Eah, disfrutad o matadme, como gustéis.

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Su respiración se había acelerado. ¿Era cierto lo que acababa de oír? ¿Rivaille le...? No, debía ser una broma. Miró a aquellos ojos grisáceos intentando buscar un atisbo de duda, de nerviosismo que indicase que se burlaba de ella.

Nada, la miraba fijamente, prácticamente sin pestañear. Una mirada penetrante que parecía esbozar claramente que no estaba jugando y que aquello que acababa de decir iba en serio.

¿Entonces era cierto? Aquella estúpida que hacía sufrir a su compañero era ella misma. Tantos días compartiéndole sus sentimientos hacia su superior. Quizás eso le hubiese hecho daño. Pero era tan inocente que no podía pensar que pudiese haber una persona que pensase de esa manera en ella. La imagen que veía de sí misma cada vez que se duchaba no era la de una mujer que pudiese hacer a nadie sentirse atraído. Mucho menos llegar a cuestionarse un sentimiento profundo, de amor, hacia ella.

Se sentía patética, estúpida. Las lágrimas volvieron a brotar de sus ojos. Bajo su cabeza avergonzada. No podía sostener más aquella penetrante mirada.

- Lo siento... yo... no sabía nada...

- Lo se.

- Rivaille... yo...- agachó aún más su cabeza para ocultar su rostro completamente enrojecido, no sabía que contestarle.

- Ya sé mi respuesta, no hace falta que la digas.

Cada vez se le hacía más incierto lo que acababa de pasar. Aquel hombre de semblante sombrío y poco hablador le acababa de confesar su afecto. Ella, que nunca se había considerado lo bastante buena para nadie había conseguido enamorar al hombre más extraño que había conocido.

Recordó la manera en que le salvó la vida meses atrás. No se merecía esa amabilidad. Sin darse cuenta se aferró fuertemente a su espalda. Eran demasiadas cosas las que habían pasado esa misma tarde.

Erwin y aquella misteriosa mujer. Observar como habían vuelto de la expedición tan solo la mitad de sus compañeros. Y descubrir que una persona que se había ganado un hueco en su corazón se estaba enamorando de ella. Y ser incapaz de poner en orden sus pensamientos para discernir si aquel torrente de latidos descontrolados iban dirigidos a él o no.

Se agarró aún con más fuerza dejando que la dominasen todos aquellos sentimientos reprimidos. Levantando su rostro y hundiéndolo en su hombro, dejó de llorar. Solo necesitaba pensar con tranquilidad, la que él le otorgaba.

El hombre le devolvió el abrazo y se quedaron así unos instantes. El olor a barro mojado, la brisa estancada, la lluvia. Ninguno de esas fragancias podían disminuir lo más mínimo su aroma particular. No creia que fuese nada especial ni particular, pero en aquellos instantes se le antojaba tremendamente anestesiante.

Poco a poco disminuyó la tensión y se separaron levemente. El chico subió una mano y le apartó los cabellos mojados de la cara. No podía dejar de sostener la mirada.

¿Qué debo hacer?, pensaba la chica. No estaba segura de que sentía por él. No quería ser injusta y rechazarlo sin estar segura. ¿Realmente quería eso? ¿Quería rechazarlo?

Su cabeza daba vueltas mientras la lluvia seguía cayendo sobre ambos. No sabía que hacer. Necesitaba tiempo. Más tiempo. No creía que fuese tan egoísta pedir algo más de tiempo para darle las instrucciones necesarias a su cerebro para procesar todo aquello.

Sin esperarlo, él le sujetó la barbilla y comenzó a acercarse lentamente a su rostro. ¿Iba a besarla? Instintivamente cerró los ojos. No sabía porqué, no quería pararlo. Quería que pasase. Recordar aquel tacto húmedo de meses atrás. Solo que esta vez, sería por placer, no por necesidad.

Placer, una palabra que se desvanecía tanto de su mente. Nunca había llegado a querer una relación con nadie más allá de lo meramente profesional o más allá de la amistad. Por mucho que quisiese a Erwin nunca se lo había imaginado como sería tenerlo como pareja.

Sin duda no había sido un beso plenamente dicho, pero aún recordaba aquel tacto. Y lo recordaría en apenas unos segundos. Eso era lo que quería, recordarlo.

Podía sentir su aliento acercándose. El aire que espiraba de su nariz rozaba en su piel indicándole que se encontraba cerca. Apretó los labios esperando el impacto.

Pero no llegó, sintió una dulce presión al lado de sus labios, justo entre la comisura de los labios y la mejilla. Un beso a la vez tan tierno y tan dulce que le entraban ganas de llorar.

-¿Qué esperabas? ¿Querías que te besase en la boca?- Se incorporó y le acarició cariñosamente la cabeza, despeinándola - Será mejor que te cambies para no resfriarte cegata pervertida – añadió mientras se alejaba.

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La cabeza le pesaba. La luz entraba débilmente por la ventana de su habitación haciéndole daño en los ojos. Lentamente se incorporó. Aún llevaba puesta la misma ropa que había llevado la noche anterior. Comenzó a desvestirse cuando unos pequeños toquecitos en la puerta le devolvieron a la realidad.

- Señorita Zoe, soy yo, Petra,... C-cómo ayer desapareció repentinamente, estaba preocupada por usted.

- Ah, Petra entra, entra.

Se quitó rápidamente la ropa y abrió su armario en busca de un uniforme limpio. Solo encontró algunas prendas de civil. Nada con lo que poder ir a trabajar ese día. Maldición, la conmoción del día anterior le hizo olvidar asuntos importantes.

- Señorita Zoe, ¿aún no se ha uniformado? - Petra parecía sorprendida al encontrarse a su superior tan solo con la parte inferior de su ropa puesta. Sabia que no tenía ese pudor con respecto a ella, aunque aún así, seguía dejándola atónita en aquella clase de situaciones.

- C-creo que se me olvidó llevar a lavar mi uniforme la última vez. No tengo ninguno de recambio... Petra... ¿me dejarías uno tuyo?

-¡Cla-claro! - se apresuró de vuelta a su habitación comprendiendo lo que había ocurrido.

Hanji se sentó en la cama momentáneamente y recordó los hechos ocurridos en el día anterior. Sueño, realidad. ¿Cuál era la auténtica verdad?

-¿Y ahora con que cara le miro?- resopló en voz baja.

Se derrumbó sobre la cama y se dedicó unos segundos a observar el techo. ¿Qué iba a hacer ahora?... Su cabeza no paraba de dar vueltas recreando una y otra vez aquel beso tierno. Cerró los ojos intentando comprender porqué en ese momento quiso que hubiese se hubiese desviado tan solo unos centímetros.

-¿P-pero en que estoy pensando?- se incorporó rápidamente - ¿Por qué iba a querer que ese enano maniático de la limpieza me besase?... ¿Por qué iba...? - algo la sacó de sus pensamientos. La pequeña Petra tocando nuevamente a la puerta.

El deber la llamaba. Un buen soldado no tenía tiempo para aquellos quebraderos de cabeza mentales. La futura líder del escuadrón número cuatro aún menos.

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Sin duda la diferencia entre ambas era evidente. El uniforme le quedaba realmente ajustado. Los pantalones le estaban sin duda cortos, pero podía disimularlo con las botas. Aunque el trasero se le marcaba demasiado debido a que su complexión era más robusta que la de Petra.

Pero la camisa... era tan ajustada... Hanji no era demasiado voluptuosa, pero una talla menor que la suya marcaba en exceso sus formas femeninas. No estaba acostumbrada para nada a llevar algo tan apretado. Siempre holgadas y caídas. Comodidad ante todo.

- L-lo siento... Quizás hubiese sido mejor que le pidiese una camisa al sargento...

-¡No te preocupes! Mientras no se rompa todo estará bien - rió alegremente la mujer - ¿Qué puede ser lo peor que puede pasar?

En mal momento dijo aquellas palabras, todos los hombres del cuartel posaban su mirada sobre ella como si acabasen de descubrir que era una mujer. Muchos de ellos murmuraban señalándola descaradamente.

Bajo su atenta mirada se sentía desnuda, como si la estuviesen diseccionando con los ojos. Ese mismo día iría a por un uniforme limpio. No pensaba pasar esa vergüenza de nuevo. Se sentía como si perdiese el respeto de sus propios subordinados al percatarse que, como todas las mujeres, en mayor o menor proporción, también tenía pechos.

Entró en la sala de capitanes tan rápido como pudo. La primera persona en encontrarse fue su comandante, tan madrugador como siempre. Parecía que llevaba ya en su puesto varias horas.

-Vaya, Hanji, llegas temprano, quisiera que revisases estos infor...- el hombre levantó la vista y observó a la mujer atentamente quedándose sin habla.

- S-sí, lo haré enseguida – se rascó la coronilla quitándole los informes, sentándose en su mesa y sin poder parar de reír nerviosamente.

- Hanji... tú...

-...¿Sí, Erwin?

- Pareces... distinta.

-...¿En qué? - se agachó como pudo en el soporte de madera e intentó cerrar su chaqueta para disimular sus senos marcados por la apretada tela.

- Debe haberte pasado algo bueno, porque hoy me has parecido especialmente femenina, distinta de tu habitual manera de comportarte. Como si te hubieses metido en la piel de otra mujer. Estás muy guapa.

- Ah, ¿lo dices por la camisa? - suspiró resignada - Es de Petra, la mía se me olvidó mandarla a lavar, y no podía venir desnuda al cuartel. Supongo que me has pillado. Mañana prometo que vendré con mi uniforme reglamentario y esto no volverá a suceder – rió aún más apesadumbrada por haber sido descuierta.

- ¿Camisa? No, lo decía por...- Erwin no era un hombre que se fijase en detalles tan mundanos como la vestimenta o el peinado, así que sus palabras le extrañaban cada vez más - ...Porque pareces una chica que vuelve de una cita con su novio. ¿Ha habido alguna noticia que no me hayas contado? - abrió su boca mostrando sus perfectos dientes con un ademán extraño, parecido a una sonrisa de complicidad.

Estas palabras le provocaron un enrojecimiento aún mayor. ¿Novio? Su jefe sabía bien que ella nunca había tenido pareja, preguntarle aquello era extraño. Si no lo conociese bien, parecía que hubiese presenciado lo que ocurrió la noche anterior. Aunque, a ese juego podían jugar ambos.

- Erwin... ¿no eres tú el qué debe contarme algo a mí? - preguntó con una sonrisa juguetona. No sabía porque el dolor de su pecho al recordar a aquella mujer había desaparecido - Ayer te vi con una preciosa chica de cabellos rubios y largos. No intentes disuadirme, la vi perfectamente. Parecía muy guapa.

- Ella...- el hombre bajó la vista con un leve asentimiento, como si de melancolía se tratase -... es una vieja amiga.

- ¿Sólo amigos? Que aburrido eres. Pensaba que me darías una alegría al saber que me he deshecho por fin de tí. Por un momento pensaba que sería yo quién tendría que desposarte. Erwin, ¿no eres lo suficientemente hombre para ella? - se burló de él.

El hombre se acercó tranquilamente a su mesa y se inclinó sobre la chica lentamente. Parecía dispuesto a reprenderla por su actitud desafiante.

- Sabes bien que en el ejército no están permitidas ningún tipo de relación. Nunca he intentado sobrepasar ese límite. Me uní a este batallón por una razón. Para preservar nuestro futuro - su voz seria denotaba su autoridad como comandante - Hanji, si has decidido empezar una relación, debo advertirte como superior: está prohibido bajo todo concepto - la chica bajó la mirada tristemente -, no obstante, como viejo amigo, te diré que no seré yo quien informe de ese hecho – le guiñó un ojo con convicción.

Hanji sonrió con nostalgia, después de un mar de dudas, había comprobado que su superior seguía siendo el mismo de siempre. Su admiración por él no dejaba de crecer. Esperaba en su fuero interno que aquel inmenso respeto nunca desapareciera.

- ¿Y cómo se llama tu nov... tu amiga?

- Helenka. Es una enfermera que conocí tiempo atrás, en el hospital donde te ingresaron en tu infancia. Quizás la recuerdes...

- ¡Maldito seas! ¡ Todo este tiempo ibas a verla a ella no a mi! - ¿Dónde estaba el pesar que sentía el día anterior? Desaparecido- Mi fachada de tí acaba de derrumbarse – se inclinó dramáticamente hacia atrás y sin poder contener las carcajadas.

No sabía porqué después de hablar con él esos extraños sentimientos que tenía por él se definían cada vez mejor. Sin duda, era como un buen hermano para ella, quizás un padre protector al que le dolía que hiciesen daño. Solo eso, nada más. Si hubiese sido más sincero con ella, no habría sufrido tanto aquella noche.

- Y bueno, ¿quién es el famoso afortunado al que has robado el corazón?

La puerta se abrió de golpe antes de que pudiese contestar. Rivaille entraba en la sala seguido de Mike que iba con una extraña y cansada sonrisa. No sabía porqué pero en la mejilla de Rivaille se observaba un claro hinchazón que continuaba hasta su ojo.

Hanji bajó la mirada repentinamente y hundió la cabeza en los informes. Trabajo, estaba allí para trabajar, ninguna otra cosa. Debía olvidar todo lo que no tuviese que ver con eso.

- Vaya Hanji, hoy te encuentro terriblemente sensual – le saludó Mike observando su ajustada camisa. Él sí que no solía pasar esas cosas desapercibidas.

Rivaille observó el detalle y se sentó en su mesa pensativo evadiendo su mirada y fingiendo concentración en otra cosa ajena a ella. O tal vez solo ella lo percibía así y todo aquello que le dijo anoche había sido pasto de su imaginación.

- Buenos días chicos, hoy tenemos que hacer varias cosas - Comenzó a decir su comandante mientras repartía papeles por doquier - A la señorita Zoe ya le he entregado los informes que quiero que rellene, usted, Zakarius, deberá actualizar la lista de altas y bajas del ejército. Y en cuanto a Rivaille...

- Pero, Erwin. ¡Hacer ese trabajo yo solo es una locura! - le interrumpió.- ¡En cada expedición mueren cientos de soldados! ¡Me llevará semanas hacer eso! ¿Qué va a hacer mi escuadrón mientras tanto?

- Manda a tu escuadrón a las tareas asiduas de manutención y entrenamiento. A tí te necesito aquí. Si nos esforzásemos más en las misiones, no habría tantos nombres que rellenar. Por su bien espero que no le lleve más que unas horas – su mirada tornó amenazadora – me da igual si le lleva todo el día. Por durante estas semanas tu escuadrón podrá apañárselas solo.

Sin duda, algo había pasado aquella noche entre aquellos tres, aquella actitud desafiante y seria por parte de Erwin no era normal. Mucho menos permisiva e incluso más intransigente.

- Y en cuanto a usted, Rivaille - prosiguió mirándole con la misma mirada amenazante que el chico de cabellos oscuros le devolvió - Creo que habría que comprobar y limpiar todos los cañones del muro. Eso se le da bien, ¿no? Tengo entendido que es el mejor en ese aspecto, no solo en el campo de batalla. Coja a todos los soldados de la tropa que necesite y proceda a revisar la limpieza de estos.

- Como desees - respondió con una mirada aún más penetrante que de costumbre.

Hanji observaba la escena boquiabierta. Parecía que se estaba imponiendo algún tipo de castigo a sus compañeros del que ella no tenía ninguna idea. Probablemente, cuando se fue a dormir, algo más había pasado. Algo de lo que no había sido partícipe y no sabía se le apenaba estar excluida de aquellos castigos o no.

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Los tres cabos salieron de allí dirigiéndose a sus respectivos lugares de trabajo. Rivaille parecía tener peor humor del habitual. Revisión, prácticas, limpieza, manutención, informes de estado. Altas, bajas. Durante algunos meses aquella escena se repitió continuamente. Con la misma sequedad en el ambiente y sin ser capaz de discernir nada.

Cada día de la misma manera, llegar cansados, con aparente cansancio y miradas esquivas. Desde aquel extraño día no había podido volver a hablar a solas con ninguno de los dos, y cada hora que pasaba más carcomía su curiosidad.

Sin poder esperar más para conocer la nueva actitud que se había desarrollado entre aquellas paredes sin ser ella consciente de ello. Finalmente hastiada tras dos meses de silencio, Hanji siguió a Mike hasta la biblioteca y se sentó a su lado con sus habituales informes. Pasaban y pasaban las horas mientras se atusaba el bigote con cada hoja que ponía al día y actualizaba. Hanji continuaba mirándole tranquilamente sin decir nada. Como si esperase algo.

Le ponía algo nervioso tanta atención. Sobre todo porque sabía lo que ella quería oír.

-¿Me lo vas a decir o no?

-¿El qué?- el hombre de perilla recortada intentó disimular con una risa fingida.

- Algo ha pasado entre vosotros tres. Lo sé. No hay nada más que mirar el aspecto de Rivaille y el tuyo. Y encima ¿todos esos trabajos absurdos? Algo ha pasado, lo sé. ¿Qué es? ¿Por qué lleváis todos estos meses siendo unos auténticos imbéciles? - se aproximó aún más inquisitivamente.

- No se de que me hablas – sus dedos resbalaron de nuevo sobre su perilla. Otro papel más, tan aburrido y tedioso. Pero necesario.

- Hace casi dos meses, después de que Erwin volviese de misión, a la mañana siguiente todos comenzasteis a ser unos auténticos idiotas. Erwin os da órdenes absurdas y vosotros las acatais sin decirle nada. ¿Desde cuando sois así?

- A veces, un inferior debe saber acatar todo tipo de órdenes. Esto es el ejército, al fin y al cabo. No hay mucha permisión para el libre albedrío. Aunque algunos podamos permitirnos llevar algo de otros en público.

- Aquella camisa era de Petra, te lo dije. Ya hablamos de ello. Me olvidé de hacer la colada y ella amablemente me prestó su ropa. Conoces a Petra, no le importaría prestarme el que ella misma vestía.

- No hablo de su ropa. Hablo de aquel olor que despedías por todos lados. No era el olor dulce y afrutado que suele tener una chica.

- E-erwin suele acariciarme la cabeza, incluso delante tuya. No es de extrañar que huela un poco a vosotros. Paso la mayor parte del dia rodeada de hombres.

- No estoy diciendo que oliese a mí o a Erwin. Sino a alguien que no esperaba que hubiese estado lo suficientemente cerca de tí como para que te impregnase su olor. Y ese dia, mi querida amiga, apestabas a él.

- ¿A quién?

- A Rivaille.

- Ah... - se mordió el labio recordando toda aquella noche.

Los nuevos silencios. Miradas perdidas y nada más que confusión y nuevo distanciamiento. No sabría decir si era por su parte o por la de él. Pero aparte de aquellas reuniones, su nuevo trabajo como capitanes, la recopilación de datos para sus futuros escuadrones les mantenían permanentemente alejados el uno del otro.

- Veo que no iba muy mal encaminado. Entonces, ¿qué hay entre Rivaille y tú?

- Te lo contaré. Pero a cambio tendrás que contarme a que vienen todos esos absurdos trabajos durante los últimos meses.

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Entre aquellos libros y cadetes realizando informes, ella fue contándole poco a poco la historia que había vivido. Aún se le antojaba real y sin sentido. Cualquier otra persona que la escuchase se habría burlado de ella. Pero Mike la escuchó tranquilamente y sin ningún tipo de burla en su voz, solo asentimiento.

- Después de aquello supuse que volvería a su habitación - terminó de contar la muchacha mientras se quitaba sus gafas y las limpiaba con un pañuelo.

- Pues... De hecho volvió a su habitación.

Hanji oía atentamente. Crujió sus nudillos y se echó hacia atrás en su asiento para tener mayor concentración al escucharle.

- Ese día entré en el despacho del comandante acompañado de una de las cocineras. Él me cogió de imprevisto cuando... en fin, ... ya sabes... - se mesó la fina cabellera en su mandíbula mientras recordaba ese momento con orgullo.

- Vale, ya comprendo tu castigo... ¿y Rivaille? ¿Qué hizo él?

- Pues volvíamos hacia los dormitorios, cuando le vimos en la entrada con su siniestra mirada de siempre. Nada usual.Y sin previo aviso Rivaille le pegó una patada en la pierna al comandante.

- ¿Cómo?

- No se que le había picado, aunque ahora que me has contado eso, supongo que fue una patada por despecho.

-...

- En fin, el comandante le devolvió el golpe con un derechazo y nos obligó a correr hasta que se hiciese de día. Hasta pocas horas antes de entrar a trabajar no nos dejó libres. Solo para que fuésemos a uniformarnos.

Hanji escuchaba impresionada la historia. No sabía porqué comenzó a reír a carcajadas. Ese tipo de cosas solo ocurrían una vez. Apenas había podido presenciar momentos tan divertidos cuando era una recién incorporada.

- No se de que te ríes. Si yo fuera tú estaría preocupada. Cuando yo fui a cambiarme, Erwin seguía discutiendo con Rivaille. Incluso estos últimos días he vuelto a verles hablando a solas y no parecía que fuese nada relativo a ninguna misión. No era ese tipo de seriedad.

Eso le hizo recordar la conversación hace meses con Erwin. Probablemente supiera algo. No, siendo él, lo sabría todo. Perfecto, adiós a su intimidad. Mientras la interrogaba aquella mañana ya estaba intentando indagar cual había sido su reacción ante la declaración de su subordinado.

Y por la manera tan inquisitiva en que le había preguntado no parecía demasiado contento con esa situación. ¿Llevaba todos aquellos meses fingiendo que no sabía nada acerca de los sentimientos de Rivaille hacia ella esperando que ella misma se los contase? ¿O acaso vigilaba de cerca al chico por si intentaba dar un paso que ella no hubiese autorizado? Todo era tan complicado...

- De todas formas, ¿qué vas a hacer con él? - su codo se depositó suavemente en sus costillas con unos ligeros toquecitos, como provocándola.

- ¿Hacer? ¿Qué quieres que haga? Este tipo de relaciones están prohibidas. No hay nada más que ver lo que hizo el comandante contigo...

- Bueno... creo que más bien se desquitó conmigo por... utilizar su escritorio de manera... inadecuada – desvió la mirada hacia otra parte en parte algo avergonzado de su actitud, y en parte comprendiendo porqué no debía hacer aquellas cosas. Respeto, esa era la palabra.

- Yo... no se que hacer...Tengo la cabeza hecha un lío - suspiró con fuerza - De todas formas, ¿cómo es que no te ha sorprendido saber lo de Rivaille?.

- Hay que ser estúpido como para no ver que un hombre va a visitar a una mujer a diario y elude las misiones durante 5 meses sin razón alguna siente algo por ella.

-...- sí, ella era esa clase de estúpida.

Volvieron de comer y retomaron sus respectivas órdenes. Ella terminó mucho antes de revisar su trabajo que Mike de terminar el suyo, así que decidió echarle una mano. Sin duda hacía años que esa lista no se actualizaba. Por lo meno años. No le extrañaba que estuviesen tardando tanto tiempo en terminarla. Tener que compaginar aquella labor de oficina con las reuniones, los entrenamientos y las actividades de escuadrón no era precisamente fácil.

A duras penas, ella, que aún no habia recibido respuesta acerca de los chicos que había considerado más aptos para estar a su cargo, podía coordinar todas esas actividades. Y por si fuera poco, no había ningún soldado disponible ni adecuado para esa labor. Los encargados de ese puesto posiblemente hubieran muerto en alguna expedición o le habrían restado importancia.

Mike cogió de repente un expediente muy bien ordenado y lo hojeó con cierta intriga.

- Hanji Zoe, 19 años. Especialidad: reconocimiento de terreno e investigación...- comenzó a leer.

- ¿Mi expediente si está actualizado? ¿Quién fue el último que reviso los expedientes?

- Erwin, creo... A ver... mi expediente está aquí. Mike Zakarius, 26 años. Especialidad: Gran seductor, varonil, atractivo, valiente soldado, hombre sin desperdicio...- decía con un tono altivo.

- Mentiroso, pásamelo, ¡quiero leer sobre tu vergonzoso pasado!

Mientras ambos se debatían el expediente de las manos, un fajo de hojas anudadas entre sí, bastante más ancho que el resto cayó al suelo creando un sonoro sonido. Sin duda, la carpeta destacaba sobre las demás. Había un sinnúmero de hojas dentro de ella amenazando con reventarla en cualquier momento.

Hanji se agachó a recogerla.

-¿Quién será el niño malo que tiene una carpeta tan grande para él solo?- se inclinó mientras abría la carpeta entre carcajadas - Rivaille. 23 años. Especialidad: combate aéreo y combate cuerpo a cuerpo...

Mike observó atentamente como la mujer leía el expediente del joven muchacho. Algunas de las cosas que leía en ese informe no eran desconocidas para él. En alguna ocasión se había tenido que encargar de detener el mismo al problemático muchacho para que no obstaculizase las misiones.

Sin duda no había recibido precisamente muchas medallas a lo largo de su vida. La sala permaneció callada por unos instantes mientras ella leía en voz baja. Mike continuó haciendo su trabajo mientras la dejaba leer. "El amor", pensaba soltando pequeñas risitas.

Sin previo aviso, la mujer se incorporó con aquellos papeles aún en sus manos.

-Mike, esto no lo ha actualizado el comandante, la ultima actualización está a fecha de 3 meses. Erwin estaba en misión en esos momentos.

-¿Entonces...?

- Ha sido Rivaille, el mismo ha actualizado estos expedientes.

-¿Y qué pasa con eso?

- Significa que el leyó mi informe y no me ha mencionado algo...

- ¿El qué?

- Algo que no sabía que teníamos en común.

Antes de que el hombre pudiera detenerla salió inesperadamente de la sala portando aún el expediente del hombre entre sus manos.

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El sol se ponía, llevaba ya allí demasiadas horas. Quemaba el asfalto y proyectaba una sombra alargada en toda su extensión. Buscó en las murallas. Teóricamente deberían estar limpiando aún.

Cogió su caballo y se dirigió hacia ellas. Cuando llegó, los soldados estaban recogiendo. Reconoció a Erd y a Gunther mientras cerraban varias bolsas de basura a los pies de los muros.

No sabían donde se encontraba su superior. Continuó recorriendo el muro a lo largo hasta encontrarse con más subordinados a su cargo ese día, ninguno sabía nada.

Entonces, vio a Petra. Ella sin duda debía saberlo. Siempre observándole y atento a sus movimientos.

- Petra, ¿dónde está Rivaille?

-¿El heichou? Debe estar aún revisando los cañones del muro oeste.

Sin decir ni una palabra más, activó su equipo y se posicionó sobre el muro. Comenzó a correr en dirección oeste. Los soldados la miraban extrañados. Entonces le vio. Estaba pasando cuidadosamente un trapo en el interior de uno de los cañones, cuando ella gritó.

-¿Por qué no me lo dijiste? - acusadora, sostuvo en alto el grueso informe que portaba su nombre.

El hombre alzó la vista y reconoció aquel enorme paquete. Sabía que era lo que había descubierto. Retiró su mirada hacia el suelo.

-¿Por qué no me dijiste que tú también estuviste en aquel incendio hace 12 años?

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Bueno, espero que os haya gustado. Llevo escribiendo y reescribiendo durante varios días. La verdad es que quería estar segura de como orientar su relación antes de escribir.

Se que muchos os habréis quedado mordiéndoos las uñas debido a que queríais ver su reacción. Pues bien, la pequeña Zoe se ha quedado terriblemente confusa con respecto a él. Y encima de todo descubre que el señor de mirada siniestra tiene un pasado junto a ella. Jummm... ¿qué pasará? Dejad vuestros ánimos para mentalizarme a escribir. Os esperan muchas sorpresas, en serio.

En el capítulo 6 explicaré la versión de Rivaille desde aquel incendio. Espero que os guste su pasado. Au revoir!