Bueno, quizás os resulte inesperado el 4º capítulo. Pero últimamente han pasado bastantes cosas buenas que me han animado a escribir. Aparte, que sin clases ni nada, tengo demasiado tiempo libre. Allá va el 4º capítulo, espero que os guste ^^.
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5 meses. Habían pasado ya 5 meses en aquel hospital. Había recordado cada día sin duda aquel horrible sitio . Ya en su infancia había tenido que ser hospitalizada debido a unas graves quemaduras. En esta ocasión, debido a varias fracturas.
En un principio le habían diagnosticado para 8-9 meses de ingreso. No obstante, una pequeña ayuda que le había ayudado a mejorar. Una pequeña ayuda que no esperaba que obtendría nunca.
Durante su período ingresada, Rivaille, iba a verla cada día. Siempre trayendo papeleo que resolver. Aunque estuviera de baja, en la milicia no existían las vacaciones. Tenía que continuar sus investigaciones aunque fuese postrada en una cama. A pesar de que él iba a verla solo por motivos de trabajo, le alegraba tener con quién conversar.
El nuevo comandante... iba a verla cada vez menos. Su ascenso le había ocupado la mayor parte del tiempo. Labores de comandante, solía decirle. Otro tipo de responsabilidades que le mantenían entretenido y cada vez más alejado de ella. Sin duda lo añoraba. Podía sentir su ausencia tan solo obnubilada por la compañía de su aliado.
Su fecha prevista de alta se adelantó. Mientras su camarada estaba con ella, intentaban ejercitar su cansada musculatura para favorecer la recuperación. Ante la mirada seria y penetrante del muchacho, la joven solía bromear con que él disfrutaba torturándola así por meterse con su estatura.
Los meses pasaron antes de lo previsto y se le concedió el alta médica.
Había ensayado numerosas veces lo que le diría a su superior cuando lo viera. Qué decir, cómo mostrarse, que aspecto tener. Pero, al ser una recuperación tan repentina, no pudo avisar a tiempo a su comandante, el cual partió en misión 3 días antes de ser ella dada de alta. No volvería en varias semanas.
-Bufff... que aburrimiento... - bostezó ligeramente recostada.
Ya habían pasado dos días desde la fecha de salida de aquel blanco y aseado lugar. Se encontraba en la sala común de capitanes tumbada sobre las piernas de Mike, el cual se mostraba últimamente muy inofensivo con respecto a ella. En una esquina de la habitación una pequeña figura leía el periódico tranquilamente.
- Sin duda llevas mucho tiempo allí encerrada, así que volver y que no haya nada que hacer debe ser tedioso – acarició su perilla con los dedos pretendiendo sonar interesante - Supongo que ya te habrán pasado una lista de los nuevos reclutas para que formes tu nuevo escuadrón.
- Sí, he leído los datos de algunos de ellos y parecen interesantes. Aunque no creo que muchos de ellos estén capacitados para el tipo de equipo que quiero formar. No creo que puedan aguantar mi ritmo.
- Mi equipo está especializado en rastreo y búsqueda. Al principio me asignaron a unos cuantos chicos al azar y yo hice que se especializaran a mi estilo de vida. También puedes hacerlo así.
- Lo se Mike, aunque no creo que a los nuevos reclutas les interese mucho entrar a formar parte de un escuadrón que irá destinado a investigar.
- ¿Y aquel chico? Recuerdo que uno de los nuevos cadetes pidió ser integrado en tu equipo en cuanto se formase. Pareció bastante insistente. Llegé a pensar que era "demasiado insistente".
- Ah, aquel. No-se-qué Banner. Lo voy a nombrar vicecapitán de mi equipo.
- ¿En serio?
- Claro, parece un chico muy dedicado. Y ha sido uno de los mejores de su promoción. Seguro que será muy interesante tenerlo en mi equipo.
- No se si sentir más pena por tí o por él por tener que soportarte... - comentó la voz tajante y cortante desde su asiento.
- ¿Y qué hay de tí? ¿Cómo va a ser tu escuadrón? ¿En que lo vas a especializar?
- Ataque.
- ¿Qué? ¿Solamente fuerza? ¿Eso es todo? ¿Nada más?
- Tché.
- ¿Y qué novatos vas a admitir en tu equipo? ¿También tienes dudas como yo?
- No.
- ¿En serio? Cuéntame. ¿Quiénes van a formar tu equipo?
- Cuatro mocosos.
- ¿Solo cuatro? - se giró hacia Mike que comenzaba a releer la lista de nuevos cadetes - ¿No era el límit por escuadrón? ¿No es mejor si hay más chicos en tu equipo? Más fuerza ofensiva, mayor oposición.
- La verdad es que yo actualmente también tengo solo 4 . Suele ser más fácil de controlar y entrenar a menos chicos y focalizas más el trabajo. Suele ser bastante más efectivo en batalla. Más concentración y menos distracciones. Cuando trabajaba a las órdenes de Erwin también eramos pocos soldados.
- Así que cuatro... Tal vez haga yo también eso. Me gustaría tener a una chica en mi equipo, como tú Mike. Y tú Rivaille, ¿qué hay de tí? ¿Te ha interesado alguna recluta femenina?
- …...
- ¿Por qué no contesta? - se dirigió a Mike que parecía reírse de soslayo.
- Rivaille ha demostrado bastante interés en cuatro chicos con carácter y algo agresivos. De hecho, son bastante divertidos. Cuando se muden a nuestro equipo podrás verlos bastante a menudo. Seguro que te caerán bien.
- Agresivos, ajajaja. Seguro que los ha elegido porque se parecen a él. Serán una panda de gruñones. Cuando vayamos afuera asustaremos al resto de escuadrones. Espero que los titanes no salgan huyendo, porque si no será muy aburrido.
- Pues uno de sus futuros aliados no dará tanto miedo.
- Ah, ¿no?
- Venga, Rivaille. Hablale de tu futuro escuadrón – comentó con sorna – Hablále de todos ellos.
- ¿Qué pasa en tu escuadrón? - La chica se levantó rápidamente quedando cara a cara con aquel hombre.
-...
Aún inerte en su esquina se encogió más tras aquellas páginas grisáceas a juego con sus ojos y su carácter. No parecía para nada interesado en mantener una conversación acerca de aquellos cuatro afortunados en los que había fijado sus ojos.
Suponía que el máxime de sus criterios estaría focalizado en su capacidad de reacción y ataque así como su capacidad de movimiento y su fuerza. Tal vez alguno de aquellos que tenían las mejores calificaciones. Podría imaginar cuales habían sido. Pero a su mente solo se venía la imagen de cuatro chicos bastante corpulentos y con aspecto intimidante igual que él.
O tal vez uno de ellos tuviese el mismo dilema con su estatura y por esa razón a Mike le resultaba tan gracioso ese hecho. Un soldado de su equipo que no espantaría al resto. Por más que lo intentase no podía imaginárselo.
- ¿Cómo es ese famoso cadete que no da miedo? ¿Es tan... ya sabes... como Rivaille? - insinuó cerciorandose de que el aludido dirigía una de sus miradas ofensivas hacia aquella insinuación a su persona.
- Oh, claro sí. Es un cadete bastante enano. Aunque ese no es el problema. Supongo que es normal que sea bajito.
- ¿Ah, no? ¿Entonces?
- Pues verás, como bien sabes... Es extraño encontrar mujeres en la tropa de reconocimiento. De hecho, actualmente tenemos los barracones principales ocupados y solo tú estabas en el auxiliar.
-Sí, lo sé. Ninguna de las chicas que ya formaban parte de la tropa de reconocimiento me vendrá bien para mi equipo. Y no estoy segura que entre las actuales reclutas encuentre a alguna que sirva. – frunció el ceño pensando en sí misma. En el escuadrón de Mike había 2 mujeres, las cuales eran algo mayores que ella. Sin duda, otras veteranas con las que no había tenido el placer de hablar demasiado debido a vivir en barracones distintos.
- De hecho, debido a las nuevas incorporaciones, ha habido remodelaciones con respecto a la distribución de barracones.
- Ah, sí. Erwin me habló de ello. Que quizás algunos chicos vengan a vivir a nuestro barracón también. No importa. Llevo años viviendo con vosotros, un par de hombres más no me molestan. ¿Qué tiene que ver todo esto con el escuadrón de él?
- Pues que los barracones de mujeres están tan atestados que ha sido necesario pedir a algunas de las chicas que se trasladen. Y una de ellas tendrán que trasladarla con nosotros.
- En tal caso correrá peligro por tu culpa – señaló Hanji – Aunque... Al menos no tendré que ducharme sola – comenzaba a añorar a otras féminas en aquel escuálido y diminuto edificio abandonado - ¿Y a ti no te importa, Rivaille? Pensaba que ya te resultaba pesado que estuviese yo allí.
- A mi me da igual – contestó secamente.
- Por supuesto que te da igual. Tú mismo ofreciste la habitación contigua a la de Hanji para que la trasladasen – rodeó a Hanji con su brazo y la acercó hacia ella notando como la impaciencia del tercero en aquella habitación se hacía más notable – Es una chica guapísima, de cabello anaranjado y grandes ojos.
- Vaya, vaya... Así que él mismo pidió que la trasladasen expresamente – anotó mientras acariciaba su barbilla con suspicacia. Mujeres, algo que no parecía del interés de él, pero un tema con el que siempre podría burlarse – Eso podría resultar sospechoso...
- Claro que lo solicitó. La chica es una de sus futuras subordinadas. Cuando entregó el informe del futuro traslado de ella, habló con su seria voz sin cavilaciones y dijo que prefería que los otros soldados no alterasen a los miembros de su equipo.
-¿EHHHHHHHHHHH? - se dirigió hacía el hombre oculto tras el papel de prensa - Rivaille, ¿por qué no me habías contado que vas a tener una subordinada tan guapa?
- Es un soldado más - repuso seriamente.
- No mientas, parece un auténtico ángel. Sabes que te tengo envidia por eso.
- No la elegí por eso – sus dedos pasaban con agilidad las páginas de su lectura intentando evadir aquella tediante conversación.
- Eso es lo que dice pero la quiere para el solo. Por eso la ha ocultado en nuestro barracón, para que ningún hombre ose tocarla más que él. Ni siquiera a mí me permite acercarme a su habitación – Mike bostezó con fingidas lágrimas en los ojos – Que lástima, vamos a tener una chica tan guapa y tan cerca y no podemos no hablar con ella sin su autorización.
-Yo no la he ocultado – su habitual tono de voz apático. Nada sorprendente – Pero si va a formar parte de mi equipo no quiero que se distraiga. Aunque... tal vez colocarla junto a Hanji sea la peor distracción que vaya a tener.
- Conque distraerla, ¿eh? Venga Mike, vayamos a ver a nuestra futura pequeña presa. Tengo ganas de ver si es tan valiente y fuerte como para formar parte del absolutamente exclusivo y bidimensional escuadrón de Rivaille – las comisuras de su boca se elevaron en una mueca siniestra mientras planeaba su próximo golpe.
- …...Si llego a saber que os parecería tan divertido habría elegido a otro mocoso cualquiera.
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Se asomaron tranquilamente desde la esquina hacia el patio exterior. Los nuevos reclutas estaban entrenando. Pasaron la vista rápidamente y enseguida divisaron la pequeña figura. No sabían si era debido al efecto óptico de los rayos del sol reflejándose sobre la pradera o al cansancio. O quizás era debido al brillo que tenía su cabello. Pero la chica parecía estar rodeada por un halo de luz.
- Te dije que era una monada, Hanji - miró de un lado a otro intentando encontrar a su compañera-¿Hanji? ¿Hanji?
Volvió la vista al frente y vio a la mujer corriendo hacia la pequeña muchacha, la cual al verla, se asustó y se quedó inmóvil. Hanji la recibió con un gran abrazo levantándola del suelo. Parecía en un estado de pánico sin ser capaz de reaccionar. Una extraña y altiva mujer la estaba acariciando de una manera extraña y avergonzante.
- Eres realmente linda, vente a mi escuadrón y abandona a Rivaille, por favor. Yo te trataré bien y podremos dormir juntas hablando sobre investigaciones y nuevos descubrimientos. Por más que lo pedí no me enseñaron ningún perfil de mujer que encajase con lo que necesitaba. Pero si quieres puedo pedir que te transfieran y – habló atropelladamente sin apenas coger aire.
- Ah, ah, yo... Usted debe ser la capitana Zoe. Encantada, me llamo Petra Ral. El sargento me ha hablado mucho de usted.
-¿De mí? - la mujer impresionada comenzó a bajar a la diminuta mujer.
-Sí, cuando hizo las presentaciones con el resto de mis compañeras comentó algo sobre el resto de capitanes y nos hablo bastante de usted. Creo que es una gran capitana, señorita Zoe. A pesar de que él se expresa de manera ruda, maleducada y descortés, creo que se lleva bien con usted. Se ve que le tiene mucho aprecio.
- Vaya, así que Rivaille habla de mí cuando no estoy cerca...Cuéntame más.
Esa misma noche, Petra, se instaló en la habitación que quedaba junto a Hanji tal como se había predeterminado, para su mayor seguridad. Sinceramente, le alegraba tener a otra mujer entre aquellas paredes, así los horarios de ducha no serían solo para ella. Y no tendría que sentirse sola en aquellos momentos.
Sin duda la joven mujer era muy alegre y simpática, con lo que ambas congeniaron rápido. La hora de la ducha se convirtió casi en un ritual para ambas. Primero Petra tocaba tímidamente la puerta de Hanji, y esta salía envuelta en su toalla sin ninguna clase de pudor por si la veían. En ocasiones, su subordinada se preguntaba si antes de estar ella allí presentaba la misma ausencia de vergüenza.
Aunque esas dudas se disipaban cuando veía a su futuro capitán sujetando al señor Zakarius e instandolo a salir del edificio durante varias horas junto al resto de sargentos y líderes que se encontraban allí.
Se desvestían y Hanji contemplaba la piel lisa e inmaculada de la chica. Sin ningún tipo de inperfección, incluso algunas pequeñas zonas cubiertas de diminutas pecas que hacían que su cuerpo fuese aún más sensual e irresistible. Todo ello iba aderezado con sus elegantes maneras y su discreta forma de hablar. Se notaba que era una chica bien avenida con buenos modales.
A pesar de ser bajita, tenía unas bonitas curvas. Su pelo era suave y liso. Algo más largo de lo que Hanji solía llevarlo, recogido en una pequeña trenza que caía por su espalda. Pero cuando lo soltaba no mostraba ningún tipo de enredo, al contrario que el suyo.
Le causaba una profunda envidia. Incluso, siendo tan joven, se notaba que el paso de los años y la intensa lucha no había destrozado aún su cuerpo. Su piel suave, blanca y sin impurezas sin una mísera marca de combate. Sin cicatrices.
¿Cuánto tiempo podría mantener eso? Quizás sí podría, al contrario que ella, no había pasado gran parte de su vida con heridas ya adquiridas de por vida.
- Eres muy atractiva, sin duda. Tienes un cuerpo muy bonito y una bonita cara. Alguien fue muy generoso contigo al crearte.
- Gra-gracias señorita Zoe. P-pero no diga esas cosas, u-usted también lo es.
Hanji se contempló en el viejo espejo del baño. Debido a los cuidados de Rivaille, su aspecto ya no presentaba tantas cicatrices, había engordado un poco. Sus pechos, al estar de reposo sin su habitual malla habían aprovechado para crecer algo más. No reconocía a la mujer que tenía delante. No es que se viese aún más femenina, ni tan siquiera es que se viese distinta. Pero al compararse con otra mujer que era tan evidementemente llamativa no podía evitar sentirse algo extrañada consigo misma. De alguna manera su aspecto físico parecía algo más dulce de lo que recordaba. O quizás era tan solo un espejismo tras sus últimos meses de hastio. Como fuese prefirió no darle mayor importancia, se enjabonó la cabeza y se metió en la ducha cercana a la de la pequeña muchacha.
- Petra, siendo tan guapa has debido de tener ya varios novios – soltó sin previo aviso.
- Ah, no - se puso colorada al instante - M-mis padres no me lo permitirían.
- ¿Pretendientes tal vez?
- A mi padre no le gustan mucho esas cosas, así que nunca... He tenido mucha relación con los chicos del distrito donde vivía. No hasta que me uní al ejército. Ahí supongo que... con mis compañeros de armamento. A-aunque eso no significa que haya... hecho nada...
- Entonces, ¿no has besado nunca a nadie?
- N-no... - respondió con las mejillas cada vez más y más sonrojadas - ¿Y-y usted, capitana? S-supongo que al ser mayor...
- ¿Yo? - se quedó pensativa - Se podría decir que sí, aunque...- recordó el tacto de los labios de su viejo amigo sobre los suyos con añoranza. Solo reanimación, aquello no había sido ningún beso. Esas habían sido sus palabras - Es mejor no pensar en ello.
-Entiendo...
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Las mañanas arreciaban y pasaban con parsimonia. Como el resto de todas las que había vivido allí anteriormente procedió a levantarse y a dirigirse hacia la estancia de personal. No tardó en encontrar a su pequeña, sonrojada y tímida nueva compañera portando una ligera bandeja con su desayuno. No dudó en sentarse con ella, sería mejor compañía que otros cadetes más hoscos y secos.
El desayuno, al igual que todas las comidas que se servían en aquel comedor eran insípidas y sin sabor. Comida preparada de antemano y sin mayor originalidad. Incluía huevos cocidos, zumo, leche y café. Sin tostadas, sin cereales. Echaba de menos sus comidas en el hospital. Leche caliente, acompañada de fruta jugosa y otro tipo de manjares que solo podías disfrutar si tu vida corría peligro. Un auténtico honor tratándose de que iba destinado a personas moribundas. Se rió ante ese pensamiento. Petra carraspeó interrumpiendo sus sentimientos.
- Zoe-sama... ¿Aquí se puede cocinar?
-Un poco, sí. ¿Por qué? ¿Que quieres hacer? No se si nos permitirán entrar a las cocinas del personal, pero si lo que estás proponiendo es saltarnos las normas y cocinar algo más decente que lo que nos sirven te apoyaré y defenderé si nos pillan.
- ¡No! N-no quiero meterme en líos nada más llegar. S-solo me preguntaba si... Si compramos los ingredientes... Si nos estaría permitido cocinar algo distinto en nuestro tiempo libre... Un pastel...tal vez, algo dulce... Algo así...
- Ya veo... ¿quieres hacerle un pastel con forma de corazón a Rivaille? - canturreó con alegría.
-Ah, yo no, no, no ¡no! - mostrarse tan nerviosa solo aumentaba más su encanto. A Hanji no se le escapaban las miradas que le echaba a su compañero, ni tampoco su manera de hablar de él - S-solo pensaba... que podríamos hacer una comitiva de bienvenida para cuando vuelva el equipo que ha salido de misión. Pensé que sería buena idea tras las duras batallas que habrán tenido que soportar.
- Petra, eres tan dulce y generosa que seguro que todos los aquí presentes en esta sala se querrían casar contigo sin dudarlo.
- S-señorita Zoe, n-no diga esas cosas tan vergonzosas.
- Qué podríamos hacer...- pensó en Erwin y en el tiempo que hacía que no le había visto. Un pequeño quejido en su pecho. ¿Otra vez reticencias de sus viejas heridas? - Hummmm, podría ser una buena idea. Intentaré que nos presten alguna zona en desuso, ¿de acuerdo?
- G-gracias.
Recabar los ingredientes para la elaboración del pastel no fue nada demasiado difícil. Aunque si bastante caro. Los comerciantes de la ciudad solían aprovecharse con respecto a los precios. Ni tan siquiera su posición en el ejército suponía un aliciente para ellos para disminuir sus desorbitados precios. Hacía bastante tiempo que no se acercaba a unos fogones con intención de cocinar y comenzaba a dudar de sus habilidades.
Sería una ardua tarea. Hanji llevaba sin cocinar desde que vivía en el barracón sola. Más o menos unos 3 años. Tal vez cuatro. Realmente no podía recordar a ciencia cierta cuando había sido la última vez que había cocinado en aquel cuartel. Petra parecía tan coordinada y habitada a auqellas tareas que intentó no quería mostrarse así de atontada delante de su subordinada.
Aún así su torpeza quedó demostrada a los 20 minutos de estar cocinando. Avergonzada, le pasó las varillas de batir a su compañera para que montase las claras. Echó un vistazo a la cocina... Estaba increíblemente sucia y desordenada.
- Rivaille me va a matar - pensó.
- Señorita Zoe...- comenzó a hablar Petra - ¿Sabe si...a Rivai-... al sargento le gusta alguna chica?
- Eso tengo entendido, sí - Sabía de lo sentimientos de la pequeña hacia su superior, pero no consideraba correcto mentirle.
En cierta manera le recordaba a ella misma con su comandante, no quería hacerle daño ni ilusiones innecesariamente. Y por otro lado estaba su amigo y camarada, tan callado y silencioso que no podía imaginar que clase de reacción tendría si ella se declarase. No es que pensase que la rechazara violentamente, pero Petra parecía tan frágil y delicada que dudaba que la extraña y cortante capacidad de Rivaille de expresarse fuese la más adecuada para tratarla.
-¿Us-usted sabe quién es?
Hanji meditó la pregunta un momento, no habían vuelto a hablar de ese tema desde que salieron de aquella cueva. No se había preguntado quién podría ser. No porque la curiosidad no le embargase, sino porque dudaba que él fuese a responder.
- La verdad... es que nunca le he preguntado. Es su vida privada, no creo que sea buena idea entrometerme en ella. Aunque creo que sería bastante divertido saber que tipo de mujer es el tipo de Rivaille. Hace años que le conozco, pero siempre me ha parecido un tipo peculiar.
- T-tiene razón... ¿Y usted?
- ¿Si a mi me gusta alguien? Eso es un poco complicado de explicar Petra. Como tu superior, deberías comprender que no creo que deba de comentarte estos asuntos.
- N-no. L-lo siento... Quería decir que... - meditó unos instantes antes de continuar - ¿Qué opina del sargento?
- Pues... es un enano cabezón, antisocial, violento, gruñón, borde...Aunque... cuando quiere puede ser muy amable. Aunque es un idiota que demuestra su amabilidad de formas incoherentes – la extensa mopa se humedeció con el líquido que había sobre el estante donde estaba recogiendo – Ya te lo he dicho antes, es un bicho raro.
-¿Amable? - se sorprendió ante el comentario Nunca en ninguno de los momentos que había visto a aquel hombre que sería su futuro sargento había visto ni un ápice de amabilidad. Solo una actitud estricta y severa contra todos sus aliados - Quizás esa amabilidad solo la muestra ante determinadas personas – pensó. Aquellas con las que había desarollado un vínculo de confianza forjado tras años de trabajo y agonía en el campo de batalla. Algo de lo que ella aún estaba ajena.
Una pequeña figura escuchaba la conversación apoyada en la puerta. Se deslizó alejándose de ella mientras recababa las últimas palabras que podía rememorar.
- Amable, menuda estupidez – susurró.
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La esperada vuelta, llovía a raudales. Hanji cogió el resultado de su trabajo en aquellos días y lo sirvió en el comedor. Todos los soldados se pusieron muy contentos e intentaron proponerse a la pequeña Petra. Parecían tener más interés por ella que por el banquete improvisado de bienvenida.
Hanji miraba hacia todos lados, el soldado que más le interesaba a ella no parecía estar allí. Tal vez en su despacho, como siempre. Un comandante no tiene tiempo para el ocio ni el tiempo libre. Eran las palabras que solía decir últimamente. Cortó un pequeño trozo y se dispuso a llevarlo a su oficina. Tal vez no fuese demasiado dulce ni demasiado sabrosa. Pero le obligaría a tragarla antes de que pusiera ninguna excusa. Ese no iba a ser un día ocupado para él. Y menos tras haber esperado su vuelta tras tantas semanas de ardua espera.
Mientras salía unos penetrantes ojos grisáceos la siguieron hasta la puerta. Ella, ajena a esa mirada, continó tranquilamente repasando las palabras ensayadas desde hacía tantas semanas.
Caminaba ansiosa pero con cuidado. El suelo estaba bastante mojado debido a la lluvia. Quizás incluso algo resbaladizo. La suela engomada de sus botas apenas le permitía dar pasos coherentes. Ya divisaba el cristal rugoso que llegaba hasta su nueva oficina. Algo opaco y quizás un poco endeble.
Conforme se acercaba iba repasando las palabras que le quería decir para darle la bienvenida. Quizás preguntarle acerca de sus heridas, o de lo que habían conseguido. Los logros. Las caídas. Las bajas...
Entonces, lo vislumbró, otra figura aparte de él se encontraba en aquella oficina. No vestía uniforme sino un precioso vestido rosado largo. No parecía de una tela excesivamente cara ni cuidada, pero sin duda algo más vistoso de lo que llevaría una cadete en su día de permiso. Distinto de lo que ella llevaba por supuesto. En esos momentos, Hanji solo llevaba un traje negro ajustado con una camisa blanca que consideraba bastante cómoda. Incluso Petra llevaba una falda larga de un color nada llamativo.
Alguien vistiendo de un tono pastel y con ligeros toques de tizne cereza no le resultaba en absoluto familiar. Una preciosa y delicada trenza rubia caía llegando hasta su cintura. Una mujer con una figura contorneada y desconocida para ella. No era un soldado, la figura de esa mujer no pertenecía a ninguno de los miembros del ejército que pudiera reconocer. Y su comandante estaba abrazando ahora esa figura.
Poseída por el pánico dio media vuelta y comenzó a correr en dirección contraria, sin ser consciente de dónde pizaba tropezó con Petra, manchándose la ropa con el glaseado.
- S-señorita Zoe, ¿Se encuentra bien? - intentó quitarle afanosamente las manchas de chocolate con un pañuelo pero apenas lo consiguió. Hanji no paraba de moverse como si intentase salir de allí a toda costa.
- Ah, sí, no te preocupes. Debería ir a cambiarme inmediatamente – forzó una sonrisa sin atreverse a mirarla - Petra, hazme un favor, ¿podrías recoger esto y llevarle un trozo nuevo al comandante?
- C-claro.
Sus largas piernas comenzaron a moverse a toda velocidad. Como si no estuviesen unidas a su cuerpo. Tan solo articulaciones con un único pensamiento: huir de allí. Antes de que se diera cuenta, había salido al exterior. La lluvia caía enérgicamente sobre su rostro, borrando las lágrimas que caían de su cara a medida que salían.
Se alejó del edificio encaminándose a una zona arbolada. Se sentó y hundió su rostro en sus rodillas. A pesar de haber forzado su condición física a aquella incesante caminata, lo que le dolía no eran las heridas recién sanadas. Lo conocía. Conocía ese dolor. No tenía nada que ver con ningún golpe.
Aquella falta de riego sanguíneo solo indicaba una cosa. Su corazón.
Ya lo sabía. Pero no quería reconocerlo. Su mente la hacía olvidar ese hecho en vez de aceptarlo. Erwin nunca la vería como mujer, porque ya tenía sus ojos posados en alguien. Lo peor, es que no podía odiar aquella silueta con larga y sedosa melena rubia. Ni siquiera la conocía, era injusto por su parte hacerlo. ¿Entonces que era todo aquello? ¿Por qué sentía tanta tristeza?
Ella no era así, los celos no formaban parte de su carácter. Quizás aquel dolor era solo debido a su propia demencia mental. ¿Por qué nunca contempló esa opción? Su comandante era un buen hombre, sabio, gentil, honesto; ¿cómo no iba a haber encontrado ya a alguien?
Una chica hermosa, posiblemente de la ciudad, con buena educación. Sin heridas sin cicatrices. Y nunca había oído hablar de ella. De nuevo ese resentimiento hacia él, hacia su misteriosa presencia y su constante incapacidad para contarle nada acerca de su vida. ¿Era entonces aquel dolor por que tras años a su lado nunca confiaría en ella?
- Soy idiota.
- Sí, lo eres – una voz hueca resonó por detrás suya. Tan profunda que ni el constante golpeteo de la lluvia sobre el asfalto mojado podía emudecerla.
Se giró inmediatamente y vio unos ojos grisáceos mirándola fijamente y soportando el aguacero que mojaba su cabello. En aquel momento, le pareció una imagen tan triste de sí misma estar allí manchada de la sucia tierra que su arrogancia pudo más que su humildad y procedió a limpiarse las mejillas manchadas por sus propias lágrimas.
- Hace frío, vuelve dentro Rivaille.
- Lo sé perfectamente, pero necesitaba salir.
- ¿Tan ruidosos son los chicos que no soportas escucharlos intentando ligar con tu subordinada?
- Eso me da igual.
- ¿Y para que has venido aquí?
- Tú has pasado corriendo por delante del comedor. Ibas en esta dirección.
- Solo necesito un minuto. Solo es eso. Puedes irte.
- …... - continuó de pie sin proceder a obedecer su orden.
- Rivaille, tú... ¿¡Has salido tras de mí?
-... - sin respuesta.
- No hace falta que te preocupes. Solo... necesito desahogarme un poco y... y volveré a ser la de siempre – su cuerpo temblaba. No sabría decir si de la tristeza, del frío que sentía en esos instantes. O simplemente de la impotencia que se había generado en todo su ser.
- Si necesitas llorar, llora – carraspeó mientras se sentaba a su lado.
Ella se dio cuenta de lo embarrado que estaba el suelo, pero a él no parecía importarle. Parecía que había determinados momentos en los que su pulcro sentido de la limpieza se veía obnubilado por otras razones. En ese momento se alegró de que acompañarla en ese duro momento fuese la razón para abandonar aquella obsesión suya.
- Gracias - sin más se acurrucó en su hombro dejando que las lágrimas fluyesen sin descanso.
Las gotas que caían del cielo seguían ocultando sus lágrimas. A pesar de ello, se encontraba a gusto. No le importaba la humedad ni el frío. Él era un hombre de pocas palabras, aunque no necesitaba muchas. Le agradaba contar con él como apoyo, pero le dolía precisamente tratarlo de aquella manera.
Pocas veces había pensado en él de otra manera. Siempre le había resultado un hombre extraño, posiblemente marcado por un pasado traumático y similar al suyo. Pero tan excesivamente doloroso que se negaba a hablar mucho de ello. Quizás el no hubiese corrido la misma suerte de encontrar a alguien que cuidase tan bien de él como Erwin hizo con ella. En ese momento deseó haberlo conocido antes, quizás su relación no sería tan restrictiva como era ahora. Quizás... Extraños pensamientos comenzaron a pasar por su mente: ¿y si ...? No, a él le gustaba una chica, recordó.
- Rivaille... ¿Cómo te va con aquella chica que me contaste?
-...No lo sé - respondió secamente.
- ¿Cómo puedes no saberlo?
- No ha ocurrido nada.
- ¿Nada?
- Nada.
- Entonces vuestra relación sigue igual, ¿no?
- Sí.
- ¿Pero te gusta verdad?
- No lo se... Ella es... una auténtica loca, excéntrica, chiflada, demasiado habladora, incongruente, malhablada, soez...y está obsesionada con otro tío...
- "Pero aún así no puedo quitármela de la cabeza", ¿no?
-...
- A veces, cuando queremos resistirnos a nuestros sentimientos, intentamos ver solo los aspectos negativos de alguien para contrarrestarlos. Es una manera de mentirnos a nosotros mismos para no reconocer lo que realmente pensamos.
- Puede ser – caía y caía sin descanso. Sin parar, gota tras gota. Torrencial venido del este que tardaría bastante en abandonarles. Al menos, esa noche no lo haría. Suficiente para ambos en aquel momento - ... ¿Cuando te diste cuenta de lo de Erwin?...
- Creo... que tenía 13 años. Cuando decidí ingresar en su batallón. Quería estar junto a él. Hasta ese entonces, para mí había sido un hermano. Pero, creo, que en parte, me uní a su tropa para protegerle yo como el había hecho conmigo durante todos esos años. Como si estuviese en deuda con él. Para cuando me quise dar cuenta, esperaba con ansía el día de permiso para poderlo pasar con él.
-...
- Aunque,... comienzo a creer que mi encaprichamiento solo era como el de una niña a la cual le han quitado su juguete. Como si mi padre no me prestase suficiente atención. Porque... no puedo odiarle ni sentir celos de ella... Supongo que soy estúpida.
- Lo eres.
- ¿Y tú?
- ¿Yo qué?
- ¿Cuándo... comenzaste a darte cuenta que "esa chica" te interesaba?
-...
La chica esperó pacientemente. Sabía que a su compañero le costaba inmensamente comentarle estas cosas. De hecho, ella no tenía noticia que el hubiese compartido esos pensamientos con otra persona que no fuese ella misma. Se le antojaba entrañable ese "Rivaille" que solo aparecía ante ella.
- Continuarás insistiendo hasta que responda, ¿verdad? - articuló al fin.
- Ya me conoces. Sabes como soy. Venga, dime – insistió – Somos amigos, ¿no?
- Realmente, no lo se - suspiró con resignación - La primera vez que hablé con ella me pareció un bicho raro, monotemática. Obsesionada con su trabajo. No se parecía a ninguna otra mujer que hubiese visto antes. Quizás fue precisamente por eso – un amago de melancolía emergió en su rostro.
- Por tu manera de hablar, parece que te estás enamorando de ella - comenzó a reír la muchacha. Sintió una punzada en su pecho. No sabía porque le dolía oír aquellas palabras. ¿De nuevo le asaltaban sus viejas heridas? Volver a la rehabilitación entre aquellas impolutas y blancas paredes le asustaba. Mejor aguantar ese dolor extraño que la aquejaba. Tal vez a la mañana siguiente desaparecería junto a todo el pesar que sentía en esos momentos.
- Eso... sería un problema – bajó su cabeza con aparente aire pensativo.
- ¿Un problema? Que tontería. ¿Te da miedo ser humano y enamorarte de otra persona? Nos pasa hasta al más duro de nosotros. Una vez caes no puedes reprimirte. ¿O acaso no quieres llorar en mi hombro como yo hago ahora? Sabes que no me reiría de tí por eso.
- No he dicho eso. He dicho que sería un problema por ser quién es "ella".
Esto hizo que Hanji se incorporase de su hombro. Sin duda no sabía quién era aquella mujer que pisoteaba los sentimientos de Rivaille. Pero no comprendía, ¿quién era ella para que supusiese algún peligro enamorarse de ella? ¿una responsable de alto cargo? ¿Una chica del pueblo? ¿Una vieja amante?
Por su cabeza solo pasaban las imágenes de cientos de mujeres a las que sin duda mataría por hacerle sufrir tanto. Sin duda, la mujer que hubiera conseguido poner nervioso a aquel hombre de mirada impenetrable tenía que ser increíble. Era incapaz de conjeturar un rostro para esa misteriosa chica.
Durante años había visto a decenas de mujeres increíblemente bellas acercarse a él con proposiciones, las había rechazado a todas. Comenzaba a sentir gran curiosidad por saber quién era esa mujer, aunque en parte, no era solo por saber que tipo de mujer atraía a aquel amargado.
Tenía otras razones, pero ignoraba los quejidos de su corazón asociándolos a una reincidencia a sus viejas heridas. Ciega, incapaz de ver lo que se originaba en su interior se atrevió a decir:
-¿Por qué tiene que ser un problema que te enamorases de esa chica? ¿Quién es esa ella? - respondió sin darse cuenta que alzaba la voz. Completamente airada y nerviosa.
-Tú.
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Buenoooooooo, espero que os haya gustado y que queráis sacarme las entrañas justo en este momento. También tenía ganas de escribir un poco sobre Petra, y ya iré incluyendo al resto del grupo. ^^
Muchas gracias por vuestro apoyo. Como ahora tengo tiempo intentaré seguir escribiendo tan asiduamente como lo estoy haciendo. Espero vuestros reviews y por adelantado os doy las gracias por leerlo y por los apoyos. Nos leemos!
