Capítulo 2: La lucha.
Los caballeritos de bronce se reunieron en Tokio para partir a Nueva York. Shun – que era el más enterado – les contó lo que había pasado: Una mañana despertó, desayunó, le escribió un mail a June, fue a saludar a Saori y esta diosa no estaba. Al rato llegó un mensajero motorizado y le entregó un DVD con la grabación de una asustada Saori que decía que si no llegaban en tres días a Nueva York y vencían a los Terribles Tiranos, ella sería devorada y su corazón entregado a las fieras...
-Ya – dijo Hyoga, sin preocuparse demasiado.
-Los noto raros – dijo Shun después de un tiempo. - ¿A ustedes también les dieron sus novias el ultimátum, eso de "deja de ser caballero de una vez que me desespero"?
-Sí – respondieron al unísono.
-Creo que las chicas se pusieron de acuerdo – dijo Shun. – No me molesta mucho, porque creo que ya es hora de hacer otras cosas con nuestra vida. Hemos luchado demasiado, me gustaría ejercer otras profesiones, para variar.
-No sabemos hacer nada más – repuso Hyoga.
-Pues tendríamos que estudiar – dijo Shun, encantado con la idea.
-Tendríamos que recuperar como diez años de educación – se quejó Hyoga.
-Y yo no pienso volver a una escuela donde tenga que estudiar junto a niños chicos – amenzó Ikki.
-Yo no pienso volver a una escuela – dijo Seiya.
-Hay otras maneras – dijo Shun -: autoaprendizaje, Internet, tutorías...
-No, Shun – dijo cansadamente Ikki – no va a resultar... Mejor explícame cómo vamos a localizar a Saori y sus secuestradores en Nueva York si esa ciudad es tan grande...
-Hay que llamar al teléfono de Saori cuando lleguemos y ellos nos dirían lo que hay que hacer.
-Secuestradores tecnológicos... a lo que hemos llegado – reclamó Ikki.
-No todos son unos anti progreso como tú, Fénix – repuso Hyoga.
-Esas cosas las hizo el diablo – murmuró Ikki. Hilda, como buena sacerdotisa anticuada, pensaba que todo lo inventado después del siglo XV era maléfico, e Ikki confiaba mucho en su criterio.( A pesar de su desprecio por todo aquello que sonara a modernidad, Hilda e Ikki le tenían un gran aprecio a la red, porque a través de ella podían propagar sus ideas antiprogresistas... Además, era muy útil para pedir pizzas y bajar videos de bromas. Si alguien les hacía ver la contradicción vital en todo esto, Hilda decía que el Internet era una creación y no un invento. Y si ese alguien insistía, Hilda lo excomulgaba e Ikki le aplicaba su puño fantasma.)
-Vamos llegando, abróchense los cinturones – avisó Shiryu.
-Gracias, señorita azafata – respondieron los demás, riendo, pero pronto la risa se congelaría en sus rostros...
El jet privado sufrió una ligera vacilación en su aterrizaje, pero no pasó a mayores; los pasajeros bajaron con quemaduras superficiales, excepto Shiryu, que parecía muy ofendido.
Acordaron con los secuestradores encontrarse en el Central Park a las cinco de la tarde. Ellos debían estar con sus armaduras. Los chicos llegaron puntuales, y se encontraron con los enemigos que ya los estaban esperando. A pesar de que el lugar estaba lleno de gente, nadie se asustó al ver a un grupo de locos con armaduras; pensaban que eran parte de una "performance".
-Al fin nos vemos las caras, santitos – dijo el más alto, que parecía el líder – ustedes deberán enfrentarse con nosotros y vencernos antes de la caída del sol, es decir, en tres horas más.
-Es verano, así que técnicamente el sol se oculta a las nueve – dijo Hyoga.
-Nosotros ponemos las reglas, genio – respondió el líder -. Le daremos a cada uno un mapa para ubicar a su enemigo. Si lo vence, tiene derecho a ayudar a sus compañeros. Cada uno de nosotros tiene un pedazo del mapa que les servirá para ubicar a Athena. Deben salvarla antes del plazo fijado, o morirá... guaja guaja... ¿Alguna duda?
-Sí – dijo Shun - ¿hay alguna manera de solucionar esto sin violencia?
-No. ¿Algo más?
-¿Por qué hacen esto? – Seiya usó una pose de superhéroe al preguntar esto.
-Somos malos. ¿Otra?
-¿Han pensado en que ser o sentirse malvado, o creer en verdades antiéticas contrarias a nuestra moral convencional, no significan una razón válida para comportarse fuera de los parámetros que nos otorga nuestro sistema de derechos ajustados a la idea moderna del hombre libre y soberano? – Shiryu quiere saber.
-¿Qué? – preguntó el líder.
-Si han pensado que no tienen una razón válida para ser malos – aclaró Hyoga.
-Sí, y no nos importa. ¿Otra?
-¿Cuándo empezamos? – Ikki fue el de la pregunta.
-Ahora. Pierre, entrega los mapas.
Pierre era un joven de cabello largo y celeste. Al entregar el mapa a Hyoga, lo miró con un odio personal, dedicado y especial.
Los chicos de bronce observaron los mapas.
-¡Comenzamos! – dijo el líder.
-¡Yo tengo una duda!- dijo Shun- ¿Para dónde está el Norte? No traje mi brújula.
-Buena pregunta – comentaron los otros. (El entrenamiento de un caballero incluye lucha cuerpo a cuerpo, meditación, desarrollo del cosmos, reflexiones sobre la justicia, autocontrol, autocuidado, ejercicios para tonificar la musculatura, técnicas de bronceado y cuidado del cabello, pero no incluye ubicación espacio temporal. Uno tiene que pelear igual, sea donde sea el lugar en que esté. Como consecuencia, los niños de bronce, pobrecitos, no sabían nada de geografía...)
-Hacia allá – explicó una de las chicas del grupo, y se fue.
-Bien, querubines; vamos separándonos. A mí me tocó un tal Coyote Loco. – dijo Ikki.
-El mío es Pierre Menard. ¡Vaya, un francés! Tal vez conozca a mi maestro Camus quenpazdescanse – dijo Hyoga.
-Quenpazdescanse – repitieron los otros.
-Yo lucharé contra Gran Jefe. Qué novedad, siempre me toca el líder – dijo Seiya, levemente orgulloso.
-Yo me enfrentaré a El Fiel Divino. A mí me llueven los religiosos. – dijo Shiryu.
-Cuidado con los ojos – aconsejaron los demás.
-Yo lucharé con... uf... linda la cosa... con las tres Gracias. Me tocaron mujeres... esto parece karma- reclamó Shun -. Siempre me tocan los afeminados, las mujeres, los delicados...
-Yo termino rápido y te ayudo, hermano – dijo cariñosamente Ikki.
-Gracias. Ojalá que ESTA VEZ te demores un poco, siempre quedo como debilucho frente al mundo.
-Nunca antes te había molestado.
-Nunca antes había estado en Nueva York. Y nunca antes había tenido veintiún años. ¿No podrías confiar un poquito en mí?
-¿No podrías simplemente agradecer que alguien se preocupe por ti? Si yo hubiera tenido quien se preocupara por mí...
-No me vayas a salir ahora con la típica historia de "Ikki cargando a Shun, sus pies descalzos, la lucha por su vida" y esas cursilerías, porque he oído lo mismo por años y ya me está cansando.
-Qué ingrato, hermanito. Si mamá te viera...
-Basta ya, Ikki, soy adulto. Deja de mirarme como al hijo que no tienes...
El resto de los caballeros miraba la escena comiendo hot-dogs que habían comprado por ahí cerca.
-Necesito aire, soy perfectamente capaz de cuidarme solo- siguió Shun.
-Es que no quiero que te pase nada.
-Ikki, necesito que confíes en mí. ¿Estoy recibiendo tu retroalimentación a este respecto?
-Sí, Shun, te entiendo, pero debes entenderme a mí...
-¿Te conté que a veces perdía a propósito para que aparecieras? Es que a veces sentía que era la única manera en que nos podíamos juntar como familia.
-Chicos – dijo Shiryu (la voz de la razón) – , pueden seguir con su discusión después de haber salvado a Saori. ¿Ya?
-Bueno – dijeron los hermanos, después de lanzarse la última mirada.
(Hay que pensar que Shun era un joven sano y común de veintiún años, pero Ikki en su mente lo seguía viendo como un niñito tierno y regordete de seis. Aunque Shun llegara a ser un proxeneta asqueroso, flacuchento, hediondo, sucio, que fume cigarros de mala calidad y golpee a los cachorritos, Ikki seguirá viéndolo como un niñito tierno y regordete de seis años. Y es imposible que lo deje ser independiente. Eso supera las capacidades de Ikki.)
Y ¡partieron! A buscar a sus enemigos por las callecitas de Nueva York...
Nota especial: El título del capítulo se refiere a la lucha entre los hermanos, no a la lucha entre los enemigos.
Continuará...
