Buenaaaaaaaaaas! Aqui vengo con un nuevo capitulo! Espero que les guste!


Temor

Sus labios temblaron, mientras su cuerpo parecía haber perdido el equilibrio. Temor. Una punzada se alojo en su pecho, mientras su cerebro memorizaba las palabras que al mismo tiempo no quería escuchar.

-Me gustas.

No...

Su espalda casi busco la pared tras ella, intentado tener un punto de sujeción. Se llevo las manos hasta el pecho rogando por no escuchar más. Era doloroso. Cruel. Tenía miedo. No quería escucharlo... Mordió su labio frenéticamente intentando no hacer ruido. Estaba oculta tras una pared intentando que no la viesen. Como si fuese culpable de algo... pero lo era. Por supuesto que lo era.

Sus manos viajaron hasta la falda azul marino presionando ambas manos sobre la prenda. La voz continuo con su declaración, mientras ella estaba tentada a huir y cubrir sus oídos. Pero contrario a esto: espero. Se quedo, sin entender por qué, pues algo dentro de ella necesitaba escuchar su respuesta. Necesitaba que de aquellos labios salga un atisbo de sus sentimientos.

¿La aceptaría? ¿La rechazaría?

¿Qué era lo que quería oír?

Su ojos rodaron por el lugar sin distinguir a nadie conocido. El patio estaba desolado, y a lo lejos se escuchaban los ecos de lo que había sido la campana hace unos minutos. Ya era tarde. Tenían que volver, ¿verdad? oji-chan... oji-chan los estaba esperando en aquella cama, postrado.

¿Por qué Tsumugu no decía nada?

¿Acaso le correspondía?

¿Por qué no la rechazaba?

¿No era más importante su familia que una mera declaración...?

Y se detuvo. Su boca se abrió junto a él par de ojos, sin creerse lo que había pensado. La ira había ocupado su cuerpo estremeciéndola; eso había sido un pensamiento cruel. No comprendía que era lo que sucedía con ella cada vez que Tsumugu estaba involucrado. Sus sentimientos parecían dominarla cuando se trataba de él. Era extraño. No lo sabía. Tampoco entendía que demonios hacia allí oculta como idiota escuchando una confesión ajena, que no le interesaba.

Porque no le interesaba, ¿verdad?

Se abrazo a sí misma, buscando refugio. ¿Y si Tsumugu ya gustaba de alguien? ¿De... Manaka quizás? o incluso de cualquier chica con la que hubiese compartido. No lo sabía, y su personalidad hermética no ayudaba demasiado. Pero era un ser humano. Un hombre. Con sentimientos y la capacidad de amar intacta.

¿Existiría una persona especial para él?

¿Quién...?

Su cabeza calibraba tantas posibilidades, unas más ridículas que otras mientras el temor crecía más y más dentro de ella, hundiéndola en aquella emoción. Una parte de su corazón le insistía en que ella era parte de la familia, el la quería ¿verdad? Era la chica más cercana a él... ¿verdad?

Pero por otro lado el miedo y la inseguridad innata la obligaban a imaginar el peor de los escenarios. Porque después de todo Tsumugu, en algún punto de su vida, también se enamoraría. Encontraría a una chica digna de él y entonces...

El dolor aumento obligándola a cerrar sus ojos, ajena a estas sensaciones. Sin entender porque dolía tanto pensar en estas cosas. Tsumugu era una de las pocas personas que tenía en la superficie. Sin el... si en algún punto el dejaba de mirar y cuidar de ella como siempre lo hacía, ¿qué sería de ella? Si sus sonrisas y pequeños detalles iban dirigidos a otra chica...

No...

¿Qué pasaba con ella?

Estaba mal. Esto no era correcto; sus ojos siempre debían mirar la espalda del chico de cabellos castaños oscuros. Era su promesa de vida, hasta que regresen... y sin embargo estaba ahí sufriendo, torturándose, temiendo terriblemente ante las posibilidades de que Tsumugu decidiese prescindir de su compañía; de ella y sus cuidados.

¿Por qué?

Apretó sus ojos maldiciéndose ante sus fallos. ¿Por qué su voluntad no era más fuerte? Ella solo debía mirar a Hikari. Solo a él. Quererlo para siempre. Necesitaba de eso para protegerse y proteger aquellos lazos tiernos de infancia. Por supuesto que era culpable. Cruel; sus sentimientos la habían terminado por convertir en lo que no quería convertirse.

Una mujer horrible.

Las lagrimas que se habían asomado en sus ojos, las seco con el dorso de su mano. No lloraría. No. No podía llorar. Ya era suficiente de todo esto. Respiro suavemente, y su mirada se torno triste.

Ella quería a Hikari.

A nadie más.

Sus pies volvieron sobre sí mismos para continuar con su camino pues ya no quería oír más. No era su problema. Tsumugu solo la quería como un miembro de su familia y no era quien para entrometerse en un asunto así de personal. Si... esa era su relación.

Sin embargo, justo cuando sus piernas demarcaron el camino de regreso aquella voz la detuvo. Su maletín se dio directo contra el suelo. Oh, dios... fue instantáneo. Pues ella aun cuando lo negara, era capaz de reconocerla donde sea. Era su voz. La voz de Tsumugu.

- Lo siento, pero no puedo corresponder a tus sentimientos.

Paró en seco, tensando sus músculos.

-¿Por...qué? - la voz entrecortada, triste y asombrada de la muchacha de algún modo hizo oprimir su pecho.

Y la suave brisa meció sus cabellos mientras una pausa le dio un toque tenso al ambiente. ¿La había rechazado?

¿Por... qué?

Si, ella también necesitaba escucharlo. Su cuerpo automáticamente volteo, mientras sus ojos sin razón aparente se llenaban de lagrimas. Tenía tanto temor de el... de aquella personalidad fría pero tan dulce que ya le había mostrado en tantas, tantas ocasiones. La asustaba, le temía, y al mismo tiempo lo atraía como un pez a la carnada.

-No hay razón.

De pocas palabras y directo. Escucho los sollozos de la jovencita, mientras corría alejándose y recriminándole por cruel. Por tanta frialdad. Por ser simplemente él.

¿Ella también sería rechazada así, algún día...?

Bajo la vista hasta posarla en sus pies, sin dejar de escuchar los pasos en su dirección. Era el. No necesitaba levantar la cabeza para reconocerlo. Algo en su forma le permitía reconocerlo en cualquier parte. Con los ojos clavados en el suelo, noto como las formas jugaban reflejo del mismo sol, que ya comenzaba a ocultarse.

El se detuvo a un paso de ella; de frente. Mirándola directamente, y ella sin poder hacer lo mismo.

-Espiar es de mala educación - susurro, en un tono intimo.

Frunció el ceño, pero sin mirarle.

-No eres quien para decirlo.

Y no dijo más, un mutismo extraño se apodero de ambos. El se agacho apoyando una pierna sobre el suelo y la otra doblada, mientras recogía el maletín que torpemente había tirado. El calor llego hasta sus mejillas al encontrarse con la mirada oscura, que parecía brillar de una forma tan extraña, tan hermosa.

El abrió levemente sus labios, mientras sus ojos la miraban con una expresión extraña. Profunda. No sabría definirlo bien.

-Precioso...

Su boca se abrió asombrada. -¿Q-que?

Se hizo una pausa entre ambos.

- Tu piel... - dijo simplemente, mientras se alzaba. Tuvo que alzar la vista para lograr mirarlo pues ahora él era tan grande y alto...

- Esta brillando - volvió a hablar - El sol... hace que brille. Es precioso.

Su corazón dio un salto. Su piel vibro.

Con su mano, precisamente con la yema de sus dedos tanteo sutilmente sus mejillas. Suave, lento. En una forma tan extraña y agradable que la hizo sonrojarse furiosamente ante sus pensamientos. Una caricia sutil, mientras la miraba fijamente y parecía querer desvanecerse ahí mismo.

Y se aparto.

Rompió el contacto fugaz, volteando y continuando con su camino. Tan rápido y confuso que sus pensamientos eran una maraña de desconcierto que no sabia descifrar. Pestañeando repetidas veces se obligo a volver a la realidad, mientras sus ojos seguían al chico que estaba como si nada hubiese ocurrido. Como si aquel contacto no tuviese ningún significado oculto.

Corrió a su encuentro, con el pecho estrujándose en un mar de sentimientos.

Una vez a su altura, desvió los ojos en su dirección.

Realmente debía de temerle. A él y a aquella personalidad. Pues con una simple caricia podría hacerla vibrar de emoción y al segundo hundirla en el mayor de los temores. La razón real de esto no quería saberla, pues aun cuando se negaba a si misma la posibilidad, en una parte remota, oculta estaba. Aquel sentimiento fuerte y pesado que tarde o temprano debía emerger.

Para bien o para mal.

Y quizás en ese momento si habría de temer...

-0-0-0-0-0-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O

Frunció los parpados, abriendo lentamente los ojos. Su cuerpo se removió suavemente, volviéndola a la realidad.

-¿Un... sueño?

Miro en todas direcciones notando que aun era de madrugada. La casa permanecía en silencio, y afuera se escuchaba sutilmente el sonido del mar rompiendo contra las piedras.

Se volvió al notar la respiración junto a ella, y sonrió. En silencio se acomodo junto a la calidez del cuerpo contrario, sintiendo la sensación agradable de saberse protegida.

Acaricio el rostro moreno, y sus labios se curvaron nuevamente.

Hace mucho que no soñaba con sus tiempos de adolescencia, y de hecho fue un recuerdo agradable. Más por que los sentimientos inmaduros de aquel entonces, le permitieron convertirse en lo que era ahora. Si hubiese dejado que el temor y los miles de miedos que la acompañaban le hubiesen ganado jamás se lo hubiese perdonado. A pesar de sus fallos y terquedad logro comprender que a pesar de que existan los temores... también existían razones para no dejar que estos les ganen.

Que debía luchar por ellos.

En medio de sus divagaciones un sonido la regreso a la realidad.

-¿Que sucede? - pestañeo para observar el rostro adormilado de su esposo, en sus ojos se notaba un atisbo de preocupación.

Sonrió.

-No es nada. Vuelve a dormir - aconsejo suavemente.

En medio de la noche noto un leve brillo de duda en sus ojos, pero no soltó ninguna palabra más.

-Hmm.

El la rodeo con su brazo apegando sus cuerpo, mientras soltaba un suspiro agradable cuando sus pieles entraron en contacto. Ella abrió y cerro sus ojos, pero al tiempo en que reconoció el calor contrario sus labios se curvaron en una sonrisa satisfecha. Deposito un beso sobre su barbilla, acurrucándose a su lado y entregándose completamente a la tranquilidad de Morfeo.

Con el durmiendo a su lado, no tenía motivos para temer.

Continuara...


Próxima palabra: Asombro.