Los personajes no me pertenecen, son de Stephenie Meyer, la historia fue creada por mi cabeza.
Hola a todo el mundo, espero que andéis estupendamente, aquí os traigo el capítulo, preparados porque nos vamos de boda, que lo disfrutéis.
BPOV
Desde que habíamos vuelto a tener sexo, las cosas entre Edward y yo estaban mucho mejor, ya no había toda esa tensión sexual alrededor de nosotros, lo que nos permitía estar mucho más relajados, me había propuesto olvidar lo que había pasado en casa de los señores Cullen y estaba dispuesta a disfrutar este año que tenía por delante.
Con quien no había cambiado las cosas era con Jasper, al final había aceptado trabajar conmigo en la revista, yo lo vi como una oportunidad para limar asperezas y llevarnos un poco mejor, aunque no llegáramos a ser los mejores amigos, por lo menos quería intentar que tuviéramos una conversación amable, sin que nos atacásemos el uno al otro.
Estábamos a mitad de la semana y ya estaba exhausta, no quería pensar en lo que me esperaba este fin de semana, suspiré y fijé mi vista en mi móvil, lo tenía en silencio pero podía ver la pantalla brillar con el nombre de Alice, cuando finalmente acabó la llamada, vi el resto que se estaban acumulando, todas ellas de Rose, mi madre y alguna que otra de Esme, como se notaba que la fecha de la boda estaba a la vuelta de la esquina, bueno más bien cabría decir que era este sábado, de ahí la insistencia, querían que estuviera presente para ultimar todos los detalles, pero yo ya no podía más, quería olvidarme de todo, la anterior semana le había dicho a Edward muy seriamente de fugarnos a las Vegas para casarnos, pero él solamente se rió de mí y me dijo que tuviera paciencia ¡claro como a él no lo atosigan para que del visto bueno!. Unos golpes en la puerta hicieron que desviara la vista.
- Bella, la reunión con el departamento de publicad y marketing empieza en cinco minutos - dijo mi secretaria entrado y dejándome unos papeles en la mesa - y estos son los papeles que me pediste ayer.
- Gracias Ángela, luego los firmaré - me levanté para ir a la sala de juntas.
Me dirigí hacia la reunión, cuando entré ya estaban allí los jefes del departamento, incluido Jasper. Creí importante centrarme en la publicidad, porque aunque era importante el contenido de la revista un buen enfoque comercial podía hacernos crecer, todos habían presentado grandes ideas pero la que más me impresionó fue la de Jasper, se notaba que tenía talento y que era uno de los mejores, una vez que expuso su idea, todos estuvimos de acuerdo que era la mejor y que es la que había que desarrollar ahora todos juntos, estábamos en medio de un debate cuando llamaron a la puerta y por ella aparecieron Edward y Emmet, este último tenía una gran sonrisa pintada en su cara.
- Disculpar la interrupción, ¿puedo hablar un minuto contigo Bella? - preguntó Edward mirándome directamente. Me disculpé con mis empleados y salí fuera para hablar con Edward.
- ¿Qué ocurre? - pregunté preocupada.
- Tranquila todo esta bien...esto...bueno lo que te tengo que decir, ¡mierda! creo que no te va a gustar mucho - Edward estaba nervioso, mi corazón retumbaba en mis oídos, ¿habrá encontrado otra solución y al final no tiene que casarse? - bueno...mi madre me ha llamado, ella es muy dulce, pero algunas veces me da miedo... - Edward me estaba poniendo de los nervios.
- Cullen al grano, tengo mucho trabajo - exigí, oí la risa de Emmet detrás mío pero lo ignoré.
- Esta bien, pero yo solo soy el mensajero, mi madre y Renné exigen tu presencia ahora mismo, según ellas la novia tiene que estar presente para que de su aprobación - dijo Edward con un poco de miedo, a saber que le habrán dicho ese par de locas y yo que pensaba que Esme era toda una dama, por lo visto también tenía su lado peligroso y que por lo que podía intuir, Edward lo había visto un par de veces.
- No puedo, estoy hasta arriba de trabajo, estoy ultimando todo para poder irme de luna de miel - me quejé, no entendía la obsesión de estas mujeres para que estuviera presente.
- Por eso estamos aquí, Emmet puede ayudarte - miré a Edward enarcando una ceja.
- Que yo sepa Emmet es un abogado - él aludido dio un paso al frente y se puso a la altura de Edward.
- Déjame ayudar, te prometo que lo voy hacer perfecto, no tendrás ninguna queja sobre mi - Emmet me miró con los ojos suplicantes, no pude nada más que suspirar y resignarme.
- Creo que no tengo otra alternativa, porque como siga ignorando a mi madre y al resto, se van a presentar aquí y va a ser peor - volví a entrar en la sala de junta para despedirme de las personas allí presentes y dejé al cargo del proyecto a Jasper, él estaba bastante asombrado que le diera tal responsabilidad, pero creo que era más que justo que fuera él quien estuviera al frente ya que fue su idea.
Emmet y Edward me siguieron hasta mi despacho, donde expliqué a Emmet lo que quería que hiciera durante los tres días que iba a estar ausente antes de la luna de miel, puesto que después de la boda no hacía falta hacer nada, ya que así era como lo tenía pensado desde un principio y lo había dejado todo preparado, le dije que si tenía cualquier duda me llamara o se lo consultara a mi secretaría.
Edward y yo nos despedimos de Emmet, la verdad yo no estaba todavía muy convencida de dejarle al mando, pero Edward me aseguró que no me iba arrepentir, ya en el parking me dirigí hacia mi coche, cuando estábamos llegando me di cuenta que Edward había aparcado al lado mío.
- ¿Tu también vas ahora al hotel? - pregunté antes de subirme al coche.
- No, yo tengo que volver a la empresa, tengo unas cuantas cosas que dejar listas antes de la boda - explicó Edward con una sonrisa.
- No es justo, porque tu te libras de todos los preparativos - dije medio enfadada y medio en broma, me había cruzado de brazos y había puesto un puchero.
- Porque yo soy un hombre, y según nuestras madres yo no tengo ninguna idea de esto, recuerdas, para nosotros todos los colores son iguales - eso me hizo reír ya que recordé cuando Edward insistió en ayudar y nuestras madres le dejaron, tenía que elegir los manteles de las mesas entre muchos modelos, que según Edward eran todos iguales. - Sí tu ríete, pero para mí todos los manteles eran blancos, no veas como se pusieron.
- Esta bien, iré y no me quejaré, más te vale compensarme por todo esto - dije dando con un dedo en su pecho.
- Sabes que todas las noches te compenso varias veces - dijo Edward con voz seductora y dándome un beso que dejó mis piernas de gelatina - nos vemos en casa preciosa - y tras eso lo vi montarse en su coche y desaparecer.
Media hora más tarde, estaba entrando por el salón donde se celebraría la recepción y el banquete de la boda, me quede impresionada con la decoración, estaba todo perfecto, ni en mis sueños podía imaginarme algo así.
- ¡Por fin! yo no se para que quieres un móvil, si cuando te llaman no contesta - una Renné furiosa se plantó delante mía.
- Hola mamá, lo siento pero tenía trabajo - intenté excusarme.
- Eres igual que tu padre, cuando una cosa no te gusta te intentas escabullir... - dejé a mi madre hablando sola, siempre me decía lo mismo, así que fui a saludar a Esme que fue más simpática que mi madre, aunque también me regañó un poco. Alice y Rose estaban en el jardín del hotel donde se oficiaría la ceremonia, al ser una boda de conveniencia, tanto Edward como yo estuvimos de acuerdo en que sería una por lo civil.
Si el salón me había parecido perfecto, el jardín era lo más maravilloso que alguna vez hubiera visto, al final sin que me lo propusiera iba a tener la boda de mis sueños que incluía además a un príncipe, también esperaba que tuviera su final feliz, aunque ese lo viera más difícil.
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- Bella, hija despierta - la voz de mi madre se coló entre mis sueños.
- 5 minutos más - dije adormilada, ¿por qué venía mi madre a despertarme si ya no vivía con ella?, pero antes de que mi adormilada mente hallara la solución, mi madre abrió la ventana para que entrara la luz y así obligarme a levantarme.
- ¡Isabella Marie Swan, ya te estás levantando! hoy es el día de tu boda, tenemos mucho que hacer, no te puedes pasar todo el día durmiendo.
Abrí mis ojos cuando recordé el día que era hoy, 16 de Noviembre, el día de mi boda con Edward, no me podía creer que hubiera llegado tan rápido, parecía que fuera ayer cuando él empezó a perseguirme por el parque cuando corría, sonreí ante ese recuerdo, tendría que proponerle volver a correr más seguido, ya apenas podíamos ir a correr y menos juntos.
- Ponte algo cómodo y baja a desayunar con tus padres, nuestro último desayuno en familia - rodé los ojos ante su dramatismo.
- Mamá, vendré más veces a desayunar si eso te hace feliz - ella me dio una sonrisa acuosa y se fue de mi habitación. Sacudí mi cabeza y respiré profundo, para tranquilizarme, no quería estar nerviosa desde tan temprano.
Apenas puede probar bocado en el desayuno, un nudo se había instalado en mi estómago que me impedía comer, parecía que hoy no iba a comer mucho, y aunque me quería mentalizar que esta no era una boda de verdad, que los motivos que nos llevaban al altar eran totalmente los contrarios a los de una pareja normal, en mi subconsciente no podía evitar ilusionarme y desear que este fuera el día más feliz de mi vida.
Antes de salir para el hotel, donde se celebraría la boda y donde me arreglaría, mi padre quiso hablar conmigo, los dos nos dirigimos al despacho para hablar tranquilos.
- Hija quiero que sepas, que todavía estas a tiempo de parar todo esto, que si tienes dudas o no quieres casarte puedes decir en este momento que no y nosotros te apoyaríamos, no te tienes que sentir obligada - las palabras de mi padre fueron totalmente sinceras.
- Gracias papá, pero estoy segura de lo que quiero hacer, Edward no me obliga a nada - le conteste mientras le daba un abrazo, era genial sentir que mis padres se preocupaban por mi felicidad.
- Vamos, antes que venga tu madre y nos arrastre hasta el hotel - ambos nos reímos y fuimos a buscar a mi madre.
Nada más entrar en la suit que habíamos reservado para prepararme mis dos amigas me abrazaron.
- ¡No me puedo creer que te vayas a casar hoy! - chilló Rose.
- ¡Edward no podrá apartar sus ojos de ti cuando te vea! - esta vez fue Alice la que gritó.
- Por favor, ya estoy lo suficiente nerviosa sin vuestra ayuda, así que prefiero que no estéis todo el día chillando - supliqué mientras mis amigas me volvía abrazar y me prometían controlar su entusiasmo, claro que esa promesa no se la puede arrancar a Renné que para el mediodía era un manojo de nervios que además estaba a punto de empezar a llorar.
No hacía ni 5 minutos que la comida había llegado a la suit, cuando llamaron a la puerta, yo miré desconcertadas a las chicas que se encogieron de hombros, era imposible que fueran la maquilladora ni la peluquera, todavía quedaba una hora para que vinieran, mi madre se levantó para ver quien era.
- Espero llegar a tiempo para comer con vosotras - la voz de Esme me sorprendió - Bella ¿como estás cariño? - me saludó cariñosamente Esme mientras me abrazaba.
- Un poco nerviosa, pero creo que es normal en todas las novias - ella me devolvió la sonrisa - todavía no hemos empezado a comer, así que siéntate y acompáñanos.
- ¿Y como esta Edward? - preguntó mi madre, mientras empezábamos a comer.
- Él dice que no esta nervioso, pero yo le conozco mejor que nadie, y se que lo está, no hace otra cosa que pasarse las manos por el pelo y no para quieto ni cinco minutos - explicó Esme.
- Eso es que sabe que le voy a dejar plantado en el altar - dije seriamente, Esme y Renné me miraron de forma reprobatoria, mientras que mis amigas se reían - es broma, no le voy hacer eso, ¡por dios, no tienen sentido del humor! - resoplé e intenté comer algo, pero por el nudo que seguía instalado en mi estómago se que eso no iba a ser posible.
La comida transcurrió en un ambiente distendido, pero yo fui la única que apenas prueba bocado, después de tomarnos el café, las chicas de peluquería y maquillaje llegaron para empezar arreglarnos, la primera fue Esme, ya que se tenía que volver con Edward y los chicos.
Las siguientes horas pasaron volando, apenas era consciente de lo que me hacían, yo cerré los ojos y me dejé hacer, cuando me dijeron que ya estaba lista abrí los ojos y me quedé sorprendida delante del espejo, mis ojos parecían más grandes y marrones, el maquillaje era suave, pero resaltaba de forma excepcional mis rasgos, y el pelo también era una maravilla, era un semirecogido, con algunos mechones sueltos y ondulados.
- ¡Estas preciosa hija! - dijo mi madre, parpadeé y quité la vista del espejo para fijarla en mi madre, que también estaba guapísima.
- Tu también - dije y volví mi vista al espejo para volver a mirarme.
- Creo que es la hora de que te pongas tu vestido - dijo Alice emocionada entrando en la habitación, yo solo pude asentir, estaba al borde de las lagrimas, parecía que estaba más emocionada de lo que pensaba.
Entre mi madre y Alice me ayudaron a vestirme, una vez que estuve lista me dejaron frente al espejo de nuevo y lo que vi me dejó sin aliento, no podía creer que esa fuera yo, si ya con el peinado y el maquillaje me había visto distinta, vestida de novia era una completa extraña, el vestido era hermoso, de blanco roto, con las mangas de encaje, la parte de arriba se ceñía a mi cuerpo como una segunda piel, mientras que a la altura de las caderas caía suelto, con una pequeña cola, Rose llegó con el velo y con la ayuda de la peluquera me lo pusieron, es del mismo encaje que el de mis manga.
- ¡Estas impresionante! - dijo Rose.
- Mi niña... - empezó mi madre pero no pudo continuar porque rompió a llorar, la emoción le había desbordado, ya estaba tardando.
- Nada de lágrimas, que se nos va a correr el maquillaje - dijo Alice autoritaria y mi madre hizo un gran esfuerzo para hacerla caso - bien ahora repasemos que llevas todo lo necesario, tienes algo nuevo, que es el precioso vestido que te he diseñado, algo azul, la liga - me sonrojé ante la mención de esa prenda.
- Aquí tienes algo prestado, es un collar de perla que Esme llevó en su boda, dice que los quiere de vuelta - dijo mi madre mientras me ponía el collar que quedaba perfecto con el vestido - y algo viejo, los pendientes de la abuela Swan - una vez más a mi madre se le quebró la voz.
Ya era la hora, después de meses planeando esta boda express, había llegado el momento, las chicas al igual que mi madre estaban haciendo todo lo posible por retener sus lágrimas, incluso a mi me esta costando mantenerlas a raya, aunque mi relación con Edward no es la normal, la boda si que es de verdad y nuestras madres habían hecho todo lo posible para que fuera perfecta. El sonido de alguien llamando a la puerta fue lo que me hizo salir de mis pensamientos, no se quien fue abrir, pero de pronto mi padre estaba frente a mi vestido de traje y con una sonrisa en su cara.
- ¡Estas bellísima hija! - exclamó, mientras me daba un beso en la mejilla. Mi madre se despidió de nosotros para ir a ver que todo estuviera perfecto e ir a ocupar su lugar.
- Bien, es hora que vayamos bajando, estoy segura que no quieres hacer esperar mucho a Edward - la risa cantarina de Alice resonó por toda la habitación. Rose y ella fueron las primeras en salir y mi padre y yo las seguimos.
Llegamos a un salón por donde se salía al jardín, podía ver a los lejos a la gente en su sitio, y un camino de pétalos que llegaba hasta el improvisado altar, y allí esperando se encontraba Edward, cogí aire para infundirme valor y disipar los nervios.
- ¿Lista pequeña? - preguntó mi padre apretándome el brazo.
- Sí, pero por favor no dejes que me tropiece y caiga - suplique a mi padre, él se rió y negó con la cabeza.
La música empezó a sonar, Alice fue la primera en salir, y después la siguió Rose, las dos estaban guapísimas con sus trajes de dama de honor, también diseño de Alice, y los siguientes en salir fuimos nosotros, cuando puse el pie en el jardín, sentí todas las miradas sobre mí, cosa que hizo que me ruborizara, pero mis ojos rápidamente buscaron a Edward, él también tenía los ojos clavados en mí, me fui deslizando por el pasillo del brazo de mi padre, parecía que flotaba, si antes de lejos Edward me había dejado sin aliento ahora de cerca estaba totalmente deslumbrada, el traje oscuro le sentaba como un guante, sus ojos verdes brillaban más que nunca y su pelo estaba algo rebelde, aunque un poco más domado, seguramente Esme tendría algo que ver, al lado de Edward se encontraban Emmet y Jasper, me sorprendí ver a ahí a Jasper, ya que era el único que se oponía expresamente a este matrimonio, pero también sabía lo importante que era para Edward que sus dos amigos estuvieran en un día tan importante para él.
Conforme me iba acercando la sonrisa de Edward se iba ensanchando, lo que hacía yo también imitara su gesto. Al llegar a su altura, mi padre dejó mi mano sobre la de Edward, y en ese instante la muy conocida corriente eléctrica atravesó todo mi cuerpo, entrelazamos nuestros dedos, y Edward me dio un tierno apretón.
- ¡Estás preciosa! - susurro Edward mientras nos volvíamos para quedar de frente al juez.
- Tu tampoco estás más - le contesté y oí su suave risa. El juez nos miró y dio comienzo la boda.
- Bienvenidos, estamos aquí para celebrar el enlace entre Edward Anthony Cullen e Isabella Marie Swan - en ese instante las mariposa se instalaron en mi estómago y supe que iba a recordar este día para toda mi vida.
La ceremonia fue breve, pero no por eso menos emotiva, las lágrimas que llevaba intentando retener desde la tarde surcaron mis mejillas en el momento en que Edward colocó la alianza en mi dedo, aunque sabía que era un símbolo en ese momento mi corazón latió más rápido y me sentí más unida a él.
- Yo os declaro marido y mujer, puede besar a la novia - finalizó el juez, Edward pasó su mano por mi cintura, me acercó a él y al instante sentí sus suaves labios sobre los míos.
Los aplausos rompieron el beso, y al momento nuestra familia vino abrazarnos y a felicitarnos, después fue el turno de los invitados, la verdad es que había mucha gente que no conocía, pero claro era de esperar que la gente más importante de Nueva York, viniera a nuestra boda.
- ¿Qué se siente ser un hombre casado? - preguntó Emmet, cuando nuestros amigos nos rodearon.
- Emmet llevo casado 5 minutos, eso pregúntamelo dentro de unos meses - contestó Edward mientras me apretaba contra su costado y dejaba un beso en mi mejilla.
- Yo que se, a lo mejor sentías como un nudo imaginario alrededor del cuello - dijo Emmet siguiendo con la broma.
- Mira que eres tonto, ¿no puedes estar serio en una boda? - preguntó Rose enarcando una ceja.
- Claro que si, además me encantan las bodas porque me permite ligar con la dama de honor - dijo burlonamente mientras movía sus cejas. Rose bufó, agarró del brazo a Alice y se fueron para saludar algunos invitados - me encanta hacerla rabiar.
Edward y yo nos despedimos de los chicos, para ir hacia el salón donde se iba a celebrar la recepción y el banquete, Edward cogió dos copas de champán y me tendió una.
- Por nosotros - dijo y chocó su copa con la mía, el líquido burbujeante bajo por mi garganta seca refrescándola.
La cena fue todo un éxito, el catering era excelente y la comida exquisita, no cabía duda que nuestras madres y las chicas habían hecho un gran trabajo, todo no podía salir mejor. Después de la cena bailamos nuestro primer baile como marido y mujer, tenía que reconocer que Edward era un excelente bailarín, después de él vinieron mi padre, Carlisle, Jacob, Emmet incluso Jasper, aunque con este último todo fue un poco tenso, pero Alice había insistido que tenía que bailar con él. Cuando ya no podía más con mis pies volví a los brazos de Edward.
- No puedo más con los pies - dije resignada y apoyando mi cabeza sobre su pecho.
- Después de esta canción nos sentamos señora Cullen - levanté la cabeza al oír como me había llamado, le sonreí gesto que él imitó y volví a recostar mi cabeza sobre su pecho.
- ¿Puedo bailar con la novia? - esa voz hizo que me tensara y que levantar mi vista del pecho de Edward.
- Lo siento James, pero no me apetece que pongas tus sucias manos sobre mi esposa - dijo Edward de forma tranquila pero duras, en sus ojos puede ver el odio.
- Vaya primo que educación, pero podrías dejar a tu esposa decidir ¿no? - respondió James esta vez mirándome directamente a los ojos, me enderecé y no me dejé asustar.
- Gracias pero prefiero seguir bailando con mi marido - dije para volver abrazar a Edward para que siguiéramos bailando, pero James no estaba por la labor de dejarnos en paz.
- ¿Os pensáis que soy tonto? pero no voy a rendirme tan fácil, esta es mi oportunidad para quedarme con todo y no la voy a dejar pasar, disfrutad mientras podáis - la voz de James hizo que los pelos se me pusieran de punta, Edward me soltó y me colocó detrás de él.
- Nos estás amenazando James - siseo Edward, ahora totalmente enfadado con su primo, la gente de alrededor dejó de bailar y nos empezó a mirar.
- Solo es una advertencia, igual que tu has buscado la manera de cumplir con el testamento del abuelo, yo también buscaré la mía - contraatacó James, sus ojos seguían fijos en mí.
- Quiero que te quede bien claro, como se te ocurra hacer algo a mi esposa eres hombre muerto - las palabras de Edward fueron un susurro pero tan frías y duras que te helaban la sangre.
La risa de James llegó a mis oídos y lo vi desaparecer entre la multitud, toda esta conversación con James me había dejado mal cuerpo, por su actitud y sus palabras tenía claro que no se iba a rendir tan fácilmente, y eso me daba miedo, porque no sabía lo que estaba dispuesto hacer para quedarse con todo.
- Vamos a olvidar este desagradable incidente y sigamos disfrutando de nuestra boda - dijo Edward, que me volvió abrazar y comenzamos a movernos por la vista, pero sus ojos estaban clavados en un punto fijo del salón, seguí su mirada y allí estaba James con una copa en la mano, que la alzó y brindó por nosotros, todo esto me daba muy mala espina.
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