(xxxHolic y sus personajes son propiedad de CLAMP)

"Ella será amada" Capítulo 7: El amor confirmado

Era ya 7 de enero. Los estudiantes debían volver a clases. Digamos que en sus rostros no se veía, exactamente, felicidad. Más bien, era de sueño por la desvelada de la noche anterior, que aún querían seguir de fiesta en fiesta. Hasta caer rendidos en medio de la madrugada y despertar sin recordar lo que habían hecho la noche anterior, no olvidemos que esa parte fue la única que no le gustó a Watanuki… pero bueno, él y Himawari se encaminaban a su salón cuando Domeki llamó a Watanuki.

-Watanuki…

-¿Qué quieres?

-Tengo que hablar contigo –dijo muy firme y serio, mirándolo fijamente- Kunogi, lo siento pero va a tener que ser solos.

-Sí, no hay problema. Le diré a la profesora que no vinieron.

Y sin más, subió las escaleras corriendo a su grupo. Mientras, con los chicos se podía sentir cierta atmósfera de incomodidad.

-Vámonos de aquí, no nos vaya a atrapar un profesor –propuso Domeki.

-Sí.

Marcharon del instituto hacia ningún lugar, sólo recorrían parques, jardines y otros lugares caminando; hasta que llegaron a un lago. Pero ese lago tenía algo que lo hacía distinto: allí se conocieron los tres amigos. Cuando eran unos chiquillos de 6 años, por casualidad, jugaban solos, cada uno por su cuenta; hasta que Domeki tan sólo por pegarle por accidente a Watanuki, y Himawari que va a auxiliarlo, comenzaron a conocerse y de allí a jugar juntos. Nunca hubo una gran amistad entre Domeki y Watanuki, ya que éste último, pensaba que Domeki quería quitarle a Himawari porque, creía que él también se había enamorado de ella.

Sí. Watanuki, desde que la conoció, amó a Himawari todo el tiempo que estuvo con ella y la extrañaba cuando no estaba a su lado.

Pasaron la primaria y la secundaria por separado. Pero iban todos los días al lago, para ver si alguien estaba ahí. Hasta que por un golpe del destino, se reunieron en el mismo instituto.

El viento soplaba lento y pacífico…

-Tengo algo que decirte… más bien… es confesarte –empezó a decir Domeki- Y necesitaba hacerlo como amigos.

-Sí, dime, ¿qué es?

Y con un fuerte suspiro disimulado, se hizo cierto silencio entre ellos, pero se armó de valor para confesar su secreto.

-E-es muy difícil… -interrumpió su propia oración. Esperaba poder decírselo, pero parecía ser menos fácil de lo que él pensaba. Simplemente no podía- Es que… yo…

-¿Qué?

-Me enamoré de la profesora Ichihara.

Un duro golpe le pegó al corazón de Watanuki.

De pronto, el tiempo se le detuvo en cuestión de nada, no sentía su propia respiración; sólo veía el rostro de su amigo… estaba devastado por esas palabras tan duras que le habían llegado al fondo del alma, destrozándolo completamente, impidiendo que pensara claramente.

Quería irse corriendo, quería gritar de dolor, quería morir…

-¿E-en serio? ¿No es algo raro…?

-De hecho dicen que no es extraño enamorarte de tus profesores.

-Ya veo –afirmó dolorosamente, escondiendo su rostro dolido, debajo de una máscara de confusión- Nunca pensé que fuera así, y menos que ahora estamos en el último año del instituto.

No podía expresar sus verdaderos sentimientos ante él… mucho menos porque no sabe qué siente realmente por esa mujer…

-La tercera hora está por iniciar, ¿quieres…?

-No, me voy a saltar las clases. Dile a Himawari que no iré hoy.

-Sí. Nos vemos.

Partió al colegio despidiéndose con un suave gesto con la mano. El otro muchacho subió al puente del lago y se recargó en el barandal para admirar cómo la corriente se llevaba los pétalos y hojas que caían de los árboles. Aquella frase no se le iba de la cabeza.

"¿Por qué me siento así? No debería estar de este modo"

Sostuvo su cabeza con su mano derecha intentando quitar la pena y el dolor de esas palabras reveladoras.

"Me enamoré de la profesora Ichihara"

-¿Por qué… me duele tanto? Son simples palabras. No deberían afectarme en nada.

Se dio la vuelta y recargó sus manos y su espalda en el barandal para calmarse un poco. Después caminó en círculos por el parque, metiéndose entre los árboles y sus ramas, entre arbustos y sus frutos, entre las bancas y las hojas que yacían en ellas; pero no asimilaba aún lo que apenas le había pasado, o era el hecho de que no quería creerlo. Quizá era eso.

-Tendré que dejarlo todo como está –se retractó después de un tiempo- Ya no hay nada que pueda hacer al respecto.

Se dirigió a su departamento y se fue directo a su alcoba para quedarse allí todo el día, tirado, cansado de lo que era verdad y lo que no lo era. Estaba tan deprimido que ni para lo que debía hacer se levantó de la cama, en esos instantes no quería saber nada de nadie. El corazón se le había ido del cuerpo: no sentía su palpitar. Al fin, aceptó la cruda realidad de lo que había sucedido. Pero su alma se había roto en dos pedazos y probablemente en un millón de ellos; con un profundo dolor, la noche llamó a su ventana, reflejando la luz de las estrellas en la piel del chico. En su celular había varias llamadas perdidas y mensajes sin leer de su amada novia.

Himawari se preocupó por él, pero siguió su día como si nada hubiera pasado.

Domeki hizo lo mismo, sin embargo, pensaba a cada instante en la profesora.

Y Yuuko, pensó en la figura de Watanuki, como hacía cada vez que no lo veía.

La vida de todos había cambiado totalmente desde que esa misteriosa mujer llegó…