(xxxHolic y sus personajes son propiedad de CLAMP)

"Ella será amada" Capítulo 12: Subconsciente

—Pero… ah… ¿qué rayos pasó? —titubeó Watanuki mientras tambaleaba su cuerpo sobre sus pies intentando levantarse del piso. Sus brazos estaban débiles, pero logró apoyarse en ellos, se irguió totalmente y acomodó sus lentes en donde debían estar. Cuando se los puso, vio que la oscuridad era su única compañera; él y ella solos, mientras ella lo rodeaba por donde quiera que él viera— ¿Qué de…? ¡Himawari! ¡Domeki! ¡Himawari! ¡Domeki! Eh, en primer lugar, ¡¿dónde rayos estoy? No veo nada… no hay nada por más que camine… ¿qué es esto?

Con desesperación, Watanuki salió disparado, corriendo hacia ningún lugar en un espacio que no existe; gritó y llamó a sus amigos como si hubiese metido una aguja dentro de un pajar espeso y estuviese buscándola: ¿cómo recuperarla con chances de tomarla de uno en un millón? Pasaron varios minutos hasta que se rindió. Puso sus manos sobre sus rodillas y recuperó el aliento perdido poco a poco.

Chicas, será mejor que le expliquemos lo que está pasando.

Pero, Kohane…

Está bien. Yo hablaré con él.

—Diablos… ni siquiera… creo… haber corrido… en un… maldito círculo… —maldijo con una voz desfallecida que se desvanecía en la punta de su boca—. Himawari… lo siento…

Sus sollozos se hicieron presentes en unas pequeñas lágrimas que casi se desbordaban en el acto; estaba desesperado, con pensamientos perturbados y alterados: si existía una salida, si la encontraría alguna vez, si llegaría a ver a Himawari y a Domeki otra vez… No. No lo sabía. Y quizá era poco probable que no lo lograra.

No llores; estás bien.

—¿Qué? —alzó la mirada para ver quien le hablaba. Fue ahí que observó la figura de la niña de caireles dorados y ropas gastadas, pero con una mirada amable. No lo quiso admitir ni para el mismo, pero los pelos de todo el cuerpo se le erizaron; él aterrorizado, no pudo ni pronunciar ni una sola sílaba, hasta que el miedo sucumbió un poco— ¿Q-quién eres…?

Ella soltó una pequeña y pícara risa que tranquilizó más al muchacho.

Yo soy Kohane Tsuyuri, la niña con la que hablaste por la Ouija —él siguió admirándola intentando tragarse las palabras que ella dijo—. Están bien. Tus amigos están bien; no los ves porque tú estás dentro de tu subconsciente, es algo parecido a estar dormido.

—¡Ja! ¡Pues claro que estoy durmiendo! Esto no es verdad, ¡no puede ser la realidad!

Esto es más real que esa mujer, ¿sabes? —mencionó sarcásticamente Kohane mientras se cruzaba de brazos y desviaba la mirada del incrédulo chico.

—¿Mujer? ¿De cuál mujer me hablas?

De la mujer que se encuentra en tus recuerdos, claro está —sin embargo, él seguía escéptico y confundido por esas palabras. Ella soltó un respingo notorio y suspiró— Tú sabes: ella. La de cabello negro y largo, de ojos carmesíes… Yuuko si mal no recuerdo.

Yuuko… ¿por qué le sonaba tan familiar? Yuuko, Yuuko, Yuuko; cabello largo y negro… ojos carmesíes…

—Óyeme, esa es mi tutora y es más real que ésta pesadilla, pequeña.

¿Entonces no soy real? ¿Es eso lo que dijiste? —al terminar esta frase, la oscuridad inundó los pies de Watanuki, haciendo que se alarmara aún más y que diera un grito sordo que incrementaba su volumen rápidamente.

¡Kohane, detente! ¡Kohane!

Detrás de ese grito desesperado, apareció una chica no mayor que Watanuki, de cabello corto y de tonalidad azul marino; sus ojos eran un par de rubíes que brillaban con las diminutas lágrimas que derramaban inconscientemente sobre el kimono que llevaba puesto y las hortensias que adornaban finamente su cabello. Finalmente llegó. Tomó con su mano derecha el hombro de Kohane y la sacudió ligeramente, intentando calmarla.

Kohane, vamos. Si tú no eres real, él tampoco lo es; ni yo.

Con esa frase, los ojos rábicos de la niña se tornaron en sorpresa y sintió un fuerte nudo en la garganta que le impedía hablar; se volteó de sorpresa y miró a su compañera directo a los ojos pacíficos que poseía.

No… no… Zashiki Warashi, ¡no vuelvas a decir eso! —dicho esto, alzó sus brazos entorno al cuerpo fantasmagórico de esa chica, estrujándola, sin deseos de dejarla ir a ningún lado— Tú no puedes desaparecer…

Tu nombre, ¿cuál es? —dijo otra muchacha de cabello rojo, ojos pardos, y con un vestido negro y una sombrilla color azul; Watanuki sólo pudo quedarse helado al verla tan seria e indiferente a él— ¿Eres mudo acaso? ¿Cuál es tu nombre?

—Watanuki Kimihiro; ¿ustedes quiénes son?

Las tres muchachas intercambiaron una mirada fugaz entre ellas, dejando a un lado a Watanuki.

Tú ya me conoces. Soy Kohane Tsuyuri, fui una exorcista cuando estaba viva.

Yo soy la Zashiki Warashi —dijo la chica que estaba pegada a Kohane con un abrazo poderoso.

Y yo soy la Ame Warashi. Las tres poseemos tu cuerpo.

Eso es lo que intenté decirte, Kimihiro. Pero me dijiste que no somos reales, malo —respingó Kohane mandándole una mirada "asesina", según ella.

Watanuki se les quedó viendo petrificado, parado como una estatua de piedra en medio de un parque, queriendo no creer lo que la Ame Warashi le había dicho: ¿cómo diablos podían ellas tres apoderarse de su cuerpo? ¿Era posible en primer lugar? Habló hasta que se le ocurrió preguntar…

—¿Fue por jugar a la Ouija?

Básicamente. Kohane ya no quería andar vagando por el mundo sin que a nadie le importara; así que a Zashiki Warashi se le ocurrió lo de la Ouija —explicaba tranquilamente la Ame Warashi con unos ojos serenos y voz tierna—, y claro que todo el mundo sabe que quienes juegan a la Ouija la pasan muy mal después de terminar el contacto, y a ustedes les tocó cargar con 3 espíritus en su cuerpo y alma a cada uno. Nosotras te elegimos porque sabemos que eres especial, Watanuki Kimihiro.

Así que al poseer nuestros fantasmas, ahora podrás ver a los que son como nosotras; Ame Warashi, ¿crees que lo vea?

Probablemente. Mugetsu, ven.

Y de una pipa que vino de la nada, salió un pequeño cuerpo peludo. Por su cola y su cabeza, Watanuki juraba que era un zorro; pero al mismo tiempo sabía que un zorro no podía ser tan pequeño y delgado como lo era este. Tan pronto como salió, se enrolló en el brazo de la Ame Warashi con la cabeza cerca de la muñeca de ésta, viendo directamente hacia Watanuki, quien no se extrañó de esto ya que comprendió que muchas cosas iguales iban a pasar mientras estuviese en su "subconsciente" con las tres muchachas que hasta ahora, lo asediaban.

¿Lo ves? —preguntó la Zashiki Warashi.

—Sí. Sí lo veo… ¿qué es eso?

No es ningún "eso". En un Kudakitsune; lo traje para ver su reacción en tu cabeza.

—¿Reacción a qué? —preguntó Watanuki curioso al confundirse con las palabras de la Ame Warashi.

Tus recuerdos se componen de muchas maneras y aparentemente, no sabes de qué tratan la mayoría o solamente logras ver cosas de menos importancia y reemplazas las más importantes con otras —prosiguió sin cesar la Ame Warashi siempre viéndolo a los ojos y acariciando al Kudakitsune con su mano derecha—. Si quieres que te demuestre qué hace él, tendrás que esforzarte en recordar algún día que hayas vivido. Cualquiera. Y que sea rápido, eso si no quieres quedar atrapado en tu propia mente para la eternidad.

—S-s-s-sí —contestó alterado el chico, intentado recordar un día…

De repente, las imágenes volaron a su alrededor; ya no era un espacio en blanco, era una habitación llena de rollos de fotografía que contenían las memorias de Watanuki, y Kohane y la Zashiki Warashi las miraban con detenimiento pasando de un recuerdo a otro en unos segundos. La Ame Warashi se sorprendió al ver cada una de las personas que aparecían junto a él, en cada momento de su vida: sus padres, sus amigos… incluso el mismo Watanuki pudo ver el instante en el que vio por primera vez el rostro de Himawari, el de Domeki y todas y cada una de sus experiencias hasta que pasó rápidamente una parte de la película frente a ellos. Mugetsu se desenredó de la Ame Warashi y se introdujo en ese recuerdo en especial; persiguiéndolo, la Ame Warashi, la Zashiki Warashi, Kohane y Watanuki fueron corriendo tras él para no perderlo de vista. Acabaron en un jardín muy familiar para Watanuki que estaba lleno de tulipanes, rosas y girasoles; él lo reconoció al instante.

—Este lugar… estuve aquí hace poco. Lo recuerdo… —siguió mirando a su alrededor, buscando algo que sabía que estaba allí, pero no lo divisaba. Incluso empezó a moverse y abrirse paso entre las flores y el pasto que estorbaban su paso hasta que halló lo que buscaba con impaciencia, y mostró una sonrisa a sus cuatro acompañantes que le habían seguido el camino que había tomado— Lo sabía; es este lugar.

¿Qué tiene de especial este parque? —preguntó la Ame Warashi con un pequeño tono de sarcasmo en la voz.

Debe tener algo relacionado con esa mujer —insinuó Kohane.

Pero lo más probable es que sea la dificultad para él de priorizar las cosas —mencionó la Zashiki Warashi llamando a Mugetsu con las manos—. Si Mugetsu entró aquí, es que esa es una de las razones por las que estamos aquí, ¿no creen?

Has aprendido mucho, Zashiki Warashi; ¡eres sorprendente! —la animó la pequeña Kohane, sonriendo sólo para su amiga.

A callar ambas, ahí vienen dos personas…

Y efectivamente, como había dicho la Ame Warashi, un par de personas tomadas de la mano se acercaban poco a poco a ellos sin notar su presencia. Se sentaron en una banca cercana y ella se recargó en el hombro de él suavemente, mientras él la rodeaba con su brazo izquierdo con una ternura que parecía increíble. Fue entonces que Watanuki supo dónde estaban.

—Esto es el 14 de Febrero de este año, y este es el parque donde siempre venimos Himawari y yo en San Valentín a pasar un rato. Si no me equivoco, lo que sigue es que le daré una rosa fresca y ella se me abalanzará y me dará un beso —y exactamente lo que Watanuki predijo se hizo. Él agarró una flor escondida en su maletín y su novia se fue sobre él, estampándole un beso directo a los labios a punto de querer comérselo; Kohane vio esto de una manera repugnante, la Zashiki Warashi se sonrojó y sintió un poco de celos, la Ame Warashi le dio igual lo que hicieran, Mugetsu siguió su camino y se acercó mucho a la pareja, Watanuki se alarmó un poco al ver que se estaba pegando mucho a ambos aunque ellos no se dieran cuenta de su presencia— ¿No nos daremos cuenta del Kudakitsune incluso si está justo en frente de nuestras caras?

Si no lo recuerdas, ¿tú qué crees que haya pasado? —respondió bruscamente la Ame Warashi.

—Está bien, está bien, ya entendí. Esto me pasa por jugar con la maldita Ouija… —murmuró para él.

Cuando el siguiente beso se hacía presente, Mugetsu tomó una nueva forma; esta vez era más grande y tenía más el aspecto de un zorro que de uno pequeño en sí.

Ahí está, Ame Warashi, Kohane… Mugetsu lo detectó —avisó la Zashiki Warashi mientras los otros tres volteaban a ver—. Ahí hay un "desvío de la mente"; vamos.

Así pues, después de arrastrar a Watanuki con ellas, los cinco se introdujeron en un hueco que creó Mugetsu en un espacio cualquiera de aquel recuerdo. Del susto, Watanuki pataleaba, chillaba, gritaba y hacía tanto como podía para evitar ser llevado por la fuerza hacia donde fuera que ellas estuvieran; de tanto esfuerzo, pronto se cansó y se rindió, al final le importaba poco a dónde lo llevaran. Cerró sus ojos y cuando volvió a abrirlos vio que estaba en el mismo lugar de partida: un espacio negro que no tenía nada ni divisaba nada. Esta vez estaba acostado; se recostó en sus codos, apreciando la oscuridad que no se apartaba de su alrededor.

"¿Otra vez? Esta pesadilla nunca va acabar"

Kimihiro… ¿ya estás bien? —preguntó ingenuamente Kohane; Watanuki se sorprendió de verla a ella tan cerca de él, pero no actuó raro—. Tu nombre, ¿si es Kimihiro? ¿O me equivoqué?

—No. Sí me llamo así, pero nadie me llamaba así desde hace mucho —le dijo dulcemente—. ¿Puedo decirte "Kohane"?

Por supuesto —le respondió ella tan inocentemente—. Perdona por cómo me comporté antes; pero que la gente no me vea ya es una molestia muy grande, y que me digan que no soy real…

—No te disculpes, yo fui el insolente por decir algo tan cruel como eso. Entonces, ¿estamos bien, Kohane?

—le dijo estrechando su mano con la de él—. Y dime si no es mucha molestia, Kimihiro… ¿quién es esa mujer? Tu tutora, si mal no recuerdo.

—Se llama Yuuko Ichihara; me da matemáticas y, obviamente, tutoría; es amable, bondadosa, inteligente. Me sorprende que sea así incluso después de su divorcio, y me sorprende mucho. Tiene mucho entusiasmo, y eso la hace admirable y hermosa…

¿Estás enamorado de ella? —insinuó la pequeña niña, apartando el flequillo de la frente de Watanuki con gentileza.

Él se limitó a agachar la cabeza, avergonzado, confundido y vencido por todos sus sentidos; ella lo siguió viendo, abrazando sus rodillas contra su pecho en posición de cuclillas pero firme, siempre con la mirada seria y un tanto fría. Ella esperaría todo el tiempo que fuera posible por la respuesta definitiva del muchacho y también estaba dispuesta a ayudarlo y apoyarlo para que pudiese encontrar la paz mental y no seguir dando vueltas al mismo asunto sin llegar a algún lado, caminando cual vagabundo errante aterrado por su pasado y acechado por éste mismo y sus repercusiones en el futuro; ahora se preguntaba cuál camino tomar, sabiendo que si se equivocaba tal vez marcaría su camino definitivamente. ¿Qué hacer? ¿Una equivocación vale la pena? ¿O es mejor quedarse con la palabra en la boca y seguir a salvo en un presente que no tiene futuro?

—Yo… no sé qué siento realmente por ella —titubeó en voz baja, tomando la mano de Kohane y acariciándola—. O sea, si estoy atraído hacia ella, pero no sé si es tan fuerte como no quería pensarlo. Ahora que lo pienso, ¿dónde están la Ame Warashi y la Zashiki Warashi?

Fueron con Mugetsu a otro lugar en tu mente para averiguar por qué había un vacío en tu recuerdo de hace un rato. Creo… —murmuró lentamente— que es hora de que regreses a estar consciente, ¿no piensas así?

—Sí, estoy cansado de no poder ver nada; pero, ¿podré verlas otra vez?

Claro, nosotras estaremos allí para ti en cualquier momento; por ahora preocúpate por volver, yo te ayudaré a salir de aquí —se levantó y tomó de la mano a Watanuki para deshacer su posición de reposo y que estuviese parado. Cuando cumplió su cometido, entrelazó con más fuerza su mano con la de él, pasando sus dedos entre los de Watanuki, haciendo que ambos se ruborizaran un poco aunque lo disfrutaran—. Vamos. Cierra tus ojos y confía en mí. No los abras por nada del mundo.

Y así lo hizo. Obedeció, y de repente sintió que el estómago le temblaba por dentro y que sus pies colgaban de su cuerpo y sin sentir el piso. ¿Estaba volando, en serio? Sin embargo, no abrió sus ojos por miedo a ver qué tan alto había llegado; pero en unos pocos segundos, volvió a tocar fondo con su espalda y cabeza: otra vez estaba acostado. Abrió gentilmente sus ojos y descubrió que estaba en el cuarto de Himawari, recostado en la cama de ella en la mera luz de la Luna. Realmente importaba poco si volvía a sentir lo de Año Nuevo pasado. Pensaba en lo que recién había sucedido en su "subconsciente" con las tres personas que había conocido, se preguntaba si fue real o un sueño loquísimo que tuvo; miró al suelo y se encontró el juego de la Ouija guardado de nuevo en su caja cuidadosamente.

"Al menos esa parte si es real. Pero lo qué pasó apenas con Kohane…"

—¡Ah, Domeki! ¡Ya despertó! —gritó Himawari después de ver que su novio recobraba el conocimiento—. ¿No crees que ya se te esté haciendo costumbre caer desmayado mucho tiempo?

—Emm… yo creo que un poco… —mencionó entre risas sarcásticas y tambaleándose entre las sábanas.

—Domeki y yo estábamos muy preocupados por ti; pensamos que… fue muy mala idea lo de la Ouija —le dijo entre murmullos tímidos su novia, acercándose a él lentamente—. Lo siento. Fui yo la que lo provocó todo.

—Está bien, nadie resultó herido —la consoló rozando sus dedos contra sus mejillas—; no es todo tu culpa.

Ella tomó su mano suavemente sin detener su recorrido por la piel de su rostro y se lo quedó mirando con unos ojos de melancolía a los que las lágrimas estaban por salirse y rodeaban el borde de sus pestañas inferiores cubiertas con una ligera capa de rímel. Él amaba esa sonrisa que le daba tanta seguridad y comodidad; se sentía en el tope del mundo al verla tan feliz y rebosante de buena energía. Sin embargo, eso cambiaría muy pronto para los tres. No sólo para Watanuki y Himawari, también Domeki saldría afectado por el juego tan macabro que era la Ouija; después de jugarlo, no se puede huir del destino que se escribió con puño y letra propios ya que sería tentar un terreno desconocido, torcido e incierto. Cuando Himawari sonreía, en realidad le mentía a Watanuki. Ella también tuvo un viaje a su subconsciente, sola; pero tuvo unas visiones desconcertantes que deseaba olvidar a como dé lugar: se vio rodeada de sangre, que también escurría por detrás de ella y sobre su rostro; su uniforme estaba manchado de la misma sangre, y aunque se miró con una sonrisa pintada en los labios, un llanto abundante corría por su cara borrando lentamente su imagen… en frente de ella… desaparecía como si se borrara de la faz de la Tierra. No. Ella no lo permitiría ni se intimidaría por ello. A pesar de saber que estaba todo mal, ambos querían manipular el camino que les tocaba explorar; y aún así, querían cambiarlo con la primera persona que se les cruzara por delante. Deseaban subsistir por razones egoístas y que, al final, no hubiera valido la pena haber llorado por ellas.