Ennnnnnnnn fin, hoy he decidido escribir el 7º capítulo aprovechando un momento de libertad en mis vacaciones. Quiero darle saludos a la gente del grupo de fb, que los añoro mucho y ha sido por recordarlos que he querido seguir escribiendo.¡ Allá va! Este capítulo va dedicado especialmente a Petra.
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Debía ser una broma. Siempre había sido una cadete responsable. Con calificaciones excelentes en su formación, una de las mejores. Honesta, trabajadora, luchadora. Sabía las consecuencias de sus actos. ¿Desertar? Imposible, no ella. Lo dudaba.
- Erwin, no creo que Petra...- comenzó a decir.
- Lo que creas o no, no cambiará la situación actual. Ha desaparecido y nadie sabe nada de ella. Un soldado debe atenerse a unas normas, y uno en proceso de introducción a un equipo aún más - la interrumpió su superior.
- Hanji, esa chica desapareció ayer sin dejar rastro. No se reunió con su jefe temporal asignado antes del anochecer ni volvió a su habitación. Esta mañana tenía que presentarse en una reunión y no ha dado señales de vida - continuó Riko - No sabemos porqué ni que le ha pasado, hasta que no la encontremos no podemos afirmar nada.
- ¿Es esa la razón por la que se ha solicitado que Rivaille y su escuadrón se personen junto a Dot Pixis?
-...
- ¿Pretendéis ponerle en contra de su propia subordinada? - alzó su voz furiosa.
- Hanji... él es su superior. Tan solo van a interrogarlo acerca de los últimos actos de Petra. Sabes perfectamente cual es el protocolo a seguir en este tipo de situaciones. Aún no estaba determinada ni fijada en un equipo concreto, así que en caso de duda se traslada la responsabilidad a su superior más inmediato. Y en este caso es aquel que había solicitado su incorporación a su escuadrón, Rivaille.
- Toda la información que tenemos es que se encontraba cerca de las murallas antes de desaparecer. Realizando tareas de limpieza y mantenimiento junto a otros tres grupos - Informó la chica de cabellos de color platino – Aparte - prosiguió- , tampoco sabemos donde estuvo Rivaille desde última hora de la tarde hasta esta mañana.
- Por lo que sabemos pudo haber ocurrido algo con Petra y que ella...- sus ojos azulados bajaron hacia abajo incapaz de continuar la frase – Él es su responsable. Como líder, debe responder de sus actos.
Entonces Hanji lo recordó. Cuando buscaba a Rivaille, la última persona en ver a Petra fue ella misma. Cuando le había preguntado acerca de Rivaille. La chica le indicó la posición de su sargento y ella continuó su camino. No pensó en mirar atrás y comprobar que volvía a sus habituales tareas.
¿La habría seguido? De ser así, si les hubiese visto tendría una buena razón para desaparecer...
Comenzaba a sentirse culpable de su desaparición. Y posiblemente también fuese la causa de la misma.
- Erwin...- articuló en un susurro de voz - dame tiempo... por favor.
- No comprendo.
- Firma la baja de Petra. Finge que está enferma. Que se ha lesionado, que tiene problemas familiares, algo. Lo que sea. Sabes como hacerlo, te lo suplico. Dame tiempo y hazlo.
- Hanji, yo tampoco comprendo que quieres decir – la confusión se extendió hasta Riko.
- Firmad la baja médica de Petra. Poned que se ha resfriado y está en cama. Eso me dará tiempo para encontrarla – se encontraba desesperada. Aquello había pasado por su culpa. Tenía que redimirse. Disculparse o tan solo dejar que le golpease en su estúpida cabeza.
- Hanji,... ¿tienes algo que ver con su desaparición? - Riko comenzaba a preocuparse cada vez más y más. Había algo en aquel asunto que no tenía sentido. El nerviosismo constante de Hanji, la manera en que imploraba tiempo.
- No lo se... por eso necesito encontrarla.
Silencio mientras ambos tenían un combate de miradas.
- Está bien. Te haré ese favor - Cogió una de sus viejas plumas y comenzó a escribir - Esto solo te dará un mes de plazo para encontrarla. Quizás dos. Pero no más. Aprovecha bien el tiempo.
- Lo haré.
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Un portazo en la puerta le hizo salir de su ensoñación. El frío se colaba por el resquicio que quedaba en el marco de la puerta. Se desperezó y se reincorporó en su asiento. Sin ser capaz de resignarse, contempló el amasijo de papeles que se encontraban frente a ella. El expediente de Petra Ral.
Ya llevaba 7 semanas desaparecida. Se le acababa el tiempo de encubrirla y seguía sin tener ninguna pista sobre su paradero.
Durante la primera semana hizo varios viajes a las zonas cercanas a la muralla. Podría haber huido en un alarde de osadía y bravura por su parte. Tal vez robando algún equipo. Pero algo le decía que no la creía capaz de eso. No tenía suficiente experiencia y nunca había salido fuera. No huiría a un sitio que le auguraba una muerte segura.
Pero le resultaba extraño que a pesar de que sus pesquisas le llevaban al interior de las murallas, no había ni una mísera pista de ella. Aunque hubiera salido de la ciudad, debería haber dejado algún rastro.
Nada.
Interrogó a su padre sutilmente, un hombre de mediana edad sin mucha astucia ni entendimiento. Fue fácil hablar con él sin levantar sospechas. Pero no hubo éxito, no sabía nada acerca de ella. Fue un caso fallido. Para el señor Ral, Petra estaba finalizando su instrucción como cabo y en varios meses sería asignada de forma definitiva a algún escuadrón.
El hombre era agricultor. Pasaba sus días trabajando en el campo, cumplía con sus responsabilidades diarias e incluso procuraba llevar al día el pago de sus impuestos. Un hombre noble y sencillo... Por supuesto no sabía nada de la desaparición de su hija.
Tan solo tenía contacto con ella mediante las cartas que solía mandarle. Hacía bastante tiempo desde la última que había recibido. Cosas mundanas, nada que pudiera repercutir en una pista sobre su paradero actual. Nada que él pudiera intuir, nada que indicase intenciones por parte de ella de abandonar el ejército. Siempre relataba que estaba tan orgullosa de ayudar a la humanidad. Sería mejor callar sobre el hecho de que en esos instantes no pertenecía al ejército. Alarmarlo sería peor.
Su madre, según su informe, estaba ingresada en un hospital desde hacía años. Sus medicinas eran demasiado caras, prácticamente imposibles de pagar para un mero trabajador del campo. Petra había entrado en el ejército para poder pagarlas. No abandonaría así como así. Hanji cerró la carpeta y se levantó de su asiento.
-Debo encontrar otra alternativa – pensó en voz alta – Un punto ciego.
¿Y si hubiese sido secuestrada? ¿Y si hubiese tenido un accidente y llevara tiempo inconsciente?
Sin duda, registrar una por una las viviendas de la ciudad sería difícil sin llamar la atención. No conseguiría que el absurdo gobierno le diese los permisos suficientes para ello. Y probablemente sus posibles agresores huyesen al percatarse de que estaba siendo buscada. Por otra parte, si estaba enferma, sería inútil buscar donde podría haberse resguardado.
Por lo que ella sabía, si alguien sufría un accidente o un ataque en mitad de la ciudad, los ciudadanos solían hacer la vista gorda en esos asuntos. Podría estar perfectamente ya enterrada y esa información no llegaría hasta el ejército en años, incluso, porque negarlo, podría nunca llegar.
No obstante, Petra no se le antojaba tan estúpida, ni tan débil. Era lo suficientemente inteligente como para haberse escondido a la vista de todos.
Pero,... ¿dónde?
- Deberías regresar a tu puesto. Los cadetes de tu equipo no saben que hacer sin tí – una voz cortante y conocida, detrás suya, vigilante – Se pasean por tu laboratorio esperando instrucción e improvisando. Si vas a ser su líder, deberías comportarte como tal.
Alzó la vista y observó unos ojos penetrantes que le ofrecían un café humeante. Amargo, detestaba ese sabor. No le gustaba tomarlo, pero no le quedaba más opción que permanecer despierta ante aquella situación. Si debía beber ese líquido oscuro para poder proseguir, lo tomaría.
- Quizás debería decir yo lo mismo de tí, Rivaille – la taza ardía, pero el contacto era agradable – Esta mañana vi a aquellos tres chicos entrenando solos. Creía que querías imponerle tu método de trabajo antes de comenzar a instruirlos.
- …...
Al escuchar el extraño plan de la muchacha de cabellos castaños, él aceptó y a su vez suavizó la desaparición de su subordinada con mentiras y excusas.
Ambos habían comenzado a dar órdenes a sus futuros escuadrones para mantenerlos entretenidos mientras durase su búsqueda. No podrían mantenerlos engañados para siempre, se comenzaban a quedar sin ideas con los que distraerlos.
Por supuesto, su actitud se les antojaba extraña, pero ninguno de ellos se había atrevido a preguntar. Ninguno de los dos era conocido precisamente por su benevolencia. Muy al contrario, sobre todo Rivaille era conocido por los castigos que podía imponer a aquel que se atreviese a cuestionar sus decisiones. Aquellos tres chicos que elegió para formar parte de su futuro equipo no eran menos que el resto y tampoco se atrevían a ello.
Hanji observó la camisa blanca impoluta que le prestase la pequeña muchacha hacía tanto tiempo. Tras entregarle su uniforme limpio olvido añadir aquella fina y ligera prenda. Eso era lo único que poseía de su persona, todo lo que le quedaba. Su único nexo de unión con ella.
- Esta es la única pista que tengo de ella – pasó el uniforme entre sus dedos constatando el perfecto estado en que se encontraba – Esta chica prometía. Nunca he visto un uniforme más impoluto que el suyo.
- No te vendría mal aprender eso de ella.
De repente algo llamó su atención. Al desabrochar la prenda observó la costura de las mangas. Parecía distinta al resto. Más elaborada y fuerte que el resto, como si hubiese sido reforzada y ajustada a su figura tiempo después de haber sido hecha.
Los uniformes de la milicia no eran confeccionados por las mejores modistas, ni siquiera eran de telas resistentes o duraderas. Cada año o cada ciertos meses se veía obligada a pedir una chaqueta nueva, o un pantalón, quizás necesitase un cambio de sus arneses, sus botas, etc. Solían romperse con bastante facilidad. Y aquella costura sin duda era distinta al resto, mucho mejor. Más duradera.
- Vaya, guapa, inteligente, sabe cocinar, sabe coser... ¿hay algo que no sepa hacer esta chica? - se echó hacia atrás algo melancólica - No me sorprende que sea tan popular entre los hombres de la milicia. Yo también intentaría casarme con ella si pudiese.
- Petra también solía hacerse cargo de las suturas de los heridos cuando volvíamos de expedición. - apuntó Rivaille – Incluso se ha encargado de algunas operaciones mínimas, y hasta algunas más graves. Erwin personalmente ha pedido su habilidad como cirujana para ayudar y asistir en el hospital militar. Fue una de las razones por la que la quise entre mis soldados. Nunca viene mal tener a un soldado que pueda soldar una herida grave en 15 segundos.
- No me extraña. Tiene que dejar unas heridas muy limpias. No me importaría que hubiese cosido alguna de mis heridas, probablemente no habrían dejado una marca tan horrible como la que tengo ahora. Como un auténtico doctor...- un extraño pensamiento cruzó su mente.
Comenzó a hojear de nuevo el informe de Petra. Hoja tras hoja. No decía nada sobre sus habilidades curativas. Ni intervenciones, ni con respecto a sus dotes de enfermería, nada. Aquello era raro.
- Rivaille...- comenzó a decir mientras ojeaba las páginas -...¿Por qué no aparece nada de esto en el informe de Petra? Si iba a entrar en un escuadrón, lo lógico sería que se hubiese actualizado su expediente o que se hubiese completado. Muchos de estos datos no son solo de su etapa en la instrucción. Hay otros datos como cadete reglada. Pero no aparece nada de eso. Me extraña que se haya obviado algo tan importante y provechoso.
-Eso... es debido a que Petra entró en sustitución de otro cadete muerto en batalla. Se incorporó de inmediato ocupando su puesto y no hubo tiempo de rehacer su informe – ya conocía la situación, no era algo sorprendente. Pasaba a menudo. Bebió un sorbo del café y permaneció a la espera.
- ¿Qué cadete?- inquirió la muchacha.
- Su hermana - el hombre bajo la vista momentáneamente - Petra tenía una hermana que pertenecía a la tropa de reconocimiento antes que ella. Deberías haberla conocido.
Hanji intentó recordar. En los últimos años había habido algunas mujeres compartiendo su mismo espacio. Algunas murieron, otras pidieron un traslado. Otras cayeron gravemente enfermas. Intentó vislumbrar el rostro de Petra años atrás entre aquellas paredes. No conseguía recordar ningún rostro parecido al suyo.
-Por lo que dicen, tenía el cabello muy corto, e intentaba pasar desapercibida entre los hombres, como haces tú – comentó al tiempo que señalaba a la chica de cabellos castaños y su vieja y gastada malla que oprimía su pecho.
- Cabello corto...- intentó hacer memoria para recordar a aquella muchacha – No lo sé, muchas de las mujeres que vivían conmigo tenían el cabello corto. No puedo recordarlas a todas.
Era un esfuerzo inútil. No había nada que llegase a aflorar a su mente. Absolutamente nada. Aunque...
- Entonces, los datos de este informe... ¿a quién pertenecen? ¿A su hermana?
- Posiblemente. Al ser hermanas, tienen habilidades, conocimientos y rasgos sociales parecidos. Así que no se intervino demasiado en actualizar su expediente. Un simple cambio de nombre, el gobierno es demasiado perezoso como para preocuparse de una soldado cualquiera
-¿Cómo sabes tantas cosas sobre ella sin que estén escritas?
- Va a ser mi subordinada, es mi trabajo saberlo – repitió.
Consideró la nueva información. Si esos datos pertenecían a su hermana y estaban desactualizados. No sabía nada de ella. Petra Ral era una auténtica desconocida. ¿Quién era entonces aquella pequeña chica que iba a despertarla a diario? Cualquier pista que hubiera podido tener se esfumaba entre sus manos como si de agua se tratase.
Se echó levemente hacia atrás en su silla, desesperada. Las ideas se le esfumaban Aquella chica que parecía tan simple tenía una historia tras de sí mucho más compleja de la que esperaba. Siendo tan joven y había aceptado ese cargo tan grande. ¿Cuántos años tenía? ¿16?¿17? Quizás hasta su propia edad sería falsa y fuese más joven. Tal vez unos 14 años. Tan joven y aún así...
Un cadete que pasaba directamente a la legión tras su entrenamiento, llena de determinación. Pero ni aún así, dejaba de asombrarla. Había tomado la decisión de sustituir a su propia hermana en su puesto tan peligroso para preservar la vida de su familia...
- Un momento - una repentina idea se le vino a la mente - Si ella ha tomado el puesto de su hermana sin que nadie se de cuenta... ¿Podría haber tomado ahora también su nombre y su identidad?
-...-el hombre de ojos grisáceos se giró lentamente hacia la mujer contemplando esa situación. ¿Qué había pensado ya? ¿Serían sus deducciones acertadas?
- ¡Rivaille!¡¿Cómo se llamaba su hermana?! - alzó la voz sin contenerse - ¡Seguro que tú lo sabes!
- Lenne...
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Se dirigía a toda prisa a la oficina de su superior. Abrió de un golpe para encontrarse a un asombrado Erwin.
- ¿Qué ocurre Hanji?
- Erwin... aquella chica... ¡Helenka! Dijiste que trabajaba en un hospital infantil, ¿cierto? - alcanzó a comentar colocando fuertemente sus manos sobre el escritorio.
- S-sí... pero Hanji... ese tema sería mejor que-
- ¡Necesito saber cual es ahora mismo!
Su comandante, completamente sorprendido buscó lápiz y papel y anotó una serie de palabras. Hanji lo leyó rápidamente y se guardó el papel en el bolsillo.
- Gracias.
- Hanji, ¿qué es lo que...?- intentó demandar mientras le sujetaba el brazo.
- Erwin... creo que la he encontrado - esbozó una alegre sonrisa - Será mejor que pidas a las cocineras que preparen una buena comida. Nuestra enferma va a poder salir nuevamente de cama.
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Olor antiséptico. Uniformes blanquecinos. Movimiento sin cesar. Mucho ajetreo. Cada batalla traía consigo nuevas desgracias.
El hospital infantil donde había pasado parte de su infancia se abría ante ella. Comenzó a pasear entre aquel mar de ropajes lechosos. Como si estuviese paseando entre las nubes, solo que estas no se apartaban al verla pasar, sino que chocaban con ella y continuaban su curso. No podían detenerse por muy urgente que fuera su causa. No era la primera vez que visitaba ese tipo de lugar, sabía que a los doctores no les importaba en absoluto los asuntos de la milicia. Perfecto, lo prefería así.
No sabía exactamente dónde buscar. Ni qué debía buscar. Ni tan siquiera si allí podría obtener algún dato que le acercase más al paradero de Petra. Pero tenía una extraña corazonada.
Se acercó al mostrador de información diciendo un nombre. La mujer sonrió y comenzó a mirar en un extraño horario.
- Debería encontrarla en la 3º planta. Ala de quemados – recordó con pesar.
Subió los escalones lentamente. No sabía muy bien como debía encaminar la situación. Se había repetido a sí misma que debía tener valor y procurar no dejar que los viejos sentimientos reaflorasen. Pero llegado el momento sentía que sus piernas temblaban como si fuese gelatina. Al contrario que las personas que la rodeaban, Hanji sentía que por unos instantes había perdido todo su instinto profesional.
Había ido allí por una mera corazonada. Un hospital infantil le parecía el lugar más indicado en el que esconderse del gobierno. Existían demasiados tabúes que contrariaban la ocupación de este tipo de áreas. Ningún soldado altercaría en un sitio tan inmaculado e inocente. Ni tan siquiera aquella figura real que les gobernaba se preocuparía de un pequeño hospital de niños tullidos en un distrito olvidado.
Cuando giró en el pasillo hacía el ala indicada. Pudo observar su figura a lo lejos. Alta, delgada y una preciosa trenza rubia caía sobre su espalda.
-¿Helenka Zchrongüer trabaja aquí?- alcanzó a decir.
La figura que esperaba se giró hacia ella y observó durante unos segundos su uniforme.
-Batallón de reconocimiento...¿Te envía el comandante Erwin?- nerviosa y sudorosa. Sabía perfectamente de quién le hablaba y cual era su contacto con su jefe. Sin duda su relación debía mantenerse en el más estricto secreto.
- No,... yo... querría poder hacerte unas preguntas.
- Claro, dime. – continuó vigilante y nerviosa. Cualquier palabra de más que dijese pondría ocasionar un grave altercado.
- Hace 3 semanas... ¿comenzó a trabajar aquí una chica con cabello corto y anaranjado?
- Pues... ciertamente sí. Se ofreció voluntaria a trabajar aquí. Tiene mucho talento. Aunque no he podido trabajar mucho en su zona.
- ¿Cómo se llama?- gotas de sudor comenzaban a caer sobre su frente. El tiempo se le acababa.
-N o he tenido la oportunidad de trabajar mucho con ella, aunque sus intervenciones en operaciones han sido muy populares...- se giró hacia otra de sus compañeras - Mariah, la nueva doctora, ¿cómo se llama?.
- Ummmm... Lani, o Lenni o algo similar, creo.
- ¿Lenne?- apuntó Hanji mientras mordía su labio con impaciencia.
- Sí, algo así creo.
- ¿Dónde puedo encontrarla ahora?
- Debe estar en el quirófano 5. Una niña pequeña ingresó hace una hora con un fuerte traumatismo craneo-encefálico. Debe estar operando. Aún debe de quedarle para varias horas más.
- Gracias – suspiró aliviada. La había encontrado al fin.
- De nada – parecía tan amable y gentil.
- H-helenka...quería decirte que...
- ¿Sí? - volvió a mostrarse nerviosa.
- Cuida de él, por favor – desembuchó al fin.
- Claro – no fueron necesarias palabras para aclararle nada. Sabía a quién se refería. Sentado en su sillón entre cientos de papeles que eran necesarios firmar.
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Se encontraba enfrente de aquellas puertas plateadas. Frías, inertes y completamente carentes de calor humano. Ese tipo de salas eran tan antisépticas le transmitían tal pesar que no podía permanecer en ellas más de unos minutos. Esperaba pacientemente a que la intervención terminase. ¿Sería realmente ella?
Quizás se había equivocado. Era una posibilidad entre un millón, nada le indicaba que estaba en lo correcto. Era humana, podía equivocarse, de eso no le cabía duda. Pero comenzaba a desesperarse cada vez más y más. Había ido hacia aquel sitio guiada por su instinto. Si había sido capaz de tomar el rol de su hermana, ¿por qué no su identidad?
El ejército buscaba a Petra Ral, no a Lenne Ral, ya muerta. De esa manera no sería encontrada.
Sin duda, una jugada muy inteligente.
- No me extraña que Rivaille la aprecie tanto en su equipo - susurró.
Mientras estos pensamientos cruzaban su mente pensó nuevamente en la mujer de cabellos rubios: la "amiga" de Erwin. Desde aquella noche, pensaba que cuando la volviera a ver no podría contener el torrente de reproches hirientes.
Pero... Era tan amable, tan simpática, tan femenina. Sin duda, el tipo de mujer capaz de conquistar a su comandante.
Las enormes puertas se abrieron y varios enfermeros salieron acompañando una pequeña camilla totalmente tapada. Las sábanas dejaban entrever un pequeño cuerpo inerte. La operación no había tenido éxito. Había llegado demasiado tarde.
Le entraron ganas de vomitar. Una sucesión de figuras cubiertas en un uniforme verde salieron a continuación.
Su vista se posó en una pequeña figura. Mucho más pequeña que el resto. El gorro y la mascarilla le tapaban el rostro. Al cruzarse con aquella figura, y ver su cabello desde atrás le pareció ver un rastro anaranjado.
- Lenne...Ral...- balbuceó agarrando el brazo de aquella figura.
Se volvió y abrió sus ojos completamente sorprendida.
- Señorita Zoe...
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En aquella azotea corría una pequeña brisa muy agradable. Las sábanas de las camas estaban tendidas generando una pequeña luz azulada teñida de blanco. El mero ondeamiento de las mismas hacía que pareciesen estar rodeadas de aquellos cúmulos que se encontraban mucho más arriba de su posición. Parecía el cielo.
Hanji Zoe se encontraba sobre la barandilla observando el paisaje. Pensativa, reflexiva. A su lado, la pequeña Petra lloraba mientras miraba al suelo.
Su cabello, que antes atravesaban sus hombros en una elegante melena; ahora, apenas cubría sus orejas.
-¿V-van a ejecutarme?
-...
- Yo... lo siento... me dejé llevar por un arrebato. Se bien que no tengo perdón por haberme ido - no podía dejar de llorar.
- Petra... Tu madre... está muerta, ¿cierto?
- .. ¿Cómo lo...?
-No eres la única que sabe usar su cerebro aquí – las comisuras de sus labios se elevaron mostrando una sonrisa de compromiso. Un actu de pura y simple confianza.
Si su expediente no había sido actualizado tras morir su hermana. Lo más seguro es que su madre ya no existiese. Razón de más para fingir que era ella y proteger así a su propio padre, ajeno a todas aquellas y crueles leyes por las que se veía regida su hija.
Tranquilamente se sentó a su lado y colocó un brazo sobre su hombro. Notaba su temblor, tal vez miedo o tal vez arrepentimiento por haberse dejado llevar por un encaprichamiento momentáneo. O por haber abandonado el futuro de su familia.
- Si tu madre ya no está, ¿por qué decidiste unirte al ejército?
- Mi hermana... murió en combate. Era su 3º misión. Solía venir a verme en sus días libres y me contaba lo excepcional que era su trabajo y el mundo tras las murallas. Cuando murió, comencé a preguntarme si había sido realmente útil en la batalla o si había muerto sin haber logrado ser de ayuda. Me dolía pensar que su nombre no sería recordado como se merecía.
- Para eso tenemos un jardín donde...- comenzó a decir.
- ¡No quiero que ella quede relegada a una flor más entre miles! - le interrumpió.
- Petra, tú eres tú. Ella es ella. Es algo de lo que tienes que ser consciente. No puedes sustituir a tu hermana de por vida. Tienes que desarrollar tu propia historia. Dejar tu propio legado. El suyo ya está escrito y ha sido traspasado a tí. Hizo un buen trabajo y tú tomaste su relevo. Va siendo hora de que tomes tus propias decisiones.
- Lo sé...- inclinó su cabeza ocultándola entre sus rodillas.
- Ni el comandante, ni Rivaille ni yo vamos a entregarte.
Esta frase llamó la atención de la chica, que levantó suavemente la cabeza.
-Eres libre de volver si quieres. No se tus motivos para haberte ido – mentía, recordó aquel extraño momento en las murallas - , pero oficialmente no estás tan siquiera admitida en el ejército. Tu expediente no existe. Es como si nunca hubieras pertenecido al ejército. Pero si deseas volver, volverás de cero, siendo un nuevo soldado recién incorporado, como si nada de lo anterior hubiese pasado nunca. Petra Ral, una cadete que acaba de terminar su formación y ha pedido ser incorporada a las filas del equipo de reconocimiento.
Un largo silencio se hizo entre las dos. La brisa interrumpía sus pensamientos enmarañando su cabello. Ondeante, sedoso. Y dando una disposición tan errónea de la situación. No era para nada relajada. Viento mentiroso que intentaba borrar con sus continuos golpes la carga emocional de aquella situación.
- Hanji-san... usted y el sargento...- intentó decir.
-...No creo que sea algo que realmente quieras saber, ¿cierto?
-...
- Petra – comenzó a decir girándose hacia ella y sujetándole los hombros.- Pase lo que pase entre tu sargento y yo, él nunca te abandonaría. No te va a dejar morir tan fácilmente. Lo sé. Hace años que le conozco y sé su manera de actuar. Aunque nunca lo diga, os eligió entre miles de reclutas, al igual que yo hice con los míos. No has sido elegida por puro azar. De la misma manera que no ha reemplazado tu plaza con nadie más.
-...
- Él nos ayudó al comandante y a mí a encubrir tu fuga...
- ¿Él hizo eso? - un leve rubor en sus mejillas, como si una llama ardiente las calentase - No me merezco esa amabilidad - sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
Hanji observaba a la muchacha con una cálida sonrisa. Comprendía muy bien por lo que estaba pasando. No hacía ni tan siquiera unos meses que había sentido lo mismo. Descubrir que la persona que más admirabas en aquel mundo tenía otro tipo de sentimientos más allá de su sentido profesional por otra persona.
-¡V-volveré1 ¡Quiero dar mi vida en la lucha del sargento! ¡Pero esta vez quiero tener mi propio expediente! ¡Quiero que el informe que lleve mi nombre sea mío! ¡Solo mío! ¡Haré que él se sienta orgulloso de mí! - se tocó la cabeza y recordó su actual cabellera- Ah,... Hanji-san... mi pelo... ¿cree qué alguien se preguntará porqué...?
-Bueno...- torció la boca intentando buscar una solución – Es normal que muchas cadetes prefieran llevar el cabello más corto. Suele estorbar para maniobrar.
- P-pero...
- No te preocupes más por ello. Pensaré una solución - se quitó las gafas y asintió. Acto seguido, agarró una de sus espadas y sujetó fuertemente su pelo - Últimamente hace calor, ¿no?
Dicho esto, cortó su coleta dejándola caer al suelo. Finas hebras de cabello que manchaban el mármol de la azotea.
- ¡Hanji-san!
- Te debía una, ¿verdad? Te he quitado a tu chico.
- Capitana...
Ambas se embutieron en un abrazo y las lágrimas no paraban de brotar de la joven muchacha.
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El sol se ponía. Dos figuras se acercaban al gran patio del cuartel general. Había varios escuadrones entrenando en ese momento. Una pequeña figura observaba atentamente la práctica tomando notas mentales.
-¡Rivaille! - gritó una mujer de cabellos castaños mientras agitaba fuertemente su brazo.
El hombre se giró y miró detenidamente a ambas figuras. La mujer más pequeña de las dos miró avergonzada hacia el suelo. Cabello corto y anaranjado que se volvía más claro por el reflejo del sol.
-S-señor... yo...
-Petra, veo que al fin te has recuperado. Has perdido demasiadas semanas de adiestramiento. Será mejor que te pongas al día y te unas a tus compañeros de inmediato – ordenó secamente.
La chica sonrió ante su reacción.
-¡Sí, señor! - colocó en su mano en el pecho aceptando su nueva vida. Aún sonreía mientras iba a reunirse a sus compañeros.
El hombre con penetrantes ojos grisáceos miró detenidamente a la mujer que se quedó a su lado.
- ¿Y ese pelo? - apuntando a los trasquilones que había dejado- ¿Es un intento de parecer más loca de lo que ya estás?
- ¿No crees que estoy más sexy así?
-...- Sujetó unas tijeras cercanas y se acercó nuevamente a ella – Pareces estúpida. Deja al menos que te lo iguale.
-¡¿Acaso pretendes dejarme el pelo tan raro como tú?!¡Quieto!
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Petra observaba la escena en la distancia. Hanji reía junto a su superior mientras éste le cortaba el pelo. Debido a su estatura, él intentaba que ella se sentase en una silla y ella se burlaba de él por ello.
-Es lo mejor, ¿no?
Una pequeña lágrima rodó por su mejilla. Sonrió pensando si esa sería la última lágrima que derramaría por él. O tal vez no.
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Diossss... santo! He tardado 3 días en escribir esto, sobre todo porque como estoy en la playa me cuesta lo más grande escribir. Os echo mucho de menos, grupo de fb. Espero poder publicar esta parte en cuanto vuelva. A ver si para entonces ya tengo la 8º parte y el especial de todos en la playa (que ya empecé por recomendación de una de los miembros)
Nos leemos!
