El esperado capítulo 9.
Quería saciar vuestras mentes pervertidas, así que va a ser lemon. Si tenéis mentes puras o simplemente no os gusta la pareja será mejor que no sigáis leyendo.^^
.
.
.
Pasó la toalla por su húmedo cabello que chorreaba por su espalda. Acababa salir de la ducha. Por lo general, debido a la intensidad de su trabajo solía ducharse una o dos veces por semana. Pero esa noche sabía que no podía saltarse el baño. Necesitaba estar lo más limpia posible. Vaciló un poco mirando la puerta, quizás debía volver y frotarse la piel con más fuerza.
Abrió su armario buscando ropa. Con el paso de los años, había decidido abandonar la vieja malla que utilizaba por un cómodo sujetador deportivo, siendo sustituido por una camiseta ajustada.
Asimismo, decidió también prescindir de esa ropa interior opresiva cuando no estuviese de guardia. Por consejo de Petra había comenzado a usar un sujetador que elevaba su busto y lo realzaba. Su ropa no era excesivamente femenina, pero aquella pequeña pieza de tela le daba un aspecto más sensual.
El único que tenía, no demasiado provocativo, pero era lo más bonito que tenía. Lo colocó sobre su busto y busco la pieza inferior que ponerse.
-Necesito renovar mi ropa interior – suspiró con resignación.
Continúo su afanosa búsqueda en el ropero. Más y más prendas que volaban por la habitación. Ninguna era lo suficientemente adecuada. No tenía faldas ni nada que pudiese considerarse sexy o provocativo. Al final optó por unos shorts ajustados y una holgada camisa de tirantes. Parecido a la ropa que solía llevar cuando entrenaba.
"¿Qué más da?, se supone que no debería durar mucho con la ropa puesta".
Se acercó al espejo donde se solía mirar a menudo y se quitó las gafas. A pesar de no poder enfocar bien, podía distinguir una silueta. Una mujer le miraba al otro lado del espejo. Con grandes ojos avellana y una figura no demasiado femenina.
Se sentó en su cama y esperó pacientemente.
.
.
.
Horas antes...La decisión...La espera...La respuesta final...
-¿¡Acaso sabes lo que estás diciendo!?- repuso enfadado golpeando fuertemente la mesa con sus manos - No es algo que se decida a la ligera.
-¿Te crees que no lo se? Llevo mucho tiempo pensando en eso. Preparándome mentalmente para ello - mordió su labio con furia - Ya no soy una niña. No me trates como me trata Erwin. No me voy a romper. Tengo derecho a tener mis propios deseos.
Se volvió a sentar en su mesa pensativo y con ambas manos sobre su cabeza. Contempló la horda de trabajo que aún tenía que acabar. Aquel mundo era demasiado estresante. Odiaba aquel estrés continuo sin poder centrarse en otras tareas. Sin poder pensar en ese tipo de cosas.
-¿Por qué quieres hacerlo? - renunció al fin.
-Vivo en un mundo demasiado peligroso. No se en que momento puedo caer vencida. Ese miedo me invade cada día y cada noche. No quiero tener arrepentimientos cuando muera. No quiero arrepentirme...- meditó unos segundos - ...de no haber experimentado todas las sensaciones de esta vida. Soy una científica después de todo, mi trabajo consiste en probar todo lo que pueda.
Su mirada se posó en el suelo y respiró profundamente. Él hombre la miraba con resignación. Respirando con fuerza y luchando por tranquilizarse. Quizás si había hablado a la ligera, y en el momento menos adecuado, pero no podía volver atrás. La elección estaba hecha.
-Hanji - pronunció casi en un susurro -¿Sabes lo que eso supone?
Ella asintió. Hasta ahora habían trascendido ligeramente las normas. Aún si les destapaban como pareja no podrían darles más que un sutil escarmiento. Las relaciones sexuales eran un tabú mucho mayor. En ocasiones penados con la expulsión del cuerpo de élite.
En casos extremos, podría ser peor que una simple expulsión. Ambos eran líderes de escuadrón, trabajaban codo con codo, día a día. No sabrían como disimular que aquel acercamiento no supondría ningún impedimento en su trabajo. Sin duda, aquel sería uno de esos casos extremos.
Él se acercó a ella y la besó suavemente. Unos pasos sonaron en el pasillo y se separaron drásticamente.
-Te iré a buscar esta noche - fue lo último que oyó de sus labios.
.
.
.
Su cabello comenzó a ondularse conforme se secaba. Su respiración y su impaciencia parecían crecer por momentos al mismo tiempo que su pecho se negaba a tranquilizarse y a quedarse parado. Su corazón seguía golpeando desde dentro intentando salir con fuerza, atravesando su piel. Nunca en toda su vida se había sentido tan nerviosa.
Unos golpes suaves se oyeron a través de la puerta. Precisos pero claros.
-Soy yo - aquella voz cortante que tanto conocía.
Abrió la puerta y se encontró con el joven muchacho vistiendo un pantalón holgado de color caqui y un suéter con cuello en pico gris que dejaba entrever su sugerente clavícula. Una pequeña sonrisa surgió en su rostro. Las ropas que llevaban ambos se le antojaban a su ropa habitual para descansar Al parecer no era la única nerviosa.
- No tienes que hacerlo si no quieres - su penetrante mirada atravesaba sus ojos. Sin dejarla huir, ni esconderse.
Ella besó tiernamente su mejilla y le sujetó la mano.
-Vamos.
Acto seguido el pequeño hombre la condujo a su habitación. Miró hacia ambos lados y la introdujo dentro de la sala. Volviéndose a asegurar que nadie los había visto entrar, cerró la puerta.
Una luz blanquecina reinaba en la habitación. Casi cegada esperó hasta que sus pupilas se acostumbrasen a la luz y cediesen en su dilatación. Decenas de velas colocadas sobre los muebles alumbraban la oscura habitación. Parecían extrañamente desgastadas, se preguntó cuantos soldados dormirían aquella noche sin la luz de sus candiles por aquel ladrón que había robado toda iluminación en el cuartel. Sobre la cama, pétalos de colores llamativos adornaban las sábanas blanquecinas.
Se acercó con detenimiento a la cama y examinó las flores. Suaves y algo resecas, posiblemente por el traslado. Eran silvestres. Debía haber salido afuera a buscarlas. Aquel extraño gesto hizo que una punzada se clavara en su pecho. Pequeños detalles que no pensaba que sería capaz de tener.
Se volvió hacia el muchacho que la observaba tranquilamente y le abrazó con cariño. Después de un sinfín de besos y abrazos ambos cayeron sobre el duro colchón. El fino cabello del muchacho acariciaba la cara de ella, haciéndole cosquillas.
Su mano sujetaba su cara mientras urdía su lengua dentro de su boca. La otra comenzó a dibujar el abdomen de la mujer subiendo tranquilamente, hasta su pecho, pero sin detenerse.
Notó el roce delicado al posarse sobre el sujetador.
-¿Qué es esto?- parecía extrañado por el extraño tacto que tenía ante sí.
-¿Te gusta? Me lo ha regalado Petra.
Observó detenidamente el busto de la mujer que yacía bajo él y vio que estaba más elevado que de costumbre, por unos instantes pensó que tenía más pecho del habitual. La curiosidad se embargó en él y comenzó a levantarle la camiseta de tirantes que llevaba. El color azulado de la prenda que le cubría se dejó ver al fin.
Contempló aquello unos instantes y rodeó el busto de la mujer con sus brazos. Alcanzó su espalda y ascendió por su espina dorsal hasta llegar a la zona que continuaba vestida, acariciándola e introduciendo sus dedos por detrás.
Sus manos se peleaban con el complejo cierre del sujetador sin poder abrirlo. Era realmente extenuante, podía sentir como ella se agitaba intentando no burlarse en aquella situación.
- Mañana pondré a Petra a correr durante 4 horas - emitió en un tono de fastidio.
Ella rió y colocó sus brazos hacia atrás para ayudarle en la tarea. Al no estar acostumbrado, aquella tarea podía resultar más difícil de lo que en un principio pudiera haber llegado a imaginar. Con la práctica, no le costaría nada hacerlo solo. Sus senos quedaron finalmente descubiertos. No eran demasiado exuberantes, pero lo suficiente para que destacasen en su delgado cuerpo.
- Has vuelto a crecer...- agarró ambos con sus manos con cuidado. Sin duda eran algo distintos de aquellos que había visto 2 años atrás, al conocerse.
- Pero mi estatura no va a crecer más si es lo que te preocupa, ya pasé esa etapa de crecimiento – le acarició la nuca con tranquilidad mientras el gruñía con fastidio - ¿Te gustarían que fuesen más grandes?
- Me da igual mientras estén pegados a tu cuerpo.
- Jajajajaja¿Qué significa eso? ¿Pretendías ser romántico?
- Idiota.
Sin previo aviso, el hombre se hundió entre los pechos de la mujer y comenzó a masajearlos con suavidad. Perfectos. Cabían dentro de sus manos. No necesitaba más. El resto era innecesario.
Ella acariciaba su cabello mientras él besaba sus aureolas y lamía con avidez sus pezones, endureciéndolos cada vez más.
Comenzó a morder tiernamente los mismos haciendo que ella gimiera de placer. No sabía que podría sentirse excitada con ese tipo de gestos. La corriente eléctrica que recorría su espina dorsal era lo único que le indicaba que a pesar de estar en el paraíso aún seguía viva.
- Por mucho que lo intentes de ahí no va a salir nada que te haga crecer - un tono de burla salió de sus labios.
- Tche.
Él la silenció volviendo a morder aquella zona tan sensible. Su espalda se encorvó hacia atrás por el repentino contacto.
Su mano derecha bajó poco a poco recorriendo su vientre completamente liso y marcado. La izquierda realizó el mismo camino por su espalda llegando hasta la zona de tejido que cubría su pelvis. Preveyendo sus intenciones se elevó un poco para que pudiese proseguir.
Con ambas manos bajó la siguiente pieza de ropa dejando entrever la ropa interior de encaje de color turquesa, a juego con la que yacía en esos instantes a un costado de la cama. A través de ellas podía ver sutilmente la sensual silueta que escondían.
- Para esto tendrás que poner a Riko a correr otras 4 horas.
- Creo que la invitaré a una copa – apretó la zona contra sus labios.
Se agachó sobre ella y estudio la pequeña pieza de ropa. Con uno de sus dedos dibujó una línea que la delimitó en dos partes. La humedad comenzó a surgir hacia el exterior. Hanji temblaba y su respiración se aceleraba por momentos.
Satisfecho, se deshizo de la última barrera y contempló nuevamente el sector.
Acarició dulcemente su escaso bello púbico y besó profundamente la zona baja de su abdomen.
Deslizó sus dedos al interior de aquellos muslos y encontró la abertura que buscaba. Con ambos pulgares separó lentamente sus labios vaginales y rozó el interior de aquella zona latente. Algo rugosa pero resbaladiza debido a la humedad.
Ella se había entregado a sus gemidos y había desistido de intentar molestarlo con sarcasmos y burlas.
Hundió uno de sus dedos entre aquellas paredes húmedas y latentes y la sintió estremecerse bajo él. El movimiento de vaivén generado por aquel dedo parecía excitarla increíblemente. Ella comenzó a bajar su mano hacia la zona guiada por puro instinto.
- Este es mi trabajo – la sujetó impidiéndole hacer nada.
Hundió un segundo dedo en la zona ansioso por seguir oyendo sus dulces gemidos. Lo movió con rudeza dentro comprobando su tolerancia hacia la penetración. Parecía ser gratamente estimulante. Cuando sus falanges se movían, ella balanceaba las caderas ayudándole, puro instinto, pero era realmente excitante verla de aquella manera.
Cuando finalmente los sacó de allí, estaban cubiertos de una suave capa semitransparente. Separó con cortesía sus piernas y se tumbó sobre ella. Acercó su lengua y la hundió dentro de aquella zona mordiendo su clítoris. Conforme sus gritos de placer iban haciéndose más audibles con más profusión se dedicaba a su tarea.
Después de un rato constató orgulloso que había conseguido hacer que se viniera finalmente. Levantó la vista hacia su victima que le miraba con las mejillas enrojecidas. Su pecho subía y bajaba debido a su acelerada respiración.
-¿Con quién demonios has aprendido a hacer eso? - preguntó entre jadeos.
- Con nadie. Pura observación e investigación de campo - su boca comenzó a recorrer el cuello de la chica.
- Me muero de ganas de saber dónde has encontrado esos libros - recordó aquellos polvorientos libros orientativos. Totalmente inútiles.
Posó sus labios sobre los de la muchacha mientras ella sujetaba fuertemente su jersey y lo desvestía poco a poco. Aquel cuerpo de mármol se mostraba nuevamente ante sí. Lo derribó en la cama y se tumbó desnuda sobre sus abdominales perfectamente dibujados.
- Levi, ¿tú te masturbas?- comentó de repente.
-¿A qué viene ahora esa pregunta? - se notaba que aquella pregunta le ponía incómodo.
-¿Sí o no? - le sujetó el rostro obligandole a encararla para que no la evadiese.
-...Soy un hombre, Hanji... ¿tú que crees? - sus ojos se fijaron en los de ella con fuerza.
- ¿En qué piensas cuando lo haces?
-...- el silencio se apoderó de él mientras sopesaba su respuesta - A veces... pienso en tí.
- ¿Te gustaría que yo lo hiciese? - mientras hablaba bajó la mano hacia su pantalón, que ya mostraba una enorme hinchazón.
-...
Sin esperar respuesta bajó ambas piezas de ropa del hombre y las sacó por sus pies. A pesar de su estatura, el miembro del hombre parecía ligeramente descompensado con el resto de cuerpo. Era la primera vez en su vida que veía un hombre desnudo, no tenía nada que envidiarle a esos dibujos borrosos y mal confeccionados.
- ¿Sabes que existe un estudio de la media sobre el tamaño del-?
- No me preguntes esas gilipolleces - la interrumpió el chico con aparente frustración.- ¿Por qué tienes que hablar tanto? ¿Siempre vas a hablar tanto cuando lo hagamos?
- ¿Siempre? ¿Quieres hacerlo más de una vez?
- No me jodas...
- Era broma, era broma.
Ella rió y se tranquilizó un poco. Le gustaba sacarlo de quicio, pero no podía seguir jugando de aquella manera para siempre. A imitación de lo que hiciera su amante minutos antes besó la zona gentilmente. Con sus labios pudo constatar que ya estaba bastante dura.
Sujetó el pene del hombre con ambas manos y comenzó a acariciarle mientras con sus labios comprobaba la dureza y la candidez de la zona. Para su sorpresa era increíblemente caliente.
- ¿Crees que el calor que desprende el miembro del hombre es equiparable al calor que emana del cuerpo de un titán? - comentó con ingenuidad con sus manos aún sujetando la zona alargada.
-... ¡¿Acaso me quieres cortar la erección?! - comenzaba a cabrearse.
Otra risita salió de la mujer. Volvió a sumergirse en la zona y a lamer el glande del hombre bajando poco a poco mientras masajeaba sus testículos. Gemidos ahogados salían de los finos labios de él.
Posó sus labios sobre la punta del miembro del hombres y bajó poco a poco intruciéndoselo en la boca, procurando no morderle. Para ello se ayudó de sus labios y de su lengua para que hiciesen un efecto cojín y pudiese bajar mejor. Sus resoplidos comenzaron a ser más audibles. Volvió a lamer la caliente zona y a estrangular su pene mientras presionaba la punta de su glande. Ágiles movimientos de subida y bajada, notaba como aquellos tímidos gestos parecían excitarle.
De repente él se incorporó y le separó la cabeza del miembro. El líquido preseminal surgió intensamente. Un suspiro de alivio surgió de sus finos labios.
-¿Ha sido mejor que hacerlo solo?- le observó juguetona mientras se limpiaba los restos de aquel extraño fluido.
- ¿Por qué preguntas lo evidente?
Se mantuvo unos segundos sobre el cuerpo desnudo de su compañero. Parecía dudar. Temblores, miradas esquivas. Tal vez no estaba totalmente convencida de ello y no sabía como dar marcha atrás, quizás sería mejor intervenir y detener aquello antes de que se arrepintiese.
-¿Va a doler?- preguntó al fin confesando su nerviosismo.
- Seguramente.
-¿A tí te dolerá?
-...No lo creo.
- Es injusto. ¿Por qué me tiene que doler solo a mí? - se recostó sobre sobre su pecho desnudo.
- Lo sé. Por eso te dije de esperar a que estuvieses preparada. Pero eres una cabezota y nunca me escuchas. Si no quieres hacerlo pararemos y punto.
Se tumbó a su lado y acarició su fina cabellera azabache. Recabando el valor que tenía antes y pugnando porque no volviera a desaparecer.
- Hazlo poco a poco.
- Te he dicho que no hace falta continuar si no estás preparada - la acercó protectoramente a su pecho.
- Hazlo - ordenó mientras sujetaba el miembro del hombre y lo apuntaba hacia la entrada de su intimidad.
- Está bien - se colocó encima de ella y le acarició la cabeza - Pararé en cuanto me lo pidas. Si te duele, puedes pegarme, morderme, arañarme o lo que quieras.
Un pequeño roce surgió entre sus labios vaginales. El miembro del hombre intruía en su entrada. No había perdido nada de dureza, a pesar de haber eyaculado una vez, aquel tipo de comportamiento le sorprendía. Lo restregó contra aquella zona durante unos instantes.
Ella comenzó a gemir y a aferrarse a su espalda. Sabía que aquel tímido placer era lo que él podía proporcionarle en aquel instante para prepararla. Lentamente comenzó a entrar en su zona. El dolor comenzó a emanar en su vagina.
Él siguió avanzando todo lo lentamente que podía, disminuyendo su avance mientras sentía los brazos de la mujer aferrarse cada vez más a su espalda, arañándole, sangre emergiendo de las hendiduras de sus uñas. Heridas y trazas que decorarían ahora la base de su cuello. De repente, paró.
- ¿Por qué paras?, aún no te lo he pedido. ¿Te he hecho daño? - lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos.
- No es eso idiota...
- ¿Entonces qué?
-...No entra muy bien... – desvió su mirada hacia abajo intentando evitar el aparente sonrojo.
- ¿No entra?- repitió ella.
- Es... muy estrecho - susurró mirándola a los ojos intentando evitar otra pregunta vergonzosa – Relájate o será peor. Intenta pensar en otra cosa, mírame a los ojos y deja de pensar en esto y cálmate. Si no te calmas no podré hacer nada.
La rodeó unos instantes frotándole la zona que quedaba entre su columna vertebral y sus costillas, poco a poco la notó más suelta y calmada. Era el momento de continuar. Un dolor insoportable se generó en sus entrañas. Ardiente como el fuego. Sabía que por fin había conseguido entrar. La dura punta del hombre tocó su zona más interna.
Antes de que pudiera retroceder. Ella le sujetó la cara con expresión dolorida. Sus dedos contorneaban las trazas de sus mejillas en actitud de disculpa por las heridas provocadas.
- Espera. Quédate un momento así.
Él abarcó el delgado cuerpo de la mujer con sus brazos y obedeció la orden.
-¿Te duele mucho?- un extraño halo de culpabilidad surgió en su expresión, nada habitual en él. ¿Se sentía mal por aquello?. El ligero enrojecimiento no desaparecía.
- Un poco...- Intentó desviar su dolor hacia otra parte - Levi tú..., si yo muriese siendo comida por un titán o algo así... ¿harías esto con otra mujer?
- No - aquella respuesta tan directa le sorprendió - Si tu mueres de esa forma lo más seguro es que yo muera también ese día intentando matar a esa bestia.
Ella sonrió complacida.
-¿Qué se siente al estar dentro de mí? ¿Esto te gusta?- acercó su rostro y besó cariñosamente los labios del hombre - ¿Más que lo que hemos hecho antes? ¿Más que hacerlo solo?
-...Es estrecho,... muy estrecho - alcanzó a decir.
- ¿Eso es malo?
- No, al contrario. Es mejor. - intentaba reprimir los gemidos de placer mientras hablaba con ella pero apenas podía - Hanji, voy a salir. No puedo aguantar más.
-¿Por qué? - una pequeña lágrima de dolor bajo por su mejilla al sentir el miembro del hombre de nuevo en movimiento en su interior.
- Joder, ¡porque te duele! ¿Acaso crees que puedo seguir disfrutando mientras tú estás llorando conteniendo la respiración?
Antes de que ella pudiera protestar el dolor se hizo de nuevo hasta que sintió una extraña liberación de aquel dolor. Unas finas líneas carmesí cubrían su pene.
-¿Esa sangre es mía? - él asintió.
Su miembro aún caliente conservaba aún bastante dureza. Sin duda había hecho su trabajo bien.
- Vuelve a hacerlo. Ya no voy a sangrar.
-...
- Lo digo en serio, continúa.
- ….
Se recostó debajo del hombre y, rodeando su cadera con las piernas le obligó a aproximarse.
- Te va a doler.
- No duele más que cuando me rompí las costillas hace varios años. Ni tampoco dejará las mismas cicatrices.
Ese recuerdo provocó una errática mirada de preocupación en sus ojos grisáceos.
- No te preocupes, estaré bien mientras estés aquí. Igual que entonces. Mientras estés conmigo.
De nuevo se introdujo en la intimidad de la mujer penetrándola con lentitud y sosiego para intentar no hacerle daño. Ella sentía acción dentro y a la vez una extraña y fogosa sensación, como si su pecho fuera a explotar. Se abrazó más al hombre para olvidar el dolor que iba acompañado del intenso placer.
Comenzó a sentir que él intensificaba el ritmo de sus embestidas. El dolor aumentaba. Sin querer, soltó un pequeño grito ahogado. Él paró y fue más despacio. No podía concentrarse sabiendo como se encontraba ella. Esto ocurrió dos veces más. A la tercera, paró completamente sus embestidas.
- No pares – suplicó casi sin poder evitar las lágrimas de dolor que surgían de sus ojos- no te contengas por mí.
- Te estoy haciendo daño. ¿Cómo quieres que siga?
- No tienes porqué sentir remordimientos, si no lo haces ahora, a la siguiente vez dolerá igual. Y a la siguiente igual. Prefiero liberarme de este dolor ahora. Cuanto antes. Por favor, sigue. No me quejaré más, lo prometo.
-...
- Hagamos un trato: no te contengas, pero a cambio, tienes que sonreír para mí.
- ¿Qué clase de estupidez es esa?
- S-solo quiero que me muestres tu sonrisa. Solo a mí por pasar esto. Mi recompensa por aguantar.
Rivaille contempló la opción durante unos instantes. Aparentemente pensativo y sin ninguna intención de realizar aquella compensación.
-¿De veras te lo estás pensando?- se incorporó levemente -¿No sonreirás para mí ni aunque te ofrezca mi mayor sufrimiento?
- …...
- Por favor...
-...Está bien, como quieras - claudicó finalmente.
Dicho eso ella hundió su cabeza en el hombro del chico y espero los rápidos movimientos de pelvis de él sobre ella. Hundiéndose con fuerza mientras se agarraba más fuertemente a su cuerpo. Variando su postura para poder penetrar a más profundidad, con mayor rapidez. De vez en cuando le forzaba a abrir más sus piernas, pasando una de ellas por su hombro. Tal vez aquella elasticidad propia de un soldado no era solo útil en el campo de batalla.
No sabía cuanto tiempo había pasado. Las embestidas fueron haciéndose cada vez más lentas. El placer volvió a retomar sus entrañas. Finas gotas de sudor caían de su oscuro cabello sobre ella.
Paró unos instantes abrazándola fuertemente. Parecía estar temblando. Sin darse cuenta se descubrió a si misma temblando igualmente.
El momento que venía ahora si venía explicado en aquellos viejos libros. No necesitaba demasiadas pistas para saber que iba a pasar.
- Voy a salir...- su respiración era acelerada y quemaba dulcemente el oído de ella.
La presión en su vagina desapareció de nuevo y una sensación húmeda bajó desde sus entrañas.
Se incorporó poco a poco sin romper su abrazo. Las sábanas estaban manchadas y húmedas. Sintió el suave tacto del tejido sobre su intimidad mientras el la limpiaba con cuidado. Ambos vieron el estado de la habitación y decidieron dormir esa noche en la cama de ella. Se vistieron lentamente, ayudándose mutuamente y sin romper la imparable cadena de besos.
Al salir de la habitación, Rivaille se agachó y la cogió en brazos.
- No estoy tan dolorida como para no poder andar - repuso enfurecida.
- Haces mucho ruido cuando andas, Erwin duerme al lado, podrías despertarlo.
- ¿Cómo? ¿¡Erwin duerme al lado!? - reclamó horrorizada -¿N-nos habrá oído?
- No lo creo. Llevas casi dos años viniendo a dormir a mi cama y nunca me ha dicho nada. Así que las paredes deben de ser más gruesas de lo que pensamos. Deja de preocuparte.
- Aún así...
Abrió la puerta de su habitación y la recostó sobre la cama. Se tumbó a su lado y le acarició la parte baja de su vientre.
- ¿Aún te duele?
- No... - mintió. Aún sentía una fuerte presión en su interior - Me debes una sonrisa.
-...Idiota.
Desfrunció su ceño enarcando sus cejas hacia arriba con cierto fastidio. La comisura de sus labios se elevó dejando ver sus perfectas perlas. Ella le devolvió esa cálida sonrisa.
- Rivaille...¿me quieres?
- Mon âme est vôtre, faire ce que vous voulez* - respondió en un francés fluido. Aquel idioma en desuso que ya nadie practicaba. Pero que remarcaba sus posibles orígenes. Un mero capricho, quizás la única frase que hubiera aprendido, pero lo suficiente para complacerla.
Se recostó sobre su pecho y entrelazó sus piernas con las de él. Lentamente cayó en un profundo sueño.
.
.
.
El sol rozaba el cielo en su punto más álgido. Ambos se dirigieron hacia el cuartel a la espera de órdenes. Como siempre su comandante era el primero en ocupar su escritorio.
- Os he dejado papeles con las órdenes para hoy. Tengo que salir a una reunión. Cuando llegue Mike reunid a vuestras tropas y hacer una prueba del nuevo equipamiento en las murallas para la próxima expedición - ordenó completamente serio pero con unas extrañas ojeras que decoraban sus ojos.
Hanji se sentó sobre su mesa y observó los papeles. La inmensa mayoría parecía papeleo burocrático del que solía encontrarse a diario. Nada demasiado innovador.
Alzó la vista hacia su compañero que parecía haber encontrado una pequeña caja en su escritorio y la examinaba minuciosamente. Dentro de ella había pequeños cuadrados de un material plástico que parecían contener algo parecido a un aro o un anillo. De algún material maleable y resistente.
Examinó con cuidado la caja y en el fondo encontró una pequeña nota informativa.
"Recientemente, diversos científicos han ideado numerosas y diversas formas de evitar la concepción no deseada mediante medicamentos, sustancias dopantes y cremas.
No obstante y debido a la toxicidad de algunos de eso medicamentos; se ha comenzado a desarrollar un tipo de elemento plástico mediante una combinación de látex y resinas líquidas destinado a proteger la zona masculina durante
la eyaculación para evitar la inseminación innecesaria.
A pesar de ello, no es un método 100% efectivo, por lo que desde nuestro laboratorio seguimos investigando para su bienestar. Gracias por usar nuestros productos.
Schedulle Laboratories"
En el mismo papel, escrito a mano se encontraba una sola frase: "No hagas tanto ruido la próxima vez.".
.
.
.
Pobre Erwin... con lo bueno que es, jajaja. Espero que os haya gustado. Yo me he inspirado mucho para escribir en mis vacaciones.
Nos vemos en el capítulo 10!
Nota del texto*Mi alma es tuya, haz con ella lo que quieras.
