(xxxHolic y sus personajes son propiedad de CLAMP)
"Ella será amada" Capítulo 10: Pláticas
—¡Buenos días!
—Buenos días, profesora Ichihara —respondió el alumnado con pocas ganas, propias de un lunes en la mañana.
—El día de hoy en Cálculo repasaremos las ecuaciones algebraicas —después de haber dicho esto, todos en la clase se quejaron sobre eso mismo—. Bien, entonces creo que repentinamente habrá un examen sorpresa…
Al final la queja pareció resonar más que la anterior en todo el salón.
—Grandioso… otro día… otro segundo… otro examen… —murmuró para sus adentros Watanuki— ¿Qué acaso no hay nada más aparte de eso? ¡Dios, si de verdad existes, muestra tu presencia!
En un acto de ocio puro, saca de su maletín un pocky* de chocolate y comenzó a divagar con él entre sus dedos; después lo llevó lentamente a su boca y lo comió como el más rápido del Oeste tan solo por distraerse de la existencia que llevaba hasta ese día: su novia lo había dejado plantado en seis citas y encima, lo evitaba lo más posible. Obviamente él sabía que no era normal ese comportamiento, mucho menos si también era consecutivo y no le daba explicación alguna; sólo hallaba excusas tras excusas: mi padre se enojará, mi madre creerá otra cosa, tengo demasiada tarea pendiente, tengo que hacer labores, ya me invitaron a otra cosa… ¿no podemos hacerlo otro día? Era siempre el mismo final. Una promesa que jamás se cumpliría por más que se esforzara en negarlo. Creía, en ese punto, que quizá era mejor terminar con esa relación que seguir teniendo problemas con ella una y otra vez. Probablemente esos dos años de relación estaban cerca de ser echados por el caño. La primera y única verdadera relación que ambos habían podido tener; tantos regalos y recuerdos de días San Valentín, Año Nuevo, Navidad, cumpleaños y demás echados al bote de basura tan solo por no dirigirse la palabra como era debido, por no amarse lo suficiente, por no tenerse confianza, y sobre todo, por no disfrutar cada segundo que habían pasado en compañía del otro y por no valorar ese mismo tiempo como se debería. El final del día llegó tan lento como aburrido, y Watanuki seguía reflexionando sobre el tema en su cabeza hasta que alguien interrumpió el hilo de sus pensamientos.
—Joven Kimihiro. Otra vez es usted —replicó con suavidad una voz que podía curarlo todo—. Y bien, ¿ahora qué le sucede? Estuvo a punto de reprobar la materia de Historia esta vez. Es el último año, debe esforzarse un poco más y no bajar su rendimiento.
—¡Profesora Ichihara! Bueno, supongo que eso lo sé, pero… —hizo una pausa que preocupó a la profesora— Es como si no supiera aplicarlo… todo por culpa de ella…
—¿Quién es ella? Oh, su novia… la señorita Kunogi, ¿cierto?
Watanuki se estremeció con la pronunciación de aquel nombre que ya casi no era suyo.
—Sí, es ella. Verá… últimamente me ha estado evitando demasiado. Y cuando digo "demasiado", es "demasiado".
—Ya veo. Entonces era eso —le respondió jugueteando con un mechón de su largo y negro cabello— Quizá debería intentar hablar con ella…
—No puedo. Es igual cada vez que intento hablar con ella: me da excusas —intervino repentinamente en la frase de su tutora.
Ella se quedó pensando, llevando la punta del dedo índice a su barbilla, queriendo arreglar un poco el desacuerdo que se había provocado entre ellos; como si fuera una madre preocupada por esa relación que ahora estaba escabrosa y llena de altas y bajas.
—Y, ¿no tiene idea de por qué lo evita?
—En realidad… no. Ni la más mínima idea; ni siquiera una teoría.
—Y desea saberlo para arreglarlo, ¿verdad?
—Muy cierto… deseo saber qué piensa. Quiero saber qué hice mal para enmendarlo —contestó con una voz nítida y baja.
—Pues, ¿qué está esperando?
—¿Eh? ¿Cómo? —farfulló confundido el muchacho.
—Sé que realmente no estoy en lo mejor para dar consejos; pero sí sé que debe ir y hablar con ella para hacer lo correcto, y volver a como las cosas estaban antes —le dijo con un entusiasmo tremendo— Usted la quiere, ¿cierto?
—Am… bueno, pues… s-sí…
—Entonces, ¿quién más cree que podría resolver esto más que ustedes dos? Si ninguno toma iniciativa, se volvería una catástrofe de relación. Créame.
El chico quedó callado por unos instantes mientras miraba atónito la silueta perfecta de la profesora, enfrente de él, diciendo no más que la pura verdad. Y tomó una decisión.
—Es verdad. La veré hoy y exigiré saber cuál es el problema, ¡y no me marcharé de su casa hasta saberlo! —exclamó con ánimos recuperados.
—Muy bien hecho, joven Kimihiro. Siga con esa persistencia.
—¡Sí, señorita! Se lo debo a usted.
—No hay de qué. Por cierto —musitó levemente mientras sacaba un paquete envuelto en papel azul marino enrollado con un moño verde claro—, feliz casi cumpleaños.
Él miró con incredulidad el regalo que le había dado. Era verdad. El siguiente día era 1 de abril; era fecha de su cumpleaños. Para cuando pudo formular al menos una frase en su mente, la atractiva mujer que estaba a su lado ya se había ido.
"Bueno, será mañana… gracias"
Y así, partió triunfante hacia la residencia Kunogi. Con paso veloz, pero no acelerado, caminó todo el trayecto practicando su discurso en voz baja para que los transeúntes no lo creyeran loco zafado o demente esquizofrénico; al fin. Llegó. Era ahora o nunca: la confrontación. Tocó el timbre con sigilo. Se arregló las gafas, el uniforme, el cabello, todo. Alguien estaba ya en la entrada.
—¿Quién es? —exigió saber una voz grave del otro lado de la puerta.
Dios, pánico; ¿será su padre? ¿Un familiar? ¿Un amante? ¿El reemplazo? No, no es hora de sacar conclusiones apresuradas. Que no te controle el miedo. Ser fuerte y no entrar en pánico.
—Watanuki… Kimihiro…
—¿Huh? ¿Watanuki? ¿Eres tú?
De repente la puerta se abrió ante el sorprendido chico. Lo recibió otro hombre, vestido de pantalones holgados de mezclilla evidentemente gastados, una playera blanca y una chaqueta negra. Encolerizado, comenzó a soltar gritos, patadas y manotazos por todos lados; ignorando si había gente en el vecindario que lo oyera o que lo viera… o ambas cosas. Le daba igual; estaba completamente cegado y lleno de rabia e ira. Himawari, al oír el escándalo, bajó apresuradamente por las escaleras en unos jeans a la cadera y una blusa de tirantes verde oliva.
—Pero, ¿qué…? —se quedó corta al ver al nuevo visitante lleno de enojo— ¿Watanuki?
—Himawari, quisiera hablar contigo… de dos cosas… —ella asintió con un poco de miedo ante sus reacciones un tanto alteradas— Primero, ¡¿qué hace este tipo en tu casa?
—¿Tiene algo de malo que Domeki me venga a visitar?
Domeki. La única persona que puede causar un arranque de ira y celos tan fuerte en su amigo que parecería un arma nuclear a punto de explotar. El callado muchacho se quedó como una estatua escuchando las réplicas malformadas de Watanuki y las respuestas elocuentes de Himawari, viendo hacia un punto muerto en el aire.
—Habiendo aclarado el primer asunto —espetó Watanuki con una mirada furiosa hacia Domeki—, ¿puedo hablar contigo, Himawari?
Domeki se quedó helado, mirándolo… así nada más…
—Am… —farfulló Himawari con vergüenza en los ojos.
—¿A solas? —preguntó sarcásticamente Watanuki, tomando una mano de la chica. Al ver que no se iba, dijo con un poco más de fuerza— A solas.
El chico que sobraba se fue sin pronunciar ni una pequeña parte de palabra. Himawari cerró la puerta para quedar completamente ajena a lo que sucediera en su casa, y para quedar afuera con su "novio"… si aún se le podía llamar así. Se sentaron en los escalones de la entrada.
—Y bien… ¿cuál es el segundo asunto a tratar? —preguntó llevándose la mano derecha a la nuca y recostando sus codos en las rodillas.
—Nosotros.
—¿Qué quieres decir?
—Que quiero saber qué hice mal, para enmendar mi error y recuperar tu confianza; si aún es posible —le dijo.
Su mirada atónita quedó fija en los ojos azules como el mar de Watanuki, y vio la sinceridad reflejada en ellos; vio que se manifestaba en ellos su propio rostro, como lo haría un espejo enfrente de ella. Estaba perdiendo la cordura o de verdad se estaba volviendo a enamorar de él. Una vez más.
—Tú no hiciste nada malo. Sólo que… yo no… —tartamudeó levemente, buscando en su cabeza una explicación.
—Himawari, ¿qué acaso no ves lo que siento por ti? —tomó la mano derecha de su acompañante y la llevó al lado izquierdo de su pecho, justo donde bombeaba aceleradamente su corazón. A ella se le llenaron los ojos de lágrimas e inevitablemente se derramaron por sus mejillas a paso lento— Himawari, esto que sientes, se sigue moviendo gracias a ti. Mi corazón late por ti; yo vivo porque tú lo haces. Tu respiración es lo único que necesito como razón para no pensar en la soledad que me acarrea todos los días de mi vida, ¿lo entiendes? Te amo, Himawari Kunogi, ¡te amo! Y lamento no decírtelo a cada segundo, porque tú eres lo más grande que me ha tocado en la vida y te lo mereces. Te adoro con mi vida; nadie podrá amarte más que yo.
La mano que le quedaba libre a Himawari cubrió su boca que ahora sacaba suspiro tras suspiro, tan desesperadamente que parecía que iba a tener un ataque de asma o que se terminaba el mundo a su alrededor; en ese momento, lo único que importaba eran ellos dos, juntos, enamorándose del otro como el primer día que se conocieron en el Instituto. Era como volver en el tiempo a esa época tan feliz y llena de amor inocente.
—Perdón por lo que te hice pasar estos días… ¡lo siento de verdad! Eres el amor de mi vida, Watanuki. Te amo —dijo entre sollozos, cayendo en su pecho y envolviéndolo en sus brazos con fuerza. Él posó su mano derecha en la cresta de su cabeza y con su brazo izquierdo la rodeó— Te amo locamente, Watanuki Kimihiro.
—Y yo a ti… por siempre y para siempre, cariño.
*Pocky: Golosina japonesa que consiste en un palito de pan cubierto con chocolate u otros sabores como coco, leche, mousse, té verde, miel y banana; a pesar que existe una gran variedad en el propio Japón.
