(xxxHolic y sus personajes son propiedad de CLAMP)
"Ella será amada" Capítulo 11: El juego de la Ouija*
Los segundos que allí pasaron fueron mágicos. Entre ellos nacía el amor otra vez, pensaban que los desamores y los distanciamientos los habían ayudado a encontrar sus sentimientos sólo para estar seguros de que querían con ganas fervientes estar al lado del otro por siempre; las lágrimas que los ojos de Himawari ahora derramaban eran no solamente de alegría, sino también de alivio al saber que su corazón volvía a latir gracias al chico que estaba junto a ella. Puso su oreja en el centro del pecho de Watanuki suave y discretamente para seguir oyendo el nuevo corazón que ahora latía dentro de él. Poco a poco, el ocaso los fue consumiendo en esa romántica escena que enfebrecía sus emociones. El muchacho cerró sus ojos y la abrazó con más fuerza aún, para pegarla hacia su cuerpo, como si quisiera unirla a él. Ellos dos seguían afuera, e ignoraban el hecho que Domeki los observaba desde una ventana, sosteniendo una sonrisa apenas visible, contento de que al fin se hubiesen arreglado las cosas entre ambos y que pudieran seguir siendo los mismos amigos que antes eran. Pero tampoco podía quitar de su mente la imagen de la persona a quien él deseaba estar: la titular Ichihara. Su cabello negro como el carbón, su piel que parecía tan pura como el agua, sus ojos carmesí, el cuerpo tan fino y frágil que tenía, y sobre todo, la voz que asemejaba a la de un ángel; ¿acaso algo tan celestial como eso podía llegar a ser humano? ¿Era remotamente posible? Ahora él poseía la oportunidad de disfrutarlo, verlo, admirarlo como si fuera una deidad bajada del verdadero Paraíso… El rayo de sol que rebosaba por el horizonte lo tocó por toda su piel, iluminándolo mientras recordaba al amor que le había llegado de repente y sin que él mismo lo supiera. Abrió tentativamente los ojos que había cerrado entre un suspiro que velaba la figura de la señorita Yuuko Ichihara.
—¿Eh? ¿Qué es esto? —preguntó para el mismo. Era una caja que llevaba no mucho allí. No había vestigios de polvo o mugre en la tapa; así que la levantó e intentó leerlo— O… Oui…
Rápidamente bajó los escalones y trotó hacia la puerta, tomó el pomo de ésta y abrió la puerta de entrada para dirigirse a Himawari. La encontró a ella y a Watanuki aún abrazados pero ella había dejado de llorar y sollozar. Se percataron de su alterada presencia.
—¿Domeki? ¿Qué pasó?
—Tú… ¿te importaría? ¿Un segundo? —espetó Watanuki molesto.
—Idiota —dijo mirando a Watanuki con indiferencia, luego se dirigió a la chica mostrándole la rara caja—. Kunogi, ¿sabes qué es esto?
Ella miró a los ojos a ambos chicos rápidamente, antes de posarlos en la caja pulcra y aparentemente nueva, buscando con sus propios dedos la inscripción que tenía en la misma. Trazó finas líneas con las yemas, repasando lo ya escrito en la tapa. A Watanuki le ganó la curiosidad y acercó su cabeza para leer las letras que estaban siendo pasadas por el dedo índice de Himawari; con ciertos balbuceos y dificultades logró entender las palabras que estaban allí.
—Ouija. Diviértete —logró decir lentamente—. Eso es todo lo que dice: Ouija. Diviértete.
—Ouija… ¿Por qué habría de decir "diviértete"? —intervino Domeki con seriedad.
—Debe ser un juego americano, ¿no creen? ¿Y si lo probamos?
Los chicos se estremecieron al oír esas palabras de esa adolescente que tan pura y delicada se veía.
—Supongo que no haría mal jugarlo. Aunque sea una vez —afirmó Domeki.
Al observar una vez más la tapa del supuesto juego, Watanuki dudó. Algo no estaba bien con eso. ¿Era de verdad un juego? ¿Por qué la misma Himawari no sabría que lo tenía en su propio cuarto? Si no era así, ¿cómo llegó hasta allí sin un poco de polvo, o quién lo había entregado tan limpio y sin daños? Le daban mala espina aquellas palabras en sí, "diviértete"; además, ¿qué significaba Ouija realmente?
—¡Vamos, Watanuki! ¡Anímate con Domeki y conmigo!
—Es que… no lo sé…
—Te divertirás. ¡Vamos!
La animada chica tomó el paquete y se metió a su hogar con grandes zancadas, y miró a su novio volteando la cabeza y encimándose a su hombro como un gesto de seducción. Cuando él cayó en el truco (casi instantáneamente), la siguió boquiabierto y sonrojado, murmurando cosas que ni al caso y que ni se entendían.
—S-sí… juguemos…
Así pues, los tres subieron al cuarto de Himawari. Ella, emocionada, se aventó a las cobijas de su cama boca abajo con el juego de mesa en mano; estaba más que sonriente. Después llegó Watanuki, siendo empujado por Domeki, diciéndole que era muy lento. Himawari buscó las instrucciones y vio que no había ningún libro que indicara la frase "manual de instrucciones", o si acaso, "instructivo"; le dio vuelta a la tapa y leyó en su reverso la leyenda: Cómo usar la Ouija.
—Domeki, eres el que mejor va en inglés, ¿puedes traducirlo?
El incrédulo muchacho agarró el reverso de ese pedazo de cartón y empezó a leerlo lentamente. Al cabo de unos minutos, pudo comprenderlo todo.
—Dice: Ouija, juega si quieres diversión y emociones fuertes. Deja que la tabla parlante hable por ti —dijo temerosamente, con un hilo de voz tenso en la voz; casi como si estuviese a punto de salir corriendo de allí—. Reglas: Pon el tablero sobre una mesa totalmente plana y lisa; coloca el triángulo de madera en la palabra "hola", en la letra A, en el "sí" o el número 0; los que jueguen deben estar fuera de sentimientos negativos, incredulidades, fanatismos y ansiedades. Para empezar a jugar: en el triángulo de madera, todos los jugadores deben colocar suavemente la yema de sus dedos índice y medio abajo del círculo cortado, para iniciar el juego y que se haga posible el contacto… ¿Contacto?
—Oh, Domeki, tranquilo. Nada malo pasará —lo incitó la temeraria chica—, es son sólo palabras.
—Bien. Sigue: …entre las entidades y ustedes. Diviértete. Eso es todo.
—Está bien, ¡hagámoslo! —Watanuki deseaba simplemente empezar el misterioso juego para estar con Himawari.
Pusieron el tablero tan extraño y bizarro en una mesa de noche que tenía Himawari allí mismo, en su cuarto; decidieron poner el triángulo de madera en la palabra "hola", creyendo que sería un amable inicio del juego desconocido; a pesar del oscuro secreto que ocultaban esas letras, los muchachos no se intimidaron y siguieron con las instrucciones: pusieron fina y delicadamente las yemas de sus dos dedos en la orilla del trozo de madera barnizada, evitando tapar el agujero que poseía el mismo. Despejaron sus mentes de todo sentimiento deprimente y oscuro que prevaleciera allí, se olvidaron de cualquier creencia que pudiesen tener.
—En las instrucciones decía que uno debía preguntar: "¿Estás ahí?", y que esa persona debía ser el líder del juego —anunció Domeki una vez que estuvieron preparados—. ¿Quién lo dirá? ¿Kunogi?
—Emm… no creo ser buena guía… ¿por qué no lo haces tú, Watanuki?
—¡¿YO? —gritó desesperadamente el interpelado, sorprendido. ¿Él? ¿Ser la cabeza del juego? ¡Imposible, sorprendente!—. S-supongo que no habrá p-problema… ¿Estás ahí?
Esperaron una señal, una voz, algo que les dijera si había alguien… no pasó nada en los siguientes 5 minutos.
—Quizá debas hacerlo más fuerte —sugirió su amada.
—Sí —tomó un profundo respiro con un poco más de confianza y menos sorpresa que antes—. ¿Estás ahí?
Una brisa recorrió la habitación entera y se apoderó de los cuerpos de los tres, proporcionándoles unos buenos escalofríos, y asustando a muerte a Watanuki; se le erizó el vello del cuerpo y tensó un poco las manos, y como consecuente, los dedos que se encontraban en el triángulo sobre la palabra "hola" aún, y Domeki se dio cuenta que se empezaba a acobardar de todo. Esbozó una sonrisa burlona y satisfactoria, sin olvidar el hecho que quizá, solamente quizá, una entidad entrara al cuarto.
—Chicos, ¿creen que ya pasó?
—No lo sé, Himawari…
—Esperen, ¡¿qué…?
La punta del triángulo donde posaban sus dedos se movía lentamente hacia arriba; pasó la L, la A y la B por alto hasta llegar a la palabra "sí". Los tres se estremecieron ante este acto y lo cuestionaron. Dudaron que un espíritu hubiese movido el pedazo de madera barnizado o el tablero. Debía ser uno de ellos.
—Eh… D-Domeki; n-no es divertido —lo acusó Watanuki asustado, pero el triángulo misterioso seguía moviéndose—. ¡No hagas eso!
—¿Qué dices? ¡Yo no estoy haciendo nada! —replicó su amigo—. ¿No eres tú, Kunogi?
—No, no; no soy yo —respondió rápidamente con unos movimientos bruscos de cabeza de lado a lado—. ¿Seguro que no fuiste tú, Watanuki? ¿Aunque fuera por accidente?
—¡Lo juro! ¿No decía algo la caja sobre esto, Domeki?
—Ahora que lo dices: se supone que la entidad que haya entrado mueve el círculo a la respuesta o a una letra para deletrear una palabra, por ejemplo… —pensó un poco en una pregunta, ¿cuál sería la indicada en este caso? A lo mejor en la caja… no. No podía separar sus dedos del triángulo para no disgustarlo o provocarlo; o algo así. Debía pensar en algo, solo y rápido, pero, ¿qué?— ¿Cuál es… tu nombre?
De nuevo, el triángulo se movió lentamente sobre el tablero, jugando con las letras que pasaban de largo y las mentes distorsionadas de los tres muchachos. Pasaron la B, la C, la D, la E… hasta que se detuvo en el otro extremo de la línea de letras.
—K… O… H… —decía Watanuki, anotando mentalmente las letras mientras pasaban una a una ante sus ojos que no querían creerlo—… A… N… E… ¿Kohane?
Después se movió a la palabra "sí" otra vez. Sin que pudiesen dar otra pregunta, el triángulo se inquietó inmediatamente y empezó a formar otra palabra.
—Gusto… en… conocerlos… —repitió Himawari luego de que el espíritu terminara de comunicarse, formó una sonrisa tierna con sus finos labios y entrecerró sus ojos con suavidad y cuidado para no cerrarlos completamente— Para mí, es un gusto conocerte también, Kohane. Yo soy Kunogi Himawari; él es Watanuki Kimihiro, y él es Domeki Shizuka. ¿Cuántos años tienes?
El triángulo apuntó con el círculo en el centro de dos números… más bien, de uno…
—¡¿Once? —exclamó Himawari indignada— Pero, ¿por qué tan joven?
La pequeña niña le respondió en el tablero con una letra tras otra.
—No… lo… sé. Himawari, ni ella lo sabe —la quiso consolar su amante con una voz delicada que combinaba perfectamente con sus ojos azules—. Lo sentimos, Kohane.
De nuevo, la Ouija le respondió amablemente.
—Está… bien… yo… lo… siento… por… ¿ustedes? —dijo dudoso Domeki; se preguntó el por qué de las palabras de la niña— Esto… esto es… ¡es ridículo! ¡BASTA! ¡No voy a seguir soportando estupideces así! Además, mi abuelo…
—¡Domeki, no! —gritó desesperada Himawari, pero era demasiado tarde para reclamar.
Domeki ya había quitado sus dedos del tablero y se levantó de la cama pintada color rosa pálido. Inmediatamente se detuvo en el marco de la puerta, a punto de pisar el pasillo con su pie izquierdo; Himawari imploraba que no se fuera con todas sus fuerzas. De repente, una oscuridad abarcó la conciencia de Watanuki, Himawari y Domeki; cayeron esparcidos en el cuarto, desmayados y aturdidos. Unos simples cuerpos humanos, que yacían inertes con los brazos abiertos, separados y en posiciones extrañas; las piernas dobladas incómodamente, y las cabezas golpeadas, y aún así ellos no sentían nada: parecían muertos. Hasta los ojos de Watanuki estaban entreabiertos y desprotegidos por sus anteojos, que acababan de caer al suelo alfombrado. Un aura se hizo presente sobre ellos mientras estaban inconscientes y adoptó la forma de un ser humano; era la entidad que había platicado por unos minutos con esos niños, cuya piel era un tanto de color blanco cenizo, con caireles dorados atados en una trenza, con ropa que parecía gastada, y también, apareció con unos ojos amables que debatían entre el azul y el verde. Era la pequeña Kohane. Apenas saliendo de su etapa de niñez, apenas saliendo a la verdadera vida, y ella ni siquiera sabía el por qué de su muerte; tan inocente como sólo un niño sabe ser, siendo tan solamente el inicio de una vida… ahora…
—Es por eso… que les dije que lo sentía por ustedes; lo siento. Pero, alguien debe cuidar de mis amigos y de mí. Por favor, amigos míos, ¿quién será quien cuide de nosotros de ahora en adelante?
—Kohane, ¿está bien que hagamos esto?
—Y aunque estuviera bien, nosotros somos nueve, no vamos a caber en uno solo.
—Sí. Ellos son tres. Nos los repartiremos, ¡y así no vagaremos nunca más! Gracias, Zashiki Warashi, por traer la Ouija hasta aquí y que pudiese platicar un rato con ellos. Ahora… vamos con ellos y acompañémoslos… Los veo pronto, amigos…
CONTINUARÁ…
*Ouija: Se pronuncia "güija"; es un juego de origen desconocido que consiste de un tablero con letras, números y otras palabras escritos en él, que se acompaña de un triángulo hecho de madera con un círculo en la parte inferior del mismo, que sirve para localizar más rápidamente el signo señalado (tal como lo describe en el capítulo).
