Los personajes no me pertenecen, son de Stephenie Meyer, la historia fue creada por mi cabeza.

Buenas, hoy no he sufrido ningún contratiempo y os puedo dejar el capítulo el miércoles ;), así que espero que lo disfrutéis.


BPOV

Estaba viviendo mi particular cuento de hadas y no quería despertarme, no podía haber pedido una boda y una luna de miel más perfecta, pero esa burbuja se explotaba cada vez que pensaba que faltaba un elemento importante para ese cuento, el amor, aunque por mi parte ya no podía negar que existía. Muchas veces, más de las que debería, me tenía que morder la lengua para no confesar mis sentimientos a Edward, estaba completa e irremediablemente enamorada de mi marido, y lo peor es que no podía confesárselo a nadie, me lo tenía que guardar para mí, podía hablar con mi madre pero de momento lo había descartado, al igual que confesárselo a Edward, me negaba a perder lo que teníamos ahora, así que no me quedaba más remedio que callar, pero mi miedo era ¿cuánto tiempo podría aguantar así? ¿Y si se lo confesaba y se estropeaba todo entre nosotros? ¡no! me negaba a que eso sucediera, por eso disfrutaría de este año y ya vería que hacía cuando el momento de decirnos adiós llegara.

Salí de mis pensamientos cuando cerré la maleta, Carlisle había llamado, teníamos que volver, había surgido un problema pero no estaba enterado del todo, lo único que sabíamos era que James estaba de por medio, ese parasito chupa sangre no nos iba a dejar ni un momento de tregua, y eso me daba miedo. Miré fuera de la habitación, Edward estaba con el móvil, intentando conseguir un vuelo para hoy, necesitaba estar mañana en la junta extraordinaria que se había convocado a sus espaldas.

- Me importa una mierda si tengo que pagar el doble, necesito dos asientos en ese vuelo como sea ¿me ha entendido? - ladró Edward a través del teléfono.

Dejé a Edward que discutiera con quien sea, él al igual que yo estaba furioso por interrumpir nuestra luna de miel y más por su primo, pero era mejor estar presente para ver lo que tramaba.

- ¿Ya lo has recogido todo? - preguntó Edward entrando en la habitación y dejándose caer en la cama, parecía agotado.

- Si ya lo he revisado todo, creo que no nos dejamos nada - dije mientras me sentaba a su lado - Edward todo se va a solucionar - dije para reconfortarlo.

- Eso espero, no se que se trae ahora mi primo entre manos, creo que esto va a durar durante el año que vamos a estar casado, pero lo que más me fastidia es que nos haya jodido la luna de miel - dijo furioso, cerrando los puños por la rabia, le cogí la mano para que viera que contaba con mi apoyo.

- A mi también me fastidia, pero tranquilo ya recuperaremos estos días en otro momento - dije sonriéndole para animarle - ¿por fin has conseguido vuelo?

- Sí, me ha costado pero podemos volver esta tarde, ya he avisado a mi padre, que nos irá a recoger al aeropuerto, así que si tienes todo listo, voy avisar al hotel para que podamos irnos - asentí a Edward, que se levantó para llamar a recepción.

El vuelo se me había hecho bastante largo en comparación con la ida, Edward estaba inquieto y no paraba de darle vuelta a las cosas, y eso me ponía a mi intranquila. Cuando aterrizamos fuimos directos a recoger las maletas para dirigirnos hacia afuera para buscar a Carlisle, que nada más vernos nos levantó una mano para hacernos señas.

- ¿Que tal estáis? Lamento haber interrumpido vuestra luna de miel, pero era importante que Edward estuviera mañana en la reunión - nos explicó Carlisle, mientras cogía mi maleta.

- No te preocupes, lo entendemos, total solo nos quedaban 4 días, así que tampoco se nos han fastidiado mucho las vacaciones - dije para aligerar el ambiente que estaba bastante tenso, Edward gruñó pero no dijo nada.

Los tres nos dirigimos hacia el coche, Esme nos había invitado a cenar y así Carlisle y Edward tenían la oportunidad de hablar con tranquilidad y sin que nadie pudiera escuchar. Una vez llegamos a la casa de los Cullen, nos bajamos y pude ver a Esme esperándonos en la entrada.

- Hola hijos, ¿como estáis? - preguntó Esme mientras nos daba un abrazo.

- Como quieres que estemos, James nos ha fastidiado la luna de miel, siempre tiene que estar jodiendo - espetó Edward entrando en la casa bastante cabreado.

- Iré hablar con él - dijo Carlisle mirándonos a ambas y siguiendo a su hijo.

- Lo lamento...- pero no dejé a Esme continuar.

- Tu no tienes culpa de nada, y tampoco nos han fastidiado la luna de miel, hemos disfrutado de 10 fabuloso días, ¿no ve ves que estoy más morena? - dije mientras daba un paso hacia atrás para que me viera y así animarla.

- Ahora que me fijo tienes razón, estas guapísima, veo que te han sentado muy bien estos días de descanso - dijo Esme mientras me tomaba del brazo para entrar en casa - eres demasiado buena con todo lo que esta pasando, no deberías haberte visto implicada en todo este asunto - suspiró Esme.

- Fue mi decisión, Edward no me obligó, y gracias a él estoy teniendo la oportunidad de convertirme en una empresaria mejor, cosa que a lo mejor no hubiera sucedido si me hubiera quedado con mi padre - expliqué mientras nos sentábamos en el salón - adoro a mi padre, pero también le conozco y se que hubiera pasado mucho tiempo hasta darme un puesto con más responsabilidad y Edward no dudo ni un instante, ¡bueno! aunque el estar desesperado por casarse también influyó - dije esto último bromeando para sacar una sonrisa a Esme.

- Los padres siempre nos preocuparemos por nuestros hijos, tengan la edad que tengan - dijo Esme acariciándome la mano - bueno será mejor que prepare la cena ¿me ayudas? - me preguntó a lo que yo asentí feliz.

La cena transcurrió en un ambiente algo tenso, ni Esme ni yo nos atrevimos ha preguntarles sobre que habían hablando mientras nosotras preparábamos la cena, así que el tema de conversación fue sobre nuestro viaje a la Bahamas, nada más terminar la cena nos despedimos de Esme y Carlisle, era tarde y ambos estábamos cansados.

Ya en apartamento, y tras dejar las maletas en la habitación vi a Edward servirse una copa, estaba preocupado y tenso, ya no aguantaba más y le pregunté sobre la reunión con su padre.

- Por favor Edward cuéntame que ocurre - rogué poniéndome delante de él y mirándole a los ojos.

- No te preocupes - dijo serio, mientras su mano acariciaba mi mejilla, yo le devolví una mirada suplicante, Edward suspiró - no sabemos nada, solo que James convocó una junta extraordinaria con los accionistas del Grupo Cullen a mis espaldas, por eso me estoy volviendo loco, porque no se a que viene todo esto.

- Estoy aquí para ayudarte - le dije con total sinceridad y con todo el amor que tenía en mi corazón, no me gustaba verle así de agobiado, prefería al Edward bromista y egocéntrico, seguro de sí mismo.

Me puse de puntillas para alcanzar sus labios, sabían a licor, pero seguían igual de dulces, Edward enseguida me correspondió profundizando el beso y agarrándome por la cintura para estrecharme contra su cuerpo.

- ¿Sabes, todavía estamos de luna de miel? - dijo burlón y con una sonrisa ladina en su cara, me encantaba esa sonrisa, era mi preferida - así que vayamos a disfrutarla señora Cullen - solté un gritó cuando Edward me cogió en voladas y me llevó a la habitación, por lo menos había conseguido por esta noche que se olvidara de todo.

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Apenas pasaban de las 12 de la mañana, pero yo no podía estarme quieta, esta mañana cuando sonó el despertador Edward ya se había ido, me había dejado una nota diciendo que se iba temprano a la empresa para revisar todo lo que había pasado en el tiempo que había estado fuera, lo comprendía, Edward quería estar preparado para esa junta.

El teléfono de mi despacho sonó sacándome de mis pensamientos.

- Isabella Cullen - respondí de forma profesional.

- ¡Hija por fin! ¿te acuerdas de que tienes una madre? - rodé los ojos, cuando quería podía ponerse muy melodramática - me he tenido que enterar por Esme que ya estaba en Nueva York, podías haberme llamado, sabes que me preocupo por ti - dijo seriamente.

- Lo siento mamá, con todo el lío de ayer se me olvidó llamar - me disculpé, estaba vez tenía razón mi madre.

- Esta bien, gracias que Esme me ha avisado, ¿tienes un rato libre esta tarde para quedar y que me cuentes como ha ido el viaje? - preguntó mi madre esperanzada.

- Te aviso más tarde, quiero hablar primero con Edward y ver como ha ido la junta, pero si no pudiera mañana sin falta nos vemos ¿de acuerdo? - no quería comprometerme con mi madre, tenía que asegurarme primero que Edward no me necesitara.

- Me parece perfecto, hablamos luego, un beso hija y saluda a Edward de mi parte - mi madre se despidió y colgué. El resto de la mañana me iba a parecer muy largo.

A las dos de la tarde no aguanté más y me levanté, Edward no me llamaba y eso significaba que la junta se había alargado más de lo debido, así que decidí ir a sus oficinas, dejé avisada a mi secretaria que si surgía algún problema me avisara al móvil, en menos de 20 minutos llegué a las oficinas centrales del Grupo Cullen, nunca había estado antes aquí.

Nada más entrar en el hall vi una mesa con varias recepcionistas, me acerqué hacia la que estaba libre, ya que para pasar a los ascensores era necesario la autorización, esto lo sabía por Edward que me lo había comentado antes, era muy receloso en lo que a la seguridad se refería.

- Buenas tardes ¿en que puedo ayudarla? - preguntó la recepcionista con una sonrisa en su cara.

- Buenas, soy Isabella Cullen, y me gustaría ver a mi marido - expliqué, era la primera vez que usaba mi apellido de casada fuera de la oficina.

- ¡Oh! bienvenida Sra. Cullen, espero que no le moleste, pero le importaría mostrarme su identificación, es simplemente por seguridad - dijo de forma cautelosa incluso diría yo que con un poco de miedo, como si le fuera a saltar o incluso despedirla por asegurarse de que yo decía la verdad.

- Claro, lo comprendo, no te preocupes - le dije mientras le extendía mi tarjeta de identificación.

- Muchas gracias, la había reconocido por las revistas, pero es mejor asegurarse - asentí y la chica me devolvió mi identificación - aquí tiene una tarjeta de visita, puede quedársela de forma permanente, así podrá entrar y salir sin ningún problema, que tenga buena tarde Sra. Cullen.

- Gracias a ti, y buenas tardes - me despedí de la simpática recepcionista, no hizo falta ni enseñar mi tarjeta al de seguridad ya que me dio paso inmediatamente, ser la mujer del jefe tenía sus ventajas, me quedé de pie en los ascensores ¡mierda! no sabía en que planta estaba Edward.

- Perdone - me dirigí al guardia de seguridad que me había saludado antes - se que te parecerá tonta la pregunta, pero es la primera vez que vengo, ¿me podrías decir en que piso esta el despacho del Sr. Cullen? - pregunté un poco avergonzada.

- Es la última planta Sra. Cullen - dijo amablemente, le sonreí y le di las gracias.

Las puertas del ascensor se abrieron mostrándome otro gran vestíbulo, mis tacones retumbaban en el suelo, por aquí estaba todo bastante silencioso, llegué hasta la mesa donde se encontraba otra mujer, esta de mediana edad, me imaginaba que sería la secretaría de Edward.

- Sra. Cullen que sorpresa tenerla por aquí - me saludó, parpadeé sorprendida, ¿me había reconocido también por las revistas? - perdone soy Amanda Gwen, la secretaria del Sr. Cullen, me habían avisado que usted estaba aquí, además de que la conocía por fotos - me explicó con una sonrisa en su rostro.

- Perdone, pero no estoy acostumbrada a que la gente me reconozca - ambas nos reímos por mi comentario - y llámeme Bella, eso de Sra. Cullen me suena raro todavía - dije de forma confidencial.

- Como prefiera, ¿en que la puedo ayudar? - preguntó amablemente.

- Quería ver a Edward, ¿ha salido ya de la junta? - pregunté mientras desviaba mi mirada hacia la puerta del despacho.

- Lo siento pero todavía sigue reunido, y ya lleva bastante, la verdad es que el ambiente hoy era un poco tenso, pero si lo desea puede esperarle en su despacho, no creo que se moleste.

- Gracias Amanda, pasaré a su despacho - dije y me despedí de la secretaria, pero antes de entrar me volvió a llamar.

- Sra. Cullen...digo Bella, ¿desea tomar algo? - preguntó amablemente.

- No gracias, así estoy bien - y esta vez si entré en el despacho de Edward, era muy amplio y luminoso, me acerqué hacia el ventanal, tenía una vista impresionante de todo Nueva York, ¡ojalá pudiera cambiarle el despacho! me senté en su silla y me fijé en su escritorio, estaba todo bastante ordenado, vi que tenía una foto de nuestra boda, me fijé en la hora y era más de las 2 de la tarde, llevaban más de 3 horas reunidos, ¿qué estaría pasando?

Decidí entretenerme para que pasara más rápido el tiempo, así que me puse con el ordenador a revisar mi correo y adelantar un poco de trabajo, para mi sorpresa me concentré bastante bien, solo despegué la vista del ordenador cuando oí al otro lado de la puerta unas voces bastante fuertes, conforme se acercaban las reconocí eran Edward y Carlisle, por el tono de Edward estaba bastante enfadado. A los pocos segundos ambos entraron, ninguno de los dos se sorprendió de verme allí, así que supuse que Amanda les habría avisado antes de entrar.

- Hola Bella, ¿espero que no lleves mucho tiempo aquí? - me saludó Carlisle con un beso en la mejilla. Yo miré a Edward un poco preocupada, su rostro estaba tenso y sus ojos mostraban toda la rabia que tenía por dentro.

- ¿Como ha ido la junta? - pregunté de forma cautelosa. Oí a Edward gruñir y sentarse en uno de los sofás que había en el despecho.

- James ha sido bastante hábil, creo que le hemos subestimado - explicó Carlisle, volví a desviar mi vista hacia Edward que tenía sus puños fuertemente apretados, con los nudillos casi blancos. - Os dejo solos, he quedado con Esme para comer y ya voy con retraso - Carlisle se despidió de los dos, dejándonos en un silencio tenso e incómodo, no sabía muy bien como hablar con Edward en esta situación.

- ¿Has comido? - preguntó Edward, tomándome desprevenida.

- Mmm...no la verdad, he estado adelantando trabajo y no me había dado cuenta que era tan tarde - dije mirando la hora y viendo que eran las tres y media.

- Pediré a Amanda que vaya a la cafetería a por unos sándwiches - Edward se levantó y salió del despacho, no tenía hambre, lo único que quería es que Edward me explicará que había hecho James.

Al cabo de unos minutos Edward volvió a entrar, me cogió de la mano y me sentó junto a él, le di un pequeño apretón en la mano para que supiera que estaba ahí para él, Edward suspiró y me miró a los ojos.

- Cuando venga la comida te cuento todo lo que ha pasado - se acercó y me dio un tierno beso en los labios - gracias por venir aquí, ¿has tenido algún problema para entrar?

- No, la verdad es que ser la Sra. Cullen me ha facilitado mucho las cosas, todos han sido muy amables - dije con una sonrisa que él me devolvió.

Unos golpes en la puerta nos interrumpieron, Amanda entró con nuestra comida, le dimos las gracias y se marchó, miré a Edward esperando a que empezara hablar, tragó el trozo de sándwich que tenía en la boca.

- James ha conseguido un puesto en el Grupo Cullen - yo miré a Edward confundida.

- ¿Pensaba que ya tenía uno? - pregunté desconcertada.

- Si, pero ha conseguido entrar en el Consejo, ahora para tomar cualquier acuerdo también es imprescindible que este en la reunión, aunque su voto no cuenta mucho, yo sigo siendo el Presidente, así que tengo el mismo poder, pero tengo que tomar en consideración la opinión de James a partir de ahora - podía ver porque estaba tan furioso.

- ¿Como es posible que haya conseguido eso y no antes?

- Mi abuelo no quería que James formara parte del Consejo, no se fiaba de él, en esas juntas se tratan temas muy importantes y confidenciales, pero el cabrón de mi primo ha contratado a un buen abogado, y como el testamento no es definitivo, puesto que hay que esperar un año para ver si se cumple la cláusula que impuso el abuelo, él ha argumentado que debe tener algo de poder por si no se llegara a cumplir esa parte del testamento y así estar preparado para asumir la Presidencia. - terminó de explicarme Edward.

- Vaya...¿crees que a eso se refería el día de la boda? - pregunté con un poco de miedo, tener a James merodeando por Nueva York no me hacía gracia.

- La verdad es que no lo se, creo que este es el primer movimiento de muchos, ya ha conseguido que le den ese poder, no se que será lo próximo, pero estoy seguro que no se va a conformar solo con las migajas - miré a Edward asustada, él tiró de mí para sentarme en su regazo - No quiero que te preocupes por nada, yo vigilaré a James - dijo Edward muy serio y seguro de si mismo.

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Había pasado 2 semanas desde que volvimos de nuestro viaje, y nuestras vidas volvieron a la rutina, ya no tenía el agobio de tener una boda que preparar así que estaba un poco más relajada, pero no mucho ya que tenía que tener a punto la próxima edición de la revista, estaba muy orgullosa de como estaba quedado, era la primera edición donde incorporábamos las nuevas ideas en las que habíamos trabajado desde que asumí la dirección, hoy era la última reunión para atar los cabos sueltos que todavía quedaban, era por eso que mi oficina se había convertido en un auténtico caos, mirara por donde mirara solo había papeles, ¡Joder donde había puesto el informe sobre la publicidad! ¡dios iba a volverme loca entre tanto papeles! Un golpe en mi puerta me obligó a levantar la vista de los papeles y a parar mi búsqueda.

- ¡Adelante! - grité.

- Bella, dentro de 5 minutos es la reunión - dijo Ángela pasando a mi despacho y mirando el desorden que había en ella.

- Gracias por avisarme, en seguida voy, en cuanto encuentre...¡por fin! lo llevo buscando por lo menos 10 minutos - levanté los papeles con aire triunfal. Ángela soltó una risita y negó con la cabeza.

- Aprovecharé que estas fuera para ordenarte un poco esto - dijo para sí misma pero la oí perfectamente.

- Ángela no hace falta, ya lo ordenaré yo misma, es mi culpa que este así, pero los últimos días han sido un caos, aunque prefiero esto a tener que organizar una boda - dije con un suspiro, había estado agobiada pero nada en comparación al estrés que tenía con la boda.

- Son dos cosas completamente diferentes, no lo puedes comparar, y si que te voy a ordenar esto, porque eres mi jefa y además entra dentro de mis tareas - agradecí a mi secretaria el gesto y salí para la sala de reuniones, donde ya todos deberían estar esperando.

Cuando llegué la sala estaba en silencio, todos miraron en mi dirección y yo les devolví una mirada confusa, ¿por qué estaban todos tensos?

- ¿Vaya así que eres de las que se hacen esperar? - esa voz hizo que el vello se me pusiera de punta.

- ¿Qué coño haces aquí James? - siseé bastante cabreada.

- Como me imagino que sabrás, ahora soy parte del Consejo del Grupo Cullen, y quiero estar seguro que haces bien tu trabajo, eres bastante novata en esto de manejar empresas, no se como mi primo se arriesga a darte tal responsabilidad, podrías hacerle perder millones - James estaba sentado en la cabecera de la mesa, sitio que se suponía debería ocupar yo, escuché bastante estupefacta su explicación, ¡será imbécil! pero no me iba a dejar pisotear por él, así que me planté delante de él para dejarles las cosas claras.

- Que yo sepa James, tu tienes un mínimo poder comparado con Edward, él es el Presidente y es él encargado de decidir quien dirige o no una empresa del Grupo Cullen, tu poder se reduce a opinar dentro de las reuniones que hace el Consejo, pero es Edward el que decide en última instancia lo que se hace, por lo que tu poder es mínimo, incluso yo tengo más poder que tú, porque si a Edward le pasa algo, sería yo la que pasaría a sustituirle, así que no me vengas presumiendo de un poder que no tienes - cogí aire, para terminar con toda esta tontería - y ahora si me haces el favor te quitas de mi sitio, tengo una revista que dirigir y tu me estas robando un valioso tiempo.

En el momento en que me callé se hizo el silencio en la sala, solo se oía la agitada respiración de James, le había cabreado pero no me importaba estaba bastante orgullosa de mí misma, James se levantó y se fue a sentar a una esquina, sus ojos ardían de rabia pero le ignoré.

- Ahora si podemos empezar con la reunión, expongan sus ideas - dije dando comienzo y mirando a mis empleados, algunos de ellos todavía bastante sorprendidos por la escena que había protagonizado, me pareció ver una sonrisa en la cara de Jasper, aunque cuando le miré directamente, estaba tan serio como siempre.

Después de dos horas, habíamos conseguido ponernos de acuerdo con los últimos detalles y ya podíamos ponernos a trabajar para finalizar la revista que saldría en dos semanas, estaba muy orgullosa de mi equipo, y bastante impresionada con el trabajo de Jasper, la publicidad se lanzaría ya esta semana, estaba nerviosa por ver como respondía el público y si las nuevas ideas eran bien acogidas.

Me despedí de todos los que estaban en la sala, vi a James ponerse de pie pero le ignoré, le había tenido que poner otra vez en su lugar cuando interrumpió a uno de mis editores, no estaba dispuesta a que interfiriera en mi trabajo, tendría que hablar con Edward, no me gustaba porque ya estaba bastante cabreado con su primo, pero era necesario. Iba camino de mi despacho, cuando alguien me agarró fuertemente del bazo y me volteó.

- ¿Quien te crees que eres para humillarme de esa forma? - siseó cabreado James - no eres más que una puta, debes de follar muy bien cuando mi primo te ha dado este puesto y se ha casado contigo - dijo relamiéndose los labios y mirándome de forma lasciva, yo me tensé e intenté que me soltará.

- ¡Suéltame! voy a hacer que los de seguridad te echen y que no te dejen volver a entrar - espeté y forcejeé para que me soltará, James apretó más su agarré y me zarandeó hacia atrás haciendo que mi cabeza chocara contra la pared, dejé escapar un pequeño gemido de dolor.

- Esos ya lo veremos - susurró, sentí su aliento en mi oído y su cuerpo más cerca del mío, mis ojos se llenaron de lágrimas, pero me negaba a llorar.

- ¡Hijo de puta! - Jasper agarró por detrás a James y lo golpeó en el estómago, éste calló de rodillas al suelo mientras se sujetaba el estómago, yo me fui deslizando hasta quedar sentada en el suelo, sentía mis piernas débiles, el corazón lo sentía en la boca y la cabeza me dolía, lo último que vi fue a Jasper arrodillándose delante mía.


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