(xxxHolic y sus personajes son propiedad de CLAMP)
"Ella será amada" Capítulo 15: Al borde de la muerte
—Todo —dijo decidido el joven estudiante.
—¿Puedo preguntar por qué? —preguntó intrigada Yuuko, mirándolo directo a los ojos.
—Sólo pura curiosidad; ya tengo casi un año con usted como maestra y me encantaría saber más de usted como persona —respondió con un tono casi misterioso.
—Bien, pero después, usted deberá decirme todo sobre su persona, ¿sí? —la cabeza del chico dio un pequeño salto, asintiendo a la propuesta. El color rosado de sus mejillas se disimuló por la iluminación que la abrigaba. La figura de sus labios rojos difuminados por la oscuridad comenzó a moverse sólo para él—. Bueno, mis padres son bastante distantes conmigo desde pequeña, soy hija única, no tíos, no primos, nada de visitas a los abuelos. Tuve una infancia bastante solitaria. En mi adolescencia fui la más buscada en toda la escuela por los hombres, fui prácticamente asediada de regalos en San Valentín. Elegir mi carrera fue fácil, ya que me encanta enseñar a jóvenes como usted. Bien, su turno de hablar.
—No, no —mencionó pícaramente Kimihiro—. Aún no me ha contado todo.
—¿Qué? Por supuesto que ya le conté todo —respondió ágilmente, queriendo evitar la parte más triste de su vida. Pero, la amable sonrisa que le puso Watanuki ante ella la hizo cambiar de opinión rápidamente y declinó ante el muchacho—. Sí, sí, entiendo. Mi esposo y mi divorcio. Pues bien: nos conocimos en la preparatoria, justo antes de acabar el 2º semestre del último año; justo después de la graduación huí de casa y nos fugamos a un civil cercano para casarnos. Yo era joven e ingenua, así que creía que sería mi primer y único amor; pero acabó engañándome con cualquier mujer que le pasara en frente. No pasó ni un año en el que no me enterara de otra mujer. Por eso, hasta que dejé de depender de él, pedí el divorcio. Eso me hizo venir al Instituto.
Callaron un momento, mientras ella miraba melancólicamente la taza de chocolate y bebía unos sorbos de ella; Watanuki no comprendía cómo abandonar a una mujer como ella. Era lo más cercano a la perfección, su ex debía ser de lo más idiota para abandonar a tal criatura a su suerte. Ella lo miró fijamente y le recordó con eso que era su turno de contar su historia. Él de inmediato abrió la boca para decirlo y relatarlo todo.
—Pues la verdad es que no tengo mucho que contar. Quedé huérfano a temprana edad. Mis padres murieron en un accidente de auto, y no tenía a donde ir; tuve que vivir solo durante la mitad de mi vida y quizás más, pero pude conocer a varias personas grandiosas a lo largo de ella por igual. Personas como… —pausó suavemente y conteniéndose las ganas de vomitar palabras inapropiadas, pero era hora de decirlo tal y como era— usted… Personas iguales a usted, Yuuko…
Y dicho esto, tomó con discreción su mano que reposaba en el sofá de la habitación, y sin contar esto, ella se sonrojó un poco; se acercaron un poco uno al otro, dejando cada vez menos espacio entre ellos, arrimando lentamente sus cuerpos para quedar juntos como uno solo. La señorita Ichihara tenía en mente que era su alumno y que lo que sucedía estaba mal y era incorrecto; pero, ¡cómo le gustaba estar allí con él, disfrutando esos momentos tan especiales! Era un momento que se le quedaría de por vida. Habría ambos de apartarse en el segundo donde quedaban sólo unos milímetros de sus labios rozándose, pero no lo hicieron al sentir la respiración del otro acariciando la piel de cada uno. Y finalmente lo cometieron. A pesar de la moral elevada que tenía la profesora y la novia del alumno, se unieron en el ansiado beso que deseaban con todas sus fuerzas desde hacía mucho tiempo. Se abrazaron, dejando las tazas en la mesa que les quedaba al lado sin separar aún sus labios, deseando cada vez más y más por el éxtasis provocado en la situación; las manos de Watanuki recorrieron gentilmente la espalda de su amada durante un minuto aproximadamente, y las manos de ella subieron al rostro del chico, juntando sus caricias todavía más y más. ¿Así se sentía el amor? ¡Qué más da! El momento es lo que contaba y aprovecharon cada segundo como amantes. Sus latidos subían de tensión rápidamente y parecía que sus cuerpos estaban pegados para nunca ser separados, hasta que ellos decidieron abrir sus ojos para ver a su extasiada y confundida pareja; los brazos de Watanuki no dejaron de envolver a Yuuko y ella no quitó sus manos del contorno del cuello del muchacho, sólo se quedaron viéndose el uno al otro en un silencio que llegó a ser perturbador en su tiempo. En sus exhalaciones se notaba cómo se habían amado instantáneamente y sin pausa. Ninguno quiso hablar. Se quedaron mudos, pensando en lo sucedido apenas, reflexionando en lo que pensaron y sintieron durante meses, esperando ese tiempo juntos… incluso si era prohibido… Al final, Yuuko habló.
—Supongo… que lo veré mañana, ¿cierto? —dijo separándose de él unos centímetros.
—Eso deseo yo.
—Yo también —respondió sin siquiera haber tenido una pregunta. Levantándose, lo miró, pensando en lo que transcurrió durante pocos minutos—. Y… ¿esto se detendrá…?
—Lamento decirle, profesora —decía parándose y observándola profundamente—, que me temo que esto ya no tiene freno. Llevo tiempo sintiendo esto y ahora no parará hasta que sea necesario. Si usted lo desea, retírese; pero prométame que nos veremos en la sala de música después de la última hora de clases de mañana.
—¿Para qué? Si se puede saber.
Él se quedó en silencio, proponiendo que era una sorpresa. Acto seguido, se despidieron con un beso corto y con algo de indecisión; la puerta se cerró tras ella, retirándose con ganas de gritar y llorar al mismo tiempo, pero conteniéndose a lo largo del camino y sin atreverse a mirar atrás. Las emociones de Watanuki estaban rebotando dentro de su cuerpo, y sin embargo, no era una mala sensación que sucediera eso; incluso se dio el arranque de sonreír al pensar y repasar todo lo sucedido en una fría y lluviosa noche de abril, justamente el día de su cumpleaños de 18 años. Una canción llena de amor resonó por su cabeza. Maroon 5 era poderoso en todo sentido de su vida, a pesar de no ser su favorito. Sólo una canción de ellos no lo dejaba por la paz en esos instantes.
Beauty queen of only eighteen
She had some troubles with herself
He was always there to help her
She always belonged to someone else
I drove for miles and miles
And wound up at your door
I've had you so many times but somehow
I want more…
Que mejor que tenerla siempre con él. Amarla era la mejor acción de toda su vida, ¡hasta vendería su alma por ella! El mismo diablo, tan seductor como ninguno, tocó a su puerta y lo llamó bajo el nombre de Yuuko Ichihara; una silueta que logró cautivarlo con todo y con nada desde la primera vez. No quería decirle adiós nunca. Pero al querer más de ella, esto no tendría fin… ¿O sí? En la mañana, Watanuki no vio a ninguno de los tres espectros que se habían atorado en su cuerpo por culpa de la Ouija. Se sintió algo destrozado. Pero no debía estar de ese humor, hoy lo haría de nuevo. Su día pasó tan rápido que ni se dio cuenta que la profesora, entre clase y clase, le echaba una mirada indiscreta, esperando a la sorpresa que estaba preparando él para ella después de clase en la sala de música. ¿Qué sería? ¿Chocolates, rosas, una carta…? ¡A saber! Pero no tenía tiempo para conflictos mentales. Cuando el último toque sonó, supo Watanuki que era hora de hacer su movida con la profesora; se despidió temprano de todos, excusándose con un trabajo pendiente imaginario, se dirigió directo a la sala de música. Tal como en su promesa, Yuuko lo esperaba allí, postrada ante una ventana. Al verlo, se levantó y se dispuso a hablar, pero no tuvo oportunidad; el muchacho enamorado se cercioró de que estuvieran solos con rápidas miradas hacia ambos lados y, técnicamente, se abalanzó a ella, sellando sus labios con los suyos en un beso apasionado una vez más. Era su sueño, y ahora lo veía cristalizarse, ¡dos veces! Y lo mejor de lo mejor es que ella no se opuso ni se defendió; de hecho, se dejó besar y poseer por él. Las manos de ambos recorrían de un modo muy sensual el cuerpo del otro; Watanuki acariciaba con suavidad la espalda de su profesora, yendo de arriba abajo sin faltar un solo espacio sin su provocativo toque mientras que Yuuko tomaba entre las suyas el cuello del joven y arrugaba con sus uñas el uniforme tan pulcro y liso del chico, y a punto de desabrochárselo, movió sus brazos alrededor de la misma parte; una llama se prendía dentro de ellos, calentando su pecho y evitaba que existieran el remordimiento y la cordura en cualquier parte de sus mentes. De repente, se separaron por unos segundos para tomar aire y verse a los ojos. Estaban totalmente sonrojados y sin aire, pero volvieron a besarse por culpa de toda la adrenalina que seguían teniendo dentro de ellos; sintieron un millón de veces el calor que compartían en esos segundos. Luego de estar juntos un poco más, se apartaron lenta y definitivamente; todavía recuperaban el aire que no respiraron antes. Watanuki habló.
—¿Ve? Ya no hay marcha atrás —dijo, tomando las últimas bocanadas de aire alborotadas—. La amo como nada en el mundo porque me hace sentir vivo.
—Joven Kimihiro… ¿Se da cuenta de que justo ahora hicimos algo indebido y en contra de toda moral? —preguntó algo agitada la profesora, recibiendo un asentimiento de cabeza. Ella sonrió, un poco atrevida—. Lamento decirle que nunca he llegado a sentir cosas así por nadie. ¿Qué tiene usted de especial que me pone tan loca y me hace sentir especial y completa?
—No lo entiendo, pero me siento del mismo modo que usted justo ahora… Y también desde la primera vez que la vi…
—¿Será…?
Pausaron pensando en la siguiente palabra, mientras se miraban con dulzura e iban abrazándose por la cintura del otro, apretando sus cuerpos y sin dejar ningún centímetro entre ellos. Ella recostó su cabeza en el hombro derecho de su amante y besó pícaramente su cuello, provocándole cosquillas al chico. A lo que él completó la frase que seguía sin terminarse.
—Amor. Es amor. Y me he enamorado de la mujer más bella de este mundo —y dicho esto, la tomó de la barbilla y le dio un beso más.
Después de eso, Yuuko le devolvió el beso y se despidió, prometiendo que se verían otra vez, en el mismo lugar y a la misma hora el lunes 5 de abril. Salió con rapidez, arreglándose el cabello y la ropa, que los tenía bastante alborotados por lo ocurrido dentro del aula. Watanuki esperó por unos pocos minutos, regodeándose de su victoria en el campo de batalla del amor por el corazón de la profesora; al salir, el ocaso le dio aún más pinta de ser el mejor día de su vida. Llegó a su apartamento y dio varios giros hasta su colchón, sonriendo de una manera estúpida y botando sus lentes por donde cayeran con el riesgo de romperse. Pronto, la emoción de ese día no lo dejó dormir temprano y rodó en la cama varias veces pensando en cuánto tiempo llegaría el lunes. Tres días, tres días, ¡tres días! Pensaba que no lo aguantaría, pero realmente no se le hizo nada esperar tres días; su aventura con la maestra Ichihara siguió y siguió durante muchos días. Lograron llegar al mes sin que alguien los atrapara o sospechara. Y con Domeki fuera del radar era pan comido.
Sí. Domeki había cumplido su sentencia de estudios continuos para salir antes de tiempo del Instituto, había pasado los exámenes con honores pues durante una semana entera se trató solamente de sus apuntes y él. Fuere el lugar donde él estuviese, estaba estudiando sin detenerse siquiera a alzar la vista. Pronto estuvo buscando información para irse a una Universidad definitivamente y empezar su primer curso como universitario, no obstante, no lo aceptaban en algunas institutciones; aunque la Universidad de Tokio parecía una elección predominante y favorable, además de que el precio estaba a su alcance. Sin embargo, fue a visitarla por cualquier duda antes de hacerlo concluyentemente. Se vistió con lo mejor que tenía y se dirigió a la estación de autobuses que le quedaba más cerca, a un par de cuadras; pero a la mitad del camino tuvo una sorpresa: Himawari estaba parada a media calle, admirando un árbol de arce con melancolía al borde de las lágrimas. Él se le acercó poco a poco a saber lo que le sucedía. Su cabello negro y largo estaba peinado como siempre, su falda caqui le llegaba casi a los tobillos y un suéter ligero que combinaba con su falda; todo se movía al compás del viento al pasar su cuerpo y enfriarlo. Una vez que estuvo justo al lado suyo tocó su hombro ligeramente y ella le dio una sonrisa.
—Hola, Domeki, ¿qué haces por aquí?
—Voy a la estación de autobuses a la Universidad de Tokio… —al verla tan vulnerable y la manera tan rápida de quitar su sonrisa de su cara le propuso algo inmediatamente—. ¿Quieres venir conmigo, Kunogi?
—Si no hay problema… me encantaría.
Entonces se dirigieron juntos en silencio a la parada. Esperaron aún sin hablar y sin siquiera mirarse, pero era notorio que esto incomodaba un poco a Himawari. Cuando subieron al bus que les correspondía, Domeki empezó una charla.
—Kunogi, ¿y Watanuki?
—No lo sé. Me dijo que iba salir hoy pero realmente ya no sé si… debamos seguir juntos. Últimamente hemos estado muy en desacuerdo y él se ha estado alejando de mí en este mes. A veces pienso que ha sido desde hace más tiempo que ya no congeniamos como antes —dijo con una voz suave y sumisa.
—Quizá sea razonable que se separen un poco para pensar las cosas y saber en qué lugar está su relación ahora; es lógico si piensas que han sido pareja desde el primer mes de clases en primer grado. Tienen ya casi dos años sin separarse —apuntó con un tono sutil el muchacho—. ¿Crees que puedas reflexionar sobre eso unos días?
—Creo que sí… —dijo con unas lágrimas pequeñas en los ojos.
Fue corto el periodo en el que sollozó Himawari y comenzó a platicar con Domeki de otras cosas; profundizaron un poco su relación de amigos preguntándose lo que no sabían del otro. Himawari supo la mentira de por qué había acabado su amigo antes la escuela; pensó que era culpa suya, pero él la corrigió. Siguieron hablando un poco más hasta llegar a la potencial Universidad de Domeki. A diferencia de la primera caminata, ésta se llenó de palabras y de risas entre ambos. De repente, Himawari se desmayó dentro de las instalaciones de la escuela, cayendo duramente a los pies de Domeki. Kohane y Zashiki Warashi se habían dado cuenta de lo que sucedía con ella; fueron de inmediato con Watanuki por ayuda.
En el apartamento del chico de gafas, este estaba disfrutando en la plenitud de su apartamento acostando en su sofá el silencio y se imaginaba a la profesora con él. Cerró los ojos por un solo segundo, y al abrirlos, ¡pum! Allí estaban los espectros que se le habían aparecido ya hacía un mes y no habían vuelto a aparecer.
—¡KOHANE! ¡ZASHIKI WARASHI! ¡¿Q-qué…?
Dio un brinco hacia atrás y cayó del sillón con una fuerza tremenda que le hizo subir su mano a la nuca y masajearse el área dolorida. Sus lentes cayeron con él y terminaron cerca de su puerta. Los recogió y confirmó su pesadilla: ¡estaban ahí, frente a él, de nuevo! Ellas lo vieron y Zashiki Warashi se apresuró a hablar.
—Tienes que ayudarnos, Watanuki. Ame Warashi y Mugetsu han…
—¿Qué tienen ellos que ver conmigo? —respondió sin una sola pizca de cortesía en su voz.
—Kimihiro, se han metido ambos al subconsciente de tu novia, Himawari Kunogi —dijo alterada Kohane—. Han permanecido en ese lugar durante un mes entero; no sabemos qué les pasó, pero si siguen vivos hay que sacarlos ya de ahí. El tiempo límite para un espíritu de residir en una mente humana es de 30 días… ¡ese plazo ya se cumplió hoy! Ayúdalos, por favor…
—Ni ellos ni ustedes tienen que ver conmigo ni Himawari, ¡para qué se interpusieron…!
—Si no los sacamos de allí pronto, van a acabar absorbiendo la energía humana de esa chica —interrumpió abruptamente la niña fantasmagórica—. Pero son dos espíritus, por lo que necesitarán más energía que la de una chica de 17 años. Si ambos la aprovechan, será cuestión de tiempo que puedan pasar dos cosas.
—Kohane… ¿qué sucederá…? —dijo Watanuki algo perturbado mientras la niña callaba.
—Hay dos posibilidades de lo que les pueda pasar. O ella muere al no tener energía para seguir viviendo y Ame Warashi y Mugetsu sobreviven, o ella rechaza la toma de energía y Ame Warashi y Mugetsu mueren.
Watanuki se quedó pensando unos momentos y pensó que ninguno merecía morir; pensó en lo mucho que había pasado con Himawari en dos años: besos, caricias, palabras… Pero también pensó en lo poco que había pasado con las tres chicas y el pequeño zorro. Y no pudo soportarlo. Era demasiado pensar que alguien que él conocía muriera.
No dejaría que sucediera otra vez si él podía evitarlo.
"Mamá… papá… No dejaré que nadie sufra como ustedes"
—Kohane… —murmuró Watanuki, levantando la vista hacia ella.
—¿Sí?
—¿En dónde están?
CONTINUARÁ…
