(xxxHolic y sus personajes son propiedad de CLAMP)
"Ella será amada" Capítulo 17: Las consecuencias de nuestros actos
En la mañana del lunes, Watanuki estaba vistiéndose para ir al Instituto, preparaba sus cosas y guardaba su almuerzo. Himawari también se preparaba para salir de su casa; corría de un lado a otro, desayunando, poniéndose la blusa del uniforme y recogiendo sus libretas esparcidas en el escritorio. Para amenizar el paso del tiempo, ambos prendieron la radio precisamente en la misma estación. Estaba pasando la canción Goodbye My Lover de James Blunt, con esa melodía única que a Himawari volvía loca; Watanuki se detuvo un momento.
—Justo lo que necesitaba: una dosis de mi propia medicina, ¿no? —dijo en voz baja el chico mientras empezaba la canción.
Did I disappoint you or let you down?
Should I be feeling guilty or let the judges frown?
'Cause I saw the end before we'd begun
Yes, I saw you were blinded and I knew I had won
So I took what's mine for eternal right
Took your soul out into the night
It may be over but it won't stop there
I am here for you, if you'd only care
You touched my heart, you touched my soul
You changed my life and all my goals
And love is blind and that I knew when
My heart was blinded by you
I've kissed you lips and held your head
Shared your dreams and shared your bed
I know you well, I know your smell
I've been addicted to you
Goodbye my lover, goodbye my friend
You have been the one; you have been the one for me
—Goodbye my lover… Goodbye my friend. You have been the one, you have been the one for me… —repitieron a coro ambos ex amantes junto al cantante.
No terminaron de escuchar la canción, ya sabían que llorarían si llegaban al final. El fin de semana había sido intenso para ambos. Y bastante. Después de que Ame Warashi y Mugetsu salieran del cuerpo de Watanuki, durmió hasta el crepúsculo del domingo, agradeciendo que ambos estuviesen sanos y salvos; Himawari estuvo en la enfermería de la Universidad de Tokio hasta que Domeki le informó que se irían, en todo el camino él no habló sobre nada de su admisión a la Universidad y ambos se quedaron en un frío y duro silencio. Fueron dos días algo extraños y bastantes agitados. Ahora lo que había sucedido se resumía a ese lunes. A cada paso, tanto Watanuki como Himawari se acercaban a un posible encuentro incómodo o al nacimiento de una nueva amistad cargada con rumores escolares; no obstante, querían averiguarlo pasara lo que fuera a pasar. Finalmente y después de mucho pensar y reflexionar, los dos se cruzaron en la entrada para cambiar zapatos; todos los que los conocían pensaron que ese sería el momento en el que, habitualmente, Watanuki y Himawari se besarían como saludo. Vaya sorpresa la que se llevaron cuando sólo fue un beso en la mejilla casual. Así. Simple y sencillo: no abrazo, no palabras románticas, no beso en la boca; a leguas se notaba que algo raro andaba entre ellos, a pesar de sonreírse como siempre lo habían hecho. Era tierno, pero extraño y algo bizarro en cierto punto. Todos se preguntaban a qué se debía tal suceso. Inmediatamente se esparcieron rumores por cualquier lado diciendo que ya habían tenido su primera vez, también se dijo que Watanuki iba a dejar la escuela al igual que Domeki. Sin embargo, el que le dio la vuelta a toda la escuela fue el de su ruptura, y éste tomó dos versiones distintas: que Himawari ahora estaba con Domeki pero que Watanuki no lo sabía, y también dijeron que Watanuki la había estado engañando y ella aún no lo sabía. En parte, lo último era verdad, pero ellos sabían que ya no sentían el mismo amor de siempre y que no querían lastimarse con mentiras. Esta última versión de los rumores llegó a oídos de la profesora Ichihara; mientras salía de la sala de maestros, escuchó que un grupo de alumnos de primer año discutían sobre el tema.
—Te digo que esa chica de tercero está soltera finalmente —dijo uno de los novatos sin percatarse de la presencia de Yuuko—. Dicen que su ex la estaba engañando, ¡y ella ni en cuenta!
—¿En serio? Su nombre es Himawari Kunogi, ¿verdad? —preguntó otro.
—¡Dios mío! ¡El idiota que la dejó ir es realmente estúpido! —afirmó uno que era de más baja estatura que el resto.
—Sí, esa chica sexy de la que te hablé el otro día. Tratemos de acercarnos a ella al final de clases, ¡ha de estar sufriendo la pobre! —mencionó entre carcajadas un primerizo con picardía, aún sin darse cuenta que la maestra estaba oyendo cada palabra—. Ya sonó la campana, ¡vamos!
Fue en esa fracción de tiempo que Yuuko se dio cuenta de lo que había hecho: exactamente lo mismo que las mujeres con las que se regodeaba su ex marido; ahora veía las consecuencias de sus actos frente a sus ojos. Se había convertido en el monstruo que deseaba nunca volver a ver ni oír, pero sus impulsos fueron más fuertes que su propia ética, convirtiéndola en lo que ella más repudiaba. Pensó en lo mucho que debió dolerle a su alumna el separarse del amor de su vida y así recordó su propio dolor en cada noche de angustia cuando su ex marido no llegaba a casa, cuando cada vez se hacía más distante e indiferente y cuando empezó a golpearla. Afortunadamente, se dio cuenta de inmediato que debía abandonarlo, pero aún así le dolió ver partir a la persona que le enseñó el mundo real. Pero así no eran las cosas para alguien que ama y sigue amando. Kunogi debía estar profundamente herida por lo que ella y Watanuki le habían hecho por seguir sus instintos de amor, como los llamaron los amantes; todos los días viéndose, besándose, abrazándose, queriéndose y huyendo del resto del mundo: eso era lo que había provocado tales daños en la chica. Además, la profesora también pensó en lo que probablemente estaría sintiendo Domeki al saber que su mejor amigo se había robado a la mujer que él amaba, por la que había hecho tantos sacrificios y a la que dijo que esperaría de por vida sin importar el paso del tiempo. Ella, a sabiendas de los sentimientos de su ex alumno, se juntó con su mejor amigo; ese círculo debía romperse y durante el día pensó en la mejor manera de hacerlo. Pronto llegó el final de las labores escolares y todos regresaban a casa quejumbrosos de lo sucedido en 8 horas de trabajo continuo. Watanuki se dirigía a la sala de música, como era ya su hábito desde hacía ya mucho tiempo, para encontrarse con Yuuko Ichihara; ella ya estaba allí, viendo desde la ventana cómo la tarde carcomía al Sol. En eso entró su alumno.
—Buenas tardes, Yuuko —saludó impertinente, acercándose a ella para besarla.
Pero ésta vez, Yuuko no se la abalanzó para responder a su beso; lo apartó extendiendo su brazo contra su pecho, creando así, una distancia entre ambos.
—Ya no podemos seguir juntos, Watanuki.
—¿Qué dices? ¿Acaso hice algo para molestarte?
—No en sí, pero… —titubeó un poco sonrojada y apenada la titular—. Es lo que llevamos haciendo durante hace mucho tiempo.
—Ja, era sólo eso; ¿qué con eso?
—¿"Sólo eso"? ¿Es que acaso ya no recuerdas lo que te dije el día que me invitaste a tu casa? —él nada más se la quedó viendo, intentando recordar las palabras que provinieron de sus provocativos labios, pero en su mente sólo había un vacío—. En verdad es inútil. Te confesé la razón de mi divorcio: mi esposo me engañaba. Tal como nosotros hicimos en éste mes. Supe… lo de la señorita Kunogi y tú… Deberías decirle la verdad.
—¿Qué? ¿Es ese rumor de que terminamos…?
—¡NO, NO! Es que ella probablemente ya lo sabe, pero tú deberías tener las agallas de decirle que ya no sientes nada por ella —respondió encolerizada la tutora.
—Yo… ya lo hice; sería una estupidez a estas alturas mencionarle lo que estuvo pasando entre tú y yo, Yuuko. Ella ya… —dijo calmadamente y acercándose aún más.
—¡Si lo descubre será lo mismo que si le hubieses dicho desde un principio! Sin embargo, puede que sienta más dolor todavía al saber que preferiste ocultarlo a sus ojos. Lo que hicimos estuvo mal, me interpuse entre tú y tu novia; ¡soy el peor monstruo que pudo haber existido! —exclamó con lágrimas en los ojos desbordándose poco a poco; Watanuki sólo calló y se le quedó viendo fijamente—. Yo debo irme de aquí… Adiós, Watanuki.
—¡No lo permitiré, Yuuko!
En cuanto ella dio media vuelta para irse con palabras de despedida, Watanuki instintivamente la detuvo con su mano, agarrando su brazo para hacerla quedarse. Nunca había experimentado algo así. A pesar que ella misma hubiera dicho que debía marcharse, él sentía que debía mantenerla allí a su lado sin importar nada más y nada menos que ellos mismos; a sus ojos, ellos debían quedarse como estaban.
—¡Suéltame! Esto es lo que provoca enamorarse de la persona equivocada en el momento equivocado, ¡suéltame de una buena vez! —gritó sofocándose a sí misma mientras forcejeaba para quitar la mano de Watanuki, el cual era su única conexión a esa sala. Pensaba y pensaba en el tiempo que estaban juntos cómo escapar de allí, y finalmente se le vino a la mente—. ¡En una semana me iré de Japón!
El chico no respondió inmediatamente, sólo se la quedó viendo detenidamente, sintiendo cómo la tierra se movía debajo de sus pies y su mundo se iba abajo en miles de pedazos; con lentitud, le fue soltando el brazo. Aún conmocionado, le preguntó con una voz débil.
—¿Cuándo lo decidiste?
—Hace mucho tiempo, pero hasta hace poco tuve el valor de decírtelo —mintió.
—¿A dónde te vas?
—Me mudo a Europa.
—Dime —siguió hablando con una voz ahora áspera y dolosa—, ¿planeabas decirme alguna vez? ¿O ibas a desaparecer como si nada hubiera pasado?
Yuuko no supo responder a esto. Se acobardó y sólo le dijo una cosa más.
—Esto ya lo tenía planeado desde hace mucho tiempo, tú sólo atrasaste mis verdaderos planes; ahora ya no dejaré que un simple estudiante de instituto me detenga. ¡Ese es mi sueño! —exclamó, dando media vuelta y abriendo la puerta estridentemente se volteó a verlo por última vez—. Adiós.
Entonces, en medio de la confusión, Watanuki se dio cuenta que ahora sí estaba solo; era lo más bajo que había caído desde la pérdida de sus padres. Sentía que algo le faltaba, algo como su otra mitad. Estaba incompleto. Y eso, de algún modo, le dolía profundamente. Yuuko bajaba apresuradamente las escaleras en dirección a la salida de la escuela; caminaba tan rápido que parecería que corría. En la calle todos le eran indiferentes y la veían por casualidad; las lágrimas se desbordaban suavemente por las líneas de sus ojos, estropeando el maquillaje tan fino que tenía. Las nubes pasaron el resto del día tapando de vez en cuando el sol mientras se empezaba a ocultar en el horizonte. Watanuki se la pasó pensando en lo ocurrido en su casa, se encerró en su habitación y ni siquiera les prestó a tención a las preocupaciones de los entes que vivían con él; Yuuko presentó su renuncia al Instituto ese mismo día, previniendo su apresurado e improvisado traslado a Europa, visitó un par de agencias de viajes y eligió su destino a Inglaterra con un buen precio. En esa noche, la ahora ex profesora se aventó en su cama boca abajo y se revolcó en las sábanas durante varios minutos sin poder conciliar el sueño; pensaba en lo mucho que su amante habría sufrido cuando ella le dijo tales palabras y su impacto en sus sentimientos, cómo se alineaban con sus expresiones de dolor, mientras ella se tragaba las ganas de decir que todo era mentira y que ella realmente quería estar con él. Quería seguir sintiéndose amada por ese chico que avivó tantas emociones en su piel cuando la acariciaba, cuando la besaba, cuando soplaba en su oreja, cuando la abrazaba, cuando se tomaban de las manos, cuando susurraba gentilmente su nombre, cuando le decía que la amaba, cuando estaban juntos. Aún recordaba claramente el primer día en que se besaron. Antes disfrutaba pensar en ese momento y no dejaba de estrujar su almohada de la felicidad, ahora le dolía tanto que deseaba quitar el ardor que se producía en su pecho con sólo el pensamiento de que ya no volvería a sentir algo como eso jamás. Tal magia no podía repetirse. Watanuki no comió nada, todo le iba a saber a amargura y en todo iba a buscar el sabor de los labios de Yuuko, pero sabía que nada se comparaba a ese amor que expresaban los besos que compartían clandestinamente todos los días, aún deliraba con el segundo en que le dijo que se iría para siempre de su vida; le era imposible admitir la idea de no poder acompañar a la profesora como la única persona fiel de su vida. Finalmente había amado y querido lo suficiente como para hacer algo tan estúpido como lo que él había hecho hacía dos días. De entre un montón de ropa que yacía en la esquina de un cuarto, sacó lenta y débilmente una pequeña caja negra decorada con un moño dorado; la abrió poco a poco y le dolió ver el anillo que eligió solamente para Yuuko Ichihara. El pobre y enamorado muchacho había hecho trabajos durante tres semanas para poder ahorrar el dinero suficiente para comprarle a su amada una pequeña pieza de joyería para que siempre lo recordara como la persona que más la amó, y más adelante, poder proclamarle su amor eterno con una proposición de matrimonio. Ahora eso se veía distante.
—Soy un tonto al creer que algo así podía ser real… Es totalmente imposible que algo tan bueno le pase a alguien como yo —murmuró para sí mismo.
La caja y el anillo quedaron abandonados en un rincón del cuarto mientras Watanuki se reprimía por haberse ilusionado tanto con un sueño inalcanzable.
La noche no fue nada placentera. Casi no durmió, y cuando cerraba los ojos, veía los ojos de la profesora con el aire seductor y misterioso que los acarreaba; era eterno verla allí con él. Cuando llegó el amanecer, estaba despierto; tomó una ducha rápida, se vistió, le dio dos mordidas a una manzana roja y dejó el apartamento, con las preocupadas fantasmas dentro de él.
—Entonces es en serio que se puede morir así, ¿cierto? —mencionó triste Zashiki Warashi.
—Pues, ya lo ves a él, está dejando todo de lado por una mujer —dijo secamente Ame Warashi—. Para él, enamorarse salió caro y está pagando las consecuencias.
—Pero yo creo que si se esfuerza en recuperar a quien amaba, lo logrará, aunque le lleve años —animó Kohane un poco—. Además, si ella lo amaba tanto como a él, al final volverán a estar juntos. Ella lo sabe, pero todavía no lo ha visto; tendrá que librar una lucha con sus propios sentimientos y eventualmente, ellos ganarán.
—¿Segura de que ganarán los sentimientos que ahora tiene? —especuló Ame Warashi, viéndola fijamente. Se detuvo pensando en todas las ideas que transitaban en su cabeza en un solo segundo—. Eso es verdad: tendrá que batallar contra lo que siente por él; pero, ¿estás segura de que tendrá esos mismos pensamientos en el tiempo que le lleve luchar contra sus impulsos? ¿No has considerado la posibilidad de que tal vez ella misma se crea las mentiras que le dijo a él para alejarlo? Los humanos, cuando se protegen de sus propios engaños, terminan por creer en algo que nunca existió y se convencen de que esa es la verdad. Por eso, él tampoco debe confiarse en el paso del tiempo.
Kohane no supo qué responder y se quedó muda el resto de la velada. Pronto llegó el amanecer. En el camino a la escuela, Himawari pasó frente a la casa de Domeki y se quedó viendo fijamente la puerta, esperando a que él saliera y no se dio cuenta que sus mejilla empezaban a colorarse y que las comisuras de sus labios formaban una sonrisa inocente y nerviosa. Siguió su camino al Instituto, planeando verlo después de salir con cualquier excusa que se le cruzara por la mente. Cuando saludó a su ex, se percató que aún si le sonreía, algo lo molestaba; sin embargo, él evitaba hablar de eso y apartaba la mirada al suelo, pensando la manera de olvidar todas las caricias que tanto tiempo le fueron suyas y que correspondió con suavidad, amor y más caricias sinceras. Ahora estaba confundido en lo que debía hacer: si perder contra las palabras dolorosas de Yuuko y apartarse totalmente de esas imágenes que lo mostraban feliz con ella, o pelear contra el destino e intentar con su mejor esfuerzo recuperar al mayor amor de su vida. Aún le lastimaba recordar el tono de voz que usó para declararle su desamor y su partida repentina. Era una pesadilla con la que debía vivir día y noche, a todas horas en cada momento con las palabras resonando como campanadas directas al oído; resultaba sofocante, doloroso, demasiado como para aguantarlo sin contarle a nadie sobre eso, pero no tenía en quien confiar tal secreto: no era fácil decir que estás enamorado de alguien mayor que tú, en especial de un profesor. Dolía, sí. Pero no había otra manera de lidiar esa pelea. ¿O sí? Quizás, tan sólo quizás, si le mostraba qué tanto la amaba, cuánto se entregaba a ella y qué tan poco le importaba el mundo con tal de estar a su lado, ella se quedaría con él; era una posibilidad de un millón, difícil de lograr y llena de locura, pero valía la pena intentarlo sin importar el resultado: ella de todos modos sabría cuánto él la amaba. Eso le era suficiente. Y en ese pequeño espacio de tiempo, se le ocurrió la idea más idiota y noble de todas las que pudo haber tenido en lo que había vivido y también lo que le faltaba de vida. Tan pronto acabó la escuela, agarró sus cosas y salió disparado a su casa; comió todo lo que pudo, se cambió de ropa y simplemente abrió la puerta para correr al hogar de la señorita Ichihara con el anillo que le había comprado tiempo atrás en mano.
"Quizás esto no sea lo mejor que pensé, pero si no lo intento, podría arrepentirme toda la vida"
En poco tiempo, ya estaba enfrente de la fachada principal y se quedó allí, sentado al lado de la puerta que daba al jardín. Nunca pasó de ahí. Yuuko tenía una ventana sin cortinas, por lo que vio que había unos zapatos que ella no conocía y que se movían constantemente; salió de su casa y al oír el sonido que hizo la puerta, Watanuki decidió ver la cara de la mujer que se aproximaba a él; sin embargo, Yuuko se detuvo en el mismo instante en el que él asomó su cabeza por la cerca de madera que rodeaba el pasto.
—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó ella con una voz fría y cortante.
—Vine a recuperarte. No me importa que te vayas a otro lado, quiero saber que estás a mi lado de una u otra manera, sin darle importancia a la distancia.
—Pero no puedo estar contigo… ya no más… —prosiguió Yuuko, agachando la cabeza para evitar la pena de mentirle a su primer verdadero amor en el rostro—. Me he convertido en lo peor que puede haber en este universo.
—No lo eres —respondió Watanuki intentando consolarla—. Himawari y yo ya no éramos más que amigos mucho tiempo atrás, tú sólo me hiciste descubrir mis sentimientos por ella… Y por ti.
—Pero, dime una cosa. Sólo una cosa…
—¿Qué?
—Dime: si llegásemos a ser pareja formal, ¿qué me esperará a mí cuando te hayas aburrido de estar conmigo? —espetó fuertemente y retándolo con la mirada.
Watanuki se dio cuenta entonces de cuánto daño había provocado actuar como lo había hecho, pero las palabras de su corazón le ganaron a las de la cabeza.
—Yo nunca, nunca jamás te haría algo así. Jamás —esto era. Era la oportunidad de decir todo lo que sentía por ella desde un principio—. Para mí, todos los días son nuevos contigo, en especial desde que llegaste a mí vida; cuando te vi… no sé. Sentí… ¡ah! No… no sé, simplemente, te vi tan hermosa y tan divertida que quise conocerte, hablarte, saber de ti, protegerte… Era algo totalmente nuevo y aún no sé cómo llamar este sentimiento que sigue conmigo.
—¿Qué…? ¡Eso es…!
—Eres increíble. En resumen, eres increíble. Tus bromas y todo lo que me cuentas de ti me hacen acordarme de que hay muchas cosas en el mundo que debo descubrir y siento en algún lado de mi cuerpo que sólo a tu lado podré experimentarlas y comprenderlas —la sorpresa de Yuuko era tan grande que no supo ni qué cara poner. Se quedó muda y dejó que Watanuki siguiera explicándole todo—. Me di cuenta muy tarde de lo que realmente estaba haciendo y hasta hace poco me di el valor de decir lo que siento, y a pesar de que lo estoy haciendo ahora, me es difícil.
—¿Qué es lo que quieres? O en otras palabras, ¿qué es lo que deseas? —preguntó con una voz quebrada.
—Quiero mostrarte lo que siento por ti —respondió—. Tan fácil como eso. Te amo. Y quiero que veas eso y me perdones por el perjuicio que te causé; no importa lo que tenga que hacer, lo curaré.
Los ojos carmesí de Yuuko se abrieron tanto que parecía que se le saldrían de las cuencas. Su corazón latía tan rápido que pensó por un segundo que se le saldría del pecho, deseaba acurrucarse en el pecho del muchacho que tanto le proclamaba su amor; sin en cambio, hizo lo que su cabeza y su razón le indicaron.
—Watanuki, ¿en verdad quieres curar y hacer desaparecer el dolor que me causaste?
—Sí, con todo mi corazón y toda mi…
—Entonces, vete de mi vida —interrumpió ella, con arrepentimiento entre los labios—. Ya tuve suficiente de personas que se empeñan en lastimarme de este modo, es mejor que ambos vayamos por nuestro lado y no nos volvamos a ver. Empieza una vida nueva: una donde no esté yo.
Esa línea mató internamente al muchacho de ojos azulados. Su estómago le dio una vuelta entera y quiso caer al suelo; pero todavía no quería creerse ese cuento de que se iba para no volver.
—En ese caso, mientras más me rechaces, más vendré aquí; me mantendré esperando al lado de esa puerta desde que acabe el Instituto hasta que de la medianoche.
—¿Estás fuera de tus cabales?
—Tal vez, pero es lo que yo hago por amor —dijo—. Bien, esperaré.
—Sólo vete… —espetó, marchándose a su casa de nuevo con las lágrimas a punto de salirse.
—Nos vemos pronto, Yuuko —acabó por despedirse con la cabeza arriba y dando media vuelta para volver al día siguiente.
