara del marino hacia si para retirar la crema con su lengua. Isaac levantó la cara y unió sus labios. Al principio, el cisne tuvo el impulso de retirarse, pero cuando el otro colocó la mano sobre la suya quieta en las mantas, y abrió la boca para pasarle un pedazo del bombón que traía dentro, no pudo resistirse: besarlo, superaba cualquier tipo de placer en vida…

o.o.o.o.o

- (Lo que hoy siente tu corazón, mañana lo entenderá tu cabeza...)

No podía simplemente tirarlo. Aunque estuviera de malas, aunque pensara que la única razón de llevarle la contraria era no terminando el desayunando, simplemente no podía tirar el poco coctel de frutas que aún le quedaba; no si estaba seguro que después lo inundaría un complejo de culpa que no podría quitarse hasta después de visitar el pueblo y alimentar mínimo a una persona por pedazo de fruta en la basura.

Volvió a acercarse plato y tomó el tenedor entre el dedo pulgar y el índice; el codo derecho descansó sobre la mesa, mientras las ideas revoloteaban sobre su cabeza y la cordura dentro fue suplida por la voz de Milo.

-"Me gusta que seas tan elegante. A todo lo que haces siempre le impregnas un poco de tu toque personal…"

Tomó una bocanada de aire que alimentó sus pulmones por efímeros momentos, pues enseguida fue lanzada como un largo suspiro. Sus pupilas se perdieron en la fresa recién cortada, no tanto como admirando su forma, color, o ese corte diagonal que no rozaban ni siquiera los puntos amarillos en su composición, parecía, más bien, mirar la boca de Milo moverse y repetir aquella oración.

-"Me gusta que seas tan elegante. A todo lo que haces siempre le impregnas un poco de tu toque personal…"

A penas la escuchó, el carmín en su rostro retomó camino, pero no fue lo único, el suspiro emergió tan intensamente que el corazón reaccionó con una convulsión que terminó por hacer reaccionar a Camus, quien se sintió ansioso, confundido, molesto… Sintió ganas de quitarse las ideas de la cabeza y encerrarlas en un cofre con todos los suspiros que delataban su enamoramiento, y terminar por ocultarla en un rincón remoto del mundo: como, por ejemplo, el lugar donde yacía la madre de Hyoga.

Cuando Milo pisó otra vez la entrada del recinto de Acuario, el dueño se levantó de un brinco y comenzó a recoger los platos para reanimarse y hacer como que no estaba distraído para evitar que él robara su atención otra vez…

En el momento que Escorpio llegó por fin a la cocina, Camus revisaba las repisas y organizaba de nuevo la lista de las provisiones que debían comprar.

-"Ya regresé."- Se anunció, aunque sabía que no tenía porque hacerlo. El francés asintió, pero tampoco lo miró. –"Traje lo necesario para enseñarte a bailar…"

-"¿Qué?"- Acuario por fin le concedió toda su atención, pero esta vez fue el griego quien lo ignoró mientras colocaba una extraña cajita sobre un estante. –"¿Qué haces?"

-"Poniendo la música…"- Efectivamente, cuando Milo le apretó un par de botones se escuchó una calmada melodía seguía por la voz suave de un hombre. Volteó hacia y él extendió la mano. –"Ven."

-"¡Claro que no!"

-"¿Por qué no?"

-"Por que yo no te he dicho que sí."- Frunció el ceño. Milo se le acercó.

-"Tampoco me has dicho que no…"- Colocó los dedos por debajo de su mentón, con la clara intención –y deseo- de besarlo. –"Dime que no quieres…"

-"No lo haré… No te haré más sencillas las cosas con tu lagartija esa…"

-"Esto no es por Kanon…"

-"¡AHH!"- El nombre fue como una patada al hígado. Se dio la vuelta, con toda la intensión de dejarlo hablando solo, pero Milo volvió a tomarle el brazo. –"¡Suéltame!"

-"¡Deja de comportarte como un niño! ¡Ya te dije que tomaré tu silencio como una respuesta, y si realmente te niegas, entonces aprenderás a bailar quieras o no!"

-"¿Ah, sí? ¿Y quién me va a obligar? Puedo congelarte la mano en caso de que no lo recuerdes"

-"¡Congélame la mano, los pies, lo que quieras acuario, pero ya te lo dije, tú irás como mi pareja!" – Camus ni siquiera pudo decirle que no, porque realmente si fuese a asistir a otra fiesta, lo haría como su novio y no como el de alguien más. Retiró su brazo, pero no se movió. -"También quiero dejarte en claro una cosa…"

-"¿Qué?"

-"Durante este tiempo te hago la promesa de no volver a hacer nada que te incomode, es decir… hasta no definir nuestra situación no volveré a tocarte. La principal razón por la que lo hice fue para enseñarte como debías hacerlo tú… y ahora que lo sabes, y que no tengo nada más que enseñarte, creo que ese tipo de actos sobrarán entre nosotros."- Sobre todo si no quería que otra vez volvieran a pelear.

-"¿Qué…? ¿Eso es… enserio?"

-"¿Ahora por qué te molestas?"

-"¡No estoy molesto!"

-"Creí que no tolerabas que te pusiera nervioso."

-"No me pones nervioso, ya te dije que tú no tienes ningún efecto sobre mis emociones."

-"Perfecto, entonces así quedamos."- De súbito, Camus le tomó la cara con las manos y le plantó un beso en la boca. Antes de que Milo pudiera responder, ya se había alejado sin saber que ese podría ser su último beso... –"¡¿Qué demonios?"

-"Eso, señor escorpión, fue una cucharada de su propio chocolate."

-"Buenos, si ya terminaste de jugar tal vez podamos pasar a nuestro asunto."- Colocó la grabadora y puso la música. –"Afrodita me dijo que pondrían mucho de esto. No sé si se sea lo indicado para una fiesta, pero es lo que a él y a Athena le gusta."- Camus se cruzó de brazos y rodó los ojos: definitivamente nadie lo haría bailar una canción que hablaba del cortejo entre un hombre y una mujer; aunque fuesen dos hombres, no podía ignorar el mensaje impregnado en la letra, y eso le molestaba…

Él no iba a bailar, y Milo no lo iba a obligar. No había nada el mundo que pudiera convertirse en los hilos que requiere una marioneta para moverse y que fueran lo único que podría producir dicho milagro. Ladeó la vista: ¿qué opinaba su 'novio' al respecto?

El escorpión simplemente estaba tratando de sentir la música. Estaba parado a un lado suyo con los pies un poco separados y las manos apretadas suavemente a la altura del pecho; tenía los ojos cerrados y tarareaba el ritmo de la canción mientras buscaba el compás adecuado para moverse. A Camus la visión lo hizo sentirse fascinado… Sus labios se despegaron, pero no pronunció el menor sonido.

-"Te quiero…"- Fue Milo quien pronunció aquellas palabras, y acuario sintió que el corazón se le aceleraba de golpe, pero la sangre que requería para funcionar había decidido coagularse y lastimar sus venas al convertirse en piedras.

-"¿Que-que-qu-e-eee?"- Sus piernas temblaron cual gelatina, y la sensación se disparó por todo el cuerpo cuando el griego viró suavemente sobre su hombro, sin sonreír, pero con la mirada seria…

-"Estaba cantando…"- Sonrió hipócrita al final. Camus quiso agarrar la mesa y rompérsela en la cabeza. El hielo en su cuerpo fue cambiado por el fuego. Dio un pisotón que cuarteó el piso, seguido por otro y un tercero más, en dirección a la salida. El octavo guardián asió su mano, como respuesta recibió un gruñido, como de un animal herido a punto de lanzarse sobre su cazador… -"Bailemos…"

-"¿Estás loco? ¡Ya te dije que…!"- De improvisto, Milo lo jaló contra su cuerpo, le puso el pie y de pronto, Camus cayó de espaldas contra su peso, sostenido de la cintura por el griego, quien pegó sus narices mientras sonreía ante la cara de espanto que el galo había puesto.

-"No te iba a dejar caer…"- El otro frunció el ceño. Sus mejillas seguían enrojecidas, pero era difícil definir si era vergüenza o ira… Con la mano que Milo no tenía cautiva a la altura de sus hombros, lo empujó por el pecho.

-"Déjame ir…"- El griego lo levantó, pero en vez de acatar su petición le dio una vuelta como si se tratara de una pirinola y volvió a atraerlo hacia así para comenzar a moverse por la cocina, alrededor de la mesa. –"Ya te dije que no quiero bailar contigo… ¿En qué idioma te lo digo?"- Continuaba repelando mientras el otro seguía tarareando al ritmo de la pista. Apretó los dientes, y luego pensó que si lo estaban tratando como un muñeco de tela, lo mejor que podía hacer era interpretar bien su papel: Colocó la mano libre en el hombro de Milo, y del mismo lado apoyó la cabeza, se quedó parado, puso flojo el cuerpo y de este modo prácticamente se desvaneció en sus brazos. Al principio su actuación dejó sin movimiento alguno al escorpión, pero al mismo tiempo le recordó aquellos momentos en que peleaban a muerte durante las clases de 'como ser un buen besador en tres lecciones'. Sonrió.

-"Si así lo quieres…"- Susurró cerca de su oído. Camus, mientras trataba de tragarse ese cosquilleo en su vientre, pensó que no había modo alguno en que Milo ganara aquella batalla; sin embargo, en cuanto volvió a hacerlo girar varias veces, terminó por arrepentirse. Su maniobra concluyó volviendo a la posición en que el galo quedaba de espaldas, como desmayado, en los brazos de su pareja de baile, pero esta vez, para hacer más dramático el asunto, la cabeza y el brazo galo colgaban inertes hasta rozar el suelo. –"Así sólo me haces más fáciles las cosas, Camus… Hay muchas cosas que puedo hacer contigo así…"- Su tono sólo provocaron que este levantara la cabeza en su dirección y que por poco le pegara –un beso hubiera estado demasiado lejos de suceder-. Escorpio ignoró su reacción y resbaló la mano por una de sus piernas, tomándola del muslo para levantarla y enredarla en su cintura. El galo quiso gritar, pero entendió que eso sólo era una provocación.

-"Estoy seguro que eso no es un paso de baile."

-"¿Tú cómo lo sabes? ¿Has bailado alguna vez?"

-"¡Claro!"

-"Con otra persona…"

-"¡Sí! He bailado antes contigo, ¿lo olvidas?"

-"¡Ah! Sí, pero este es un baile… caliente…"

-"Caliente o tibio, no creo que esta sea la forma, y por favor levántame de una vez que mi cabeza ya tiene suficiente sangre, gracias."- Milo comenzó a reírse mientras lo ayudaba a incorporarse, pero no lo soltó. –"¿Insistirás con esto?"

-"Recuerda que nada puede vencer la voluntad de un santo de Athena."- Le guiñó el ojo y volvió a moverse. Camus exhaló, pero decidió que ya no fingiría ser un trapo de tela, y que tal vez, sólo tal vez, podría hacer como que bailaba… Sin embargo, en el momento que lo decidía, el escorpión colocó ambas manos en su cadera y la empujó de un lado a otro para moverla.

-"¿Y ahora qué haces?"

-"Tienes que ponerle más sabor aunque sea música aburrida."

-"¡Vaya! Ya estamos de acuerdo en algo."- Rodó los ojos. Milo no se detuvo, y eso lo puso nervioso: tuvo que tomarle las manos –aunque no era necesario entrelazar sus dedos-. –"¡Détente ya!"

-"Estoy enseñándote a bailar."

-"Decidí que no quiero aprender, ¿no lo ves?"- El griego sonrió mientras entrecerraba los ojos. –"¿Qué?"- No respondió. –"¿A qué viene esa miradita?"

-"Creo que el señor perfección tiene miedo de no poder hacer algo tan simple como seguir el ritmo y compás de una canción."

-"¿Qué?"- No lo dijo enserio, solamente estaba buscando provocarlo; sin embargo, bastó la expresión del galo para que se cubriera la boca con la mano y modulara así, el volumen de su risa. –"¡Eso es mentira!"- Milo no se detuvo, incluso por cada modulación en Camus, su risa aumentaba. El aguador le golpeó en el brazo. –"¡Que no es por eso!... simplemente…"- Frunció los labios. Escorpio buscó serenidad, y cuando la obtuvo, volvió a tomarle la mano.

-"Soy un buen maestro, ¿recuerdas? Nunca te he fallado…"- Al mirarle a los ojos supo que era cierto, que eso no podía discutírselo mientras el nombre de cierto gemelo marino se le hubiese olvidado.

Asintió despacio. Bajó la vista para observar los pies del griego, pero este, con un toque sobre su mentón, le hizo regresar la mirada a sus ojos.

-"Siente la música y mis movimientos."

-"¿Y si tengo dos pies izquierdos?"

-"Déjame a mi preocuparme por eso."

-"¿Qué hacemos si te piso?"

-"Entonces yo procuraré evitar tus pies."- Involuntariamente suspiró y al mismo tiempo asintió.

o.o.o.o.o

- (Si debes luchar, hazlo, de lo contrario da por perdida la guerra.…)

Aunque al principio la melodía y la letra le resultaron tediosas, en aquél momento no podía dejar de cantar y tararear la misma estrofa, mientras doblaba y acomodaba la ropa en los cajones correspondientes.

-" Sin quererte amar me perdí y hasta hoy no he podido escapar… "- La pista ni siquiera estaba puesta porque Milo ya le había regresado a Afrodita su reproductor, sin embargo, tenía la música tatuada en alguna parte de su cerebro.

Ni siquiera notó la forma en que el tórax se le infló cuando tomó aire, ni el sentimiento que se generó en su pecho al verse mentalmente bailando con aquél dorado caballero.

Podría sonar cursi, pero sin el escorpión en el templo tenía todo el tiempo para fantasear.

De pronto, tuvo un viaje al pasado mientras le llegaba una extraña emoción: se veía a sí mismo guardando unos libros en el librero que Saga le hizo cuando era más pequeño, y que al estar de espaldas a la puerta, sintió un cosquilleo en la nunca seguido por un escalofrió que lo hizo voltear hacia atrás: El ex patriarca estaba parado en su puerta con una cálida sonrisa y una bolsa de manzanas rojas. Camus, en aquél pasado, no sabía de la oscuridad de su protector, pero ahora que lo conocía y que en ese presente la había probado, voltear y verlo parado ahí, en la puerta, lo hizo temblar.

-"Hola..."- Esa voz tranquila lo distrajo, lo hizo salir del mundo de preguntas sin respuesta al que se había confinado. Extrañamente revolotearon todas las células de su cuerpo, y al mismo instante, se aterró.

-"¿Qué haces aquí?"- Se puso a la defensiva. El mayor exhaló. Ya esperaba que Camus no lo recibiera con los brazos abiertos, pero esa forma de reaccionar… Si su corazón se quebró los últimos días, en aquellos momentos sólo se desprendían los fragmentos.

-"Necesitaba verte…"- Susurró a su ¿verdugo? ¿En eso se convirtió quien tantas veces lo salvó de la oscuridad? Acuario embozó una sonrisa que bien pudo pasar por burla.

-"Ya me habías visto, ¿te acuerdas?"- Él, mientras viera a Saga a los ojos no podría olvidarlo. –"Aquella tarde que te encontré con él… me viste, y aun así…"- ¿Qué esperaba, qué se detuviera? Sentía pena hasta de sí mismo por forjar tan absurdo pensamiento. El geminiano tragó saliva.

-"Estaba furioso. Milo es un buen hombre, y yo…"- El galo rodó los ojos. La misma historia acompañada por el sentimiento de 'odio' y rencor, anulaba todo rastro de aquel niño fiel y comprensivo hacia su mentor. Se cruzó de brazos.

-"Hay mejores líneas en la vida que sólo estar arrepentido."- Saga enmudeció. El menor exhaló, cansado. -"Mil veces te dije que no me importaban tus culpas. Yo te amaba… El amor limpiaba cualquier pensamiento equivoco que tuviera de ti, pero te encargaste de hacerme abrir los ojos, y ahora que lo he hecho, ¿Qué crees? ¡Me siento muy bien!"

-"¡No me digas eso!"- Hizo el movimiento de acercarse, pero Camus levantó la mano con el dedo pulgar sobre su palma, como lo haría para atacar.

-"No te acerques. Yo ya no quiero verte, ¿no lo entiendes? Sigue el camino que escogiste y déjame a mí trazar el mío."- Volvió a enmudecer. Jamás creyó que él lo miraría de esa forma tan fría, y que lanzaría un ataque peor que su ejecución aurora.

-"Milo no está, no tienes que fingir… no tienes que hacerle creer que ya no me quieres."

-"No necesito hacerle creer nada. Lo que yo siento por él no tiene comparación… No es agradecimiento, o atracción física, es amor. Yo estoy enamorado de él."- Como si hubiera sido cosa de Cronos, el tiempo se detuvo. Camus era consciente de que no había dicho más que la verdad, y sin embargo, el ver la expresión que adquirió Saga bastó para darse cuenta que sus propios celos y el recién formado odio en su corazón eran los que estaban hablando por él. Sintió culpa… Bajó la mano y ladeó la cara como para no verlo, pero la sombra de sus ojos lo persiguió aun cuando ya no lo veía directamente.

-"Dime que aún me quieres."- Dijo el geminiano en voz baja. El galo trató de calmarse y de entender qué era lo que sentía por él… ¿Lastima? ¿Rencor? ¿Amor?

Cerró los ojos para tratar de definir esa sensación en su corazón. Tuvo que volver a abrirlos cuando sintió los brazos del mayor rodear su cuerpo y la barbilla de este posarse sobre su hombro. Tomó aire, pero este se congeló entre la boca y la tráquea; su cuerpo se tensó al mismo tiempo.

Pretendió… trató de decirle que se alejara… pero esa frase jamás llegó a salir de sus labios, pues en cada esfuerzo por hacerlo, había una gota de recuerdos…

Fin de la primera segunda… :S


Bueno, explico... segun yo en los finales se definen todos los cabos sueltos, o no?... por eso es que no podia terminar la historia sin que todos esos hilos se cortaran, asi que le dedique mucho a shura y a ioria y algo a Camus y a Milo... tambien tenia qye tener su parte con Saga, y por supuesto que hay una ultima parte con Milo y Kanon
Lo que pase al final solo depende de los hechos en la tercera parte

Y ahora las preguntas a responder... Aioria enserio podra ser feliz con shura sin meter la pata de gato?
Camus le contara o no todo a saga para que lo deje de una vez en paz?
Milo podra vivir con la idea de no ver a Kanon nunca mas?
Aioros matará a saga?
Hyoga se escaparà de las garras de isaac?... a alguien le importa? XD
ejem...

ahora si, es todo... mushimas gracias otra vez por su lectura! :D
nota: a pesar de que lo cortè continuaron siendo 24 paginas ;O;

NOTA 2: la mayoria de las frases las seque de internet, algunas las escribi yo misma... son las que tienen menor sentido XP