Buenas a todos! Hoy comienzo con este pequeño fic, coleccion de one-shot acerca de aquella parejita que adoro! El anime fue hermoso pero me hubiese gustado ver más acerca de el Tsuki* algun beso, mas que un simple abrazo! Bueno les dejo con mi fic, que hice con mucho cariño!


Paciencia

Era una mañana cálida, con el sol bañando tenuemente a aquellos que ya habían comenzado su día. Para aquellos que aún permanecían bajo el alero de Morfeo el radiante astro, les despertaba suavemente. Sin dudarlo seria un esplendido día.

Chisaki como cada mañana estaba preparando el desayuno ya habiendo despertado hace un par de horas. Tarareaba una canción mientras sutilmente movía sus caderas al ritmo de la "música", un simple movimiento que creía nadie notaría.

O eso pensaba.

–Buenos días.

–¡Ts-Tsumugu! –chillo, volteándose.

Los utensilios de cocina rodaron por el piso, golpeándose y ensuciando el inmaculado suelo. Chisaki siempre era meticulosa con el aseo hogareño; la casa siempre estaba limpia y con un aroma agradable. Era del tipo de persona que sería capaz de asear más de una vez si lo creía necesario. Por eso cuando notó la mancha que había dejado, sus mejillas que aún permanecían rojas por el bochorno, se inflaron en molestia.

–Mou, tendré que limpiar nuevamente…

El chico soltó un suspiro, pero no dijo nada. Se agacho cuidadosamente para recoger el desperdigo que había dejado, siendo imitado por ella mientras refunfuñaba por su pequeño desastre.

–Fue mi culpa – murmuro él. Recogió el último bowl, y se alzó sujetándole del brazo; una vez que ambos estaban en pie, continuo – No debí asustarte así… Lo siento.

Le sonrió mientras su cabeza negaba. En realidad era culpa suya por ser tan sobre exagerada; aun con los años y todavía se encogía tímidamente cuando él le demostraba afecto, o inclusive cuando simplemente le hablaba. Por eso saberse observada mientras hacía algo vergonzoso, la hizo asustarse y chillar histéricamente.

Aún tenía tantos fallos que la sorprendía haber cumplido 22 años.

Cuando todo volvió a estar en orden, le sonrió sonrojándose.

–Gracias.

Y eso era todo. Su interactuar parecía no mejorar ni tampoco retroceder. Continuaban teniendo las mismas conversaciones, el mutismo de Tsumugu no cambiaba y la timidez de ella que decir. Se mantenían en un punto muerto en el que ya no se sabía qué demonios eran.

De pronto el joven tomaba la delantera besándole la mejilla o abrazándola sorpresivamente, pero más allá de eso… ¿Qué? No avanzaban más. Por eso, cuando el deposito un casto beso sobre su frente ella simplemente le devolvió una sonrisa. No sabía que más deberían hacer.

Si claro – se burló su conciencia – por supuesto que sabes… pero cada vez que lo imaginaba su rostro se tornaba una bombilla a punto de explotar.

Oh, repentinamente le ardía la cara.

Se excusó con que tenía que continuar preparando el desayuno, solicitándole un poco de paciencia, pues no pensaba que él se levantaría tan temprano.

–¿Tienes algo importante hoy, Tsumugu? –pregunto, curioseando. Respiro, recuperando su condición.

Hubo un minuto de silencio hasta que se decidió a hablar.

–Tengo que presentar un informe – dijo a rastras – Están pidiendo detalles de mi investigación… por eso debo ir a la ciudad.

Otra vez a la ciudad…

Su pecho nuevamente se contrajo, pero intento disimularlo lo mejor que pudo. Sabía perfectamente que el amante del océano era un perfecto clarividente en cuanto a sus sentimientos, debía esforzarse en hacer que no lo notase.

–Oh, que tengas un buen viaje entonces – le dijo con la mayor sonrisa que pudo fingir en el momento.

Pero esto no pareció convencer en lo absoluto al moreno.

–Chisaki… –murmuro. Con aquel tono anhelante que solo parecía tener para ella, el mismo que la hacía temblar sobre sí misma. Sus ojos viajaron de los contrarios hasta el suelo, al saberse descubierta.

–Estaré bien. No me siento sola, oji-chan también…

–Chisaki – repitió –Mírame.

Así era Tsumugu. Su voz fuerte, clara, siempre yendo hacia el punto correcto en ocasiones la perturbaba. ¿Por qué siempre era tan evidente? Sintiéndose derrotada levanto la mirada, inflando graciosamente los mofletes.

–¿Qué…?

Pero no hubo contestación. Su cuerpo fue rodeado por un calor que ya conocía, y el aroma masculino inundando sus fosas nasales. Los brazos fuertes, su indudable atractivo, su personalidad estoica y amable al mismo tiempo, la estatura que la superaba, la suavidad y confort que desprendía el cuerpo contrario.

¿Podría amar más a este hombre?

Todo parecía hacerla enloquecer.

–Volveré –susurro, pegando su frente con la de ella. Un gesto tierno que la hizo sonreír fugazmente –Tomara un par de meses, pero…

Oh, no quería apartarse de el.

–Promételo – rogó, sintiendo como las lágrimas comenzaban a agolparse caprichosamente en sus ojos. No es que quisiera llorar, pero…

Tsumugu parpadeo levemente asombrándose por la actitud tan demandante; parecía no ser Chisaki quien le estaba pidiendo regresar. Sin embargo la sonrisa que siempre guardaba para ella, la deslumbro nuevamente.

–Lo prometo.

Dos simples palabras que la hicieron sonreír y abrazarse fuertemente a su cuerpo, fundiéndose en un suave abrazo. Su conciencia comenzó a reírse de ella; de todas formas lo hubiese esperado a pesar de que la promesa nunca hubiese existido.

Lo amaba, y sabia era el hombre para su vida entera. Aunque esto se lo reservaba para sí misma pues admitirlo le quitaría su orgullo y la avergonzaría hasta morir.

Prefería guardar silencio y aceptar la calidez que la embargaba. Debía ser paciente. Esperar hasta que el volviese tranquilamente y cuando eso ocurriera, abriría sus brazos y le negaría volverse a ir.

Solo necesitaba un poco de paciencia. Ya vería que sería de ellos entonces…

Continuara…


Próxima palabra: Anhelo.