Mmmmm. Reconozco que este capítulo lo he pensado bastante. Tengo una hoja entera llena de anotaciones por todos lados y expresiones. Me ha costado lo suyo escribir.
Explicación: No se como se llaman los padres de Armin (quizás aparezca más tarde) así que voy a inventarme sus nombres y sus profesiones. Ese será la única licencia poética que me tome.
De todas formas, quiero decir que este fanfic está basado en la serie Singeki no kyogin y es de libre creación. Los hechos que se relatan aquí pueden no ocurrir en la serie. Si no te gusta la pareja de Hanji y Rivaille no siga leyendo.
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Divisó la inmensa pradera que se abría ante sí. El mejor lugar donde establecer su base de operaciones estaba bastante lejos de la base de Trost. A varios días de camino. Días de arduas peleas y luchas constantes. La llegada de todo el equipo al completo sano y salvo era una imposibilidad en sí misma. El lugar elegido era una pequeña cueva emplazada en una montaña.
Cerca de donde varios años atrás resultase herida por un aluvión de rocas. Aquel sitio le traía unos recuerdos algo amargos pero dulces. La primera vez que llegó a considerar a su compañero como un íntimo amigo. No estaba completamente segura de que el sitio fuese más indicado, tampoco se le había dado el tiempo suficiente para poder buscar otro mejor. Aún así, la estrechez del sitio era lo suficientemente apta como para poder realizar la investigación y permanecer a salvo el tiempo necesario. O tal vez era eso lo que se autoforzaba a creer para borrar aquella sensación de constante culpabilidad.
Comenzó a evadirse en sus pensamientos. 4 días de camino. ¿Cuántos morirían antes de llegar ahí? Aquellos carros iban cargados con todo tipo de personas, ancianos, jóvenes, parejas casadas. Y un excaso número de soldados. Todos ellos morirían por ella. Irónicamente, la más preparada de aquel equipo era ella misma, pero habían destinado a unos pobres y famélicos ciudadanos para ser sus guardaespaldas, y no al revés. Como realmente debería ser.
Sacudió su cabeza y se ajustó sus gafas. Si hacía falta no dormiría hasta llegar al sitio acordado. No necesitaba guardaespaldas. Era lo suficientemente fuerte para ir y volver sola. Pero ellos no, y no dejaría que ese pensamiento abandonase su cabeza nunca.
- Disculpe – una voz le interrumpió sus pensamientos - ¿Es usted la líder de la misión?
Los ojos verdes azulados del hombre la atravesaron a través de sus gafas. Llevaba el pelo corto y castaño peinado hacia un lado. Una mujer rubia sonreía a su lado. Su cabello caía gentil por su espalda completamente suelto.
Ambos iban sentados en la parte trasera de uno de los carros de transporte. El resto de pasajeros intentaba evitar mirarla a los ojos. Probablemente molestos o despreciandola. Pero ellos dos le sonreían amablemente.
- Hanji Zoe. Líder del escuadrón de investigaciones especiales, a su servicio - respondió devolviendo la sonrisa.
- Encantado, señorita Zoe. Me llamo Christopher Arlett. Y ella es mi esposa Diana - señaló a su mujer.
- ¿Líder de escuadrón? - repuso la mujer sorprendida - ¿Tan joven y ha alcanzado ese puesto? Debe tener mucho talento.
- Bueno, no exactamente - rió sin ganas - Hay auténticos cadetes que han ascendido a ese puesto en menos tiempo que yo - una figura con cabello azabache cruzó sus pensamientos - Yo llevo más de 10 años en el ejército. Mi ascenso fue pura suerte. Estar en el momento y el lugar adecuado, y el ejército necesita jerarquización. Supongo que me eligieron por puro azar.
- ¿10 años? Pero si es muy joven...
- Bueno, yo... ingresé siendo una niña, algo antes que otros cadetes, con 13 años. Al ejército le interesaba mi intelecto, así que no opusieron mucha resistencia - su intelecto. El mismo que había arrastrado a aquella pareja a esa situación. Hacia su propia tumba. Sentía asco de sí misma. Su intelecto, algo completamente inútil para mantener vivos a más de 200 personas indefensas.
- Vaya, que interesante. No pensaba que entre los soldados se priorizase la inteligencia. Los ciudadanos solemos pensar erróneamente, que la fuerza es todo lo que os enseñan en aquellos entrenamientos – realmente no erraban en sus suposiciones - Mi esposa y yo tenemos una pequeña panadería. Quizás le gustaría venir algún día a probar nuestros panes.
- Quien sabe, quizás me pasé algún día por allí o pida que nos envíen suministros al cuartel. Seguro que sabrá mejor que la ponzoña que comemos a diario - rió sin ganas.
Ambos sonrieron a la muchacha. A lo lejos se divisaron varias figuras quietas pero de gran tamaño. Agarró una bengala y la lanzó al aire indicando el cambio de posición en la formación. Esperó a que toda la formación avanzase quedándose en la retaguardia.
- No permitiré que muera gente inútilmente - pensó.
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- ¡Abrid paso!
Su pierna sangraba con afluencia. La herida cruzaba su muslo y le impedía andar correctamente. Justo antes de llegar a su destino varios titanes excéntricos aparecieron. A pesar de sus órdenes de permanecer en la retaguardia, los jinetes de los carros rompieron la formación. Era comprensible, solo estaban asustados y querían huir de allí.
Más de 50 personas murieron en apenas unos minutos. Intentando ayudar a una mujer que intentaba correr hacia la cueva, fue herida en la pierna. Los ciudadanos avanzaron dejándola atrás. Uno de sus subordinados cayó en las fauces de una de las bestias.
Miró hacia atrás observando a los civiles. El resto de sus compañeros del ejército introducía los cañones en la cueva y comprobaba el estado de los civiles. Intentó levantarse y un enorme dolor recorrió su espinazo.
El golpe en la pierna había sido demasiado fuerte. No creía tener nada roto. Pero la herida que recorría su músculo abductor parecía bastante profunda. El titan que tenía frente a ella parecía entretenido desmembrando a uno de sus subordinados. No podía apartar la vista.
De repente, intió como dos pares de manos la arrastraban hacia atrás. Era la misma pareja con la que había hablado días atrás. Ciudadanos normales que arriesgaban su vida para salvarla. Tal vez temerosos de que haría el gobierno con ellos si no cumplían la orden de mantenerla con vida. O tal vez realmente sentían la necesidad de ayudarla. En aquella situación, no podía estar segura de nada.
- No se preocupe capitana. La ayudaremos - contestaron mientras tiraban de ella con fuerza.
La introdujeron en la formación rocosa y se internaron en la profundidad. El titán se acercó a la abertura mostrando una pierna colgando de su boca. La gente no pudo evitar vomitar al contemplar la escena.
Golpeó la pared rocosa intentando hacer la abertura mayor. La formación caliza parecía ceder un poco, pero los fragmentos siliceos de alta densidad no cederían. Tal vez aquella zona fuera un antiguo yacimiento minero de mineral o carbón. O tal vez algún sitio donde se extrajera hierro. Fuera lo que fuese, era lo suficientemente duro como para aguantar aquellos continuos golpes.
-No os preocupéis - intentó serenarlos sin éxito - Es demasiado estable como para originar un derrumbamiento. No podrá pasar. Los soldados que estén bien que no bajen la guardia por si acaso. Los civiles que permanezcan en el interior más alejado.
A pesar de sus palabras los ciudadanos temblaban de miedo. De repente, como si hubiera sido atraído por algo mayor, el constante golpeteo de la bestia cesó. Dirigió su mirada hacia atrás y se giró en otra dirección.
Un grito triunfal por parte de todos los habitantes. Sonrió complacida ante los nuevos ánimos generados en aquellas personas. Miró nuevamente a su pierna. Teñida del líquido carmesí y con su uniforme rasgado por la batalla. Un aspecto lamentable para una líder que debía proporcionar seguridad a todas aquellas personas.
Aquella mujer, Diana, lavaba la herida con una gasa limpia. El tacto del alcohol etílico al rozar su piel era algo doloroso, pero no tanto como otras heridas más graves que había recibido antes. Un militar se acercó a ella con su puño en el pecho. Una rídicula pantomima innecesaria en aquellos instantes, aunque no tenía ánimos para discutir aquello.
- Informe de daños - pidió claramente.
- Hemos perdido uno de los carros y 3 cañones. Un cañón dañado pero reparable, el resto están en perfectas condiciones.
- Heridos.
- Media docena de heridos. 4 civiles amputados. 2 soldados con heridas graves - observó la pierna de su superiora.
-¿Bajas? - se preparó mentalmente para la gran cifra que se esperaba.
- 53. 46 civiles. 7 soldados ... ¼ menos de la formación inicial.
- De acuerdo. Formen el campamento. Y descansen. A partir de mañana revisaremos la estrategia táctica para la captura - se tumbó hacia atrás y dejó que el dolor la consumiera.
La pareja había observado la escena en silencio. En cuanto se produjo el ataque, la joven mujer fue la primera en internarse en la batalla. Protegiéndoles. Si tan solo hubieran seguido sus órdenes, quizás habría habido menos bajas. ¿Pero quiénes eran ellos para culpar al resto por dejarse embargar por el miedo ante aquellos incomprensibles enemigos?
- No se preocupe señorita Zoe. Ha hecho lo mejor que ha podido. Ha conseguido traernos sanos y salvos hasta aquí. Es una gran líder, debe estar orgullosa de sus acciones - una sonrisa amable surgió en la comisura de sus labios - Con respecto a su herida tendremos que hacer una sutura. Podría convertirse en algo más grave.
- Háganla. - el sudor frío caía por su frente, dejó caer sus gafas hacia su cuello liberando parte de la presión en su cabeza.
- No tenemos anestesia, así que...- la mujer de cabellos dorados contemplaba la situación. Coser una herida abierta sin ningún tipo de ayuda ni medicamento para disminuir el dolor que provocaría. Una mujer tan joven que debía soportar aquello. El ejército era un lugar muy cruel.
- Háganla - ordenó.
Se colocó sus gafas en la boca y las mordió con fuerza. Acercaron una vela y el hombre tapó los ojos de la mujer. Diana, cogió una pequeña aguja y al enhebró. Dirigió la punta del elemento punzante hasta la vela hasta que esta adquirió un color negruzco.
Hecho esto, hundió la aguja ardiente en su piel. La mujer de cabello castaño se estremeció ante el contacto. Christopher le agarró su cabeza intentando tranquilizarla. Al cabo de unos instantes, se desmayó de dolor. Unos soldados se acercaron a su líder y la posaron sobre una pared.
-Descanse capitana. Estos días serán muy largos - comentaron con cansancio.
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Lejos de allí una pequeña figura corría en un caballo de color marrón café. Una horda de figuras colosales parecía seguirle. Vislumbró la zona a la que quería llegar inmediatamente. Un bosque con colosales dimensiones. Perfecto para las maniobras que se disponía a hacer.
- Espérame aquí - susurró en un tono apenas audible acariciando la crin del caballo.
Extendió unos cables atados a unos ganchos y saltó del caballo. El animal se detuvo al perder el contacto con su amo. Como si percibiera la orden silenciosa retrocedió hasta un lugar seguro, esperando de nuevo a su jinete. Los titanes obviaron al animal pasando de largo y siguiendo a la pequeña figura que volaba sobre ellos.
Subido a una rama bastante alta miró a las presas que se divisaban bajo él. Rostros pálidos con miradas extrañas y distraídas. Siempre le había resultado irónico que aquellos rostros tan absurdos e ininteligibles pudiesen espantar a toda la población.
- Divertidme un rato - sus ojos grises eran tan solo iluminados por la débil luz que se filtraba a través de las miles de hojas que se suspendían sobre él.
Se precipitó al suelo empuñando sus espadas y su actitud cambió a una más decidida y feroz. Le esperaba una larga noche.
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Se acercó cojeando a una mesa improvisada con varios tablones. Observó sus propias anotaciones. Debía modificarlas. Habían sufrido demasiadas bajas. El plan de ataque y defensa era prioritario, y su reorganización podía suponer la diferencia entre la supervivencia de todos los allí reunidos o su completa destrucción.
- Si cambiase la posición de este grupo y aumentase la potencia de estos dos cañones...- murmuraba en voz baja - En cuanto al traslado...
-¿Trabajando duro, capitana?- la mujer de bellos cabellos rubios le ofreció una pequeña taza de café. Una vasija algo rajada e improvisada, pero en aquellos momentos se le antojaba una preciosa copa de cristal.
- Aghhh, ha pasado una semana desde que nos instalamos. Y aún no concibo cuando podremos capturar al ejemplar - lo mejor sería atacar a uno de pequeño tamaño. D metros. Pero con las bajas que hemos sufrido será complicado sin sufrir más...
- No se ofusque señorita Zoe, está haciendo muy bien su trabajo - se sentó a su lado y colocó la bebida sobre el tablero.
- Ellos me odian, ¿verdad? - comentó mirando a sus aliados que temblaban en las esquinas y posaban fuertemente su mirada sobre su maltrecho cuerpo.
- No piense así. Ellos... están asustados. Algunos de nuestros conocidos murieron apenas 5 días atrás. Es normal que sintamos miedo. Pero ninguno se desquita con usted. Muchos la admiramos por ponerse en pie a pesar de sus heridas.
La mirada de la mujer bajó hasta su pierna. Una enorme brecha que recorría su muslo y amenazaba con no querer cicatrizar. El profundo dolor que sentía solo era mitigado por la gran cantidad de fármacos que le suministraban. Había rechazado tomarlos porque serían vitales para ayudar a los civiles a superar el dolor. Pero el absurdo gobierno había decidido que su vida era la única irremplazable. Solo ella. Solo su estúpido y maltrecho cuerpo tenía permitido volver. El resto, eran prescindibles.
- Se me hace extraño que usted y su marido me hablen con tanta educación y respeto. Vosotros sois mayores que yo, casi podríais ser mis padres. Quizás ese trato sea excesivo. Llámenme Hanji. En estos momentos esas cláusulas de respeto y confidencia son absurdas.
- De acuerdo, Hanji. Ahora mismo debes descansar. Tu estrategia aún se sostiene. Descansa – acarició su cabeza en un tono paternal.
- Quizás sea lo mejor. Si tengo que protegeros sin estar al 100% será completamente inútil - se dirigió de nuevo cojeando a una pared y se recostó sobre ella. Absorbió el aroma del café - ¿Cuánto tiempo lleva casada con su marido?
- 8 años. Y han sido fructíferos. Tuvimos un precioso hijo - su marido se acercó a su lado y se recostó junto a ambas.
- Armin se parece mucho a su madre. A veces le ayuda cuando llegan encargos de fuera - Hanji recordó de inmediato a aquella pareja semanas atrás. Un niño de cabello largo y rubio que lloraba en sus brazos.
- Armin...-susurró aquel nombre que no sabía si llegaría a olvidar - ¿cuántos años tiene?
- Cumplirá 7 dentro de un mes. Aunque no estaremos allí para entonces. Seguro que se lo pasará bien con sus amigos. Esos dos pequeños mocosos que siempre persigue y lo meten en líos...
- Es bueno que juegue despreocupado de los tiempos que corren - decía la mujer con pesar en su voz - Nunca se sabe cuando tendrás que abandonar tu infancia. Señorita Zo... digo Hanji, ¿por qué ingresó en la milicia tan joven?
- Yo... fui obligada junto a mi familia a participar en una misión parecida a esta. Pero un soldado me salvó de aquel sitio y me permitió seguir con vida - dos viejas caras conocidas vinieron a su mente - Ingresé queriendo cambiar el pensamiento que había tras las murallas. Aunque no creo que esté teniendo mucho éxito.
- Claro, debe de haber un cambio para que realmente avancemos - bebió un sorbo de su café contemplando sus ojos verdes reflejados en el líquido - ¿Sabes?... cuando recibimos la carta tuvimos un ataque de pánico.
Hanji rodó sus ojos tristemente hacia el suelo. Probablemente todos los participantes de aquella misión hubieron sentido exactamente lo mismo. Ira, confusión, repugnancia hacia el ejército. Odio. Todas sensaciones que le eran ampliamente conocidas y cercanas.
- Pero...- continuó diciendo - Si nuestra muerte ayuda a que la sociedad avance me sentiré satisfecho.
- ¿No les apena dejar a su hijo huérfano? - sus puños se cerraron con fuerza recordando a sus propios padres.
- Hanji... ¿tiene usted hijos?- la pregunta la pilló desprevenida y se quedó sin habla - Disculpa mi aprehensión. Por supuesto que no los tiene, les está prohibido.
- Verás Hanji, cuando tienes hijos, estás dispuesto a hacer cualquier sacrificio por él. Aún a costa de tu vida. Si el que nosotros estemos aquí ahora ayuda a que el futuro de nuestro hijo sea algo mejor, no dudaremos en ofrecer nuestras vidas a cambio.
- P-pero el se sentirá solo. Triste. Llorará por las noches. No podrá crecer sin echarles de menos.- ¿hablaba de aquel niño o de ella misma?
- Armin es un muchacho inteligente - añadió su madre con cierta ternura - Aunque nosotros no volvamos, el sabrá salir adelante. Es un niño de gran corazón y tiene una buena compañía.
- Mi padre cuidará de él mientras crezca en nuestra ausencia. Y cuando él no esté, se de dos pequeños amigos suyos que no le dejarán rendirse.
Hanji escuchó las palabras con el pecho henchido de dolor. Cada palabra que decían le taladraba el corazón. Había odiado a sus padres por desaparecer súbitamente siendo niña. Se sentía abandonada, furiosa, cargada de rencor hacia sus propios progenitores. Nunca había podido perdonarles todos aquellos años sin saber que había ocurrido con ellos. Su extraña desaparición, ¿muertos tal vez? Fuera como fuese, a lo largo de todos aquellos años lo único que sabía es que en medio de todo aquel tumulto, nadie les había visto ir a buscarla. Nadie.
Quizás, al igual que el matrimonio Arlett, sus padres murieron en un arrebato de intentar salvarla sin ella saberlo. El odio que sentía hacia ellos se disipaba poco a poco.
- Parecen concienciados a morir. Y aún no saben si ese va a ser su destino - se quitó sus gafas y las limpió con su capa algo manchada de sangre. Ninguna de esas gotas era suya.
- Dime Hanji, ¿cuando va a una misión se conciencia a que puede morir? - la pregunta la pilló por sorpresa - Arriesgas tu vida en cada misión. Nunca sabes cuando te va a tocar.
- Nosotros como padres, hemos arreglado lo suficiente nuestra vida para que nuestro hijo pueda crecer a pesar de nuestra ausencia.
- No hemos dejado nada por hacer. No nos arrepentimos de nada. Si conseguimos volver, será su cara lo primero que queramos ver. Eso lo tenemos claro.
-¿Hay alguien que la espere en la ciudad, Hanji?
Un pequeño y delgado rostro apareció en su mente. Pequeñas facciones, una reducida estatura. Una mirada penetrante y una actitud siempre tan ruda pero que a ella le parecía tan insegura.
- A los soldados no nos dejan tener ese tipo de relaciones. Es muy complicado para nosotros mantener un vínculo con alguien que podria morir al día siguiente. Las normas se crearon precisamente para evitar ese tipo de situaciones. - sonrió para sí mientras recordaba su última noche en las murallas.
- No creo que nadie respete esa regla - Hanji no pudo evitar reír ante el comentario. Literalmente nadie la respetaba. Si eras capaz de sobrellevar tu relación en secreto y sin molestar a nadie era como si realmente no transgredieses las normas.
- Una chica tan guapa como usted debe de tener algún novio o una pareja... - insinuó la mujer. Era la primera vez en su vida que la llamaban guapa. Ni siquiera esa supuesta "pareja" que tenía había llegado a decírselo antes. Aunque no era común en él ese tipo de halagos, por lo que nunca le había importado.
Miró su reflejo en sus gafas. Su cabello estaba despeinado. Su cara reflejaba mucho cansancio y las ojeras crecían bajo sus ojos. La delgadez paliaba su rostro. No se veía nada guapa. Tan solo veía un adelanto de lo que sería su futuro cadáver cuando cayese.
-¿Y no tiene planes de casarse o encontrar pareja?
- No, yo... estoy demasiado ocupada para ello - Su penetrante mirada no dejaba de bailar en su pensamiento. Déjame en paz, este no es el momento de pensar en tí; le suplicaba a su subsconsciente.
- Pero, ¿no has pensado que te gustaría hacer con tu vida cuando toda esta guerra acabe? - comentó el hombre con cierta curiosidad.
- Bueno, yo... Me gustaría viajar por el resto del mundo y explorar sitios que no haya visto nunca.
- Es un buen sueño - sonrió satisfecho.
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- Preparad los cañones y esperad a mi señal para usarlos. El equipo de refuerzo que permanezca oculto y no salga sin que sea necesario - sus órdenes eran claras y concisas. La pierna aún le dolía pero ahora más que nunca necesitaba mantenerse centrada. El dolor era algo secundario.
- Capitana, el equipo de avanzadilla ha enviado las bengalas de aviso. Un titan de 4 metros se aproxima a la zona.
- De acuerdo, mantengan la formación. No es necesario afrontar ningún otro enfrentamiento. Solo la captura. Una vez la hayamos realizado nos retiraremos. ¿De acuerdo? - todos asintieron.
Cogió su caballo y se colocó junto al grupo de avanzadilla. Deberían cortar sus piernas para impedirle el paso. Acto seguido. Dispararían los ganchos en sus cañones apresando a la presa.
Hecho eso, trasladarían al sujeto cerca de la base. Hanji se encargaría de defender la retaguardia en el proceso. No había suficiente personal para ello. Demasiadas vidas habían caído en los últimos días, no podían caer más inútilmente. Así que esa misión era para ella sola.
El ataque hacia el portento comenzó. Todo iba saliendo según lo previsto. Hanji luchaba en la retaguardia contra algunos titanes rezagados que intentaban alcanzar la zona. Se colocó sobre la cabeza de uno de ellos y miró hacia atrás. Parecía que saldría bien. Sin errores, todo calculado a la perfección. Pero todo plan tenía lagunas, los imprevistos.
De repente, el titan cayó al suelo rompiendo varias de las correas de arrastre con su peso. Su brazo izquierdo quedó liberado y atrapó a varios hombres. El equipo de refuerzo acudió al rescate sin mucho éxito, pero logrando apresar de nuevo el brazo del titán.
Hanji observaba la escena intranquila cuando sintió movimiento a su espalda. Uno de tipo excéntrico se abalanzaba sobre ella. Rápidamente le esquivó pero erró el tiro de su gancho, rompiendo una rama demasiado débil y cayendo al suelo.
El dolor de su pierna le recordó que seguía viva. Se incorporó rápidamente dispuesta a elevarse de nuevo y atacar a su asaltante.
Entonces lo vio, uno de sus cadetes debía haber desobedecido sus órdenes. Pues, un militar con su uniforme y capucha puestos se colocó tras su cuello y lo cortó derribándolo. Lanzó sus ganchos dispuesta a reprender al subordinado que había abandonado su puesto.
Otro atacante por la izquierda. 2 por la derecha. Se encargó del más cercano y se giró instintivamente hacia los otros dos. Impotente, contempló como caían rápidamente al suelo derrotados sin haberlos tocado. ¿Otra vez aquel soldado que la había desobedecido? Los gritos de júbilo que venían de atrás le hicieron girarse súbitamente.
La captura del sujeto había sido un éxito. Los civiles y los soldados se abrazaban complacidos. Hanji volvió su cabeza hacia donde antes se encontrara el soldado misterioso.
Había desaparecido.
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Se dirigió rápidamente a donde el grupo de soldados guardaban el material de captura y limpiaban sus armas. Afortunadamente, no machadas de sangre de sus aliados. Hanji agarró a uno de ellos por su camisa y gritó con fuerza:
-¿¡Quién de vosotros ha abandonado su posición!?¡Di órdenes bien claras! ¿¡Acaso después de tanto tiempo no sabéis el protocolo militar!?¿¡Qué habría pasado si la situación no se hubiera logrado controlar!? ¡Estáis aquí para defender a los ciudadanos y os ordené defenderlos! ¡Bajo ningún concepto podíais abandonar vuestro puesto! - el hombre temblaba ante la actitud airada de su líder. Ojos inyectados en vena y aquellas duras palabras sin asomo de duda ni de compasión.
- C-capitana, ningún hombre ha abandonado su posición. Ni siquiera los que cayeron presos de la bestia. - se forzó a decir.
- ¡Vi un cadete del equipo de reconocimiento en la retaguardia conmigo!No estoy tan ciega como quisierais, puedo reconocer perfectamente un soldado cuando lo veo - el silencio se hizo en toda la zona. Disminuyó el agarre del hombre y le posicionó de nuevo en el suelo.
- Señorita...- interrumpió un ciudadano a sus espaldas - Nadie abandonó su puesto. Yo me encontraba en la avanzadilla con el primer equipo y ninguno de ellos se acercó a usted.
Hanji no lo podía creer. ¿Habría sido una alucinación? Juraba haber visto una figura delgada con su mismo uniforme atacando a los titanes junto a ella. Si no había sido ninguno de los que estaban allí, ¿quién?
-De acuerdo - se resignó - Les doy la enhorabuena por permanecer vivos tras la captura del titan. Señor Berner, ¿heridos?
- Solo contusiones leves, capitana.
-¿Daños?
- El cañón que liberó el titán. Las cuerdas se rompieron, pero aún funciona. Se puede arreglar.
-¿Bajas?
- Dos - dirigió su mirada hacia dos figuras tapadas en una manta - Sus espaldas no soportaron la fiereza con la que les agarró.
- Está bien. Mejor que en otras ocasiones - en la lejanía vio a aquella pareja que la sonreía insuflándole ánimos. Un día más, un día menos para volver - A partir de mañana comenzaremos la investigación. Quiero que organicen cuatro equipos.
Su mirada rodeó su alrededor comprobando la atención que recibía. Todo el mundo la escuchaba sin pestañear.
- Tres soldados acudirán conmigo al lugar donde se ha trasladado el titan para la experimentación. Otro grupo permanecerá en la cueva cuidando de los heridos. Un tercer grupo estarán encargados de la reparación de desperfectos. Y el último grupo defenderá la zona. Espero que esta vez haya quedado claro.
El soldado que se encontraba a su lado gritó las mismas órdenes que ella acababa de dar para que quedasen claras. Arrojó su mirada al suelo y se tumbó sobre él. Aquellos días pasarían muy despacio. Más de lo que pudiera desear.
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Ains... seguramente acabe esta parte del fic en el 13º capítulo. La verdad es que esta historia me está gustando mucho. Me gusta representar a una Hanji seria y dedicada.
¿Qué pasará? Permaneced atentos a la historia si queréis saber más. ^^
