Buenoooo, gente, me dispongo a dejaros el 3º capítulo. Siendo honesta tengo un señor papel donde he ido apuntando todas las cosas que quería que sucediesen y en que orden. Vamos, que he intentado tener algo de orden más al escribir. Va dedicado a mi gente de fb, que se os adora más por cada día que pasa, jejjee
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Abrió el extenso mapa sobre la mesa de operaciones. Era un mapa dibujado a mano con absoluta precisión. Sobre él se podían vislumbrar varias anotaciones escritas en una lengua en desuso. Debido a su encerramiento, en las murallas se hablaba un mismo idioma, sin prevalecer el original de cada nacionalidad proveniente.
Hanji, durante sus años de entrenamiento se había encargado de descubrir y conocer sus propia raíces, llegando a dominar varios idiomas europeos prácticamente olvidados, entre ellos, el francés.
-Hanji-san, ¿esto lo has dibujado tú?- preguntó su superior con absoluto asombro.
-S-sí. Durante las misiones, intentaba estudiar el terreno para tener datos reales. Aunque muchas de las zonas que he dibujado en el mapa, las he sacado de viejos escritos dónde se refieren a civilizaciones antiguas.- señaló el mapa - Nosotros nos encontramos aquí, a 50 km al sudoeste hay un río. Mi juicio es que la civilización que nos hemos reunido aquí se encontraba asentada sobre esa zona. De otra manera no podíamos habernos trasladado tan rápidamente a estas murallas cuando comenzó el ataque de los titanes. - su mano comenzó a delinear un arco alrededor de la ciudad delimitando un área concéntrica - Al noroeste debería encontrarse una pequeña cordillera donde nace el río que se puede encontrar más abajo. Sobre esta cordillera deberíamos ser capaces de encontrar pequeñas grutas y excavaciones en mitad de la montaña. Las plantas que buscamos necesitan una excesiva humedad . Por lo que no son comúnmente encontradas cerca de ríos.
-¿Entonces no tendría más sentido buscarlas en un río que en una gruta? No creo que haya mucha humedad ni iluminación para desarrollar vida vegetal.
- Se equivoca señor, muchas grutas albergan numerosos pasadizos que son alimentados por corrientes de agua subterráneas. Y hay una gran variedad de plantas que no precisan de la fotosíntesis para su desarrollo. Lo que nosotros tenemos que encontrar es una planta parecida a un musgo. Algunos insectos se alimentan de ella. Y numerosas bacterias. También en esa zona encontramos algunas raíces curativas que no podemos sacar desde la superficie fácilmente. Lo que la hace un medicamento natural admirable - hinchó el pecho orgullosa de sí misma.
-Vaya, estoy impresionado por tus deducciones – le alabó su superior mientras le acariciaba la cabeza -¿Y cuánto tiempo podría llevarnos en ir y volver?
-Estos pequeños helechos no tienen gran tiempo de vida debido a su incapacidad de sobrevivir bajo el sol. Como máximo 24 horas. En ese tiempo tendríamos que volver y sintetizar las plantas para convertirlas en medicamento. Para ir podemos tomar un camino seguro - su dedo comenzó a trazar una ligera "s" en el papel - ,sorteando este viejo valle. Una vez llegásemos a la montaña no creo que hubiese problema con los titanes, es más, sería preferible no atacarlos directamente o perderíamos valioso tiempo. Al volver...- dibujó con su dedo en línea recta - habrá que recurrir al confrontamiento directo. Atravesando el gran bosque donde suelen habitar ellos. Una vez allí, seguir el camino hasta los muros - pensó detenidamente - Calculo que tardaríamos unas 14 horas en llegar y 5 en volver.
-Me parece lógico. No es necesario cometer imprudencias hasta que no tengamos en nuestras manos el material - sentenció el hombre rubio - Decidido, partiremos mañana. Revisaré los establos para que nos den a los caballos mejor preparados para una actividad física tan continuada. Rivaille, usted y Zoe vayan a recabar suministros y suficientes alforzas para transportar la medicina.
-Sí señor - respondieron ambos al unísono colocando su puño derecho sobre el corazón y la mano opuesta en la espalda.
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Comenzaba a amanecer. Un grupo reducido de miembros del ejército se encontraba a las puertas de la ciudad preparando 3 caballos. La mayoría de la población de esa zona se encontraba descansando en sus hogares.
Tan solo unos pocos campesinos contemplaron la escena con cierta confusión. No dieron demasiado interés a aquella extraña patrulla. Otra de sus misiones suicidas. Más impuestos que pagar. Nada nuevo. Ninguno de ellos era consciente del peligro que iba a correr esos 3 soldados para salvarles la vida.
Los animales estaba finalmente cargados con las provisiones necesarias. Sería excesivamente complicado. Mentiría si dijese que se sentía lo suficientemente confiada como para decir que no ocurriría nada. Una pequeña mujer de cabello grisáceo fue consciente de estas dudas y corrió a abrazar a su vieja amiga.
- No te expongas al peligro. Te conozco, volver de una pieza nunca ha sido tu prioridad.
-Ah, no te preocupes tengo dos guardaespaldas genia...¡!- su frase fue interrumpida por un abrazo desde atrás por parte de un misterioso hombre rubio.
-Ah, mi querida Hanji, ¿con quién me divertiré yo si no vuelves? ¿Con quién pasaré yo ahora mis noches en vela? Nadie aguanta como tú, tendré que irme a beber con mis subordinados y algunos son bastante aburridos.
Era Mike Zakarius, se había graduado junto a Hanji. Pero había sido destinado a otro escuadrón. Con el paso de los años, fue ascendido a líder de escuadrón. Por lo que había pasado a vivir en el mismo barracón que ellos tres. Solo que, raramente se le veía aparecer por su habitación. Se rumoreaba que era un mujeriego, y que tras acostarse con las jóvenes reclutas, buscaba maneras de preservar su olor. Sin duda en numerosas ocasiones había intentado hacerle proposiciones a la joven Zoe, pero había sido sútilmente interrumpido por una pequeña y amenazante figura. La misma que observaba aquel abrazo montada en su caballo. Con sus constantes ojos grises penetrantes.
-¡M-mike! ¡Para!- sonrió alegremente - el jefe de tropa y el comandante están aquí, esta es una misión seria, ahora no puedo bromear.
El comandante en jefe, Enrizo Brashert, un hombre mayor de 67 años, se dirigió a los 3 soldados, ya posicionados sobre sus caballos.
- Señores, hoy nos encontramos en una horrible situación. Nos encomendamos a ustedes para ayudarnos a solventarla.
- Descuide jefe, ¡volveremos con la medicina a tiempo!- Hanji se sentía muy optimista, demasiado. No parecía darse cuenta de lo que pasaría ese mismo día.
- Gracias señor por permitirnos emprender esta misión. Daremos nuestro mayor esfuerzo.- agradeció el hombre de ojos azules y sonrisa gentil.
Sin decir ni una sola palabra más, las puertas se abrieron y sus caballos galoparon hacia el alba. Tal vez el sonido sordo de sus espuelas despertó a alguno de los confusos aldeanos. Ninguno de ellos sería consciente hasta horas más tarde que aquel intempestivo jaleo en el ocaso supondría la diferencia entre la vida y la muerte para sus amados familiares.
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Debido al cansancio excesivo de los caballos, decidieron hacer 4 paradas antes de llegar a su destino, turnándose para vigilar ante el ataque de titanes, mientras Zoe confirmaba su posición. Tras la 4º parada, el terreno comenzó a ser más empinado. Se adentraban en el valle. Una vieja carretera de montaña se abrió ante ellos. La continuaron hasta que el camino terminó.
-Bien, sobre aquel saliente deberíamos ser capaces de encontrar una pequeña entrada a la gruta. Desde ahí ya podríamos movernos libremente por dentro y buscar las medicinas - señaló hacia arriba indicando su destino.
Los tres soldados ataron y escondieron a sus caballos. Se ajustaron las correas de su equipo, y se encaminaron hacia la afilada edificación. Parecía lo suficientemente estable como para permanecer en pie los tres a la vez.
La entrada era realmente estrecha. Con los equipos puestos no podrían entrar por ahí. Se los quitaron con tranquilidad y cuidado de no dañarlos. La primera persona en entrar fue la más delgada, Hanji, que entró fácilmente. A continuación pasaron una vieja y gran bolsa donde acumular las provisiones.
Después se introdujo el líder de ambos, pero le costó más, teniendo que ser ayudado a entrar por su inferior, empujándole desde fuera. Por último, el pequeño muchacho, que también entró sin ninguna dificultad.
- Señor, creo que ha agrandado el agujero de entrada - bromeó la muchacha alegremente.
Poco a poco se fueron encaminando en la gruta hasta que se estrechaba y oscurecía cada vez más. A cada instante vigilaban el candil. Debido a lo internamente que se encontraban, la ausencia de oxígeno era evidente, y la luz del mismo era cada vez más tenue.
De pronto, Rivaille, abrió la bolsa, y de un bolsillo lateral, sacó unos diminutos tubos de vidrio. Parecían ser cilindros conteniendo a su vez otros cilindros. Dentro de ellos se observaban dos líquidos separados entre sí por el cristal. Rivaille lo sacudió un poco contra la pared haciendo que el cristal de dentro se rompiese y ambos líquidos se mezclasen provocando una extraña luz.
- Rivaille... ¿esto lo ha inventado usted?- comentó asombrado su superior por la inteligencia de sus camaradas.
- Sí, señor. Se me ocurrió al leer unos informes químicos...- Pensó durante unos instantes - de Zoe.
- ¿Mi-mis documentos?- Abrió los ojos de par en par. Era cierto que había hecho anotaciones sobre fosforescencias naturales, aunque no se le había ocurrido llevarlas a la práctica.
Aunque lo que más le sorprendía es que aquel hombre que siempre se burlaba de ella y de sus investigaciones, las leyese horas más tarde. El clima entre ambos se incomodó, y el líder de ambos, agarró la bolsa y comenzó a coger frascos.
- Los iremos dejando para que nos indiquen el camino de salida - ordenó analizando la situación.-¿Que duración tienen?
- Unas 3-4 horas.
- Suficiente.
Prosiguieron su marcha dejando una estela luminiscente tras ellos. Como si de pequeñas luciérnagas se tratasen. Dentro de aquellas murallas no solían encontrar demasiados insectos ni animales en libertad. Disfrutar de aquella melodiosa y embriagadora atmósfera era algo realmente singular.
Hacía que aquellas extrañas y concretas misiones mereciesen la pena. Tan solo para disfrutar de un poco de aire no viciado. De libertad.
Vigilaban el techo y paredes continuamente intentando encontrar raíces o musgo. Pero poco podían encontrar, necesitaban encontrar un flanco común donde creciesen todas aquellas plantas. Al cabo de un rato comenzaron a observar la humedad de la tierra derivando donde se encontraría la corriente subterránea que precisaban y en que dirección. Cuando llegaron a casi el final de la gruta se estrechaba cada vez más.
- Cuidado - agarró el hombro de Hanji impidiéndole caer - El camino termina aquí, ya solo hay esa excavación en el suelo.
-Mmmmm - La muchacha comenzó a revolver la tierra del alrededor - Muy húmeda, y calcificada en las paredes del foso. Por aquí debe pasar la corriente que buscamos.
Rompió uno de los cilindros y lo tiró dentro de la fosa. Debería tener unos 5 metros de caída, ensanchándose al final. Y unos 70 cm de diámetro. Observo atentamente el fondo hacia donde había caído el tubo y pudo ver la luz. A su alrededor se podía ver una plantación de los fármacos que buscaban. Este era el sitio indicado.
- Si cogemos todas las plantas que encontremos ahí abajo, tendremos suficiente para generar medicina para toda la población – apuntó el chico más callado.
- Es muy estrecho, Zoe, no se como quieres que bajemos ahí abajo – su superior calculó la estrechez de la abertura y emitió su veredicto. Imposible de atravesar.
- Bajaré yo. Soy la más delgada de los tres. Llenaré la bolsa, la subiréis y volveré a salir. Simple, rápido y efectivo.
- Es demasiado peligroso. Quizás debería bajar yo...- Comenzó a decir Erwin.
-¿Tú? ¿Hace falta que te recuerde como te quedaste atrancado en la entrada? - abofeteó el suelo representando la escena vivida instantes antes sonriendo con picardía y mostrando todos sus dientes.
Una imperceptible relajación, como si aquello le resulta gracioso, comenzó a asomar en la cara del joven chico; agachando la cabeza para disimularla.
-Está bien, baja tú Zoe. Tardemos lo menos posible – era avergonzante reconocerlo. Pero era la verdad. No tenía porque ocultar nada más.
Pero seguía temiendo por su seguridad. Apenas minutos más tarde sabría el porqué de aquella extraña corazonada.
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La bajada fue bien, la mujer se quitó sus arneses para usarlos a modo de cuerda. Mientras bajaba podía observar cuan estrecha era la grieta, apenas podía moverse en ella. A la mitad más o menos se ampliaba enormemente dejando entrever una colosal cueva.
Comenzó a atacar la roca sacando de ella todo lo que encontraba. Sin duda, iba a obtener un gran alijo. Entonces, vio una raíz. Una de las que necesitaba, comenzó a escarbar alrededor realmente ansiosa. De la misma manera que habían encontrado las otras.
La raíz era bastante grande. Mejor, pensó para sí. Una vez comenzó a ver claramente la zona dura de la raíz, comenzó a rajarla con el cuchillo que llevaba en ese momento. El tallo comenzaba a ceder comenzó y decidió tirar de él con sus manos desnudas. Generándose diversas heridas en las mismas.
Finalmente la planta cedió y cayó hacia atrás con ella sobre sus muslos. Debido a la oscuridad no se dio cuenta de la grieta que había generado en la piedra. Ni siquiera la tenue luz cada vez más débil del vidrio que había tirado a su espalda avecinaba lo que iba a ocurrir.
Lió rápidamente todo lo que había encontrado en la roca y la ató al arnés hecho con sus correas. Ambos hombres comenzaron a tirar hacia arriba. En el momento en que la bolsa se quedó atascada en la abertura, comenzaron a sacarla poco a poco, escarbando alrededor de la zona.
Finalmente, la bolsa estaba completamente fuera. La mujer se disponía a sujetarse la correa al cuerpo para salir, cuando una pequeña roca cayó sobre su cabeza. Al dirigir la vista hacia arriba, comenzó a ver que una avalancha de rocas caía sobre ella, agrandando considerablemente la abertura y aprisionándola.
Solo pudo reaccionar instintivamente tapándose la cabeza con los brazos para protegerse.
Le dolía el pecho ¿Cuántos huesos debía tener rotos? Notó que la presión de las rocas disminuía. Alguien se las estaba quitando de encima.
Inconscientemente, alzó la cabeza hacia arriba y vio al joven de cabellera azabache levantándola poco a poco. Sobre ellos se podía ver a su superior completamente preocupado. La abertura se había abierto completamente, y las piedras que la componían habían caído sobre su cuerpo.
Seguramente aquella avalancha había sido degenerada por aquella raíz tan grande. El hombre la asió sobre su espalda y sintió dolor en todas las partes de su cuerpo. No podía moverse prácticamente. Con ayuda de la cuerda improvisada de su superior comenzó a escalar por la nueva fortificación rocosa.
Una vez llegada arriba. Erwin la abrazó protectoramente. Comenzó a tantearle las heridas. La pierna y el brazo derecho rotos, varias costillas fracturadas y una fuerte contusión en el pecho. Sus reflejos la habían hecho protegerse de las rocas al caer sobre ella, lo que la había salvado de algo peor.
Hanji comenzó a sopesar la situación. Si se entretenían en sacarla de allí, seguramente la medicina no llegaría lo suficientemente fresca. No podía andar, no podía montar. No podría enfrentarse directamente a ningún titán. Era un carga.
- Erwin, tenéis que iros ya - sujetó la cara del hombre que la había salvado en su infancia y le mostró sin asomo de dudas su decisión final - Si cargáis conmigo solo seré un lastre. No conseguiremos llegar a tiempo.
- ¿Estás loca? No puedo dejarte aquí. No abandonaré a nadie.
- No podemos perder más tiempo, si yo voy con vosotros, eso solo nos ralentizará más - Tosió frenéticamente y la oscura sangre manchó sus labios.
- Aún así...- comenzó a decir reprimiendo la humedad en sus cuencas oculares.
- Señor, tiene razón. No debemos perder más tiempo. La medicina ha de llegar lo antes posible. No hemos hecho esta expedición para nada - Su superior se acercó dispuesto a empujarle contra la pared, cuando los labios del muchacho se movieron de nuevo - Yo la traeré de vuelta.
- ¿Cómo? - Preguntó extrañado el hombre mientras su puño se destensaba a pocos centímetros de su cara.
- Déjeme un caballo. Tomaré el mismo camino que hemos tomado para llegar. Más seguro.
Los azules y cristalinos ojos del hombre sopesaron la idea un momento. No era imposible. De hecho, era la opción más viable. Y él era el mejor de entre toda su tropa. Sabía que sería mejor como escolta que él mismo.
Miró hacia abajo contemplando a la chica que yacía semiinconsciente esperando afrontar cualquier orden que recibiera.
- Si no la traes de vuelta, te mataré – su tono de voz se tornó amenazador mientras hablaba.
- Si no consigo traerla de vuelta, no me molestaré en cruzar las puertas de la ciudad - expresó socarronamente el hombre.
Dicho eso, de manera sobreprotectora, se agachó sobre su aliada, que aún se debatía por respirar en el suelo y le besó la frente.
- Señorita Zoe, no le está permitido morir.
- Descuide capitán, no lo haré – se esforzó por emitir una sonrisa y evadir su preocupación.
Por mucho que lo deseara, su rostro desecho mostraba el dolor que sufría en esos instantes. No había manera de fingir que no sentía nada. Tan solo alcanzó a enarcar las cejas con desesperación más por la gente cuya vida estaba ya contaminada por la enfermedad que por la suya propia.
Cogió todas las medicinas rápidamente, las cargó en su hombro, y salió corriendo de la cueva. Mientras se alejaba podía oír a sus cadetes decirle "Nos vemos en unas horas". Se concentró en su tarea y se alejó todo lo rápidamente de la escena mientras las lágrimas caían sin parar de su rostro.
Aún sobre la estrecha abertura, Hanji se había conseguido incorporarse para facilitar su vendaje. Al haber dejado las vendas sobre los caballos, disponían de poco con lo que curarse. Una gran fisura cruzaba su pierna.
Su abdomen comenzaba a mostrar un oscuro color escarlata. Antes de que se diera cuenta, Rivaille le había quitado la chaqueta y comenzaba a desabotonarle la camisa.
- Hey, pequeño pervertido, ¿qué pretendes? - su estómago dolía demasiado, pero intentó por todos los medios esbozar una sonrisa quitándole tensión al asunto.
- Ahí no hay nada que no haya visto antes, no se de que me voy a sorprender – emitió con su siempre serio e inalterable tono de voz.
Dichas esas palabras, la chica recordó aquel extraño día 2 años atrás. Su camisa ya estaba fuera de su cuerpo, mostrando solo su vieja y utilizada malla. El hombre cogió el cuchillo y la rajó comenzando desde abajo.
- Tienes varias costillas rotas... esta excesiva presión solo te hará más daño...- anunció ligeramente el hombre mientras los pechos de la mujer surgían levemente de entre la ropa.
Apartó ligeramente la mirada y la tapó con su chaqueta. Dejando entrever solo la zona del abdomen. Con la vieja camisa comenzó a cortarla para hacer una venda que le cubriese totalmente el bajo vientre.
A continuación se quitó su propia chaqueta y su camisa e hizo la misma operación con la pierna. La chica no podía desviar sus ojos de la camisa interior que portaba el muchacho. Marcaba completamente su esculpido torso. El mismo torso que viera años atrás. Pero con nuevas cicatrices.
Sabía que no debía sorprenderle, pero ¿por qué no podía dejar de mirarle? Y sobre todo le sorprendía toda aquella delicadeza mientras le practicaba los primeros auxilios. De él solo conocía su faceta en el campo de batalla. Todos esos momentos habían sido completamente desconocidos para ella.
Por último cogió dos pequeñas ramas los suficientemente duras y, cogiendo una chaqueta la ató a la pierna de la chica. Con la otra y repitiendo el mismo proceso la anudó en su brazo.
Una vez terminadas todas estas operaciones dirigió su mirada de nuevo a la chica evaluando sus heridas. Al quitarle la chaqueta con la que la había cubierto vio de nuevo esa malla rajada dejando ver sus pechos. Se quitó su camisa interior y la vistió con ella. No pudo evitar ruborizarse por aquello.
La cargó sobre su espalda, y comenzó a andar hacia afuera de la gruta.
La cabeza le pesaba enormemente. Las costillas rotas oprimían su pecho. Le costaba respirar. Llevaban varias horas caminando torpemente por aquel enrevesado laberinto. Levemente alcanzaba a ver las luminiscencias que indicaban el camino.
- No pretendía tocarte – su tono de voz resonaba en el eco de la estancia sacándola de sus dilaciones mentales y sus recuerdos inolvidables - Quizás hubieras preferido que hubiese sido... el capitán.
La frase del muchacho la sorprendió. Su capitán, Erwin. Tanto tiempo admirandolo y forjando aquella extraña necesidad de que la viese como algo más que una niña desvalida. Tal vez solo porque quería ser de auténtica utilidad o tal vez porque el nunca compartía secretos con ella y deseaba ser partícipe de ello.
O tal vez, en el fondo solo era una niña, como lo había sido una vez, que quería que su hermano mayor la mirase más. Aunque claro, Erwin no era parte de su familia, y era algo que se había forzado a memorizar tras largos días a su lado.
-¿Tanto se nota? - admitió.
No era un gran secreto el cariño que le profesaba desde su más tierna infancia. Recientemente se había comenzado a rumorear que Erwin Smith había comenzado a verse con algunas mujeres. Él no se había esforzado en desmentirlo.
-Todos en el cuartel lo saben. Ellos bromean diciendo que tú eres su amante.
-Ja,ja...- rió irónicamente - Él nunca me ha visto... como una mujer... Para él,... soy como su hermana pequeña... Nunca... ha intentado tocarme – o tal vez si lo hacía, por eso evitaba acariciarla durante aquellos últimos años. Debía reconocer que dolía ese distanciamiento por su parte.
-¿Eso quiere decir que te gustaría?- inquirió el hombre.
-N-n-no... yo...- apretó los puños enterrando su cabeza en la espalda del muchacho.-...Yo quiero avanzar... dejar atrás esta vieja historia... No... no puedo ser una niña para siempre...
Sus palabras comenzaron a desfallecer y a sonar cada vez más huecas. El silencio comenzó a ser cada vez más agudo. Solo interrumpido por el sonido de sus propias pisadas.
- ¿Por qué te callas de repente? ¿Ya te has cansado de hablar de estupideces?
- …... - solo silencio y un extraño candor en su espalda.
-¿Zoe?
No hubo respuesta. Se detuvo un momento, cerca de la salida. Posicionó a la mujer en el suelo y observó sus facciones. Ella había dejado de hablar. Sus ojos estaban cerrados con fuerza esforzándose por respirar. Los huesos dañados le arañaban los pulmones imposibilitándole respirar con normalidad.
-¡Zoe!¡Despierta!¡Joder!¡Hanji!- gritaba impotente mientras le palmeaba la cara.
Abrió levemente los ojos, respirando con dificultad. Una lágrima de dolor recorrió su mejilla. Se estaba asfixiando.
El hombre la colocó en el suelo y le inclinó la cabeza hacia atrás. Sus fosas respiratorias debían de estar obstruidas, sería necesario ayudarla a respirar. Suavemente acerco su rostro al de ella y comenzó a insuflarle aire a través de su boca. Observó como su pecho se hinchaba, disminuyendo la presión en el rostro de la mujer. Repitió la misma acción 5 veces más.
Hanji empezó a oxigenarse y recuperó parte del color perdido en su rostro. El peligro había pasado, aunque aún era pronto para decir eso. Separó sus labios de su boca y la observó durante unos instantes. No parecía que fuese a perder de nuevo la consciencia.
- ¿Mejor?- le preguntó mientras la incorporaba de nuevo lentamente.
- S-sí. Gracias.
La volvió a colocar sobre su espalda y la sacó finalmente de la estrecha cueva. La luz del sol les cegaba y dañaba sus pupilas, pero nunca antes habían deseado tanto volver a verla. En aquel saliente que tomaran horas antes podía ver sus equipos. Se colocó el suyo y cogió a la mujer en brazos mientras bajaba la pendiente.
Justo donde habían dejado los caballos horas antes encontró uno de ellos y una nota. "Les queda prohibido morir", nada más. Una orden seca y sin ningún tipo de explicación. Hanji observó el papel arrugado y se rió.
El chico de cabellos oscuros ayudó a la mujer a sentarse en el caballo y se sentó tras ella. Con una mano sujetó el arnés del caballo y con la otra rodeó su cuerpo para que no se cayera. Dando unos suaves golpes en la grupa de la montura comenzó a moverse.
La mujer era tan alta que su cabeza descansaba sobre sus hombros, echándole el aliento directamente en el cuello. Así podría comprobar su respiración si necesitaba de nuevo reanimación. Parecía consciente, pero pensativa.
- ¿Qué piensas?
-...nada.
- Supongo que también habrías preferido que aquello... - torció sus labios sin poder continuar.
- No,no... Comprendo perfectamente la situación y te agradezco que me hubieses ayudado. Es solo que... Supongo que no cuenta, jajajaja - rió sin ganas intentando disimular su nerviosismo.
-¿Cuenta?
- Y-yo nunca había recibido el contacto de... los labios de nadie antes sobre... sobre los míos – giró su cabeza algo confusa y sonrojada y hundiéndola sobre su pecho para no mostrar su aparente ansiedad en aquellos momentos.
-...
-Supongo que es algo raro decir que mi primer beso ha sido cuando estaba medio muerta, jajaja.
-...
- Rivaille, tú... ya habías besado antes a alguien, ¿verdad?
-...eso... eso no era ningún beso... era reanimación pulmonar... solo eso. No creo que importe – desvió la mirada sin responder.
- No has contestado mi pregunta – insistió levantando de nuevo sus ojos y posicionandolos en su nulidad de expresiones faciales.
-...¿qué importa eso?
- Yo te lo he dicho, lo menos que podrías hacer es responderle a una señorita.
- ¿Señorita? Tú no eres ninguna señorita. Eres lo menos parecido a una mujer que he conocido nunca – dirigió sus ojos grises al horizonte esperando que su silencio fuese suficiente respuesta.
- Eso no es nada agradable.
- No he dicho que pretendiese serlo. Cállate y descansa de una vez. Aún quedan horas para llegar.
- Cuando respondas a mi pregunta.
- Eres tan insoportable...
- Pensaba que comenzabamos a ser amigos. Los amigos se cuentan estas cosas, ¿no? No creo que sea tan malo que tu también compartas cosas conmigo.
- ¿Cuándo he dicho yo que sea tu amigo?
- ¿No lo somos?
- …...- Su constante insistencia no le daba pie a continuar ignorando la petición – Está bien...No... ¿estás ya contenta? - continuó endureciendo su mirada hacia el frente.
- Vaya, menuda sorpresa, se que eres muy popular entre las féminas del cuartel, me sorprende que nunca hayas...
- Quizás es porque no me interesa ninguna de ellas - la interrumpió.
- ¿No estás interesado en nadie?
-...
- ¿Otra vez no respondes? Tú sabes lo mío con Erwin. Venga, vamos, deja de ser tan cerrado. No pasará nada malo si confiesas que eres humano de vez en cuando. Tener sentimientos no significa ser ...- comenzó a decir dramáticamente agitando los brazos como si interpretase una obra de teatro.
- Puede... - la interrumpió de nuevo - que haya alguien...
- ¿Una chica?
- Algo así.
-¿Y por qué no la invitas a salir? No creo que tú seas el típico soldado dedicado que respete todas las absurdas normas que nos imponen – quizás esa era una de las pocas cosas en las que veía que coincidía con él: miles de normas y la mayoría sin sentido.
-...Es …...complicado... Ella...- Volvió a evitarle -... No creo que me haya visto nunca como un hombre.
-Vaya, entonces estás igual que yo, ¿eh?
-...
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Continuaron cabalgando durante horas hasta que divisaron los muros. Inmediatamente llevaron a Hanji hacia el hospital donde la recibió su superior entre lágrimas. Entró directamente a quirófano. Entonces todo se volvió negro. Durante días, sin ser capaz de levantar sus párpados.
Completamente oscuro como la boca de un lobo. Miles de pesadillas asaltaban sus sueños sin dejarla descansar completamente. ¿Los pellizcos que notaba en el costado eran reales o ficticios? ¿Estaba viva o muerta? ¿Por qué no podía abrir los ojos? ¿Qué era esa extraña sensación que notaba continuamente en su brazo?
Cuando al fin consiguió recuperar la consciencia, lo primero que vio al despertar fue a su superior leyendo un libro a un lado. Notaba el cuerpo pesado y dormido. Como si hubiese sido atropellada por alguna bestia enorme.
- Vaya, Hanji, por fin despiertas – cerró las páginas del libro y pareció más tranquilo al verla de nuevo - Has estado inconsciente durante... 4 días – su sonrisa pareció melancólica al pronunciar aquella cifra - Me alegra ver que has conseguido recuperarte - Se acercó a ella y la abrazó suavemente - Gracias por volver.
- Erwin... apestas.
- Perdona, hemos estado aquí desde que te operaron y no hemos tenido oportunidad de bañarnos por acompañarte.
- ¿Hemos?- dirigió su mirada hacia abajo y descubrió al jinete que la llevó de vuelta a aquellos muros. Estaba dormido con la cabeza acostada sobre su cama.
Le acarició los negros cabellos y se dio cuenta de cuán sucios estaban. El maniático de la limpieza no se había duchado por acompañarla. Sintió una extraña punzada en el pecho. Lo asoció al dolor de sus heridas al incorporarse y prefirió no darle importancia.
- Capitán yo...
- Hanji... ya no soy capitán... van a ascenderme a comandante...He pedido que os asciendan junto a mí, como jefes de escuadrón. Tal vez cuando salgas te permitan participar en algunas misiones más arriesgadas y complicadas. Reuniones de capitanes. Ya sabes en que consiste todo eso. Has venido a algunas conmigo como segunda de mi equipo.
Claro, era lógico, aquel acto heroico era imposible que no fuera recompensado. A pesar de ello, no se sentía completamente reconfortada. Se recostó y observó aquel techo blanco que tanto había llegado a odiar. Sin duda, la recuperación le tomaría gran parte de su tiempo de nuevo. Bajó la mirada y observó de nuevo a su compañero. Con un aspecto cansado y ojeras similares a las suyas bajo sus ojos, pero con aquel permanente ceño fruncido. Esbozó una sonrisa.
- Quizás esta vez, sea menos horrible - pensó.
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Y finnnnnnnnnnn, terminé, llevo horas y horas escribiendo. Espero que os haya gustado. Aquí en España son casi las 8 de la noche. He procurado terminarlo a tiempo para poder subirlo porque por la noche tengo un compromiso familiar.
Os juro que ha habido partes que lloraba mientras las escribía. Espero vuestro apoyo para el capítulo 4!
