Voy a escribir este capítulo tras ver en el anime la muerte del escuadrón de Rivaille... así que... estoy demasiado inspirada para las muertes.
La historia que se relata aquí es ficticia no tiene porqué haber ocurrido en la historia original de Shingeki no Kyogin. Es un relato basado en sus personajes.
Si no te gusta la pareja de Hanji y Rivaille, no sigas leyendo.
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Se levantó sus gafas y miró hacia aquellos enormes ojos de color castaño. Un soldado sostenía una serie de papeles e iba escribiendo al paso que su líder hablaba. Parecía apurado y vigilando la distancia que su líder mantenía de la bestia.
"A continuación se presenta el informe de investigación del titán capturado que a partir de ahora nos referiremos como Edward. A fin de dar una mayor cercanía al informe utilizaré su diminutivo para denominarlo.
Tras la primera semana, hemos podido constatar que el sujeto presenta menor actividad cuando no obtiene la intensidad de luz suficiente. Creemos que se alimentan de células fotovoltaicas o de algún tipo de reacción folicular que necesita de la interacción solar atmosférica; o quizás un tipo de carga molecular en la que las enzimas producidas en ese tipo de ambiente le son más favorables.
Puede que su comportamiento sea parecido al de algunas plantas. No descartamos la posibilidad de que muchas de sus propiedades puedan ser similares o levemente heredadas de esta familia. Aunque, por el contrario, hay otras muchas más similitudes con el género humano. De momento, dejaré la procedencia de dicho ser en suspenso dados los pocos datos de los que se disponen.
La segunda semana decidimos observar el ritmo de regeneración. Cortamos brazos y piernas del sujeto. Los primeros días la regeneración era bastante rápida, por lo que nos vimos forzados a utilizar de nuevo los cañones para mantenerlo preso y a salvo.
No obstante, tras varios días la regeneración se volvía más lenta y pesada. Decidimos atravesar su estómago para comprobar el mismo hecho y apreciar si contiene algún tipo de órgano digestivo.
Dentro de Eddie encontramos una cavidad estrecha y con una especie de líquido parecido al jugo pancreántico. No había ningún otro orificio de salida. Ningún órgano ni aparato excretor.
Al abrir en canal su pecho encontramos una extraña masificación parecida al corazón. Al atravesarla, Edward no mostró ningún tipo de emoción ni aflicción.
Probablemente carezcan de órganos sensoriales, no descartamos este hecho.
Tras varias semanas, decidimos cortar por la mitad su cuerpo separando la mitad inferior de la superior. La mitad inferior desapareció en una nube de gas. La mitad superior regeneró las piernas de Eddie.
Al cabo de un mes y medio hemos decidido extraer muestras del tejido celular de Edward. La estructura epitelial es bastante rugosa. Presentando un aspecto parecido al de la piel de algunos animales mamíferos.
En cuanto a su estructura molecular. Al examinarla al microscopio pude observar como las uniones moleculares se rompían según iba pasando el tiempo. El tiempo necesario para la observación no era el suficiente.
Se evaporaban antes de poder mostrar ni constatar nada.
En un acto de curiosidad decidimos cortar parte de la piel que cubre la nuca de Edward, cercana a su punto débil. Se evaporó antes de llegar al microscopio. A un ritmo mayor que otras muestras. ¿Es acaso una casualidad que su punto débil carezca de ritmo de regeneración? Creo considerable recalcar este hecho en futuras investigaciones.
Hemos intentado evadir este punto débil en la experimentación ya que es imposible examinarlo extrayéndolo, por lo que se ha observado su apariencia exterior con una lente de aumento. Sorprendentemente, esta zona no parecía tener una estructura aparentemente animal o parecida a cualquier otro ser vivo, sino mineral.
Este hecho aún nos ha dejado consternados por lo que hemos decidido abandonar el intento de averiguar la procedencia del tejido epitelial de su nuca para no dañar más a Eddie durante la experimentación.
La semana pasada retomamos otro tipo de experimentación, destinada a comprobar su resistencia física. Hemos probado con todo tipo de venenos y somníferos. Ninguno ha hecho efecto en Eddie, ni siquiera ha parecido disminuir su actividad o celeridad con ellos. Damos por descontado que es imposible atacar su interior ya que el cuerpo se presenta como una carcasa vacía, más parecida a un saco que a un organismo vivo común.
Probablemente, carezca de riego sanguíneo y sistema circulatorio lo que aún nos da mayor pavor acerca de como un ser carente de órganos y cerebro puede moverse y atacar. Sobretodo teniendo en cuenta que en la actualidad se han detectado y declarado una especie nueva que parece poseer inteligencia y es capaz de elaborar estrategias de ataque.
Por último, he decidido comprobar su resistencia a la abrasión y al fuego. Su piel se quema y le debilita lo que da tiempo a planear otro tipo de estrategia o ataque durante su regeneración. Que también se enlentece con este tipo de ataque."
Se giró hacia su subordinado. Que tomaba notas nervioso y sudando sin parar.
- C-capitana Zoe...¿Seguro que quiere que escriba ese nombre? Es un poco...
- ¡¿Si tú fueses capturado no querrías que supiesen su nombre?!¡Es lo mínimo que puedo hacer en vez de nombrarle sujeto A y sujeto B!
- P-pero ese nombre...
- Yo creo que le queda bien. Tiene cara de llamarse Eddie, ¿no crees? Hey Eddie, ¿te gusta tu nombre? Venga, intenta decirlo: Eddie...- sonrió a la colosal figura que intentaba abrir su boca para atacar.
-...
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El matrimonio Artlett contemplaba desde lejos a la líder de la misión. Parecía estar pasando a limpio sus anotaciones de los últimos dos meses. Realizando copias. Las ojeras en la cara de la mujer crecían a cada día que pasaba. ¿Cuántas semanas llevaba sin dormir completamente? ¿Cuantas sin dormir más que un par de horas diarias? ¿Cuántas sin dormir absolutamente nada?
Ella se esforzaba más que nadie en aquel escuadrón, hasta el punto de la fatiga. Doblando las guardias, repasando sus planes una y otra vez. Revisando el terreno para asegurarse de la pervivencia del resto de ciudadanos. Evadiendo sus comidas para no agotar los escasos víveres que los mantenían vivos. Eran conscientes de ello.
-Quizás podamos volver - Dos semanas más. Dos semanas y más de la mitad que partieron volverían sanos y salvos.
-Es una mujer valerosa - abrazó a su esposa desde atrás cariñosamente - quizás Armin aún pueda conocer a su hermanito - su mano se posó sobre el estómago de su mujer y lo acarició con ternura.
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- Recoged bien todo. Amarrad esas cuerdas con fuerza. No deben soltarse - el clima era agitado, el viento se burlaba de ellos meciendo suavemente los carros, peligrando con volcarse.
Por fin había llegado el día para irse. La gente estaba pletórica. Habían conseguido sobrevivir todo ese tiempo. Probablemente la mayoría de ellos había pensado que morirían al igual que aquellos primeros cincuenta ciudadanos inocentes, el primer día. No obstante, no presentaban heridas graves y podían ya saborear la tierra de su hogar. Volver y olvidar todo aquello, era lo único que inundaba sus mentes.
Hanji tampoco lo creía. Había conseguido mantenerlos con vida. Su cuerpo le pesaba como si fuera de plomo, triplicando su peso. Se había encargado de la mayoría de las guardias, de relevar a soldados y ciudadanos cansados de las suyas. Solo otras 3 personas más habían muerto a su cargo.
Pero a causa de sus graves heridas, que en aquellas condiciones resultaron imposibles de curar. Sus cuerpos enterrados en aquel bosque estaban cubiertos de flores silvestres que habían florecido durante su estancia.
Era una imagen a la vez tan bella y tan triste que tembló al contemplarla. Irónica y cruel a la vez. Como si se burlase de los cuerpos que yacían bajo todos aquellos pétalos de colores. Sujetó una de sus espadas y la clavó junto a una de las tumbas improvisadas con piedras. El reflejo de su espada mostraba a una mujer cansada que no distaba mucho del aspecto final de los muertos que había bajo sus pies.
- Descansad. Os lo mereceis.
Dirigió otra mirada al sujeto de sus experimentos durante aquellos meses. Comenzaba a desaparecer envuelto en una neblina blanquecina. Le había asestado el golpe de gracia minutos atrás. Por alguna razón se estremeció al contemplar su cadáver. Esos huesos que se convertían en una especie de humo blanco.
Recordó la sensación que tuvo al clavar sus cuchillas sobre su nuca, extraña y asfixiante. Como si algo en su interior la acusase de homicidio. Intentó alejar ese pensamiento de su cabeza pero no podía. Solo eran bestias sin intelecto, meras armas de matar, ¿por qué sentía esos extraños remordimientos al matarlos?
Tal vez su auténtica identidad no fuese tan distante de la suya propia. Hacía años que había dejado de pensar que su opinión realmente fuese importante en el ejército, solo era prioritario que ejerciese su papel día a día. Sin equivocaciones, sin errores, sin fallos. ¿Eran ellos también marionetas al igual que ella? ¿Había alguien que los guiaba y ordenaba mantener a los humanos recluidos entre aquellos muros?
Tal vez nunca sabría la verdad de todas aquellas dudas que corroían su mente.
- Lo siento Eddie – susurró.
Terminó de ayudar a sus compañeros a colocar las cosas y buscó su montura. Hacía tanto tiempo que no ensillaba a su caballo, por lo que sintió su asiento demasiado duro. Al contemplar a los refugiados en los carros dispuestos para una huida deseó poder sentarse junto a ellos y descansar. Pero no podía, no hasta que todos estuviesen a salvo.
- Intentaremos llegar lo más rápido posible a las murallas. No os demoréis. No os entretengáis. Los soldados restantes que ocupen la avanzadilla y los laterales protegiendo los carros. Yo avanzaré en la retaguardia. ¿Entendido?
-¡Entendido!- más de 150 figuras al unísono hicieron el saludo militar colocando su puño derecho en su corazón y el izquierdo en la espalda. La emoción la embargó tanto que tuvo que reprimir las ganas de llorar.
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Volvió a disparar sus ganchos. Esta vez aterrizando en el cuello de uno de 15 metros. Un profundo corte y cayó junto al resto de sus compañeros ¿De dónde habían salido todos aquellos titanes?
Como si el destino quisiese burlarse de ella. De la nada surgieron varias decenas de titanes atacando a su grupo. Consiguió hacerse cargo ella sola de los primeros 6. Pero varios de sus soldados de apoyo cayeron con aquellos que escaparon de las hojas de sus espadas.
Aún no conseguía divisar las murallas. ¿Cuántas horas de camino quedaban aún? ¿Aguantarían los caballos hasta llegar a una zona segura? ¿Habrían mandado refuerzos para ayudarles ya que se acercaba el día acordado?
No podía pararse a pensar en todo aquello. Debía entrar en acción. Saltó a su izquierda para derribar a otros dos titantes d metros. No sabía cuando acabaría todo aquello. Sus espadas comenzaban a escasear, pronto se quedaría sin ningún arma de ataque. Intentó no pensar en qué haría entonces.
Su caballo corría por delante de ella. Parecía mantener la distancia por si lo necesitase en algún momento. Lo tenía bien entrenado. Puso sus dedos en la boca y silbó. El caballo disminuyó su velocidad y saltó sobre él aterrizando en su lomo.
Agarró sus cuerdas y lo dirigió hacia el encabezamiento del pelotón. Necesitaba comprobar la situación al frente. Hacía más de una hora que había perdido el contacto con los soldados que encabezaban aquella tropa. Muertos tal vez, o tal vez habían abandonado a los civiles para asegurar su propia huida.
La mitad de los carros estaban completamente destrozados en el suelo. La pólvora de uno de los cañones había prendido. Parecía vivir un amargo recuerdo. Vislumbró el resto del grupo a lo lejos. Aún se mantenían en pie y se dirigían a su destino.
Cerca suya varios caballos sorteaban los pies de sus atacantes. Aparentemente asustados por la aparición de aquellos monstruos, sin jinetes que los guiasen y los calmasen. Los cuerpos desmembrados de sus dueños yacían esparcidos a varios metros a su alrededor. Asustados pero leales, ninguno de los animales se atrevía a alejarse del cuerpo de los soldados que los habían montado, como si esperasen que volviesen a levantarse.
Se abalanzó sobre el titán de 9 metros que atacaba a un grupo de monturas. Su cuerpo inerte cayó a un lado. Los jinetes pudieron avanzar. Otro titán se arrojó sobre ella con las fauces abiertas. Pudo evitarlo justo a tiempo.
Otros no tuvieron tanta suerte. Más partes humanas manchando el delicado verdor de aquella pradera. A duras penas podía evitar la mayoría de las extremidades que volaban al ser engullidas por los titanes.
Giró instintivamente su cabeza hacia el sitio de donde se había producido el choque con el titán. Sangre por todas partes. Gente inocente cuyas vidas se perdieron antes de que pudieran ser conscientes de lo que les ocurría. Cortó la zona de su nuca antes de aterrizar sobre el suelo y buscar algún alma viva a la que ayudar..
Y allí estaban ellos dos. Aquel matrimonio, los únicos que habían creído en ella desde el principio y no habían escupido sobre su nombre. Los únicos que no habían dirigido una mirada de reproche hacia ella. Los únicos que se habían preocupado por ella, y que le habían hecho cuestionarse su rencor hacia sus propios padres. Solo ellos dos. Allí estaban, temblando en el suelo ensangrentado. Rodeados de figuras desquebrajadas. Ambos se abrazaban con miedo. Corrió hacia la pareja intentando rescatarlos.
Pero no llegó a tiempo. Tuvo que contemplar con sus ojos como entre tres figuras se debatían sus cuerpos. La mujer la miraba a los ojos suplicando ayuda, sin ser capaz de gritar, con miedo a que su agonía durase más de lo que preveía. El hombre yacía inconsciente.
Solo alcanzaba a ver su brazo sobresaliendo de aquellos enormes dientes.
Las fauces de la bestia que sostenían el cuerpo de la mujer se cerraron de golpe. Alcanzó la nuca de la bestia y la cortó inmediatamente. Hizo lo mismo con las otras dos figuras. El humo blanco la rodeaba. Cruel e irónico humo blanco, siempre usado para indicar la rendición y que allí solo significaba más sangre vertida.
Se hundió entre toda aquella sangre y contempló el cuerpo inerte que tenía ante sí. Las lágrimas empañaban sus cristales. Todo estaba borroso. Un cuerpo partido en dos. Sus intestinos estaban desparramados por el suelo. Vomitó al lado sin poder contemplar la escena.
Volvió sus ojos hacia el cuerpo de la mujer. Entre toda aquella sangre creyó ver una diminuta mano. Colocó su dedo encima de ella. No sabía si estaba teniendo alucinaciones o fue un instinto reflejo pero aquella diminuta mano agarró su dedo casi sin fuerza.
- Lo siento...- las lagrimas salieron con más ahínco.
Pasó varios minutos entre aquella humareda. Llorando. Gritando de impotencia. Maldiciendo a todos aquellos que la habían llevado a esos extremos. Esto no era lo que ella deseaba, ella quería investigar, pero no a costa de la vida de personas inocentes, con miedo, con pavor. Que no querían arriesgar sus vidas en una batalla incierta.
Ella nunca había pedido ayuda, ni soldados. Podría haber hecho aquel trabajo ella sola. Pero el gobierno... Aquel grupo de hombres cuyos vientres estaban más hinchados que su ego personal dictaminaban órdenes crueles. Su cerebro, quién sabe cuanto pesaría su cerebro. Comenzaba a hartarse de que aquello que la genética y el arrojo propio le habían concedido se utilizara como vulgar condimento culinario.
Rió en voz alta contemplando la situación. Ahora, ella era aquella loca a la cual podían utilizar para todo aquel tipo de misiones suicidas y solo destinadas a tapar su amplio deseo para mermar la población. Más maneras de esconder su mala administración incapaz de detener la escasez de alimentos. ¿Eso era ella? ¿Eso suponían sus investigaciones? ¿Excusas para matar soldados sin que el pueblo reconociese su amplia crueldad?
Tan irónico y tan real. Primero, detenían todo tipo de avance, hacían sentir a la humanidad como cobayas encerradas en sus jaulas, pero resguardadas. Y después, se aprovechaban de aquellos pocos valerosos que se atrevían a apostar por otro tipo de futuro. Aquellos que no les importaban arriesgar sus propias vidas en pos de ese futuro. Añadían organismos prescindibles a aquella ecuación y el día comenzaba de nuevo.
¿Quién sería el próximo idiota, al igual que lo había sido ella, que cabalgaría entre cadáveres por el futuro de su gobierno? ¿Quién sería el próximo en perder su humanidad para lograr aquel avance? ¿Cuando perdería ella la suya?
Unos pasos a su espalda. Su caballo volvía hacia ella. Soltó la pequeña mano y se giró hacia él. Con un ágil movimiento se subió a su grupa y se encaminó hacia el origen de la horda. Alejándose de pelotón que llegaba a salvo hacia las murallas.
La furia hervía en su interior. Pasó su mano por su mentón limpiando la sangre que había en su cara. El olor de la sangre de sus iguales unida a la de aquellas misteriosas criaturas era sedante.
Hacía bastantes años que no era presa de la ira. Se había obligado durante tanto tiempo a calmarse y no dejarse dominar por la ansiedad y la rabia, pero en aquel momento lo necesitaba. Necesitaba que todo su enfado interno aflorase. Casi no sentía su cuerpo. Danzaba entre aquellas figuras sin descanso. ¿cuántos había derribado? ¿14? ¿15? Le daba igual. Era su único medio de liberación.
A lo lejos, los pocos supervivientes conseguían llegar a las puertas de la ciudad. Sabía que tenía que reunirse con ellos. Pero continuó combatiendo sin descanso. Una hoja rota, otra. Sus armas comenzaban a escasear, el motor que la impulsaba emitía un sonido raro. Lo ignoró. Si era necesario combatiría con sus manos desnudas, hasta vengarlos a todos ellos.
- Uno de nosotros, uno de vosotros. Es lo justo.
Derrotó a otra figura y volvió a lanzar un cable. Cuando intentó lanzar el segundo, su equipo comenzó a fallar. ¿Se había quedado sin gas? Cayó al suelo recordando la vieja sutura hecha por aquella pareja. Se tambaleó en el suelo sin ser capaz de mantenerse en pie.
Apenas podía mantener la compostura. Abrió los brazos en señal de derrota. En pocos segundos sabía que sería derrotada. Acabar con todo para siempre, nada la retenía allí. Era una inútil como soldado, aún peor como líder. No servía para aquello, solo deseaba que todo acabase rápido. Lo último que quería es que su muerte fuese disfrutada por aquellas figuras colosales. Aquellos enormes ojos la miraban alegremente, una mano enorme se dirigió hacia ella dispuesta a aplastarla.
Algo la empujó hacia atrás. Sintió que el peso de su espalda aplastaba el brazo de alguien. Un quejido de dolor la devolvió a la realidad. Abrió los ojos buscando el rostro de aquel sonido.
Aquellos ojos grises la miraban furiosos.
Sus manos sujetaban fuertemente su cuerpo. Pero su brazo derecho parecía ejercer menos fuerza. Seguramente estaría roto.
-R-rivaille, ¿qué... - intentó decir.
-¿Desde cuando te das por vencida? Eres una luchadora. ¡Lucha! - sus palabras sonaban huecas en su oído. ¿Había salido de la ciudad con el equipo de apoyo? De ser así, ¿cómo la había localizado tan rápido?
La cogió entre sus brazos y la ayudó a subir a su caballo. Empujándola con fuerza mientras se aseguraba de que no les pillasen desprevenidos.
- Sigue adelante.
- Pero tu brazo está roto - Una mueca de dolor se hizo en el rostro del pequeño hombre al recordarlo - No puedes dirigir a tu caballo. Sube.
Agarró la mano de su igual justo antes de que el ataque volviera a producirse.
Iba sentado tras ella agarrado a sus caderas. El brazo le quemaba. El dolor era insoportable. Aquella escena le hizo recordar como años atrás ella misma había sufrido de esa manera debido a su imprudencia. Ahora las tornas cambiaban, el herido era él, pero la causa seguía siendo ella. Personas muertas por su culpa, y ahora, una de las personas a quién más apreciaba estaba lesionado por culpa de su ineptitud.
Ya podían otear las puertas. Aún continuaban abiertas. Los soldados ayudaban a entrar a los heridos.
Un hombre con cabello rubio, montaba su caballo aguardando al resto.
- Ya estoy en casa – pensó mientras se internaba en la ciudad.
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Cruzó las puertas de cristal con pasividad. Miró como cada día hacia aquel panel de información. Aquel lugar parecía un laberinto, tal vez ingeniado específicamente para ello. Caminó por aquellos estrechos pasillos, el tono blanco de las paredes le recordaba a cada uno de los enemigos que abatió mientras estaba poseida por la ira.
Una sensación de claustrofobia se apoderaba de ella mientras contemplaba como los pasillos se llenaban con pacientes convalecientes y esperando recibir su adecuado tratamiento. Aún más llenos con las personas que viajasen con ella días antes.
Pocos sobrevivieron tras cruzar de nuevo las murallas. Ni siquiera la mitad de los que había conseguido que volvieran. Vidas que desaparecieron sin posibilidad de volver a existir. Y ahora debería esperar hasta que el gobierno aceptase su propuesta de utilizar auténticos soldados en vez de ciudadanos.
No podría rechazar una segunda vez aquella orden. Si ellos lo deseaban, volvería a revivir aquella absurda misión casi sin soldados. Miles de veces.
Encontró por fin la habitación que buscaba. Allí estaba. Una enfermera le cambiaba el vendaje del brazo con cuidado. Aún parecía lastimado aunque su expresión no lo demostraba en absoluto. Siempre manteniendo el control, siempre serio e impasible. Pero sus ojos le decían cuanto sufrimiento acumulaba con todas aquellas heridas.
-¿Erwin te ha mandado a recogerme? Puedo volver solo al cuartel. ¿O quieren asegurarse de que "el hombre más fuerte de la humanidad" puede seguir limpiando la mierda que cae de sus bolsillos?
Ese día le daban el alta. El resto de su reposo debería realizarlo en el cuartel. No había tiempo para vacaciones en el ejército. Menos para aquellos que presentaban tanto valor ante el gobierno. Tanto si perdian un brazo, dos, o todas sus extremidades, deberían presentarse y estar al frente como si no poseyesen ninguna herida.
- No te quejes tanto. Te he traído algo - abrió la bolsa que llevaba en sus brazos. Aún caliente. Sacó de ella una pequeña barra de pan crujiente - Está recién hecho. Hacía mucho tiempo que no podíamos comer algo así. Pruébalo, está bueno.
El hombre miró la pieza de comida y acto seguido la mordió. El calor que emanaba la miga le calentaba el interior de su boca. Sin duda algo tan pequeño e indispensable era necesario aquellos días. Más aún para aquellas personas que acababan de perder a sus familias en el frente.
Los ciudadanos más ricos no prestarían atención a aquel pequeño pedazo de pan, simplemente lo considerarían absurdo y lo arrojarían al suelo para alimentar a sus mascotas. Para otros, aquella corteza crujiente era la diferencia entre no comer nada durante una semana y llenar su estómago por un día.
- Levi...aquel día, cuando llegamos a la base... Hubo un soldado que se salió del escuadrón, desobedeció mis órdenes. Atacó a los titanes que había a mi alrededor y los mató casi sin esfuerzo...- no estaba segura de lo que estaba diciendo – Pero todos mis inferiores me aseguraron que nadie había abandonado la formación, que habían seguido mis instrucciones. ¿Quién era aquel hombre?
Sin duda, era un pensamiento que había rondado en su cabeza aquel tiempo. Pero, era imposible. Él debía permanecer en la ciudad bajo órdenes. Si se las hubiera saltado, Erwin lo sabría. Pero su comandante tampoco parecía dar su brazo a torcer. No le aclaraba nada.
-Solo conozco a un soldado lo suficientemente fuerte como para hacer eso casi sin esfuerzo. Tú, Rivaille. Responde, ¿huiste de la ciudad tras de mí? - sus manos se cerraron en su brazo.
- No se de que me estás hablando - desvió la mirada hacia un lado. En sus ojos reflejados en el cristal de la habitación pareció percibir un acto de confianza. Un ligero guiño.
Sonrió y ayudó a su compañero a bajarse de la cama.
- Van a ser unos meses largos – señaló su brazo vendado – Esta vez me tocará a mi cuidar de tí.
- No hace falta, solo me darás dolor de cabeza. - comentó con cierta frustración mientras se apoyaba en sus hombros.
- Deberías de ser más amable cuando una chica guapa se ofrece a ser tu enfermera.
- Tche. Eres un incordio.
- Jajajajaja, ¿a qué viene eso? ¿No crees que soy guapa?
- …...Idiota...
- ¿Eso es un "sí"?
- …...
Ambos salieron del hospital bajo el cielo azul de la mañana. No parecía que fuese a llover ese día.
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Por fin terminé esta parte de la historia. Me dio mucha pena escribir estas muertes. He sufrido mucho mientras escribía.
A partir del siguiente comenzará otra nueva historia que también he estado pensando ya cierto tiempo. Espero que os agrade. Si veo que estáis demasiado traumatizados o está demasiado tenso el fic intentaré compensarlo bajando un poco el nivel.
Muchas gracias por leerme. Vuestro apoyo me dan muchos ánimos.
