Allá vamos con el capítulo 10.
Muchas gracias al grupo de LevixHanjifans por el apoyo.
Si no te gusta la pareja o tienes una mente demasiado pura, no sigas leyendo.
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Se tumbó sobre él nerviosa. Por la ventana entraba el sol ardiente del mediodía. Los rayos dibujaban su silueta sobre las sábanas blanquecinas. A lo lejos se escuchaba el leve susurro de algunos soldados dirigiéndose al comedor.
Después de aquella nota de Erwin habían decidido reducir sus encuentros a horas donde no se encontrase nadie en los dormitorios. Por supuesto, Erwin no parecía sospechar que había sido ella a quien había oído aquella noche.
-¿Por qué estás tan nerviosa? - susurró en su oído mientras besaba su cuello.
- Hoy entregue mi informe al departamento. En cuestión de horas debería saber si me concederán el permiso de captura de un ejemplar vivo - llevaba meses trabajando en aquella operación. Si le decían que no tendría que empezar de nuevo. No sabía cuantos años podría llevar aquello.
Se abrazó tiernamente a él.
-¿Es esa la razón por la que no me has dejado comer y me has traído aquí?- sus labios se cruzaron con los de ella en un extraño juego.
- Quería tener mi mente distraída...- suspiró lentamente - cuando estoy contigo puedo relajarme.
¿Cuánto tiempo hacía de aquella primera vez? Quizás unas dos semanas. Habían vuelto a acostarse una semana más tarde de aquel primer contacto. Al ver que ella no se sentía plenamente cómoda en la penetración él no había querido forzarla a intentarlo una 3º vez. Pero había sido ella quién le había arrastrado a ese momento.
- La última vez dijiste que comenzaba a gustarte, ¿y ahora? - acarició su bajo vientre con sus dedos.
-¿Cuándo crees que dejará de doler?- entrelazó su cabello entre sus falanges mientras el hombre besaba su pecho.
- No lo se – pasó un brazo por su espalda y la giró para recostarla bajo él.
- No - le interrumpió - déjame quedarme encima. Quiero probar a hacerlo yo - él se sorprendió ante aquellas palabras.
Antes que pudiera protestar, ella se dejó penetrar y se abrazó a su pelo. Sin tirar, con dulzura y sensualidad, prestando especial atención a cada uno de los mechones que caían sueltos por su nuca.
- Ya no duele tanto – elevó sus caderas notando como inconscientemente apretaba aún más el miembro del hombre. Esos gruñidos eran toda la respuesta que obtenía.
Rivaille agarró sus glúteos ayudándola a elevarse. Ella se sujetaba fuertemente a su espalda. Los gemidos no paraban de resonar.
- No subas tanto. Mi pene no mide dos metros, terminará saliéndose – comentó irónicamente.
Ella le golpeó el pecho y volvió a su quehacer. Sus suaves caricias inundaban la habitación con gemidos. Movimientos más rápidos, más precisos. Más adentro. Y esa extraña sensación que siempre le acompañaba mientras lo hacían. Aquel jugo inundando sus entrañas y permitiéndole aumentar su celeridad.
De repente, creyó oír unos pequeños golpes. Ignoró el ruido, posiblemente alguna tabla rota o alguien que pasaba cerca. Su sueño se desvaneció cuando volvieron a escucharse los mismos golpes.
-¿¡Quién es!?- sus manos se hundieron con fuerza en sus caderas sin permitir a la mujer detenerse. Era la hora de almorzar, ¿quién demonios estaba allí a esas horas? - Seas quién seas lárgate ahora mismo.
- Heichou...- alcanzó a decir una voz temblorosa, ¿Petra?. Hanji se giró instintiva hacia la puerta. En su oído tan solo oyó a Rivaille instándole a no pararse, como un susurro.
-¿Qué quieres Petra? - tornaba malhumorado por momentos.
- Yo... me han pedido que le entregue unos documentos que necesito que firme...
- Vuelve en otro momento - volvió a juntar sus labios con los de ella. De nuevo retornaba la velocidad, el placer.
- Es... urgente, señor.
- Me da igual, ¡lárgate!
- P-pero...
-¿No deberías estar comiendo? ¡Vete a comer y déjalos bajo la puerta! Ya los firmaré luego. - su tono cada vez era más directo.
Petra pareció murmurar algo al otro lado del pasillo. Tal vez hubiese entendido por fin que molestaba justo en aquellos momentos. Otros extraños paso, ¿se iba? No, aquellos pasos eran más sólidos y vez un hombre, pareció intercambiar con ella algún comentario en un tono cada vez más reprensivo. Acto seguido, golpes en la puerta, pero esta vez más fuertes y audibles. Aquellos golpes no eran de Petra.
-¡Rivaille, deja de evadir tus responsabilidades y firma esos documentos ahora!- la voz de su comandante a través del rellano de la puerta le sacó de su trance -Voy a entrar ahora mismo, ¡si estás durmiendo levántate inmediatamente!
Prácticamente no le dio tiempo a tapar a su amante que estaba sobre él con la sábana que cubría sus piernas. El hombre rubio entró vertiginosamente divisando a su subordinado en la cama tapado y con una persona sobre él.
- Comandante,... llega en un mal momento – intentaba envolver sus cuerpos con las sábanas, pero debido a la cruel gravedad caían continuamente sin permitírselo.
- ¿Una mujer?- la espalda de una mujer frente así, su cabeza girada. El cabello castaño caía sobre sus hombros completamente desordenado. Se apoyó en la mesa de la impresión y sus manos rozaron con algo duro. Unas gafas con una pequeña goma ajustable - ¿H-hanji?
La mujer que se encontraba sobre él se encogió aún más evadiendo a su superior, reaccionando ante su propio nombre. Petra observaba la escena avergonzada desde el tramo de la puerta, deseando salir corriendo de allí y fingir durante el resto de su vida que no había visto aquello. Sus ojos se posaron en la ropa interior de su jefe que parecía danzar en el suelo junto con una prenda con encaje.
Casi por instinto se dio la vuelta avergonzada mientras temblaba. Erwin siguió su mirada al suelo vislumbrando la ropa arrojada por el suelo. Como si se hubieran apresurado a quitársela.
-¿Está desnuda? - observó de nuevo la postura de la mujer sobre el hombre y como él intentaba taparla con el trozo blanquecino de tela, pudo distinguir perfectamente su desnudez parcialmente tapada por el eterno abrazo de Rivaille. Parecía tremendamente avergonzada- ¿Ella es la mujer que oí hace unas semanas?
- Sí - respondió secamente envolviendo a la mujer en sus brazos que no paraba de temblar sobre él y hundir más su cara en su hombro. - ¿Va a denunciarnos?- su presa se tornó más fuerte – Nos da exactamente igual lo que penséis. Es nuestra desición.
El hombre de cabellos rubios se apoyó aún más sobre el escritorio contemplando los cristales de las gafas. Al lado de ellas se encontraba la caja que le había dado a Rivaille varias semanas atrás. Estaba abierta. Rivaille vio hacia donde se posaba la mirada de su superior y añadió:
- No se preocupe, estoy usando uno. No soy tan irresponsable.
-¿Estabais...?
- Sí, señor. Estábamos haciendo el amor – El color escarlata amenazaba con colorear sus mejillas, respiró profundamente para evitarlo. Hanji pareció reírse en voz baja, aparentemente avergonzada por aquellas palabras – Somos lo suficientemente mayores como para hacer con nuestro tiempo libre lo que nos de la gana.
- Hanji, lo siento yo...¿puedes girarte? Quiero hablar contigo - la mujer se pegó aún más al hombre esquivando a su superior.
- No creo que quiera hacer eso Erwin. En estos momentos estamos pasando el momento más avergonzante de nuestras vidas gracias a tí. Además, no creo que pueda hacerlo ...- miró hacia abajo a la zona que cubrían las sábanas.
-¿Estás...?
- Sí, aún estoy dentro - una vena de enfado surgió en su frente, intensificando su penetrante mirada - Nos ha interrumpido justo en el momento idóneo. No hemos podido ni separarnos. ¿Conoce el significado de la frase "llamar a la puerta"? - Hanji comenzó a reír acaloradamente en su hombro – Cállate idiota. Si estás tan bien para reírte habla tú por los dos.
A través de sus mechones desordenados pudo ver su frágil sonrisa, medio costado de su cara que le demostraban que la persona junto a la que yacía era alguien a quién apreciaba. Conocia el alcance de su cercanía, pero no imaginaba que pudieran haber transcendido ciertos límites.
No era una excesiva prohibición las relaciones entre los miembros de los distintos equipos militares, ni entre los soldados. Tan solo era obviado mientras aquello no interifiriese en su labor diaria. Hanji era una de la soldados que mayor empeño y esfuerzo depositaban en cada una de las tareas que le eran asignadas. Sabía que no se distraería por acostarse ocasionalmente con un compañero.
Pero aquella confianza, aquellos extraños roces en la espalda de la chica por las manos de él le indicaban que no era algo que se hubiese desarrollado como algo ocasional e infructuoso. Otra por parte de ella, volvió a deslizar su cabeza en el hueco que había junto a su nuca. Un ligero sonido de sus labios besándo la piel desnuda de él, como si le agradeciera enfrentarse a su comandante en su lugar.
Definitivamente, aquello no parecía algo ocasional. Giró su cabeza hacia fuera, Petra permanecía mirando hacia la pared, ignorándo toda aquella conversación con aquellos documentos sin firmar cubriendo su cara avergonzada.
-Vístanse. Debemos hablar de este asunto – anunció conforme salía de la habitación.
La puerta se cerró de un golpe y se oyó a su superior hablando con Petra intentando tranquilizarla. Pasos alejándose y de nuevo tranquilidad.
-¿Por qué te has puesto a reír? Encima que soy yo quién ha tenido que dar la cara - la levantó poco a poco sacando su miembro de allí.
-¿Y ahora que vamos a hacer?- susurró mientras se vestía bajo las sábanas con miedo a que Erwin volviese a entrar.
- Confesar el crimen.
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Una vergonzosa Petra ocupaba su sitio de pie en una esquina, repasando notas imaginarias y fingiendo que no recordaba absolutamente nada. Rivaille y Hanji estaban sentados en el sofá de la sala común. Ella escondía su rostro tras la espalda del hombre. Erwin permanecía pensativo en un sillón cercano.
-¿Desde cuando?
- Un año y medio, quizás dos – ojos grises que no pestañeaban, directos. No mentía.
- Petra, ¿usted lo sabía? - se giró hacia ella que intentaba huir mentalmente del sitio.
- S-sí, señor - miraba hacia el suelo avergonzada. Le había tocado presenciar un momento embarazoso – Desde el principio.
Erwin suspiró y se recostó en su sillón. La situación le embargaba. Hace tan solo unas semanas había oído a su subordinado teniendo relaciones con una mujer. Llevaba cierto tiempo escuchando asimismo como su puerta se abría a altas horas de la noche acogiendo a una misteriosa invitada. Pensaba que se habría echado algún tipo de novia fuera del regimiento a la que solía invitar a pasar las noches con él.
Era algo común que algunos cadetes recurriesen a compañías nocturnas para los momentos previos a algunas misiones díficiles. Incluso, en la tropa de reconocimiento se hacía cada vez más y más común que mantuviesen aventuras con mujeres de la ciudad. Tal vez para tener la esperanza de que alguien lloraría por ellos cuando muriesen en el campo de batalla.
No obstante, Rivaille no parecía el tipo de hombre que necesitase de esa compañía para sentirse definitivamente completo o reconfortado. Conocía los rumores que decían que la mujer que consigiese entrar en el corazón de aquel diminuto hombre de aspecto serio y fiero debería ser una auténtica suicida. No pensaba que esa suicida pudiese ser Hanji.
- ¿La has forzado en algún momento a...? - comenzó a decir con voz más amenazante.
- No - contestó finalmente Hanji - Siempre ha sido por mi propia elección - Siguió escondida bajo la espalda de su amante.- Erwin, no somos idiotas, sabemos que no está bien. Que los superiores no podemos tener relaciones entre ellos. Comenzamos esta relación sin que nos importasen esas absurdas reglas. Pero, haznos el favor, no digas nada. Si se descubre podría ser peor.
- S-señor...- se oyó la dulce y avergonzada voz de Petra - Todos en el escuadrón sabíamos de su situación, el escuadrón de la capitana también lo sabía. Y todos decidimos no decir nada de ello. Incluso el capitán Mike decidió que su relación no se extrapolase a otros ámbitos.
Erwin se levantó de su asiento y miró a la ventana. Llevaba varios días lloviendo. Pero aquel día había amanecido despejado. Pensó en la mujer que le esperaba en el hospital. Solo Hanji era consciente de la existencia de esa mujer.
Se había asegurado de que nadie conociese su existencia. Pero en su juventud, años atrás, también se dejó llevar por la pasión del amor hacia otra persona que no fuese él mismo. Tantas veces que rozó la ilegalidad en su relación, que pudo anteponerla a su trabajo.
- No creo que sea el más indicado para deciros que hacer. Ambos sois adultos. No obstante...- detuvo su frase unos instantes mientras buscaba los papeles que Petra le había traído - Creo que ahora va a ser aún más complicado para vosotros - le tendió el amasijo de papeles a Rivaille – lee esto.
-¿Esto que es?- masculló observando el montón de papeles.
- Hace una hora, el general apareció en mi despacho justo cuando me disponía a ir a comer. Enhorabuena Hanji, han aceptado tu solicitud. En breve se te dará fecha para la captura del ejemplar y su experimentación - la mujer levantó la vista sorprendida leyendo el montón de notas y garabatos sobre el pulido papel blanco - Además, han decidido ascender al cabo Rivaille. Creen que es un desperdicio que arriesguemos su vida al frente y han requerido su traslado a la policía militar. Quieren que protejas al rey.
- Me niego – contestó automáticamente.
- Supuse que dirías eso y se lo comuniqué al general. Así que decidió que él mismo tomaría la decisión de en que expediciones podrías tomar parte y en cuales no.
-...
Hanji seguía leyendo atentamente los papeles que especificaban el contrato de su misión. Parecía sorprenderse a cada palabra que leía.
- ¿Comprendes lo que eso supone?
- Que voy a ser su perrito faldero cada vez que salga a combatir, ¿no? No consiguieron hacerme seguir sus órdenes entonces y no conseguiran que lo haga ahora. No voy a firmar esos estúpidos documentos.
- No, son conscientes de que no vas a cumplir sus órdenes mientras lleves dos espadas en tus manos. Por eso mismo han decidido especificar cuando podrás salir a combatir. Creen que eres demasiado valioso para permitir que arriesgues tu vida en misiones "suicidas".
-¿¡Qué mierda significa eso!? - se levantó completamente airado.
- Significa que solo podrás participar en determinadas expediciones que hagamos. Por supuesto, estarás vetado hasta nuevo aviso de todas aquellas que puedan poner en peligro tu integridad física. Y, me temo que no puedes participar en la captura de un ejemplar vivo- volvió hacia los papeles que tenía frente a sí. "Por último, debido a la compleja dificultad para la captura del ejemplar y a su posible fracaso, solo se autorizará a la participación de la misma a sujetos prescindibles".
- ¿Prescindibles?¿Acaso creen que los soldados se alistan para morir? - golpeó la silla que había a su lado tirándola al suelo y generando un tremendo sonido - No pienso acatar esa orden.
- No puedes negarte. Es una orden que llega desde arriba y que tienes que firmar sin más remedio - sus manos acariciaban su cabello rubio. Petra no dejaba de llorar en un rincón.
La habitación daba vueltas a su alrededor, debía reconocer que aquello era realmente mareante. Por un lado se encontraba debatiéndose mentalmente en aquella extraña relación que mantenían sus dos mejores armas, y por otro lado le retiraban a la mejor de ellas para enviar a sus soldados a morir sin ningún tipo de ayuda.
En ocasiones pensaba que los altos cargos designaban sus misiones mientras reían y apostaban sobre cuantas vidas se perderían en esa ocasión. Rivaille pareció relajarse y volvió a sentarse junto a Hanji, que leía con atención cada una de aquellas palabras sin sentido redactadas con una caligrafía excelente.
Sus superiores, tal vez no fuesen los mejores estrategas, ni supiesen como empuñar un arma dignamente, pero no se les podía negar que escribían divinamente. Para desgracia de ellos, en el mundo real, esa absurda habilidad tan solo era efectiva con las ignorantes masas de los ciudadanos. Las únicas personas capaces de reírse de esa habilidad eran aquellos que morían a su lado en cada batalla. Y los que volvían en todas ellas. ¿Cuántos volverían ahora?
-¿Mike y su escuadrón participaran también? ¿Son ellos prescindibles?
- No, ni Mike ni su escuadrón irán. Hanji debe ir por que es la única científica disponible para examinar el ejemplar. La idea de la experimentación les parece interesante e instructiva, pero se han negado en rotundo a que haya más bajas.
- Si esa idea se hace de esa manera habrá bajas - señaló a Hanji- ¡Ella podría ser una de esas bajas!
- No, ella no va a ser ninguna de esas bajas. Han dejado claro que la perveniencia de la científica es una prioridad. Aunque tenga que morir el resto de participantes en la misión. Ella debe salir ilesa. Les interesa demasiado los datos que pueda obtener.
- En su escuadrón hay muchos científicos. ¿Solo van a asistir ellos? Mi escuadrón está especializado en el ataque directo. Son muchos mejores que su escuadrón en combate. Pueden liquidar un titán en cuestión de segundos. Si nos permiten participar no habrá necesidad de tantas bajas para la captura de un ejemplar – ahora su dedo apuntaba a Petra - ¡Sabes bien que con ellos se puede lograr!
- Lo siento Rivaille - colocó sus grandes manos sobre el pequeño hombre y le obligó a sentarse- Ni siquiera a mí me está permitido asistir a esa misión. Las órdenes vienen desde arriba y no podemos refutarlas tan fácilmente.
- Negaos a realizar la operación – la tensión se agolpaba en su espalda.
- Creeme, lo he intentado. Pero no podemos negarnos. La orden ha llegado directamente desde el rey. Negar la orden implicaría automáticamente la pena de muerte para los implicados en la misión. Y por ende para todos los relacionados con este escuadrón.
El gobierno, tan absurdo e incoherente como siempre. Si un pequeño muchacho robaba un pequeño pedazo de pan que caía de las manos de algún jovial ricachón, implicaba que estaba interponiéndose entre el gobierno y su desarrollo. Herejía, traición. Y al día siguiente, toda la comarca dónde residía el pequeño joven había sido pasto de las llamas.
- Menuda estupidez. Primero la obligan a ir a una misión sin personal. ¿Y si se niega a hacerla la matan? - sus puños se cerraron con fuerza. Hanji se recostó sobre él abrazándole.
- Hanji no estará sola en la misión - respondió finalmente Erwin completamente exhausto. Petra había caído al suelo sin parar de llorar. Sabía muy bien lo que venía a continuación. Había podido leer los documentos antes de buscar a su capitán para firmarlos.
- ¿Y quiénes serán los afortunados "sujetos prescindibles" que elegirá el rey para acompañarla? ¿El escuadrón de Mike? ¿Alguno de la tropa estacionaria? ¿La policía interior? ¿Algún grupo de jóvenes graduados?
- Rivaille, no lo estás comprendiendo. No habrá soldados preparados. Solo yo y unos pocos de mi escuadrón podremos participar en la misión - el papel bajo sus manos se arrugaba con furia.
-¿Y el resto?
- Van a usar a civiles.
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Jummmmmmmmmmmmmmmm, ¿os suena? Os daré una pista, vamos a conocer a los padres de Armin.
Se que ha sido una sorpresa para todos vosotros. Pero desde que comencé el fic en el que Hanji odiaba al ejército por obligarla a ella y a su familia a participar en aquella tropa de reconocimiento cuyo mero objetivo era mermar la población para paliar el hambre quise relacionar esa idea con la historia principal de Singeki no Kyogin. Pues bien, tenía ganas de que la situación se repitiese.
Si habéis leído el manga o el anime, los padres de Armin murieron así. Por ser obligados a participar en una expedición en la que se obligó a formar parte a simples civiles. Esto no es spoiler, porque sale en el 1º capítulo de la serie. De hecho Armin lo comenta, que el ejército mató a sus padres.
Pues ahora a Hanji le toca revivir el mismo horror de su infancia.
Voy a trabajar muy bien la personalidad de sus padres. Así que se avecinan unos capítulos en los que quizás termine llorando mientras los escribo.
Perdonad por meter tanto drama después de una situación tan cómica. Pero necesitaba enlazar esa historia.
Muchas gracias por el apoyo. Os quiero grupo de facebook.
