No era mi intension alargar mas esta historia... pero como todos tenemos derecho a tener un final feliz, pues... quise que todos encontraran solucion a sus problemas y demas 9.9... PROMETO QUE EL SIGUIENTE ya es el ultimo ;_;


JUGANDO CON FUEGO

Capítulo 20

Paso en falso
(Penúltimo capítulo)

("Al inteligente se le puede convencer; al tonto, persuadir

-"Milo no está, no tienes que fingir… no tienes que hacerme creer que ya no me quieres."

-"No necesito hacerle creer nada. Lo que yo siento por él no tiene comparación… No es agradecimiento, o atracción física, es amor. Yo estoy enamorado de él."- Como si hubiera sido cosa de Cronos, el tiempo se detuvo. Camus era consiente de que no había dicho más que la verdad, y sin embargo, el ver la expresión que adquirió Saga bastó para darse cuenta que sus propios celos y el recién formado odio en su corazón eran los que estaban hablando por él. Sintió culpa… Bajó la mano y ladeó la cara como para no verlo, pero la sombra de sus ojos lo persiguió aún cuando ya no lo veía directamente.

-"Dime que aún me quieres."- Dijo el geminiano en voz baja. El galo trató de calmarse y de entender qué era lo que sentía por él… ¿Lastima? ¿Rencor? ¿Amor?

Cerró los ojos para tratar de definir esa sensación en su corazón. Tuvo que volver a abrirlos cuando sintió los brazos del mayor rodear su cuerpo y la barbilla de este posarse sobre su hombro. Tomó aire, pero este se congeló entre la boca y la tráquea; su cuerpo se tensó al mismo tiempo. El corazón reaccionó otra vez y comenzó un bombeó de sangre excesivo hacia la cara…

Si el amor fuese una llama en el interior, era un hecho que existía un pequeño resplandor en su corazón que se aferraba con todas sus fuerzas en no existirse… Camus podía alegar, podría negar que ese sentimiento aún permaneciera vivo en su interior, pero si no era capaz de alejarse o de negar ese contacto, ¿podría realmente declararse inocente...? ¿Si Saga lo besaba, realmente podría abstenerse de corresponderle…?

-"¿Me odias?"- Escuchó ese débil susurro sobre su hombre, en un tono de miedo, de culpa… ¿Cómo podía Saga borrar la terrible imagen ya impregnada en la mente del menor, y reconstruir y alimentar aquella del hombre fuerte y protector a quien él amo más a cualquier otro…?

El corazón no siempre es fiable… él a veces traiciona…

Los labios galos temblaron: Cuando tenía siete años sostenía la mano de aquél hombre para sentirse seguro. No importaba que los demás postulantes lo miraran como bicho raro porque no hablaba una lengua entendible, mientras Saga sostuviera sus deditos y le sonriera dulcemente todo lo demás se borraba…

Meneó la cabeza: la punzada de culpa abrió una grieta en su corazón, el dolor subió por la garganta hasta hacer un nudo y estuvo a punto colarse por debajo de sus párpados. Subió las manos y las colocó en su espalda: En su vida había tenido muy pocas oportunidades de hacerlo…

-"No… pero estoy molesto contigo…"- El geminiano apretó los ojos. Sabía que no era necesario hacérselo decir porque lo contrario del odio era el amor, sin embargo…

-"¿Aún me quieres?"

El galo trató de decir que no estaba seguro, pero en sus recuerdos, cuando tenía fiebre y apenas podía respirar sin lastimar sus pulmones, nadie más que el gemelo estaba ahí para colocarle un paño en la frente, sentarlo en la cama con cuidado y obligarlo, prácticamente, a comer antes de pasar los últimos medicamentos del día…

-"Siempre te querré, Saga…"- sin embargo, pensar en besarlo, incluso el aceptar cualquier tipo de sentimiento como parte del enamoramiento era una idea equivocada que no podía sentir con el corazón. –"… pero mis sentimientos ahora son diferentes."- El gemelo se apartó para mirarlo a la cara.

-"¿Cómo podrían serlo? Siempre has estado enamorado de mí, y eso no puede desaparecer de la noche a la mañana."

-"Tú sabes como han sido las cosas… No fue algo que pasó de un momento a otro."

-"Claro que si, Camus. Tú no te cansabas de decir y demostrar tus sentimientos por mí, y de pronto, de la noche a la mañana ¿estás enamorado de Milo? Perdona si te lo digo, pero eso no te lo puedo creer. Si tenías resentimiento contra mí, si lo que querías era desquitarte por todas las veces que te he rechazado y darme celos con él, ¡felicidades, lo conseguiste! Ahora termina tu relación con él y..."

-"¡Saga! Las cosas no son tan simples como tú crees."

-"¿Por qué no? Ya te dije que te amo, ¿no? Y si no te lo he dicho escúchalo bien: TE AMO."- Camus se hizo a un lado: comenzaba a estresarse. El escuchar esas palabras de sus labios tenía un impacto en su cuerpo que no podía aún definir.

-"No importa como lo digas o en que momento. Entiende lo que te dije antes, estoy enamorado de Milo."

-"¿Entonces, ya no te importa que él aún quiera a Kanon?"- Si Saga podía lastimarlo con algo, ese nombre se convirtió en el arma. Exhaló, mientras se sentaba despacio en la cama con la cabeza gacha y las manos apretadas a un lado de las piernas. –"Camus…"

-"Aunque te contara la verdad sé que no lo entenderías."

-"¿Qué verdad?"- Acuario no respondió, su interlocutor se sentó a su lado.

-"Camus, yo te amo… te amo…"- Recargó la barbilla en su hombro y estiró los labios para tocarle la mejilla, pero este se alejó rechazando el beso.

-"No, ya no hay oportunidad para eso…"- Centró todos sus pensamientos en esa idea: ya era la hora de terminar con todo. –"Necesito que sepas la verdad… la comprendas o no. No quiero seguir mintiendo, y fingir que puedo simplemente rechazarte sin que sepas porque lo hago."

-"¿Decirme qué…? No entiendo. ¿Qué me estas escondiendo?"- Camus tomó una gran bocanada de aire, colocó los codos en las rodillas y las manos en su cabeza mientras se encorvaba y suspiraba.

-"Milo y yo jamás tuvimos algo que ver… Todo fue un plan suyo para que Kanon aprendiera a valorarlo y para que tú te dieras cuenta que yo no estaba dispuesto a sufrir toda la vida por ti. Lo que sucedió durante nuestra falsa relación no era más que parte del plan que ideábamos conforme se presentaba la situación… pero… él me enseñó todo lo que hubiera querido aprender contigo… y en el transcurso de hacer nuestra relación amena para no matarnos mutuamente, comenzamos a compartir cosas que me hicieron identificarme cada vez más con él… Y ahora yo no hago otra cosa que pensar en él y en lo que quisiera que se convierta nuestra relación… ¿Lo entiendes ahora? No me importa si lo ama o no, no me importa si le pasó lo mismo que a mí… Yo ya no puedo verte de esa forma romántica, yo… le hice una promesa hace un tiempo y a menos que él no rompa su parte del trato, no podemos terminar."

-"Espera… ¿me estas diciendo que tú y él… me han estado viendo la cara?"- Camus se sorprendió. Para ser una persona racional, jamás pensó que Saga se lo fuese a tomar así…

-"No tanto como verte la cara…"- Pero realmente si…

-"¿Y además, vas a encadenarte a su lado por una promesa?"

-"No es sólo encadenarme, es estar con la persona que amas hasta el último momento. Incluso si viniera y me dijera que es tu hermano con quien desea estar ahora, ¿sabes que haría? Lo mataría primero y después asimilaría su decisión."

-"Perdóname, pero eso me suena estúpido. Milo se encadena a ti por una promesa, y tú haces lo mismo… Cuando uno hace las cosas por obligación ¿si sabes que nada bueno puede resultar?"

-"Yo he hecho hasta lo imposible para que él se vaya si eso es lo que quiere…"

-"Y al final no te deja porque sabe que en cuanto lo haga yo estaré ahí."

-"¿Eso crees?"

-"No me digas que no lo habías pensando."- Dijo como si resultara obvio. –"Si Milo y Kanon ya se arreglaron y él no te bota es porque tú no les dicho que me has perdonado, en cuanto se lo digas estoy seguro que te dejará en paz."

-"No se trata de perdonarte o no, o de mi relación contigo…"

-"¿Entonces, de qué?"- Abrió la boca, pero no tenía respuestas. –"¿Tú realmente te has olvidado de todo lo que vivimos juntos…? ¿No sientes curiosidad por saber qué pudo haber sido de nosotros…?"

-"Ya te dije que reemplacé mis ilusiones contigo por momentos con él."

-"Una relación fingida jamás será lo mismo que estar plenamente con la persona que amas, sin sombras, sin ataduras, sin ningún tipo de limitaciones… ¿Realmente crees que unas semanas con él pueden borrarlo todo? Fueron más de diez años de pensamientos dirigidos a mí."

-"Eres bastante engreído…"- Frunció el ceño, y eso le recordó a Milo…

-"Tú sabes lo que es cuidar de alguien, verlo crecer y estar a su lado en todos los momentos que te necesite. Vigilarlo de día y de noche, verlo dormir en su cama, verlo crecer y quererlo en silencio… Tu amor por Hyoga es muy diferente al amor que tú me haces sentir, pero sin lugar a dudas tú dolor y el mío sería el mismo si él te odiara."

-"Saga, es que yo no te odio… yo… (Realmente no sé que siento… o que debería sentir)."- El mayor le tomó las manos. Camus tuvo el impulso de retirarse.

-"Hazme una promesa tonta…"- Esas palabras, esa mirada se lo impidieron. –"No te enamores de Milo…"- Su cara mostró extrañeza.

-"¿Cómo me puedes pedir algo que…?"- Los dedos del griego se posaron en sus labios.

-"Promételo."

-"Saga, no…"- El geminiano lo soltó y le dio la espalda.

-"Si no puedes hacer algo tan tonto por mi, eso significa que me excluyes para siempre de tu vida, ¿no es cierto? Bien, pues espero entonces que puedas olvidar todo lo que vivimos y que jamás te preguntes que habría pasado de haber aceptado mis palabras porque yo ya no voy a mirar para tras, ¿entiendes? Me voy a olvidar por completo y para siempre de ti, y si él te abandona por mi hermano espero que no vengas a mi pidiendo ayuda si no puedes…"

-"¡Esta bien! lo prometo… ¿estas feliz? Te prometo que no me enamoraré de él aunque tú sepas que ya es tarde para eso."

-"Me basta con oír esa promesa de tus labios. Lo que pase después… no me importa."

-"¿Cómo puedes decir que me amas y al mismo tiempo condenarme?"

-"En la guerra y en el amor todo se vale, ¿no estas de acuerdo?"- Sonrió. –"Yo estoy dispuesto a perdonar tu aventura con Milo porque hará las cosas más fáciles a mi conveniencia, pero a cambio de eso, sólo te estoy pidiendo que respetes tu promesa…"- Camus puso los ojos en blanco mientras sentía que enloquecía…

Apretó los dientes, caminó fuera de la habitación para que el otro lo siguiera y pudiera sacarle del templo, mientras optaba por no decir nada porque el que discute un loco… (la verdad olvidó el resto de la frase…)

o.o.o.o.o

(No huyas del amor, porque una vez que te encuentra difícilmente estará dispuesto a dejarte ir…)

Podía sonreírle todavía, ¿cierto? Es decir, no corría peligro de que al arriesgase, Aioria intentara matarlo o algo peor, tampoco Shura sacaría a relucir sus celos por eso… ¿verdad?

Se volteó educadamente sobre su hombro y le mostró lo que traía en la mano derecha con una sonrisa. El castaño posó sus ojos en las dos pequeñas figuras de plata con incrustaciones de rubí y zafiro respectivamente, antes de mirar a su amigo y preguntarle con las pupilas si era justamente eso por lo que habían bajado al pueblo aquella tarde. Milo asintió otra vez con una sonrisa. El español se acercó por detrás y enredó, confianzudo, su brazo detrás de la nuca griega del león –quien por cierto se sonrojó suavemente e hizo una mueca de molestia, que le arrancó una sonrisa divertida a su conterráneo-.

-"¿Y… qué es…?"- Inquirió por fin, mirando ambas preseas como si fuesen algún nuevo espécimen animal.

-"Son broches para la solapa del saco. ¿Qué figuras notas en ellos?"

-"Uno es el símbolo del escorpión, lo sé porque lo he visto muchas veces en tu templo."- Respondió el león, orgulloso. Shura rodó los ojos, y resoplando decidió que sería él quien presentaría a la otra pieza.

-"Las ondas de zafiro pertenecen a la casa de Acuario. De niño Camus solía cocerlas a sus pañuelos."- Aioria lo miró por arriba del hombro. –"¿Qué?"

-"¿Por qué hacia algo así? Eso es demasiado… femenino…"

-"Porque Camus siempre ha sido muy elegante, y no me sorprendería que aún conserve esa costumbre, además, a él le gustaba instruirse en todo de artes. No hay algo que él no haya aprendido de más joven, y sobre todo, que no pudiese hacer… Creo que Saga tenía uno de esos pa…"- Bastó con que Milo posara sus ojos en él unos segundos, para que Shura callara. –"… ejem…"

-"¿Y para qué son?"

-"¡Ah! Pregunta inteligente Aioria. Se supone que es una costumbre en las personas normales (entiéndase no santos de Atenea) que las parejas vayan vestidas iguales a ciertos eventos familiares –por así decirlo-, pero él y yo no podemos hacer algo así porque todos iremos de traje de gala, ¿No es cierto? Así que le pediré que se ponga el escorpión de plata y rubí y yo usaré el símbolo de Acuario de zafiro."- Leo y Capricornio guardaron silencio. Al final el único que apoyó la idea fue el felino dorado.

-"Creo que se les verá bien."- Sonrió sinceramente.

-"Gracias. Yo los mandé a hacer especialmente para nosotros… ya sabes, para usarlos esa noche. ¿Creen que le guste la idea?"

-"Milo, por si no lo has aprendido, a Camus no tienes que preguntarle…"

-"¡Sí! Debes ser más asertivo y obligarlo a usarlo…"- Shura le tapó la boca.

-"Quiero decir que se lo entregues simplemente, no le propongas esto como una parte más de tu plan para… ya-sabes-que. Simplemente entregárselo y permite que la noche haga su magia."

o.o.o.o.o

(El hecho de perdonar, no implica que debas olvidar. Cierra tu círculo y emprende un nuevo camino.…)

-"Creo que es todo…"- Se dijo por fin, tratando de encontrar un centro, un punto de tranquilidad para que el nerviosismo no le obligara a tomar otra vez el cepillo o a ajustarse la corbata. El relejo le devolvió una sonrisa nerviosa, y aunque trató de besar al encantador muchacho que tenía enfrente, la otra figura que se devolvía en el cristal le impidió incluso hacer algún otro movimiento. –"¿Te aburro?"- Inquirió ofendido mientras el castaño emitía otro descarado bostezo. Ni siquiera se había molestado en cubrirse la boca.

-"¡Para nada!"- Exclamó sarcástico mientras se revolvía el cabello.

-"¡Aioria!"

-"¿Qué?"

-"Te volviste a despeinar."

-"Así estoy bien… es mi nuevo yo, además no me busques como pretexto para retrasar tus planes, créeme, entre menos quieras que de la hora, más pronto sucederá…"

-"¡AHHH! ¿Qué clase de amigo eres?"

-"Uno que te habla con la verdad, hermano."- Milo exhaló pesadamente.

-"Tienes razón…"- Iba a mirarse otra vez al espejo, pero pensó que si lo hacía de nuevo –por millonésima vez- encontraría un desperfecto en su impecable apariencia y jamás terminaría por irse… Exhaló, evitó tocarse el cabello, se jaló la solapa del traje y decidió que era el tiempo de marcharse por fin. –"Gracias por dejarme cambiarme aquí."

-"Por nada, hombre… Cuando quieras."- Le hizo un gesto sin importancia. Milo comenzó a caminar hacia la salida, pero en cuanto lo escuchó suspirar como si se quitara un peso de encima, viró ciento ochenta grados sobre su talón diestro para encararlo.

-"Es todo felino ¿qué te traes?"- Aioria se sobresaltó.

-"¿Yo? ¡Nada!"

-"No trates de engañarme… Toda la noche has estado como… rarito… Tú no sueles comportarte de esta forma conmigo a menos que no estés escondiéndome algo. ¿Qué es?"- Leo comenzó a reírse, incluso, esta vez, se preocupó por su aspecto físico y fue a peinarse al espejo.

-"No sé de qué me hablas…"

-"No finjas demencia conmigo, gato. ¿Qué te traes?"

-"Nada…. Ya te dije…"

-"Ya sé. Seguramente Shura y tú estuvieron jugueteando toda la tarde y otra vez no pudiste dominarlo."

-"¿¡Quién te dijo eso?"

-"Por favor, Aioria, por experiencia sé que tú odias que te ganen en la cama. ¿Te lastimó mucho? Sé que alguna vez te deseé un profundo dolor anal, pero te juro que esta vez no tuve nada que ver. Si quieres puedo prestarle algunos folletos con poses, ungüentos y esas cosas para que no te lastime tanto cuando…"

-"¡Por Zeus! ¡Tú no tienes pudor!"- Milo se divirtió con su expresión, pero sabía que definitivamente sus anteriores palabras no formaban parte de la razón por la cual estaba actuando extraño; sin embargo, con lo que el escorpión no contaba es que la tortura ya había dado su fruto. –"Tú ganas… Te lo diré aunque haya prometido que no lo haría."- se puso serio. Su amigo trató de emplear otra broma, pero el destello en los ojos de Aioria no se lo permitieron.

-"¿Sucedió algo malo?"

-"No es nada por lo que debas preocuparte, pero creo que tienes derecho a saberlo."

-"¿De qué se trata?"- Aioria volvió a sentarse en unas de las esquinas de la cama e invitó a su amigo a que hiciera lo mismo al dar un par de palmadas sobre la manta. Distraídamente, Milo accedió. Cuando estuvieron los dos frente a frente y en silencio, Leo –quien se había estado preguntando por donde comenzar- encontró un hilo por donde deshebrar el misterio.

-"¿Has sabido algo de… Kanon…?"

-"¿Kanon?"- Inquirió el peli azul, como si aquella fuese una nueva palabra para su diccionario mental. Meneó la cabeza en cuanto el retrato hablado del susodicho se le apareció. –"No, y la verdad ni siquiera me ha importado."- Sintió algo en el pecho. –"¿Le pasó…?"

-"No, físicamente está bien, pero… Shura me contó que estuvo hablando con Aioros y que este habló con Mu, quien habló con Afrodita y este a su vez con Death Mask y…"

-"¿Y el punto es…?"

-"Ehm… Verás…"

-"Sin rodeos, gato."

-"Creo que va a suicidarse."- Se sacudió las manos, como si de polvo en ellas se tratase. –"Bien, ya está… Vamos a la fiesta."- Se levantó y puso su mejor sonrisa, pero Milo se levantó de brinco y se aferró a su brazo.

-"¿¡Que? ¿Cómo que va a suicidarse? ¿Esto va enserio?"- Aioria se arrepintió de sus palabras, y sin embargo, no se calló.

-"Bueno… es que… parece que desde que lo dejaste no ha querido salir del templo, incluso se sabe por labios de… ya-sabes-quien (Saga) que antes por lo menos salía de su cuarto, pero que ahora ni siquiera le interesa pararse debajo de un rayo de sol. La verdad cuando me enteré creí que era un chiste, pero después de estos días me doy cuenta que realmente está muy afectado."- La expresión de Milo, combinada con su reacción, terminaron por llevarlo al fondo del arrepentimiento.

-"Kanon…"- Murmuró con las manos sobre la frente. Meneó la cabeza, y después se dio la vuelta para rematar con su huida.

-"¿A dónde vas?"

-"Tengo que ir al templo de Athena, tal vez él ya esté ahí."- El castaño asió su brazo.

-"Olvídalo. Mu lo invitó y se negó, prácticamente amenazó con raparlo o algo así si continuaba mostrándole su lastima."

-"Entonces tengo que ir al templo de Géminis y…"

-"¿Y luego qué? Si Saga te ve rondando por ahí no quiero ni pensar lo que…"

-"¡Saga puede irse al infierno si quiere! Yo mismo estoy dispuesto a enviarlo con un saludo personal para Hades."

-"¿Y Camus? Si Saga te ve intentando lidiar con su hermano lo primero que hará será ir con él y contarle que otra vez vas a dejarlo."- Milo se exasperó mientras caminaba en círculos.

-"No se trata de dejarlo o cambiarlo por él… Yo… ¡Estoy preocupado! La última vez que hablamos le dije cosas horribles, lo hice sentir una basura… Prácticamente me desquité y lo gocé, lo admito, pero no quiero que piense que no me importa o que puede lanzarse al limbo sin saber que si lo hace, yo sería la primera persona en derramar una lágrima por él."

-"Milo, ¿Te das cuenta que tus palabras suenan como una declaración amorosa?"

-"¡No son una declaración! Mis sentimientos por Camus están perfectamente claros, pero mientras estoy pensando en que debo ir a su templo a recogerlo, y llevarlo a bailar como lo prometimos, pienso en el cómo le haré para fingir que nada me preocupa. Y mientras me visualizo tomándole la mano, me veo nublado por un montón de ideas y preocupaciones acerca de la persona que amé por más de diez años… ¿No lo entiendes? No importa cuando diga que lo odie si al final… me angustia pensar que él no está bien."- El castaño no dijo nada porque se sentía identificado con una de esas palabras. –"Además, yo no quiero sentirme culpable por nada de lo ocurra después de que aclaremos ciertos puntos importantes entre nosotros… Y si voy a tener algo con Camus, tampoco quiero estar pensando en él cada cinco minutos, y que eso se convierta en una sombra entre nosotros para siempre."

-"No tienes que hacerlo. Dijiste que podías odiarlo."

-"No puedo y no quiero. Mis sentimientos por Kanon son más fuertes que cualquiera de mis reproches…"- Hizo una pausa y recordó al apuesto aguador: una sonrisa apareció en sus labios. –"No entendía como se sentía Camus, y a veces hasta me parecía que sus sentimientos por mi eran… mentiras, pero ahora sé lo que siente y porque siempre me parecía que se situaba dramáticamente entre la espada y la pared como si su decisión hacia mí no fuese obvia. Es por eso que debo hablar con los dos esta noche, pero primero debo ir primero como mi amor de niño para por fin tener una relación adulta con Camus…"

-"Si, sí, todo lo que dices suena muy bonito, Milo, pero Camus está esperando por ti en el templo de Acuario justo ahora, y por mucho que te moleste, también debes tener en mente que hay cierta mosca por ahí revoleando alrededor de él que está esperando un error tuyo para acercarse. ¿Qué vas a hacer? Por lo que me dices no piensas esperar a mañana para arreglar tus asuntos 'conyugales' con él, ¿Verdad?"

-"No, esto no puede esperar… así que iré a ver primero a Camus, le inventaré algo y luego… esperaré a que Saga pase hacia el templo de Athena para invadir su territorio; mientras tanto, tú debes velar mis intereses evitando que ellos dos estén solos hasta que yo llegue."

o.o.o.o.o

(Disfruta cada momento, pues nunca sabes cuándo podría ser el último…)

En el momento que tomó la almohada y la cobija con toda la intensión de mudarse de cama, Camus supo que aquella promesa de no tocarlo otra vez iba más enserio que cualquier otra propuesta. Cuando Milo giró y emprendió la marcha lejos del lecho, el galo se levantó de un brinco y se le puso al paso.

-"¿Qué haces?"- la respuesta era obvia.

-"Cumplo mi parte del trato."- Respondió el griego, avanzado por el flanco derecho.

-"Pero…"

-"Está bien. Tengo el sueño pesado y puedo dormir donde sea."- se detuvo, viró sobre su hombro y le dedicó una sonrisa tranquilizadora. –"Podría incluso recostarme en el lava platos sin que el grifo me moleste…"

-"No tienes que exagerar las cosas…"

-"¿Yo las exagero?"- Camus casi se sonrojo cuando él volteó a verlo, sorprendido, tal vez un poco ofendido. –"Como sea… Lo siento si así fue, y de todos modos ya te dije que lo mejor es pintar una raya de por medio…"- Acuario sintió un vacío en el estómago… Observó que el escorpión retomaba el trayecto hacia el pequeño sofá por el que habían discutido días atrás, y tomando una decisión final, se aproximó rápidamente y se sentó antes de que Milo pudiera dejar caer la manta y la almohada. –"…"- Ni siquiera supo que decir porque el comportamiento de acuario lo dejó prácticamente noqueado…

-"No es propio…"- Murmuró el galo, bajando la cabeza mientras hacia como que se acomodaba en el pequeño sillón.

-"¿El qué…?"

-"Soy el anfitrión… no puedo quedarme plácidamente en mi cama mientras tu…"

-"¿Quieres decir qué me dejas la cama?"- El otro asintió sin siquiera mirarlo. –"¡Qué bien!"- Exclamó, actuando como un niño de casi ocho años, corriendo hacia el lecho y tirándose prácticamente boca abajo para disfrutar el poder estirarse, y la comodidad del colchón. Camus, enroscado en el sillón, no podía quitar de la cara la sorpresa impresa en ella…

De aquella escena habían pasado un par de noches. La batalla entre el orgullo, el amor, el miedo, la desconfianza y la esperanza, dio paso a una pequeña reconciliación entre los dos, quienes, a pesar del pacto, una vez avanzada aquella noche, terminaron por dormir nuevamente juntos.

En aquél momento, mientras se preparaba para acudir al compromiso planeado durante días y noches, no dejaba de recordar lo que habían sido y resultado todas y cada una de las experiencias que había compartido con Milo…

El escorpión celeste podía ser atrevido, sarcástico, celoso, cauteloso y hasta ladino, pero también era noble, educado y tenía un sentido más arraigado por el corazón de lo que él se hubiera imaginado.

Mientras se acomodaba la corbata frente al espejo, trató de no llenar su cabeza con planes, ideas o ilusiones con respecto a esa noche, pero cada vez que tomaba una prenda o que se miraba al espejo, eso era imposible: Camus estaba enamorado, y experimentaba ese sentimiento de una forma que ningún ser humano podría presumir de haber probado, porque era la primera vez que el sentimiento lo golpeaba con esa sensación de dicha, miedo y masoquismo; la persona a la que amaba en el pasado ni siquiera lo miraba, y ahora, ese ser, se empeñó en instruirlo hasta el final con los actos que deberían suceder entre dos enamorados; porque esa persona, porque ese escorpión, lo picó con su aguijón en un rincón del alma donde difícilmente podría existir un extractor o a donde podría llegar una cura para tan delicioso veneno.

Terminó. Él ya estaba completamente listo… No podría mirarse un centímetro más en el espejo, porque no soportaría el más leve desperfecto y acabaría por sacar otra corbata, o por decidir que no iría –simplemente porque más trajes no había en su armario-.

Se retiró del mueble donde había estado observándose y fue a pararse junto a la mesa de noche… El reloj comenzó a torturarlo con su tic tac. El estómago tembló cada vez que la pequeña manecilla se movía alrededor de los números, e incluso escuchó un pequeño ruido proceder por debajo de su ombligo…

No iba a ponerse enfermo en ese momento, así que optó por estirar las piernas y caminar de un lado para otro por la habitación, mientras ideaba la forma de controlarse… Cualquier cosa que pasara a tomar dominio de su mente estaría bien… Tal vez si pensaba en Hyoga, o la rutina de entrenamiento que podría seguir la próxima semana… o, la no tan sana dieta que se vio obligado a consumir los últimos días porque Milo respingaba por todo…

-"¡AH!"- Gritó, al mismo tiempo que levantaba las manos hacia la cabeza y se contenía antes de despeinarse: Milo otra vez pasaba a colocar una bandera de conquista en el fondo de sus ideas. No existía conjuro o poder que pudieran desprenderlo como calcomanía usada; parecía, más bien, un tatuaje permanente donde la mano del hombre ni siquiera pudiera acceder…

Oficialmente derrotado tuvo el impulso de dejarse caer en el sofá de Escorpio, pero tan pronto como pensó que eso solamente le arrugaría el traje, se colocó de espaldas junto a una pared.

La verdad es que no estaba seguro de nada… ni de él mismo, ni de los planes de Milo, ni del hecho de que si este se hubiera quedado en el templo de Acuario en vez de ir a Leo a prepararse para la fiesta, su nerviosismo estaría en cero, en una escala del uno al diez…

Flash Back

Con el traje colgado en un gancho caminó por la habitación con una sonrisa de oreja a oreja, Milo se apoyó en el marco de la puerta para mirarlo 'en secreto', pues Camus, aunque emitiera réplicas al respecto, parecía más emocionado que él mismo por la fiesta de esa noche. El galo dejó la prenda sobre la cama con tan tanta sutilidad, que parecía de cristal –el griego tuvo que cubrirse la boca para no echarse a reír-, enseguida se fue otra vez al mueble y tomó el que Milo tendría que usar; se frenó, lo acarició por el pecho, sonrió con ese cálido sentimiento y lo dejó también a un lado del suyo mientras le quitaba las arrugas de la bolsa con las yemas de los dedos.

El escorpión sintió un vuelco en el estómago cuando presenció todos los cuidados que esmeraba con algo que le pertenecía, era como ser halagado con un beso indirecto…

Retrocedió un poco, aspiró y respiró de la forma más silenciosa que pudo, y mientras formulaba una idea, decidió pisar con más fuerza para entrar en la habitación y hacerse notar.

-"Cami, oye…"- El nombrado, nerviosamente, comenzó a acomodar los cojines de la cama. Milo se preguntó qué hubiera hecho de haber entrado sin disimular. –"Estaba pensando…"

-"Cada vez que usas esa palabra me veo obligado a hacer algo que no quiero…"- Protestó el dueño del templo. El otro rió suavemente.

-"Todo eso terminará esta noche… Te lo juro…"- Acuario se enderezó y volteó a verlo… No supo que responder…. –"Lo que yo quería decirte es que si queremos realmente demostrar que somos una 'linda pareja' –como dice Afrodita-, lo mejor que podemos hacer es prepararnos para la fiesta en templos separados…"

-"¿Cómo que en templos separados?"

-"Si, quiero decir… de tal forma que yo cumpla mi parte del trato y no vuelva a tocarte, le pediré a Aioria que me deje cambiarme en su templo."

-"Yo no te pedí que lo hicieras…"

-"¿Eso quiere decir que me das permiso de manosearte?"- Tuvo que hacerse a un lado para evitar el cojín que iba directo a su cara. –"¡Era broma!"

-"Contigo ya no sé cuando es una broma…"- Murmuró. –"además, ¿Qué harías si te dijera si?"

-"Tomar posesión de mis bienes, claro está. A mí no me desagrada la idea de intimar contigo…"- De la punta de los dedos, hasta la fibra del cabello, el francés de sonrojó. Tomó el traje que estaba en la cama y se lo llevó.

-"Acepto tu propuesta. Te espero en tres horas para subir al templo de Athena…"- Decretó, dándole la espalda y haciendo como que buscaba algo en los cajones del ropero. Milo le sonrió dulcemente, aunque el otro no pudo verlo.

-"De acuerdo, entonces pasaré por mi querido novio en un par de horas; mientras tanto…"- Caminó despacio hasta él, se agachó un poco y le dejó un beso en la cabeza. –"Quiero que pienses mucho en mi…"

End of Flash Back

-"Y como dije… cuando usa esa palabra me veo obligado a hacer algo que no quiero…"- Como el hecho de no habérselo podido quitar de la cabeza… Ojalá fuera tan fácil como sacudirse y hacerlo caer, o apretar el botón de borrar y que el recuerdo se perdiera en el limbo…

Con la yema de los dedos tocó su cuero cabelludo de atrás hacia delante, dejando quietas las manos arriba de la nuca, en tanto, con las piernas, deambulaba nuevamente por la habitación: ¿Qué haría si se encontraba con Saga y Milo y él reñían otra vez? El geminiano ya sabía la verdad, pero eso no le garantizaba que las cosas se mantuvieran en calma… o ¿Qué pasaría si las lecciones de baile se le olvidaban y tenía que fingirse ebrio otra vez? Un segundo ridículo en frente de los demás caballeros sería difícil de superar…

-"Valor… valor…"- Le pidió su conciencia. No tenía porque abofetearse, o bajar las manos junto a las piernas y rogar calma. Él era Camus, sin apellido, orgulloso guardián a la casa de Acuario. Por muchas experiencias que se hubiera perdido en el paso de su vida, la verdad es que lo aprendido podría ayudarle de muchas maneras. Si no hubiera esperado por una persona errada toda su vida, aún si no fuese Milo el dueño de sus suspiros, tarde o temprano tendría que sacar la fuerza interna del fondo de sus entrañas y permitir que sus deseos emergieran intensamente desde el alma.

De espaldas a la puerta apretó el puño, y justo en el momento que lo hacía, la presencia del dorado escorpión iluminó cada ladrillo del templo. Las pisadas del griego se sintieron en los dominios acuarianos tan suaves y legibles, como si fuesen huellas de los dedos a través del brazo galo.

Aspiró aire, el suficientemente para llenar sus pulmones con él y olvidar esa necesidad o manía suya por contener la respiración cada vez que estaba a su lado. Exhaló suave, calmo, mientras sentía como las palpitaciones iban en aumento cada vez que se aproximaba. Cerró los ojos, y viró de tal forma que cuando estos recibieron la luz otra vez, lo primero que se filtró a través de ellos fue Milo…

Los dos portaban un traje oscuro, algo así como un añil intenso, como si la tela hubiera copiado el azul nocturno de ese cielo griego; la corbata sobre la camisa blanca era la única diferencia entre los dos, porque mientras el griego llevaba una de color azul zafiro, Camus portaba una roja escarlata.

-"Hola…"- Saludó el octavo guardián.

-"Hola."- Respondió el dueño del templo con una sonrisa poca habitual en sus labios, casi provocativa. No era su estilo, ni lo sería nunca, pero por una vez le gustaría alterar y controlar a la persona que tenía delante. –"¿Y bien?"- Alzó los brazos y dio un giro sobre su propio eje para que pudiera observarlo sin perder ningún detalle; Escorpio no pudo responder: El tono oscuro acentuaba en su novio postizo el misterio y la elegancia, pero la corbata combinada con el blanco resaltaban las facciones de su cara; eso sin mencionar que el acuariano estaba usando una de esas lociones varoniles que a él tanto le gustaban. No estaba seguro del cuando ese olor comenzó a parecer adictivo, pero en ese momento tenía ganas de pararse a dos saltos cerca de sus labios.

Al no recibir ningún tipo de respuesta, el aguador sonrió y como si sus pasos zigzaguearan, se acercó al escorpión.

-"¿Me veo tan mal?"- El otro parpadeó.

-"¿Qué?"

-"Creí que el gato te había comido la lengua."

-"¿Aioria? Ese no lograría tocarme un pelo aunque no me defendiera."- Sonrió divertido. La actitud de Camus lo estaba poniendo fuera de lugar; y mientras pensaba dejarse seducir y robarle un beso, su cerebro estaba empujando en ideas las palabras que habrían de excusarlo para poder escaparse con Kanon… -"Por cierto… Me gusta como te ves…"- Admitió por fin. –"No creí que el color rojo te quedara tan bien…"

-"¿Esto?"- Se señaló la corbata. –"Mi novio me sugirió que la llevara puesta esta noche para que combináramos más."- Milo se rió.

-"Y no se equivocó."- Se sacó la de color zafiro de entre el traje. –"Tu color es el azul, el mío el escarlata; si las usamos de esta forma nadie podrá negar que somos novios… cariñosos…"

-"¿Nos vamos entonces?"- El griego sintió que le jalaban el intestino.

-"Ehm… Verás, lo que pasa es que…"- Si lo miraba a los ojos no podría mentirle, pero si vacilaba, incluso si hablara y desviaba la vista suavemente como por haberse distraído con algo, Camus podría pescarlo.

-"¿No estás listo todavía?"

-"Creí que lo estaba, pero a última hora me ha surgido un contratiempo."

-"¿Un contratiempo? ¿De qué tipo?"- Camus normalmente no preguntaría, pero como Milo estaba demasiado preocupado en ser descubierto, sin querer hacerlo se delataba. El que acuario cruzara los brazos y lo mirara de forma inquisitiva tampoco ayudaba.

¿De qué forma podría decírselo…?

Si le mentía, si Camus lo descubría la confianza entre ellos se quebraría, y entonces… No, él tendría que entender que le mentía para que luego pudieran estar juntos. Si arreglaba sus problemas, si retiraba a Kanon completamente de la jugada de una forma limpia, los impedimentos para estar juntos serían nulos…

-"Confía en mí."- le pidió.

-"¿Por qué me dices eso?"

-"Porque me has estado interrogando. ¿Si no te lo digo, tendrías algún problema en irte solo al templo de la Diosa?"

-"Es que entonces no veo el caso de actuar como una pareja si debo ir solo."

-"Perdóname, es que yo realmente no contaba con esto… ¿Te quedarás tranquilo si te digo que voy para hacerle un favor a Afrodita?"

-"No quiero saber detalles entonces…"- Milo sonrió, divertido.

-"Aioria y Shura pasarán por ti…"

-"No quiero hacer mal tercio…"

-"No es que hagas mal tercio, es que yo me sentiré más seguro si ellos… (Te cuidan)"

-"Supongo que eso aliviará un poco tu culpa, y pensarás que al no estar aburrido no tendré pretextos para irme, pero si esos dos comienzan a ser melosos delante de mi, te juro que me vuelvo al templo."- El griego se rió.

-"Te aseguro que no lo harán… pero acepto el trato."

-"De acuerdo, entonces allá te veo…"- Caminó un par de pasos para salir de la habitación, en el momento que los dos notaron en el templo de Acuario, la presencia de Saga… El primer impulso de Milo fue tomar la muñeca del galo para detenerlo, pero eso le evitó darse cuenta que Camus ya había frenado la marcha… Viró hacia atrás, solamente para observar la cara de su novio postizo, quien ni siquiera se molestó en borrar los celos de ella, incluso se adelantó un paso para quedar entre él y la puerta. Si Géminis se atrevía a llegar hasta ella, él le daría pelea.

La presencia del geminiano se detuvo en la parte central del recinto, seguramente para buscar con el cosmos al dueño; fue Milo quien dejó sentir su presencia para decirle 'yo estoy con él'. Camus ni siquiera se movió: verlo celoso era una cosa, pero sentirlo era algo totalmente diferente; era un hecho que le aceleraba el corazón con emoción.

Cuando Saga comenzó a alejarse después de unos minutos, el escorpión se destensó. Parecía incluso haber aguantado la respiración, porque volvió a respirar con calma.

-"¿Qué fue eso?"- Preguntó el galo con un tono entre divertido y temeroso.

-"No quiero que estés cerca de él… es todo…"- Alzó los hombros para restarle importancia a su propia actuación y a la situación, pero el gemelo mayor era ese otro impedimento. Hablar con Kanon y ponerse celoso porque él hiciera lo mismo con su hermano no empujaría las cosas para que pudieran estar juntos. Camus tendría –le gustara o no- que hacer lo mismo. –"… Hoy no…"- Pensó en voz alta.

-"No me interesa hacerlo. Si quisiera… ¿no sería obvio haberte dicho que no quería seguir siendo parte de tu plan…?"- El griego levantó la vista: otra vez esos sentimientos florecían en su mirada, otra vez era él quien se aproximaba, quien se confesaba sin importarle si era rechazado o no… Si Milo tomaba ahora sus sentimientos, ¿podría creer que las piedras en el camino mágicamente se evaporarían?

Vaciló… Camus lo tomó por sorpresa, le robó las palabras como si hubiera puesto sus labios en la cavidad que las liberaba…

-"Bien, entonces nos veremos en un rato... Shura y Aioria ya están en la entrada y creo que me están esperando o algo así…"- Respondió rápidamente, antes de que el otro pudiera rechazarlo si quiera. –"No tardes…"- Levantó la mano como señal de despedida, sonrió y salió de la habitación. El escorpión tardó más de lo debido en salir de su letargo.

o.o.o.o.o

- (La memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio, logramos sobrellevar el pasado.…)

Tras comprobar que Saga ya no se encontraba en el templo, lentamente abrió la puerta de la habitación: sabía que si no miraba hacia el suelo sin trabajos podría estirar las piernas y 'saltar' el obstáculo que el borrego sin cejas dejaba ahí, todas las noches. Para Kanon ya era suficientemente 'satisfactorio' tener el corazón roto y saber que estaba bien pagar todos sus pecados gracias a él, como para que viniera el pupilo de Shion a mostrarle su lástima, y dejara fuera de la habitación alguna bandeja con galletas, comida, agua, café… Cualquier cosa que Mu tuviera en la alacena bastaba para demostrarle al ex dragón que alguien cuidaba de él, aunque él, por supuesto, lo viera como una bajeza, como algo que no se merecía, como una muestra de misericordia o compasión…

Descalzo, se levantó con la punta de los dedos para pasar, pero tan pronto como sintió una ventisca helada decidió volver sobre sus pasos, tomar una de las mantas que hacia semanas no retiraba de la cama, colocársela sobre hombros y la espalda y retomar sus planes de ir a la cocina solamente porque tenía un poco sed…

Después de su última conversación con Milo, y de enterarse que él y Camus vivían cómodamente en Acuario, su cerebro dejó de producir la sustancia necesaria para ayudarle a no deprimirse. Por más que quiso levantarse, algo en su camino se lo impidió. Se condenó a estar solo, casi moribundo en aquella habitación.

Fue de nuevo a la entrada del cuarto, volvió a pararse de puntas, y estirando la pierna izquierda logró pasar por arriba de la charola con manzanas, pan y queso, que el lemuriano colocó ahí antes de partir hacia la dichosa fiesta de Athena, momentos antes. Se tambaleó un poco. Cerró los ojos, volvió a abrirlos y observó esos puntitos de colores; los apretó más fuerte, y mientras recuperaba la visibilidad entre la penumbra de su cuarto, y la luz del pasillo, se apoyó de las paredes.

No llegaría al suelo… ¿Cuánto más bajo podía llegar a caer? Dudaba que un bicho de su clase pudiera hundirse más.

Licor ya no había en el estante. Saga no lo escondió, más bien, fue él quien decidió acabar con toda la reserva. Claro, a su gemelo malvado no le importaba…

Tomó una botella de uno de esos licores que se usaban para postres mientras pensaba en lo que bajo que había caído respecto a sus gustos. Dio media vuelta y caminó derecho hasta su cueva. Por ese momento se prometió que mañana calzaría lo primero que encontrara y bajaría por más cosas que le quitaran de la mente su martirio.

De pronto se paró en seco: el templo de Géminis era engalanado con la visita de un guardián no deseado. El gemelo se quedó quieto, pero tan pronto como notó que el gallardo y orgulloso escorpión se aproximaba hacia donde él caminaba, empleó la retirada.

La habitación de Saga se encontraba en uno de los pasillos principales que daban hacia la entrada del propio templo, mientras que la suya, estaba en uno que conducía a la salida por un tramo más angosto y lúgubre. Supo que Milo y el se toparían en algún punto del trayecto, pero jamás espero que fuese demasiado cercano a su habitación: el guardián de Escorpio estaba parada a pocos metros de la segunda cámara privada. Kanon lo observó sin emitir comentario; para el menor fue más la sorpresa al verlo completamente ajeno a lo que sería su mentor, su amigo, su pareja…

Abrió la boca, pero ninguna palabra abandonó sus labios. El mayor torció los labios con una sonrisa burlona mientras agachaba la cabeza, y arrastrando los pies lo pasaba de largo. Milo lo siguió con la mirada

-"… Necesito…"- El gemelo se negó a escuchar lo que seguía. Él no era nadie para satisfacer sus antojos. Podía darse media vuelta y buscarlo en otro lugar; un sitio lejano algo así como a ocho casas hacia el templo de Athena…

Al escorpión no le salían las palabras. Le era muy difícil ver a Kanon con aquella apariencia deplorable, y aún más, pensar en algún preámbulo para lo que iba a decir.

-"... tenemos que hablar..."- Declaró, con un tono y un caminar resuelto.

El gemelo también decidió su postura: A pesar de había notado su presencia desde que comenzó a buscarlo, y de que pasó a su lado, concluyó creer que solamente iba de paso. Muchas veces en el transcurso de esos días lo hizo, ¿por qué ahora prolongar más su estadía poniendo como pretexto que tenían que hablar? Ignoró aquella voz y continuó su camino. Sí tenía algo que decir le podría prestar un espejo, eso o decirle que las paredes eran buenas confidentes. El lo sabía por experiencia.

Milo vio su casi huída sin moverse, pues en cuanto observó su comportamiento supo que no podría acercarse tan rápido como se había imaginado.

Tragó un poco de aire y se preparó para enfrentarlo.

Detuvo sus pasos para esperar la respuesta o alguna reacción por parte del gemelo pero aquello nunca llegó. Ladeó la cabeza con la mirada sorprendida al comprender que podría pasar toda la vida allí esperando. Trató de pensar en algo más que decir, algo como para provocarlo y obligarle a prestarle atención; pero ninguno de los Dioses acudió en su auxilio.

Frunció los labios, indignado, haciendo un puchero por demás adorable, perfilando sus pasos en pos del mayor alzando el puño izquierdo y proclamando mentalmente que aún no había nacido quien fuese capaz de tratar como un pedazo de pared, a Milo de Escorpio….

El ex dragón marino concluyó su camino hacia la habitación. Al llegar salto, estirando la pierna, la bandeja que Mu dejó ahí, y entró por fin. No estaba la luz prendida, pero el estaba acostumbrado a vivir en la oscuridad, como los gusanos. Pensó en cerrar el acceso, pero eso tendría a Milo golpeando la puerta y sí mismo tratando de ignorarlo hasta que le colmara el plato y terminara cediendo al escándalo sólo para callarlo. Pasó y la dejó entre abierta con el pretexto de que no estando Saga ninguna rata entraría.

-"¡Kanon, te estoy hablando, no me ignores que es de mala educación...!"

Escorpio se paró a un paso de la entrada e impulsivo como era y con el ego levemente herido, empujó la puerta se abrió paso de golpe; sin embargo, antes de poder siquiera poner un pie dentro, se detuvo…

Tragó saliva…

-"Como dejaste la puerta abierta asumo que puedo entrar... así que... con permiso..."- Extendió el pie y se aventuró a pisar la habitación: Sus modales parecían una copia de los de Camus; tan educado, tan reservado, tan propio a respetar la privacidad, y con el impulso de recordarle que la primera vez que durmieron juntos, Acuario no podía ni entrar a la habitación solamente porque no lo invitó antes.

Se sonrojó involuntariamente al acordarse de él... ¿Kanon lo habría notado?

El gemelo escuchó los pasos titubeantes seguirlo hasta la habitación desordenada y cerró los ojos con fuerza. Sabía que esa actitud no era propia del menor, pues recordaba a Milo siempre impulsivo y dispuesto a todo sin importarle nada, casi rayando en lo impertinente... ¿Por qué ahora necesitaba permiso para invadir su espacio? Es decir, incontables veces entró con o sin autoridad suya… Aquella casi pregunta lo golpeó como un balde de agua fría. Lo sintió tan lejano a pesar de tenerlo a unos cuantos pasos... Como si un abismo insondable se hubiese abierto entre ellos.

Levantó la vista escondida entre el flequillo desordenado al escuchar las palabras de Milo. Esas malditas palabras que confirmaban sus sospechas. Una risa amarga se atoró en su garganta haciéndole casi imposible respirar. Al notar su sonrojo una ira salvaje se apoderó de su ser. Ese carmín no era por el. Saber que el guardián de Ganimedes ocupaba sus pensamientos e influía de esa manera en sus acciones desataba sus instintos asesinos. Lo odiaba por alejarlo de el, pero se odiaba más así mismo por su actitud tan cobarde en el pasado... No obstante ya no había nada más que hacer, así lo había dispuesto y cumpliría su palabra. Ignoraría al menor hasta el fin de los días, el era paciente, tantos años encerrado en Cabo Sunion le habían otorgado ese don.

Sin decir palabra alguna continuó perdido en sus pensamientos, alejándose en dirección a la cama, donde decidió dejarse caer son la botella todavía en la mano. Delante de Milo no se atrevió a abrirla… Por el contrario, de la mesita sacó una cajetilla de cigarrillos y un mechero. Mecánicamente colocó el pitillo en sus labios y lo encendió dando una larga calada, llenando sus pulmones y el vacio de su alma con esa pequeña droga.

Peinándose la melena helena hacia atrás, el menor trató de 'espantar' el recuerdo del galo como si fuese una mosca sobre su cabeza, pues recordarlo, solamente turbaría sus palabras y apresuraría la conversación. Milo definitivamente no saldría de ese templo sin Kanon. Lo llevaría como fuera a la fiesta de Athena, y luego... luego planearía sus demás movimientos. Era un hecho que no podía prometerle bailar con él, pero por lo menos si llegar juntos tomados de la mano si él quería.

Avanzó un poco más, vacilante. Se detuvo en cuanto Kanon por fin se movió y le dio una muestra de aquél comportamiento suicida que Aioria le había confesado.

-"¿Fumas?"- Inquirió. No escandalizado, pues estaba seguro que Shura y Death Mask lo hacían desde que ya no había guerra; pero Kanon... Kanon no podría llegar a ese tipo de comportamiento, él se negaba a creerlo. Caminó hasta él con la clara intensión de quitárselo de la boca. -"¿No tienes idea de lo que eso le hace a tus pulmones?"- Por no decir que el olor a nicotina le resultaba desagradable.

A pesar de que pretendía ignorarlo, sus labios dibujaron una sonrisa irónica al escuchar sus palabras, y antes de que el chico lograra su cometido, se puso de pie para mantener a salvo su cigarrillo. Siendo tan difícil conseguirlos estando ahí encerrado, no estaba dispuesto a ceder a los caprichosos de nadie, ni mucho menos desperdiciarlo.

No quiso decirlo en voz alta, pero un reproche se confinó en su cerebro.

-"Hay cosas que provocan más daño..."- Alzó los hombros restándole importancia y le dio la espalda, mientras se alejaba.

Milo, al observar que se levantaba frenó la marcha, quedándose con la mano congelada, estirada, a punto casi de quitarle el tabaco. Lo vio pasar de reojo a su lado, y aunque el humo le hizo fruncir la nariz, viró sobre su eje para darle la cara al otro, aunque este le respondiera con la espalda.

Le parecía que el gemelo había adquirido aquél vicio para espantar su ansía y con ella sus culpas. Tal vez no era algo tan drástico como ahorcarse, cortarse las venas o tirarse al vacío, pero sabía que eso le provocaría un cáncer.

Tenía que decir algo.

-"Kanon, todos aprendemos a vivir con nuestros demonios..."- Se mordió el labio al darse cuenta que ahora sonaba como una copia barata de Shaka de Virgo. -"... pero eso no implica que para hacerlo debamos sumirlos en los peores vicios. El cigarro no sólo es asqueroso, sino que también limita tus capacidades corporales. ¿Qué pasaría si en este momento tuvieras que salir corriendo?... además, el olor… ¿Te has puesto a olerte los dedos después de fumarte uno? Francamente no entiendo porque la gente lo hace... además..."- Se calló en cuanto los ojos esmeraldas del mayor se posaron en su rostro.

-"Cuanto maldito parloteo…"- Por fin habló con la voz aguardiente. Milo se quedó con la boca levemente abierta mientras observaba, a la copia mal hecha del hombre que antes fuera su amigo y su amante. –"¿Por qué no te callas de una vez? Si tanto te molesta que fume, nada te obliga a quedarte donde estas."- Y tomando otra bocanada de su deliciosa nicotina, volvió a sentarse del otro lado de la cama ignorando al escorpión, que continuó siguiéndolo con la mirada…

Los labios del menor se despegaron involuntariamente unos centímetros: Por supuesto que esa era la salida más factible. Si a Milo le desagradaba el olor del Kanon sucio y fumador, no bastaría simplemente con tomar una inmensa bocanada de aire y aguantar la respiración, o apretar cada lado de la nariz con la yema de los dedos para que el mal olor no atravesara sus fosas nasales; no, si él quería huir de aquello bastaba con dar media vuelta y salir por donde entró…

-"¿Irme sin pelear?"- Sonrió entre burlón y desafiante mientras se acomodaba la cordata del elegante traje negro que llevaba para la fiesta. No se iría con las manos vacías, no se marcharía sin que ese terco gemelo disculpara su venganza y pudiesen volver a conversar con risas en la playa… como amigos. –"Yo no me voy a mover de aquí, y si para eso tengo que soportar morir de cáncer pulmonar por tu culpa… entonces…"- Avanzó hasta él y se colocó lo suficientemente cerca para inhalar el humo del tabaco. Hizo una mueca de desagrado, y comenzó a toser; su cuerpo le pidió voltearse, escapar, respirar pronto un poco de aire limpio; pero él se quedó donde estaba…

Kanon elevó la vista: esa vestimenta le sentaba bastante bien. El último comentario rematado de su reacción le pareció por demás infantil. No pudo evitar soltar una gran carcajada agria al apreciar aquello. Por supuesto, Milo también era exagerado.

-"Te has enfrentado cara a cara incluso a la muerte y me reprochas un cigarro... No vas a morir de cáncer por esto"- Entrecerró los ojos, al tener el impulso de echarle el humo en el rostro, sabía que eso lo cabrearía pero se contuvo en el último momento; tal vez lo dejaría para después… Le dio otra bocanada y escupió el humo del lado contrario. -"Supongo alucinación que a estas alturas será caso perdido ignorarte."- El menor arrugó la nariz, pero se alegró de tener su atención. Observó que alzaba los hombros y que tiraba la ceniza al aire, a un costado de su pierna. –"Yo que tú me apresuraba… No querrás dejarle plantado…"- El escorpión se sonrojó súbitamente mientras apretaba los puños a un lado de las piernas para darse valor y que esa idea no dominara su cuerpo para salir corriendo en pos de él.

Meneó la cabeza.

-"No me voy a ir hasta que no hable contigo."

-"Te quedarás parado ahí toda la noche entonces…"

-"¡Kanon!"

-"Es enserio, no quiero oírte."- se puso de pie y lo retó con la mirada. –"Si tienes pensado hacer algo esta noche, ve y cumple con tu propósito… Yo no necesito nada de ti, escorpión."- Y sin más volvió a pasarlo de largo. Milo dio la vuelta sobre su propio eje para recibir, de nuevo, la cara de su espalda.

-"¡Deja de decir eso!"- Reclamó. –"No pienso dejarte en esta habitación a tu suerte…"

-"¿Qué no dices?"- Emitió una risa forzada, seguida de una enorme bocanada de nicotina que encendió lo que restaba del cigarrillo mientras lo consumía. –"He pasado semanas incontables así, sin que tú te dieras cuenta, ignorado por ti y por todos esos que se proclaman mis compañeros."- La culpa inundó el pecho del proclamado caballero de Antares. Bajó un poco la cabeza, pero no la mirada.

-"Kanon, lo siento…"- El nombrado tiró la colilla, pisándola con el mismo pie con el que dio media vuelta. Tomó bruscamente la muñeca del griego y la levantó hasta su mejilla.

-"¿A qué demonios has venido?"- le susurró, pegando sus rostros. Sabía que la boca le apestaba, y era justamente ese el motivo por el que lo acechaba.

-"Suéltame…"

-"No me digas que tú tempano de hielo ya no te complace y por eso vienes a mendigar amor, porque si es así... pierdes tu tiempo..."- Y antes de que Milo pudiera asimilar o responder a lo que le acababa de decir, lo tiró contra la cama y lo tumbó de bruces, recostándose él de forma dominante en su espalda.

-"¡KANON!"- Forcejeó para quitarse el peso que lo sometía.

-"Así es como me gusta bicho… Dilo fuerte y sin titubeos…"- Apoyando su peso en las palmas de las manos trató de incorporarse, pero el mayor lo había aprisionado del tal forma que la único medio de retirárselo era tirándolo contra el piso. Si intentaba dañarlo de alguna forma, se las arreglaría para retirarlo aunque tuviera que emplear su astucia y fuerza como caballero dorado.

-"Kanon… por favor… sólo quiero hablar contigo…"

-"¿Hablar?"- Susurró, colocando los labios encima del cabello que cubrían su oído. -"Yo quise hacerlo contigo... ¿lo olvidas? Traté de hacerte entender... de decirte todo… pero tú no dejabas de pensar en el frígido ese. Ahora no me vengas con tonterías..."- Si pensó que aquél dolor se había diluido de su cuerpo con esos días de confinamiento, estaba muy equivocado. Mientras hablaba, mientras lo tenía ahí, atrapado por su cuerpo, en la cama donde tantas veces compartieron esa posición, el veneno le cerraba la garganta y le impedía no sólo pensar, sino también moverse. -"Si vienes a mi templo, luciendo así... oliendo..."- aspiró el aroma de su nuca. -"tan irresistiblemente, sólo me haces pensar que quieres provocarme… ¿Y como desperdiciar algo que viene a servirse a mi mesa con tan buena voluntad?"- Milo sintió un escalofrío. Su cuerpo aún reaccionaba a las acciones del ex dragón marino, pero nada cambiaría el hecho de que entre ellos todo estaba finiquitado…

Tragó saliva. La posición en la que estaba empezaba a exasperarlo, aunque la quietud del mayor lo hacían relajarse; después de todo no creía que el fuera a hacerle algo malo; sin embargo, la indignación y la furia se abrieron paso en su interior a pesar de tratar de calmarse alegando que no estaba en sus cávales y que solamente hablaba así impulsado por su rabia.

-"¿¡Cómo puedes…? ¡AGH!"- Hizo acopio de todas fuerzas, y levándose al colocar su peso en las manos sobre la cama, logró quitárselo de encima, dejándolo de rodillas y poniéndose él de pie a un costado de esta. –"¡No vengo a provocarte!... Kanon, entiéndelo… tenemos que hablar… ¡Mírate! Das lástima, pareces un mendigo vicioso..."- se mordió levemente la lengua para que ningún insulto agraviante golpeara al mayor; sin embargo, este, quien hubiera deseado aprovechar ese momento para abrazarlo y soltarse a llorar como el desahogo final para su alma, al sentirse otra vez rechazado, enfureció. Lo empujó por el pecho, y poniéndose de pie, tomó la botella de licor que estrelló contra la pared…

-"¡NO TENGO NADA QUE HABLAR CONTIGO! ¡Lárgate, vete por donde viniste…! Si te doy lastima, si te doy asco... ¡no sé que demonios haces aquí!... Yo no pedí tu amable visita, ni te pedí que te preocuparas por mí. Haz tu vida con el estúpido que elegiste y a mi déjame hundirme en la mierda que escogí... ¡Vete antes de que...!"- Lo tomó por el pecho con furia... Y esa fue la única vez que sus ojos se encontraron tan fijamente, que Kanon se rompió por completo. No fue el miedo lo que reflejaron las pupilas del menor griego, sino la culpa… El destello azulino de esos zafiros lo acobardó…

Lo soltó despacio mientras ladeaba la cabeza y volvía a huir de su luz: Milo había sido el único motivo para detenerse en algunas ocasiones, en sus planes, en varias travesuras; ya no era suyo, dejaría de estar a su lado para convertirse en la razón de alguien más... y él, tendría que encontrar alguna otra forma de levantarse del lodo. De todos modos siempre había tratado de no ensuciarlo y había terminado por embarrarlo al no saber demostrarle sus verdaderos sentimientos.

-"Vete de una vez..."- Murmuró, caminando y aferrándose a una silla que aún permanecía en pie junto a una pequeña mesita. -"Yo no soy tu responsabilidad y te limpio de cualquier culpa que... llegues a tener."- Colocó una mano sobre su rostro y una vez más trató de buscar de calma.

El escorpión, por su parte, sintió una terrible punzada al verlo tan cambiado, poco a poco se estaba abandonando en un camino sin retorno. Él siempre admiró a Kanon, después de todo había sido su tutor, amigo, amante, confidente… Pero ahora no quedaba nada de aquello y el se negaba a perderlo, si bien ya no eran amantes quedaba lo demás, también importante para él

Lo vio darle la espalda y alejarse nuevamente, el murmuro le llegó a los oídos lejano y distante, dejándole percibir su dolor y soledad…

-"No me voy a mover de aquí… eso deberías saberlo ya. Soy tan terco como tú…"_ Caminó los pocos pasos que los separaba. -"Y si, si eres mi responsabilidad, eres mi amigo..."- Colocó su mano en la espalda del mayor, acariciándola suavemente…

Aspirando para calmarse, sabiendo que las lágrimas, aunque las sintiera escocer sus retinas, ya no tomarían por escaleras sus pómulos; se alejó, rechazando así el contacto del menor.

-"No me toques…"- Tragó saliva para ayudar a que en el trayecto la voz no se le rompiera. –"Te lo pido por favor… No tienes idea de todo lo que me haces sentir cuando hablas, incluso cuando respiras…"- Se río de si mismo. –"No es que no quiera verte, es que creo que tú no tienes nada que decirme… Ya todo lo que pudimos haber hablado esta dicho. Tú lanzaste tu veredicto y con él tú sentencia… Yo no te culpo ni te reprocho nada, pero enserio… si no te vas… Voy a hacer algo que no quiero…"- Se abrazó a si mismo y fue a recargarse en la pared. Las piernas le temblaron y terminó sentado, hundido en ella con la cara oculta entre los brazos. –"Ve con el resto… márchate con tu hombre perfecto y olvídate de mí, haz lo que no pudiste hace trece años."- Tal vez si trataba de dañarlo físicamente él se marcharía. Tal vez si lo tumbaba en la cama y comenzaba a querer 'violarlo', Milo 'comprendería' que todo ese amor que había pregonado era una sarta de mentiras para enredarlo otra vez…

Las palabras de Kanon dolieron. Suspiró pesadamente y aceptó que más allá de que fuese un desahogo, eran verdad… Estando los dos solos aquél día, Milo lo ignoró a propósito, incluso desbordó su propio dolor en insultos disfrazados que terminaron siendo un nefasto rechazo, un algo así como 'no me interesas en lo más mínimo'. Apretó el pecho a un costado de su pierna mientras lo veía hundirse en su soledad…

Sabía que no era obligación suya repararlo, pero por lo menos, si estaba en sus manos apoyarlo y decirle que la vida no se detenía porque ellos ya no siguieran juntos, entonces le tendería la mano…

-"No es mi intención lastimarte con mi presencia"- Dijo con voz firme. –"Sé que te rechacé de la peor manera, y en que vez de aceptar tus disculpas me burlé de tu dolor, pero… yo te sigo queriendo y respetando mucho. Jamás he estado en una situación como la tuya porque siempre te quise y no hubo a quien pedirle su amor –hasta ahora-, y aunque no me rechazaste de forma directa, aprendí a vivir sin ti mucho tiempo..."- Se quedó callado, mientras avanzaba hacia el mayor, y de cuclillas frente a él, exponía su corazón.-"Kanon… yo… quiero que me permitas tener tu amistad, es todo lo que te pido. Me siento responsable por la forma en la que te has abandonado, y me lo creas o no, mientras te abandones aquí yo no podría estar tranquilo…"

-"No me hables como sí estuviera a punto del suicidio."- respondió aún hundido en su presión. -"Estoy bien, ¿sabes? Viví mucho tiempo siendo una sombra y luchando contra ella para derrumbarme por algo así. He luchado contra la muerte… he enfrentado a los dioses, y te he enfrentando a ti para expiar mis culpas… Esto… no me va a matar…"- Acomodó una sonrisa lúgubre en su rostro simplemente para tranquilizarlo, para que lo dejara sólo, para no seguirlo preocupando; intentó mostrársela levantando la cara, y sin embargo, al hacerlo, se topó con el Milo noble que tanto amaba apostado delante de él, mirándolo con culpa y el dolor a punto de salir por sus ojos, a pesar de que mantener la voz estable.

El dolor que divisó en sus retinas le partió el corazón. Ningún rechazo, engaño o despedida dolió tanto como esa pena filtrada en los ojos de la persona más importante que había en su vida. Era como descubrir que el arcoíris poseía gris y aún así era hermosamente perfecto, pero apreciarlo con un vacío en la boca del estómago.

Impactado, bajó los brazos que descansaban en sus rodillas hacia el suelo.

-"No, no estés triste…"- Le dijo, tratándose de animarse un poco para hacer lo mismo con Milo. –"Yo te deje en paz para evitarlo… Sabía que si me quedaba a tu lado sufrirías más… y me negué a buscarte para no rogarte, para no suplicarte una oportunidad..."

-"El que sufra o no, no es responsabilidad tuya, Kanon. En cambio, si no me importaras no estaría aquí pidiéndote que no te abandones a ti mismo. ¿Cómo puedes decirme que estas bien? Apuesto que no has comido discentemente, no te has bañado, ni siquiera has salido de aquí y eso no es sano..."- Se pausó un momento para estirar la mano libre y rozar levemente el rostro de su acompañante desplazándola lentamente hasta su hombro, mirando los estragos que la soledad había causado. – "Acepta mi amistad… no puedo ofrecerte más."

En silencio, el otro griego se dijo a si mismo que Milo no era grosero, aún siendo impulsivo y que eso llevara su comportamiento a un punto impertinente, su personalidad directa, su amabilidad desmedida, hería. Kanon no quiso interrumpirlo porque sabía que aún de forma inconsciente lo lastimaba, pero...

-"Y supongo que quieres que acepte tu amistad incondicional y que diga que sí, que seremos amigos para siempre... "- Tomó la mano sobre su mejilla y la apartó, pero sin soltarla la colocó sobre su pierna. –"No quiero caridad, tu corazón es muy grande pero no lo puedo tomar así. Yo te amo, siempre te quise… eres lo único bueno para mi..."- sollozó sin desearlo, y por fin las lágrimas reprimidas se liberaron. Se soltó del agarre de Milo y echándole los brazos encima se aferro a su cuerpo con la cara hundida en aquella azulina cabellera.

Al sentir el abrazo se aferró a su espalda y apoyó la sien en su hombro: el olor de su acompañante ya no le afectaba, pero verlo desmoronarse… Tuvo que hacer acopio de todo su valor para intentar calmarlo.

-"Kanon, entiéndelo, también eres muy importante para mi, te quiero mucho... no te imaginas cuanto… pero aquél amor se convirtió en un sólido cariño..."- El otro negó con la cabeza: Sabía que no podía, que no debía pedir demasiado de el, de esa noche y del modo que intentaba consolarlo; pero de nuevo deseó que ese ser recobra su camino, que en el puente la dirección que tomara fuera la suya y no la del custodio de acuario que seguramente esperaba por él unos templos más arriba. Supo lo que era tenerlo, perderlo y...

-"Quédate conmigo… dame otra oportunidad…"- Ante el silencio de Milo supo que recuperarlo no era una opción. Entendió que buscaba las palabras adecuadas para rechazarlo, esta vez sin romperlo.

-"No puedo… No es que no quiera esforzarme en hacerlo, es que…"- La verdad se colocó en la punta de la lengua: Decirle que no estuvo enamorado de Camus desde el inicio, y que planeó prácticamente desquitarse de su abandono, hasta el momento en que olvidó esa idea porque se enamoró de esa persona, no lo convencería de aceptar su amistad; incluso, la respuesta de Kanon podría ser de odio y rechazo…

El gemelo, por su parte, apretó los ojos mientras soltaba un suspiro. Sabía que no se arrepentiría de haberse quedado con las ganas de decírselo. Sonrió de lado y se aferro a aquel abrazo como sí fuese el único auxilio entre las arenas movedizas. Después, poco a poco lo soltó, con la cabeza gacha lo apartó. Se hizo a un lado y se incorporó mientras se tallaba la cara con la muñeca.

-"Espero no haber arruinado tu traje. Ve a tu fiesta y diviértete... Yo voy a aceptar lo que me ofreces, aunque no lo haga ahora… No puedo. Sí para no perderte tengo que ser tu amigo lo haré con un poco de tiempo."- Milo se puso de pie, poniéndose de nuevo frente al mayor, sonrío levemente y se encogió de hombros restándole importancia a las condiciones de su vestimenta.

-"Te daré tu espacio entonces, pero ahora…"- Le tomó la muñeca. –"Quisiera pedirte que vengas conmigo."- El otro alzó la ceja. Al escorpión le causó pena ver sus pestañas todavía empapadas.

-"¿Ir? ¿A dónde?"- Y antes de que pudiera si quiera hablar, Kanon negó con la cabeza y se soltó de aquél agarre. –"Ni hablar. Ya te lo dije… ve con tu hombre perfecto y divierte con él, porque lo que soy yo no quiero que me restriegues en la cara tu felicidad, ¿sabes?"- Escorpio frunció el ceño mientras se sonrojaba sutilmente.

-"No lo dije por eso… y tampoco te voy a negar lo que tu ya sabes y decirte que no me muero de ganas por verlo, por estar con el y decirle cuanto lo quiero; pero sí el y yo vamos a estar juntos tiene que entender que tu me importar mucho, y que sí algo te pasa voy a sufrir…. Te quiero. No te amo como antes, pero haría cualquier cosa por ti, y eso implica llevarte como costal sobre mis hombros si eso es necesario."- El mayor tuvo que reprimir las ganas de reírse por el puchero que su conterráneo acababa de realizar. Le dedicó una mirada dulce, pues, a pesar de su dolor comprendía muy bien las intensiones de Milo. Después de todo su historia la llevaban tatuada en el corazón, no podían negar lo que habían significado el uno para el otro, ni las huellas impresas a lo largo de los años; era como negar su historia y su existencia.

Sonrió un poco más tenuemente al descubrir esa madurez en el chico, su sinceridad era absoluta. No todo estaba perdido, su amor no había muerto como suponía, simplemente había mutado hasta adquirir esa graciosa forma ahora tan distinta que se le hacia un poco difícil reconocerla, era algo parecido a un matrimonio de ancianos, donde solo queda la amistad y la compañía, pero no por eso menos valiosa, al contrario era lo mejor que le podía quedar.

Colocó una mano sobre su propia cadera mientras con la otra le jalaba la mejilla. El otro no tardó demasiado en protestar.

-"¿Y según tú crees que yo NO opondría resistencia? También te quiero mucho Milo, más de lo que te imaginas... y lamento tanto darte sólo dolores de cabeza, pero créeme, voy a estar bien vaya o no a la dichosa fiesta de Athena."- Lo soltó y retomó el camino hacia su cama, pero el menor volvió a detenerlo apretando suavemente u mejilla.

Alguna vez añoró tomar su mano en público. Deseó compartir a sus amigos de la infancia aquel secreto por quién suspiraba y anhelaba en sigilo. Quiso tener la oportunidad de hacer algo tan lindo e infantil como sentarse en sus piernas. Verlo parado junto a él, aceptando su nueva relación le hizo entender que eso ya no estaba a discusión. Aquél libro se cerraba para siempre esa noche, y él debía estar listo para iniciar uno nuevo junto a la persona de la que se había enamorado esos meses…. Le sonrió completamente mientras admiraba lo bien que Kanon había entendido sus sentimientos, y trataba de poner la mejor cara para disuadirlo

-"Inicialmente no planeé sólo venir a decirte todo lo anterior, sí no también, a llevarte conmigo. Es una fiesta, y aunque no pueda prometerte una pieza, ansío verte en ella. No porque quiera presumirte a la persona que es importante para mi, ni mucho menos, sino porque será un sitio donde se reunirá una familia completa, y quiero que tú de una vez y para siempre te sientas parte de ella. No se sí sea bueno que él me vea contigo, pero tarde o temprano tendrá que asimilar que lo que tengo contigo es si o si para siempre."

Kanon se dijo que no iba a participar en esa estúpida fiesta, lo juró por la cabeza de su hermano, pero esa sonrisa le desbarató aquella promesa hecha a la nada.

Pese a tantas cosas, reconoció que le debía eso y más al menor. Milo siempre se lo dio todo a manos llenas sin dudar siquiera, incluso el mismo llegó a reprimirlo y el chiquillo jamás puso objeción; pero, por una vez en su vida, haría las cosas bien, dejaría el pasado en el lugar que corresponde y por primera vez cumpliría ese pequeño capricho, "nunca es demasiado tarde" se dijo mientras adquiría una sonrisa calmada.

-"Muy bien…"- Le dio la espalda y se dirigió al lado contrario. –"… pero si no es un espectáculo digno de alguien como yo, me volveré temprano al templo sin importar cuanto supliques."- Alzó la nariz en dirección al techo y se dirigió al cuarto de baño, mientras escuchaba al ya no tan pequeño escorpión reír. –"No tardo…"- Fue lo último que dijo antes de desaparecer tras la puerta.

Milo habría podido lanzarse a sus brazos sin reparos, incluso le habría besado las mejillas. No supo sí Kanon lo vio, pero involuntariamente dio un saltito de júbilo y juntó las manos. La sonrisa que adornó su rostro el propio Zeus la habría deseado.

Al desaparecer, y quedarse completamente a solas, reparó en los aspectos del cuarto: se cerraba la puerta del amante para abrir la ventana del amigo. Ya no podría pisar aquellos dominios con la idea de pasar ahí la noche envuelto en sus brazos. Lo visitaría con la idea de invitarlo a la playa, o simplemente salir para darle su espacio a Camus… Reirían y entablarían conversaciones privadas y a veces sin sentido, pero esta vez sin besos o algún otro mimo.

Camino hacia la cama, deslizando las yemas de los dedos en la almohada que tantas veces sostuvo su cabeza. Sonrió añorarte: la despedida a veces dejaba sueños destazados.

-"Gracias por todo."- susurró, despidiéndose así de lo que una vez fueron.

o.o.o.o.o

- (El amor es sólo un simple juego de palabras que al final ninguno de los jugadores gana.…)

Escuchó una risa histérica porvenir de algún lugar cercano a donde se encontraba, él, por reacción, volteó para a tras mientras se encogía de hombros como si eso fuera a salvar sus oídos de aquel ruido: Afrodita apareció en su campo visual colgado del brazo de Shura, a quien Death Mask deseaba matar con el fuego de sus ojos, y justo al que se encontraba de brazos cruzados un felino celoso…

Camus trató de no imaginarse el acontecimiento que había disparado ese sonido, pero mientras volvía a poner la vista en las decoraciones del sitio, un nuevo ruido atrajo a su mente la posible explicación de esa escena: El santo de Piscis estaba picándole el nervio de los celos al canceriano, y como el español era demasiado 'cortes' para decirle que no, se prestaba sin querer al juego. El doceavo ya debería estar encantado con los matices de ira que el cangrejo iba adquiriendo, y con los celos de Aioria que por más que trataba de ocultar riendo con el pez, le saltaban por la cara como venas hinchadas de sangre.

El galo suspiró: ya había olvidado que eran justo esos desarreglos los que lo mantenían lejos de todo lugar cuyo calificativo fuera 'fiesta', cuya palabra, en todo caso sólo tenia un significado: sitio concurrido de personas que además de ser escandalosas, sólo buscan ocasión para molestar al resto. Trató de dar la vuelta por ahí para mantenerse distraído –ya que sus 'niñeros' estaban ocupados-, cuando una figura que le tapó la luz se le puso al paso.

-"¿Un poco de ponche?"- Le ofreció un vaso. Acuario lo miró a la cara: Saga se veía tranquilo, confiado, incluso el traje negro y corbata roja que portaba esa noche le sentaban muy bien. Se sonrojó sutilmente y negó con la cabeza.

-"No quiero consumir nada hasta que no llegue Milo."- Respondió en seco. Trató de alejarse, pero el otro volvió a ponérsele al paso.

-"Milo."- Arqueó una ceja. Los celos no podían ser más evidentes. Acuario se preguntó porque el cuestionamiento, pero luego pensó que todo se debía a que como ya conocía la verdad pensaba que ellos dos ya no estaban juntos…

-"Es lo que hacen las parejas."- Respondió. Géminis embozó una sonrisa burlona.

-"¿Parejas?"- Se rió. –"De acuerdo, te seguiré el juego. Entonces, si él no está, ¿no puedes comer o beber nada? ¿Y qué tal si nunca llega? ¿Tienes idea de donde está y con quién?"- Algo en sus ojos le hizo saber al galo que él tenía conocimiento de una información que se moría por compartir. Abrió la boca para responder, pero Shura y Aioria se acercaron.

-"Camus, te estábamos buscando."- Comentó el español con una sonrisa. Sus ojos se posaron en el gemelo. –"Saga."- Saludó por compromiso.

-"¡Oh! Los niñeros de Camus. Milo debió pensar que los necesitabas."- El pelinegro se rió.

-"Contigo cerca, nadie está seguro…"- Lo retó con la mirada. Aioria notó que había demasiado tensión, pero no entendía el por qué…

-"Como estaba por decirte, Camus, Afrodita estaba contando unos chistes muy buenos acerca de ti. Tienes que oírlos."- Comentó para disolver un poco la atmósfera. Shura colocó la mano en el hombro del galo y prácticamente lo movió de lugar sin quitar sus pupilas de la silueta del gemelo, Aioria los siguió en silencio.

-"La noche es joven…"- Le oyeron decir antes de retirarse.

-"No lo soporto…"- Murmuró Shura, volviendo la vista hacia el frente mientras se alejaban lo suficiente para respirar tranquilamente.

-"Creí que tú y él se llevaban muy bien."- Comentó el galo.

-"Eso fue antes… Ahora de buena gana le rompería la cara al infeliz…"- Volvió a murmurar, como si bajando el volumen de su voz pudiera contener un poco más su ira. Acuario quería preguntar la causa, pero si lo hacía rompería con una de sus reglas más importantes; sin embargo, el león se veía celoso, como si creyera que Camus era la razón de esa reacción.

-"Voy a ver a mi hermano…"- Fue lo único dijo mientras se alejaba. Perspicaz, el galo lo siguió con la mirada.

-"Parece que Aioria está molesto."- Comentó al aire, virando enseguida hacia Shura.

-"No sabía que Saga le cayera tan bien."- Argumentó el otro, alzando los hombros como si no le importara… aunque sentía una ligera punzada de celos… El francés meneó suavemente la cabeza.

-"No es por eso… "- Volteó otra vez hacia atrás para enfocar a Aioria: el león desvió los ojos puestos en él mientras se reía con Aioros. –"… creo que él piensa que lo odias por mí."

-"¿Eh? ¿Por qué?"

-"¿Por qué otra razón sería? Hasta donde tengo uso de razón tú y Saga eran buenos amigos. Me parecía extraño que se llevaran tan bien siendo que ambos estuvieron con la misma persona (Aioros)… A menos que…"- Camus lo entendió sin que se lo dijera. –"¡Claro! Tú también lo sabes."

-"¿Saber qué?"

-"Tú sabes qué."

-"¿Tú sabes algo de Aioros que yo no?"

-"No te lo diré porque me da asco recordarlo, pero fue algo que pasó el día que Milo y yo comenzamos a vivir juntos en mi templo."- Shura lo entendió.

-"¿Los… viste...?"

-"Si…"- Quemaba… la herida continuaba ardiendo como el hielo contra la piel. –"Los dos se dieron cuenta que estaba parado en la puerta…"

-"¿Y no se detuvieron?"- ¿No era el único en formar ese absurdo pensamiento?

-"No, ¿por qué motivo lo habrían hecho?"

-"Porque Saga te ama, porque si yo hubiera sido descubierto en esa misma situación por Aioria, incluso por Aioros, me habría detenido para explicarle o para…. ¡No sé!"- Apretó los puños y viró la cara hacia Saga. –"¡Ahora tengo más ganas de matarlo! ¡No creí que fuese capaz de…!"

-"Da igual. Tal vez eso era lo que necesitaba para entender que una relación con él es imposible."- Se sintió incómodo. No estaba acostumbrado, por mucho que Shura fuese su amigo, a hablar de sus sentimientos… -"Por cierto, Milo ya se tardó demasiado… Estoy preocupado…"- Por no decir que Saga le había plantado la semilla de la duda en el pecho, y no se quedaría tranquilo hasta que él estuviera tomando su mano.

-"Dijo que iba a su templo, o algo así, no creo que tarde mucho."

-"Es cierto, pero aún así… Tengo que ir a buscarlo."

-"No creo que se pierda, Camus…"- Él no lo escuchó. Apenas tomó la decisión, se alejó por la salida del templo de Athena.

En ese momento, Aioria, que volví a reírse con su hermano por alguna tontería, volteó hacia la entrada del templo para ver si Milo pasaba ya por ella, pero en cuanto notó que era el acuariano quien se alejaba a través de ella, dejó a su hermano con una disculpa y se acercó a Shura.

-"¿A dónde va?"

-"¿Te enojaste porque quiero romperle la cara a Saga?"

-"No… Tal vez… es decir, tú me reclamas porque ando metiéndome en los problemas de Milo y tú estas dispuesto a pelearte con Saga por Camus…"

-"Créeme, Camus es sólo la mitad de mi razón. Aioros tendría que contarte el resto para que me entiendas."

-"Bueno, eso lo puedo discutir después con mi hermano, pero ¿por qué Camus se va tan temprano?"

-"Dice que irá a buscar a Milo…"

-"¿A buscar a Milo? ¿Por qué? ¿Por qué no lo detuviste?"

-"¿detenerlo?"- Aioria asintió mientras se decidía a ser él quien impidiera que se fuera, pero el español lo detuvo del brazo. –"¿Otra vez estas celoso?"

-"¿Qué?"

-"¿Qué te importa si Camus va a buscarlo? Deja de meterte."

-"No es por eso Shura, es que… Milo no estará en Escorpio…."

-"¿A dónde fue?"

-"Sé que me dijiste que no podía decirle nada de Kanon, pero… soy demasiado transparente cuando estoy con él y no pude simplemente quedarme callado."

-"Espera… ¿Le contaste lo que te pedí que no le dijeras a nadie?"

-"No pude evitarlo."- Shura lo soltó.

-"¿Sabes qué? Creo que ni siquiera lo intentaste. Obviamente sabías que Milo iría tras de Kanon, que Camus se enteraría y que entonces todo entre ellos pasaría a la historia para por fin quedarte con él."

-"¡Eso no es cierto! Shura…"

-"No me toques."

-"¿A dónde vas?"- Ni siquiera se atrevió a voltear hacia atrás, porque entonces diría cosas de las que seguramente se arrepentiría… Caminó sin escucharlo, con el objetivo de detener a Camus en el templo antes de que pudiera saber que el escorpión realmente no estaba donde…

Antes de que si quiera pudiera idear la forma de frenar su búsqueda, lo vio muy quieto a pocos pasos de él. Movió los labios para decir su nombre y hacerle voltear, cuando notó que el motivo por el cual no se movía ni un ápice eran Kanon y Milo… También se congeló.

Aioria, que caminaba apresuradamente detrás del español sin saber si detenerse a explicarle más o correr a jalar a Camus, hizo rechinar su zapato al tratar de detenerse súbitamente… Hasta ese momento, Acuario y la 'feliz pareja' no se habían percatado que más personas estaban cerca de ellos: Milo hizo la cabeza hacia atrás nada más para virar hacia el lado izquierdo con una mezcla de pánico y sobre salto en los ojos, que los del galo no recibieron escondidos tras una penumbra de flequillo azulino. Kanon volteó también, y retrocedió un paso para liberar por completo el guardián de Antares… Shura abrió la boca, pero no dijo nada… Leo dominó sus instintos asesinos apretando los puños…

El dolor silencioso impulsó la pierna derecha francesa a moverse hacia adelante, mientras la cabeza continuaba suavemente agachada para esconder los ojos cerrados: abrirlos sólo liberaría la sangre en la yaga… Milo, quien temblaba de pies a cabeza buscaba el mejor argumento o palabra para evitar que Camus reaccionara de cualquier forma, pero sus cuerdas vocales y cerebro se negaban a cooperar en la tarea. Capricornio dio media vuelta sobre su talón diestro, se enfrentó al quinto guardián y lo obligó a retroceder con el fulgor en su mirada; alejándose fue como Kanon los observó y decidió copiarles. Volteó para decirle algo más al escorpión, pero este caminó hacia el acuariano para encontrarse con él en su andar hacia la parte contraria a la fiesta: una justificación inmediata era cosa de vida o muerte.

-"Ca…"- Tan pronto como intentó hablar, el nombrado levantó la mano y se la puso muy cerca de la cara sin siquiera mirarlo; incluso, caminando en la misma línea, lo esquivó con los pasos. A Milo los labios le temblaron. Sintió que las piernas se le hacían agua ahí parado, y perdió cualquier esperanza de que él lo escuchara.

El gemelo los observó sin saber que hacer. Era consiente de los sentimientos de su conterráneo, pero jamás había presenciado los de Camus de esa forma, hacia alguien que no fuese su hermano… El Acuariano pasó por donde estaba él, como a un metro y medio de distancia, pero tampoco dio señales de haberlo notado. Supuso que no tendría ningún caso decirle algo a Milo o pronunciarpalabra, así que simplemente comenzó a caminar en dirección a la fiesta…

Escorpio ni siquiera le prestó atención. Meneó la cabeza para quitar de ella cualquier estúpida idea y siguió al francés.

-"Camus, tenía que hacerlo…"

«Tenía que hacerlo…» ¿El qué, el mentir, el besar… o el usar una falsa esperanza para conseguir a la persona que le interesaba…?

El labio inferior titilaba cuando embozó una sonrisa burlona: sabía que ese era el precio, que ese era el acuerdo inicial después de todo… No tendría porque convertir en dramática una escena graciosa… Trató de enderezarse, pero las manos le pesaban y los hombros no podían ponerse rectos y firmes; su apariencia sería –aunque él no quisiera- la de un reo condenado a muerte…

-"¡Yo no podía…! ¡Él y yo no…! ¡Nosotros…! ¡Yo te…! ¡Lo siento!"- Entre las frases cortadas e inentendibles de Milo se filtró un suspiro galo, que aunque quedo, parecía hacer callar todo el escándalo griego.

-"Yo también…"- Murmuró. Ningún caballero en juicio podría permitirse la derrota, bajo ningún término o concepto de ella. –"… pero, ¿sabes? Al final era de esperarse, y de todos modos no importa… sucedió y gracias a Athena por ello, y por el final…"- No fue su calma al hablar mientras continuaba la retirada lo que impresionó al griego, sino esa forma de emplear su vocabulario. No fue tajante, no fue cortés, fue sincero y concreto…

-"Cam… es que…"

-"Las cosas volverán a estar como deberían… y tú y yo retomaremos nuestro lugar en el gran ciclo de la vida…"

-"… ¿pero qué estas diciendo? No te entiendo nada… y antes de que sigas con eso déjame de…"

-"Yo lo entiendo perfecto, no te preocupes…"

-"No, es que tú no entiendes… y es culpa mía…"

-"Buenas noches…"

-"Cam..."

-"Buenas noches…"

-"Camus…"

-"Bonne nuit!"

-"¡Maldición, escúchame!"- Tan pronto como lo tomó intempestivamente del brazo para detenerlo y hacerle que enfrentara sus ojos, el cosmos de Camus se dejó sentir a través de los poros de su piel, congelando los dedos del escorpión; al mismo tiempo viró sobre su talón y usando el apoyo de sus yemas lo empujó por el torso.

-"¡No me toques!"- Milo a penas pudo respirar. Retrajo la mano, cubriéndola sobre el pecho con la otra para darle calor. Sus ojos se mantuvieron presa de la sorpresa en el semblante furioso del galo…

Él sintió su dolor…

Camus furioso, atormentado y vencido se llevó las manos a la cien: ya no podía mantenerse tranquilo; de un momento a otro reventaría y… Escorpio volvió a estirar la mano, él sintió su movimiento y retrocedió mientras lo enfrentaba con la mirada.

-"No te atrevas…"

-"Puedo hacerlo porque eres mi novio."

-"¿Tu novio? No me hagas reír, escorpión. Tengo ganas de vomitar y no querrás saber qué fue lo último que comí."- Sarcasmo, ser una rápida respuesta a la agonía.

-"Camus, no tienes que ser tan ácido…"

-"Y tú no tienes que llamarme por mi nombre."

-"Camus…"

-"Que no lo hagas…"

-"Ca-mus…"

-"¡Ya basta!"

-"¿Por qué te molesta tanto?"

-"Porque no quiero que nada que haya tocado a ese… infeliz me toque a mí, y eso, escorpión no excluye tus labios."- De nuevo exponía sus sentimientos. Se sintió humillado y volvió a darle la espalda para regresar a Acuario.

-"No te vayas… déjame…"

-"No quiero que me hables, ¿no te das cuenta? No me obligues a ser grosero contigo."- Avanzó de nuevo a la salida, pero Milo volvió a tomarle el brazo, al mismo tiempo que una presencia imponente se dejaba sentir en el recinto; ningún de los dos 'lo notó'.

-"¡Qué me sueltes!"

-"No voy a dejar que te vayas sin hablar conmigo"

-"¿Y qué me vas a decir ahora?... ¿sabes qué?... ¡Ni siquiera me importa! Guárdate tu agradecimiento o cualquier tipo de sentimiento que tengas… Yo no lo quiero."

-"¡No seas necio!"

-"¿Necio yo? ¡Mira quien lo dice! ¡Suéltame ya!"

-"¡No, y no puedes obligarme!"

-"No me pongas a prueba, Escorpio…"

-"Milo, me llamo Milo aunque te cueste más trabajo."- Camus continuó jaloneando su brazo.

-"¡Tú ganas! ¡Te iras al infierno en un ataúd de cristal!"

-"¡Perfecto, Camus! Pero primero te voy a decir lo que sucedió esta noche…"

-"¡Qué no me importa!"- El griego lo soltó.

-"¡Tápate los oídos entonces! ¡Lo voy a gritar y si no lo oyes no será mi problema…!"- Cerca de ellos alguien se aclaró la garganta. Cuando los dos voltearon hacia el costado surdo se toparon con Shura, quien discretamente miraba hacia otro lado.

-"Perdonen por interrumpirlos… Athena bajó hace un momento y… ustedes saben…"- Camus les dio la espalda y emprendió otra vez la huida. El octavo volvió a frenarlo.

-"No puedes marcharte…"

-"¡Qué necedad! ¡¿Qué parte de NO ME TOQUES no entiendes?"

-"Camus, Milo tiene razón. Ya habías planeado asistir, y varios compañeros ya te vieron en el lugar… No puedes simplemente irte."

-"No me interesan sus fiestas, tú lo sabes Shura. No tengo a que quedarme."

-"Eso es mentira y lo sabes."

-"No tienes que hacer lo que no quieres esta noche, Camus, pero piensa que siempre has antepuesto el deber a tus propios sentimientos… No te conviertas en alguien que odies mañana."- Murmurando una serie de frases en francés decidió caminar hacia el español, pero cuando pasó al lado de Milo murmuró:

-"No te atrevas a acercarte a mí otra vez."- El griego exhaló y trató de debatir, pero Shura lo silenció levantando un dedo a la altura de la nariz.

Acuario caminó al frente con la nariz levantada en dirección al cielo, seguido muy de cerca por el español; Milo 'lo escoltaba' a pocos pasos de distancia mientras pensaba en lo mal que le había salido su plan. Por intentar edificar un gran edificio en una zona sin escombros donde no hubiese durado mucho, perdió la oportunidad de poner ladrillo sobre ladrillo.

Aioria se encontraba cerca de la salida. Mantenía una posición firme, pero a la vez suspicaz, como si estuviera cuidando las afueras del templo por si alguien intentaba interrumpir la conversación o algo similar. Se quedó quieto en cuanto el acuariano pasó a su lado, Shura volvió a dirigirle una de esas miradas de desaprobación al cabo que lo pasaba de largo; Milo fue el único en detenerse cerca.

¿Emitir un reclamo podría tomarse como si pisoteara a un hombre caído…?

-"Vamos…"- Leo colocó la mano en el hombro y le dio un par de palmadas para invitarlo a proseguir. Él asintió suavemente en forma de respuesta…

¿Y ahora… cómo le diría a Camus que la mitad de sus pensamientos eran erróneos?

….

Continuará…