(xxxHolic y sus personajes son propiedad de CLAMP)

"Ella será amada" Capítulo 16: Demasiado pronto

En la enfermería de la Universidad de Tokio —respondió Kohane—. Tenemos que estar allí, rápido.

Déjamelo a mí, Kohane —dijo Zashiki Warashi, mientras con su mano derecha abría un espacio lleno de oscuridad en la habitación del muchacho, que sólo observaba las acciones de las dos chicas—. Vamos.

Zashiki Warashi y Kohane metieron a ese lugar a Watanuki y le pidieron que las siguiera por todo el camino. Era lo mismo que había experimentado en su subconsciente, sólo que este espacio estaba lleno de criaturas raras que lo miraban y pasaban de largo. Algunas tenían forma humana, pero al verlas de cerca, estaban deformes y provocaban náuseas de solo verlas. Le daba tanto miedo que unas ocasiones hizo gestos y sonidos extraños. Kohane se dio cuenta de esto

Tranquilo, Kimihiro. Sólo te ven porque eres el primer humano que entra aquí vivo —intentó calmarlo.

—Pero… es bastante… incómodo… —tartamudeó el chico siendo asediado por la mirada de los espíritus bizarros.

Es aquí —señaló Zashiki Warashi una puerta al estilo barroco flotando a la mitad del espacio—. Esa puerta nos llevará a ellos.

—¿Eh…? ¿Ellos? —preguntó Watanuki algo desconcertado.

Aún no lo sabes, ¿verdad? —insinuó Kohane cabizbaja.

Lo dejó con la duda cuando Zashiki Warashi abrió la puerta y un fulgor salió de ella, cegando al muchacho rápidamente, y fuertes ráfagas de viento lo envolvieron para absorberlo dentro de ese conducto; cerró los ojos durante un segundo, y al siguiente momento ya estaba al lado de Himawari. La vio en su peor estado: pálida, sin sueño, dormida… quizá para siempre. Se dio cuenta del daño que le provocaba con su aventura con la profesora, y pensó que tal vez así se vio en cierto tiempo la mismísima maestra al enterarse de los engaños de su esposo. Se había convertido en lo que trataba de alejar de su amante; unas lágrimas se asomaron por los ojos azules del chico, las limpió y tomó las frías manos de Himawari entre las suyas, queriendo revertir los errores del pasado. Kohane y Zashiki Warashi se acercaron a él. Watanuki se arrodilló al lado de la camilla donde se hallaba su novia sin soltar su mano y rompió en llanto.

Kimihiro, la observamos durante un mes y no nos separamos de ella —farfulló Kohane suavemente—. La verdad es que la lastimaste mucho.

—Lo sé… lo sé… —dijo Watanuki, arrepentido y censurado por sus propios pensamientos, llorando por la chica desmayada—. ¿Qué tengo que hacer para salvarlos?

Repite después de mí: Poder absoluto de los espíritus...

—Poder absoluto de los espíritus…

Libera a tus fieles sirvientes de este cuerpo humano…

—Libera a… —Watanuki fue interrumpido por una decaída en la respiración y latidos notoria de Himawari— ¡Himawari! ¡Himawari, responde! ¡Kohane, ¿qué sucede?

Esto es normal en un exorcismo, ella sobrevivirá. Lo prometo —le dijo con un juramento de meñique.

Así Watanuki se sintió un poco más seguro de lo que sucedería. Se recuperó, secó sus lágrimas y completó su frase.

—Libera a tus fieles sirvientes de este cuerpo humano.

Dale nueva vitalidad al cuerpo agonizante y cúralo.

—Dale nueva vitalidad al cuerpo agonizante… y cúralo… —dijo con un tono bajo.

Al decir la parte final, el cuerpo de Himawari disparó un fino brillo y expulsó a los dos espíritus atrapados dentro de ella, ambos cayeron al suelo y se quedaron quietos; Kohane y Zashiki Warashi se apresuraron a socorrerlos. Watanuki se quedó arrodillado al lado de Himawari, sosteniendo su mano unos momentos; ella aún no respiraba, no daba signos vitales ni nada. Se quedó allí esperando unos minutos. Después de una espera que fue casi eterna, Himawari tomó un pequeño respiro y presionó sus párpados para abrirlos lentamente con varios pestañeos consecutivos; en sus ojos se vio la sorpresa de ver a su novio junto a ella en un lugar así.

—Watanuki… ¿cómo…? ¿Cómo lo supiste?

—No importa ahora, lo bueno es que estás bien, Himawari —le dijo tomándola fuertemente entre sus brazos y apretando su cabeza contra su hombro, como si no quisiera dejarla ir—. Estaba tan preocupado por ti…

Se quedaron en silencio un minuto para poder tranquilizarse. Él la vio fijamente a los ojos, al borde de las lágrimas; ella lo miró, preocupada y temerosa de lo que él pudiera pensar y de lo que ella pudiese decir.

—Amm… Watanuki… Quisiera… —tartamudeó suavemente Himawari, llenándose de coraje para escupir las palabras de su boca—. No. Quiero hablar contigo, ahora mismo.

—Sí, claro; ¿qué es?

—Nosotros.

El chico se quedó conmocionado por la noticia y prestó mucha atención a lo que le siguió a la plática, imaginando que lo peor estaba por venir.

—Watanuki, quiero que me seas sincero, por favor. ¿Sientes lo mismo por mí que hace dos años?

—Himawari… Yo… no sabría decirte… ¿Y tú? —respondió llevando la mano derecha a la cabeza y rozando su nuca.

—Hm… Pues yo… siento que… —pausó luego de murmurar tímidamente esas palabras entrecortadas, provocando que se sonrojara y sollozara un poco—. ¿Sabes qué? Digámoslo al mismo tiempo. A la cuenta de tres.

—Uno… Dos… —expresaron al unísono, tomando con fuerza lo que estuviese en sus manos, nerviosos por una respuesta diferente a la que imaginaban—. ¡Tres! No, ¡lo siento!

Ambos se quedaron perplejos al saber que ninguno sentía las mariposas en el estómago que tenían al saludarse en las mañanas, al coquetear sin discreción, ni al pensar en el otro en las noches. Las cosas habían cambiado desde hacía mucho tiempo atrás y no quisieron admitirlo; sin embargo, la decisión de ignorar las señales de los cambios traería consigo dolorosas consecuencias que se manifestarían en momentos como esos, empujándolos a un acantilado que tarde o temprano se encontrarían en su camino.

—¿Será verdad…? —interrumpió el silencio el muchacho.

—Creo que lo acabamos de comprobar… ¿no? —señaló imprudente Himawari—. Watanuki. Te amo, eso sí; pero creo que nos adelantamos a lo que debiera suceder entre nosotros, fuese como amigos o como pareja.

—Eso supongo. Fuimos muy rápido para conocernos de tan poco tiempo —continuó Watanuki, empezando a sonreírle un poco—; y sin embargo, te amo de la misma manera que tú lo haces. Gracias.

Entonces, él se levantó totalmente derecho y encorvó su espalda para alcanzarla y abrazarla suavemente, sintiendo su respiración en su hombro. Ella, algo extrañada, le correspondió el abrazo. Se preguntaba qué hubiera impulsado al muchacho a cometer tal acto si habían quedado en buenos términos y ni siquiera ella tenía más ganas de llorar: ¿por qué él sí que tenía ganas de mostrar su aprecio tan repentinamente?

—Watanuki… ¿qué haces?

—Gracias por ser mi primer gran amor, Himawari. Estaré siempre agradecido contigo por eso —confesó sin miedo a lo que aún pudiese pasar después de sus palabras—. Quisiera… que me recordaras siempre como tu primer gran amor, pero también, recuérdame como tu primera gran decepción. Te lo pido, por favor.

—Es bastante raro que me pidas que te recuerde de ese modo; he tenido varios novios antes, pero ninguno jamás me pidió algo tan extraño como lo haces tú —mencionó Himawari con una voz suave y delicada. Parecía que se enojaba con su acompañante, lo que ocasionó que estuviese a punto de irse, pero ella lo tomó de la mano y lo giró para acabar nuevamente frente a frente—. Lo cumpliré. Debe ser porque de verdad eres mi primer gran amor, aunque no serás mi primera gran decepción: serás la primera persona que me pudo amar de verdad; ¿es suficiente con eso?

—Lo es. Muchas gracias, pero me tengo que ir —le informó su ahora ex novio y mejor amigo—, te deseo sólo lo mejor y espero que halles a esa persona que te hará feliz siempre; y si alguien te parte del corazón, házmelo saber y le romperé la cara. Prométemelo, mejor-amiga-Himawari.

—Es una promesa, mejor-amigo-Watanuki —respondió entre unas pequeñas carcajadas, entrelazando su meñique con el de su acompañante.

Y después de un nuevo abrazo, Watanuki se dejó parar totalmente erguido y se dirigía hacia la puerta, cuando Domeki irrumpió su acción. Lo vio sorprendido y apretó un poco los puños.

—¿Qué estás haciendo tú aquí? —preguntó bruscamente Domeki.

—Viendo cómo está Himawari, idiota; ¿qué no es obvio?

—¿Qué acaso no fuiste tú el que le dijo, Domeki? —dijo confundida la interpelada.

—No, no fui yo —reconoció fríamente—. Y esperaba que nunca lo supiera.

—Domeki, déjame hablarte afuera. A solas —mencionó Watanuki para salirse de ese asunto—. Adiós, Himawari.

Ella solamente le hizo un gesto con la mano y los dejó salir, sin protestar ni preguntar por nada, a sabiendas de que era algo en lo que ella no debía intervenir y era algo que nada más ellos dos podían resolver. Cuando cerraron la puerta tras sus espaldas y quedaron solos en el pasillo para hablar todo lo que quisieran. Domeki fue quien rompió el silencio tan incómodo que los abrumaba.

—Respóndeme: ¿quién te dijo sobre Kunogi?

—Eso no es importante es este momento. Himawari estaba mal, y tú la ayudaste. Te estoy muy agradecido por eso; así que te voy a decir algo seriamente —hizo una pausa, pensando en las tres muchachas y el Kudakitsune que necesitaban de él para guardar su secreto—. Himawari está sola: acompáñala y nunca la dejes caer; cuando ella llegue a caerse, asegúrate de levantarla. O te mataré.

Domeki no supo qué decir ante esas palabras que lo dejaron atónito y mudo; Watanuki aprovechó para huir lentamente del lugar mientras el otro reflexionaba el significado de eso. De pronto, escuchó el llanto de Himawari. Sus pensamientos fueron interrumpidos y corrió al lado de la chica. Al comprobar que estaba a la mitad del sollozo, fue apresurado para consolarla. La tomó entre sus brazos mientras ella se aferraba con fuerza a su camisa, sus chillidos se sofocaban en la garganta de la chica y no se oían claramente más allá de los oídos de Domeki; ella le dijo al fin.

—Seguí tu consejo, Domeki… Lo… ¡lo dejé ir!

—Kunogi… —pronunció con suavidad el chico.

—Lo siento y… —continuó llorando Himawari—, ¡gracias! ¿Sabes?

Domeki la volteó a ver, bajó la mirada y se dio cuenta que ella tenía sus ojos rojos y aún estaban llorosos; él sabía cuánto podría llorar ella: nunca antes vio que tantas lágrimas fueran derramadas por sus ojos verdes. El corazón le dio un vuelco por todo el pecho y sintió que tenía que quedarse con ella. Ya no era por gusto. Era una necesidad estar con y para ella; no quería separarse de ella, y aparentemente era recíproco.

—¿Qué, Kunogi? —le preguntó con una bella sonrisa pintada en el rostro Domeki.

—Me has apoyado por mucho tiempo, Domeki; te estoy muy agradecida por todo lo que has hecho, por mí. Gracias y perdón por lo que de seguro sólo fueron molestias para ti.

—No, no… —le dijo pausadamente—. Para eso… son los amigos.

Y así siguieron abrazados, mientras Himawari desahogaba la tristeza de su corazón con lágrimas cálidas que Domeki consolaba con cuidado y delicadeza. Watanuki corría apresurado a su departamento con todas sus fuerzas con Zashiki Warashi y Kohane llevando a Mugetsu y a Ame Warashi aún inconscientes; al llegar a su destino, los cuerpos espirituales de los dos últimos yacían en el suelo casi sin vida y con poco brillo rodeándolos, cuando debían estar llenos de energía y totalmente radiantes, a opinión del chico humano, brillando como un Sol en su cénit. Desesperado, alterado y sin ideas en su cabeza, empezó a estrujarse la mente en busca de alguna loca ocurrencia. ¡La que fuera! Su respiración también se notaba algo agitada por correr y por las ansias de pensar si la chica de la lluvia y el zorro sobrevivirían a esa horrorosa experiencia.

—Kohane, Zashiki Warashi, ¿qué podemos hacer? —preguntó aún sin aliento.

Tenemos una idea de qué hacer, pero es demasiado arriesgada para ti… —dijo Kohane. El joven explicó que no importaban los riesgos en esos momentos de peligro—. Si quieres hacerlo… Está bien. Tendrás que hacer esto: dejar que ellos tomen la energía suficiente para que se puedan recuperar. ¿Lo harás a sabiendas de que tu vida está en riesgo?

—Sí, lo haré. ¿Qué hago para que puedan vivir en mi cuerpo?

Acuéstate entre ellos y ve acercando poco a poco tus manos hacia sus cuerpos hasta asegurarte de estarlos tocando. Nunca te separes de ellos o la transferencia será interrumpida.

Así obedeció al pie de la letra la indicación de Kohane, se recostó en el espacio reducido que quedaba entre ambos, cerró sus ojos de manera delicada y se dejó llevar para tocarlos. Sin embargo, al instante en el que los espectros se adentraron en él, comenzó a sentir un fuego que se esparcía de sus manos al resto de su ser; empezó a sufrir unas convulsiones realmente dolorosas e insoportables. Quería dejar de recibir dentro de su alma a ambos fantasmas, pero sabía que era demasiado tarde para arrepentirse de su decisión de ayudar. En ese instante, mientras gritaba de dolor y se retorcía en el piso, se puso a pensar en el día que jugó a la Ouija con sus amigos. ¿Habrá sentido el mismo dolor que ahora experimentaba? ¿Acaso el desmayo fue provocado por no aguantar tanto sufrimiento corporal? Era demasiada presión para él estar pensando en eso, creía que podía perder el conocimiento de verdad; le fue difícil entender en el asunto en el que se había metido y se repetía en su mente que era un acto noble de su parte el ayudar a las muchachas con sus compañeros. En serio creía que podía ser una acción que enmendara el error del pasado tan traumático que tenía al recordar a sus padres en ese accidente que les arrebató la vida, dejando a Watanuki indefenso y lleno de culpa por no saber salvarlos de la tragedia; todavía lo perturbaba la imagen de su madre con las ropas con ríos de sangre, y la de su padre pidiendo clemencia por su hijo y su mujer al guardarse su última pizca de vida para regalársela a su primogénito. También podía seguir sintiendo el padecimiento de no poder mover su cuerpo, que no se comparaba a lo que sentía durante esos largos minutos. Ese día estaba inmovilizado y pudo ver todo lo que sucedió: el carro de su familia saliéndose de control, el choque contra el muro de concreto, los vidrios volando por todos lados, el crujido del acero del auto al hacerse chatarra, los efímeros gritos de sus padres de sufrimiento y su muerte. Sus ojos y oídos percibieron todo, dejándolo congelado al tener que observar tales cosas en su infancia. En el tiempo que resonó ese recuerdo en su cabeza, se dio cuenta que amenizaba el martirio que sufría con la aceptación de Ame Warashi y Mugetsu en su cuerpo, aunque ya éste mismo había acabado. Estaba fatigado como nunca lo había estado y el corazón le latía aún más fuerte que cuando estaba con Yuuko; la respiración se le alborotó tanto que tardó en recuperarse y volver a la normalidad, además de que una calidez sorprendente invadió todo su ser, haciendo que sudara como si hubiese corrido 10 kilómetros. Sin embargo, no se preocupó mucho por ello: estaba cansado y no podía pensar con claridad, por lo que poco después de normalizar su aliento, se acurrucó en el suelo y fue cerrando con lentitud sus ojos para dormir. A pesar que eran sólo espíritus, Zashiki Warashi lo colocó en su regazo y le acarició el cabello suavemente para tranquilizarlo; Kohane se sentó a su lado, tomó sus manos y las entrelazó con las suyas, y en voz baja le agradecía por lo que había hecho. Ambas se quedaron junto a él por toda la tarde y toda la noche. No se separaban de él en ningún momento. Ame Warashi y Mugetsu se encontraron en el subconsciente del muchacho portador y consumieron tanta energía pudieron para sobrevivir y dejar vivo a Watanuki; en el transcurso de la madrugada, ambos pudieron salir de la mente del chico para reencontrarse con sus otras dos amigas, que las recibieron gustosas y ansiosas por verlos en buen estado y sin un rasguño. Y en medio de esa felicidad y esa euforia que no despertaba a Watanuki, Ame Warashi interrumpió.

Dentro de esa niña me encontré con varias cosas no muy gratas —dijo seriamente la niña de la lluvia.

¿Qué tipo de cosas, Ame Warashi? —preguntó Zashiki Warashi.

Los espíritus que tomaron posesión de su cuerpo el día que jugaron a la Ouija, de algún modo, se convirtieron en residentes malignos y han estado causando infortunios dentro de ella misma —respondió sin un solo siseo—. Le han traído mala suerte y la han hecho propensa a ésta; Kimihiro es ahora una especie de imán para los espíritus, cualquiera que sea. Es peligroso que esté con ella.

De eso no te tienes que preocupar más, Ame Warashi —informó Zashiki Warashi, mirando fijamente a Kohane—; Kimihiro terminó hoy mismo su relación con ella. Y aparentemente, empezará una nueva.

¿Con quién? ¡Es crucial saberlo! —exclamó la interpelada.

Aún no estamos seguras, pero Kohane y yo vimos que Kimihiro le decía a su amigo que estuviese con ella en todo momento y no la abandonase jamás.

¿El nieto de Shizuka? ¿No fue en él en quien cayeron los espíritus de repulsión de almas impuras? —dijo Ame Warashi bastante sorprendida. Cuando vio que las dos muchachas asintieron con la cabeza, se quedó paralizada. Quizá las cosas no eran tan malas como las había imaginado—. En ese caso, probablemente sea mejor arriesgarse a que lo contagie de mala suerte o que él la repele de ambos, ¿no? Un cincuenta-cincuenta a lo que pueda suceder primero.

De cualquier manera, es mejor estar con alguien a quien no sea probable que mate a alguien que tiene mayores posibilidades de morir tan solo por el hecho de estar junto a ella —mencionó melancólicamente Zashiki Warashi, mirando a Watanuki mientras todavía descansaba en paz cerca de ellas, cubierto por una sábana y recostado en una almohada.

El muchacho descansaba inocente y tranquilamente, el asunto de la Ouija ya no podía acercharlo más y todo sería como antes con Himawari. Pero algo más los aguardaba en lo más profundo de sus corazones. Algo sacudiría la tierra de los pies de Watanuki y acabaría por destruir tres ilusiones de cuatro.


Agradecimiento especial: Vv-saya-vV. Gracias a tus inspiradoras palabras pude acabar con este capítulo y podré seguir con el 17 y darle el tan esperado final. Gracias :)