Los personajes no me pertenecen, son deStephenie Meyer, la historia fue creada por mi cabeza.
Hola a tods, ya he es miércoles y eso significa actualización, así que un día más os dejo el capítulo, espero que lo disfrutéis.
BPOV
No ver a Edward el día anterior en el parque provocó una extraña sensación en mi, pero no quería darle más vuelta a la cabeza, Edward Cullen no era alguien por quien me tenía que preocupar, aunque me inquietaba que se hubiera metido en lo más profundo de mi mente.
Como todas las mañanas una vez que estuve arreglada, bajé para desayunar con mis padres para luego irme a trabajar, desde ayer había un rumor en la empresa sobre una nueva incorporación y que debía ser importante cuando había tanto secretismo alrededor, intenté que mi padre me dijera algo pero me dijo que no hiciera caso, como siempre Charlie estaba leyendo el periódico, saludé a ambos y me senté en mi sitio.
- Hija, tu eres amiga de Edward Cullen, ¿verdad? – la pregunta de mi madre hizo levantar mi vista hacia ella.
- No, ¿por qué preguntas eso? – no entendía a que venía esa pregunta.
- ohh...bueno, como os vi bailando y charlando tan amigablemente, pensé que erais amigos – fruncí el ceño, había bailado esa noche con más chicos, al igual que otras veces y ella nunca preguntó.
- Bueno, él me invitó a bailar y acepté, también lo hice con más personas, no se a que ha venido eso – porque por más que intentaba alejar mi mente de Edward siempre había algo que hacía que volviera a pensar en él.
- Yo solo lo dije por la noticia del periódico – la contestación de mi madre provocó que mi ceño se frunciera y que mi vista se volviera al periódico que todavía estaba leyendo mi padre, mi madre al ver mi confusión prosiguió – por lo visto su abuelo falleció esta noche en Londres.
- No lo sabía – y sin mi madre saberlo me había dado la causa del por qué no fue a correr el lunes por la tarde, él estaba en Londres, me pregunté como estaría, eso hizo que me entraran unas ganas tremenda de hablar con él, sacudí mi cabeza para sacar esos pensamientos y volver la atención a mi madre que seguía hablando.
La semana transcurrió tranquila, aunque todavía existía ese extraño rumor por la empresa, todas las tardes salía a correr con la esperanza de que Edward hubiera vuelto de Londres, pero al igual que el lunes él no apareció, odiaba sentir esta incertidumbre dentro de mi y me reprochaba el obsesionarme por él.
La mañana del viernes había convocada una junta extraordinaria, le pregunté a mi padre de que se trataba pero me dijo que me enteraría como el resto de los empleados, así que eso hizo que me olvidara un poco de Edward y me centrara en lo que iba ocurrir, cuando entré a la sala de conferencias saludé a los hombres que ya estaban allí, de los cuales algunos me preguntó si yo sabía de que iba todo esto, cosa que negué y se extrañaron, al cabo de unos segundos la puerta se abrieron y por ella entraron mi padre y Jacob, lo que hizo que mi ceño se frunciera sin entender que hacía Jake aquí.
- Buenos días, se que habido rumores toda la semana sobre una nueva incorporación, pero no he querido adelantar nada hasta que todo estuviera listo, por eso es el motivo de esta reunión – mi padre se volvió a Jake y lo situó a su lado – os quiero a presentar a Jacob Black el nuevo vicepresidente de Swan Editorial – yo miré alucinada a mi padre y a Jake, pero ellos evitaban mi mirada, como era posible que mi padre le haya dado ese puesto, él tenía la misma experiencia que yo.
Mi padre siguió hablando aunque yo ya no prestaba atención, mis ojos picaban pero no iba a darme el lujo de llorar, me sentía traicionada por mi propio padre, él mismo dijo que ese puesto requería experiencia y que en cuanto la adquiriera sería mío, sentía la mirada de algunos ejecutivos sobre mí, no era la única sorprendida por las acciones de mi padre, una vez Charlie dio por finalizada la reunión, cogí mis cosas y salí de allí sin ni siquiera dirigirle la mirada a ninguno de los dos y sin despedirme.
También me sentía traicionada por Jacob, se suponía que era mi mejor amigo, él me dijo que tenía un nuevo trabajo y no tuvo la valentía de contarme, sentía como si me hubiera clavado un puñal en la espalda, llegué a mi despacho y le dije a mi secretaria que no quería que nadie me molestara, pero no tuve tanta suerte porque a los pocos minutos mi puerta se abrió revelando a los dos traidores.
- Dije que no quería ser molestada – gruñí, pero ninguno de los dos me hizo caso y se sentaron enfrente mía.
- Hija, no sabía que te iba a molestar tanto la noticia – mi padre parecía arrepentido.
- Y como quiere que me sentara esa noticia, se supone que ese puesto lo debería ocupar yo, por si no lo sabes soy tu hija – intenté mantener la calma, pero en esta situación era difícil.
- Te lo dije la semana pasada, ese puesto requiere además de experiencia ser una persona fría y fuerte, ya que es un puesto de mucha responsabilidad y presión – yo miré alucinada a mi padre, ¡me había dicho débil!, miré a Jake pero él estaba callado con la cabeza agachada ¡cobarde!.
- Jacob tiene la misma experiencia que yo, y en cuanto a la responsabilidad y la presión creo que podría lidiar con ello, soy más fuerte de lo que te crees, no soy una niñita que va a ponerse a llorar a la primera adversidad – esta vez hablé un poco más fuerte.
- Se que eres fuerte y que podrías con ello, pero este es un mundo de mucha competitividad donde hay que saber ser frío para que no te dejes aplastar, eres mi hija no quiero verte sufrir, y si lo puedo evitar lo haré – la explicación de mi padre solo hizo enfurecer más, Charlie me veía como su niña pequeña a la que debía proteger.
- Y que pasa el día que tenga que sucederte, o ahora me vas a decir que no voy a llegar a presidenta, porque si es así puedes decírmelo ya, así me ahorraré el disgusto – vi encogerse a mi padre en su sitio, estaba siendo demasiado dura con él, pero todo esto me hacía daño.
- Claro que un día me sucederás, pero para eso queda mucho y ya estarás más acostumbrada a este mundo, todavía eres muy joven – bufé, esto era demasiado para mí, no era justo como me estaba tratando.
- Así que por ser mujer no puedo tener un puesto mejor ¿no? – miré fijamente a mi padre, en sus ojos pude ver la culpa – perfecto ya se como se trabaja aquí, y sabes qué no me interesa tu caridad, renunció – cogí mis cosas, pero mi padre me detuvo.
- Hija compréndeme, el mundo esta atravesando una situación delicada con esto de la crisis y debo disponer de los mejores, Jacob tienes grandes ideas que ha aprendido en Europa y que podemos llevar a cabo y así estar por encima de nuestros competidores – Charlie intentaba arreglar las cosas, pero cada vez que hablaba lo empeoraba, respiré e intenté tranquilizarme odiaba ver a mi padre así, abatido y triste.
- Pensaré que hacer, pero ahora mismo tengo que salir de aquí, tus palabras me ha hecho mucho daño, me duele que no confíes en mí – cogí mi bolso, pero antes de salir me dirigí a Jake, que no había dicho nada.
- Y en cuanto a ti eres un traidor, creía que eras mi mejor amigo, por lo menos me lo pudiste decir o al menos dar la cara, eres un cobarde – y sin más salí, dejando a los dos en mi despacho.
Al salir a la calle, no pude retener más mis lágrimas, me dolía que mi padre no confiara en mí y viera que yo también podía ser fuerte, podía ser tan fría como cualquiera, había visto trabajar muchos años a mi padre y sabía que había que ser fuerte para no dejarte vencer en este mundo, pero Charlie no me había dado una oportunidad, decidí que lo mejor sería ir a casa, no me apetecía ir a ningún lugar, así que me encerré en mi cuarto.
No se cuanto tiempo estuve llorando e intentando sacar toda la rabia y frustración que sentía, por más vuelta que le daba no entendía porque mi padre le había dado ese puesto a Jacob, se que para él era como un hijo, pero ante todo yo era su hija y ese puesto me correspondía a mí, ya que un día iba a ser su sucesora y cuanto antes aprendiera mejor. Sentí mi puerta abrirse y giré para ver a mi madre sentarse en la cama.
- Tu padre me ha contado lo sucedido, lo siento mucho cielo – ella acarició mi pelo.
- No es justo mamá... – no pude continuar ya que un sollozo salió de mi garganta.
- Lo se nena, me he enfadado con tu padre, le he gritado y todo eso – sonreí a mi madre, ella siempre intentaba defenderme sobre todo cuando llevaba razón y sabía que odiaba enfadarse con mi padre – se que tu eres capaz de ser vicepresidenta, y llevar a la empresa lejos, pero es algo que tu padre no puede ver, él te ve como su niña y no quiere que nadie te haga daño.
- Lo sé, pero él no va a estar siempre a mi lado para ayudarme, yo quiero ser capaz de abrirme paso por mí misma – mi madre sonrió orgullosa.
Estuvimos hablando un rato más y consiguió calmarme, haciéndome ver que yo también tenía parte de culpa, me había comportado como una niña caprichosa que no le compran el juguete que ella quería, sabía que tenía que disculparme con Charlie, por muy padre que fuera en la empresa era mi jefe, pero todavía no tenía las fuerzas suficiente para enfrentarme a él, así que me fijé en la hora y decidí ir a correr, estaba segura que eso me ayudaría a despejar la mente.
Una vez llegué a Central Park, encendí mi reproductor de música y empecé a correr, todo lo sucedido en la mañana daba vuelta en mi cabeza, no era capaz de pensar en otra cosa, estaba segura que la situación hubiera sido diferente si fuera un chico, odiaba a mi padre por eso, yo podría ser igual de fuerte que Jacob, y si quería alguien con experiencia me pudo haber mandado a Europa para terminar mi carrera, estaba enfadada con los dos, sentí a alguien correr a mi lado, en ese instante mi corazón empezó a latir frenético ante la posibilidad que fuera Edward, al girar mi cara me encontré con él, aunque su rostro se tornó preocupado.
- Hola, ¿estás bien? – preguntó.
- Hola, si ¿por qué lo preguntas? – esta vez no decidí ignorarlo como hacía todos los días y eso hizo que una sonrisa se formara en su cara.
- Vaya hoy es mi día de suerte, me has hecho caso – rodé los ojos – lo siento, no quería molestarte, y te lo pregunté porque tiene los ojos rojos.
- No es nada, problemas, la vida que es injusta – resoplé, volví a ponerme el auricular para seguir escuchando música, entonces recordé porque Edward no había corrido esta semana - perdón, soy una desconsiderada, siento lo de tu abuelo.
- Gracias, la verdad es que fue una sorpresa para todos, no nos dijo que estaba enfermo – sus ojos reflejaban el dolor por la perdida de su abuelo – pero no quiero recordad eso, la semana ha sido bastante dura, por que no me cuentas lo que te pasa.
- Yo tampoco quiero pensar en lo que ha pasado hoy, me duele la cabeza de hacerlo todo el día – sonreí y le vi asentir, así que cada uno se volvió a sumergir en sus pensamientos y como todos los días seguimos corriendo en silencio.
Ahora que volvía a correr a su lado me sentía extraña, tenía una sensación rara en mi cuerpo, veía como las chicas se le quedaban mirando incluso alguna intentaba tropezarse con él, resoplé cuando una mujer se sujetó al brazo de Edward, él la ignoró pero vi una sonrisa burlona en su cara, en ese momento me entraron ganas de golpearle, pero me resistí, y seguí corriendo, pude ver una silueta familiar sentado en un banco, se levantó cuando sus ojos hicieron contacto con los míos, y eso hizo que me detuviera.
- ¡Por fin! he estado llamándote, hasta que al final tu madre me ha dicho que estabas corriendo, llevo media hora buscándote por el parque – dijo Jacob, yo me crucé de brazos no pensaba hablarle, estaba enfadada con él, por el rabillo de mi ojo, pude ver a Edward que se detenía a una distancia prudencial.
- Bells, lo siento, no creí que te lo ibas a tomar tan mal, por favor di algo – suplicó, yo le miré y vi arrepentimiento en sus ojos.
- Como quieres que me sintiera, me he sentido traicionada, además de que ninguno de los dos me dijo nada, creo que por lo menos tenía derecho a saber y que no me tomara por sorpresa – grité, ya estaba cansada del mismo tema – Jacob, no tengo ganas de seguir hablando de lo mismo, por favor hablemos cuando me haya tranquilizado y pensado las cosas – supliqué.
- Esta bien, ¿pero seguimos siendo amigos? – rogó y yo asentí, por mucho que me enfadara con él, era como mi hermano, luego vi que su vista se dirigió hacía Edward - ¿Qué hacías corriendo con Cullen? – masculló molesto.
- Jake son cosas mías, así que no te metas, quiero seguir corriendo, hablamos este fin de semana – y tras eso empecé a correr.
No entendía a porque se molestaba que estuviera corriendo con Edward, además ¿qué tenía de extraño?, tan difícil es de creer que un hombre como Cullen se podía fijar en alguien como yo.
- ¿Problemas en el paraíso? – la pregunta de Edward me sacó de mis pensamientos e hizo que fijara mi vista en él, no me había dado cuenta cuando había vuelto a correr a mi lado.
- No entiendo a que viene esa pregunta – estaba confusa por la actitud de Edward.
- Te he visto discutir con tu novio, ¿él es el que te ha hecho llorar hoy? – volví a fijarme en Edward y se veía furioso.
- Jake no es mi novio, es mi amigo, además no se porque te tengo que dar explicaciones – aumenté mi ritmo con la intención de dejarle atrás.
- Lo siento, pero oí como discutías con él, solo me preocupo por ti – yo le miré alucinada - ¿qué?
- Me resulta raro que te preocupes por una persona que apenas conoces – contesté, él soltó una hermosa carcajada.
- ¿Porque te niegas a reconocer nuestra amistad? – preguntó de forma burlona, yo solo negué con la cabeza – me preocupo porque es la primera vez que te veo triste, y si hay algo que pueda hacer para devolver la sonrisa a tu rostro lo haré.
- Gracias, es solo que hoy ha sido un día muy duro y decepcionante – paré de correr y me dirigí a un banco para sentarme, no se que me impulsó a contarle – como sabrás mi padre es dueño de una editorial, yo empecé a trabajar la semana pasada, como apenas tengo experiencia me puso a cargo de uno de los departamentos para más adelante ascender, bueno pues hoy mi padre ha anunciado que el nuevo vicepresidente será Jacob, mi amigo, que tiene la misma experiencia que yo.
- ¿Y le has preguntado a tu padre por su decisión?.
- Claro que lo hice, su explicación es que no soy lo suficientemente fuerte para desempeñar ese cargo, no me cree capaz y piensa que me pisotearan, quiere evitarme el sufrimiento – resoplé, volvía a sentir el odio fluir por mi cuerpo.
- Creo que tu padre no ha sido justo contigo, te tuvo que dar una oportunidad, además yo pienso que si serías capaz – las palabras de Edward hicieron que me ruborizara.
- Muchas gracias por escucharme, pero se hace tarde – me levanté y nos despedimos, me había gustado hablar con Edward.
Cuando llegué a casa fui directa hablar con mi padre que estaba en su despacho, me disculpé por mi comportamiento y le dije que sería más profesional y como una empleada más acataría sus decisiones, Charlie también se disculpó conmigo por dudar de mi capacidad y de no darme la noticia antes, que debió suponer mi reacción, no podía estar mucho enfadada con mi padre, así que después de nuestra pequeña charla ambos hicimos las paces, aunque yo todavía me sentía un poquito traicionada, medité que lo mejor era dejarlo correr y que algún día llegaría mi oportunidad. Mi madre estuvo encantada que de hubiéramos hablado y solucionado las cosas, ya que le dolía que estuviésemos enfrentados.
El fin de semana pasó de lo más tranquilo, quedé el sábado con Jake para hablar y solucionar también las cosas con él, se ofreció incluso a dejarme el puesto, que para él era más importante nuestra amistad, eso me llegó al corazón y le hice saber que ya había solucionado las cosas con mi padre y que había asumido que no era mi momento y que ya me llegaría una oportunidad para demostrar mi verdadero potencial. El domingo quedé con Alice y Rose, para contarme las últimas novedades, ambas estaban deprimidas porque los últimos chicos con los que habían salido habían resultado un fracaso, pero que no perdían la esperanza, así que decidimos que como las tres estábamos solteras saldríamos a conocer chicos, yo por mucho que intenté evitar esa salida no tuve nada que hacer cuando Alice puso su cara de cachorrito y me suplicó que fuera con ellas.
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Estábamos a mediado de semana y se me estaba haciendo interminable, el trabajo se me acumulaba por momentos y no daba abasto, lo bueno de tener a Jacob trabajando en la empresa es que lo veía todos los días, él se había adaptado de maravilla y muchos alababan su trabajo, en cierto momentos me daba envidia, porque yo sabía que también haría un gran trabajo si me hubiesen dado esa oportunidad, sacudí mi cabeza para no volver a darle vueltas al mismo asunto.
Mi único momento de tranquilidad era cuando salía a correr y porque no admitirlo cada día esperaba ansiosa esa hora para poder ver a Edward, eso me preocupaba me estaba obsesionando demasiando con una persona, pero en mi defensa diré que es agradable hablar con él y así podía sacarme la frustración que tenía dentro de mí por todo el asunto de la vicepresidencia, así que como una tarde más me puse mi ropa deportiva y salí a correr, llevaba pocos minutos cuando Edward se unió a mí.
- Buenas tardes – me saludó.
- Hola Edward ¿qué tal tu día?.
- Bien, aunque me gustaba cuando me ignorabas, era divertido hacerte irritar – dijo con una sonrisa ladina, yo bufé le encantaba sacarme de quicio.
- Tranquilo si quieres puedo volver hacerlo, no me gustaría desilusionarte - Edward soltó una carcajada haciendo que yo sonriera.
- No, me gusta que me hables – y tras eso nos sumergimos en un cómodo silencio.
Llevamos más de una hora y media corriendo y yo ya no podía más, intentaba seguir el ritmo de Edward pero no podía, si no paraba me iba a desmayar, así que decidí que para mí ya había sido suficiente ejercicio.
- Se acabó por hoy, si sigo corriendo un minuto más me vas a tener que llevar al hospital – dije jadeante por la carrera.
- Eres una blanda, te creía más resistente – se burló, yo le fulminé con la mirada y le saqué la lengua.
- No te tengo que demostrar nada, además que si corro es porque me gusta y no quiero terminar en el hospital, así que por hoy se ha terminado – me despedí de Edward como todos los días, pero no había dado dos pasos cuando me sujetó del brazo y me hizo voltearme.
- Bella espera, quiero...esto – estaba nervioso, y vi como se revolvía su pelo, se aclaró la garganta y prosiguió - ¿te invito a cenar mañana, me gustaría proponerte una cosa?
- ¿Me estas proponiendo una cita, Cullen? – pregunté enarcando una ceja.
- Más te gustaría Swan, solo quiero hacerte una proposición de negocio que te podría interesar – dijo a la defensiva.
- Ya tengo trabajo, pero gracias de todas formas – agradecí y me iba a ir pero Edward me lo volvió a impedir.
- Pero también se que te sientes frustrada, y lo que yo te quiero ofrecer puede que te resulte bastante interesante – me quedé pensando en su propuesta, la verdad es que no perdía nada con oírle, ¿además que había de malo en oír una oferta de trabajo?.
- Esta bien, acepto esa cena, pero te lo advierto más vale que no vayas con segundas intenciones – le amenacé.
- Tranquila, ¿te recojo sobre las 9? – preguntó, yo asentí y finalmente me despedí de él para dirigirme a mi casa, no sabría que me esperaría mañana, pero con Edward Cullen todo podía ser posible.
Al día siguiente me pasé toda la mañana en las nubes, pensando en lo que me iba a poner para mi cita con Edward, en verdad no era una cita, pero en mi mente no era capaz de referirme a la cena con Edward de otra forma, no había comentado sobre mi salida a nadie, era mejor ver que era lo que me tenía que ofrecer Edward y si me resultaba suficientemente interesante, vería mis opciones y cual sería camino sería el mejor para mí.
Salí un poco antes de trabajar para que me diera tiempo para arreglarme, mi madre intentó interrogarme sobre mi salida, pero solo le dije que saldría con unos amigos de la facultad, era la mejor mentira, si dijera que iba con Alice o Rose estaba segura que las llamaría para confirmarlo, decidí ponerme un vestido negro, de tirantes, con un poco de vuelo, me puse unos zapatos de tacón también negro y me maquillé de forma sutil pero lo suficiente para resaltar mis rasgos, decidí que el pelo lo llevaría suelto, cogí mi bolso y abrigo y salí de casa para esperarle fuera, no estaba dispuesta a que llamara a casa y mis padres descubrieran quien era mi acompañante.
Me fijé en la hora y vi que eran las nueve en punto, en ese instante un Volvo plateado se paró delante de mi y del coche bajó Edward Cullen, elegantemente vestido con unos pantalones oscuros y una camisa negra, estaba guapísimo.
- ¿Qué haces esperando fuera? – preguntó curioso, mientras abría la puerta del copiloto para que entrara.
- Me aburría y decidí salir – me encogí de hombros y me monté en el coche, nada más entrar su olor me envolvió, y una sensación extraña recorrió todo mi cuerpo.
- A veces no entiendo como funciona las mentes de las mujeres – dijo para sí mientras se montaba, yo le miré pero el solo me sonrió y se puso en marcha.
Llegamos a un restaurante que a simple vista se veía elegante, no era conocido y me gustó que no me llevara alguno que estuviera de moda, donde nos pudieran conocer o ver los paparazzis, Edward me abrió la puerta del coche y me ayudó a salir, posó su mano en mi espalda baja para conducirme al interior del restaurante, enseguida nos acompañaron a la mesa.
La cena transcurrió en una amena charla, me contó sobre su vida en Inglaterra y sobre su decisión de mudarse a Estados Unidos, la comida estaba exquisita y me encontré bastante cómoda, nunca me hubiera imaginado estar así con Edward Cullen, era lo más próximo a una cita de verdad, cuando llegó el postre, Edward carraspeó para llamar mi atención.
- Bueno como te dije, hay algo que quiero proponerte, por eso era el motivo de la cena, y creo que es el momento de hablarlo – yo asentí.
- Si, tengo curiosidad que es lo que me tienes que ofrecer.
- Bien como sabes, soy dueño del Grupo Cullen, entre las empresas que están dentro de nuestra compañía se encuentra la revista Fashion, se que no es muy importante y no esta entre las mejores, pero te ofrezco que seas su presidenta y que la dirijas, tu a lo mejor la puedes llevar a lo más alto, es un gran reto – su explicación me dejó completamente alucinada, ciertamente era una gran oportunidad, pero mi sueño siempre había sido dirigir la empresa de mi padre, aunque con lo que me ofrecía Edward podía demostrar lo que valía realmente, podía ver esto como una aventura, siempre deseé poder arriesgarme en algo y esta era mi oportunidad, pero algo en mi cabeza hizo que desconfiara de su oferta.
- ¿Por qué me ofreces esto? ¿Qué ganarías tu si yo asumiera la dirección de tu empresa? – pregunté, tenía que ver algo detrás de tan generosa oferta, Edward era un empresario brillante y tenía que ganar algo con todo esto.
- Tienes razón, quiero algo a cambio, te ruego que me escuches antes de negarte y salir corriendo – dijo con cautela, yo me asusté, que sería lo que necesitaba Edward de mí, le miré y esperé a que me dijera, vi la duda en sus ojos, pero eso duró un segundo, ya que después fijó sus ojos verdes en los míos y pude ver que ya solo había determinación.
- Bella, tienes que casarte conmigo – su voz sonó suplicante pero a la vez firme.
Gracias por leer.
Gracias también por los favoritas, alertas, reviews y aquellas lectoras silenciosas. Y especialmente a:
camiTomlinson, Nikki Hale y ittlevampireMajo.
Os invito a que dejéis vuestra opinión, hasta el próximo miércoles ;)
