(xxxHolic y sus personajes son propiedad de CLAMP)

"Ella será amada" Capítulo 13: Acabar la escuela

Una cálida brisa de primavera sacudía ligeramente las flores de los parques, meciéndose y quitándoles el rocío que la mañana les daba todos los días. Un delicioso olor del viento indicaba frescura matutina y un excelente día para Watanuki Kimihiro, que yacía en un futón en su pequeño cuarto, soñando con el día que se esperaba vivir. Cuando recobraba el conocimiento para marcharse a la escuela en breve, tomó sus anteojos y abrió más los ojos para desperezarse y poder levantarse.

Buenos días, Kimihiro.

—¡¿K-K-K-Kohane? ¡¿Cómo… cuándo… dónde… por qué?

Baja dos octavas a la voz, Watanuki Kimihiro —replicó toscamente la Ame Warashi.

—¡¿Ame Warashi? ¿Tú también?

Te dije que lo despertáramos sin gritarle, Ame Warashi…

—¡Grandioso, también está la Zashiki Warashi! ¿Nadie falta?

Y cumpliendo a su palabra, Mugetsu salió detrás de la Ame Warashi disparando su cuerpo pequeño al de Watanuki y pasando por debajo de su manga derecha del pijama y haciéndole cosquillas en su fina y delicada blanca piel, provocando unas cuantas risas que parecían de masoquismo. Sí, masoquismo: disfrutaba recibir el cosquilleo de una… cosa o animal que, a la vez, le disgustaba tener su presencia justo en frente de él. Ya al salir Mugetsu de sus ropas, recordó que la noche anterior en casa de Himawari había visto a esas cuatro extrañas figuras en algún lado de su mente. ¡Pero si lo recordaba como si acabara de suceder! La oscuridad rodeándolo durante varios minutos, la pequeña niña sin pasado, la niña de la lluvia, el espíritu más inocente que pudo conocer, un lobo compacto, el día de San Valentín, el parque que bien conocía… Definitivamente había sucedido todo; nada de eso podría ser mentira, a menos que persistiera la misma pesadilla. Al cruzar ese preciso pensamiento, cerró los ojos una vez más, pero con muchísima fuerza; pensó que al hacerlo, todos desaparecerían y que su vida sería la misma de siempre. Si ese juego maldito no hubiera sido siquiera tocado… Sin embargo, el hecho de cerrar los ojos condujo todas las miradas curiosas y confundidas a él. No, no estaba soñando: ellas estaban ahí, en frente de él, justo en sus narices, observando cada uno de sus movimientos y reacciones sin distinción alguna. Era total y extrañamente observado por cuatro pares de ojos de varios colores y de distintas emociones; se sentía bajo vigilancia estricta, simplemente quería escapar o desaparecer… ¡sí, eso sería perfecto! ¡Si despareciera, ellas nunca lo podrían encontrar!

Kimihiro, ¿no crees que llevas mucho tiempo en la ducha, considerando que es martes y tienes escuela?

Cosa que era cierto, Kohane creía que a un chico como él le bastarían 10 minutos en la ducha en lugar de 25 en una mañana de escuela; pensaba que era una fortuna que se hubiese despertado más temprano de lo común. Quería decir Kohane: ¿qué rayos podía estar haciendo tanto tiempo?

—Realmente eso no incumbe a una niña espectral, ¿no crees? —dijo sarcásticamente mientras cerraba la llave del agua— Además, estoy algo…

Feliz cumpleaños —mencionaron a coro tres voces sencillas que provenían de su cuarto. Tomó una toalla y se cubrió rápidamente y salió para hallar a las tres chicas y a su acompañante, Mugetsu, recibirlo con su ropa preparada encima del futón, el portafolio junto al uniforme y el almuerzo guardado.

Fue idea de Zashiki Warashi, ya que no podemos hacer mucho… —mencionó modestamente Kohane.

—Está bien. Gracias, a todas.

No cuenten conmigo para la próxima vez que vayan a hacer algo así a Kimihiro —reclamó fuertemente Ame Warashi.

¿Ame Warashi? —dijo inocentemente Kohane.

No tiene por qué estar de meloso ni por qué ponerse meloso sólo por un favor —espetófría y cruelmente Ame Warashi.

—¡Yo no soy meloso!

Eres un meloso tremendo, Kimihiro. Revisé tus recuerdos con aquella niña. ¡Eres un meloso!

Ame Warashi, no estamos aquí por eso —le recordó dulcemente la Zashiki Warashi.

Watanuki se les quedó viendo por unos minutos con el cabello chorreando y dejando rastros de agua en el piso, cerca de su desgastado futón. Aquellas chicas le parecían bastante irreales, y a la vez, le eran increíblemente creíbles.

—Eh… ¡oh, rayos! ¡Debería estar vistiéndome ahora mismo! ¡Se me hace tarde!

Y sin más ni más, el apresurado joven tomó su blusa y sus pantalones y como pudo, se los colocó; aunque quedaran de fuera algunos pliegues de blusa, o el pantalón estuviese medio chueco, salió corriendo a la cocina por una manzana roja que se hallaba en la mesa. La frotó un par de veces contra su pecho, "limpiándola", tomó su maletín, corrió a la entrada del apartamento, se puso los zapatos lustrados del uniforme y mordió una vez la manzana abarcando la mitad de ésta. Salió corriendo del apartamento tan rápido que dejó con la palabra en la boca a los tres espectros que no habían movido ni un solo dedo con la rutina tan apresurada de su "contenedor". Mientras, él corría por calles y calles hasta que arribó en el momento exacto en el que el timbre escolar sonó para empezar la primera hora de clase. Himawari y Domeki le recibieron con regalos sencillos, pero dignos de un cumpleañero como él.

—Yo te traje onigiri totalmente hecho por mí —le dijo ella mientras le daba un recipiente a temperatura medio alta.

—Gracias, Himawari —respondió con un dulce y fugaz beso en su frente.

—Yo te compré una nueva caja de almuerzo.

—¿Eh? Pero si la mía está en perfectas condiciones… De verdad y literalmente, no tenías que hacerlo.

—Sí tenía —contestó arrogantemente—. Así no tendrás excusas para no traer mi almuerzo también.

—¡CÁLLATE, IDIOTA! —gritó violentamente, señalándolo con el dedo índice— ¡Ni siquiera en mi cumpleaños me puedes respetar!

—Domeki, el director te llama —le mencionó un compañero que llegó de sorpresa.

—Sí, gracias —con media sonrisa esbozada, se retiró del salón.

Watanuki lo siguió mirando hasta que salió por la puerta, fue ahí donde se paró allí y sintió que algo no marchaba bien en todo ese rollo del director. Además, le era raro que su apático compañero sonriera por tal cosa como ir a la oficina del director; nadie que él conocía lo deseaba o se puso feliz alguna vez por eso. Pero para Domeki era distinto.

—Joven Domeki, su solicitud nos ha sido extraña tanto al Comité como a mí. No nos podemos explicar por qué lo quiso usted así, siendo tan aplicado y excelente alumno —mencionó la tosca y grave voz del director—. ¿Puede usted darme una razón?

—Yo… realmente no puedo. Sólo diré que es muy personal.

—Bien, si de eso se trata, me temo que se la negaré…

—¿Eh? ¿Cómo? —preguntó el muchacho algo alterado.

—La escuela no puede perder más alumnos, y menos alguien como usted. Le pido que lo reconsidere…

—Disculpe si sueno mal, pero ni porque me lo diga usted, lo reconsideraré. Dejaré el instituto y saltaré hasta la Universidad —y diciendo esto, sacó un papel arrugado del bolsillo de su pantalón, abriéndolo sobre el escritorio del superior—. Tomé. Es un permiso y aprobación firmado por mis padres para irme directo a la Universidad de Tokio.

El sorprendido hombre lo vio con los ojos abiertos como platos mientras aceptaba el hecho de que no tenía otra opción más que complacer los deseos del valiente y decidido chico. Leyó letra por letra, examinó cualquier laguna que pudiese tener el permiso, revisó con cuidado extremo las firmas; pero era completamente inútil hacerlo. Todo estaba perfecto. Y no tuvo otro remedio. Tuvo que negar sus propias palabras.

—Entiendo. Entonces, no tengo por qué interferir en este asunto más —explicó aún aturdido y en estado de profundo shock, a sabiendas que esto le perjudicaría eventualmente—, su diploma le será entregado cuando haya cumplido con 100 horas de estudio extras y una semana entera para presentar exámenes antes de que termine el curso. En la semana de exámenes no se exceptuarán sábados y domingos. Vendrá una semana entera sin descanso a presentarlos.

—Sí. Entiendo las condiciones y aceptaré las consecuencias de mis decisiones. Con su permiso.

Con una reverencia y media vuelta, tomó la perilla de la puerta, pero una nueva oración lo interrumpió.

—Sólo espero que esto no lo hagas por una mujer, Shizuka Domeki —advirtió el director.

—No… sólo quiero terminar la escuela lo más pronto posible para no soportar a los demás —mintió el joven sin siquiera voltear la cabeza al interrogante.

—Bueno, en ese caso, es todo lo que te puedo decir.

Así, Domeki se salió presuroso y alterado de la oficina. Cerró la puerta y reposó su espalda sobre ella unos segundos, queriendo reflexionar sobre lo que había dicho antes; preguntándose si era lo correcto hacerlo para probar la posibilidad de estar más cerca de la bella profesora que lo había seducido desde el primer día que él la vio. Caminó un poco por los pasillos, divagando al tomar direcciones, mirando al cielo tapizado de nubes a través de las pulcras ventanas. ¿Por qué rayos lo hacía si nunca antes le había atraído el cielo? ¿Por qué tomaba de un día para otro, decisiones espontáneas que podrían arruinar su vida por siempre? Era un deseo que ya tenía desde hace cierto tiempo: acabar la escuela pronto para evitar a aquella bola de idiotas que probablemente no soportaría por más tiempo; debería sentirse bien por dejar que eso ocurra por una razón como el amor a una mujer como la profesora Yuuko Ichihara, ¿no? Es decir, todos dicen que el amor hace que cometas una estupidez tras otra, ¿por qué no ha de afectarle a él también? Pero no era su caso. Era como si algo no estuviera bien del todo, como si fuera lo último que podría decidir sin odiarse tanto como lo haría pronto si llegara a equivocarse de elección.

—Lo que dijo el vejestorio en la oficina no tiene sentido.

—Watanuki…

—Es mi cumpleaños, y no quiero que mi amigo esté decaído por las idioteces que alguien sin corazón diga —mencionó acercándose a él para palmearle la espalda suavemente con su mano derecha—. Por eso viniste aquí. Tu lugar favorito en toda la escuela.

Sus brazos se recargaron en el barandal del borde del techo, en una parte donde se veía desde las canchas de soccer hasta la entrada del instituto. Watanuki tomó con sus manos el pedazo de barandal que le tocó, irguiendo su espalda y doblando un poco sus piernas mientras Domeki seguía recargando sus codos, encorvando su columna, dejándolo unos 20 centímetros por debajo de su amigo.

—Recuerdo que en el primer día buscabas un lugar bueno para estar solo, y viniste aquí, donde pudiste ver todo lo que te rodeaba…

—Watanuki. Nada de lo que digas o hagas me hará cambiar de opinión —le amenazó parándose totalmente bien para alcanzar su estatura—. He tomado la decisión de irme porque no soporto a la gente más. Lo mismo les dije a mis padres y es la razón por la que me voy a la Universidad directamente. ¡Allí la gente me podrá entender y no serán tan inmaduros como ustedes…!

—¿En verdad ya te creíste tu propia mentira? Tú y yo sabemos por qué lo hiciste —le señaló tranquilamente, mirándolo a los ojos como una fiera desafiante, pero sin agredirlo—. La profesora Ichihara es linda, ¿no crees?

—¿De qué hablas?

—Te creíste la misma mentira que le dijiste a los demás, pero yo te conozco. Quizá más que tus propios padres o tú mismo. Me has confiado durante cuatro años tus secretos, y yo a ti los míos. Somos casi hermanos, y es por eso que sé cuando mientes y las razones de tus actos —sermoneó un poco el chico de ojos azules—. Sé que no podré cambiar tu opinión, y ni me atrevería a hacerlo; respeto tus intenciones porque creo en que lo lograrás y porque conozco lo que sientes ahora. Lo mismo me sucedió con Himawari. Tienes que esforzarte por lo que quieres, lo sé, y te diré lo mismo hasta que llegues a tu meta. Me tienes a mí.

Diciendo estas palabras, alzó su mano derecha hasta el hombro, extendiendo su palma y sus dedos para tomarle la mano y abrazarlo como uno de los chicos. Simplemente tomó su mano con la suya y lo sometió en un movimiento veloz que ni el indefenso muchacho pudiera evitar. Lo dejó de rodillas al suelo, con el brazo entrelazado con la pierna del otro joven y su rostro indiferente, difuminado por el rayo del Sol. Sus lentes se movieron de su lugar original y estaban a punto de caerse de la cara de Kimihiro.

—Si me vas a ayudar, estudiaremos en tu casa. Y habrá almuerzo. O te romperé el brazo.

—Siempre te sales con la tuya, ¿no? —rió Watanuki entre risas burlonas.

Domeki dejó a un lado la posición que tenía y dejó a Watanuki levantarse, con ayuda de su mano. Mientras el otro se acomodaba las gafas, subió la mano al igual que su amigo unos segundos atrás y permitió que entendiera el gesto recíproco de amistad. Kimihiro subió la mano y la estrechó fuertemente, cerrando un pacto entre los dos una vez más.

Tú nunca te entenderás por tus sentimientos, Kimihiro. Antepones mucho…

Kohane, no podemos hacer nada por él. Ni siquiera sabe lo que tiene, por eso dejó a un lado a la mujer de cabello negro, ¿recuerdas?

¡Ame Warashi, Kohane, alguien viene!

Sorpresivamente, Himawari llegó corriendo al techo de la escuela, donde se hallaban los entes fantasmagóricos y se sostuvo del barandal con fuerza suficiente para arrancarlo; se puso a sollozar y a derramar lágrimas suaves por sus mejillas, susurrando negaciones una y otra vez. Gracias a que ella nos las podía ver, los tres espíritus se acercaron a Himawari, escuchando atentamente a los trabalenguas que les ponía en voz baja. Finalmente, pudo crear una frase coherente que entendieron a la perfección.

—Los rumores que circulaban en el salón… eran ciertos… Domeki… Domeki… él se va… —dijo desconsolada la muchacha con los ojos verdes empapados— Yo… ¡no quiero que se vaya! Daría lo que fuera… para que se quedara…

Esta niña… —repuso Ame Warashi.

—De seguro… Watanuki lo sabía… y no me dijo nada… Idiota… ¡IDIOTA!

¡Mugetsu! Entraremos en el subconsciente de esta chica.

Pero, Ame Warashi…

Está bien, Kohane, Zashiki Warashi. Está bien —y con esto dicho, Ame Warashi y Mugetsu saltaron al subconsciente de Himawari. Sin embargo, encontraron algo que los dejó paralizados—. Mugetsu, ¡ten cuidado! ¡Eso es…!

CONTINUARÁ…


¡Finalmente subo un capítulo! Me dolió mucho, pero pido disculpas con los seguidores de mi historia; de veras los aprecio y les mando un beso a donde sea que estén, pero entre escuela, castigos y otros compromisos no pude escribir el capítulo 13 y tuve falta de inspiración. Discúlpenme. Intentaré subir el 14 lo más pronto posible :)