(xxxHolic y sus personajes son propiedad de CLAMP)

"Ella será amada" Capítulo 4: Pensamientos confusos

Semanas tras semanas pasaban, hasta que llegó la época decembrina. La Navidad se aproximaba a unos días; era la mañana del día 19 de diciembre, Watanuki se mostraba un poco distante hacia Himawari y Domeki. Pareciera que no desea estar con alguien más que con su propia soledad, como si cada cosa que existiera fuera minimizada a nada en el mundo que él quisiera tener. Sin embargo se equivocaban, lo que en verdad pasaba por la mente del muchacho era la imagen de la maestra Yuuko en cada clase que habían tenido desde su llegada; cada detalle de cada día estaba cruzando su cabeza hasta agotar sus pensamientos anteriores.

-Domeki… -empieza la preocupada chica- ¿Sabes por qué Watanuki anda como perdido?

-No tengo ni la menor idea…

Él también se había enamorado de la bellísima profesora. A pesar de que la edad parecía ser un impedimento, además de la relación que llevaban los tres, no era conveniente que ambos jóvenes se enamoraran de esa mujer. Los ojos que lanzaban miradas cruzadas a todos lados. Al final, ya era un día menos para la fecha.

-Watanuki, acompáñame a casa, ¿sí?

-Claro, Himawari; sólo deja que guarde unas cosas más.

-Te espero en la salida -y dicho esto se marchó entusiasmada a la entrada del colegio.

Entonces, el muchacho se quedó solo en el salón, y la única persona que estaba a parte de él, era la profesora. Así que por pura pena, se sonrojó. Solos, ella y él… de pronto se dio cuenta que su corazón palpitaba muy rápido, tanto, que no oía los demás sonidos a su alrededor. Presionó las libretas que tenía en sus manos y los lápices que estaban hasta el fondo habían quedado aplastados por los demás útiles.

-Joven Kimihiro.

-P-profesora… Ichihara…

Ahora el corazón parecía subir por su pecho hacia su garganta y quedarse atorado allí y no poder escapar por su boca o regresar al lugar donde pertenece.

-Quería decirle algo sobre la fiesta de Navidad que se organizará –comenzó a decirle con un tono tranquilo- Los profesores hemos discutido su habilidad para la cocina y acordamos una cosa. Más bien, es proponerle una cosa.

-S-sí. ¿Cuál es?

-Queremos que junto al grupo de cocina de la escuela, haga los bocadillos de la fiesta que se hará. ¿Puede hacerlo?

Una pausa se formó entre ellos, algo incómodo. La maestra comenzaba a dudar sobre la oferta que le propuso a su alumno.

-Si no puede estar o tiene…

-Allí estaré –contestó totalmente decidido y dispuesto para no defraudarla- Ayudaré en el área de bocadillos. Sería un honor.

-¡Grandioso! ¡Muchas gracias por aceptar!

Y dicho esto, se abalanzó sobre el pobre chico abrazándolo. El sorprendido e inmóvil muchacho, lo único que pudo hacer fue quedarse quieto con la maestra mostrándole su aprecio y gratitud. El rostro se le puso rojo en cuestión de nada, ya podía escuchar sus latidos claramente golpeando su pecho… no sabía qué hacer… sus ojos dejaron de mirar lo que había alrededor, solamente veía el cuerpo de esa mujer pegado al suyo… y no podía hacer nada… sólo agonizar en silencio…

-¡Gracias, gracias, gracias! Eso era todo. Ya se puede retirar.

-C-claro…

Se apresuró a guardar sus cosas y a bajar las escaleras para llegar a la entrada, donde se encontró con Himawari.

-¿Por qué estás así? –Preguntó desconcertada- Últimamente te comportas muy seriamente, nada más me ves en la escuela y ya casi no nos hablas ni a Domeki ni a mí. ¿Qué pasa contigo? Siento como si ya no me quisieras más.

Acarició la mejilla de su novia totalmente desconsolada para tranquilizarla un poco al menos, como intentando decir "aquí estoy y no tienes por qué preocuparte".

-Estoy bien, Himawari. No hay de qué preocuparse –la abrazó fuertemente, rodeando su cuello con sus brazos con una gran delicadeza; la chica comenzó a experimentar una paz abrumadora que la hizo corresponder a la muestra de cariño impuesta por su novio- Intentaré estar con ustedes todo el tiempo posible, ¿está bien?

-De acuerdo- respondió acomodándose en el pecho de Watanuki.

Detrás de un muro cercano, la señorita Yuuko escuchaba aquella conversación; quizá por accidente, o quizá por simple curiosidad… incluso algo más…

-Ya veo. Ella es la verdadera dueña de su corazón. La joven Himawari Kunogi.

Cuando volvió a asomar la cabeza, los chicos ya se habían ido.

-Estoy cometiendo muchos errores en compañía del muchacho –murmuraba caminando hacia el ocaso- No quiero ni imaginarme si yo llegara a… no. Mejor, ni siquiera pensaré en ello.

Caminó lo de siempre hasta llegar a su hogar, entró a su baño y tomó una ducha, las cosas rondaban por su cabeza como locas, de un lado a otro, sin quedarse quietas en ningún momento; sentía que en cualquier momento iba a ceder a uno de sus sentimientos.

Su único problema era a cuál hacerle caso.

Había tantos, y todos eran muy confusos y complejos, no sabía a cuál escuchar y dejar entrar en su corazón. Acercarse a Watanuki era una solución para hablar… pero una cosa muy poderosa no lo dejaba hablar con él fuera de la escuela. Su deseo verdadero era alejarse de él y al mismo tiempo, acercarse a lo que su corazón le indicaba; además… le ocultaba su más grande secreto…