Los personajes no me pertenecen, son de Stephenie Meyer, la historia fue creada por mi cabeza.
Un miércoles más os traigo otro capítulo, espero que lo disfruten.
BPOV
Estaba en estado de semi-inconsciencia, mi cuerpo se sentía como si hubiera sido arrollado por un autobús y mi cabeza no estaba en mejores condiciones, cada vez que intentaba moverme sentía que todo empezaba a moverse, quería hacer un esfuerzo por dormirme y así sentirme mejor, pero parece que esta noche o mejor dicho esta mañana no iba a ser capaz de dormir como era debido, si tuviera ahora a mis amigas delante las torturaría lenta y dolorosamente, aunque si yo me sentía así, ellas seguramente se sentirían peor, ¡no debí beber tanto!, dije otra vez cuando sentí mi estómago revolverse inquieto.
Un sonido realmente molesto empezó a sonar en mi habitación, gruñí y me tapé la cabeza con la almohada, ¡a quien se le ocurre llamar tan temprano! iba a matar a quien fuera, pero no hice ningún movimiento para intentar cogerlo, pero volvió a sonar otra vez, y por más que me tapara con la almohada seguía oyéndolo y eso hacía que mi cabeza quisiera estallar en mil pedacitos, alargué la mano tanteando la mesilla para coger el móvil.
- ¡Te odio quien quieras que sea! - gruñí al descolgar, me importaba muy poco quien fuera el que llamara, quería que supiera que no era bien recibido.
- Vaya veo que la noche ha sido salvaje - una voz aterciopelada se burló al otro lado del teléfono, haciendo que volviera a gruñir.
- Sabías perfectamente que anoche celebraba mi despedida de soltera, ¿Por qué me llamas tan temprano? ¿Tanto me odias? - me quejé mientras intentaba abrir mis ojos, oí su risa haciendo que volviera a gruñir.
- Deberías ver la hora, no es temprano precisamente - como tenía ya mis ojos abiertos, giré la cabeza lentamente para ver el reloj, ¡Joder! no me creo que sean las 6 de la tarde, he dormido casi 12 horas, me incorporé lentamente pero de nada sirvió porque todo parecía que daba vueltas, por lo visto el alcohol todavía estaba en mi sistema.
- Bueno no es temprano, pero necesito dormir - gimoteé como una niña pequeña.
- Lo siento preciosa, pero tienes que venir a cenar esta noche a casa de mis padres, por lo visto James viene, y quiere vernos, la verdad no se lo que trama, pero de lo seguro que no es nada bueno - bufé lo que menos quería era ir a cenar y menos con el primo.
- Esta bien, pero dame por lo menos una hora o un poco más, creo solo para llegar al cuarto de baño voy a necesitar media hora, todo da demasiadas vueltas - oí la risa de Edward, y sin más le colgué, estaba muy irritable hoy.
Tres cuarto de hora más tarde, estaba bajando las escaleras rumbo al salón, para saludar a mis padres y decirles que no iba a cenar en casa, nada más entrar me encontré a mi madre con los ojos cerrados y agarrándose la cabeza, ella al igual que Esme, se habían unido a nosotras para celebrar mi despedida de soltera, y por lo que estaba viendo, ella se encontraba igual o peor que yo, al otro lado, en el sillón, se encontraba mi padre con un libro en la mano y una sonrisa pintada en la cara. Cuando entré me miró y su sonrisa se ensanchó.
- Vaya la otra Bella Durmiente, parece que no se os puede dejar solas, os descontroláis demasiado - dijo mi padre burlón, y yo como ya se estaba haciendo costumbre desde que me desperté solo gruñí, sacando una carcajada a mi padre, me senté al lado de mi madre, que me dio una sonrisa comprensiva.
- Parece que todo el mundo esta muy gracioso hoy - dije enfurruñada.
- Charlie te he dicho que el tono de tu voz es muy molesto así que por favor no hables - dijo mi madre, que al parecer tenía el mismo humor que yo, a ninguna de las dos nos sentaba bien beber.
No se cuanto tiempo estuvimos los tres en silencio, mi padre de vez en cuando nos miraba a las dos y soltaba una risita, pero bastaba una mirada fulminante de mi madre para hacerlo callar, la verdad es que la situación era bastante cómica. El timbre de la puerta sonó, Olivia se acercó para abrir la puerta y a los pocos segundos Edward apareció en el salón.
- Buenas tardes - dijo saludando.
- Hola - susurro mi madre, mi padre soltó una risita pero se calló enseguida.
- Buenas tardes Edward, lo siento pero no puedo hablar mucho, por lo visto mi voz es molesta - ambos se rieron, vi a mi madre que iba a decir algo más pero decidí intervenir.
- Será mejor que nos vayamos, no quiero que se pongan a discutir, me duele la cabeza.
Nos despedimos de mis padres, y nos dirigimos hacia la casa de los Cullen, durante todo el trayecto Edward no paraba de mirarme y reírse, por lo visto debía lucir bastante mal para que lo tuviera tan divertido.
- Basta de mirarme así, ¿es que nunca has visto a una chica con resaca? - exploté furiosa con tanta risita.
- Si que la he visto, pero no me imaginaba que la correcta Isabella Swan iba a emborracharse tanto en su despedida de soltera - explicó, yo le saqué la lengua de forma infantil.
- Nunca suelo beber tanto, pero esta vez me liaron, ¡definitivamente tengo que cambiar de amigas y de madre!, seguro que Esme esta bien, creo que fue la única que supo comportarse - y al decir una terrible sensación de vergüenza me invadió, ¡como iba a mirar ahora a Esme a la cara!
- No he visto a mi madre, pero si he hablado con ella, y no me ha gritado ni me ha prohibido hablar, por lo que es una buena señal - Edward siguió bromeando.
- ¡Calla! Dios que vergüenza, Esme tiene que pensar lo peor de mi, no tuve que beber tanto, debería haberme comportado... - pero no pude seguir lamentándome porque Edward posó sus labios sobre los míos.
- Tranquila a mi madre le encantas, además que solo tiene palabras de elogios hacia ti, por todo los que nos estas ayudando, y el sacrificio que vas hacer al casarte conmigo, así que no te preocupes ni te montes películas, ¿de acuerdo? - yo solo pude asentir.
Una vez Edward terminó su explicación bajó del coche y me ayudó a salir, para después dirigirnos a su casa, Esme me saludó efusivamente y no dejó de repetir lo bien que se lo había pasado anoche, mientras nosotras hablábamos, podía sentir la tensión tanto en Edward como Carlisle, que James hubiera decidido reunir a todos juntos para cenar, no daba buena espina.
A las 9 de la noche, el timbre de la puerta sonó, Esme como buena anfitriona fue a recibir a sus invitados, yo aproveché ese momento y me senté al lado de Edward, éste no dudo y me cogió la mano, a los segundos James y una acompañante aparecieron en el salón, en ese momento sentí a Edward tensarse me giré para verle y tenía la mandíbula fuertemente apretada.
- Buenas noches familia - saludó James con una sonrisa burlona - espero que no os importe que haya traído a una amiga, ella es Tanya, ¿aunque creo que tu la conoces Edward?
Tanya era alta, rubia y con un cuerpazo, a su lado mi autoestima estaba por lo suelo, ¿sería Tanya una más de las tantas chicas con las que Edward salía en las revistas?, ese pensamiento hizo que una ola de celos se adueñaran de mi cuerpo, intenté soltar mi mano, pero Edward me lo impidió, su mirada suplicante hizo que intentara alejar todos esos pensamientos que había acudido a mi mente y que estaban haciendo que en cualquier momento me pusiera verde de celos.
- Es un placer conocerte Tanya - dijo Carlisle levantándose para saludarla.
- Hola Tanya, cuanto tiempo - el saludo de Edward fue seco - Esta es Bella, mi prometida - nos presentó.
- Enhorabuena a los dos, me enteré por la prensa lo de tu próxima boda, la verdad es que fue una verdadera sorpresa, hace apenas un mes me decías que nunca te casarías.
- La gente cambia - dijo Edward tajante.
El ambiente del salón era tenso, James tenía una sonrisa perenne en su cara, al parecer estaba disfrutando de la tensión, seguro que él estaba al tanto de lo que había pasado entre Tanya y Edward, además ya me había dejado claro su opinión sobre la boda, y que haría cualquier cosa para impedirla.
La conversación de la cena fue acaparada completamente por Tanya, hablando de la época cuando salía con Edward, cosa que me estaba sacando de quicio, y para colmo Edward le seguía el juego, y también participaba de la conversación añadiendo anécdotas, llegó un punto en que no pude más y me disculpé para ir al servicio, necesita tranquilizarme por el bien de todos, cuando llegué al baño me eché agua en la cara y me miré en el espejo, ¡estaba celosa! ese pensamiento hizo que me diera cuenta de la magnitud de mis sentimientos hacía Edward, me estaba enamorando de él, negué con la cabeza e intenté auto convencerme de lo que sentía era simple atracción, me senté en el retrete, me estaba costando respirar, no podía enamorarme de Edward, nuestra relación era de negocios y así debía terminar, solo tendría que convivir con Edward durante un año, después de eso cada uno seguiría su camino, esta afirmación hizo que un pequeño dolor se instalara en mi pecho, cada vez se me hacía más difícil imaginarme mi vida sin él.
No se cuanto tiempo había estado en el baño, pero el suficiente para que empezaran a preocuparse, eché un ultimo vistazo al espejo y decidí dejar atrás todos esos pensamientos y sentimientos que me había asaltado en el baño, ya me ocuparía de ellos más tarde, ahora no era el momento ni el lugar, salí del baño para volver al comedor, pero al girar la esquina del pasillo una imagen me obligó a detenerme, mis ojos se abrieron de la impresión y un jadeo escapó de mis labios, no podía creer lo que estaba viendo Edward y Tanya se estaba besando, ellos debieron oírme porque se separaron de forma brusca.
- ¡Bella, no es lo que parece! - exclamó Edward, que intentó cogerme la mano, sentí mis ojos picar, pero me negaba a llorar frente a él.
- Se perfectamente lo que he visto, así que no me trates como una tonta - dije intentando no sonar afectada, ¡Dios como he podido ser tan tonta! cuando estuve en el baño hubo un momento en que creí que lo nuestro era posible, que Edward podría cambiar, pero la realidad era otra, la gente no cambia de la noche a la mañana, y Edward era un mujeriego.
Tanya había desaparecido de la escena, ¡maldita comadreja! intenté pasar de largo, para dirigirme al comedor, pero Edward no me lo permitió y me sujetó del brazo.
- Bella por favor, déjame explicarte lo que ha pasado - suplicó, yo mantenía mi cabeza agachada no quería mirarle y que viera lágrimas en mis ojos.
- No tienes que explicarme, no somos nada, solo estamos juntos por un pacto que hemos hecho, no nos une nada más, por mi puedes hacer lo que quieres, pero te pido que seas discreto - cada palabra que salía de mi boca era un puñal directo a mi corazón, por lo visto este año iba a ser muy largo para mi.
- Bella...- pero Edward no pudo continuar porque se vio interrumpido.
- Todo bien parejita - dijo James con voz socarrona, en este momento algo hizo clic en mi cabeza, estaba seguro que esto formaba parte de su plan para que Edward y yo nos separásemos, así él quedarse con todo, ¡hijo de puta! levanté mi cabeza y le miré a los ojos de forma desafiante, no iba a dejarme pisotear por un parásito como James.
- Todo perfecto - cogí la mano de Edward y me puse de puntillas para dejar un beso en sus labios, tanto James como Edward se había quedado estupefactos, tuve que tirar de Edward para que reaccionara y comenzara andar, por lo visto si no llegaba a triunfar en el mundo empresarial podía llegar a ser actriz.
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La boda se había fijado para 16 de Noviembre, por lo que quedaba escasamente 1 mes para que se celebrara, había pasado más de una semana desde la cena, y Edward me había explicado una y otra vez, que había sido Tanya la que le había besado, que él se había levantado para asegurarse que estaba bien ya que estaba tardando mucho y se estaba empezando a preocupar. Yo le dije que le creía, y le aseguré que seguiría adelante con la boda, pero a partir de ese día empecé a estar más distante, apenas correspondía a sus besos y muchos menos habíamos vuelto hacer el amor, quería poner distancia entre nosotros.
El teléfono de mi despacho empezó a sonar trayéndome de vuelta a la realidad, me reprendí mentalmente por volver a estar pensando en el beso entre Edward y Tanya, le estaba dando demasiada importancia.
- Srta. Swan, hay una mujer que la quiere ver, dice que se llama Alice Brandon, le dije que estaba ocupada y que no podía recibir a nadie, pero es demasiado insistente - solté un par de risitas, por la voz de Angela estoy segura de que Alice la habría amenazado.
- Gracias por avisar, déjala pasar - a los segundos de responder un huracán de pelo negro entro en mi despacho.
- No me creo que me hayas denegado la entrada, ¡a mí, a tu mejor amiga! - negué con la cabeza y sonreía, Alice era la reina del drama.
- No te lo he denegado, simplemente le dije a mi secretaria que no dejara pasar a nadie, estoy bastante ocupada - le expliqué señalando todo mi escritorio inundado de papeles, estaba intentando encontrar algo que hiciera elevar el número de ventas de la revista y que a la vez fuera original.
- Espero que todos esos papeles sean relacionados con la boda - Alice me miró enarcando una ceja.
- Ali, ya tengo a cuatro personas encargándose de mi boda, sin contar con el planificador que habéis contratado, creo que no debo preocuparme por ese asunto, por lo que mis esfuerzos se centran en mi trabajo, necesito ideas innovadoras para incorporar a la revista, tiene que ser algo diferente, que ninguna otra pueda ofrecer - miré a mi amiga en busca de ayuda, ella era una apasionada de la moda, de hecho su sueño es llegar a ser diseñadora.
- No se Bells, lo mio es diseñar, de hecho venía a ver cuando puedes ir hacerte la prueba, todavía tengo que rematar algunos detalles - Alice me había diseñado mi vestido, para ella era una oportunidad magnifica para mostrar sus diseños.
- ¡Eso es! - salté de mi silla y fui abrazar a Alice - ¡Dios como no se me había ocurrido antes! - la cara de mi amiga era de total asombro e incredulidad.
- ¿Se puede saber que mosca te ha picado? - pregunto totalmente desorientada.
- Gracias a ti he tenido una fabulosa idea, tu misma me has dicho ciento de veces que es difícil para los nuevos diseñadores entrar en el mundo de la moda - vi como Alice asentía - pues se me ha ocurrido que la revista podía dar una oportunidad a esos nuevos diseñadores, mostrar sus diseños, es solo una idea, pero algo es algo, tengo que trabajar en ello.
- Eso sería fantástico, si necesitas mi ayuda solo llámame, ya sabes que siempre estoy dispuesta a echar una mano - ambas sonreímos, y nos sumergimos en una conversación sobre diseño, moda y otras cosas que me podrían ser útiles para hacer progresar mi idea, a mitad de la conversación mi móvil comenzó a sonar, por la melodía sabía perfectamente quien era.
- Hola - dije con voz neutral.
- ¿Te cojo ocupada? - preguntó Edward de forma cautelosa.
- Un poco, ¿que querías?.
- El abogado me ha llamado que ya tiene el contrato pre-matrimonial, solo falta que lo firmemos, ¿qué te parece si paso a por ti dentro de una hora y vamos a su despacho? - me quedé en silencio, era una tontería retrasar algo que tarde o temprano tendría que firmar, lo mejor era quitármelo de encima.
- Esta bien te espero aquí - y sin añadir nada más colgué, al levantar mi vista vi que Alice me miraba fijamente. - ¿Qué?
- ¿Todo bien con Edward? - preguntó preocupada.
- Si, ¿por qué piensas que algo va mal?
- Te has mostrado distante y fría, es la primera vez que te he visto hablar así con Edward, ¿os habéis peleado? - suspiré tenía que tener más cuidado cuando mis amigas estuvieran delante, es obvio que se estaba dando cuenta de que algo había pasado.
- No nos hemos peleado, simplemente estoy un poco agobiada con todo esto de la boda y el trabajo, ni me he dado cuenta que había sido fría - intenté que mi explicación fuera de lo más convincente, nunca se me daba bien mentir, pero parece que esta vez funcionó porque Alice asintió y no volvió a sacar el tema.
Como Edward había dicho, a la hora se presentó en mi despacho, la comunicación entre nosotros se había reducido bastante, sobre todo de mi parte, debía de reconocer que aunque le había dicho a Edward que le creía todavía estaba resentida. Vi como Edward aparcaba al lado de la acera, antes de que hubiera llegado a las oficinas del abogado.
- No podemos seguir así, ya te he dicho lo que pasó, ¡no fue mi culpa! - grito Edward exasperado - tu misma me dijiste que Jacob te besó y yo no te monté una escena de celos - giré mi cara enfurecida hacia Edward.
- Eso fue diferente, Jacob y yo no teníamos una historia, además que yo no te estoy montando ningún tipo de escena de celos, para hacer eso tendría que sentir algo - en el momento que las palabras abandonaron mi boca me arrepentí, el rostro de Edward se transformó y sus ojos se volvieron furiosos, además que la última parte era una gran mentira, esta última semana me había dado cuenta que me estaba enamorando de Edward y precisamente para evitar sufrir quería mantener las distancias.
- ¡Perfecto! piensa lo que te de la gana, no pienso disculparme otra vez por algo en lo que no he tenido culpa y que fue exactamente lo que te ocurrió a ti en tu despacho con la única diferencia de que yo no vi nada - Edward volvió arrancar el coche y se puso de nuevo en camino.
Esto estaba peor que nunca, mis ojos picaban, pero no quería llorar enfrente de Edward, podía ver que al final el año que íbamos a estar junto si que iba a ser un infierno, aunque todavía estaba a tiempo de romper con el pacto, pero algo dentro de mi me impedía hacerlo, por una parte sabía que si me echaba para atrás sería como una traición para Edward, le dejaría con muy poco tiempo para encontrar otra solución u otra mujer para casarse, y hacía que James ganara, que al fin y al cabo era lo que él quería, había llevado a esa mujer a la cena con el único fin de que Edward y yo nos separásemos y por lo visto había conseguido que discutiéramos y que yo me estuviera planteando romper el pacto.
Por otro lado tampoco quería echarme atrás, porque tenía grandes ideas para la revista, estaba muy ilusionada con este proyecto y estaba segura que iba a conseguir que aunque no estuviera entre las diez primeras, si que el número de ventas ascendiera y que fuera una empresa más productiva, así que con esos pensamientos deseche la idea de abandonar.
Giré mi cabeza para fijarme en Edward, apretaba las manos con fuerzas contra el volante, incluso sus nudillos estaban blancos y su mandíbula estaba fuertemente apretada, ¡genial! le había echo enfadarse, pero pensándolo mejor esta situación podía ser mejor para nosotros, el que estuviéramos distantes facilitaba la cosa para tener apenas contacto y que mis sentimientos hacía él no fueran en aumento.
Una vez llegamos al edificio donde estaban la oficina del abogado, Edward se bajó dando un portazo haciendo que me encogiera un poco en mi asiento, iba a salir pensando en que no me abriría la puerta como siempre lo hacía, pero para mi sorpresa Edward no dejó de lado su caballerosidad y me ayudó a salir del coche, incluso enfadado no dejaba al margen sus modales.
Nos adentramos al edificio y nos dirigimos a la planta 22, nada más abrirse la puerta del ascensor la recepcionista nos esperaba con una sonrisa.
- Bienvenidos a Jenks & Asociados, ¿en que puedo ayudarles? - nos preguntó la amable recepcionista.
- Soy Edward Cullen, venimos a ver al Sr. Jenks.
- Lo esta esperando, si por favor son tan amables de seguidme - la recepcionista nos guío a través de un pasillo, llamó a la puerta y entró, a lo segundos salió y nos dijo que podíamos pasar.
Sentado detrás de un gran escritorio de madera se encontraba un hombre de unos cincuenta años, con una sonrisa en su rostro.
- Buenas tardes, Sr. Jenks, ella es Isabella Swan mi prometida - Edward me presentó al abogado que estrechó mi mano.
- Encantada de conocerla Srta Swan, por favor siéntense y repasemos el contrato - tanto Edward como yo nos sentamos en las sillas que había frente a la mesa. - Bien empecemos, el Sr. Cullen me dijo que los puntos habían sido acordados entre ambos, ¿estoy en lo correcto Srta. Swan? - yo asentí, no sabía que decir nunca había tratado con un abogado y la verdad es que imponía un poco.
- Jason dejémonos de tanto formalismo, puedes tutearnos, como sigas hablando tan formal, la vas asustar - dijo Edward con una sonrisa burlona y mirándome, yo estuve a punto de sacarle la lengua, pero por suerte supe controlarme a tiempo.
- Esta bien como queráis, Isabella... - no dejé continuar a Jason.
- Bella, por favor, no me gusta mi nombre completo - aclaré, vi asentir al abogado.
- Como iba diciendo Bella, Edward añadió un par de acotaciones que te voy a explicar y repasaremos todo el contrato para ver que todo esta correcto, si estas de acuerdo podréis firmar - miré a Edward enarcando una ceja, pero él solo se encogió de hombros.
Vi al abogado coger una serie de folios, y mirarlos por encima, iba pasando paginas hasta detenerse en la que estaba buscando.
- Bien en el apartado sobre la dirección de la empresa, Edward te la cede durante tiempo indefinido, incluso si os llegáis a separar tu continuarías al mando de la empresa, solo abandonarías el puesto en caso de renuncia expresa.
-¿Qué? - pregunté sorprendida, había quedado con Edward en que estaría al frente de la empresa durante el año que durara nuestro matrimonio. - No puedo aceptar esa condición no es...
- Bella, no digas que no, se que tu sueños es dirigir algún día la empresa de tu padre, pero a lo mejor necesitas más de un año para sentirte preparada y asumir un puesto acorde con tu apellido, solo es una sugerencia, si al año quieres volver a la editorial simplemente hazlo, esto es solo una oportunidad, no cierras esta puerta - explicó Edward, sus ojos estaban fijos en los míos, solo pude asentir, ya que me había quedado sin palabras, Edward prácticamente me había cedido su empresa, era increíble.
El abogado leyó un par de cláusulas más, para que diera mi opinión, ya que las había redactado de modo diferente a como lo habíamos pactado Edward y yo, pero el contrato básicamente decía que cuando nos divorciásemos yo no pediría nada a Edward al igual que él tampoco me podría pedir nada, una vez que ambos estuvimos conformes con el contrato, el Sr. Jenks nos lo pasó para firmar, primero lo hizo Edward que no dudó en ningún instante, y después fue mi turno, miré donde tenía que estampar mi firma y suspiré, era el momento para anular todo, pero ese pensamiento solo duró unos segundos, estaba decidida iba a ser valiente por una vez en la vida, así que con esta nueva decisión firmé.
Era un hecho ya no había vuelta atrás, había firmado un contrato pre-matrimonial pero era algo más, era el pacto al que habíamos llegado Edward y yo, uno que nos unía durante un año, y en que en el momento de firmar recé mentalmente porque no saliera muy perjudicada de esta relación.
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