Okey... allá va el capítulo 8. ^^

Va con especial inspiración. También escrito en mis vacaciones en la playa.

Como el anterior lo hice con bastante dramatismo voy a intentar que este y el siguiente sea más centrado en la pareja.

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Su cabello apenas coronaba sus hombros, parecía perezoso en su labor para crecer. Ya había pasado más de un año y medio desde que Petra se reinstalase en la milicia. No había vuelto a intentar escaparse.

Aún así, tras algunas campañas y misiones, se sentía tan apenada que iba a la habitación de su vieja amiga y superior a reconfortarse. En ocasiones, no había necesidad de palabras, tan solo el mero contacto con otro ser humano para demostrarte que aún seguías vivo.

Pasado el tiempo, habían llegado a estar muy unidas.

Aquel día comenzó como otro cualquiera. Hanji dejó su cabello suelto y se encaminó a los comedores. Nada fuera de lo habitual. La misma rutina, los mismos movimientos, los mismos pasos. Mientras llenaba su bandeja con la misma bazofia diaria observó a un pequeño grupo animado hablando en la lejanía.

El escuadrón de Rivaille se había reunido y parecía reinar un clima de constante aturdimiento. Había oído hablar de aquella primera misión de campo exterior tan patéticamente desastrosa. El procedimiento con los nuevos reclutas siempre era el mismo: primero una toma de contacto en las cercanías, más tarde se les permitía acudir a misiones más complicadas.

Algunas de esas misiones complicadas que portaban de vuelta siempre menos soldados de los que fueron. Capitanes primerizos inexpertos, novatos asustados. No era algo que en esos momentos le extrañase, tenía suerte de continuar viva y volver en cada misión. Aunque, tal vez, en alguna de ellas no lo haría. O, tal vez, quién no volviera fuera aquellos que estaban a su cargo.

Y allí estaba el escuadrón más prometedor de todo el equipo de reconocimiento, prácticamente completo y comiendo en silencio. Actualmente, la vergüenza de aquella sala. Era de esperarse que tras un contacto y que no podían llegar a entender el pavor corriese por sus venas. O, en aquel caso, por otra zona.

Mike tocó su hombro indicándole que se acercase con él para levantar la moral a aquellos desvalidos e indefensos muchachos. Tal vez si era uno de sus capitanes quién les animaba la cosa sería ampliamente distinta.

- Venga chicos, borrad esas caras largas. Nadie os va a reprender por vuestra actuación en el campo – Mike se sentó junto a Erd y le palmeó la espalda – Aunque, sinceramente, nunca había oído que nadie se orinase encima.

- ¡C-capitán por favor! - suplicó Petra.

- Capitán Zakarius, ahora por culpa de ellos, creen que Gunther y yo también nos asustamos, ¡somos el hazmerreir del cuerpo de reconocimiento!

- Sois unos exagerados, a nadie le importan ese tipo de cosas. Muchos de los que hay aquí dan las gracias por haber vuelto vivos y dudo que recuerden vuestro incidente nunca – Hanji vertió la leche caliente sobre su taza y guiñó un ojo a Petra - ¿Dónde está el otro? ¿Problemas de vegija de nuevo?

- C-capitana – suplicó de nuevo.

- Capitana, Zoe, verá. Está entrenando porque es un inútil y no quiere volver a hacer el ridículo. Será mejor dejarlo solo, ya vendrá a comer cuando se canse – comentó aburrido el chico rubio de cabello recogido.

- No se porqué os preocupais tanto por este tipo de misiones. En mi primera misión, Mike tuvo que ayudarme a salir de allí y salvar mi culo. ¿Verdad? - se ajustó sus gafas mientras intentaba que los mechones que aún estaban creciendo lo te tapasen la cara.

- Sí, pero a tí te esperaba Erwin para reprenderte. Y Erwin siempre ha sido muy blando contigo – aunque a veces pensaba que era más bien que ella era demasiado indomable para que su comandante pudiese controlarla - A estos chicos los ha tenido que animar Rivaille. Y dudo mucho que Rivaille los haya recogido con una sonrisa en el rostro.

- En absoluto, el sargento nos miró seriamente y no dijo nada. Fue humillante. Por eso aquel idiota está aún entrenando – murmuró Petra.

- ¿Ves? Rivaille no va a sonreír para ellos.

- Mike, eres un idiota – bufó Hanji – deja a los chicos en paz. Rivaille anima a su manera. Sabes que es así de raro.

- Ciertamente... me pregunto que cara debe tener Rivaille cuando está contento – mesó su barba mientras se echaba hacia atrás localizando la mirada de su compañer - ¿Alguna idea?

- Yo creo que el sargento no sabe sonreír - intervino Erd cortante.

- Coincido contigo compañero. Ese hombre no debe haber sonreído en su vida. Tal ves haya tenido una mala vida - apuntó Gunther.

- A mí me pareció verlo una vez soltar una sonrisa macabra mientras limpiaba el suelo del despacho – Mike era incapaz de aguantar la risa entre aquella conversación tan absurda.

A veces era necesario descansar de su ajetreada agenda y sus quebraderos de cabeza habituales para debatir acerca de ese tipo de temas mundanos. Y en aquella situación y para no forzarles a sí mismos en autorecalcarse sus errores, dirigir el tema de conversación hacia uno que les forzase a no pensar en ello era lo más adecuado.

- N-no digáis esas cosas, el sargento sonríe como todo el mundo. ¿Verdad, Hanji-san? - giró su rostro dirigiéndose a su superior.

- Ammm... esto...- alzó la cabeza y miró hacia el techo - No lo sé, creo que nunca le he visto sonreír. Ahora me pica a mi también la curiosidad. Mike, tu y Erwin compartís barracón con él, ¿cuando se está bañando tampoco le cambia la cara?- preguntó maliciosamente el hombre rubio con coleta.

- La verdad - una expresión de horror se dibujó en el rostro del hombre - da aún más miedo mientras se ducha. Yo siempre intento ducharme lo más alejado de él. Parece que vaya a matarte si miras sin querer a donde no debe - una gota de sudor frío caía sobre su frente.

Un silencio sepulcral se hizo entre el grupo. Rivaille se había ganado a pulso su respeto por todos las personas que se encontraban en aquella mesa. No llevaba demasiados años en aquella tropa, pero su nombre reverberaba no solo por su fuerza, sino por su imponente fachada.

- Por cierto, ¿qué cara pone Erwin mientras se ducha? - inquirió picaronamente la mujer de cabello castaño.

-Jejeje - una sonrisa malévola apareció en su cara - Erwin... tararea en la ducha.

Sonoras carcajadas que retumbaron por todo el comedor llamando la atención del resto de comensales. Realmente necesitaban aquel tipo de descanso y relajación. Una manera única de descansar de las tensiones del exterior.

- El único normal de ese barracón soy yo.

- ¿Normal?- le imitó olisqueando alrededor suy como una cariñosa burla.

- Shhh, llamáis la atención de todos - la chica de cabello cobrizo reclamó silencio mientras intentaba contener las carcajadas.

- Hablando de caras, - retomó Mike el tema nuevamente - hay una cara que tú deberías haber visto que ninguno de nosotros lo hemos hecho – señaló a su compañera con una amplia sonrisa.

- ¿Yo? - la mujer con gafas no comprendía la cuestión.

Extraños susurros y sonrojos se propagaron entre sus subordinados. Risitas ahogadas y murmullos mientras la señalaban. Hanji Zoe era una astuta estratega e incluso era conocida por ser una de las mentes más privilegiadas de aquellas murallas.

Pero, en el terreno sentimental, aún había cosas que se perdían a su imponente cerebro. Quizás por falta de experiencia, desinterés, o simplemente que nadie antes se había encargado de instruirla en aquel tema. Cuando eres un soldado, no hay tiempo para pensar en nada más.

- Ya sabes... en la cama...- insinuó el capitán mirando hacia otro lado con disimulo.

- ¿En la cama? - comenzó a decir inocentemente la chica - Pone la misma cama mientras duerme, siempre serio y enfadado. Aunque...- continuó riendo - a veces babea...¡Es tan tierno!

Un silencio sepulcral se hizo de nuevo. Caras horrorizadas por parte de todos los comensales de la mesa. La imagen de su superior en ese tipo de situación era lo más escalofriante que podían llegar a imaginar.

- Dudo mucho que esa expresión sea tierna- pensó Erd.

- Debe dar miedo dormir junto a ese hombre - musitó en voz baja Gunther - la señorita Zoe es muy valiente.

-¿Hasta durmiendo mantiene esa cara?- se cuestionó horrorizada Petra.

Un extraño y nuevo respeto se generó hacia el pequeño líder de escuadrón. Mike se acercó al oído de la mujer y le masculló una extraña pregunta. Comenzó a sonrojarse según le decía.

-¡No! ¡¿Cómo quieres que sepa eso?! ¡No hemos hecho nada de eso! – el rubor la delataba ante lo avergonzante que resultaba esa confesión.

-... ¿Nada?...¿Ni después de tanto tiempo?

- ¡Nada!

- Tche. Mi respeto hacia Rivaille se ha perdido – se sujetó el rostro de manera teatral hundiendo sus codos en la mesa.

-¿Hacia quién has perdido el respeto? - preguntó una voz cortante detrás suya.

Rostros espantados por doquier. Mientras hablaban el pequeño sargento se había acercado sigilosamente hacia ellos. Su agilidad y capacidad de permanecer en silencio le convertían en un arma mortal. Y era capaz de aparecer y desaparecer cuando quisiera, en cualquier instante.

-Heichou...- Petra observaba horrorizada y avergonzada su plato de comida - B-bienvenido.

El pequeño hombre se sentó entre sus dos iguales. Ambos le esquivaban con la mirada y fingían que no había pasado nada ni habían estado hablando sobre él. No le gustaba tener que soportar esas bromas absurdas. Cuanto más las tolerase más tiempo perderían en intentar provocarle.

- ¿Por qué ibas a perderme el respeto? - se inclinó hacia ambos con una tez amenazante.

Mike no paraba de sudar nerviosamente. No sabía que excusa inventarse. Tan solo el hecho de contener las risas se estaba convirtiendo en algo imposible de hacer.

- Ah, pues veras Rivaille, todos se preguntaban que expresión tienes cuando sonríes - intentó cambiar disimuladamente de tema Hanji, sin llegar a sacar aquel que comentaban minutos atrás.

-¿Sonreir? - su mirada se volvió aún más intensa – Menuda gilipollez. Si invirtierais menos tiempo en debatir esas tonterías y más a entrenar seríais mejores soldados y no obtendríais calificaciones tan desastrosas.

Hanji escuchó tranquilamente su discurso sobre la importancia del entrenamiento y la disciplina completamente aburrida. Una absurda y elocuente charla acerca de la fatiga mental y física, el culto al ejercicio, la doctrina diaria. Cuando se hartó de oírle cogió sus mejillas y las elevó generando una macabra sonrisa en la cara de su compañero.

-¡¿Qughe hagces?!- una vena de furia apareció en su frente.

- Soy una científica, experimento – comentó - Experimento constatado, das miedo hasta sonriendo.

Las caras del resto de comensales se había vuelto totalmente tétricas. Cada una de ellas emulaba algún tipo de mueca de terror. Nunca habían imaginado que pudiese ser tan escalofriante. Solo era un hombre, pero a veces, no era necesario ser sobrenatural para acongojar al resto de la humanidad.

-La capitana Zoe tiene mucho valor - pensaba Erd - No me extraña que haya logrado alcanzar ese puesto tan rápido.

-Es el demonio - decía para sus adentros Mike mientras contenía la risa.

- Sin duda, ella es la única mujer inmune a su mirada penetrante. Ahora comprendo porqué es la única mujer que ha conseguido domarle - dilucidaba la pequeña Petra.

Aquel día pasó sin más sobresaltos, entre risas y carcajadas. Aunque, un extraño pensamiento se quedó implantado en la mente de la mujer de cabello castaño. Esas mismas preguntas que aún resonaban en su oído.

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Ya llevaba varias semanas pensando sobre aquello que Mike le había dicho al oído. No había vuelto a sacar el tema ni a preguntarle. Pero ella no podía parar de pensar en eso. Debía reconocer que no había pensado antes en ello, y se sentía como si acabaran de descubrirle una verdad conocidas por la amplitud de la sociedad.

- Sexo, ¿eh?...- murmuró en voz baja

A sus 21 años, todavía no había tenido relaciones sexuales. Y su extraña pareja tampoco se había pronunciado al respecto, ni tan siquiera había surgido esa conversación. En cierto modo, le daba la impresión que él evitaba hablar de ello. Si quería que algo ocurriera, tenía que ser ella quien diese el primer paso.

Poco a poco se descubrió leyendo viejos y empolvados libros sobre el tema. Todos llenos de telarañas y en desuso. No le extrañaba, eran realmente poco instructivos. Prácticamente ninguno actualizado. No daban demasiada prioridad a ese asunto en las bibliotecas a las que podían acceder los reclutas.

Sin duda, al ejército les daba igual educar a sus soldados en ese tema. En definitiva, al fin y al cabo, se presuponía que no se podían tener relaciones entre compañeros.

Norma que prácticamente nadie respetaba.

Volvió la vista hacia el trabajo acumulado frente a ella. Si tenía suerte, en una de las próximas expediciones se le permitiría la captura de algún ejemplar para su estudio personal. Aunque era algo que llevaban rechazándole meses. Pero no desistía, abrió de nuevo su informe y comenzó a escribir. Esta vez no dejaría que se lo rechazasen.

Tenía que hacer una buena investigación para convencer a sus superiores. Por supuesto contaba con el apoyo de su viejo amigo Erwin. Pero convencer a otras instancias era más difícil. No era la primera vez que se enfrentaba a aquellos cabezotas.

Parecía que el destino le jugaba una jugarreta y le arrebataba el tiempo para su vida personal.

-¿Quién tiene tiempo para pensar en eso? - masculló para sí misma.

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Cruzó el pasillo ansiosa por ver a su amiga. Llevaba tiempo sin verla debido a que sus departamentos no tenían demasiada conexión. Su cabello plateado siempre recogido por dos horquillas brillaba en la distancia. Reconocible a la perfección, no había cambiado nada.

-El pelo suelto te da un aspecto muy femenino - apuntó Riko.

- Ya, pero es un fastidio no poder recogérmelo en condiciones. Es muy molesto para las misiones, el pelo me tapa la cara y se enreda mucho en la sujección de mis gafas - suspiró - Y a Levi tampoco le gusta, dice que lo prefiere más largo para poder tirarme de la coleta si digo alguna estupidez. Disciplina, así lo llama él.

- Ya, Rivaille... Tengo que preguntártelo, últimamente hablas demasiado de ese tipo ¿Qué clase de relación tienes con ese imbécil? - la curiosidad la embargaba.

Hanji se había hartado de contarle aquel extraño contacto que tuvieron en las murallas. Hacía tiempo que habían dejado de ser solo amigos. La excesiva cercanía que se tenían ya resultaba hilarante. Pero ni siquiera ella misma estaba segura de que significaba toda aquella relación suya.

- Bueno,... a veces, cuando tengo insomnio o salgo tarde del laboratorio de investigaciones me deja dormir con él.

-¿Y? ¿Eso es todo? ¿Nada más? - su cuerpo se abalanzó de manera inconsciente hacia ella en modo de réplica.

- A veces,... nos besamos y nos abrazamos - respondió desviando su mirada hacia el suelo – Y hablamos... No sé, lo normal

- Os besáis, dormís juntos... ¿es algo oficial? ¿Sois pareja?

-...No lo sé. Somos buenos amigos, eso creo. Quizás... - dudó unos instantes – algo más que amigos, supongo. No creo que realmente seamos una pareja – esas cosas se le daban mal y no sabía bien como expresarse.

- No me lo puedo creer - buscó un asiento donde poder descansar y echó la mirada hacia atrás - Creo que te hace falta consejo urgente femenino. Tú no eres ese tipo de chica Hanji, ¿realmente no quieres algún nexo más en común con él o realmente te conformas con dormir con él de vez en cuando?

- No puedo evitarlo, nuestros trabajos son muy distintos. Él participa en todo tipo de instrucciones tácticas. Mi trabajo es de investigación. Rara vez coincidimos. Incluso en combate suelen mandarnos a zonas distintas. Mi escuadrón y el suyo solo colaboran en otro tipo de situaciones, no siempre podemos estar juntos.

- Eso no significa que no defináis vuestra relación. Para empezar, ¿qué siente el por tí? ¿te lo ha dicho claramente?

Los cristales de sus gafas se empañaron al recordar la única palabra que había mencionado para declararse. Sintió un extraño dolor en el centro de su pecho, ¿más viejas heridas? ¿o era de nuevo su corazón quejándose?

- Rivaille...es bastante rudo para hablar. No lo dijo claramente... pero me dio a entender que creía estar enamorándose de mí - comenzó a sonrojarse.

-¿Y tú?

- Creo que también siento lo mismo.

-¿Y aún así no te ha pedido que salgas con él? ¿Tan solo te quiere para cuando necesita desfogarse o qué? ¿Estás segura de que siente algo por tí y no te lo has imaginado tú? Nunca he visto a ese tipo emitir ninguna emoción, dudo que sea capaz de enamorarse - su puño se cerró con ira - Como se esté burlando de tí...

-...

- De todas formas, ¿me has citado para hablar de esto solamente?

- No, bueno, yo...- tragó saliva delicadamente - Riko, ¿Has tenido sexo alguna vez?

El cabello grisáceo de la chica comenzó a destilar ondas rojizas debido al reflejo de su rostro. Una pregunta inesperada que no pensaba que llegase a salir de sus labios.

- Yo... bueno... jeje - respondió nerviosamente - Un par de veces... con un chico de mi departamento,... que ya no está - recordó con cierto dolor.

Hanji no quiso preguntarle más sobre el tema para no dañarla. La abrazó cariñosamente acariciando sus delicados cabellos plateados.

- Lo siento...

- No te preocupes- sonrió gentilmente - Si quieres acostarte con ese engreído quizás es mejor que antes os defináis mejor.

Acarició el rostro de su amiga y le devolvió el abrazo. Definirse... ¿era algo necesario? ¿Lo necesitaba ella? Tal vez solo necesitase saber si no era ella la única que sentía todos aquellas constantes punzadas.

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Hacía bastante calor esa noche. Salió a dar un paseo intentando conciliar el sueño. Posó sus pies desnudos en el parqué y salió de su habitación. Suelo caliente que derretía la piel de sus pies.

Fijó su mirada en el pasillo buscando una puerta concreta. ¿Debería ir con él?. Debido a la conversación semanas atrás con Riko, había comenzado a evitar esos encuentros con su extraño amante. Hasta que su mente no se encontrase más clara prefería no arriesgarse al pasar a otro ámbito.

Subió al tejado del edificio y se tumbó sobre el mismo. Contempló las estrellas pensando seriamente acerca de todo aquel asunto. Sentía algo fuerte por él. No sabía si solo le gustaba, o era algo más. Tal vez era cariño, o necesidad. O ambas cosas. ¿Amor? ¿Qué era el amor realmente? En aquellos instantes se maldecía por no haber invertido ni un segundo de su vida en averiguar nada acerca de todas esas sensaciones que ahora la embargaban y no encontraban respuesta. Por lo visto, todos los libros leídos en su infancia no le eran ahora de utilidad. Amor...

Pero, ¿era correcto condenarse como pareja? Quizás sería más doloroso si algo le ocurriese al otro. Quizás por eso él no había intentado nada. Quizás por eso ella tampoco se atrevía a hablarlo. O quizás todo era un vil excusa ideada por sí misma para tapar su cobardía.

Se incorporó dispuesta a volver a su habitación cuando resbaló con una de las tejas, haciéndola rodar hacia fuerte mano la sujetó antes de precipitarse hacia el suelo.

- ¿Qué se supone que haces, idiota? - aquellos ojos grisáceos la miraban con la misma intensidad que siempre. Nada había cambiado.

- Ah, yo... hacía calor, resbalé y … jeje - intentó disimuladamente apartarse de él.

Él la siguió sujetando fuertemente del brazo y no la dejó huir tan fácilmente. De nuevo su mirada inquisidora, acusándola. Como si fuese un interrogatorio. Y no se sentía en esos momentos lo suficientemente fuerte como para inmunizarse a él.

- Espera, ¿qué te ha pasado últimamente? ¿Estás frustrada por no avanzar en alguna investigación o te han denegado algún permiso de experimentación? Como sea, ¿porque la pagas conmigo?

- Yo no...

- Me evitas. Antes tenía que soportarte casi cada noche en mi cama. Ahora prácticamente ni me saludas. Algo te ha ocurrido - sus acertadas palabras parecían atravesarle como puñales acusatorios.

Se echó a llorar y desplomó todo su peso en aquellas sucias tejas. Él la sujetó en brazos y la bajó de allí.

- Es peligroso estar aquí, ven a la sala común - no sabía porqué cuando el la sujetaba se sentía muy liviana; se recostó en su hombro y siguió llorando.

Encendió un candil y puso una tetera a calentar agua. En dos pequeñas tazas sirvió dos bolsitas de té relajante. El aroma humeante de la porcelana inundaba sus fosas nasales. Era tranquilizador y anestesiante.

- ¿Qué te pasa? - su rostro estaba tan cerca que sabía que no podría mentirle.

- Últimamente me encuentro algo pensativa, eso es todo.

- ¿Pensando en qué? - retiró el agua hirviendo y lo sirvió en las tazas.

Tragó saliva y se encogió en aquel sillón. Necesitaba fuerzas para preguntar aquello. Aquella fuerza que habitualmente le embargaba y que aquellas semanas le había abandonado. ¿Había vuelto a ser aquella niña indefensa que era cuando entró en aquel equipo? ¿Todo por qué? ¿Por haberse enamorado? Recuperó su confianza y escupió la pregunta que llevaba rondándole todo aquel tiempo.

- Levi, ¿qué soy yo?

- Hanji Zoe, líder del escuadrón de reconocimiento destinado a investigaciones especiales - respondió secamente - ¿Tantos años y aún no sabes ni cuales son tus funciones en este cuartel? Se que Erwin puede ser confuso, pero...

- No, quería decir, qué soy yo para tí - bebió un sorbo del té y aquel calor bajó por su garganta dándole valor.

- No te entiendo, habla más claro.

- Quiero saber claramente que sientes por tí. Si no me lo dices no puedo seguir fingiendo que es lo que yo creo y acostarme en tu cama cada noche. Necesito saber que soy para tí. Yo...¿soy tu amante, tu compañera, tu amiga o un simple agradable contacto ocasional? Esto no tiene nombre y me confunde mantener una relación que no se ni que es.

El hombre se quedó impresionado con la pregunta. Dejó tranquilamente la taza sobre la mesa y se sentó a su lado. La rodeó con uno de sus brazos y la acercó hacia él. Su olor a jabón y a frescura. Se debía haber duchado hace poco.

- Puedes ser lo que tu quieras. Podemos salir juntos, ser mi novia. Si así lo quieres llamar. - el contacto con él hacía que pudiera sentir perfectamente los latidos de su corazón - Realmente no me importa como se llame esto. Pero no vuelvas a llorar por eso. Es molesto.

Sintió como la cabeza del hombre se inclinaba hacia atrás cansado para recostarse en el sofá. Ella se tumbó sobre él y le acarició su rostro.

Sus labios se unieron nuevamente tras varias semanas de asusencia. Él la aprisionaba entre sus brazos. Aquel era su primer beso como pareja. Una extraña fogosidad se apoderó de ambos y sus lenguas comenzaron a jugar en sus bocas.

Ella dejó caer su cuerpo completamente sobre él. Se acomodó sobre su torso y comenzó a sentir una extraña protuberancia a la altura de su cadera. El tacto era duro y rígido. ¿Podría ser...? Él se separó levemente de ella, eliminando ese contacto y tumbándola a su lado. Como si intentase ocultar ese extraño roce surgido segundos atrás.

- Rivaille, tú...- comenzó a decir mientras él intentaba evadir su mirada.

Unos pasos cortaron su frase antes de poder terminarla. La figura que acababa de entrar en la sala común se acercó a la despensa y abrió un par de puertas del armario.

Elevaron un poco sus cabezas a través de los brazos del sofá para vislumbrar a su inesperado visitante. Su comandante se encontraba de espaldas a ellos bebiendo tranquilamente un vaso de leche.

- ¿¡Es que este hombre no duerme!? - escupió Rivaille enfurecido. Una pequeña risa apenas audible salió de los labios de ella.

Se quedaron un rato esperando mientras Erwin lavaba el vaso que acababa de utilizar y lo dejaba nuevamente en la despensa. Parecía como si quisiese tardar más a propósito. Lárgate, lárgate de una vez, era todo lo que alcanzaban a pesar.

El tacto duro en su cadera había desaparecido.

- Por fin se ha ido - carraspeó levantándose por fin del sofá - Voy a dormir -se giró hacia ella - ¿vienes?

- Solo si me llamas cariño.

- Idiota - la miró desafiante.

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Contempló unos instantes su rostro dormido. Como siempre inalterable. Pensó detenidamente en aquel extraño arrebato fogoso de ambos. Sintió una extraña opresión en su pecho. El recuerdo de sus labios en ese pasional momento era imposible de olvidar. Completamente imposible.

Sabía que quería que aquel momento hubiese continuado. Se recostó sobre la almohada y recordó aquel intenso beso. Se acercó a él y besó sus labios despertándolo.

Abrió sus párpados con un gesto malhumorado.

- ¿Qué haces?

- Despertarte.

- No me extraña que te hayas criado junto a Erwin, ninguno de los dos dormís – se giró hacia el otro lado volviendo a cerrar sus ojos.

- ¿No quieres que tu novia te despierte con un beso?

-...

Volvió a acercar sus labios y los juntó con los de él, que suavemente le devolvió el beso. Sintió el contacto de su lengua lamiendo sus dientes. Ella abrió su boca y dejó que ambas lenguas se entrelazaran.

- Creo que no me importaría despertar así cada día – claudicó finalmente.

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Varios meses más tarde, nada nuevo había ocurrido. Y aquella situación no había vuelto a suceder. Se encontraba en su puesto firmando varias autorizaciones a sus subordinados para el manejo de material explosivo destinado a la experimentación. Como cada día, rutina, rutina, rutina. ¿Cuándo podría volver a salir afuera? El gobierno eran tan restrictivo en aquellos asuntos.

Entró en el despacho del comandante dispuesta a entregarle aquel amasijo de papeles, bostezando por aquella monotonía. En una mesa cercana, Rivaille tomaba notas de unos libros que tenía abiertos.

Datos de campo, pensó. Alguna otra estrategia militar.

- Rivaille, ¿dónde está Erwin? Tengo que entregarle esto y que lo selle.

- Ha salido a revisar la equipación que acaba de llegar – comentó sin apenas levantar la vista.

- Ammm, entonces le esperaré aquí – mientras hablaba se sentó sobre el escritorio de su superior algo pensativa.

Un silencio abismal reinaba en la sala. El hombre de cabello negro no quitaba sus ojos del papel que tenía frente a sí. Demasiado obnubilado por el trabajo que debían hacer. Como siempre, ni un solo segundo para pensar en su relación.

En aquellos meses había comenzado a dormir juntos cada vez más a menudo. Se despertaban entre besos y caricias. La duda que llevaba corroyendola más de medio año volvió a surgir.

- Rivaille, tú...¿has pensado alguna vez en acostarte conmigo? - claudicó finalmente.

La única respuesta que obtuvo fue la de un lápiz rompiéndose contra el papel. Se acercó tranquilamente al hombre que buscaba afanosamente otro lápiz para seguir escribiendo.

- ¿Has o no has pensado en ello? - le sujetó la cara frente a ella, encarándolo.

-...- desvió su mirada hacia un lado - Claro que he pensado en eso.

- ¿Y por qué no lo has hecho?- se alteró elevando un poco su voz.

- Que pretendes, ¿qué te viole?- encontró el lápiz que buscaba y se dirigió de nuevo a su trabajo - Estoy esperando a que estés preparada.

- ¿Y cómo sabes si estoy preparada o no si nunca lo has preguntado?

- ¡Agh, idiota! Está bien, cuando estés preparada dilo.

Volvió a ignorarle y continuó realizando su tarea. La mujer se dio media vuelta y cerró sus puños fuertemente.

- De acuerdo - tomó algo de aire y volvió a hablar- Estoy preparada. Quiero hacerlo esta noche.

Otro lápiz roto.

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Originalmente este iba a ser un capítulo entero. Pero decidí cortarlo porque si no era demasiado largo.

Ainssss, ¿que pasará?

Ya tengo el siguiente capítulo preparado. E iré actualizando día por día con todo lo que escribí en mis vacaciones. Espero que sigáis animándome como hasta ahora. ^^

Un saludoooo