Capítulo 11. ^_^ Espero que os guste. Retomamos el drama.

Aclaración. El abuelo de Armin murió tras la caída del muro Maria, en una expedición para recuperarla. Pero sus padres murieron antes, leed el manga. Armin literalmente lo dice, que el ejército mató a sus padres. Así que intentaré relatar la historia de sus padres. Y quizás relate capítulos más tarde a su abuelo (nunca se sabe).

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La cabeza le daba vueltas. El tacto ahumado de sus viejos libros la embriagaba. Aquel olor a cerrado y humedad. Era como estar en una prisión. Levantó la vista intentando pedir ayuda mentalmente. No podía hacer nada. Su destino estaba echado al azar.

Cientos de personas morirían para que la sociedad pudiese avanzar. Había intentado convencerse pensando que siempre se requerían grandes sacrificios para conseguir grandes logros. Que eran necesarias aquellas muertes en pos del desarrollo. Fueran cuales fuesen las personas implicadas. No había conseguido tragarse su propia mentira.

Miró a su brazo viendo el escudo de su equipo. Blanco y negro, adornando también su corazón. Siempre tan motivador. Aunque en aquellos momentos, le repugnaba. Lo arrancó con violencia y lo tiró al suelo. Volvió a recostarse sobre aquellos libros estropeándolos con sus lágrimas.

- Sabes cual es la pena por deserción ¿verdad? - esbozó la silenciosa voz de su comandante mientras recogía el emblema y lo colocaba frente a ella- Yo represento este departamento, es como si me hubieras arrojado a mí al suelo.

- Lo siento Erwin, todo esto me supera. Mi estúpida idea va a cobrarse la vida de personas indefensas. Ciudadanos inocentes. Personas que se esconden tras las murallas por miedo a morir. ¡Y van a morir por mi culpa! Si tan solo no se me hubiera ocurrido la estúpida idea de experimentar con titanes...¡Ni siquiera sé si conseguiré datos útiles! - comenzaba a dudar de sí misma.

Sus brazos arrastraron todos los libros que había sobre la mesa cayendo al suelo. El sonido que hicieron al chocar contra el mármol pulido no le pareció en absoluto suficiente para acallar todas aquellas futuras voces agonizantes en su cabeza.

- No. No es así. Ya llevaba barajándose desde hace varios años atrás la captura de titanes. Esa idea fue aplazada solo porque no encontraron a nadie lo suficientemente loco como para querer participar en eso.

Se sentó junto a ella y la abrazó con fuerza. Notaba su frágil alma temblar bajo aquella chaqueta bordada.

-Y la loca he tenido que ser yo - ironías del destino. Esta vez era ella quien iba a observar la masacre de la población subida a su caballo. Bajo la comodidad de su montura. Y protegida por soldados que habían recibido órdenes expresas de mantenerla con vida.

-Yo tampoco apruebo ese método. Existe personal cualificado suficiente - sus dedos se entrelazaban en su corto cabello. Su olor era penetrante y anestésico - Por eso mismo debes ir y hacer bien tu trabajo. Para demostrar que no pueden llevarse a cabo ese tipo de misión con esas condiciones. Eres lista Hanji, hazles saber que se equivocan. Solo tú puedes escupirle en la cara y salir airosa.

Sus ojos se cerraban lentamente mientras aspiraba su perfume. Aparentemente inodoro pero asfixiante, y con un efecto reparador y somnífero. Sintió que podría dormir durante décadas si a ello se dedicaba.

- Debes dejar bien alto a tu departamento. La próxima vez no podrán obligarte a disponer de ese personal.

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Se despertó algo confundida en su cama. Había pasado una semana desde que se enteró de la terrible noticia. Partiría en varios días. Ni siquiera podía entrenar a los que transportarían los cañones con los que capturaría a su presa.

Ese trabajo había delegado en sus compañeros. Seguramente, ellos sufrirían tanto como ella con este problema. Personas a las que se veían forzadas a instruir que ni siquiera pertenecían al ejército.

Comenzó a llorar encogiendo su cuerpo cuando notó una mano acariciándole la cabeza. Se giró y encontró esos ojos grisáceos mirándola con impotencia. No sabía ni que hacía en su cama. Pero no le importó. Se abrazó a él con todas sus fuerzas y dejó las lágrimas caer sin pausa.

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Horas antes, amainaba la noche, la oscuridad comenzaba a expandir su manto nocturno como si de una madre protegiendo a sus hijos se tratase. Hanji estaba postrada entre sus brazos, al fin había conseguido que se relajase. La colocó sobre su cama y la tapó con la sábana. Observó su rostro compungido intentando dormir.

- Aprovecha y duerme ahora. Quizás luego no podrás.

Hanji debía pasar 3 meses fuera de las murallas. El tiempo que se había estipulado para que la experimentación con el ejemplar diese frutos. 3 meses sin tener nadie en quién apoyarse y viendo a gente morir a su alrededor. Tres meses completamente sola. 3 meses rodeada de cadáveres.

Besó su frente y le acarició. Recordó aquella cara dolorida años atrás. Todavía era una niña cuando la conoció. Ella le siguió desde su infancia dispuesta a cambiar el pensamiento del gobierno. Dispuesta a luchar. ¿Luchar para qué? ¿Realmente había algo allí por lo que mereciese la pena arriesgar su vida continuadamente?

Probablemente esas serían muchas de las preguntas que su cabeza estaría enmarañando en esos momentos, mientras sus ojos se forzaban a mantenerse cerrados entre brutales pesadillas. Remembranzas del pasado que tendría que volver a soportar.

Sería muy doloroso para ella revivir el infierno de su niñez. Pero nada podía hacer. Sus manos se cerraron en un puño. Se sentía impotente ante aquella situación. Echó de nuevo un vistazo a su cara dormida y su peso abandonó el colchón.

Al abrir la puerta de la habitación se encontró a su subordinado sentado en el suelo. Pensativo.

- No creo que sea el mejor momento para intentar acostarte con ella - repuso con cierto enfado.

- ¿Eso son celos, Erwin? ¿No es un poco tarde para el complejo de Edipo? - se levantó del suelo y miró su rostro enfadado desde abajo.

Un puñetazo aterrizó en su rostro haciéndole caer de nuevo sobre el suelo de madera. La sangre manaba de su labio. Le agarró de su suéter dispuesto a propinarle otro cuando esté le pegó una patada en las costillas.

Se escuchó agitación en la puerta de al lado. Donde Petra dormía. Probablemente el sonido de su batalla la había despertado. Sería mejor no involucrar en aquella trifulca a un oficial menor. Ambos se miraron detenidamente y salieron afuera.

Su lucha continuaba. Golpes, patadas, puñetazos. La ira les consumía. Con un ágil movimiento, Rivaille cogió a su comandante y lo tumbó en el suelo. Hincando una rodilla sobre su pecho comenzó a asestarle puñetazos sin parar. Uno tras otro, cargados de rabia y aflicción.

Su comandante dejó de oponer resistencia tras varios segundos.

- Adelante me lo merezco. Desfogate cuanto quieras. ¿Es esta tu venganza? - escupió la sangre que quedaba en su labio y sonrió tranquilamente.

- ¿Tú lo sabías? ¿Sabías que ella te quería? - su puñetazo se detuvo en el aire mientras agarraba su camisa con la otra mano. Su respiración antes acelerada comenzaba a normalizarse - ¿Cuando te diste cuenta?

- Siempre lo supe. Ella era una niña cuando la recogí, ha crecido bajo mi tutela y he podido verla avanzar con el paso de los años. Al principio pensaba que su interés hacia mí era mera admiración. Pero, al comenzar la relación con mi actual pareja, pude ver que su comportamiento hacia mí era muy parecido.

Rivaille se quitó de encima suya y le ofreció la mano en señal de derrota.

- Ella lloró cuando la vio. Ese día le rompiste el corazón. Tardó meses en volver a ser la misma – más meses aún en tomar la decisión de estar junto a él.

- Debería haber hecho las cosas bien. Haberle hablado de ella, así quizás no habría alimentado sus ilusiones. Al menos eso la ayudó a acercarse a tí. Deberías estar contento. Conseguiste lo que querías.

- Ella no me ama – sus finos labios se abrieron en un suspiro - Frustra sus sentimientos reprimidos hacia a tí y los proyecta hacia mi. Soy su segundo plato. Que honor – ironía en sus palabras.

- No creo eso - se limpió la sangre de la comisura de sus labios. No pudo evitar hacer una mueca de dolor al hacerlo - Reconozco que no sabía que hubiera nada entre vosotros pero su manera de comportarse contigo es distinta. Siempre lo ha sido.

-¿Eso crees? Que se haya acostado conmigo no significa que me quiera más a mi de lo que te quiere a tí - un pequeño atajo de celos se notaba en sus ásperas palabras.

-¿En serio crees eso? - rió mientras lo decía - Hanji es... una mujer muy compleja. No se abre fácilmente a nadie. Deberías saberlo. Suele disimular sus emociones y esconderlas bajo esa aparente sonrisa perpetua. Nunca ha querido preocupar a nadie por sus problemas ni mostrarse débil ni indefensa.

- Lo se.

- Esta habituada a cargar con su propio peso ella sola. Ante mí siempre ha intentado mostrarse seria y dominante. No necesitar ningún tipo de ayuda. Siento algo de envidia que no haya podido verla nunca llorar. En cambio tú, si has podido hacerlo.

-...

- Y tampoco ha venido a pedirme consuelo cuando ha estado triste o se ha sentido sola. Mucho menos a llorar en mi regazo o pedirme dormir conmigo cuando tenía pesadillas o insomnio.

- ¿Intentas negar que ella sienta algo por tí?

- No. Reconozco que ella ha llegado a sentirse muy atraída por mí. Pero yo he sido para ella algo demasiado lejano. Nunca tuvo idea de mi noviazgo y sin embargo nunca intentó traspasar ninguna barrera. Probablemente tan solo alcancé un nivel platónico.

-...

- Lo que yo creo es que tu existencia la ha ayudado a traspasar su propia pena. No creo que siga teniendo esos sentimientos hacia mí. Ha evolucionado.

El pequeño hombre resopló y se tocó la zona abultada que comenzaba a emerger en su mejilla. Un duro golpe que comenzaba a dejar una marca que duraría un par de días.

- Hanji es como mi hermana pequeña, si llego a saber que te habías acostado con ella no te habría regalado aquella caja. Te habría pegado una paliza mucho antes - una sonrisa se formó en su rostro mirándole fijamente.

-¿Quieres detalles? Recordaré cada segundo de aquel momento hasta que me muera – alardeó desafiante.

-¿Cuántas veces...?

- Habrían sido 3 si no hubieses interrumpido – las mejillas del hombre rubio se sonrojaron. - Todas fueron muy agradables. Es una buena mujer. Tú te lo pierdes.

- Creo que os interrumpiré también a la 4, ¿o ya ha sido?- le desafió a su vez.

- No... ella... está algo avergonzada y no ha querido ni sacar el tema. Su estúpido comandante la vio desnuda mientras estaba haciendo el amor conmigo y está asustada por si ese idiota vuelva a entrar en la habitación sin ser invitado. Y desgraciadamente, el estúpido ejército prefiere invertir su dinero en estupideces antes que poner pestillos en las puertas.

- Debes ser muy mal amante para que las mujeres no te reclamen - el entrecejo del hombre se frunció aún más mientras miraba a su superior - ¿Quieres consejos? Tengo bastante experiencia en este campo.

- No, me basto y me sobro yo solo para satisfacerla. Encárgate tú de la tuya. Que por cierto, me muero por ver la cara de la mujer que ha hecho perder la cabeza a Erwin Smith. Debe ser una mujer bastante interesante.

-¿Hanji no te ha hablado de ella?

- Apenas, parece dispuesta a encubrirte - miró de reojo a su superior - A mí me da igual lo que hagas en tu tiempo libre o con quién decidas acostarte. Es problema tuyo.

- Es justo. Aunque mientras sigas saliendo con Hanji, me veré obligado a darte una buena paliza cada vez que le hagas daño. Aunque tenga que evitar todos vuestros encuentros.

-¿Mientras? ¿Acaso insinúas que ella me vaya a dejar? - el hombre rubio sonreía complacido.

- Hanji es una mujer bastante atractiva. Cuando lleva su cabello suelto los cadetes la miran más. No creo que pase mucho tiempo antes que otro hombre se declare.

- Le cortaré la cabeza al que intente proponerle nada. Y tú serás mi cómplice - Una sonora carcajada salió de Erwin que miraba divertido a su subordinado.

- ¿La quieres? - de repente su mirada se tornó siniestra y turbia. Agarró con fuerza su suéter y le atrajo hacia sí y repitió las mismas palabras- ¿La quieres?

Rivaille contempló aquellos ojos, no había ni una sola pesquisa de broma en sus ojos.

- Sí.

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- Aquí tienes.- sonrió cortando el hilo que caía de la aguja con sus dientes - Como nuevo.

En su brazo volvía a estar nuevamente el parche que arrancara días atrás. ¿Cuantas horas pasarían antes de que la rabia la dominase de nuevo y lo volviese a arrancar?

- Gracias Petra - sus ojos estaban más tristes que nunca. Hinchados y enrojecidos.

- Hanji-san... ¿está preparada?

- No me queda más remedio que ir. Debo estar preparada - Una débil sonrisa escapó de sus labios.

Petra comenzó a llorar débilmente y se recostó en las piernas de su superiora. Ella miró impotente a la chica. Ya no podía derramar más lágrimas. Sus ojos estaban secos e hinchados. Sentía como si pudiesen caersele las cuencas de los ojos en cualquier instante.

- Se que va a volver exitosa. Así quede lo mejor, capitana - la amabilidad de la chica de pelo anaranjado le abrumaba. Acarició su cabeza cariñosamente y la dejó descansar entre susurros.

Aquellos días pasarían tan lentamente...

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Se colocó su pijama y contempló el cielo a través de la ventana. Al día siguiente saldría de aquellas paredes para no volver hasta dentro de 3 meses. Si conseguía permanecer viva para entonces. No quería pasar esa noche sola.

Abrió la puerta de su habitación y vislumbró el pasillo a lo lejos. Caminó lentamente como otras tantas noches hacia aquella puerta de roble. Tres toques en la ajada madera y la puerta se abrió.

- Bienvenida.

Se abrazaron fuertemente en aquella cama como tantas otras veces, dejando que el mero roce de sus brazos sobre su espalda la reconfortase. Llevaba varios días sin ducharse debido a su nerviosismo. A él no parecía importarle mientras acariciaba su sucio cabello.

- Levi...¿crees que conseguiré volver?

- En eso confío – continuó besando su pelo.

- Si supieras que esta fuera la última noche que podemos estar juntos, ¿que te gustaría hacer?

-No pienso dejar que sea la última.

- Rivaille... por favor - se aferró a su camisa arrugándola entre sus manos - ¿Que harías?

Él se levantó de golpe y la sacó de la habitación.

- Está bien vamos.

La subió a su caballo y galoparon fuera del cuartel. Paró en la ciudad, junto a una vieja posada. Recordó instantáneamente aquel informe que leyó hace tiempo.

- Aquí viví durante mi adolescencia - continuó mientras la guiaba a su interior.

A pesar de lo deshabitado que se encontraba el sitio parecía extrañamente limpio. Sin duda el volvía a menudo a su viejo hogar. La condujo hasta una blanca habitación con una bañera con patas en el centro.

Abrió el grifo del agua dejando que la bañera se llenase con agua caliente.

- ¿Quieres hacerlo en una bañera? ¿¡Qué clase de fetiche con la limpieza tienes!? - rió horrorizada.

-Idiota... No dije que - cortó su frase y suspiró - Cuando era un crío, solía vivir con una mujer anciana y su marido. Ella era para mí como una madre, y su marido como un padre. Él murió antes que ella, pero siempre tomaban largos baños juntos incluso cuando eran más ancianos. Cuando él ya no estuvo, yo comencé a sustituirle para que ella pudiese relajarse en sus habituales baños. Pensé que esto te relajaría a tí también.

-¿Pretendes sustituir a tu madre conmigo? - susurró mientras se acercaba a él y le acariciaba el pel .- ¿O acaso es una excusa para lavarme? Te advierto que llevo días sin ducharme, te costará bastante.

- …..

El agua era caliente, parecía limpiar sus nervios interiormente. El limpiaba con afán sus uñas con un pequeño bastoncillo y resoplaba a cada instante.

-¿Qué clase de porquería has tocado con las manos? Me cuesta arrancarlo.

- Ah, no se, no me acuerdo. Probablemente algo del laboratorio. Si te aburres mientras estoy fuera, te agradeceré que lo limpies. Seguro que te lo pasas bien allí, creo que hace meses desde la última vez que ordené. - bostezó recostándose hacia atrás - No ha sido mala idea venir aquí. Es mejor que pasar la noche en el cuartel. ¿Cuántas veces vienes aquí?- comentó contemplando la excesiva limpieza del lugar.

- Una o dos veces por semana. He vivido aquí durante casi 10 años. Así que se ha convertido en mi 2º hogar.

Se hundió en el agua pensativa mientras se llevaba todos los rastros de jabón de su pelo. Las ondas mecían sus cortos cabellos sobre su cabeza. Poco a poco saco de nuevo su cabeza y se dirigió a su acompañante.

- Rivaille. ¿Podemos pasar la noche hablando?

- Como quieras - volvió a encender el grifo del agua dejando que el agua enjabonada saliese fuera.

- Tengo curiosidad por saber cuantas mujeres se te han declarado. En el cuartel has sido muy popular desde el primer día que llegaste, así que seguro que ya has acumulado unas cuantas.

- No lo sé, no me acuerdo.

- Venga...

- Quizás 50 o 60 - su respuesta fue tan drástica que no pudo ni sentir celos. Una solitaria risa escapó de sus labios.

-¿Y has esperado a mí para ver a una mujer desnuda?

-...

-¿Yo no he sido la primera mujer que has visto desnuda? - se levantó súbitamente dejando ver como las gotas de agua caían sobre su cuerpo.

- Otras mujeres... se han insinuado y han intentado acostarse conmigo antes.

- Debes de ser un hombre muy estúpido si no has aprovechado la situación - encogió su cuerpo y se sujetó los tobillos.

- Ninguna de ellas me interesaba. Ya hablamos de este tema hace tiempo.

Un silencio incómodo se hizo. Ella se aproximó a él y se recostó sobre su pecho.

-¿Qué fue lo primero que pensaste la primera vez que me viste?

-...Que parecías el típico gilipollas mariquita lameculos del jefe y que terminaría partiéndote las gafas en cuanto me tocaras las narices. Y que probablemente terminarías siendo el típico plasta hablador e insufrible que no para de narrar sus historias y sus hallazgos cada cinco minutos. Y en lo último no iba tan mal encaminado.

Hanji comenzó a reír a carcajadas. Completa sinceridad.

- No, jajaja, quería decir cuando descubriste que era una mujer - no podía parar de reír.

- Pensé que Erwin me partiría la cara por creer que te espiaba en la ducha. Es un hombre fuerte ¿sabes?- se acarició su mejilla que aún presentaba una ligera hinchazón – Prefiero no tener que enfrentarme a él otra vez en la medida de lo posible. Sabe responder bastante bien.

- Te ha pegado... ¿por mí? - acarició la zona enrojecida.

-¿Vas a volver a enamorarte de él y me dejarás?

Una sonora bofetada fue su respuesta a aquella pregunta.

-¡Escúchame bien! ¡Tú no eres el sustituto de Erwin! ¡Nunca lo has sido! ¡Erwin es Erwin y tú eres tú!¡Se distinguiros perfectamente! - parecía realmente enojada por sus palabras - ¿Por qué dudas de mí? ¿Es eso lo que piensas de mí? ¡No eres un paño de lágrimas que me da consuelo, eres un ser humano! ¡El estúpido e idiota ser humano con el que decidí estar!

-...

Rodeó su cuello con sus brazos y le contempló unos instantes. Sus ojos grisáceos siempre penetrantes parecían ligeramente entristecidos. Tal vez una sombra de arrepentimiento por haberse atrevido a decir aquellas insinuaciones tan ofensivas. No pensaba que su reacción pudiese ser esa.

- Rivaille. Yo no me he enamorado de tí porque piense en tí como un héroe salvador ni en una cama donde dormir. Tú eres tú. Erwin es Erwin. Y Erwin pertenece al pasado. Soy feliz de que esa chica le agrade, que lo trate bien y que lo quiera. Pero ahora soy yo quién quiere ser feliz. Contigo.

- Lo siento...- dijo mientras hundía su cabeza en sus hombros - Estoy alterado. No se que va a pasar contigo en esa misión. Y me cabrea no poder acompañarte. El estúpido gobierno me saca de quicio. Se que lo vas a pasar mal.

- Me conformo con que estés aquí para recibirme cuando vuelva con una sonrisa - él la miró con menos rudeza de la que solía hacer. Sabía que no era algo fácil para él sonreir con dulzura y cariño. Pero le bastaba aquella extraña y penetrante mirada que parecía demostrarle su afecto. Colocó sus caderas sobre él cariñosamente - ¿quieres... continuar?

- Pensaba que querías hablar. Además, seguías avergonzada de la última vez y no querías volver a hacerlo - sus manos subieron hasta su rostro y la besó tiernamente.

- Erwin no nos puede interrumpir aquí, ¿no? Además, yo también voy a pasar 3 meses sin estar contigo. Me gustaría poder llevarme un bonito recuerdo. Si no quieres hacerlo solo dime que pare - frunció su ceño e imitó su tono de voz con sorna.

-...

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Colocó sus últimos planos en las alforzas de su caballo. Su mirada se desvió hacia una pareja que se despedía de sus familiares. Un hombre y una mujer de cabello rubio abrazaban fuertemente a un niño pequeño de unos 6 años. Un hombre de aspecto bastante mayor acariciaba la cara del pequeño. Junto a él se encontraban otros dos niños igualmente jóvenes. Una niña con rasgos asiáticos y cabello oscuro y un niño sonriente con cabello castaño.

- Mirad, se parecen a nosotros - señaló al grupo en cuestión. Erwin observó a los tres niños sonriente - Lo siento pequeño, intentaré devolverte a tus padres sanos y salvos.

Sintió la mano de Rivaille sujetando fuertemente la suya. Debían despedirse. Como si fuese intencionado su jefe se colocó a su espalda. Mike hizo lo mismo otorgándoles un pequeño halo de privacidad. Ambos se besaron y abrazaron con pasión hasta llegado el momento. Campanas resonando indicando la partida de una nueva expedición.

Subió a la grupa de su caballo y observó las caras de reproche de los ciudadanos al verlos partir. Se sentía odiada. Con ese pensamiento en su cabeza cruzó las murallas de la ciudad y las puertas se cerraron tras ella.

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Abrió silenciosamente una puerta lateral. Sacó a su caballo por allí y se subió en él.

-¿Irás tras ella?- una imponente voz resonó tras él.

-¿De veras pensabas que acataría esa ridícula orden?- se colocó la capucha verde de su uniforme y dirigió su vista hacia atrás.

Los ojos azules de su superior le penetraban con fuerza.

- Últimamente me duelen mucho los ojos y no puedo ver con claridad - comenzó a decir - si alguien saliese de la ciudad en este momento no me enteraría.

- Pensaba que no querías que estuviese con ella.

- Lo que yo quiera es secundario. Lo principal es lo que quiera ella. Además, comienzas a caerme bien - señaló la hinchazón idéntica que tenía en su mejilla. Su rostro se tornó serio - No vuelvas antes de tiempo. Ya averiguaré como mantenerlos ocupados.


Dio unos golpes a su montura y cabalgó lejos de allí.

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¿Qué? ¿Os esperabais este final? Este capítulo me ha costado muchísimo escribirlo. Ha tenido muchas revisiones.

Os espero en el próximo capítulo. Seguramente será bastante triste, así que espero que lloréis conmigo.